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Rondando los Jardines Interiores

Ramón López Velarde - Imagen Pública
Ramón López Velarde – Imagen Pública

por Marcos Solanche

Rondós Vagos: III- Pasas por el abismo de mis tristezas.

 Después de “Místicas”; afianzado hacia una ideología mucho más personal, en el sentido espiritual, y pasados siete años: Amado Nervo publica “Los Jardines Interiores”. Una compilación sustantiva de poemas en su médula, y orbitada por tres secciones menores. La primera sección es una serie llamada “Rondós Vagos”. Interesante es saber, que lo que nos espera en ella, de acuerdo a su definición, son composiciones, sino musicales, sí sonoras, algunas alcanzando la voz armónica. Se debe de decir que lo que distingue al rondó, es la repetición. Por tanto, en este corto poema de tres estrofas, y como se espera, la repetición se dará con el verso del título.

            Pasas por los abismos de mis tristezas.

La composición tiene dos presencias principales. Una dirigida en la otra, por lo que parece que la principal ha desaparecido, ya que únicamente nos deja con la estela de su paso. Sin duda es hacia la mujer, y quizá sea dedicado a la hija de Ana Cecilia Luisa Dailliez Larguillier: Margarita. Esta pista se sustenta con el inicio de la segunda estrofa.

 

            (…)

            Ya tramonta mi vida; la tuya empiezas;

            (…)

 

Retomando el tema de las presencias principales, la mujer es encubierta por un rayo de luna sobre los mares. Esta descripción es inherente al verso del título, por lo tanto también forma parte de la estructura repetitiva del rondó.

 

 

La primera estrofa deja muy en claro que el paso de este rayo de luna, muy al compás con la noche, aminora la pesadez.

 

            (…)

            ungiendo lo infinito de mis pesares

            con el nardo y la mina de tus ternezas.

            (…)

 

La segunda estrofa, como ya se prevé con el primer verso comentado, está desfasada del propósito anterior, y más bien acompasa la presencia continua en el tiempo. El símil del abismo de las tristezas con los mares, es muy interesante al ver suavizado ese imperioso poder constante del oleaje, con la sutileza de la luz de la luna.

 

La tercera estrofa, y como es costumbre en el poeta Nayarita, cierra con la esperanza bien dicha.

 

            (…)

            No más en la tersura de mis cantares

            dejará el desencanto sus asperezas;

            (…)

 

            Porque Dios, puso en el cielo un luminar nocturno que con sus rayos, penetra y unge, el abismo de todas las tristezas.

XI- Increpación

 

Increpación forma parte de la médula de “Los Jardines Interiores”. Esta sección se convierte en un rondar por las composiciones internas del poeta; y qué si no, sus tristezas. Aunque el poeta escribe en el filo del dolor, no será lo que se avecina en carne, en siete años más tarde. La muerte de Ana Cecilia en el año de 1912, será el enfrentamiento más doloroso del Mexicano.

 

 

El poema cuenta con tres estrofas marcadas, que aunque son claras en rima consonante aabb, por su extensión rozan con la prosa lírica. En años más tarde, la composición libre será quien dicte la obra final poética de Nervo. La estrofa la podemos dividir en tres secciones:

 

La primera, es un reto hacia aquél que haya abrevado su alma en mayores tristezas que las del mismo poeta. La segunda, una lista de posibles contendientes a su dolor: Job, Jeremías, Cristo, Daniel. La tercera, Dios. Sobre esta división, habrá que decir cómo se hila la presencia de Dios.

 

 En el final de la segunda sección de la primera estrofa, tenemos:

 

            (…)

            un astro, el astro de una ideal teoría:

            (…)

 

Sin duda, esta brillante seducción en la mente de todos estos personajes, lista a la que tácitamente se une Nervo, es tatuada en la frente con el beso de Dios.

 

            (…)

            Dios abrió en vuestro cielo la brecha reluciente

            de una ilusión…

            (…)

 

Sobresaliente el sentido abstracto de la brillantez del ósculo divino, como factor determinante para hundir el ánimo humano; muy a la corriente de los poetas malditos, pero también al hecho destacado de sentirse único, como aquellos profetas mencionados. La segunda estrofa, parte esencial descriptiva, tiene dos divisiones y un quiebre, que se distingue en el mazo vertical.

 

La primera parte, sucinta a dos versos, es un dictamen fatal sobra la ausencia de brillantez en su alma.

 

            (…)

            jamás, ¡jamás!, titilan los oros de una estrella;

            (…)

 

La segunda parte, retomando a los personajes mencionados, y sobre el más célebre de ellos, alude como símbolo de su alma: la higuera. Específicamente la relatada en el Evangelio según San Marcos, XI: 12-14, 20-25. La tercera parte, que he decidido llamar quiebre, dentro de la segunda estrofa, es porque se adentra en la función de aquel árbol que sin fronda, no presta ni sombra. Importante que sobre estas ramas desnudas, no queda más que el uso de su madera como soporte suicida. Reluce en esta sección, como idea general, la del Judas, cualquier traidor.

 

            (…)

            ¡de algún ideal tránsfuga que me besó con dolo

            y que, por fin, se ahorca desamparado y solo!

            (…)

 

En esta sección, el tránsfuga no puede ser otro, sino Dios, quien fue el que penetró con un beso, el ideal doloroso. La tercera estrofa retoma el reto de la primera, y con un cuestionamiento vivo, el auditorio universal se queda mudo. Esta estrofa está dividida en dos partes, aunque no por eso podemos olvidar el último verso desfasado por un espacio. La primera parte es una paráfrasis de la primera sección en la estrofa inicial. La segunda parte es el vacío de no encontrar par, abrevado en las mayores tristezas.

 

Para finalizar esta estrofa, resalta el apunte completamente desfasado de margen y cambiando súbitamente el ritmo.

 

            (…)

            La eternidad es muda y el enigma cobarde…

            (…)

 

 

Todo este reclamo al infinito termina, con una voz perdida hacia la Hermana, quizá simbolizada en la poesía.

 

            (…)

            Hermana, tengo frío: el frío de la tarde.

 

Llama la atención este final, que no parece un apunte alienado al ritmo ni temática del poema. Dentro de él, lo interesante es meditar sobre la imagen del frío de la tarde; especialmente porque es una hora de transición entre el calor y su ausencia, no decantado a uno de ellos, al menos que se viva una estadía específicamente helada. Como bien lo puede ser su triste alma.

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La suave patria (Parte I)

La suave patria - Imagen pública
La suave patria – Imagen pública

por Marcos Solache 

Proemio

Como ya he mencionado, en los últimos años de su vida, Velarde dejó todos sus cargos burocráticos y se dedicó a la docencia y publicación en revistas.

