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Tercer día del FIT Héctor Azar

Como parte de nuestra cobertura del Festival Internacional de Teatro Héctor Azar, les tenemos un tercer resumen de las obras que se han presentado este domingo.

A las 12 del día, simultáneamente en diferentes recintos, se presentaron Dramafest con sus Burbujas urbanas, en las que el espacio público se convierte en el protagonista de estampas que dan cuenta de la clase media mexicana; asimismo, en el patio de Casa de Cultura la compañía Desempleados en escena realizó la puesta !Ay nanita! Leyendas de Puebla, en la que niños y adultos pudieron disfrutar de ver vivas esas historias que se cuentan entre la gente desde hace siglos.

En el mismo patio, pero a las 5 de la tarde, desde Guanajuato se hizo presente la puesta Moliére por ella misma, donde una mujer prepara una conferencia sobre el dramaturgo francés mientras el espíritu de este se va haciendo escuchar a través de la voz femenina.

A las 6 de la tarde en el Museo San Pedro pudimos apreciar uno de los platos fuertes de este festival, la adaptación teatral de Maridos y mujeres, de Woody Allen, en la que se pone en juego la creencia de dos parejas de amigos sobre el amor, la compañía y el sexo. Cabe destacar que  el director de esta obra, Alex Rigola, fue galardonado con la medalla Héctor Azar, en reconocimiento de su trabajo en el medio.

Finalmente, cerrando el día, la adaptación de La vida es sueño por parte de la compañía Teatro de ciertos habitantes hizo que los asistentes al Teatro Principal aplaudieran a más no poder, más que nada por la fuerza y frescura que manejan para traer a la vida un clásico de Calderón de la Barca.

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Yo soy cinéfilo, de tendencia Allen

Woody Allen - Imagen pública
Woody Allen – Imagen pública

por José Luis Dávila

La primera película de Woody Allen que vi no era precisamente de Woody Allen. Tenía alrededor de diez años, estaba sentado en la cocina a la hora de la comida, como eran todas mis tardes después de haber llegado de la escuela y antes de empezar a hacer la tarea, cuando empezó una película sobre dos viejitos que habían sido amigos pero una pelea años atrás los separó. No me despegué de la silla durante las siguientes dos horas. Lo que más me llamó la atención fue la forma en que se desenvolvía aquél con las gafas de montura pesada y la nariz tan enorme, tan natural, tan arrogante ante la vida; por supuesto que sabía que era sólo una película, por supuesto que sabía que esas no eran realmente las vidas que todas las personas en la pantalla llevaban, para ser conciso, sabía que no existían más allá de la cámara. Y sin embargo, sentí que ese hombrecillo delgaducho, torpe, vergonzoso –pero de carácter sumamente cínico como tratando de compensar todas sus debilidades con ello–, era al menos un poco más real que todos los que lo rodeaban.

Woody Allen - Fotograma de The sunshine boys
Woody Allen – Fotograma de The sunshine boys

Pasaron un par de años hasta que supiera que Woody Allen era Woody Allen. Desde entonces he tratado ver todas sus películas, de tener todas las posibles, de leer todas sus prosas. Definitivamente puede considerarse que soy un admirador de ese hombre. Acaso la película que me confirmó eso, de forma personal, fue Cassandra’s Dream, pero debo decir que cada uno de los films que he visto de él me han ayudado a entender el mundo de modo distinto. No es que sus películas me hayan formado como tal pero sí me han dejado vislumbrar la manera para generar un pensamiento propio, incluso a veces –muy a menudo– demasiado alejado de las mismas ideas por Allen plasmadas. Me explico mejor: todo aquello que incide en nosotros va generando divergencias en la forma que nos relacionamos con el mundo. La cultura que nos rodea es la que define la mitad de la cultura que generamos, la otra mitad debe (al menos, idealmente debería) surgir de nosotros, de los vacíos en aquello que miramos y cómo los llenamos, en caso de que decidamos llenarlos.

Woody Allen - Imagen pública
Woody Allen – Imagen pública

Hago una introducción como la anterior porque lamentablemente en estos días se ha hablado de Woody Allen en otro sentido que no es el sentido que me gustaría. Las acusaciones en contra del cineasta sobre si hace años abusó o no de la hija adoptiva que tuvo con Mia Farrow, revividas recientemente por la actriz y la misma afectada, no carecen de valor ni pueden ser tomadas a la ligera, pues cualquier tipo de investigación que sea necesaria para aclarar los hechos desestimados por los juzgados desde 1993 debería realizarse. Sin embargo, la forma en que se ha manejado durante la semana todo el caso, demuestra uno de los síndromes que más afectan a cualquier creador: la vida privada es la materia prima para darse a conocer más que el trabajo mismo. Podría apostar a que gran cantidad de gente ignoraba la existencia de Allen como realizador antes de que un escándalo regresara a tener su nombre como protagonista. Evidenciar las fallas morales y éticas (y criminales si así gustan llamarlas) de Allen como un tema de relevancia mediática dentro de la vida cultural, evidencia a su vez la necesidad de los espectadores por ser espectadores no de la obra sino de la figura, remarcando esa palabra “figura” y no la palabra “autor”, que es la que nos debería importar respecto a la participación de Allen en la vida pública de la cultura y no una mitificación de sus actos y problemas privados.

