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Dispositivos del cómo: Portadores de sentido en el Museo Amparo

por José Luis Dávila

Recuerdo que de niño me preguntaba cómo. Sólo eso, “cómo”. Cómo esto, cómo aquello. Me preguntaba, sobre todo, cómo las cosas eran las cosas. Cómo servían, por ejemplo, y en función a ese cuestionamiento eché a perder una videocasetera, dos televisores, un exprimidor de jugos, entre otros aparatos. Hasta desempasté un libro para ver de primera mano su cómo. Era una búsqueda, ahora lo sé, por el sentido y sus ramificaciones, por eso que subyace bajo el manto de lo físico.

Vivimos en un mundo de estructuras que se complementan, que están en constante choque, y unas con otras nos rodean para hacer aprehensible la experiencia, para que los sentidos puedan apreciar ese cómo desde la superficie, pero a veces son basta. Entonces creamos. Producimos dispositivos que tratan de hacer más asequibles los cómos. Que dan curso al sentido del que somos portadores para que otros lo interioricen e intelegibilicen.

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Así es como veo a Portadores de sentido, la nueva exposición que se encuentra en el Museo Amparo, una muestra que da pie a las interpretaciones del sentido que contraemos y que exteriorizamos en los contextos que habitamos. Un cúmulo de experiencias en colectivo de artistas que se reúnen en el tópico del cómo, desentrañando las relaciones subsistentes entre las piezas y el espectador.

Portadores de sentido es esa muestra que nos ayudará a apropiarnos de los cómos que ya están en nosotros y que sólo necesitan de un ojo dispuesto a preguntarse por sí mismo desde más allá de la estructura.

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Club de Cuervos: El último juego

por Job Melamed

Cuando me enteré de una seri sobre fútbol hecha por Netflix pensé que la odiaría y que me daría muchísima hueva verla, pero decidí darle una oportunidad por ser mexicana. ¡Vaya que me cerraron la boca!

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Desde el primer hasta el último episodio la serie logra mantener un ritmo de comedia trágica que engancha. Ya sea por el carisma de Chava (Luis Gerardo Méndez) o por las implacables ganas de comer un elote que genera Isabel (Mariana Treviño), los Iglesias nos llevan por una emocionante carrera a la victoria. Pero estoy casi seguro de que ya vieron las tres temporadas anteriores por lo que no creo sea necesario hacer una revisión de todo lo que ha pasado.

La cuarta temporada es el perfecto cierre. Aunque nos dieron La balada de Hugo Sánchez y regresaron a uno de nuestros favoritos, el Potro, en “Yo, Potro”, nos habían dejado en ceros en qué pasaría en la historia principal; muchos teníamos la especulación de ver más de los Cantú y la deuda millonaria que se tenía con ellos, pero Netflix y los escritores tomaron una buena decisión al pasar de ellos y entregarnos un nuevo reto: ganar la liguilla.

La publicidad manejada de “La peste negra” ha sido brillante por la forma en que se entremezcla con la trama de la historia y cómo se acopla una a la otra a la perfección.

Sin embargo, el último capítulo deja bastante que desear, no sólo porque dura casi hora y media, sino también porque no deja mucho a la imaginación, contando todo lo que pasa en el futuro de los personajes, y sí, entiendo que es para dar un cierre completo, pero me hubiera gustado un poco más de expectativa.

Espero que si aún no ven la serie le den una oportunidad y si ya vieron todas las temporadas, como yo, ojalá la hayan disfrutado. Tengamos fe en que Netflix saque series mexicanas igual o más buenas.

¡CUERVOS, CUERVOS, AAAGH!

Reseña: Punisher

por Job Melamed

Me gustaría poder escribir “Es grandiosa, véanla. Fin.” y tener la confianza que todos los que lo lean me harían caso pero esto es una reseña, por lo que intentaré contar en breve porqué deberían.

Para empezar, creo que es la mejor serie de Netflix/Marvel después de Jessica Jones; desgraciadamente el futuro lanzamiento de la propia plataforma de streaming de Disney ha hecho que se cancele todo lo que corresponde a superhéroes (una lástima, pues Luke Cage y Iron Fist tuvieron grandes cliffhangers) dejándonos con sólo ésta segunda temporada para disfrutar las desventuras de Frank Castle.