Para estas fechas, redactaba en la respectiva, llamada “El Maestro”.

En este espacio, que por cierto será cual publique “La Suave Patria”, primera y póstumamente, en el número de Junio de 1921; encuentro también, un resquicio previo y muy claro al poema, en el número de Abril del mismo año.

Un ensayo que está presente en la recopilación de “El Minutero”, “Novedad de la Patria”, donde claramente leemos concepciones anteriores, e ideas fundamentales que se desenvolverán en el último poema corregido por Velarde.

El poema está dividido en un Proemio, un Primer Acto, un Intermedio, y un Segundo Acto.

La declaración comienza con la voz del poeta, alzándose en el foro, a la manera de un tenor, para contar una parte de nuestra historia, cortar a la epopeya un gajo.

Deja muy en claro que por unos momentos, su canto ya no será dirigido a la exquisita partitura del íntimo decoro.

Aquí no hay mujeres amada, ni religión a cual postrarse.

Nos prepara para navegar, andar, volar; de cierto y directo modo, abarcar la Patria entera.

La virtud de contar con el borrador completo de este poema, nos permiten apreciar e intuir, no sólo la génesis de esta pieza, sino la corrección y depuración que llevaban sus obras.

El caso del inicio del poema, no es dudoso, aunque tenga una rotación en los últimos dos versos de la primera estrofa.

Un caso sobresaliente es la tercera estrofa que es cortada de tajo; de los cinco versos que la componían, termina haciendo un suave y bien acompasado dístico.

             (…)

            Diré con una épica sordina:

            la Patria es impecable y diamantina.

            (…)

 Resalto la palabra sordina, porque será parte fundamental del tono suave que nos conducirá al interior propio de nuestra Patria.

 Termina el corto proemio, con la primera de las varias alusiones a la Nación Mexicana.

            (…)

            Suave Patria: permite que te envuelva

            en la más honda música de selva

            (…)

Específicamente la alusión a la selva, se refleja paralela en el poema “El Son del Corazón”, donde el alma suena a son de selva, donde él se encuentra envuelto por la fronda parlante, ahora desea envolver a la Patria, pero recordando que ella fue quien lo moldeó a él primero.

Desde el inicio de esta serie de opiniones sobre parte de la obra de Velarde, remarqué la dificultad, no sólo para el poeta de cerrar sus composiciones, sino de terminarlas por comprender.

 Parte del propósito de la poesía es hacerla pensativa, no con un alto grado intelectual, sino personal expulsiva.

 Para el final del Proemio hay varias suposiciones:

La primera es un recuerdo infantil de Jerez, y alguna tala importante en el atrio, adonde todo el pueblo acudió.

La segunda, y más elaborada, es de Juan José Arreola, que asegura que la tala de árboles era una costumbre druida, en la que se cosechaba madera, a la madre, como cortar el vellón de la tierra, para resurgir la vida.

Era un motivo de celebración, por eso las risas y gritos de las muchachas.

Con dudas y más, finalmente es una introducción desde el recordatorio, donde Ramón quiere levantar la voz para laurear a la Patria impecable y diamantina.

La suave patria - Imagen pública
La suave patria – Imagen pública

Primer Acto

A la repentina muerte de Ramón, acudieron exaltados las grandes personalidades políticas de la época.

El presidente Álvaro Obregón declaró tres días de luto nacional; y el en ese entonces rector de la Universidad Nacional, José Vasconcelos, se encargó de ser pionero para que Velarde, su obra, y “La Suave Patria”, perdurarán a través de las décadas.

 ¿Con esto se le hizo justicia a Velarde?.

Quizá a la fama que cualquier humano sueña: sí.

Pero el hacerle justicia a su obra, no era precisamente hacer justicia al espíritu del poeta.

Porque quizá para sí mismo, nunca fue el bardo amado por una sola mujer.

Sin duda “La Suave Patria” es un poema ambicioso.

Lo anterior porque intenta abarcar en imágenes oportunas, todo el territorio nacional.

Así, “La Suave Patria” se abre como un abanico policromo de colores, animales, texturas, y escenas de urbanidad.

En el Primer Acto, en doce estrofas, experimentamos un viaje súbito y veloz por diversos paisajes mexicanos.

            (…)

            y tu cielo, las garzas en desliz

            y el relámpago verde de los loros.

            (…)

Después de la primera estrofa, acompasa con un dístico.

Estructura muy común en este poema, sobre todo para suavizar las medianas estrofas, con escenas leves y contundentes.

Aprovecho para dar otra anotación: esta referente a la evolución del borrador, en el cual se nota claramente como la mayoría de las estrofas que son dísticos, experimentaron una transformación de eliminación, siendo primeramente estrofas de mayor número de versos.

Ramón López Velarde - Imagen pública
Ramón López Velarde – Imagen pública

A continuación un muy buen ejemplo de esta estructura:

             (…)

            El Niño Dios te escrituró un establo

            y los veneros del petróleo el diablo.

            (…)

Primero comentar que la alusión al Niño Dios, es un término muy mexicano, de la niñez de Jesús; esto puede aludirse desde el nacimiento en el pesebre, o hasta que se perdió en el templo a los doce años.

A parte a esto, podemos leer la visión del poeta, que por cierto vivimos ahora más que nunca; la lucha por la energía de hidrocarburos, donde las compañías mundiales más grandes, explotarán esos veneros azuzados por el diablo, hasta que reviente la Madre Naturaleza.

 Sobre la Capital, que sabemos vivió por algunos años, y sobretodo los postreros, una pequeña alusión.

                           (…), cada hora vuela

            ojerosa y pintada, en carretela;

                           (…)

La carretela era un automóvil pequeño, en el que en ese entonces se transportaban las cortesanas.

 

Con esto el poeta deja muy en claro, el asombro que siempre le suscitó la Capital, sobretodo en la vida sexual.

 

 

Quizá el discurso del progreso en México se acuñó muchos años atrás, pero no sería sino hasta Porfirio Díaz, que toma realmente una connotación mundial.

 

Y qué mejor ejemplo que conectar a todo país por medio del ferrocarril.

 

Así Ramón alude que aún queda mucho por cubrir; lo que va, es apenas un tren que corre por una juguetería.

 

            (…) tu casa todavía

            es tan grande, que el tren va por la vía

            como aguinaldo de juguetería.

            (…)

 Después de esta estrofa, una continuación especial y referente al progreso ferroviario, también en terceto, como nombré particularmente en la obra de Velarde, tríptico.

 

            (…)

            Y en el barullo en las estaciones,

            con tu mirada de mestiza, pones

            la inmensidad sobre los corazones.

