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Che Guevara es una figura vigente y cíclica: entrevista a José Hernández

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Por Carlos Morales Galicia

  1. Se te conoce más por tu trabajo como caricaturista, ¿cómo surge esta novela gráfica?

Desde el comienzo,  Jon Lee Anderson y yo pensamos la historia del personaje desde el punto de vista dramático, más que histórico. Él estaba preocupado porque existiera fidelidad con su investigación, pero entendía que al novelizar debía tener ciertas licencias: inventar diálogos y soluciones narrativas que no son propias de un texto histórico. Afortunadamente, me dio mucha libertad para trabajar. Este es el segundo libro que se publica. Primero fue el libro dos: la historia del Che en Cuba desde que llega a la isla hasta que se va al Congo. Ahora es el libro uno. Cuando Ernesto Guevara, muy joven, sale de Argentina y viaja por Sudamérica. Llega a Guatemala y vive la experiencia con un gobierno que se enfrenta a los Estados Unidos; después sucede el golpe de Estado, se va a México y conoce a Fidel. Entonces fui trabajando esto. Enviaba las páginas a Jon y me hacía una serie de sugerencias y observaciones que yo incorporaba o, bien, lo discutíamos para llegar a un punto de acuerdo.

  1. ¿Cómo es para José Hernández la relación entre texto e imagen?

La primera vez que me enfrenté a hacer una historieta de largo aliento fue en el 2003, con un libro sobre la historia del terremoto del 85, que hice con Fabrizio Mejía. Me costaba trabajo porque estaba mal acostumbrado a la caricatura. Un tipo de dibujo totalmente distinto. Soluciones distintas. La caricatura es un golpe de vista, tiene que ser  muy sintético. Como lector de cómic nunca me ha gustado que me describan lo que estoy viendo ni ver lo que me están describiendo. Eso es lo que tenía claro cuando comenzaba a trabajar la novela gráfica. Esa fue la premisa para decidir qué contar con letras y qué contar  con imágenes. Al ser un género gráfico, le di prioridad a la imagen para que fuera contando cosas. Aprovechando que estudié en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, aunque nunca hice cine propiamente, usé las herramientas que aprendí en la escuela (guión, fotografía, realización) para ir armando historias de la manera más visual posible, pero usando los textos.

  1. Tomando en cuenta que has dedicado gran parte de tu obra al ámbito político, ¿por qué es necesario no olvidar a Ernesto Guevara?

El Che Guevara es una figura vigente y cíclica, en ciertas coyunturas se vuelve a revisar. Se hacen documentales y películas. Pienso en Diarios de motocicleta o las dos cintas con Benicio del Toro. A raíz de su muerte, se convirtió en el símbolo de la rebeldía a nivel mundial. Fue un personaje que participó en una revolución triunfante, en las barbas de los Estados Unidos. Formó parte de un gobierno revolucionario. Teniendo la vida resuelta, decidió renunciar a todo para seguir peleando por las cosas que creía. Una figura consciente de la misión revolucionaria, desde su punto de vista. Esto crea un personaje con los elementos suficientes para convertirse en un símbolo de la rebeldía. Curiosamente se ha tratado, y se ha logrado a veces, darle la vuelta y comercializarlo. Su idealismo, llevado al extremo de morir por él. Su congruencia absoluta, pues era incapaz de exigir a sus hombres algo que no fuera a hacer. Es un personaje difícil de encontrar en estos tiempos, sobre todo con gente de poder. Lo vimos con Fidel Castro al no renunciar a sus privilegios. Se sienten a gusto en el poder y llegan a olvidar por lo que pelearon. En cambio, Che Guevara siempre se sintió a disgusto en el poder. Siguió combatiendo por lo que pensaba, estuviera equivocado o no. Hay muchas cosas que le admiro y otras que no comparto.

  1. Con frecuencia escuchamos que a Che Guevara “hay que superarlo”. ¿Hay un tipo de lector que te gustaría se acercara al libro y al personaje?