Woody Allen - Imagen pública
Woody Allen – Imagen pública

Sea como sea que se resuelva cualquier escándalo en que Allen se vea envuelto, culpable o no, eso no nos corresponde decidirlo, le corresponde a las autoridades encargadas de ello y, quizá, a las personas más cercanas a él. Juzgarlo como persona es algo que está fuera del alcance de quienes no lo conocemos más que por medio de las pantallas porque no ha incidido en nuestras vidas por ningún otro medio que no sea ese, pero juzgarlo en esas pantallas es algo que sí tenemos derecho de hacer, y en ese caso yo, ateniéndome a ese contexto, como espero que muchos otros hagan, siempre diré: Yo creo en Woody Allen.

Hecho en -ojalá no, pero sí- México

Hecho en México - Póster
Hecho en México – Póster

por Andrea A. Rivas

Dos años tardé en ver la cinta, largometraje, pseudo-documental o mega-videoclip del director Duncan Bridgeman, Hecho en México, y no. No. No…

Pero a ver, es que hay que analizar un poquito qué es lo que está pasando porque esto no puede ser. Vamos allá.

Esta curiosa dicotomía que Bridgeman presenta en la que lo folklórico es lo bueno y el resto lo malo, lo pervertido, lo gris, lo tachable… me parece tan absurda como hipócrita, siendo este un “documental” con producción de Emilio Azcárraga.

Pero no podemos decirlo a la ligera. Es un gran problema, planteado ya desde hace muchísimos años, el de la identidad del mexicano, y es que seguimos neceando, por un lado, sintiéndonos bien nativos, hijos de Quetzalcóatl, españoles-hijos-de-la-chingada-que-vinieron-a-jodernos y por otro lado, viva el rock, viva mi iphone 20, viva mi té ultra nice importado de tierras exóticas y el chocolate suizo es más chingón.

Hay una escena particular en la no pude evitar reír: tomas de Amandititita y unos hipsters cuya agrupación o procedencia desconozco y los cuales, además de los lentes claramente no-made in Tepito, poseen y hacen uso de una brillante y blanca Mac. Esta escena precede a la canción que canta “tan lejos de Dios, tan cerca de United States…” …¿Neta? ¿Sí hubo un encargado de edición? O simplemente saben que el público mexicano suele ser un público mediocre que no analiza lo visto y se siente contentísimo creyendo que es súper intelectual cuando le ponen un filme masticado que hace sentir que se piensa, que se es crítico y entonces se conforma con aplastarse con palomitas a engullir y aplaudir la información absurda que les entra por la córnea?

Hecho en México - Fotograma
Hecho en México – Fotograma

El mexicano del filme no tiene idea de quién es. Intenta defender la identidad de indígena y se aleja de la identidad del ciudadano; nos dividimos en vez de hacernos parte de la unidad de una cultura polifacética, híbrida y completa. Porque además de mentar madres el consumismo patrocinado por nuestros vecinos de gringolandia, nos encanta tener Converse y ver a Woody Allen, ¿o qué no..? Las culturas ajenas no son tan ajenas, nos componen también, se vuelven parte del imaginario colectivo que nos hace ser los mexicanos que somos, nos guste o no nos guste. Que Hecho en México no venga a decirnos que sólo el mexicano es chingón cuando necesita pedir la actuación de Adanowsky en el metro para completar su filme, cuando filma con tecnología, estoy segura, no hecha en México y cuando presenta realidades tan ambiguas como falsas de un México donde Diego Luna y Chavela Vargas son las autoridades máximas que firman nuestro destino como paisanos.

Entre los tantos absurdos presentados en el filme se encuentra el del dinero. Hay una victimización del mexicano, afirmando primero que no necesita el dinero para ser feliz, quejándose luego de su pobreza a causa de los que tienen el poder… De nuevo la identidad. Mexicanos víctimas. El dinero termina pintándose como un inalcanzable y al mismo tiempo, símbolo del mal…

Hay ocho millones de escenas, temas y asuntos de este documental en torno a los que podemos hacer polémicas, pero no. El punto no es que venga yo a decirles cada razón por la cual creo que Hecho en México es un trabajo nefasto, el chiste es que, si lo miran, lo hagan con ojos críticos y no contentos con todo el intelectualismo falso con que se anuncia.

Y qué les digo. La cosa es que nos han metido en la médula esta cuestión de no saber quiénes somos ni a dónde vamos y en vez de mirar todos estos conflictos como algo que está, los miramos como algo intocable, terrible. La globalización está, así como está la maravilla de nuestras tradiciones, lo nefasto de este “documental”, trágicamente, también está y la única pregunta que verdaderamente debería ocuparnos es, ¿qué vamos a hacer con esto? ¿Cómo vamos a usarlo..?

Hecho En Mexico - Todos  los pósters
Hecho En Mexico – Todos los pósters

Ficha técnica

Hecho en México
(México, 2012)
Dirección: Duncan Bridgeman
Con: Daniel Giménez Cacho, Diego Luna, Juan Villoro, Julieta Venegas, Kinky, Lupe Esparza, Rubén Albarrán, Adanowsky, Lila Downs, Laura Esquivel, Los Tucanes de Tijuana, Tito Fuentes, Elena Poniatowska
Guión: Duncan Bridgeman
Fotografía: Gregory W. Allen, Lorenzo Hagerman, Alexis Zabé

NOTA: Por amor del santo al que le recen, que se entienda que no pretendo hacer un juicio sobre la existencia de ningún artista presentado por el filme. La crítica es a la dirección, producción, etc, y no a los juicios individuales de los sujetos que aparecen en él.