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Ahora, entrando de lleno al tema, tenemos una de las mejores introducciones a una segunda temporada: Frank, sangre, disparos y más sangre. ¿Esperaban algo más? Además, las motivaciones del personaje son las más egoístamente altruistas; la caballerosidad, el sarcasmo y el humor negro que maneja la serie mantienen armonía con las escenas de pelea tan bien coreografiadas. Nuestros nuevos villanos, y algunos viejos, nos hacen ver que no todo es blanco y negro, como nos gusta pensar, sobre todo en una serie de éste tipo, donde el protagonista es más bien un antihéroe (específicamente un vengador) glorificado en la bondad.

La música, que acompaña y explica lo que está ocurriendo en las escenas de importancia, nos muestra el cuidadoso trabajo que realizaron los post-productores; por ejemplo, si prestamos atención en una escena del episodio 10 en que John Pilgrim (uno de nuestros nuevos cuasi-villanos) se bebe las heridas de una batalla, recordando al ritmo de Drunkard’s Prayer, de Chris Stapleton. Esta escena no sólo es una de las mejor trabajadas en la serie, también nos enseña justo lo que decía antes, que no todo es blanco y negro.

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Billy Russo reaparecerá con una mejor historia que en la primera temporada y hará que varios de corazón blando den uno que otro suspiro al enterarse de sus traumas. La agente Dinah Madani también volverá sólo para hacerse odiar e incluso ser un personaje sumamente molesto durante toda la serie. Incluso Brett Mahoney agrada más por su implacable deseo de justicia que Madani y su implacable necedad de venganza contra todos.

Intentandono arruinar más sorpresas, y rogando no haber realizado muchos spoilers, les reitero, es grandiosa, véanla. Fin.

Isaac Julien: el capital y sus divertimentos

por José Luis Dávila

El acelerado ritmo de los inversionistas, los banqueros, los corredores de bolsa, contadores, rings de teléfonos, papeleo, montañas de papeleo, todos ellos en esfuerzo conjunto para hacer real al dinero, para hacerlo también virtual; generar y desaparecer, un vaiven, casi tan bien armado como una pieza de Morricone, o mejor aún, un ensamble de jazz en un club nocturno de New York, donde al final del día se toma una copa, se respira, se dejan los pies fuera de los tacones y las corbatas liberan el cuello. Pero a la mañana siguiente, todo de nuevo. Y nosotros, en verdad creemos ser sólo espectadores, creemos que estamos fuera del juego. Pero no. También marchamos en sus términos. Somos una sociedad encadenada, para bien y para mal –sin que uno sea contrario realmente del otro–, a los valores económicos. Al capital y sus divertimentos.

Kapital, de Isaac Julien, en el Museo Amparo - Fotografía por Jessica Tirado
Kapital, de Isaac Julien, en el Museo Amparo – Fotografía por Jessica Tirado

La anterior es una premisa casi burda en comparación  a cómo lo expone Isaac Julien con sus films Playtime y Kapital, presentados a modo de díptico en las salas del Museo Amparo. Julien propone la exploración cinematográfica como un medio para el entendimiento de cuestiones que llevan más de siglo y medio desarrollándose en conceptos formadores de los sistemas políticos y comerciales del mundo. Conceptos que han provocado tanto épocas de abundancia como guerras y divisiones sociales. Conceptos que ahora se muestran y usan indiscriminadamente, restándoles su significado original, al tiempo que adquieren otros que se les atan ya por honestos errores, ya por malinterpretaciones premeditadas.

Playtime, de Isaac Julien, en el Museo Amparo - Fotografía por Jessica Tirado
Playtime, de Isaac Julien, en el Museo Amparo – Fotografía por Jessica Tirado

El trabajo de este artista es una forma de acceder a la experiencia audiovisual de problemáticas que parecen lejanas, pero si se reflexionan, son aplicables a hechos que nos conciernen como parte de eso que se suele denominar “aldea global”, en la cual estamos sin que nadie nos pidiera opinión, pero de la que nos beneficiamos también. Julien expone, pues, el mundo de matices que referencian la actividad económica actual, e invita a una introspección de ese mundo, un análisis propio (y creativo) del rumbo socioeconómico en el cual nos encontramos.