            (…)

 

Continúa el tono de fiesta, con la atractiva tradición provinciana de los fuegos artificiales.

 

            (…), antes de saber el vicio,

            del brazo de su novia, la galana

            pólvora de los fuegos de artificio?

            (…)

Una anotación especial en esta estrofa, es el sentimiento de rompimiento a través del vicio.

 

 En esta ocasión la imagen colorida de la noche que asusta a la rana, es nublada por el futuro que seguramente ahogará al hombre, para no poder nunca más, salir con aquella candidez que tomaba a la novia, a ver los fuegos de artificio.

 

 

Aunque es un poema colorido y festivo, López Velarde no deja de rayarlo tenuemente con su tristeza existencial.

 

Sobre la estrofa que lo sigue, siendo de las más abundantes en color, solamente comentaré una muy personal interpretación sobre el siguiente verso:

 

            (…)

            y con tu pelo rubio se desposa

            el alma, (…)

Imaginar pelo rubio en nuestro país, es imposible, por lo que aludo lo anterior a las hebras güeras que echa el maíz cuando está empezando a jilotear.

La suave patria - Imagen pública
La suave patria – Imagen pública

 

 

Ya aludió al petróleo, una importantísima fuente económica en nuestro país; en la siguiente estrofa menciona otra muy importante, sobretodo por haber nacido en un Estado minero y platero.

 

            (…)

            Tu barro suena a plata, y en tu puño

            su sonora miseria es alcancía;

            (…)

 

El Porfiriato fue uno de los tiempos en los que se acuñómás monedas de plata, aunque siempre este metal, como el oro, han formado parte de la reserva económica nacional, fue en ese tiempo cuando la gente podía decir que tenía una alcancía con monedas de plata, literalmente.

 

En lo que respecta a la sonoridad, resulta fácil relacionar mucho más la del bronce, será por las campanas, que la de la plata; quizá de ahí lo de la sonora miseria.

 

 

Las siguientes dos estrofas, invitan a cualquiera: sea triste o sea feliz, recién nacido o niño; a dejarse abrazar por la Patria.

 

            (…)

            y luego te regalas toda entera,

            suave Patria, alacena y pajarera.

            (…)

 

Con estas dos estrofas, deja muy en claro que México es un país de amor, sin reservas, sin espalda, solamente brazos para adaptar a cualquiera.

 

 

Para finalizar una estrofa de catorce versos.

 

 Realmente atípica por su extensión en todo el poema, aunque bien se pudo haber dividido en tres, esto siguiendo los tres puntos y aparte que mantiene.

 

Aun así, agrada la continuidad que da al tema en cuestión: el trueno.

 

            (…)

            Trueno de nuestras nubes, que nos baña

            de locura, (…)

            requiebra a la mujer, sana al lunático,

            (…)

 

Ciertamente esta es una de las estrofas más abstraídas a la concepción personal, por enlazar diversas escenas humanas, al tronido de la tormenta.

 

            (…)

            Trueno del temporal: oigo en tus quejas

            crujir los esqueletos en parejas,

            oigo lo que se fue, lo que aún no toco

            (…)

            y oigo en el brinco de tu ida y venida,

            oh trueno, la ruleta de mi vida.

 

El vaivén del trueno termina por ensordecer al poeta, escuchando como copula una pareja, su pasado, el futuro, el paso del rayo que viene, y trae consigo el sonido aturdidor.

 

La vida que fue Velarde, un ir y venir, rodar por todos los huecos metafísicos, hasta hartarse de existir, nunca encontrarse, como la bola en la ruleta que siempre gira, y mejor opta por salir del azar, y terminar con su vida.

 

 

 

Bibliografía:

Ramón LópezVelarde, compilado por José Luis Martínez. (1994). Obras. México: Fondo de Cultura Económica. Serie de Literatura Moderna, Pensamiento y Acción.

El son del corazón

Ramón López Velarde - Imagen Pública
Ramón López Velarde – Imagen Pública

por Marcos Solache

Para conmemorar los diez años del fallecimiento de López Velarde, y con importante motivo de incluir “La Suave Patria” en un poemario; aparece “El Son del Corazón”. Titulo que se da, precisamente, por el primer poema de dicha colección. Recordar que los contenidos en esta última compilación, son de la postrera época de la vida delbardo; es decir de 1919 -1921. Cada poeta, confirma su bautismo lírico de distinta y muy peculiar manera. Para mí, “El son del corazón” es el fruto del sacramento poético en Velarde. No su definición de poeta, como lo expresa en “El Mendigo”, sino lo que la poesía, elemento alquimista, transmutó en su interior. La poesía en él es una música íntima que no cesa. Aunque afecta con dolor moral, se reviste de oro, y cubre al hombre.

Para criticar a Velarde, siempre será importante tener en cuenta su buena formación católica. Nunca negada por él, siempre presente, y siempre también, área contradictoria y belicosa. Sobretodo por utilizarla como medio eliminatorio para alcanzar la paz que conviene demostrar en el texto de “El Minutero”, “Fresnos y Álamos”. Así tenemos en la primer estrofa, la conjunción de la virtud teologal caridad, con el amor. Las virtudes teologales son las cualidades que debe practicar un buen católico, para salvarse. Dichas sean: fe, esperanza y caridad.

En algunas traducciones en español e inglés, de la 1er Carta a los Corintios, (13:13), se traduce al pie, que la máxima cualidad o virtud humana, es el amor. Tomada entonces, como un sinónimo en la economía católica, el amor es caridad. Palabras difíciles de igualar en cualquier otro plano; sea por eso que el poeta propone la unión de ambas en un beso de equidad y paz. En cuanto a la estructura cabe mencionar que todas las estrofas se componen de tres versos, de metro regular y rima consonante. Agregar que esta conformación, a la que llamaré tríptico, fue una importante constante en su poesía. De manera natural, todos los poetas somos hermanos.

Pasan las centurias, bajo distintas épocas y elementos sociales, cualquier auténtico debe considerar en el otro, las mismas pausas, quejas y furias.

(…)
Mis hermanos de todas las centurias
reconocen en mí su pausa igual,
sus mismas quejas y sus propias furias.
(…)

Así todos somos lo mismo, pero con diferentes palabras.

Y cada uno es, lo que dicta su elemento principal.

En el caso de Velarde:

(…)
Soy la fronda parlante en que se mece
el pecho germinal del bardo druida
con la selva por diosa y por querida.