No quiero pensar en un perfil específico. Me gustaría que lo leyeran personas de cualquier edad. Ya sea que estén interesados en conocer una parte del siglo XX o, bien, una historia. Si alguien se acerca al libro pensando que va a tener una clase historiográfica, puede decepcionarse. Aquí hay una historia personal de un joven argentino con un deseo de encontrar una razón para dedicar su vida y que no la encuentra. Cómo poco a poco la va descubriendo. Un destino incluso fatal. Es la historia de un personaje que pudo ser cierta o tal vez no. No es un libro de Historia o periodismo. Hay un prejuicio hacia la novela gráfica porque “sólo es para jóvenes”. Creo que es una puerta de entrada para que los lectores conozcan al personaje y quizás, después vayan al libro de Jon Lee Anderson y lo lean. Se dice “hay que superarlo”, pero conocer una historia y personajes como este nunca es algo que se deba superar. Sobre todo en estos momentos donde hay una promoción del individualismo, donde el capitalismo salvaje campea en todo el mundo. En Estados Unidos tenemos a un personaje que representa todo lo contrario al Che. Revisar la historia de un personaje con el idealismo que tenía es importante. Me parece deseable que, tanto idealismo como congruencia, pudiéramos verlos con personajes públicos. Al único que encuentro cercano a la congruencia y la austeridad -que sí tenía el Che– es al ex presidente de Uruguay, José Mujica. Realmente no veo personajes de poder, en todo el mundo, que se le acerquen.

  1. ¿Hay una intención de mostrar un lado que no se conocía de Che Guevara, con todo lo que se ha escrito en torno a él?

Es difícil lograr presentar un Che que no se hubiera conocido antes. El libro de Jon Lee Anderson es el más documentado. Es tan importante que gracias a su investigación se logró encontrar el cuerpo de Guevara en Bolivia. Mi intención fue encontrar el lado literario de la vida de este personaje, no su importancia histórica. Es decir: buscar en las motivaciones más personales. Creo que las razones por las que el Che pasa a la Historia -por como se ve a cincuenta años de su muerte- son independientes a él y de lo que quería.

Cuando Jon escribió el libro, en el noventa y siete, dijo que quería entender por qué un joven de la burguesía argentina, teniendo todo resuelto, decide dejarlo y buscar una razón de vida. Yo también quise irme en esa búsqueda. No sólo aquel joven médico argentino, sino por qué un funcionario que participó en una revolución triunfante, decide renunciar a esposa, hijos, cargos en el gobierno y hasta la nacionalidad cubana adquirida, para seguir peleando por lo que quería. Esto es lo que más llamó mi atención. Si en algún momento rescato algo que se conoce poco, entonces es un logro afortunado. En el libro uno viene la parte de México que nos puede interesar. Saber qué pasó con él cuando estuvo en este país. Creo que es algo que se ha contado poco. No hay una película del Che en México. Es la primera novela que versa sobre esta parte. Revisé novelas gráficas sobre él y generalmente lo platican en dos páginas. Lo considero importante porque aquí fue cuando se decepciona del gobierno guatemalteco, pues esperaba que diera armas al pueblo para enfrentar a los Estados Unidos. Se decepciona tanto de Jacobo Árbenz que cuando llega a México y conoce a Fidel, se da cuenta que no son iguales. Por eso decide irse con él. Es un punto de inflexión para su aventura cubana.

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Este coto sagrado de la ficción: Entrevista a Cristina Rivera Garza

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

por José Luis Dávila y Andrea Garza

El pasado viernes 8 de noviembre, en el marco del IV Coloquio de Literatura Hispanoamericana Contemporánea, el cual fue dedicado a la obra de Cristina Rivera Garza, tuvimos la oportunidad de platicar brevemente con la homenajeada; aquí les presentamos la entrevista completa.

Andrea Garza: Dentro de tus novelas se ven insertados diferentes géneros, como el ensayo literario o el histórico; en este sentido, ¿qué dificultad te representa esto en cuanto a mantener la línea de la ficción en la obra?

Cristina Rivera Garza: Yo no sé si quiero mantener la línea de la ficción en la novela, creo que muchas de las conversaciones más importantes de las escrituras contemporáneas tienen que ver precisamente con el cuestionamiento acerca de qué es el género y para qué sirven los géneros. A mí me parece que usualmente las búsquedas, que son lo suficientemente complejas y profundas como para generar libros, son búsquedas que no pueden limitarse, y que no se limitan por naturaleza, a ciertos géneros; si se es realmente fiel al proceso de la exploración personal, ese tipo de búsqueda, por necesidad, toca distintas estrategias de construcción y no todas esas estrategias están atadas a géneros específicos. Entonces, digamos que por una parte es una cuestión de la pregunta inicial, de la búsqueda inicial, que es asunto de todo creador y, por otra parte, sí creo que el momento que vivimos, en términos de desarrollo tecnológico, entre muchas otras cosas, ha dinamitado los fundamentos mismos sobre los cuales se erigían estos grandes monumentos de apariencia natural que son los géneros. Finalmente no son naturales, hay un proceso de jerarquización y de prestigio literario, que es a lo que sirven, no necesariamente a un proceso de creación y de búsqueda personal. Entonces sí, tienes razón, yo no solo de libro en libro, sino que he estado haciendo cosas dentro de cada libro: en el centro de La muerte me da hay un ensayo que puede ser denominado como académico, tiene sus pies de página, tiene todo, y antes del final hay un libro de poemas también incluido ahí.