Suicide Squad/Disaster Squad

por E. J. Valdés

Este comentario contiene spoilers, ¿pero a quién le importa?

Cuando fui a ver Batman V Superman salí encabronado del cine. De Suicide Squad salí disgustado solamente; eso ya es ganancia.

Suicide Squad es escrita y dirigida por David Ayer y cuenta con un reparto de ensamble en el cual destacan Margot Robbie, Will Smith, Jared Leto Joel Kinnaman y Viola Davis. La crítica ya lo ha dicho hasta el cansancio: la tercera entrega del universo cinematográfico de DC no es precisamente la peor, aunque padece de los mismos males que su antecesora: un exceso de personajes sin desarrollo, argumentos secundarios que no van a ninguna parte, mala narrativa y ejecución sub par. El público ha sido mucho más benevolente, y antes de que comenzara la proyección pensé que saldría convencido, como muchos de ellos, de que la prensa fue demasiado dura; que todo mundo amó odiar Batman v Superman y que, como consecuencia, deseaba odiar esta película también. Pero no fue el caso: si el anticlimático duelo entre el último hijo de Krypton y el murciélago de Gotham merecía un 3/10, esta nueva aventura amerita, cuando mucho, un 5/10.

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

La premisa ya nos la sabemos: tras la “muerte” de Superman, el gobierno de los Estados Unidos está preocupado por la existencia de otras amenazas sobrehumanas y decide conformar un equipo que sirva como plan de contingencia y chivo expiatorio; un equipo de talentosos villanos que pueda meter las manos donde las autoridades no y asumir la responsabilidad si algo sale mal. Así, Amanda Waller (Davis) propone la creación de la Fuerza de Tarea X y recluta a algunos de los criminales más peligrosos que tiene a la mano, como Harley Quinn (Robbie), Deadshot (Smith), Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje), El Diablo (Jay Hernandez), Captain Boomerang (Jai Courtney) y Enchantress (Cara Delevingne), quienes quedan a las órdenes de Rick Flag (Kinnaman), un militar top-notch especializado en… seguir las instrucciones de Waller, supongo. Este peculiar escuadrón deberá enfrentar una amenaza que el propio gobierno ha traído, sin querer, sobre sí mismo, mientras el Joker (Leto) persigue su propia agenda de manera simultánea.

Como toda película, Suicide Squad tiene sus pros y sus contras. Comenzaré con los pros. Primero que nada, el personaje más valioso de este título (no por nada casi toda la publicidad giró en torno suyo) es Harley Quinn; Margot Robbie hace un estupendo papel dando vida a la psiquiatra convertida en secuaz del Joker y nos brinda una interpretación que a todos nos recordará a esa atractiva, ingenua y peligrosa chica de la serie animada de los 90 y de la saga de videojuegos Arkham (aunque se extraña la vocecilla chillona de Tara Strong). Will Smith también hace un buen trabajo como Deadshot, y no pudieron elegir una mejor actriz para hacer a Amanda Waller que Viola Davis. Estos tres personajes son, por mucho, los mejor escritos de toda la película. El guión es bastante más humoroso que el de Batman v Superman, y eso se agradece después de una película que fracasó en su intento de ser más oscura que Watchmen y la trilogía de The Dark Knight juntas. Hay también algunos guiños hacia la siguiente entrega de este universo (Justice League), mucho mejor ejecutados que las grabaciones que tenía Lex Luthor en su computadora; esta película sí se siente como parte de algo más grande.

Y eso es todo lo bueno que puedo decir al respecto.

