Archivo de la etiqueta: Sor Juana

Mis pecados fueron saber y ser mujer

Retrato de Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana
Retrato de Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana

Por Marcos Solache

Introducción

Ser mujer, socialmente, nunca ha sido sencillo; no quiero decir que alguna otra condición sexual lo sea, pero no se puede negar que el sexo masculino sigue, y seguirá dominando el mundo y sus contrarios.

Ahora imaginemos a una mujer que se para enfrente, de igual a igual, contra un hombre, una sociedad, y un mundo entero; es imposible sostenerlo.

A Sor Juana la mató el hombre, y es un homicidio con el que cargamos todos de manera inconciente, al reprimir, quizá también inconcientemente, a las mujeres que nos quieren dar par, o nos muestran errores.

El sexo débil, el que molesta, el que da placer, el sexo que tentó al recto y lo hizo caer en el pecado mortal.

¿Acaso no fue Eva quien, indirectamente, sacó a Adán del Paraíso?, o mejor esta, ¿no fue Sor Juana quien mostró al arzobispo Aguiar y Seijas que una mujer era mucho más entera en conocimientos sacros, que el mejor teólogo jesuita de la época?.

Si Sor Juana hubiera sido hombre, que ciertamente hubo un intento de travestirse para poder acudir a la Universidad, nunca hecho al parecer; sin embargo, si lo hubiera sido, como Góngora o Lope, sacrílegos de muy poca reputación religiosa, quizá hubiera vivido treinta años más, escrito cientos de poemas más, y quizá igual o más reconocida de lo que es; mas quién hubiera hecho lo que ella, quién hubiera afianzado a la mujer en un lugar digno dentro del raciocinio humano, quién hubiera sido primero feminista que poeta.

Yo creo que nadie, como también creo que lo más sobresaliente de su vida es el haber sido de la forma que fue, siendo mujer.

Todo está con mesura

Mucho de lo que escribió Sor Juana, fue por encargo y para figurar ante la Corte y la Iglesia.

Ambos, los organismos más importantes de la época; acción entonces, que políticamente la dejaba muy bien parada tanto a ella, como al convento de San Jerónimo.

Parte de los encargos de la Corte, y quizá especialmente de las virreinas con las que convivió, fueron las puestas teatrales, resaltando por supuesto, el resaltadísimo auto sacramental del Divino Narciso, que bien valdría un comentario completo.

Por ahora solamente me ocupo de una loa, no precisamente la que se incluye en la dicha obra.

La loa es una composición breve, anteriormente en verso, hoy inclusive puede ser un monólogo, con la importante característica de escenificarse antes del primer acto; una especie de prólogo recitado, y muchas veces acompañado de música.

En el caso que comentaré, Sor Juana hace cinco cuartetos en octosílabos.

Por ahora esta es muestra de la diversidad de la poetisa, faltando que el lector se interese por los romances, las redondillas, los villancicos, los epigramas, y por supuesto, la obra magna: Primero Sueño.

Regresando a esta loa, comenzaré por escribir que el propósito es mostrar la perfecta Obra de Dios, la que está con tal mesura y orden, en perfecto eslabón, que el concierto que da el mundo, es armoniosamente ideal, donde no sobra ni átomo al aire, ni centella al fuego.

La tercera estrofa, en esta escena reiterativa sobre la perfección del mundo, esboza ligeramente una de las razones por las que Bruno fue quemado, Galileo abjurado, y Copérnico comprometido a medias.

            (…)

            Que con esférica forma

            a la Tierra el mar rodea,

            (…)

Aunque no dice categóricamente que la Tierra es redonda, sí es muy claro que el mar, que lo rodea, lo es.

Lo anterior demuestra que Sor Juana siempre tuvo interés por cuestiones de ciencia, lo más actualizada que pudo, aunque dada la época y situación de ser colonia española, nunca estuvo al día.

