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El látigo auto flagelante

Capote por Bresson
Capote por Bresson

por Andrea Garza Carbajal

Hace algunos años, después de entrar a la carrera de Literatura, conocí a un joven que se presentaba a sí mismo, sin vacilar, como escritor. Pensé que escribiría todo el día, pero no era así, en realidad, la mayor parte del tiempo dormía (incluso en clases); decía muy serio que en sus sueños fraguaba la trama de sus relatos, en su cabeza llevaba media novela hecha y estaba seguro que en cuanto la terminara podría escribirla para que fuera publicada. Creí que estaba tratando con una especie de genio, un genio que prefería no leer porque su escritura podría verse mal influenciada por personas que nada tenían en común con él. Extraña forma de pensar para sus pretensiones, aunque jamás supe si decía la verdad. Antes de poder comprobar cualquier cosa, desapareció. Mi hipótesis es que murió ahogado entre el alcohol, la inconsciencia y su almohada, por la mala costumbre de dormir siempre boca abajo, que ya le había causado otras veces principios de asfixia etílica.

Tiempo después me di cuenta de que al talento excepcional, el verdadero, le precede una técnica. Lo más común es encontrar técnicas bien desarrolladas en talentos mediocres, también existen los talentos perezosos, brillantes por naturaleza pero que jamás se desarrollarán manteniendo su estado de comodidad y sobreviviendo de sus pequeños aciertos, pero lo menos común, es el talento nato cuya trascendencia se acompaña de una técnica depurada.

Además de las lecturas constantes y,  a palabras del autor, cinco horas diarias de práctica desde los ocho años, llevarían a Truman Capote a ser un escritor consumado a los diecisiete. Se sabía talentoso, se sospechaba genio. Jamás dejó de buscar nuevos caminos para mejorar su estilo porque sabía que difícilmente encontraría un límite para la evolución de su talento.

Reconocido por la crítica, redituable para las editoriales y para sí mismo, capaz de capturar un buen número de lectores sin comprometer su estilo, y con la personalidad necesaria para escandalizar a veces o causar polémica, se volvió el escritor de moda. No sólo entre los lectores ordinarios. Penetró en los círculos de la farándula y la alta sociedad, y en algún punto, ello influyó en su escritura.

Truman Capote 1973-Especial
Truman Capote 1973-Especial

Quería retratar la realidad, no sólo escribiendo bien, sino buscando el “arte verdadero”. Así, después de la publicación de sus obras más reconocidas, ideó escribir una novela que proyectó como su obra cumbre. Un retrato irreverente de una parte de la alta sociedad europea y estadounidense, la parte que él conocía. Publicó los primeros capítulos en la revista Esquire convencido de que sería un éxito. Sin embargo, la reacción más notoria y que definiría el avance de su obra, la obtuvo de varios de sus amigos, aquellos que al verse retratados en las páginas, con  algunos de sus íntimos secretos revelados, lo excluyeron de sus círculos y le dieron la espalda. Capote diría tiempo después que fue lícito, quizá reprochable, pero lícito para un escritor que tomaba como punto de inspiración la realidad que lo circundaba. Sin embargo, tras estas primeras reacciones cesó la escritura de su obra por algunos años.

En Música para camaleones, anunciaría la reescritura y continuación de su novela, pues revisando sus escritos había tenido una revelación. Se dio cuenta de que no había utilizado todas sus capacidades como escritor en lo anteriormente publicado, simplemente le parecía insuficiente. Ahora proyectaba para esta novela utilizar todas las técnicas aprendidas como escritor, evolucionar hasta los más altos niveles y crear algo novedoso. Continuó hablando de sus avances los siguientes años con su editor y amigos, hasta su muerte, momento en que acorde a los diferentes intereses, se buscaron exhaustivamente los capítulos escritos. Nada fue encontrado. A pesar de que Capote solía guardar todos sus manuscritos, no se encontraron indicios de que éstos hubieran existido alguna vez.

