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La posibilidad de detenerse: entrevista a Juan Fernando Herrán

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán, se encuentra en el Museo Amparo y durante la inauguración tuvimos la oportunidad de platicar con el artista sobre sus obras y el sentido social y reflexivo que contienen.

José Luis Dávila: Después de ver la exposición surgen muchas preguntas, de entre ellas la que resalta es si para ti, como artista, el arte es, hacia la violencia, un vehículo de denuncia o un punto de reflexión.

Juan Fernando Herrán: Punto de reflexión. Es importante, mi obra no trata sobre la violencia. Si uno se da cuenta hay cosas que pueden estar vinculadas con hechos de violencia pero no trata de esos hechos. La obra de las cruces, por ejemplo, a lo que se refiere realmente es la manera cómo un conglomerado social se apropia de una vivencia, reflexiona a partir de ella y asume una actitud de construcción hacia sí. Ese es el tema, no es realmente los treinta mil muertos al año o algo así. Me interesan los fenómenos que llevan a un país a ciertas circunstancias o que repercuten en la violencia, poderlos ver para entender mejor qué hay detrás. En la obra de La vuelta, por ejemplo, para mí era muy importante escuchar a esta gente que siempre han estado escondidos o que han sido reconocidos simplemente por sus hechos de violencia pero nunca se les ha oído qué buscaban, qué hacía, por qué, qué emociones los movían. Cuando uno los escucha, primero ve que hay una persona detrás, no una máquina, y que su condición es muy compleja, que lo que terminaron haciendo es el reflejo de una sociedad donde no había opciones, donde no tenían posibilidades de mejorar socialmente, económicamente, una situación que no les ofrece nada, y ante eso la gente termina haciendo lo que cree que puede hacer o con lo que obtiene una gratificación, económica o emocional. Siento que el arte es un espacio de reflexión y entendimiento que le plantea al espectador opciones para verse a sí mismo y para entender el contexto donde vive. Y dentro de un mundo tan veloz como el de hoy en día, el arte y otras manifestaciones, le dan la posibilidad de detenerse un poco y no simplemente de consumir, sino de interpretar.

JLD: Hablando de eso, cómo problematizas al espectador en tus obras

JFH: Quisiera pensar que le estoy exigiendo atención y tiempo. Si ves a una persona que entre a una exposición y sale rápido, no tuvo contacto con lo que hay allí, pero con determinados guiños quiero capturar a ese espectador y que se detenga. En la obra de Cajas fucsia, por ejemplo, esos textos son, por curiosidad, muy atractivos porque son muy pequeños y cuando cambias de una actitud pública, de una actitud en la que estás con todo el mundo, y te sumerges en un texto pequeño, de pronto ya tienes una relación íntima, y mi idea es que esa persona pueda estar leyendo varios textos y que la obra te capture. Lo mismo con el vídeo; es un trabajo de veinticinco minutos, normalmente la gente no está dispuesta a gastar veinticinco minutos frente a una obra, pero creo que la dinámica del vídeo, la forma en que empiezan a suceder los relatos, puede seducir al espectador. Trabajé mucho en ese aspecto, cómo ir dando información de una forma ligera, porque la pieza tiene unos contenidos muy pesados pero no te los boto así, sino como un relato, una serie de charlas, de documentaciones que te empiezan a capturar y creo que lo hace bien. Los comentarios de mucha gente son “yo empecé a verlo y se me olvidó el tiempo, me quedé mirando porque cada escena me llevan a algo más”, y eso puede ser valioso de la pieza.

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

JLD: Ni héroes, ni mártires, esta exposición que presentas, se encuentra en el marco del ciclo Encuentros latinoamericanos, ¿crees que el arte que se produce ahora en Latinoamérica refleja alguna realidad?

