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Arte y experiencia: sobre Entramados, Sin límite y La unción de Mercurio

por José Luis Dávila

Una de las grandes preguntas que esta década nos pide responder es por qué apreciamos el arte contemporáneo, la cual es, en principio, algo sencillo de resolver, pues en la actualidad ponemos al gusto fuera del circuito para centrarnos en el mensaje, es decir, apreciamos el arte contemporáneo debido a la fuerza de lo que transmite, a aquello que evidencia, a lo que retrata y expone; a fin de cuentas lo que valoramos es la explicación de la imagen por sobre la imagen misma, y ésta sólo es un vehículo para la información.

Por supuesto, el párrafo anterior podría resultar ofensivo para muchas personas, sobre todo para artistas, y sin embargo, no hay otra manera de expresarlo. La práctica del arte contemporáneo está viciada por el querer pertenecer a un discurso, y mientras más social mejor. Claro que esto no es malo; históricamente, el arte ha sido un referente de los cambios sociales y expresado diversas situaciones que ocurren en los entornos que se desarrolla, pero, al menos personalmente, considero que se debe hacer una distinción que al arte de nuestros tiempos se le ha olvidado y que antes era evidente: la tendencia y el compromiso.

De un lado, la tendencia aspira a ser vista, no hace caso de las formas, pone la esencia estética al servicio de lo que quiere decir para poder hacer ruido. Mientras, el compromiso está en la obra consigo misma, en el artista y sus intereses, lo cual provoca el cuidado de lo bello implícito, un “bello” entendido por el gusto y no por la estandarización.

Recientemente, cuando en San Pedro Museo de Arte se inauguraron Sin límite, de Patricia Fabre, La unción de Mercurio, de Jorge Llaca, y la colectiva Entramados de la pintura en Puebla, me puse a pensar en todo lo anterior, y es que al pasar por las salas que albergan las obras tuve la necesidad de cuestionarme frente a las producciones cómo es que estamos leyéndolas, si las valoramos por lo que son o por lo que dicen, si las entendemos realmente, o si de verdad tenemos que entenderlas.

Cada una de las piezas presentadas en San Pedro es una maravilla de la técnica artística. Y cada una es una experiencia diferente: Patricia Fabre nos narra un camino al autodescubrimiento, una senda marcada de inconsistencias íntimas entre las líneas y la dualidad de los colores; Llaca propone una interpretación a la espiritualidad de la razón, una instalación díptica que realza el conflicto entre el hacer y el contemplar, pero más allá, un uso del espacio y su historia para generar un tema; finalmente, Entramados se define por su título, un compendio de alto valor histórico y artístico en el cual encontrar piezas que demuestran cómo evoluciona una sociedad en su arte, cómo se ve a sí misma y el modo de apropiarse de ella por las miradas creativas que viven en ella.

Pero lo dicho no es algo que todos deban pensar, es algo que pienso yo. Como dije, una “experiencia”, misma que no se puede tener por otros, y por ello me cuestiono aún la pertinencia de apreciar al arte contemporáneo por su mensaje. Por supuesto, tener la explicación del artista y el curador resulta enriquecedor, pero lo que verdaderamente necesitamos es la opinión del espectador, pues al final es lo que hace al arte y no lo otro. El gusto elidido es un pecado que no deberíamos permitir en las galerías de nuestra ciudad a favor de la explicación cerrada, y mucho menos en muestras como las que ahora menciono, ya que al arte contemporáneo le falta la validación de esa experiencia personal e íntima que cada quien le otorga y le sobra la admiración de sus pares.

En fin, vayan y vean las obras por ustedes mismos, y pregúntense “qué veo yo” y no “qué debería ver”.

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Creación y diálogo: propuestas jóvenes en San Pedro Museo de Arte

por José Luis Dávila

Es necesario siempre estar en la exploración del arte, esa exploración que surge de las formas inacabadas que anteceden a cualquier creación, formas que expanden esa precisa exploración. Ésta es una imbricación que resulta inevitable en la juventud. Los jóvenes creadores del ahora son los que serán recuperados discursivamente por los jóvenes creadores del futuro. Así pues, es vital brindarles un espacio para hacerse públicos, para ser mirados por el presente, valorados y, entonces, decididamente trascendentes los que deban serlo.