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

Ahora lo malo. Primero que nada: Batfleck. El mismo Batman burdo y torpe está de regreso, y aunque su participación es muy breve, el guión no le ayuda para nada: dos segundos después de que aparece, Deadshot ya le pegó un tiro y lo tiene en el suelo, a su merced. ¡Una niñita tiene que pararse frente a él para salvarlo de otro disparo! Así que va la misma queja que en BvS: Batman no atacaría a un hombre armado de frente, y mucho menos cuando hay un menor a menos de un metro de distancia. ¿De verdad no se le ocurrió otra cosa que llegar y decir: “Eh, Deadshot, estás bajo arresto”? ¡Qué patético! Y luego esa escena en donde persigue a Harley y Joker por las calles de Gotham; en la película anterior no tuvo ningún reparo en utilizar el arsenal del batimóvil para hacer estallar los vehículos de Lexcorp (con lo cual seguro mató a los tripulantes), ¿pero aquí le faltaron los baticojones para hacer lo mismo contra su archienemigo? ¿Ese hombre que estuvo a un instante de aniquilar a Superman quiso asegurarse de a atrapar con vida al asesino de JasonTodd? ¡No se los compro ni aunque lo metan a una caja de FrootLoops!

Eso me lleva a mi segunda queja: Joker. Jared Leto no me parece un mal actor, pero desde que vi su caracterización (para la cual seguro le dieron libertad absoluta) presentí que no me iba a gustar. Mi pronóstico se cumplió. Chris Stuckmann dice que hasta ahora no existe un Joker deficiente en el cine, pero considero que éste es el que más se ha acercado a ese adjetivo; al verlo no encuentro al payaso rey del crimen por ninguna parte, sino a un gánster con una pose de estrella de hip-hop y más joyería encima que Mr. T; un espantoso híbrido entre el Joker de Heath Ledger y el de Mark Hamill; un Joker que no me transmite absolutamente nada con sus escuetas carcajadas.

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

¿Se dan cuenta de lo terrible que se lee eso? En una película en donde aparecen Joker y Batman, ellos están entre los elementos más flojos.

Y si hemos de continuar con los personajes, el resto del escuadrón suicida se antoja gratuito: quita a Killer Croc y Captain Boomerang de la película y no pasa nada. ¿Katana? Lo mismo. ¿Slipknot? ¡Con razón ni se molestaron en incluirlo en la publicidad! En una película cuyo objetivo es hacer que el público sienta empatía por un grupo de villanos, la mayoría de ellos son irrelevantes. Es increíble que entre este elenco menor sólo El Diablo tenga una historia que nos diga quién es, de dónde viene y por qué busca redimirse. En el caso de Enchantress, da la impresión que se pasa media proyección haciendo hula-hula, a su hermano también pudimos ahorrárnoslo, y Rick Flag es opacado por Deadshot como una linterna de mano pierde su haz bajo los rayos del sol.

Eso me lleva a hablar del conjunto de todos estos personajes: el Escuadrón Suicida es como la Liga de la Justicia de los villanos, pero en ningún momento se siente como un equipo; no hay cohesión, no hay vínculos, no se forman lazos de ninguna índole. Incluso, cuando llega la hora del combate final, da la impresión de que son un puñado de personas que no se conocen, no se agradan entre sí y que preferirían estar en cualquier otro lugar y no volver a verse nunca. Sí, ya sé que son los tipos malos, pero no consiguen que se me antoje verlos juntos en otra aventura; denme una película en solitario de Harley Quinn, una de Katana si quieren, e incluso una secuela más de Ocean’s Eleven, pero no me traigan Suicide Squad 2.

La narrativa es un desastre como lo fue en el caso de Batman v Superman: se siente apresurada y muy mal presentada; un segundo tienes a Enchantress y Rick Flag en un apartamento y al siguiente están en las vías del subterráneo sin que te sugieran, cuando menos, que la explicación vendrá después; el escuadrón es recibido por una horda de violentas criaturas tan pronto asoma a Midway City, y poco más tarde entra a tomar un trago a un bar que se encuentra a sólo unas cuadras de una amenaza sobrenatural…

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

Por último, me parece inverosímil que únicamente la troupe de Amanda Waller haya atendido la emergencia en Midway City; cuando Zod decidió convertir a la Tierra en el nuevo Krypton, Bruce Wayne viajó a Metropolis tan aprisa que olvidó el batitraje en casa; cuando LexLuthor hizo su propia abominación kryptoniana (a Doomsday, pues), Diana Prince dejó el retiro voluntario para esgrimir espada y escudo junto a Batman y Superman; pero cuando una antigua hechicera convierte a civiles inocentes en su ejército de zombis y amenaza con subyugar a todo el planeta, sólo la Fuerza de Tarea X se presenta. Me pregunto qué estarían haciendo Batman, Wonder Woman y Flash en ese momento… En definitiva, no estaban tratando de convencer a Aquaman de que se uniera a su club…

