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La posibilidad de detenerse: entrevista a Juan Fernando Herrán

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán, se encuentra en el Museo Amparo y durante la inauguración tuvimos la oportunidad de platicar con el artista sobre sus obras y el sentido social y reflexivo que contienen.

José Luis Dávila: Después de ver la exposición surgen muchas preguntas, de entre ellas la que resalta es si para ti, como artista, el arte es, hacia la violencia, un vehículo de denuncia o un punto de reflexión.

Juan Fernando Herrán: Punto de reflexión. Es importante, mi obra no trata sobre la violencia. Si uno se da cuenta hay cosas que pueden estar vinculadas con hechos de violencia pero no trata de esos hechos. La obra de las cruces, por ejemplo, a lo que se refiere realmente es la manera cómo un conglomerado social se apropia de una vivencia, reflexiona a partir de ella y asume una actitud de construcción hacia sí. Ese es el tema, no es realmente los treinta mil muertos al año o algo así. Me interesan los fenómenos que llevan a un país a ciertas circunstancias o que repercuten en la violencia, poderlos ver para entender mejor qué hay detrás. En la obra de La vuelta, por ejemplo, para mí era muy importante escuchar a esta gente que siempre han estado escondidos o que han sido reconocidos simplemente por sus hechos de violencia pero nunca se les ha oído qué buscaban, qué hacía, por qué, qué emociones los movían. Cuando uno los escucha, primero ve que hay una persona detrás, no una máquina, y que su condición es muy compleja, que lo que terminaron haciendo es el reflejo de una sociedad donde no había opciones, donde no tenían posibilidades de mejorar socialmente, económicamente, una situación que no les ofrece nada, y ante eso la gente termina haciendo lo que cree que puede hacer o con lo que obtiene una gratificación, económica o emocional. Siento que el arte es un espacio de reflexión y entendimiento que le plantea al espectador opciones para verse a sí mismo y para entender el contexto donde vive. Y dentro de un mundo tan veloz como el de hoy en día, el arte y otras manifestaciones, le dan la posibilidad de detenerse un poco y no simplemente de consumir, sino de interpretar.

JLD: Hablando de eso, cómo problematizas al espectador en tus obras

JFH: Quisiera pensar que le estoy exigiendo atención y tiempo. Si ves a una persona que entre a una exposición y sale rápido, no tuvo contacto con lo que hay allí, pero con determinados guiños quiero capturar a ese espectador y que se detenga. En la obra de Cajas fucsia, por ejemplo, esos textos son, por curiosidad, muy atractivos porque son muy pequeños y cuando cambias de una actitud pública, de una actitud en la que estás con todo el mundo, y te sumerges en un texto pequeño, de pronto ya tienes una relación íntima, y mi idea es que esa persona pueda estar leyendo varios textos y que la obra te capture. Lo mismo con el vídeo; es un trabajo de veinticinco minutos, normalmente la gente no está dispuesta a gastar veinticinco minutos frente a una obra, pero creo que la dinámica del vídeo, la forma en que empiezan a suceder los relatos, puede seducir al espectador. Trabajé mucho en ese aspecto, cómo ir dando información de una forma ligera, porque la pieza tiene unos contenidos muy pesados pero no te los boto así, sino como un relato, una serie de charlas, de documentaciones que te empiezan a capturar y creo que lo hace bien. Los comentarios de mucha gente son “yo empecé a verlo y se me olvidó el tiempo, me quedé mirando porque cada escena me llevan a algo más”, y eso puede ser valioso de la pieza.

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

JLD: Ni héroes, ni mártires, esta exposición que presentas, se encuentra en el marco del ciclo Encuentros latinoamericanos, ¿crees que el arte que se produce ahora en Latinoamérica refleja alguna realidad?

JFH: Creo que hay varias vertientes del arte latinoamericano, clarísimo. Creo que hay, incluso, muchos artistas latinoamericanos que pueden estar resintiendo el hecho de que el arte latinoamericano sea siempre un reflejo de la realidad. Lo que yo hago tiene mucho de reflejo de la realidad, pero hay que ser muy conscientes de cómo lo hacemos, cómo interpretamos lo que compartimos, cómo interpretamos los contextos y qué le damos al espectador. Desde ese punto de vista, la realidad es el anclaje común, entonces creería que sigue siendo muy importante. Ahora, otros artistas que están más interesados en un lenguaje del arte por el arte, hay otras vertientes más comerciales, obras que impactan rápidamente, que son atractivas, y están las que son de una denuncia más cruda. Hay muchas opciones.