JFH: Creo que hay varias vertientes del arte latinoamericano, clarísimo. Creo que hay, incluso, muchos artistas latinoamericanos que pueden estar resintiendo el hecho de que el arte latinoamericano sea siempre un reflejo de la realidad. Lo que yo hago tiene mucho de reflejo de la realidad, pero hay que ser muy conscientes de cómo lo hacemos, cómo interpretamos lo que compartimos, cómo interpretamos los contextos y qué le damos al espectador. Desde ese punto de vista, la realidad es el anclaje común, entonces creería que sigue siendo muy importante. Ahora, otros artistas que están más interesados en un lenguaje del arte por el arte, hay otras vertientes más comerciales, obras que impactan rápidamente, que son atractivas, y están las que son de una denuncia más cruda. Hay muchas opciones.

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

JLD: Finalmente, ¿cuál crees que el punto más álgido o de interés en Ni héroes, ni mártires?

JFH: Creo que el mérito de la exposición son los vínculos que se crean entre las obras. Puede que haya unas piezas que por su dimensión sean más atractivas, más visibles. Sería un error decir “no se pierdan esta obra”, porque el tamaño de la muestra es bastante cómodo para ver, no es una exposición de treinta obras, son ocho obras y vale la pena insistir en que el público las vea todas.

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LA CAJA

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Por María Mañogil

“…al andar se hace el camino

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.”

Antonio Machado

Recordando los versos del poeta, entiendo que la senda no puede volver a pisarse, no porque haya que olvidar que fue parte del camino que recorrimos, sino porque ya no nos pertenece. Nos perteneció mientras nuestros pies estaban pisando el pedazo de tierra que había en ella.

Volver la vista atrás es lo más sensato que he leído en mi vida a pesar de que siempre se han empeñado en convencerme de lo contrario.

Tal vez yo no entienda el poema como el resto del mundo, pero mi interpretación es tan válida como la de cualquiera si tenemos en cuenta que todos leemos lo que está escrito, pero entendemos lo que nos conviene.

Y a mí me conviene entenderlo así.

Hoy he abierto una caja, una caja invisible llena de cosas de mi pasado.

Dicen que el pasado duele, pero yo creo que duele más ocultarlo o hacer como que nunca existió o dejarlo pudrirse por cada rincón e intentar olvidarse de que algún día ese fue el único presente que conocimos y la base donde construimos, o por lo menos lo intentamos, todos nuestros sueños a los que entonces llamábamos futuro. Ese futuro es hoy, el resultado de lo que fermentó en el interior de esa caja.

El presente existe por un breve espacio de tiempo que ni somos capaces de percibir.

La palabra que acabo de escribir formará parte de mi pasado en el mismo instante en que empiece a escribir la siguiente. Y todo cuanto haya escrito pasará a ser también pasado en cuanto ponga el punto y final que cerrará uno de los millones de capítulos que hoy componen mi vida.

El futuro tampoco existe. Es una ilusión óptica que vemos a lo lejos gracias a la falsa percepción que tenemos del tiempo.

LIBIA CAJAS ARMAMENTO NORCOREANO

El futuro no es más que el paso que estamos a punto de dar y que se convertirá en presente en el momento en que pongamos un pie delante del otro y lo apoyemos en el suelo, quedando la huella de ese paso grabada en la tierra que pisemos y que el viento, el agua o los pasos de otras personas se encargarán de ocultar. Entonces miraremos atrás y sólo veremos esa huella que formará ya también parte de nuestro pasado.

Cuando volvamos a a ese lugar, nuestra huella habrá desaparecido de nuestro campo de visión, mas no de la tierra, ya que quedará grabada para siempre, aplastada por los pasos que hayan dado sobre ella otros seres, roída por la caricia áspera del agua o dañada y oxidada por el aire. Pero allí seguirá aunque sea invisible, porque nada desaparece.

No somos más que huellas. Las huellas que vamos dejando a nuestro paso.

En mi caja, en la que guardo tantas cosas, he encontrado algunas que pretendían ser regalos y que nunca fueron abiertos. Algunos, devueltos intactos por los destinatarios, otros ni siquiera enviados.

Cada una de esas cosas sigue ahí, ignorante del paso del tiempo, ese tiempo inventado y medido a golpes de reloj, de calendarios y de cambios de estación.

Ese tiempo que yo creí gastar en tratar de entregar mis regalos a quienes no los supieron valorar.

Ahora sé que nada se gasta y que nada tiene más valor que el que le quiera dar quien lo entrega, no quien lo recibe.