De tal modo que la nueva exposición de San Pedro Museo de Arte, acertadamente llamada Creación en movimiento, es una ventana de oportunidad para todos aquellos que la integran. La muestra entraña justo la idea de la movilización discursiva de la creación dentro de un campo tan árido o tan fértil –depende de cómo se quiera mirar– como lo es el del arte contemporáneo, lo cual se deja al espectador decidir, pues cada una de las piezas entabla una conversación diferente con el que las observa, brindando la posibilidad de un concierto de imágenes, una polifonía visual (e interdisciplinar, sobra decirlo) que recupera a lo “contemporáneo” como una categoría artística y no sólo como una catalogación sobre aquello que busca lo reaccionario por sobre lo artístico, el cual es el mal que en la actualidad sufren muchos de los artistas.

Creación en movimiento, integrada por los becarios del FONCA, demuestra que la selección de los aspirantes y el seguimiento que se les da en el programa no tiene fallas: cada obra, dentro de sí misma, es una pieza que genera reflexiones y congenia lo material con lo estético. Sumado a ello, la curaduría consigue de que de un extremo a otro de las salas exista diálogo, exista un circuito comunicativo al que se aspira siempre en las exposiciones colectivas pero que rara vez se consigue. 

Con todo lo anterior, en esta exposición cada uno de los que entran a verla encuentra algo que le llame, algo que le mueva, algo que le haga comprender un poco más de sí, y eso es invaluable en estos tiempos en que el arte se reduce por muchos al gusto y no a la experiencia vital de la creación misma, la pasión creadora de la creación sobre el otro.

El Norte y yo: sobre la exposición Norte infinito

Norte Infinito, en San Pedro Museo de Arte
Norte Infinito, en San Pedro Museo de Arte

por Gerson Tovar Carreón

Comenzaré diciendo que no acostumbro escribir sobre culturas indígenas. Es más, me sofoca el simple hecho de escuchar referencias a pueblos milenarios y escapo de conversaciones sobre la naturaleza o el sentido de comunidad para determinado pueblo “originario”. No se me mal entienda: respeto esas culturas y su visión de mundo, lo que no comparto es el romanticismo académico desmedido y arrogante por la cultura y tradición indígena (incluso siento que es políticamente incorrecto nombrarlos indígenas). Dicho esto, debo aceptar que no escapo de cierto fanatismo. Y digo fanatismo porque le tengo una admiración especial al arte huichol y me cautivan los viajes místico-alucinógenos en el desierto desde que leí las Enseñanzas de Don Juan; además, la cultura pop tiene bastantes ejemplos sobre la psicodelia enteógena de las culturas del Norte de México, como el viaje espiritual de Homero Simpson para encontrar a su alma gemela mientras entabla una discusión existencial con un coyote. Toda la sólida animación amarilla se desvanece en el aire del desierto gracias a un chile-psicodélico cultivado por una antigua cultura indígena.

Y bueno, en realidad toda esta disertación llega a un punto: la dificultad de entender al otro y la interpretación mediática de baja calidad que incitan más a un espectáculo que a un conocimiento sobre el otro. En realidad desconocemos procesos y tradiciones de antiguas culturas mexicanas, pero el caso del norte del país es más simbólico. Los yaqui, los taraumaras, los kiliwa y demás culturas no caben en una narrativa histórica de México y en algunos casos podemos hablar de una extinción de estas constelaciones.

Debido a esta preocupación, la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) ha promovido el rescate de la cosmovisión, las tradiciones y la vida cotidiana de los pueblos originarios de México. Parte de este trabajo de rescate se presenta en el Museo de Arte de San Pedro, en la exposición Norte infinito, que permanecerá hasta mediados de noviembre. La exposición indaga el desarrollo de los pueblos al mismo tiempo que presenta la importancia histórica de los originarios del Norte del país, específicamente de los estados de Baja california, Sonora, Sinaloa, Chihuahua y Coahuila.