Soy la alberca lumínica en que nada,
como perla debajo de un lente,
debajo de las linfas, Sherezada.
(…)

Remarcar que en la primera estrofa, los términos “bardo druida”, si bien no son contradictorios, tampoco son tales como para poder encadenarlos. Importante en el anterior, el elemento frondoso, germinal y selvático, que al final del poema redondeará. En cuanto a la segunda estrofa de esta sección, remarcar a Sherezada como elemento árabe ya comentados en su poesía. Quizá también agregar lo sobresaliente de los elementos lumínicos y acuosos, que soportan el verdor arriba mencionado. Penúltima su definición confesando que su cristianismofue guiado por la bienaventuranza de la Virgen. Enunciado que se puede resumir en la aceptación de la voluntad del Señor como su esclava. Última su definición con otra de sus admiraciones: el baile. Esta vez aludiendo al tango. No olvida su dualidad, y atruenan en la Creación, sus cortejos paganos y nazarenos. Todo esto concluye y forma la melodía del son; que no podría terminar sin un grito, un diapasón alto, una exclamación de confesión.

(…)
¡Oh Psiquis, oh mi alma: suena a son
moderno, a son de selva, a son de orgía
y a son mariano, el son del corazón!

Diversos elementos que tamborilean en su corazón, y crean ese peculiar son, aquella voz que buscó y palabreó en poesía. La ascensión y la asunción. Velarde nunca se casó. Incluso me aventuro a decir que nunca tuvo una relación amorosa duradera. Esta impotencia hacia la posible captura de la mujer amada, siempre se le escapó al poeta. Y como bien lo comenta Ali Chumacero: esto hizo la poesía de Velarde. Si no pudo capturar a la mujer pasional, sí, y con mucha diligencia, dedicó sus últimas cartas, aquella jovencita llamada Margarita González. Nombrada siempre por él como: “ mi sobrinita”. Esta relación fue confirmada por el hermano de Ramón, quien decía que cuando la joven mujer estaba de paso por la capital, todos los Domingos, el poeta la invitaba a la alameda o al cine.

Una relación cándida, amorosa y tierna, como aquella que posiblemente hubiera nacido hacia una hija de López Velarde. Se sabe a bien que el poema que sucede al aquí en cuestión, “Si soltera agonizas”, estuvo dedicado anónimamente a ella. Yo puedo suponer, no solamente por la colocación de “La ascensión y la asunción”, que los editores bien intuyeron que este también es un poema inspirado en ella. Quizá hay elementos que pueden sacar de conclusión la dedicación mencionada, pero me parece que el trasfondo que muestra indirectamente, está fincado en esta joven mujer laguense. A estas alturas, cualquier profanación católica no sorprende.

(…)
enlazado mi cuerpo con el suyo,
suben al cielo como dos custodias…
(…)

Como anotación significativa, cabe decirse, que aquí utiliza la palabra custodia con la acepción católica, de aquél instrumento que mantiene el cuerpo de Cristo. Por lo general, esta pieza es de las más lujosas, suntuosas y sagradas dentro de una iglesia. En México es nombrado comúnmente como el Santísimo. Sospechado el tono religioso y profano desde el título, comprobamos que él es la ascensión y ella la asunción. Esto solamente para ordenar el espacio que él ocupa como Cristo y ella como Virgen.

(…)
¡ser, por virtud ajena y virtud propia,
a un tiempo la Ascensión y la Asunción!
(…)

Realmente es muy fácil, como poco ético y original, usar toda la verbalia católica y bíblica para determinar una experiencia poética amorosa. Tiene la ventaja siempre, de que el profanar una religión atraerá a los lectores morbosos. Ejemplos como Saramago y Rushdie, bastan para comprobar el éxito de este sucio estilo. Quizá lo de Velarde no fue hecho para hacer un poema famoso. Situación que como sabemos, no alcanzó, al menos no con la serie de poemas profanos que tiene.

Tal vez, y como sostengo, fue para vaciar su fundamento católico, y así poder, realmente escribir. Para poder vaciarse completamente, convertir su mente en un espacio sin prejuicios, la tierra de su poesía yerta, desolada, y prácticamente infructífera; pasó toda su vida. Encuentro un registro de 1907, con el poema “Eucaristía”, sobre el uso del más importante sacramento en la Iglesia Católica. Siempre usado por Ramón como unión de él con la hostia-mujer, el cuerpo redentor deseado. Eucaristía: La ascensión y la asunción:

(…) (…)
implorando le des a mis pesares Su corazón (…)
la comunión de tu cariño yerto. traslada, en una música estelar, (…) el Sacramento de la Eucaristía.
te resistes hostia ingrata (…)
(…)

Así vemos como desde los 19 años, y durante los siguientes 14, sembró el ideal de la mujer como cuerpo de Cristo. Alcanzándola en labios, por medio del santo sacramento de la Eucaristía. En su tiempo Velarde fue criticado por la repetición temática de sus poemas. La gran mayoría hablan de la mujer, su relación y deseos hacia ellas. En fin, la mujer es su centro, como lo es la hostia en la custodia, o el Cristo en el catolicismo. Más claro no se puede hablar sobre la importancia de ellas en la vida de Velarde. Desde mi punto de vista, es muy pobre el criticar al poeta por el repetido uso del elemento de la mujer en sus poemas. Incluso lo veo como un comentario mercantil y de poco valor hacia la vereda que es la poesía. Porque la poesía no es un ejercicio literario, es un expresión interna, sea mil veces repetida, será mil veces auténtica. Así, no queda más claro que la mujer en la vida de Ramón, fue la guía, la estabilizadora, la escucha, la animadora. Aquella que dio a la decadencia de su existencia, una perspectiva de ascensión. Fue todo. Ella ángel guardián.

(…)
¡Gracias Señor, por el inmenso don
que transfigura en vuelo la caída,
juntando, en la miseria de la vida,
a un tiempo la Ascensión y la Asunción!

El sueño de los guantes negros. En el último instante de su vida, Ramón perdió el aire. Murió de asfixia debido a la fuerte neumonía y pleuresía que padeció. A pesar de la dura enfermedad que lo llevaría a la tumba, siempre mantuvo ilusiones. En el último año de su vida, con la Revolución consumada, y aunque en una de las peores etapas económicas de su paso, continuó las preparaciones para viajar lo más prontamente a Europa. Lo extraño de estas ilusiones, es que se volvió un hombre extremadamente solitario. A partir de 1920, cuentan sus más intimas amistades; que perdieron casi la pista total del poeta. Algunos pueden decir que se hundió en el espejismo del modernismo. En lo personal creo que le sucedió como a todas las almas hipersensibles; le consumió el profundo sentimiento del sinsentido existencial. Aunque “El sueño de los guantes negros”, es un poema inacabado; vale la pena dejar esos tres huecos ilegibles, e incluirlo en este comentario.