Nada es inútil porque todo deja una huella en algún lugar, aunque sea sobre el agua.

Hoy he sacudido el polvo de cada uno de esos regalos y los he desenvuelto con cuidado, comprobando que siguen tal y como los guardé: con una marca inequívoca que yo entendí siempre como desprecio y que hoy se ha transformado en la ignorancia más absoluta porque nadie más se percató de que estaban ahí, sólo yo.

Pasó desapercibida una parte de mí ante el resto del mundo y lloré por eso, pero aquí sigue, en el interior de lo único que de verdad siento mío: mi pasado.

El pasado que tanta gente se empeña en borrar siendo como es imborrable. De eso que se llena la boca el mundo con frases insultantes y homenajeando en su lugar al misterioso futuro que nadie conoce ni conocerá más que en los sueños.

Los recuerdos son lo único, si tenemos la suerte de no perder, que nos acompañará hasta el día de nuestra muerte cuando nos quedemos solos frente a ella y ya no haya nada que soñar ni que esperar.

Yo vivo con mis recuerdos y no tengo intención de dejar de hacerlo porque sin ellos no tendría nada más que lo que tenía cuando salí desnuda del vientre de mi madre: el llanto de una recién nacida y el instinto de succión para poder sobrevivir. ¿Futuro? Ninguno salvo el que mis padres creían, equivocados o no, poder darme, ya que yo no era consciente ni del aire que respiraba. O quizás sí y mi memoria no alcance a recordar.

El futuro es la ilusión que inventamos para seguir caminando hacia adelante, pero nos olvidamos de que la huella, visible o invisible, que dejamos grabada en el asfalto, en la hierba o en la arena, es todo cuanto somos y la única prueba de que estuvimos allí.

El presente se desvanece en cuanto lo tocamos y el futuro no llegará nunca porque al ser un espejismo también se desvanecerá. No importa lo que intenten hacernos creer o lo que inventemos día tras día hablando de dejar el pasado atrás. El pasado siempre se queda atrás, pero es lo único que  podemos llamar nuestro. Todo lo que vemos cuando miramos hacia adelante no es más que el pasado de otros, las huellas de otros, el camino de otros… si algo de lo que vemos parece nuestro, es lo que imaginamos que será sin aún serlo.

Quizás no entendemos que dejar el pasado atrás no es olvidarlo y por eso pensamos que quien se aferra a él vive sumido en una tristeza profunda y se está condenando a no avanzar, pero la realidad es que tratar de eliminar la base donde nos apoyamos para poder caminar es lo que de verdad nos condena a caer al vacío.

Sin pasado no existimos y yo sigo atada a él porque quiero seguir existiendo.

Mis sueños seguirán siendo lo que vea cada mañana a lo lejos cuando despierte y caminaré hacia ellos aun sabiéndolos espejismos porque tampoco quiero dejar de soñar. Luego miraré hacia atrás y veré las huellas de mis pies antes de que para mis ojos se hagan invisibles y sabré que pasé por ahí, que de alguna manera formé parte del mundo y que el espacio que pisé me perteneció por un instante aunque ese instante acabe siendo un regalo envuelto en el interior de una caja vieja.

El Ying y el Yang

Ying Yang - Imagen Pública
Ying Yang – Imagen Pública

por María Mañogil

Llevo colgado del cuello un cordón azul oscuro, casi negro, que rescaté del fondo de uno de esos cajones en los que guardo cualquier cosa que no sé donde guardar. Creo que todos debemos tener un cajón así en casa, en los que se puede encontrar desde un tornillo hasta un trozo de papel de regalo medio arrugado que algún día reciclaremos envolviendo con él un obsequio de esos que hacemos porque sí, porque nos apetece.

En cada uno de los extremos de ese cordón azul hay un cierre, también encontrado casualmente en el famoso cajón de las cosas denominadas “inútiles de momento, pero que pueden dejar de serlo en el instante más oportuno”, y en ese cierre hay enganchado un colgante plateado, una especie de amuleto pequeñito, en el cual se puede identificar claramente el símbolo del ying y el yang.