Norte infinito presenta en nueve módulos: esculturas de madera, piedra, barro, herramientas, utensilios de la vida cotidiana, trajes típicos, arte y elementos de uso ritual de trece pueblos originarios. “El propósito principal [de la exposición] es mostrar a estas comunidades como participantes de la historia nacional, justamente porque nuestro pasado, presente y futuro se sustenta en gran diversidad cultural”, señala el curador Octavio Murillo, subdirector de conservación y resguardo de la CDI.

Finalmente, el reto que tienen la CDI y el Museo de Arte de San Pedro es aproximar el conocimiento del pasado y su uso en el presente a un público poblano que desconoce el patrimonio cultural y carece muchas veces de una memoria histórica integral más allá de su entorno inmediato .

Puebla Verano 2015 IdentificARTE

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Por Emanuel Bravo Gutiérrez

El día viernes 17 de julio se presentó en el Museo del Tecnológico de Monterrey la Promoción Nacional de Verano 2015 IdentificARTE que tiene como objetivo crear un puente de comunicación entre el visitante y los museos a través de sus colecciones.

En esta promoción de verano, los niños y jóvenes entre 5 y 15 años podrán visitar los museos dentro y fuera de la ciudad de Puebla de manera gratuita durante el periodo vacacional que abarca del 19 de junio al 16 de agosto. Los museos inscritos en este programa son: Museo Amparo, Museo Regional del INAH, Casa de la Música de Viena en Puebla, Museo Taller Erasto Cortés, Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, Museo del Tecnológico de Monterrey, San Pedro Museo de Arte, Museo Regional Casa de Alfeñique, Museo José Luis Bello y González, Museo UPAEP, Museo del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, Biblioteca Palafoxiana, Ex convento de Santa Rosa. Cocina de talavera, Fototeca Juan Crisóstomo Méndez, Capilla del Arte UDLAP, Museo José Luis Bello y Zetina, Museo Universitario Casa de los Muñecos, así como la Zona Arqueológica de Cantona, Museo Fuerte de Guadalupe, Ex convento de Huejotzingo, Museo Fuerte de Loreto Museo de Arte Religioso. Ex convento de Santa Mónica del (INAH).

Los museos proporcionarán además visitas guiadas, talleres, rodadas ciclistas y demás actividades que apoyen la participación del público joven en el conocimiento del patrimonio cultural poblano.

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Durante la rueda de prensa se presentó también la fecha para la siguiente Noche de Museos, la cual será el día 24 de julio. En esta noche los museos darán entrada libre y visitas guiadas al público hasta las 21 horas.

De tradición y nuevas rolas

Conferencia - Diario Reto
Conferencia – Diario Reto

Por Staff Cinco Centros

Esta mañana, se presentó De tradición y nuevas rolas. Una iniciativa de la Dirección General de Culturas Populares, en la que se busca rescatar parte de la tradición musical de los pueblos indígenas. Ésta, a su vez, se ha puesto a la vanguardia gracias a procesos interculturales que la fusionan con otras expresiones musicales como el rock, el hip hop, el reggae, etc.

Asimismo, se presentó el disco Piltontzintzin ihuan Pocotzitzin Tlenica moztla mohuicatia (Las niñas y los niños cantan para mañana), del Grupo Rockercoatl, y el video Puebla Urbana,  creado por Iván Flores Méndez y Blanca Elizabeth Ángel Merino.

Este festival se llevará a cabo del 10 al 12 de julio. Lo cual representa una buena oportunidad para que los poblanos se acerquen y conozcan estas propuestas, las cuales se llevaron a cabo gracias al Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC).

Parque Industrial, una exposición de Daniel Alcalá sobre los paisajes urbanos

Amanece en la ciudad, cualquier ciudad, y el sol destella sobre la convergencia de dos palabras que relucen sobre el acero del cual está construida. Es inevitable pensar en cómo estamos tan acostumbrados a que los términos dispares se asocien casi naturalmente, sin siquiera parar un momento a repensarlos. Creemos que así como las cosas están, así han sido y serán, no tomando en cuenta que somos parte de un proceso donde la mayor parte del tiempo tenemos el papel de engranes menores, partes no tan imprescindibles pero funcionales de lo que es el entorno en que residimos.