Para mí, éste es el último poema de Velarde, no sólo por la fecha estimada y los tonos de ultratumba, misterio y sueño; sino porque nos encontramos ante un trabajo pendiente, un borrador que muestra como corría su pluma en el taller de creación. Si habremos de buscar la última tinta del sufrido Velarde, no la hallaremos en la cuidada “Suave Patria”, sino aquí, en las manos de la mujer de los guantes negros. Un poema de nueve estrofas. Ciertamente de una extensión mayor, a lo que es generalmente común en el Zacatecano.

Debo decir que hasta la séptima estrofa, aunque esta ya padezca un espacio en blanco, y una decisión pendiente entre dos versos en punto y coma, que parecen una elección eliminatoria a uno; mantiene mucha solidez y guía. No así con las dos últimas estrofas, que parecen apenas esbozos de continuación. Sobre todo la última, con huecos en prácticamente cada verso, y claramente un final faltante que abroche el poema completo. La utilización de dos trípticos y dos dísticos en las primeras seis estrofas, establecen un pacto equitativo de regulación en el poema.

Aunque parezca una narración fantástica por la secuencia de hechos emplazados en un sueño; vale la pena adjudicarle la categoría de poema por el trabajo armónico realizado, sobretodo en las ya mencionadas primeras estrofas. El poema da la sensación de haberse escrito en la vigilia del amanecer. Pero lo más probable es que Ramón nunca haya soñado algo así. Al menos no del todo completo. El sueño inicia en el fondo del más bien muerto de los mares muertos. Lloviznaban gotas de silencio, donde solamente se distinguía la llamada a misa, en el misterio de una capilla oceánica, a lo lejos. Al llamado acude, y aparece Fuensanta:

(…)
De súbito me sales al encuentro,
resucitada y con tus guantes negros.
(…)

La fijación de los guantes negros, traspasa el poema, y no solamente se anida en el título, sino que en el poeta genera expresiones inauditas.

(…)
y nuestras cuatro manos se reunieron
en medio de tu pecho y mi pecho,
como si fueran los cuatro cimientos de los universos.

La figura de Josefa de los Ríos, ahora es espiritual, o al menos un enigma corporal.

¿Conservas tu carne en cada hueso?
El enigma del amor se veló entero
en la prudencia de tus guantes negros.
(…)

Todo lo que hubiéramos deseado saber, no solamente de aquel amor, sino realmente del amor, fue velado y silenciado por la prudencia de aquellas católicas y santas manos. En una sección de la siguiente estrofa, refuerza la idea de que la mujer aludida es Fuensanta:

(…)
y el traje, el traje aquel, con que tu cuerpo
fue sepultado en el valle de Méjico;
(…)

Para terminar, con otra velación y fugacidad, las manos culminan enlazadas en éxtasis, experimentando en un circuito eterno, la vida apocalíptica. Extinción y resurrección. El poeta amanece, y la cola del cometa deja su polvo estelar en la lengua de la que nunca sabremos últimas palabras, pero sí última intención hacia la vida.

(…)
gusté cual rosa […]

El sueño de la inocencia. Es abiertamente comentado que la infancia es una época que marca definitivamente la vida de cualquier humano. Por mencionar entre lo sobresaliente, sabemos que el cerebro conduce su mayor índice de crecimiento en estos primeros años. No es de sorprender entonces, la suma importancia de esta explosión vital en nuestro desarrollo. Para Ramón, el niño de clase acomodada en el pueblo, su imagen infantil es total y primordial hasta los últimos días de su vida. Guardar el traje pulcro de la liturgia cenital de los Domingos, o la prudencia de permanecer como un lindo monigote en las pláticas adultas en el atrio; son sin duda, eso que en “El sueño de la inocencia”, llama conservar su venero de luz. Si lo anterior es verdadero, podemos catalogar este poema como una confesión fallida a su proceso poético. Esto porque es, seguramente, el poema que mantiene el mayor respeto y admiración por su principio Católico. Aquí no hay esbozos de profanación, antes bien un dejo muy claro de humillación ante la patrona del pueblo, cabizbaja y benévola. Por la acomodación que tiene en la colección de “El son del corazón”, cualquiera se puede ver tentado a unirlo inexorablemente al tiempo de “El sueño de los guantes negros”.

Hay puntos muy claros que pueden apoyar lo anterior; lo único que personalmente no hilo como sucesivo tal, es la estructura monolítica de las dos últimas estrofas contenidas en él. En cuanto a esto, será difícil aceptar categóricamente que “El sueño de la inocencia” es de sus últimos años. A decir verdad, la evolución poética de Velarde, no es muy clara del todo; un ejemplo que debo desahogar es “Pureza”, contenido en un álbum autográfico de José Villalobos Franco, y fechado el día 27 de Noviembre de 1906.

En las colecciones de López Velarde este se incluye como parte de sus primeras poesías, pero en lo personal, lo considero una pieza de madurez tal, como para al menos agregarle 15 años de procesamiento. Todo esto será continuación del enigma Velardeano. “El sueño de la inocencia” abre con un tríptico que nos coloca entre la bruma idílica, quizá muy cerca de la capilla del pueblo.

(…), y que Nuestra Señora
me miraba llorar y anegar su Santuario.
(…)

Llama la atención, como en ningún otro, el uso de adjetivos exagerados en la acción de su llanto. Hace algunos años se catalogó este estilo como realismo mágico, y como exponente más representativo de esta tendencia narrativa, a Gabriel García Márquez. Esto por cuestiones meramente distintivas hacia el importante escritor Latinoamericano, aunque dicho por él, el relato mágico le pertenece a la sorpresa humana, siempre exagerada. Como ejemplo, los relatos antiguos del descubrimiento de América, hechos por los frailes jesuitas y franciscanos principalmente. Así Ramón inunda su pueblo:

(…)
Tanto lloré, que al fin mi llanto rodó afuera
e hizo crecer las calles como en un temporal;
(…)

Como mencioné, la segunda y tercera estrofa de este poema, tienen más de siete versos, distinguiéndolas notablemente del inicio corto y súbito de la primera estrofa. Estas dos estrofas terminan con el mismo verso, aunque diferenciando el último por el énfasis dado de los signos de exclamación. El inicio de la tercera estrofa, parece que aparta la experiencia onírica a un estado final; entre sueño y vigilia.

(…)
Casi no he despertado de aquella maravilla
que enlazara mis Últimos óleos con mi Bautismo;
(…)

Un punto muy fuerte para pensar que este poema es de sus últimos años, es el cierre que pretende expresar de su vida entera.