Ese amuleto adorna mi cuello siempre, desde que me levanto hasta que me acuesto y no es porque yo sea supersticiosa y piense que va a atraer la suerte a mi vida, pero me lo regaló mi hija hace unos meses y desde entonces no me lo he quitado.

El ying y el yang simbolizan las dos caras de una misma moneda: el bien y el mal, lo masculino y lo femenino, lo racional y lo espiritual, todo y nada, lo que tenemos y lo que nos falta. Lo que somos todos, al fin y al cabo: dos mitades unidas que son cada una el reflejo especular de la otra.

Aunque cataloguemos todo por inercia de malo o bueno, en verdad todo es bueno y malo a la vez y, a pesar de que ahora se ha puesto de moda llamar bipolar a alguien por sus constantes cambios de humor, confundiendo estos cambios con el trastorno bipolar, que es una enfermedad y debe ser diagnosticada por un psiquiatra y no por cualquier charlatán, la palabra “bipolar” (no la enfermedad), hace

alusión a algo que tiene dos polos y que yo sepa, todos los tenemos. Así que ser “bipolar” debería ser lo más normal del mundo, ya que incluso el agua lo es.

EL EQUILIBRIO

Yo entiendo que ser una persona equilibrada es tener emocionalmente de todo, en pequeñas cantidades y hacer uso de ello moderadamente. Como la tristeza y la alegría no se pueden manifestar a la vez, es lógico que las alternemos y no por eso nos llaman desequilibrados, pero sí lo hacen cuando el intervalo de tiempo entre esas dos emociones es inferior a ¿cuánto? ¿Alguien se ha molestado en hacer un cálculo? Yo no, porque no me importa la facilidad que tengan y el tiempo que transcurra para los demás al alternar estados de ánimo.

Las personas desequilibradas creo que son precisamente las que se mantienen siempre estables o lo aparentan. Deben tener más de ying que de yang o viceversa. Otra cosa es la incoherencia, que hay quien confunde con la inestabilidad cuando no tienen nada que ver. Claro que también hay quien confunde “buenos modales” o “buena educación” con respeto. O formación académica con inteligencia.

 APRENDER A LEER Y A ESCUCHAR

Para llamar incoherente a alguien hay que aprender primero a escuchar, porque hay gente que se dedica a oír, pero no escucha. Lo mismo pasa al leer cuando creen que una serie de palabras desordenadas significa algo en especial. Las palabras van unidas formando frases y esas frases, separadas por comas, puntos, conjunciones o demás, se relacionan con otras frases y así se le da sentido a un texto. Pero hay quien lee sólo las frases que le convienen para después hacer una interpretación falsa de lo que ha leído. Más que falsa, incompleta.

También hay que saber distinguir lo que es una metáfora de lo que no lo es, que eso lo distingue hasta un un niño de seis años. A mí me han llamado incoherente algunas veces cuando lo que querían decir era que soy emocionalmente inestable (más inestable de lo que se considera normal). No me importa; todo el mundo se confunde alguna vez con el significado de las palabras.

También me han llamado incoherente por haber dado mi opinión sobre el aborto y eso sí que no es confusión; es no saber leer o leer frases que no están escritas. Hay gente que podría tener la misma imaginación al leer relatos que al escuchar opiniones, ya que precisamente, quienes inventan lo que no he dicho, suelen ser los mismos que creen al pie de la letra lo que leen en un relato. Espero que no les pase lo mismo en su vida cotidiana.

Ying Yang - Imagen Pública
Ying Yang – Imagen Pública

¿EL DERECHO A LA VIDA O EL DERECHO A NACER?

Yo nunca he defendido la vida ni el derecho a nacer, a pesar de que algunas personas dicen que lo han leído en un texto mío (debido a una mala interpretación al leer, ya que no es lo mismo hablar de un derecho que defenderlo). No conozco a nadie que de verdad defienda las dos cosas, aunque sí la segunda, el derecho a nacer.

Nacer no es lo mismo que la vida, sólo forma parte de ella. Pero antes del nacimiento ya hay vida y después de éste la vida sigue y sólo concluye con la muerte.