Con Parque Industrial, albergada por San Pedro Museo de Arte, Daniel Alcalá pone de manifiesto que ese entorno poco a poco nos consume, que como parte del paisaje urbano interiorizamos los espacios más difusos nombrándolos por medio de contradicciones semánticas. El mismo título de la propuesta es parte de la obra: un parque en su acepción primaria es un lugar de áreas verdes, una zona natural con propósito del recreo dentro de las ciudades; de este modo, Alcalá propone un juego con base a ese sentido original en contrapunto de la idea de industrialización, deconstruyendo las imágenes provenientes de los vastos terrenos de las empresas, con las chimeneas despidiendo humo como fumadores fuera de las puertas de un hospital, los cables que llevan corriente eléctrica cortando el pedazos el cielo para repartir las rebanadas entre niños que aún se asombran al preguntarse por qué es azul, las naves llenas de trabajadores y maquinarias como transatlánticos volcados por las olas y varados en islas vírgenes, todo esto dándole su propia interpretación, sacándolas de contexto, mostrándolas como partes móviles de un diorama dentro del cual vivimos.

La experiencia de esta exposición abre la vista que se tiene sobre las calles que caminan, haciendo que poco a poco nosotros también empecemos a recomponer el rompecabezas que se nos presenta en la imagen de la caja urbana como el canon, resultando en derivaciones como las de Alcalá, quien demuestra el poder de transgredir la semántica citadina para entender al crecimiento infraestructural de los lugares como un paso a la ironía del lenguaje que concibe esas mencionadas contradicciones conceptuales para poder nombrar al mundo mientras va cambiando, eliminando los límites entre lo natural y lo artificial.

Nada más que un juego: sobre Piedra, papel o tijera

Piedra, papel o tijera - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Piedra, papel o tijera – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Nada hay más serio que un juego. Esto es algo que muchos recalcan, que seguramente ya se ha dicho respecto a la exposición Piedra, papel o tijera, la cual se puede visitar en San Pedro Museo de Arte. Pero si ya se ha dicho antes, ¿para qué decirlo de nuevo? Porque es una gran verdad, y las verdades no deben dejar de decirse aunque se repitan tanto que de pronto se conviertan en una casa de los espejos, de esas en las que cualquiera se puede perder a los dos pasos, encontrándose de cara consigo mismo, ora más delgado, ora más bajo de lo que uno se recuerde desde la mañana cuando se cepillaba los dientes y su rostro era el de siempre.

Piedra, papel o tijera - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Piedra, papel o tijera – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

“El rostro de siempre” es una expresión muy curiosa. No siempre se ha tenido ese rostro, incluso cada día cambia aunque no lo notemos. Una arruga nueva en la frente, oculta por el cabello, o unas ojeras poco más profundas que las que se tenían por la noche. Los espejos de esa casa que hablábamos magnifican tales cambios. Los producen y evidencian para que podamos reír de cómo nos vemos; pero si eso lo notáramos en un espejo corriente seguro que sería motivo de espanto, mínimo de ansiedad. Esa casa de los espejos es también un juego, uno muy serio pero por eso mismo tan gracioso. Quienes entran asumen que son quienes están ahí frente a ellos mismos dentro de los espejos.

Piedra, papel o tijera - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Piedra, papel o tijera – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Pues bien, Piedra, papel o tijera es eso precisamente: una casa de espejos que juega a reflejar aquello con lo que muchos crecimos jugando, pero también aquello que aún seguimos jugando. Todas las piezas devuelven a nuestra mirada parte de lo que fuimos en la infancia pero también parte de lo que sabemos a cada paso que crecemos. Es una exposición que muestra a los juguetes y los juegos fuera de sus significados elementales para presentar esos mismos objetos dentro de un plano ajeno a su fin primero, es decir, en el mundo del adulto que encuentra en ellos la fascinación nostálgica por sus años perdidos en armonía con lo que significa cada uno de ellos ahora, en el ahora donde todo cobra un sentido distinto.