Juro que no entré al cine con la intención de odiar Suicide Squad, pero no puedo pasar por alto el hecho de que es una película un poquito menos mediocre que Batman v Superman. DC tiene planes para su universo cinematográfico los siguientes cuatro años; si Wonder Woman y Justice League resultan igual de malas, quizá esos planes no lleguen tan lejos. ¿Y saben? Lo curioso es que en el terreno de animación sucede justo lo contrario: sus producciones son muy bien recibidas, mientras que las de Marvel son espantosas (basta ver ese horrendo anime de los Avengers). Batman: Assault on Arkham fue todo lo que Suicide Squad debió ser; ¿por qué cintas como ésa, como Justice League vs. Teen Titans, e incluso The Killing Joke —cintas que sí dan resultados— no han de llegar más allá del formato casero? ¿Por qué la necedad de imitar lo que Marvel hace cuando le llevan una increíble ventaja en otro terreno, cuando podrían hacer algo diferente?

No lo entiendo.

Reseña: Suicide Squad

por Juanito Pereira

Después de la decepción que le causó a más de uno Batman v Superman, esta nueva entrega, basada en los comics DC, me resultó bastante entretenida. Suicide Squad es una película divertida, con un buen soundtrack y una mezcla rara pero funcional entre tantos nuevos personajes. El show se lo roban Margot Robbie, Will Smith y Viola Davis en sus papeles de Harley Quinn, Deadshot y Amanda Waller, respectivamente.

Margot Robbie le dio al clavo con su interpretación de una Harley Quinn maliciosa, loca y perdidamente enamorada del Guasón, muy cercana a su versión de la serie animada. Will Smith a sus 47 años sigue siendo relevante, gracioso y a todas leguas se nota que se divirtió como enano haciendo esta película. Y si queremos hablar de un personaje imponente, poderoso, vicioso y controlador, Viola Davis. ¡Qué pedazo de actriz! Nunca me pude imaginar ver a una Amanda Waller en la vida real, pero esta señora la encarnó a la perfección.

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

Ahora, esta película no es perfecta, no lo intenta ser, y si esperan ir a ver una película tan bien estructurada como Captain America: Civil War, están en el lugar equivocado. Suicide Squad sufre al tener que presentar y desarrollar a tantos personajes en la pantalla grande. La mejor manera de ver esta película es hacer la tarea de leer un poco de la historia de cada personaje antes de pisar la sala del cine. Ya con algo de contexto de antemano, entonces la experiencia es diferente y creo que es la mejor manera de disfrutar 2hrs de puro entretenimiento.

Acerca de los antagonistas de la película no hay mucho que decir, creo que son el punto más débil de esta película y en ningún momento representan un grave peligro para nuestros personajes principales. Creo que la industria de producir películas de superhéroes ha llegado a un punto en el que debería de haber un mejor enfoque en el desarrollo del papel del villano. Tomemos al general Zod de la película Man of Steel como ejemplo: uno tal vez no puede apoyar las acciones de dicho personaje pero, hasta cierto grado, puede entender por qué es como es y por qué hace lo que hace. Los escritores tienen que hacer que nos interese y nos importe el villano tanto como el superhéroe, eso crea una historia en la que uno puedo interesarse.

Suicide Squad - Poster
Suicide Squad – Poster

Para finalizar, hablaré poco de Jared Letto y su encarnación del Guasón. Miren, en primer lugar sale muy poco en la película, pero me gustó la dirección en la que el señor Letto quiere llevar a este personaje. En Suicide Squad el Guasón parece más un jefe de la mafia que un villano demente. Sería injusto compararlo con otros Guasones, dado que Jack Nicholson y Heath Ledger fueron el principal foco de atención en sus respectivas apariciones en contra del caballero de la noche. Auguro un buen futuro pero, hasta no verlo pelear mano a mano por dos horas contra Batman, el jurado seguirá en deliberación.