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

JLD: Finalmente, ¿cuál crees que el punto más álgido o de interés en Ni héroes, ni mártires?

JFH: Creo que el mérito de la exposición son los vínculos que se crean entre las obras. Puede que haya unas piezas que por su dimensión sean más atractivas, más visibles. Sería un error decir “no se pierdan esta obra”, porque el tamaño de la muestra es bastante cómodo para ver, no es una exposición de treinta obras, son ocho obras y vale la pena insistir en que el público las vea todas.

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Ideas are bulletproof y el entretenimiento idiota

Entretenimento - Imagen pública
Entretenimento – Imagen pública

por Andrea. A. Rivas

Siempre he tenido una perspectiva muy aburrida de mirar las formas de entretenimiento. Para desgracia de quienes me acompañan en los momentos de recreación, soy incapaz de separar la realidad de la ficción. Y habría que determinar qué rayos es una cosa y qué es la otra. Como el buen Dumbledore diría: of course it’s happening inside your head, Harry, but why on earth should that mean that it is not real?.

Las formas de ficción, finalmente, surgen de algún lugar donde habita lo real conjugado con el deseo, las sensaciones, las interpretaciones, y de un montón de lugares que -aunque me encantaría- hoy no vamos a explorar. La cosa es que no puedo salir del cine o cerrar un cómic, o sentarme siquiera a ver las caricaturas mientras desayuno, sin encontrar una lista interminable de comentarios, críticas, preguntas, inquietudes, temblores y esa desesperación de que el mundo que está ahí, inventado y absurdo, nos está estrellando ideologías, críticas, verdades e incluso abrazos que el público absorbe sin percatarse de que hay información sin digerir entrando en sus cerebros dispuesta a quedarse estancada como la grasa saturada en las lonjas luego de las fiestas decembrinas.

Los Simpson - Fotograma
Los Simpson – Fotograma

Mucho de lo que aprendemos, lo aprendemos en estos medios. La cultura es cada vez más universal, bien dijo un profesor, que no hay un lugar del mundo que esté a salvo de la sombra de Mickey Mouse. Todos tenemos diversas fuentes de ficción a la mano, y estas figuras van conjugando nuestra percepción de la realidad, nos demos cuenta de ello o no. La figura más coherente de justicia que conocí en mi infancia fue la de Batman. La única amistad incondicional que tuve entre las manos fue la de Harry, Ron y Hermione. Ideales, sí, basados en deseos humanos, pero también en realidades y reflejos de lo que somos.

Una de las cuestiones que más ruido ha hecho en mi mente desde el origen de los tiempos es la de la violencia en caricaturas, películas, cómics… No es una cuestión moralista sobre la violencia. Es una cuestión humana, no sé, percepción escatológica. Yo no puedo mirar, sin que las tripas se me hagan un nudo, esa terrible crueldad que es el Coyote y el Correcaminos. Pobrecito animal cansado, golpeado, moribundo y con un pajarraco molesto burlándose de toda su desgracia. De niña me preguntaba qué sería peor, si el Coyote seguía sufriendo para siempre, o si el Correcaminos debía ser engullido por su perseguidor -lo cual, finalmente, sería natural. La cosa es que estas cuestiones han entretenido a generaciones y generaciones, la cosa es que el dolor es motivo de risa.

Quienes me conocen saben ya de mi eterna queja con las palomitas y el cine. No entiendo cómo alguien es capaz de comer tranquilo en su butaca, piernas cruzadas, dedos enmantequillados, cuando en la pantalla hay filmes donde miseria, violencia y espíritus rotos… No es cosa de que te “espantes”, es que en serio ¿eso les entretiene? Muchas veces me parece que no se hace ni el ademán de digerir lo que miramos. Nos hacemos, poco a poco, inmunes a estas imágenes. Primero las caricaturas, que conforme crecemos van permitiendo más violencia, más degradación; luego los cómics, donde los niveles de sexualidad, de crudeza es creciente, finalmente o simultáneo, o quizá todo en otro orden pero más o menos así, los filmes y la Tv, donde nos acostumbramos a mirar cadáveres, golpes, peleas, balazos, tripas, asesinatos, corrupción, discriminación, violaciones…