Capote decía ser un genio. En sus publicaciones se revela un gran talento y una magnífica técnica además de una evolución estilística. Pero no estaba satisfecho, creía poder hacer más, un proyecto tan ambicioso que le llevaría cerca de quince años no concretarlo. No se sabe lo que ocurrió. Si después de la publicación de A sangre fría, cuya escritura lo afectó anímicamente, el repudio de antiguos amigos por las revelaciones publicadas y otros factores personales, pudieron frenar su inspiración, o que en efecto escribió una obra magnífica, tal y como él la vislumbraba y por razones desconocidas decidió destruirla sin que nadie lo supiese nunca. Existe una tercera opción,  a la que probablemente ningún escritor quisiera enfrentarse, tal vez sus ambiciones fueron más grandes que la capacidad para escribir la obra que imaginaba y la frustración le hizo abandonar su elaboración.

Truman Capote-Especial
Truman Capote-Especial

Quizá el talento verdadero tiene en efecto un límite y peligrosamente, cada creador que inquiera en el suyo podría caer en la frustración o el desengaño, pero no hacerlo, no indagar  sería más perjudicial, significaría el estancamiento del talento y el estilo, y la comodidad de la autocomplacencia. Llegar hasta donde se pueda considerar aceptable, pero jamás arriesgarse por temor a no hallar lo deseado. Desde luego, esto rebasa por completo el primer caso, aquél de mantenerse siempre a raya y jamás sumergirse en la realidad que suele rebasar siempre a los sueños. Creerse un creador sin haber creado nada, dejará un vacío más lamentable que el  intentarlo hasta los propios límites, donde algunos evolucionarán y seguirán adelante, y otros, al conocerlos, buscarán otros caminos. Tal como lo dijo Capote:  “When God hands you a gift, he also hands you a whip; and the whip is intended for self-flagellation solely.” (Cuando Dios te da un don, también te entrega un látigo, y el látigo es únicamente para auto flagelarse).

Miriam Medrez/ Cuerpo Ausencia Hilvanando identidades

Especial
Especial

por Mathieu Branger

La Capilla del Arte continua su exploración de la creación contemporánea con la presentación del trabajo de la artista mexicana Miriam Medrez. La exposición Cuerpo ausencia, hilvanando identidades muestra el trabajo mas reciente de la artista de Monterrey, sobre el tema de la identidad y de la feminidad con maniquís y vestidos de telas intervenidos con diversos materiales y varios textos bordados.

La Capilla del Arte, ubicada en la parte alta del antiguo edificio de las Fabricas de Francia, en la calle 2 norte, es el espacio cultural de la UDLAP, y tiene como vocación vincular el arte, en todas sus modalidades con la comunidad, trayendo a Puebla proyectos novedosos, ambiciones y de gran alcance.

En esta ocasión, se trata de Miriam Medrez artista bien conocida del mundo del arte, con una larga trayectoria, que radica en la ciudad de Monterrey, donde produce la mayor parte de sus obras. Desde los años ochenta empezó a trabajar formas orgánicas, inspiradas en lo vegetal ,o en lo animal, para dar vida a grandes esculturas, que integran también en su mayoría figuras humanas. Medrez es una artista polifacética, muy reconocida pero discreta, que traza su propio camino, sin dejar de pensar el arte como una experiencia que incluye al espectador, lo involucra.

La exposición de la Capilla es importante porque nos muestra una nueva linea en el trabajo de la artista, con esculturas ya no de barro sino de tela y de bordados. La tela es un material femenino, frágil, que sirve en este caso como punto de partida para presentar el cuerpo de una mujer, Miriam Medrez, y proyectar estados, realidades o fantasías, pero siempre de manera directa.

Miriam Medrez
Miriam Medrez

En los maniquís de tamaño natural, existe un tensión entre un mundo interior y la realidad social, entre cuerpos reconocibles y elementos que brotan, que saltan a la vista y son expresiones de la subjetividad de una mujer o expresiones sociales, sin eludir el dolor, el sexo, el cansancio del cuerpo. Se profundiza todavía mas esa relación con la serie de vestidos invertidos, en los cuales quedan solamente vestidos vaciados de cuerpo. El espectador se encuentra, al igual que en una exposición de moda con grandes envolturas tejidas, pero si se acerca se tiene que afrontarse con imágenes bordadas de mujeres desnudas expuestas en su intimidad.

Es más que un trabajo de creación de objetos artísticos, es la reconstrucción de un imaginario, a través del vestido. Los maniquís de tamaño real, con o sin cuerpos, desnudos o descarnados, nos interpelan, de manera no tan ingenua, para saber que seria “ser mujer” y nos dejan sin embargo sin respuesta.