Cuando mi error y tu vileza veo

A continuación comentaré un soneto, con la confesión de que mi primer encuentro con Sor Juana ha sido a través de ellos, y no de otras y muy diversas composiciones que practicó.

Quizá lo que decía Eliot sobre los grandes poetas sea parcialmente cierto; ya que para serlo, han de ser excelentes, diversos y abundantes.

Sor Juana cumple con todo, aunque como es obvio, la abundancia no está llena de excelencia, mas si se tiene una visión crítica y propia de la obra, se podrá destilar de ella, lo excelente.

Desde mi muy personal punto de vista, y en vía de adentrarme más y seriamente a su obra, creo que sus sonetos son una de las formas más en molde. El soneto le iba muy bien a su lenguaje, intelecto, y propósitos.

Este soneto, de corte pasional, aunque mediano en sentimiento, será porque aparece el nombre Silvio y no el Lysi, expone uno de los temas predilectos y más versados de su poesía: el desplante del hombre hacia la mujer.

Aquí valdría apuntar la famosísima redondilla, sátira filosófica, que incluso aparece como leyenda en los billetes de doscientos pesos:

            Hombres necios que acusáis

            a la mujer sin razón,

            (…)

Famosos versos que, como vemos, hasta el momento han sido la primera moneda de presentación para inmortalizar a la poetisa; que sin embargo surgen como una fuerte respuesta a la actitud masculina, a quien tanto se entregó, al menos verbalmente, en muchos otros poemas.

En general la estructura del soneto le quedó a Juana Inés, como proemio de formas más largas; ya que gran parte de estas composiciones gozan de solidez y redondez, pero en casos como este, de precipitación final, aunque no pierden la fuerza ni hilaridad con la que comienzan.

Sería muy arriesgado decirlo, pero me parece que la extensión ideal de Sor Juana, está entre el soneto y la libertad que presenta la silva o el romance; sin embargo no una libertad tan extensa, ya que caería en el intento, muchas veces infructífero, de levantar poemas que van cayendo naturalmente, porque dicho sea de paso, la estructura de cualquier poema es la caída, con un pequeño retuerzo vivaz en el final.

Regresando específicamente a esta composición, debo empezar diciendo que el núcleo es una experiencia que parece fundarse en la imprudencia en palabra de mujer.

Todo gira alrededor de la búsqueda, no del perdón del hombre, y el entendimiento íntimo que imposibilita a la mujer a dejarlo a un lado.

            Contemplo mi error y tu vileza veo,

            contemplo, Silvio, de mi amor errado,

            (…)

 Un golpe de frente contra la pared, sabiendo del error y la vileza masculina; mas de todo aquello, lo más fuerte es el deseo de seguir pensándolo.

Los tercetos, caen en un profundo razonamiento, sin perder el toque intelectual más que sensible, del porqué, si ese amor es infame, no se niega, o mejor aún, se aparta.

            (…)

            Yo bien quisiera, cuando llego a verte,

            viendo mi infame amor, poder negarlo,

            (…)

Interesante que la advertencia de esa negación, provenga de la razón y no del sentimiento, ya que parece que Sor Juana intentaba, debido a su vocación científica, a racionalizarlo todo, en veces tan soberbia, que anula la influencia de Dios.

Aunque en sus obras se lea como una mujer de esta altivez, no olvidemos que en el final de su vida, tuvo que doblar las manos y abjurar a media lengua todo lo que creía.

Una buena pregunta sobre lo anterior sería, si en los últimos años hubo dignidad o no; difícil contestarlo, aunque a sabiendas de que estos hechos la llevaron a diezmarla en cuerpo, no sorprende que haya sido también en espíritu, que es donde se conserva esta fuerza vital.

El último terceto advierte, como muchos de sello profano, la trasposición de un amor que pudo vivir Sor Juana, inclusive con la misma Condesa de Paredes.

            (…)

            porque el gran delito de quererte,

            sólo es bastante pena, confesarlo.