Story Detective - Imagen pública
Story Detective – Imagen pública

Sería, por otro lado, terrible un universo donde creciéramos mirando a Dora, la Exploradora, quien detiene al ladrón diciendo “zorro, no te lo lleves”, y al apagar la caja idiota, saliéramos a las calles a un lugar donde todo lo enunciado y re-enunciado, siguiese siendo como es en estos días. No se trata de fingir que no pasa nada ni de ocultar hechos. Estos medios de entretenimiento reflejan nuestra realidad y ese es el punto. Son una interpretación, una reconfiguración de las situaciones propias de nuestro mundo; mirarlos como si fuesen lejanos me parece tan absurdo como presenciar con chicharrines en mano, el asesinato de algún sujeto que salió a comprar abarrotes mientras su sobrino Peter Par… ah, lo mezclé todo. Pero ya me entendieron, ¿no?

Detrás de toda obra hay alguna ideología. Mirar V for Vendetta como la película donde Natalie Portman nos muestra que es la mujer más pinche bonita de todas y olvidar que “ideas are bulletproof”… yo no sé, pero me parece que tantos años de evolución y no sé cuántas cosas, darían para que nuestras mentes hicieran un poquito más cuando aplastamos las nalgas y nos entregamos a los momentos de recreación. Re-creación.

Ideas are bulletproof - Imagen pública
Ideas are bulletproof – Imagen pública

Mi recomendación no es evitar todas estas cosas, claro que no. Me re-encantan los cómics, sí, quiero conocer a Allan Moore y ver de cerca esa barba de mugroso, quiero decirle a Stan Lee que es el viejito más cool del mundo; también quiero que Tarantino me firme un DVD con sus ojos de loco y en fin… Creo que estos genios merecen ser apreciados con una visión que involucre todos los aspectos que sus creaciones abarcan, creo que nosotros merecemos ejercitar tantito la materia gris y aprehender y mirar todas estas ideas de manera crítica porque además, eso, señoras y señores, eso sí es entretenido.

Está de moda decir que Bolaño no está de moda: Entrevista con Daniella Blejer

Daniella Blejer - Fotografía por Balam Ponce
Daniella Blejer – Fotografía por Balam Ponce

por José Luis Dávila y Carlos Morales Galicia

A diez años de la desaparición de Roberto Bolaño, conversamos con Daniella Blejer, quien ha realizado diversos estudios en torno al autor.

Carlos Morales Galicia: A diez años de la muerte de Roberto Bolaño, ¿cuál es la importancia de su obra y por qué es tan vigente?

Daniella Blejer: En él hay un gesto de volver a contar una historia, una historia que no se ha podido dejar de repetir, que es la historia de la violencia en el siglo XX y principios del XXI, y pienso que la manera en que es contada, más que la historia en sí, es sumamente interesante  porque propone una nueva manera de problematizar la posmodernidad sin ser posmoderno, sino que rompe con ella a través de diferentes estrategias y estructuras. Pienso que es vigente porque incluye otros géneros discursivos; juega con otros lenguajes que son pertenecientes a otros medios y que modifican el lenguaje literario, entonces, este juego de intermedialidad es muy fértil y productivo, y nos lleva a entender aquello a lo que pensamos que no nos podemos acercar, porque hay en nuestra era la idea de que el lenguaje y las imágenes no nos representan, no representan la realidad, no representan el pensamiento y lo que logra Bolaño es, a partir de la misma estrategia, iluminar la realidad, iluminar el mundo, por eso pienso que es muy vigente.

José Luis Dávila: En este sentido, ¿qué tipo de iluminación cabría destacar en Bolaño en comparación con cualquier otro autor que trabaje la misma línea de la violencia, no sólo en el caso de Latinoamérica, sino en el caso de los escritores europeos o norteamericanos, por ejemplo Philiph Roth o Norman Mailer, que igual se encarga de los mismos temas?