(…)
un día quise ser feliz por el candor,
otro día, buscando mariposas de sangre,
(…)

De aquellas lejanas y celestes utopías, aquellas hinchazones rojas voluptuosas, serán todas falsas cubiertas, al revestirse el cuerpo de polvo; ya que en el corazón no quedará más que la conciencia de que aún guarda su inocencia.

(…), sé que mi corazón,
(…)
guarda aún su inocencia, su venero de luz:
¡el lago de las lágrimas y el río del respeto!

A pesar de esa larga búsqueda, que le haya hecho imaginar cualquier delicia sangrante; Ramón siempre supo que no sería más que aquel mozo de aquel pueblito de Zacatecas: puro, inocente y católico.

Bibliografía:

Ramón López Velarde, compilado por José Luis Martínez. (1994). Obras. México: Fondo de Cultura Económica. Serie de Literatura Moderna, Pensamiento y Acción.

Zozobra

Zozobra - Imagen pública
Zozobra – Imagen pública

por Marcos Solache

Que sea para bien…

Después de haber publicado la segunda edición de “La Sangre Devota”, la vida de López Velarde, se resume en cuatro años de mucha poesía.

Poco más de setenta poemas, más de las dos terceras partes de ellos, de origen completo en este corto tiempo.

Concluida la mitad de este periodo, sea pues el año 1919, publica su último libro en vida: Zozobra.

Este primer poema en cuestión, “Que sea para bien…”, es un recuerdo muy guardado de Fuensanta.

Por su alto tono profano, inclusive puedo suponer temor a publicarlo.

           Ya no puedo dudar… Diste muerte a mi cándida

            niñez, (…)

Lo comprueba el hecho de que la mujer, siempre fue para el poeta, una transposición religiosa.

Y quién sino Fuensanta, la que robó su niñez con olor a sacristía.

Aun el ultraje, y como claramente lo expresa el título, “Que sea para bien…”.

Esta expresión de sumisión ante lo perdido, o robado, demuestra humildad, uno de los valores más importantes que infunde la Iglesia Católica.

Así de nueva cuenta se comprueba que López Velarde, lleva la religiosidad a un plano profano, por colocar a la mujer como su dios cristiano.

Pero que todo sea para bien.

El poema cuenta con siete estrofas de metro irregular, aunque con rima clara.

Anotaré que lo moderno de López Velarde, aunque le pese al espíritu de Octavio Paz, quien por cierto lo consideró como un poeta medianamente grande, se debe a dos cosas:

La primera es que rompe con la convención del metro en muchos de sus poemas, aunque sin poderlo considerar como verso libre, ya que mantiene algunas nociones rígidas.

Por ejemplo, número de versos por estrofa, y en general no abandona el ritmo.

A lo anterior agregar la innovación en puntuación gráfica, al incrustar pausas cadentes en singulares versos.

En esta composición destaca el uso interno de tres puntos seguidos, o un doblete de guiones, realmente atinado.

Sobre esto repetir que tiene cortes abruptísimos en versos, esto para subrayar últimas palabras, o trastornar el ritmo.

Quizá lo segundo es que introduce un lenguaje metafórico con un considerable grado de abstracción personal.

Aunque nunca ha sido considerado un poeta culto, creo que tiene un manejo abundante de vocabulario.

Quizá en muchas veces no preciso, como lo demuestra en varias ocasiones José Emilio Pacheco.

Lo anterior lo convierte en un poeta de tiempo. Pero qué lo hace inmortal.

Ramón López Velarde - Imagen púbica
Ramón López Velarde – Imagen púbica

El sentimiento

Un punto a favor sobre la innovación de Velarde, y revisando un poco su correspondencia, me encuentro con que el último poema de Zozobra, “Humildemente”, por cierto el único de toda su poesía, dedicado a su madre y hermanas, figuras por todo importantísimas en su vida, fue hecho a deseo de los críticos.

Él mismo confiesa a Fernández Ledesma, que este poema es una creación limpia en técnica y brillantez, como para demostrar a los críticos, que él puede hacer que vean, lo que él quiere que vean.

Actitud de más soberbia del poeta, muy al contrario al perfil de valores que nos muestra en sus poemas.

Situación que nos aclara, que la poesía no es la verdad completa de una persona, por muy profunda y auténtica que sea.

Continuando el recorrido simbólico de este poema, me encuentro un par inscripciones altamente profanas.

El poeta no se detuvo en pequeñas comparaciones, sino que en esta ocasión es descarado a lo más.

            (…) Consumaste el prodigio

            (…), sustituir mi agua clara

            con un licor de uvas… (…)

Quién no recuerda el primer milagro del Nazareno, ahora en manos de Fuensanta.

Si bien todo es literario, subrayo todo, por jugar contra el Evangelista Juan, y pensar que él también poetizo al Hijo del Hombre; me parece que en esta ocasión hubo falta de respeto.

No solamente se queda en la Sagradas Escrituras, sino que abunda en la Tradición, y aventura.

            (…). Y mis ojos te ven

            apretar en los dedos – como un haz de centellas-

            éxtasis y placeres. (…)

 

Recordar aquí la imagen de la Virgen Inmaculada, extendiendo las manos, quizá ahí una ligera variación, pero manteniendo el haz de centellas, aunque profanando descaradamente que los que vienen de Fuensanta son de éxtasis y placeres, y sabido es que los que vienen de la Virgen son de caridad, fe y esperanza.

Las siguientes cuatro estrofas, dan un giro mórbido y oscuro, al colocar la imagen pálida de los últimos días de Josefa de los Ríos.

Ahora convertida en mujer volcánica.

            (…)

            Tu palidez volcánica me agrava.

                                    (…) ¿O, quizá,

            te quedaste dormida en la vertiente

            de un volcán, (…)

El final es un deseo por encontrarse en la vertiente de ese rostro cenizo, pero dador fulgurante de goce

Toda la poesía amorosa de Ramón, espera ser concluida en otro mundo, en lo que para él sería el Paraíso.

Como anotación final y quisquillosa, resalto una serie de sustantivos de la cuarta estrofa.

            (…); emoción, ave, sol…

Me llaman bastante la atención, porque es un estilo de enumeración que repite en el poema “La última odalisca” de 1919, mientras que “Que sea para bien…” está fechado en 1916.

Lo comento porque ciertamente, esta serie de palabras, refleja otro tono y madurez del poeta.

Quizá porque retocó este poema en los límites de la publicación de Zozobra.

 

Mendigo

 

Si bien, nunca se podrá alcanzar una idea completa y clara de lo que es una persona, puedo intuir, a través de diversos escritos, cualidades claras de Velarde.

Siempre he pensado que aquellas personas que leen por gusto, buscan un refugio alterno a la realidad, aunque su aportación, si bien importante, es realmente pasiva.