Me dijeron que no podía ser que yo defendiera la vida de los animales estando a favor del aborto. ¿Cómo puedo defender la vida de los animales si yo me alimento, entre otras cosas, de animales? Lo que defiendo es su derecho a no ser maltratados y a no utilizar su sacrificio como una diversión. Sólo eso. ¿Que todos tenemos derecho a nacer?, ¿según las leyes de la naturaleza? No es cierto.

Si todos tuviésemos ese derecho, el embrión que no se llegó a formar hace unos meses dentro de mi útero (probablemente por alguna malformación genética) sí se hubiera formado y se hubiese desarrollado como cualquier otro embrión sano y hubiese llegado a nacer fuese cual fuese su malformación.

En mi caso era incompatible con la vida desde su fecundación, pero en el de otras muchas mujeres y hembras de otras especies no lo es y sin embargo su cuerpo lo rechaza. Por lo tanto ese derecho biológico no existe.

En biología no hay nada que suceda por derecho. De ser así no se habrían extinguido especies para que sobrevivieran otras.

¿Todos tenemos derecho a nacer según la ética? No lo sé. En mi opinión no.Todos los días, millones de personas impedimos que se reproduzcan otros tantos millones (o billones) de bacterias, que también deberían tener el mismo derecho a nacer que un humano, un perro, un pez o una cucaracha.

Las personas que, por ética, opinen que nacer es un derecho, que tengan su casa llena de cucarachas, que lleven el cuerpo lleno de picotazos de mosquito y que se nieguen a tomar antibióticos para combatir cualquier infección, que en este último caso ya se encargará su sistema inmunológico de cargarse a las bacterias que pueda sin necesidad de faltar a su “ética”, aunque, dependiendo de la infección que tengan, quizás no sobrevivan para contar lo bien que se sienten por haber respetado el derecho a nacer de esos billones de bacterias.

¿Todos tenemos derecho a la vida? Como digo, y dejando a un lado lo que es biológico y lo que es ético, la vida es mucho más que un proceso. Hay personas que siguen vivas gracias a una máquina que mantiene sus constantes, pero esas personas no están viviendo una vida como la estamos viviendo los demás. Permanecer con vida no es vivir. ncoherencia es defender el derecho a estar vivo y no asegurarse de que el ser al que otorgamos ese derecho va a vivir como le corresponde según su especie.

Por eso me atreví y me sigo atreviendo a llamar hipócritas a la mayoría de las personas que se definen a sí mismas “Provida”. onozco a muchísimas de ellas que justifican ese derecho con las leyes de la naturaleza y otras tantas ¿cómo no? con la trampa de la religión. Conozco también a algunas que aseguran que nunca abortarían, por poner un ejemplo, a un embrión o feto al que se le hubiese detectado síndrome de Down. Me parece una decisión muy correcta, siempre y cuando no intenten obligar a que otras mujeres no lo hagan.

Muchas de esas personas, cuando ven a un niño con síndrome de Down lo miran con compasión y dicen: -”Pobrecito, qué lástima”. Incluso cuando el niño lo está escuchando. Lo de dejar nacer a alguien para después sentir lástima por él y tratarlo como a un monstruo es muy humano.

Yo no he visto a esa gran mayoría de “providas” en ninguna manifestación cuando cerraron la asociación de ayuda a personas con Trisomía 21 (síndrome de Down) de mi ciudad. Tampoco las he visto recaudando fondos para evitar que dicha asociación se cerrara.

Ying Yang - Imagen Pública
Ying Yang – Imagen Pública

Ni las veo defendiendo los derechos de esas personas a ser tratadas como las demás, a ser integradas en los colegios con los demás niños (no recluidos en centros especiales), con los profesores y el soporte adecuado a sus necesidades de aprendizaje, con el fin de que en un futuro se conviertan en adultos independientes y puedan aspirar a los mismos estudios que el resto de sus compañeros y puedan acceder al mundo laboral con las mismas oportunidades que los que nacieron con un cromosoma menos y que son considerados “normales”. Éste es sólo un ejemplo que he querido relatar, pero conozco muchos otros de esas personas que defienden el derecho a nacer, mas no el de vivir (al menos vivir dignamente). ¿Qué por qué he empezado este texto hablando de mi amuleto con el símbolo del ying y el yang e incluso lo he utilizado como título? Porque antes de empezar a escribir estaba observándolo y no sabía cómo empezar. Así que se me ocurrió ser incoherente.