DB: No te sé decir exactamente de ellos dos, pero si vamos a pensar en Europa habría que mencionar a Georges Perec, quien tiene una novela que se llama W o recuerdo de la infancia, en la que se entreteje la biografía, la vida personal, lo que es la literatura del yo, lo que es la pérdida de sus padres durante la segunda guerra: su madre fue a dar a un campo y su padre murió como soldado y W es una sociedad dedicada al deporte en Tierra de fuego, que es una sociedad fascista, entonces este entretejer lo biográfico con la historia y colocarla a otro lugar es justamente lo que hace Bolaño porque entreteje lo que ocurre en el continente europeo durante la segunda guerra mundial, luego lo traslada al cono sur y termina en la frontera. Pienso que hay, si quieres hablar de propuestas y similitudes sobre cómo narrar la violencia, una fuerte presencia de la literatura de Perec en la de Bolaño, no nada más por W o La historia de la infancia, sino por las estrategias narrativas como los listados, la idea de que el lenguaje es orgánico y es infinito, la red de relaciones, que es algo de lo que Perec utiliza en sus novelas y que Bolaño utiliza en “La parte de los crímenes”, en 2666,  por ejemplo, no sólo existe un contar sino un saber contar, que hay donde se juega todo un plan estratégico, bien pensado, bien armado, que posiblemente surge de Perec.

CMG: Le has dedicado gran parte de tus estudios a Roberto Bolaño, ¿cuál fue tu primer acercamiento a su obra?

DB: Leí Los detectives salvajes, como creo que la mayoría de la gente, y me quedé muy impactada porque de alguna manera ahí se jugaba algo que a mí me interesaba, sin saber de qué se trataba, después leí Amberes y me gustó muchísimo la propuesta de mezclar géneros, de pensar en cine, de utilizar el lenguaje cinematográfico, después llegué a Putas Asesinas a través de la universidad porque eran los textos que estaban planteando los maestros, en ese libro los cuentos son contados por la televisión, después llegué a Estrella distante y ahí fue cuando me atrapó más, ya que se entrelazaba esta imagen cronotópica del panoptismo, que incluye a la Alemania nazi, el golpe de Pinochet y hay algunos artículos de la lógica del capitalismo, entonces ahí yo sentí que se jugaba una historia que de cierta manera me correspondía y que me interesaba conocer y ahondar más en ella, cuando llegué a 2666, que fue escrita en 2003, yo la leí en 2004, y lo que se narraba en esa novela estaba sucediendo pero no lo sabíamos, de alguna manera hay un valor profético en ese poder ver lo que va a pasar y llamó mi atención, así fui interesándome más.

Daniella por Gina Moctezuma 2 2
Daniella Blejer – Fotografía por Gina Moctezuma

JLD: Tocas un punto interesante, el haber llegado a Bolaño a través de los maestros, ¿cuál es la importancia de leer  al autor en la universidad y qué cabida se le debería dar en los estudios literarios?, ya que hay muchos, algunos repetitivos, o se malentienden la lecturas, e incluso se va perdiendo el valor de la literatura por el boom que genera, como cuando se piensa que leer a Roberto Bolaño es sinónimo de cultura o saber.

DB: Por su puesto pienso que leer a Bolaño solo no es suficiente, vale la pena leerlo con otros autores de su generación, que problematizan las mismas cuestiones, el caso de Piglia, Vallejo, Perec, ampliar el abanico. En el caso del lugar común hay dos efectos distintos, por un lado el problema de la recepción; la famosa bolañomanía, como estuvo muy de moda, ahora está de moda decir que no sirve, a mí todo eso me hace ruido porque me interesa su obra, que me parece fascinante, ya que no se ha agotado su sentido, pienso que vale la pena seguirlo estudiando, no creo que porque ahora no está de moda lo voy a dejar de hacer; está muy de moda decir que Bolaño no está de moda. Habrá que ver si a uno le importa todo el ruido mediático que hay: la viuda, la ex novia, la playa, en fin, a mí todo eso no me interesa, realmente lo valioso es tratar de entender cómo se quiso escribir, qué se quiso hacer,  qué pasa con otros autores que tienen las mismas temáticas, el caso de mezclar géneros discursivos, ahí Vila-Matas es una referencia interesante.  Creo que leer a Bolaño es adentrarse en el campo del arte contemporáneo, como en la fotografía.  Hay muchas lecturas que se pueden complementar; actualmente, lo que hago es pensar en la manera en que las artes visuales impactan y modifican el lenguaje en Roberto Bolaño; no lo estoy leyendo solo, sino con las imágenes  y sistemas que utiliza en esas artes.

CMG: En tu labor como académica e investigadora, ¿cuál sería el mensaje que le darías a los estudiantes de letras en torno la obra de Roberto Bolaño?