Efectivamente, aquellos que escriben, lo que sea y como sea que lo hagan, son factores activos en la transformación de la sociedad, y no porque sus escritos vayan a cambiar al mundo, sino porque están cambiando, radicalmente, ellos mismos.

Realmente no puedo imaginar un mundo donde todos sean escritores, porque sería un mundo mejor.

Sin más nostalgias, es muy clara la postura radical de Velarde.

Si bien sus poemas, no tienen ni vísperas revolucionarias, es muy claro, sobretodo en sus críticas y algunos otros escritos en prosa, su postura antigubernamental y en general pesimista del país.

Sobretodo después de que Carranza es asesinado, y Obregón se convierte en Presidente de la República; Velarde decide dejar su función auxiliar en Palacio de Gobierno, y así desentenderse completamente de las cuestiones burocráticas en sus últimos años.

Aprovecho para abundar que es injusto que se llame el Poeta de la Revolución Mexicana, cuando son muy claras dos cosas.

No es víctima directa de estragos de la guerra, y su referencia poética a este tiempo patriótico, es realmente muy poca, serán uno o dos los poemas que toquen suavemente el tema.

Algunos dirán que “La Suave Patria” lo vale todo para ser considerado como tal, pero esto lo discutiré en dos entregas más adelante.

Esto sin decir que su poesía fue personal, de sentimientos asfixiados, no de eventos políticos, ni mucho menos dadora de estandarte ideológico.

En “El Mendigo”, abusa, como en casi toda su poesía, del papel egoísta para vaciarse cósmicamente.

Es una pieza brillante por su tono personal, sufrido, y como en pocos, metafórico.

            Soy el mendigo cósmico y mi inopia es la suma

            de todos los voraces ayunos pordioseros;

            (…)

 

Me parece claramente que estamos frente a una confesión ante el Universo.

Muy pesimista, pero como cualquier pesimismo humano, rociado tenuemente de esperanza.

Recrea imágenes ya comentadas; como la espuma, eterna inexistente, o las cintilaciones de los luceros, explicativas de la intermitencia permanente, sea terrena o idílica.

Con cuatro estrofas largas, en esta ocasión no demuestra afinación estilística, más bien un vómito subyugado a su papel de mendigo en el amplio Cosmos, alargando la estancia en la gravedad universal carente de propósito.

Para embadurnarnos de esta pútrida sensación, abandona todo el poema en un escenario desértico: La Tebaida.

No pierde la similitud testamentaria, y esta vez hace uso de la tradición judía, y se coloca en la misma situación que el gran profeta Elías, sólo que a diferencia de este, Velarde es albureado por los cuervos que manda el Señor para alimentar al llevado en un torrente de fuego.

Interesante que agregue la flor y la mujer al alimento; y las defina como las cargas preciosas que su apetito no deja de saborear.

A todo este escenario, solamente una prueba ínfima, con el único propósito de seguir deseando.

            (…)

            y encima de mi sacro apetito no baja

            sino un pétalo, un rizo prófugo, una migaja.

            (…)

Aunque heteróclito, suave prueba de todo lo que desea el poeta.

Llama la atención que la mención final y nostálgica de la fuente, tonifica la despedida en el cadalso, digo yo, más deísta que de otra corriente religiosa.

Con esto volvemos a encontrarnos frente a un Velarde, como ya se había notado, fuertemente encaminado a deshacerse por cualquier medio de su raíz cristiana.

Para rematar “El Mendigo”, recibimos un fuerte y triste augurio en los tres últimos versos.

            (…)

            y la pródiga vida se derrama en falso

            festín y en el suplicio de mi hambre creciente,

            como una cornucopia se vuelca en un cadalso.

 Resumen poético de la filosofía Velardesca*, sobre el devenir de la existencia humana, cargada de bendiciones, como una cornucopia, aunque expuestas en un falso festín, con un hambre vacía y creciente.

Para que toda ilusión y hambre, terminen en la nulidad de la muerte.

*Algunos autores llaman a la corriente de Velarde, Velardesca, y otros Velardeana. A criterio del lector el gusto por nombrar de alguna especial manera.

Zozobra - Imagen pública
Zozobra – Imagen pública

Ánima adoratriz

Esteban Marcel, fue uno de los seudónimos que Velarde utilizó como firma en algunas notas políticas, consideradas por él de alto grado perturbador.

Sea dicho que el seudónimo es explícitamente afrancesado, y como recurso, cobardón claro.

López Velarde no fue perseguido político, ni sus notas levantaron una revolución.

Si acaso breves ofensas, o acidez consumada en el vericueto natural político periodístico de la época.

Todo quedó en una exageración, y por supuesto, en otra pista de la introspección del Zacatecano.

Razones y costumbres hay para suponer que la labor literaria va acompañada de timidez.

En el caso más leal porque se origina en la soledad e inconformidad a la realidad.

Esto en ocasiones, forma hombres o mujeres que prefieren esconder su realidad, porque encuentran en la realidad literaria un nombramiento distinto.

En ocasiones el seudónimo absorbe su vida entera, y el nombramiento literario desplaza el nombramiento civil.

Ejemplos hay muchos, y en lo personal los creo necesarios cuando vienen del lado místico; aunque a decir verdad, muchos son solamente por moda o admiración, siendo así, ridículos nada más.

En “Ánima adoratriz”, encontramos a un Velarde ensimismado, con un alto grado etéreo, personal, y a lo dicho, místico realmente.

Este poema tiene la firma de Ramón López Velarde, pero aquí aceptaría la de Esteban Marcel o Ricardo Wencer Olivares, porque realmente hay un desplazamiento claro de su poesía acostumbrada.

Once estrofas bien fincadas en rima y metro.

Cumpliendo todo y deseando ser para cualquiera, el poema total.

Lo logra o no, es relativo.

Quizá solamente anotar que la cuarta estrofa tiene una serie de enumeraciones locativas, más bien zafadas de la atmosfera total del poema.

Resaltar los tres importantes dísticos, aplicados como salidas de pausa, si bien no desfasadas, muy bien empleadas, sobretodo la primera y la tercera, ya que la segunda en realidad es un empalme encadenado a la primera.

Dos anotaciones sobre esta estructura:

La primera es que en el tercer dístico, utiliza el galicismo droláticas, ni siquiera registrado en el Diccionario de la Real Academia Española.

Aunque bien de amplio uso poético; en caso de Velare, reafirma su influencia francesa.

La segunda es que en Zozobra hay un poema dedicado a esta estructura, “Fábula Dística”, y subrayar que en “La Suave Patria” es bien acompasado, pero sobretodo no abusado en empleo.