El amor es lo más sublime a lo que puede aspirar el ser humano, podría decirse inclusive, que el amor es lo menos humano que tenemos al alcance; por eso parecen absurdas todas esas leyes morales e intentos de posesión que damos a todas las cosas y estados, creyendo también que el amor lo podemos poseer en una persona y a todo tiempo.

El complejo sexual de Sor Juana, como ella toda, es evidente, y no tengo el alcance para enmarcarlo; mas escribiré lo obvio:

El amor que profesó a María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, fue el más auténtico, genuino y elevado que le ofreció la vida.

 Cuando la Marquesa de la Laguna tuvo que regresar a España, imagino que Sor Juana, de alguna manera supo que su corazón se quedaría huérfano por siempre de amor, debido a que había puesto una cota muy alta en su sentir.

Seguro este fue el tiempo para autentificar los versos anteriores; ya que no hubiera sido mucho el que ambas permanecieran el resto de su vida juntas, pero era imposible, porque su amor no podía confesarse.

Inés, yo con tu amor me refocilo

Termino mi primer aborde, muy somero por cierto; no sin antes incluir un soneto de corte muy variado, se dice sátiro burlesco, y yo le agregaría: picarón.

La variedad poética en la poetisa nacida en lo que hoy es Estado de México, es indiscutible, tal como lo demuestra esta composición, que por cierto pierde toda seriedad de monja católica.

Esto concluye que Juana Inés tenía sentido del humor; en su vida habían risas y juegos, alegría para poder jugar con las palabras, cumplir con las normas compositivas, y no siempre hacer de la poesía un medio serio y profundo, sino también un espacio lúdico para cualquier lengua.

El soneto tiene como presa de corazón a Inés, de la cual se podría pensar, en acto muy narcisista, que alude a la monja jerónima perseguida por sí misma.

El hispanista alemán Ludwig Pfandl, escribió que la personalidad de Sor Juana se inclinaba hacia lo maníaco depresivo, masculino y narcisista.1

Comentario muy fuerte y me parece poco aguzado; ya que parece dejar a venda científica la capacidad de juzgar a alguien de manera determinista, sobretodo, y únicamente, apoyándose en sus textos.

Aunque este poema hace pensar, efectivamente en el narcisismo de Sor Juana, no lo creo del todo tal; pero sí decir que todas las personalidades de creación artística, en grados, lo tienen.

Unos de los mayores narcisistas, sin duda fue Salvador Dalí.

Interesante que esta composición emplee palabras muy populares de la época, ya que precisamente, la dirección de este poema, es hacia la gente que se divertía con composiciones burlescas, y si se me permite una dirección más fina, hacia las mujeres de libido extenso y algo expuesto. El final de este poema, quizá sonrojó a mismas virreinas.

Este soneto es una persecución en pasado, con muchos estados; los hay de contemplación, de celos, de gracia, de enojo y de angustia.

Todos, finalmente graciosos, y con el tanteo de rematar las risas en el último terceto:

            (…)

            y espero, Inés, que entre esto y entre aquello,

            tu amor, acompañado de mi vino,

            dé conmigo en la cama o en el coso.

Parece que la última palabra detiene lo desenfrenado que cayó la práctica de embriagarse y follarse a Inés; que por cierto, denota a conclusión que la misma Sor Juana reparó en sus propias palabras.

Conclusión

Averiguar que la monja jerónima silenció sus más verdaderos pensamientos, me parece hasta cierto punto, tan obvio como necesario.

Al principio de este texto, he dado muestras de ello.

Eso no la diferenció de cualquier otro ser humano, Sor Juana buscó el poder y la fama, y en buena medida tuvo ambos.

Entre todos estos agrados y palmares, sembró fuertes y encarnados enemigos, los cuales, en mayor parte por envidia y complacencias reprimidas, tuvieron la satisfacción de verla morir.