Como ya lo dije antes, Suicide Squad no es perfecta y mucho menos es la salvación del universo extendido de películas de DC, pero en verdad que vale la pena su tiempo si lo que quieren es ir a ver una película entretenida, con buen humor, algo de acción, y muchos, pero muchos personajes basados en personajes de los comics.

La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave

Nick Cave - Imagen pública
Nick Cave – Imagen pública

por Lo Hiancia Pez

Las leyendas tradicionales australianas (donde no faltan dragones, ciénegas tenebrosas, ambientes enrarecidos), la fe católica anglicana familiar (redención y condena, carnalidad y espiritualidad, etc.) y la cultura libresca de sus padres (él, profesor de literatura; ella, bibliotecaria), fueron el fertilizante para la imaginación poderosa, deshinibida, arriesgada, inclemente, lúcida, de un joven rockero amante de las historias, de un adulto escritor de relatos colmados de imaginería (Y el asno vio al ángel, La muerte de Bunny Munro, novelas), acostumbrado por carácter a beber con intensidad los detalles de la vida de veras (paisaje, música, figuraciones, gente, aburrimiento, emociones, drogas, amistad, sacralidad, pérdida, amores, charlas, hijos, trabajo, comida).

“¡El verdadero artista es el sueño comunicartivo!
¡El artista carroñero es la pesadilla que te contacta!
¡El verdadero artista está en el presente y es del presente!
¡El artista carroñero vive en la memoria y en la historia!”

A los 58 años Nick Cave exhibe una energía exhuberante, un ego sosegado, una sensibilidad que le ayuda a empatar con el público. Es adorado como dios del rock, conoce las posibilidades de su genio a más de 40 años de carrera en la música y la literatura, se sabe un sobreviviente de los excesos. De gira, de una ciudad a otra, está acostumbrado a las asociaciones mentales entre conciertos, con apenas oportunidad para pequeños paseos por calles y alrededores en los que reelabora el pasado, ensaya temores, recrea extrañamientos (“soy una casa encantada que aúlla y jadea llena de recuerdos”). Se permite correr para llegar a tiempo al camerino donde lo entrañable (su cotidiano) se solidifica y transparenta al shokear con la evanescencia del ensueño realista (las divagaciones) en que se transportaba hacía unos minutos; de recoger una pequeña dragoncita moribunda bajo un puente; de enviar pensamientos apasionados y crueles a su esposa al otro lado del mundo; de idear una nueva canción de la que enorgullecido sabe criticar los dislates —las obsesiones que los críticos y fans exaltados magnifican; divertimentos, oficio y modo de vida; su vida de veras está en otra parte, podemos verla y oírla en pantalla, leerla en el libro…

La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave - Portada
La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave – Portada

La canción de la bolsa para el mareo (Sexto Piso, 2015) fue lanzado paralelamente al documental 20,000 days on Earth, ambos compuestos de biografía y ficción; es una especie de diario, cuentario y crónica de gira donde le habla también a su público con la sencillez de quien ha sabido perseverar en la parábola de su niñez: “No se avergüencen de su necesidad de crear, es la parte más bonita de sus corazones. El mito es la verdadera historia. No dejen que les digan que no hay monstruos. No dejen que los hagan sentir idiotas porque son felices jugando con su linterna en la oscuridad.”

Capítulos unitarios componen el libro de pastas duras, hojas gruesas y coloridas con el facsímil de las bolsas para el mareo donde Cave escribió los borradores. Los textos, breves, son mezlca de motivos o impulsos inmediatos (la habitación, un malestar físico, el día de descanso) con asociaciones más o menos afortunadas (“me chernobileó el traje hasta el punto de provocarme náuseas”), siempre enriquecidos por el temple equilibrado con rudeza punk y refinamiento de artista culto; el autor aparece mediante vivencias reales o creadas y la reminiscencia de alguien cercano a él (padres, esposa, compañeros de su legendaria banda); surge la emoción, la inercia es imparable, un clímax inesperado y preciso antes del final.