Sin duda llamó profundamente la atención en el poeta, por su característica de inserción, y en mi punto de vista, compás alternativo.

Ahí otra pista moderna.

“Ánima adoratriz” es el camino a la huesa.

La última confesión.

Corriendo a ella, desangrado, esperando la crucifixión sobre un charco de sangre que no lavará.

Sin mirar atrás llegará a la casa de niño, dejando un camino rubí, pesimista de lo que ha hecho.

Fatalidad total.

Un poema realmente triste, y realmente genial.

            (…)

            Mi única virtud es sentirme desollado

            en el templo de la calle, en la alcoba y el prado.

            (…)

 

Aunque hay una ligera insinuación a la mujer en la primer estrofa, este poema se olvida en su mayor instante del fantasma castigador de su vida.

Es el momento del llamado a la otra vida, y quiere hacerlo por medio de su más grande pasión: la poesía.

            (…), mi corazón se inmola

            para hacer un empréstito sin usuras aciagas

            (…)

Fue costumbre de Ramón, acompañar sus poemas de preguntas, y este no es excepción.

Su poesía nació como una cuestión sobre el porqué le sería imposible alcanzar el amor, el reconocimiento.

Sobre por qué él, el destinado a ser abogado, político, o cualquier puesto de noble estirpe, tiene que ser un desgraciado poeta.

            (…)

            ¿Qué brújula se imanta de mi sino?

            (…)

            ¿Qué lecho esquimal pide tibieza en su tramonto?

            (…)

Aun aturdido de dudas, el poeta está listo y pronto para la hora de partir, que dicho sea de paso, será en dos prontos años.El presagio de la granada desgranada por la ánima adoratriz, se convertirá en triste realidad.

Aunque nunca considerado un amante voraz y palaciego de la vida, sí consiente de que ella es grandiosa.

El poeta se deja caer, y con él su legado.

Un legado en la mayor parte de veces hecho para agradar y alcanzar lo que el trabajo natural no le dio.

Pero otras, como en este y algunos más, con vivos destellos personales, sufrientes, y por eso: máximos.

            (…), se derrumbe en la huesa

            el burlesco legado de una estéril pavesa.

Ramón López Velarde - Imagen púbica
Ramón López Velarde – Imagen púbica

La última odalisca

Hasta ahora no he mencionado la influencia de arabismos en la poesía de Velarde.

Si bien, es por más decir que de manera antonomástica, el castellano está súbitamente influenciado por esta cultura, no solamente en vocabulario.

Recordar que Don Quijote instruye a Sancho en el uso de arabismos, con atención en las palabras que inician con la letra zeta.

Sin ahondar en lo replegada que está la obra magna de Cervantes con la cultura árabe, bástese recordar que el escriba de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, es el musulmán Cide Hamete Benengeli.

Así decir que si Velarde escogió el francés por gusto, el árabe está bien mezclado con el idioma castellano.

Y como dije, no solamente de palabras, sino con la cultura entera.

El título se debe entonces, a la tradición de la odalisca, concubina al servicio del harén del Califa.

Si bien el uso de esta palabra no expresa la sustancia del poema, vale la pena rescatarla, por la influencia mencionada, y por el ligero rubor erótico que imprime en esta composición.

Uno de los motivos por el que elegí este poema, es porque va encadenado con “Ánima adoratriz” en el sentimiento de partida.

Son los dos poemas de Zozobra que encuadran el encuentro del poeta con la muerte.

Mencionar que debido a que ambos son del año 1919, es posible que hayan sido concebidos en tiempos creativos muy cercanos.

Sobra decir que la confianza en Velarde a estas alturas es ciega, ya que aunque es uno de los poemas más largos de la colección, está muy bien logrado en rima y metro.

Quizá solamente debo subrayar que técnicas antes experimentadas, ahora son consolidadas y acostumbradas.

Como destacados; alargar el número de versos en la última estrofa, los tres puntos inmersos en versos cortos, la enumeración sustantiva que por posición convierte en adjetivación contextualizada.

Agrego un comentario a la última característica, porque en lo personal me parece el máximo alcance moderno de la poesía de Velarde.

 Un poema dela siguiente colección, “El son del corazón”,específicamente, “Anna Pavlowa”, tiene en la primera estrofa una caída vertical increíble, como si aquellas tres primeras palabras que son los tres primeros versos, fueran los tres primeros dedos de una pierna de la bailarina.

Así se entiende que la evolución de un poeta, cuando es auténtica, y mucho más cuando es innovadora, es muy lenta, y en muchas ocasiones temerosa al grado de nunca poderse concretar.

Si Velarde hubiera vivido treinta años más, estoy seguro que hubiera aportado más a la poesía mexicana, que toda la que se hizo en el segundo cuarto del siglo XX.

Continuando ahora con las imágenes de este poema, debo recalcar que cualquiera que desee abordar el tema de la muerte, debe de empezar por el de la vida.

En este caso Velarde quiso contrastarlos con el placer y la enfermedad, el harén y el hospital.

            (…)

            soy un harén y un hospital

            colgados juntos de un ensueño.

            (…)

Aunque cansado del peso de los cuerpos universales que se han unido con su vida, y consciente de la suspensión de la cuerda de éter, hilo escuálido de seda, a la que está unida la existencia.

 Goza…

Pero a sabiendas que cada año en su cabeza se pintan más canas.

 Padece…

Por lo tanto, el poema está lleno de contrapuestos:

            (…)

            Voluptuosa Melancolía:

            (…)

            el Placer su caligrafía

            y la Muerte su garabato,

Y así, después de que la Lujuria tocó a rebato, las paisanas, esbozadas como las odaliscas, corren tras los cabellos de Absalón,

            (…)

            un día, al entreabrir los ojos,

            antes que muera estaré muerto!

            (…)

Sin palabras, sin salmo que recitar, el poeta esperará a la ánima adoratriz, para llevárselo al Paraíso.

Sabiendo que ante la poderosa muerte, no hay victorias opulentas que hagan eficaz la partida.

Todo queda superfluo y estorboso.

Sin sentido.

Una vida más, arruinada por la incongruente existencia.

Pero antes de partir, el poeta tiene la súplica de perder toda suspicacia y agudeza que caracterizan a cualquier buen creador.

Porque perder la razón en la caída, es mejor que verse caer.

            (…)

            hazme humilde como un pelele

            a cuya mecánica duele

            ser solamente un hospital!

 

 

 

Bibliografía:

 

Ramón López Velarde, compilado por José Luis Martínez. (1994). Obras. México: Fondo de Cultura Económica. Serie de Literatura Moderna, Pensamiento y Acción.