Situación también, muy en acuerdo con el negro sentir humano.

Mas, ¿cuál es el mayor valor de su obra? Aquel papelillo que llaman El Sueño”, que por cierto, en sus palabras fue el único que escribió por voluntad y gusto propio; no lo creo, y no del todo.

Lo que más vale de la obra de Sor Juana, es la perseverancia en ella.

Si de toda su obra, podemos reducir a la excelencia unos cuantos poemas, suficiente; pero conservemos más el ardor con el que, por cualquier medio, deseó conocer el mundo, saber de él; entenderlo a la medida, y amoldar la palabra para poder llegar a emparejar lo que sentía con lo que quería expresar.

El gran valor de Sor Juana, es que como cualquier ser humano, tuvo dudas, miedos, deseos y esperanza; pero de todos ellos, hizo un solo y verdadero camino de salvación: la poesía.

Bibliografía:

1.- Octavio Paz. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. Editorial Seix Barral. 12 da Reimpresión. México. 1998.

Anuncios

Yo, la peor de todas

Sor Juana Inés de la Cruz - Imagen Pública
Sor Juana Inés de la Cruz – Imagen Pública

Por Marcos Solache

Introducción

De Sor Juana, muchas cosas, pero casi nada. Como afirma Octavio Paz en uno de sus mejores ensayos: la biografía de Sor Juana está por escribirse.1  Lo que realmente debe decirse es que la biografía de Sor Juana nunca se va escribir, al menos no como lo pensaba Paz y muchos otros admiradores y fieles devotos de la monja jerónima.

Precisamente porque el enigma de Sor Juana radica en que se conoce, digamos, algo considerable de su obra y vida, mas eso considerable hace que los historiadores, poetas y demás interesados, queden insatisfechos y propensos a una búsqueda complicada.

Sor Juana es una joya caleidoscópica que siempre mostrará algo nuevo y distinto, mas nunca completo ni absoluto, tal como cualquier ser humano. En esta primera aproximación a Sor Juana, comentaré brevemente tres sonetos.

Sobre la clasificación y recopilación de su obra, valdría la pena apoyarse en la hecha por Alfonso Méndez Plancarte; mas dejo en el lector la libertad de encontrar en una simple búsqueda la compilación que agrade.

En perseguirme, mundo, ¿qué interesas?

Las circunstancias de vida, su amor y pasión al conocimiento, obligaron a Juana Inés a tomar un único camino para sobrevivir y sobrepasar un poco su necesidad intelectual.

El convertirse en monja, fue el singular modo que vio como posible y digno, para hacer lo que hizo. Sin embargo, el precio no fue barato; sufrió, se humilló, y al final de su vida, sin fuerza para un levantamiento más, cedió a la muerte.

Este soneto es un claro discurso de su condición, y precisamente, de la persecución que siempre implantó el mundo en ella; especialmente, el sexo masculino católico.

La juzgaban por se monja y no cumplir con cabalidad la regla, realizando lo que ni siquiera una mujer casada podría hacer libremente en casa.

Pero cuál era la ofensa, si todo lo que hacía Sor Juana era puramente artístico. Cuál era la grosería y altivez, si solamente era menester:

            (…)

            poner bellezas en mi entendimiento

            y no mi entendimiento en bellezas?

            (…)

Este modo de invertir el razonamiento lógico, fue muy común en su poesía, yo diría que en más ocasiones intelectual que sensible.

Aunque Sor Juana en su tiempo de madurez conventual, gozó de una solvencia económica desahogada; siempre hizo caridad, compró libros o artefactos científicos especiales de época, nunca tuvo, lo que se podría denominar, riqueza, pues tampoco la buscó, al menos no la material.

            (…)

            Yo no estimo tesoro ni riquezas,

            (…)

Este soneto, como dije, es más bien una justificación puesta en rima y metro; no posé variación alguna en composición, diría mejor, se lee de un solo respiro, hilado y cadente.

