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La dictadura… ¿perfecta?

La Dictadura Perfecta - Imagen pública
La Dictadura Perfecta – Imagen pública

por E. J. Valdés

Luis Estrada es de esos cineastas contemporáneos que se han atrevido a hundir el dedo en las llagas del pueblo mexicano y nos ha hecho reír, suspirar, llorar e indignarnos… Cosas para las que los hijos del águila y el nopal somos re buenos, la verdad. Aún tenemos muy presentes sus cintas La Ley de Herodes, cruda sátira de la maquinaria priísta que sexenio con sexenio arroja locos como el presidente municipal Vargas, o El Infierno, filme aún más crudo que presentó la realidad del narcotráfico y el sexenio de Calderón en pleno festejo del “bicentenario” (y lo escribo entre comillas porque éste no será hasta el 2021). Este otoño, a dos años de la controvertida elección presidencial de 2012 (aunque, vamos, ¿cuál no lo ha sido?), Estrada nos presenta La Dictadura Perfecta, sátira de título engañoso, pues más allá de centrarse en las sucesiones presidenciales que tuvieron al PRI siete décadas en el poder se enfoca en un elemento poderosísimo de la maquinaria “democrática” de nuestro país: la televisión. Damián Alcázar es la estrella (mas no el protagonista) de la cinta como el gobernador priísta Carmelo Vargas, quien es víctima de un video-escándalo orquestado por Televisión Mexicana para desviar la atención de una terrible metida de pata del presidente de la República. Vargas, furioso por el costo político que el escándalo le representa, acude a la televisora, cartera en mano, para negociar el olvido del tema, pero sale de allí con toda una campaña mediática para embellecer su imagen a nivel nacional en aras de contender por la presidencia en las siguientes elecciones. Todo con cargo al erario público, por supuesto. Así, llegan a su estado, azotado por el narco y la corrupción, el productor Carlos Rojo (Alfonso Herrera) y el reportero estrella de la cadena, Ricardo Díaz (Osvaldo Benavides), quienes junto con el conductor más visto de la tele, Javier Pérez-Harris (Saúl Lizaso), montan todo un circo para transformar a Vargas de corrupto en héroe y, de paso, hundir a la posición en el estado, encabezada por el diputado Agustín Morales (Joaquín Cosío).

La Dictadura Perfecta - Imagen pública
La Dictadura Perfecta – Imagen pública

La Dictadura Perfecta nos presenta una serie de enredos tan cómicos como irónicos como crudos, acorde a lo que Estrada nos tiene acostumbrados, que ventilan el papel y peso que la televisión ostenta en la opinión pública y la política del país. “La televisión puede fabricar un presidente”, es la hipótesis del filme, y aunque eso lo sabemos todos de antemano es interesante verlo explicado con manzanas, riéndonos e indignándonos, impotentes, como siempre. La película explota sobre todo escándalos de los sexenios de Fox y Calderón, no sin tirarle sus muy buenas (in)directas a Peña Nieto, y encontramos sobre todo alusiones al “caso Paulette” y algunos ecos de los michoacanazos, los videos con La Tuta, y así. En general me pareció muy entretenida y bien lograda, aunque no puedo dejar de señalar el cierre de la película, que es más bien débil y un tanto predecible. Yo les hago esta recomendación: denle una oportunidad; a alguna conclusión los hará llegar. También actúan Tony Dalton, María Rojo, Arath de la Torre, Itatí Cantoral y Silvia Navarro (ñam…).

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Ida, perdida y desaparecida

Gone girl - Imagen pública
Gone girl – Imagen pública

por E. J. Valdés

Gone Girl es el más reciente largometraje dirigido por David Fincher, adaptado de la novela homónima de Gillian Flynn. Viene estelarizada por Ben Affleck, Rosamund Pike (en la que podría ser la mejor interpretación de su carrera) y Neil Patrick Harris en un rol menor. La premisa de la cinta es obscura desde los avances, pues la campaña publicitaria, aunque de tamaño considerable, deliberadamente omitió revelar muchos detalles de la trama para crear e intensificar una atmósfera de misterio en torno a la película. Y vaya que lo consiguieron: cuando entré a verla no tenía idea de qué trataba o qué esperar, y eso me pareció fascinante, pues las sorpresas (que son muchas) son más sorprendentes y los giros inesperados giran más inesperadamente, lo cual es llamativo (y arriesgado) en una época en la que seis de cada diez filmes juegan sus mejores cartas en el trailer o, en algunos casos, cuentan toda la historia entre desvanecimientos. Y, por cuestionable que resulte, Gone Girl se abalanza en pos del misterio a partir de una premisa que se antoja ordinaria: Nick Dunne (Affleck) y su esposa Amy (Pike) son el matrimonio estadounidense perfecto, o cuando menos eso aparentan hasta que, el día de su quinto aniversario, Amy desaparece súbitamente. Siendo ella la inspiración de Amazing Amy, un querido personaje literario infantil, el caso atrae la atención de la comunidad y de los medios nacionales, y pone bajo escrutinio a un Nick que pareciera no estar preocupado por la desaparición de su esposa, sino todo lo contrario. Las sospechas obvias surgen, pero en Gone Girl (y apúntenle bien) nada es lo que parece, y la investigación conducida tanto por la policía, el propio Nick y Desi (Harris), el ex de Amy, revelan cuestiones cada vez más siniestras y retorcidas que, neta, lo tienen a uno en la orilla del asiento, mordiéndose las uñas y aguantándose las ganas de hacer pipí hasta el final.

Gone girl - Póster
Gone girl – Póster

Así de buena está la película y no tengo inconveniente en afirmar que aquí encontramos a Fincher como lo vimos en Se7en o en la muy menospreciada Zodiac; sombrío, cauteloso, paciente, dosificando la información con tacto y cambiando el panorama bruscamente cuando ya nos sentimos cómodos o creemos saber de qué van las cosas. Las actuaciones, quizá salvo por la de Harris, son de primer nivel, y uno que es fanboy no puede evitar pensar que Affleck quiere que lo compremos como Batman con este papel; me sostengo escéptico, pero ya veremos. Quizá los puntos débiles de la película sean su duración (casi tres horas y de pronto se siente lenta), la presencia de personajes que en realidad no aportan mucho a la historia y ciertos momentos cerca del final que, aunque culminantes, estoy seguro dejarán a más de un confundido o con mal sabor de boca. Serán los menos, sin embargo. Así que vayan a verla si aún la encuentranen el cine y no dejen de echarle un ojo (o una oreja) a la banda sonora que, como ya se hizo bonita costumbre, viene compuesta por Trent Reznor y Atticus Ross.