Nick Cave - Imagen pública
Nick Cave – Imagen pública

Pocas semanas después de la presentación del libro y el documental en la Ciudad de México, a mediados de julio de 2015, un hijo gemelo de Cave murió al caer por un acantilado en Brighton, Inglaterra. Inexperto, traía dentro una dosis de LSD. Su padre es un veterano retirado del consumo de heroína. Un recuerdo en el documental y en el libro atribuido a sus padres (la memoria comunitaria, el tono de leyenda o de presagio) resulta tremendo: “sobre el niño que había muerto saltando desde el puente del tren. […] Sobre todo me acuerdo de eso.”

Leer este libro con fondo de las canciones de Nick Cave and The Bad Seeds (de preferencia I the best… My favorite songs) en espera de que ocurra la coincidencia, el milagro…

Hunter S. Thompson y sus días en Hawaii

La maldición de Lono - Imagen pública
La maldición de Lono – Imagen pública

por José Luis Dávila

Lo leí en un día, y no creo que haya mejor manera de leerlo. Corrijo. No creo que haya ninguna otra manera de leerlo. Absolutamente ninguna. La prosa de Thompson es una línea de cocaína, pura en su artificialidad, y debe aspirarse como tal. Cada página está llena de desencanto por la conciencia, como si la aversión a ésta fuera necesaria para vivir plenamente. Cada paso que da en su relato de los días en Hawaii tiene en sí la necesidad de demostrar que no hay nada para demostrar, que la vida es un lugar tan común que sólo los dispuestos a animarla por cualquier medio merecen estar en ella.

La maldición de Lono, como libro de viaje, explora y desentraña las valoraciones de lo paradisiaco en un retrato pintado por las palabras de un periodista descarnado como lo fue Hunter S. Thompson, mientras que como reportaje, demuestra la necesidad de los individuos por probarse ante los demás a través de competencias que resultan incomprensibles cuando se les piensa detenidamente, haciendo de ello una crítica ácida y hasta grosera de ese onanismo que llenaba los vacíos morales con los cuales dieron inicio los 80’s.

Hunter S. Thompson - Imagen pública
Hunter S. Thompson – Imagen pública

En todo el texto, bajo la forma de comentarios mordaces y decisiones ridículamente funcionales y prácticas, el autor nos conduce por las islas de Hawaii y sus mitos inherentes, evadiendo las consecuencias de los problemas que él mismo produce y responsabilizándose por las vidas de otros, encontrando personajes que le hacen confirmar sus suposiciones sobre cómo es que se interactuaba en esa modernidad podrida.

A años de su fallecimiento, la voz de Thompson tiene actualidad. Su desenfado en la escritura, su soltura para contar, es algo de lo que muchos carecen. En La maldición de Lono no hay más poética que la verdad. Es, pues, un libro que no busca nada sino ser en sí mismo, igual que su autor lo fue; un libro que todos deberíamos leer así, sin motivo ulterior, sólo para ver cómo es que alguien se deja ser, para dejarse ser con él.

La maldición de Lono (2016), en Editorial Sexto Piso 

Entre historia, libros y fotografía

por Isaías Tovar

Con la unión de grandes esfuerzos, el Museo Amparo, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Acción Cultural Española presentan fotos & libros. España 1905-1977, una exposición que tiene, como indica el titulo, su eje temático en historia, libros y fotografías que muestran el desarrollo del siglo XX español, con una selección de fotolibros.

A grandes rasgos, esta exposición hace una revisión de la fotografía española desde una perspectiva histórica; sin embargo, nos muestra temas generales, los cuales están relacionados con el desarrollo cultural de la época en la sociedad. En ese sentido, la fotografía es una ventana al pasado, conformando parte de un inconsciente colectivo y de tal manera estamos en contacto con la construcción de prejuicios. Como muchos autores señalan, ese prejuicio es una primera manera de acércanos a las cosas, por tanto, no tiene una connotación negativa. Así mismo, el carácter fotogénico de la realidad nos permite reinterpretar constantemente la historia.

La exposición está distribuida en varias temáticas que atraviesan la profunda trasformación de una sociedad azotada por la guerra, y la transición hacia un desarrollo moderno: nos muestra la metamorfosis de la imagen de la mujer constreñida por lo patriarcal, un intento objetivo e imparcial sobre las guerra -desde la perspectiva de la propaganda del momento-, y, entrelazando todo, la relación entre palabra e imagen.