Piedra, papel o tijera - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Piedra, papel o tijera – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Ciertamente, no hay nada más serio que un juego. Desde niños lo sabemos pero no por eso hay que dejar de decirlo. De adultos hay que recordarlo, tenerlo anotado en un papel que vaya con nosotros a cualquier lugar, para poder jugar también en la vida cada vez más pesada y aburrida que muchos suelen elegir, que es cuando la casa de espejos deja de ser divertida y las personas se sienten atacadas por lo que ven a cada paso que dan. En fin, siempre saber que, por más especular que sea, –siguiendo a Stein– un juego es un juego es un juego y en él se aborda la verdad sobre quienes somos, sobre quienes nos reflejamos en él.

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Tradición/Transformación: sobre Éxtasis y Abundancia

Éxtasis y Abundancia - Fotografía por Jessica Tirado
Éxtasis y Abundancia – Fotografía por Jessica Tirado Éxtasis y Abundancia – Fotografía por Jessica Tirado

por José Luis Dávila

¿Cómo se crean las tradiciones? ¿Cómo cambian? Para ser mucho más justos, habría que empezar por saber qué cosa es una tradición. La tradición o la costumbre, o la usanza, o el arraigo, en fin, cuántas maneras no hay para nombrar a ese sentido de apropiación inculcado desde la infancia. Lo que nos rodea nos lo apropiamos, lo hacemos nuestro, interiorizamos sus características, desarrollamos un sentido de pertenencia a un lugar a través de vivirlo cada día, de experimentarlo en sus dimensiones, ya sea una calle, una ciudad, la casa a la que todas las noches regresamos para dormir.

Y luego de eso, hallar la forma de expresar lo que somos con esos elementos. Recomponernos en ellos y mostrarlos en lo que hacemos: en la forma en que hablamos con las personas, en cómo vemos una película, en el modo de saludar cuando recién se conoce a una persona, bien diferente a cómo lo hacemos con quienes se lleva años de trato. ¿Somos todo eso siempre o vamos cambiando de pieles a lo largo de la vida? Si aquello que nos apropiamos no muta cuando se le añade algo nuevo, no se transforma, entonces para qué queremos seguir caminando cuando de todos modos no avanzamos. Por otro lado, ¿avanzar es olvidar lo anterior? Olvidemos y tampoco habrá avance, porque cómo avanzar cuando no hay un lugar de dónde partir.

Antonio Álvarez Morán, Liliana Amezcua y Arturo Elizondo - Fotografía por Jessica Tirado
Antonio Álvarez, Liliana Amezcua y Arturo Elizondo – Fotografía por Jessica Tirado

Cuando se pone un pie dentro de las salas que albergan la exposición Éxtasis y Abundancia. El movimiento neomexicano en Puebla, albergada en San Pedro Museo de Arte, las anteriores son, entre muchas otras, cuestiones que saltan a la vista, porque es la vista aquello que no deja de maravillarse a cada paso sobre la duela, es la vista la que se colma de colores y formas representativas de lo que uno es en esta ciudad que se habita, en este país que se respira, pero sobre todo en esta cultura tan mestiza, más mestiza de lo que nos damos cuenta.

Éxtasis y Abundancia - Fotografía por Jessica Tirado
Éxtasis y Abundancia – Fotografía por Jessica Tirado

De la mano de Liliana Amezcua Álvarez, Antonio Álvarez Morán y Arturo Elizondo Amadorsalu, podemos encontrar la experiencia de la reconfiguración propia reflejándonos en sus obras, encadenadas y encadenando, tanto al pasado como al presente, para desentrañar lo que ellos son y también lo que fueron, acercando al espectador a ellos como artistas pero al mismo tiempo a la introspección sobre sí, sobre si eso en los muros, en los estantes, en todas las salas de la exposición, no es también parte de lo que él mismo está siendo y fue, y quizá será, preguntándose por la posibilidad de su identidad hecha de identidades emanadas de aquello con lo que interactúa sin darse cuenta.

Éxtasis y Abundancia es una muestra que no pueden dejar pasar, su valor está en las piezas y su construcción dentro del espacio del museo, en la forma en que se contacta con cada una, logrando acercarse un poco más a lo que es el otro que vive en uno mismo desde afuera.

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