Igual de incoherente que sentirte “Provida-Religioso” y comerte un lechoncito (un bebé indefenso que también es una criatura de Dios) para ponerte morado celebrando la navidad. Igual de incoherente que sentirte “Provida-Biólogo” y regalarle una flor (ser vivo perteneciente al reino vegetal) a tu pareja para demostrarle amor y porque queda muy bonita y decorativa una flor muerta en un jarrón. Igual de incoherente que sentirte “Provida-Moral y ético” mientras te cargas a una mosca (bicho asqueroso y repugnante) porque te molesta que revolotee a tu alrededor.Lo único coherente que hay escrito en los primeros párrafos de este texto es la palabra “desequilibrado”, que queda muy bien con las personas a las que hacen referencia las tres frases anteriores.

O quizás todo sea muy coherente y lo que simboliza mi amuleto tenga mucho que ver con el tema del que he hablado después. Eso que lo decida quien lo lea. Yo me como el lechoncito en navidad, arranco la flor y la pongo en un jarrón y me cargo a las moscas con el spray insecticida porque soy tan asesina como el resto, pero al menos no me hago llamar defensora de la vida y por lo tanto, no soy una hipócrita.

Nada más que un juego: sobre Piedra, papel o tijera

Piedra, papel o tijera - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Piedra, papel o tijera – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Nada hay más serio que un juego. Esto es algo que muchos recalcan, que seguramente ya se ha dicho respecto a la exposición Piedra, papel o tijera, la cual se puede visitar en San Pedro Museo de Arte. Pero si ya se ha dicho antes, ¿para qué decirlo de nuevo? Porque es una gran verdad, y las verdades no deben dejar de decirse aunque se repitan tanto que de pronto se conviertan en una casa de los espejos, de esas en las que cualquiera se puede perder a los dos pasos, encontrándose de cara consigo mismo, ora más delgado, ora más bajo de lo que uno se recuerde desde la mañana cuando se cepillaba los dientes y su rostro era el de siempre.

Piedra, papel o tijera - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Piedra, papel o tijera – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

“El rostro de siempre” es una expresión muy curiosa. No siempre se ha tenido ese rostro, incluso cada día cambia aunque no lo notemos. Una arruga nueva en la frente, oculta por el cabello, o unas ojeras poco más profundas que las que se tenían por la noche. Los espejos de esa casa que hablábamos magnifican tales cambios. Los producen y evidencian para que podamos reír de cómo nos vemos; pero si eso lo notáramos en un espejo corriente seguro que sería motivo de espanto, mínimo de ansiedad. Esa casa de los espejos es también un juego, uno muy serio pero por eso mismo tan gracioso. Quienes entran asumen que son quienes están ahí frente a ellos mismos dentro de los espejos.

Piedra, papel o tijera - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Piedra, papel o tijera – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Pues bien, Piedra, papel o tijera es eso precisamente: una casa de espejos que juega a reflejar aquello con lo que muchos crecimos jugando, pero también aquello que aún seguimos jugando. Todas las piezas devuelven a nuestra mirada parte de lo que fuimos en la infancia pero también parte de lo que sabemos a cada paso que crecemos. Es una exposición que muestra a los juguetes y los juegos fuera de sus significados elementales para presentar esos mismos objetos dentro de un plano ajeno a su fin primero, es decir, en el mundo del adulto que encuentra en ellos la fascinación nostálgica por sus años perdidos en armonía con lo que significa cada uno de ellos ahora, en el ahora donde todo cobra un sentido distinto.