Los tercetos finales rematan sus gustos personales, por los cuales reclama al mundo, y de los cuales siempre se apoya en una justificación o desprendimiento de la moral católica, que permanentemente se ha revestido de rigurosidad externa, y laxitud interna. Como en este verso que deshecha a la hermosura por ser:

            (…)

            (es) despojo civil de las edades,

            (…)

 

                                                           *el paréntesis en el verso anterior, lo he colocado únicamente para hilar la lectura.

Remata muy en acuerdo con aquello de que la belleza es vanidad, afirmando que prefiere:

            (…)

            consumir vanidades de la vida

            que consumir la vida en vanidades.

Par de versos, a propósito, aparentemente hechos para cerrar, de nueva cuenta, como razonamiento inverso lógico. Que por cierto, si esto fuera una confesión jurada, no permitirían que la monja jerónima saliera muy bien librada ni justificada en su empeño reclamo de persecución.

Como conclusión entonces, se podría decir que Sor Juana, como casi el total de los seres humanos, vivió frustrada, haciendo lo que quería, mas no del modo que deseaba. No debió de haber sido monja, pero si no lo hubiera sido, quién puede saber si de ella hubiéramos tenido algo.

No queda más que agradecer al hábito, y bajo esta aprensión de vida, tratar de entender un poco más su obra.

Detente sombra de mi bien esquivo

Sobre el paso de Sor Juana en la corte virreinal, y lo que se especula como el tiempo en el que seguramente tuvo serios pretendientes masculinos; que sin embargo nunca prosperaron por su pobre condición de dote, aunque ciertamente nunca vio en ello camino para consagrarse al estudio y conocimiento, quizá de ahí su determinación temprana a ser monja.

Aquel momento entonces, fue seguramente su primer encuentro serio con el amor personal, que sin duda, años después redefiniría con la Condesa de Paredes, “Lysi”, con la que llegó a una conclusión preponderante:

            “Las almas no tienen sexo”.1

Sin embargo este soneto no toca el amor homosexual, que por demás solamente se ondea en las piezas dedicadas a la dicha Marquesa de la Laguna. En este aborde, más bien se sobaja a la mujer en la relación encantada y guiada por el hombre.

            (…)

            imagen del hechizo que mas quiero

            bella ilusión por quien alegre muero,

            dulce ficción por quien celosa vivo.

            (…)

Versos cadentes, serios y sufridos, hechos en el espejo del encantamiento amoroso; terreno destino en el cual todos colocamos las experiencias transhumanas.

El segundo cuarteto, que continúa en el mismo tono de sometimiento a la posesión del amado, aborda un elemento innovador en la época: el magnetismo.

            (…)

            Si el imán de tus gracias atractivo

            sirve mi pecho de obediente acero,

            (…)

Este cuarteto termina con la desilusión de la amada, burlada por un deseo fugitivo.

Sobre los tercetos, vale la pena decir el descompás que se siente en el salto del primero al segundo, que bien podría ser un cuarteto.

Sin embargo, y con lo rígida que es la forma del soneto, aparece esta pausa espacial, que no está en acuerdo con la continuidad de los versos; situación que deja muy en claro que en aquel tiempo el espacio en blanco no tenía ningún valor, cosa que sí, las ahora casi absurdas, formas canónicas.

Aun con lo anterior, este soneto, que es uno de los más famosos, concluye bien y nunca cae, aunque tampoco asciende.

Finalmente retoma el tema de los primeros versos, y con la fantasía en la que se labra prisión el amor fugado, cierra a un amarre distante de brazos y pecho, con el siempre presente: hechizo del amor.

Verde embeleso de la vida humana

La poesía de Sor Juana no es armoniosa, no como lo entendemos hoy, y bajo la justificación de que casi toda la poesía barroca no lo es, que bien se puede distinguir por lo culto y profano hecho bajo la cúpula religiosa.