DB: Hay que ir dispuesto a entender que todo lo que Bolaño articula lo desarticula, que cada vez que te estás acercando a algo, te alejas. Sus lecturas causan molestia porque utiliza la paradoja como recurso constante, cada vez que crees que quiere imponer un discurso no va por ahí, ya que te manda falsas pistas; creo que hay una idea básica que hay que entender: la ironía. Ser ironista no es lo mismo que ser sarcástico, el sarcasmo es la vulgaridad de la ironía, la manera en como él la hace es un esfuerzo, hay que saber apreciar ese esfuerzo.

Otra idea que tengo es que Bolaño no es posmoderno sino que problematiza la posmodernidad, en la medida en que alguien no entienda eso, no lo puede trabajar bien. Hay que entender cómo la problematiza y con sus propios recursos la rompe. Nada es casual en Bolaño a pesar de que nos muestra un mundo caótico regido por el azar; para crear ese mundo hay todo un plan, cada nombre es un centro de imantación semántica poderoso, si alguien se llama Archimboldi, Santa Teresa o Wieder es por algo, hay una etimología, una construcción muy fina de significación.

JLD: En todo este caos que, internamente y para su propio beneficio, tiene la obra de Bolaño, ¿qué es lo que haría falta por investigar al respecto?

DB: Creo que hay muchas líneas de investigación y muchas posibles lecturas. Se ha trabajado mucho el problema del mal, es muy interesante y se puede seguir ahondando en él. Se ha trabajado mucho cómo penetra el cine, la pintura, la música y la pornografía; es algo que aún no se ha agotado. El lenguaje en Bolaño es sumamente interesante, hay una reflexión sobre el mismo. O el tratamiento que le da a la violencia; cuando tú lees “La parte de los crímenes”, en 2666, te vuelves un lector de la revista Alarma, por decirlo así. El acto de leer te convierte en alguien que está haciendo un acto lascivo y de fetichismo. Toda la recepción también podría ser muy interesante, no en el sentido de si está de moda o no, que es poco interesante, sino qué piensa la gente cuando lee el archivo, ¿piensa que ese archivo está haciendo memoria o si ese archivo sólo está repitiendo la manera en que actualmente podemos conformar el conocimiento que es de una manera muy superficial? También cómo logra hacer un movimiento que no es monocéntrico sino policéntrico en su literatura, donde no hay una sola identidad, sino una pluralidad de identidades muy interesante en cuanto a todos los recursos que configuran la obra artística.

CMG: Roberto Bolaño genera una cierta apatía; como estudiosa de su obra ¿qué podrías decirle a los detractores?

DB: Se da mucho en el ámbito de las opiniones, porque no voy a decir de la gente que lee. Todo mundo tiene que tener una opinión y mucha gente piensa que decir que si Bolaño y los infrarrealistas eran marginados y apestosos quiere decir que no eran buenos o la poesía no lo era, pero eso no quiere decir que las novelas no tengan calidad. El hecho de que la casa editorial o la viuda hayan abusado de los archivos que quedaron en la computadora y se haya publicado Los sinsabores del verdadero policía, que no he leído, y sin embargo, me han dicho que Patricia Poblete comentó que hay un autoplagio de cosas que él no pensaba publicar y que utiliza en otras novelas. Todo eso opaca lo que sí se publicó y que es bueno; no hay que tirar por la borda todo lo demás, es decir, cuando alguien está en el centro de la conversación y el mercado, genera envidia, pienso que es natural. No se puede estar estudiando lo que está de moda y a los demás les parece correcto, uno tiene que estudiar lo que le parece relevante y a mí me parece que el sentido no se ha agotado. Hasta que éste no se agote es válido analizar la obra, no tiene por qué ser de otra manera.

Daniella Blejer - Fotografía por Balam Ponce
Daniella Blejer – Fotografía por Balam Ponce

CGM: Finalmente, sobre tu trabajo, en otras ocasiones ya has mencionado que no sabes si seguirás estudiando Estrella distante, pero ¿cuál sería la importancia de esa novela en la poética de Bolaño?

DB: Es una obra fundamental y de las mejor creadas. Me interesa muchísimo estudiarla, lo que sucede es que tengo que ver si se dicen cosas nuevas que no se digan en 2666, me parece que sí y que ayudan a entender esa novela. Me interesa descubrir rasgos similares en otros autores latinoamericanos que no almacenan lenguajes sino que los activan para cambiarlos, para cambiar la estructura, entonces, es un fenómeno que resulta interesante estudiar a través de ellos.

Estrella distante es una maravilla porque ahí se muestra cuál es su proyecto literario de una manera más redonda y completa.