Piedra, papel o tijera - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Piedra, papel o tijera – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Ciertamente, no hay nada más serio que un juego. Desde niños lo sabemos pero no por eso hay que dejar de decirlo. De adultos hay que recordarlo, tenerlo anotado en un papel que vaya con nosotros a cualquier lugar, para poder jugar también en la vida cada vez más pesada y aburrida que muchos suelen elegir, que es cuando la casa de espejos deja de ser divertida y las personas se sienten atacadas por lo que ven a cada paso que dan. En fin, siempre saber que, por más especular que sea, –siguiendo a Stein– un juego es un juego es un juego y en él se aborda la verdad sobre quienes somos, sobre quienes nos reflejamos en él.

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Inventario

INVENTARIO-IMAGEN PÚBLICA
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por Carolina Vargas

Me gusta mucho el divague, creo que tengo una imaginación activa por lo que se me da inventarme cosas, historias y de vez en cuando algunas mentiras. Reconozco que estoy muy verde en esto de la escritura, me hace falta oficio y disciplina, pero por alguna razón, siempre que algo me toca o conmueve un impulso desbordado me lleva a teclear hasta no detenerme. En esta ocasión el motivo que me lleva a ese extremo es muy simple…

Para cuando esto salga publicado, habré cumplido 29 años. No es que me aterre la edad o la idea de envejecer; creo yo que pese a todo he sabido sobrellevar mis años de una manera decorosa. Quizá lo que en verdad me asusta es no saber a cabalidad lo que me espera, verán de unos años para acá mi vida ha dado muchísimos vuelcos y no todos han sido favorables.

Como ya dije me falta oficio para escribir, de hecho soy muy osada al abusar de este espacio que semana tras semana me siguen concediendo tan generosamente, pero haciendo un breve recorrido por mis archivos me he dado cuenta que así dure meses sin escribir nada, mi cumpleaños siempre es motivo de reflexión y desde hace mucho tiempo, escribo alguna reflexión al respecto.

INVENTARIO-IMAGEN PÚBLICA
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Casi siempre antes de mi cumple, me deprimo, sin importar lo entusiasmada que esté respecto al festejo o al desmadre inherente a ello, la depresión es algo que llega con una puntualidad pasmosa, una gran amiga mía me dice que eso es normal ya que un ciclo se cierra y otro inicia, recordemos que cada año es una vuelta alrededor del sol  y yo ya voy a dar 29…

Si me pongo estricta, para nada me imaginé ni en mis sueños más guajiros, llegar a esta edad de la manera en la que lo estoy haciendo. Quizá como a muchos a mí de niña me programaron para seguir un patrón de comportamiento y a cierta edad haber logrado varias cosas, y creo que hasta ahora no he logrado ninguna de las metas establecidas, será porque yo nunca seguí patrones y he sido muy testaruda, he rodado mucho y he vivido cosas que jamás me imaginé, elegí el camino más difícil quizá para hacer el viaje más interesante y en el trayecto conocer a muchísimas personas maravillosas.

Tengo 29 años y más preguntas que certezas, no tengo un camino trazado porque en las veredas siempre habrá bifurcaciones y no se puede conocer un terreno a cabalidad sino se le ha explorado por completo, tengo una vida distinta y privilegiada porque ante todo soy libre, algo que agradeceré infinitamente.

Pese a que este año ha sido el más duro y doloroso de mí vida, sé que esta difícil prueba me dejará una valiosa lección, con la consecuente dosis de sabiduría correspondiente a un largo y sinuoso camino. Me gusta pensar que después de todo esto, seré una mejor persona, ha sido una lección de vida muy dura y a pesar de todo me he mantenido siempre en pie, lo que ya habla bien de moi.

SOLEDAD-IMAGEN PÚBLICA
SOLEDAD-IMAGEN PÚBLICA

En cuanto a la celebración aun no sé cómo será, sin duda algo entrañable, porque aunque lejos de mi familia de sangre, estaré rodeada de muchísimo afecto por parte de mis amigos la familia del corazón que uno tiene la bendición de elegir. Y ya si se pudieran las complacencias, pues un pastelito estaría de huevos.

No me queda más que esperar con ansia mi vigésima novena vuelta al sol, la recibiré contenta y tranquila, ansiosa de nuevos retos y muchísimas experiencias…porque ya lo decía la señora Gump… “Life was like a box of chocolates. You never know what you’re gonna get.”