Irónico es, que los dos poetas más importantes de la época, y quizá del virreinato, hallan sido, primeramente, mujer y hombre de congregaciones religiosas.

Mas de nuevo tendríamos que poner cada una de sus obras en época, para poder dilucidarlas un poco mejor.

En este soneto, confieso uno de los mejores a mi gusto; Sor Juana toca de manera muy sutil y elegante, un tema eterno, la esperanza humana. Que apropósito, la viste de verde en quietud, y de dorado en frenesí.

En la reclusión del convento, Sor Juana cultivó y fomentó valores preponderantes para una poeta, como lo son la quietud, soledad, y algo de introversión.

Aunque tuvo una vida social muy importante y activa, es obvio que Sor Juana, en su celda, siempre se sintió sola y huérfana. El haber sido “hija natural”,  quizá la hizo ver el mundo de una manera más cruda, y por qué no decirlo, real.

En este soneto, precisamente coloca a la esperanza como un sueño reiterativo, alma del mundo, hábito viejo que siempre se siente lozano y fresco. El fracasar no tendría justificación si no deseáramos volver a intentar, y así un día triunfar, si no al menos justificar el alcance de las posibilidades.

Sin embargo, la poeta bien sabe que todas estas suspicacias, no harán que el mundo deje de creer en ella, y es por eso que en el primer terceto empieza partir camino.

            (…)

            siga tu sombra en busca de tu día

            (…)

Panorama que con dejo, abandona en la oscuridad, autojustificándose como una excelsitud el no tener esperanza, y mirar la vida sin los verdes vidrios por anteojos.

La tesis de la carta atenagórica, que valdría un comentario aparte, se desprende de la desesperanza, afirmando que la mayor fineza de Cristo, sea Dios, es respetar a cabalidad del libre albedrío; es decir, apartar completamente el hecho esperanzador y extraordinario en el cual únicamente puede intervenir el Ser Supremo.

El último terceto, como se espera, después de apabullar a la noble esperanza, dibuja la cota personal, muy apropósito en cambio de ritmo, bien hecho a nueva y última estrofa, con lo siguiente:

            (…)

            que yo, más cuerda en la fantasía mía,

            tengo en entre ambas manos, ambos ojos

            y solamente lo que toco veo.

Estos versos son muy generosos; comenzando con una contradicción, ya que aunque el poema versa de ser un develo cruel hacia la esperanza, ella misma se constituye en su propia fantasía, de la cual se diría que no hay alguna que no goce de esperanza, ya que ambas se cultivan en la vega de la ficción. Eso, aunado a que la labor de poeta, como su distinguido caso, siempre es una abstracción de lo real, aquello que dice que toca con los ojos.

Linda figura retórica, que podría bien sonar a moderna, o incluso surrealista; pero eso no es lo más destacado del par final, sino que en este breve espacio deja muy en claro la contraposición de su sentido poético, frente a su sentido científico.

Sor Juana, como los antiguos y verdaderos filósofos, abarcó, o al menos ese fue su intento, muchas ciencias: astrología, matemáticas, física, química, música, etc. En todas sobresaliente, debido a su dedicación y por supuesto enorme intelecto; sin embargo, siempre supo que lo mejor de ella, era su poesía. Por eso, este gran soneto, cae en lo circular y casi imperfectible.

Una buena, y última pregunta sobre esta ocasión sería: ¿cómo realiza, por medio de una visión seria, lógica y estructurada, el acaparamiento de un tema tan mundano, a través de un lenguaje florido y metafórico, justificando a su vez, y finalmente, su doble visión; la poética y la científica?

Este poema, y gran parte de su obra, reúne partes que en un ser humano cualquiera, pueden parecer inconciliables o incluso irreconocibles. Sin embargo, la gran alma de un ser extraordinario puede eso, y como lo dejó en claro, pudo mucho más.

Bibliografía:

Octavio Paz. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. Seix Barral. México. 1998.