Cordialmente invitamos a los aficionados de la fotografía, y al público en general, a disfrutar esta exposición, que estará presente hasta el 15 de agosto en Museo Amparo.

Las cuitas de un profesor universitario

Por Raúl Picazo
La verdad no importa lo que escriba sobre ellos. Las cosas están ahí y es por algo. Cuando se encuentran a la vista, se les admira, cuando salen de perspectiva, desaparecen. Así mi mundo con su lógica. Las cosas llegan, se van, desaparecen y adquieren otra composición. Pero ahora puedo ver los libros. La lectura y su jodida apropiación. La lectura permite apropiarse de la historia y de sus personajes. Reacciono entonces ante la escritura. ¿Quién escribe y para qué? Pienso en la publicación como vanidad, y en la negación de la vanidad como el acto más vanidoso del mundo. El ego no actúa solo.
Motivado por la crítica, escribo reseñas, aunque no sea crítico de nada. Mi texto pretende desentrañar la complejidad de un texto, pero en realidad no creo que valga la pena. Podría ser un brabucón, pero no tengo idea de cómo defenderme ante lo que me puedan refutar. La crítica sirve para mostrar la obra, así se hable bien o mal, o simplemente se diga nada. Pero como ya dije, no hago crítica, sólo reseña. En este caso, quiero exponer lo que me gustó y no me gustó del libro Buenas tardes, señorita… de Rodrigo Durana, un escritor ultracostumbrista de cepa.

buenas tardes señorita portada
Buenas tardes, señorita. Imagen pública.
El asunto del personaje autobiográfico me llama la atención, aunque poco importa si trajo todas sus experiencias al libro, ya que al ser profesor universitario o de preparatoria carga consigo un montón de clichés producto de su labor diario, los cuales se pueden convertir en situaciones cómicas o embarazosas: como aquella de ligarse a una morra y sentir culpa por ello. Algo que caracteriza a muchos maestros es simplemente eso, que no pueden dejar sus pasiones secándose en casa. Aunque la narración se presenta animada, Durana no concreta bien a sus personajes. Se notan amarres mal hechos, los cuales se desatan y no logran crear la cohesión que necesitan. Este punto es debatible por su ambigüedad. El recurso que ocupa para iniciar el libro me parece una muestra de lo poco que puede ofrecer un escritor para atrapar a sus lectores, y aunque engancha, decepciona. De ahí en adelante todo lo que acontece es el mismo reclamo pero en diferentes situaciones, aunque el evento de la cárcel ofrece lo mejor de la novela, tal vez porque me sentí identificado. Todo aquel que haya pisado una cárcel por el simple motivo de estar en el lugar equivocado, lo sabe.

La crítica a las instituciones, a los estudiantes y directivos, la cual subyace en esta novela corta es genuina, y abona directamente al relato. Sinceramente es lo que más me gustó del libro: una burla que parte de una realidad absurda, que nos atraviesa porque formamos parte de ella. Como aquella donde se le rinde pleitesía a un sujeto poderoso, o de los alumnos que someten al profesor con un chantaje. Cabe resaltar que esta novela es totalmente juvenil. Es para chavos de prepa, universitarios que acaban de iniciar la carrera. Es para todos los alumnos de Durana, que lo conocen, que se pueden ver en ese espejo, y que estoy seguro que les encantará.

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Rodrigo Durana. Complejo Cultural Universitario.
Su prosa es ágil, no puedo decir desenfadada. Es una muestra de la relación que tiene con su quehacer diario. Y si algo no funciona bien en este libro, es quizá el final y los personajes que se desvanecen por la repetición. El autor pretende darle dramatismo a su personaje poniéndolo en situaciones adversas, son las cuitas de un profesor universitario, o algo por el estilo, porque el sufrimiento se apropia del personaje cuando la adversidad se presenta y lo hace partícipe. Y si en algo estoy de acuerdo con él, es que las autoridades son completamente una mierda. Recomiendo su lectura, así como los otros libros de la colección Cuadernos de NITRO/PRES:Perro viejo y cansado, Gasolina y Apuntes de un escritor malo.