Pero estas no son cuestiones que a mí se me hayan ocurrido como gestos interesantes, era parte de la búsqueda del proceso de la novela, en la novela hay un diálogo con Alejandra Pizarnik, en cuyos diarios la relación entre la prosa y la poesía es central, es fundamental. Hay un proceso de encarnación en la novela misma, de lo que es la búsqueda y la pregunta que me estoy haciendo; si eso es ficción o no, al final a mí me tiene sin cuidado.

Es más, hace poco escribí un ensayo sobre este autor noruego, Knausgård, que decía que le parecía que en un mundo en donde todo es ficción, la ficción juega un papel absolutamente irrelevante, y que en los únicos géneros en los que creía era en la autobiografía y el ensayo. Yo de repente estoy tentada a decir lo mismo, tal vez no con las mismas palabras. Pero creo que este coto sagrado de la ficción es algo que estamos cuestionando cada vez más, por eso vemos más novelas del yo, por eso cada vez vemos más trabajos testimoniales de los que se decía antes “basado en un hecho real”, cosas por el estilo.

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

José Luis Dávila: En esta delimitación del género/no género, si realmente puede llegar o no a tener una ficción, por ejemplo, se me ocurre aparte de tus novelas, Canción de tumba de Julián Herbert o tratar de ver en el personaje del “Zurdo” Mendieta, de Élmer Mendoza, algo así.

CRG: O en la novela de Lina Meruane que ganó el Sor Juana el año pasado, también, Sangre en el ojo.

JLD: Sí, entonces, qué opinas de este ejercicio en el que de alguna manera es la literatura del norte la que se está abriendo esta conciencia histórica o hermenéutica en las novelas, y que se esté entonces tomando a la literatura del norte como un género y una parte de la ficción de México.

CRG: Bueno, primero contesto la primera parte, que me parece que en términos del regreso del yo, y de las literaturas del yo, en un inicio estuvieron –ustedes no se acuerdan están demasiado jóvenes para acordarse de esto– la poesía confesional y la novela testimonial eran sobre todo territorio de mujeres, en los sesentas, y por eso, porque era territorio de mujeres, se le consideraba que no era literaria y que luego entonces no era relevante, pero de aquellas épocas eran los testimonios de Rigoberta Menchú, los de Domitila Barrios de Chungara, un poco antes los de Anne Sexton, todas estas poetas confesionales y demás, a quienes el establishment de la época criticaba por su falta de calidad literaria porque tenían otra relación con la experiencia personal. A mí me parece muy interesante que cuando los escritores varones finalmente descubren que hay un cuerpo, que hay un yo, entonces ahora eso sí tiene un valor literario, es así como que come on!

Y ciertamente, lo que se está haciendo con el yo sí es distinto, ya no es un yo identatario, es un yo que está mucho más fluido y en yuxtaposición con contextos más amplios, etcétera, se entiende todo eso. En términos de las conversaciones literarias contemporáneas hay dos vertientes: por una parte, este trabajo autobiográfico con la literatura del yo, y por otra parte, los trabajos que son de no ficción como la crónica, que usualmente el territorio latinoamericano tiene que ver con ella, que están tomando una relevancia que no me sorprende, y que creo que corresponde a nuestro momento actual.

Sobre la literatura del norte, no creo que sea un género, cuando hablamos de género hablamos de cosas mucho más complejas, los autores que mencionaste, que son autores a quienes quiero y he leído mucho también, son amigos personales y demás, corresponden a un periodo de producción literaria mexicana en que finalmente se distribuyeron los focos de producción cultural, hubo condiciones económicas y de inversión que permitieron que lugares como Tijuana o Monterrey se transformaran en áreas de producción independiente e interesante. Hay una crítica a la centralización económica y sobre todo a la centralización cultural, y esa es una de las resultantes. Que finalmente se convirtieron en libros exportables como parte de una identidad más amplia, a mí me parece que es parte de una incorporación de otros sectores y otras experiencias a un corpus literario que había sido centralista, muy elitista, muy snob, muy clasista. Lo que vienen a hacer estos escritores del norte es criticar este canon clasista, elitista, muy misógino, aunque la del norte tampoco se distingue por su paridad de género.

JLD: Al respecto, en una conferencia me tocó escuchar a Élmer decir que la “literatura del norte” la hicieron los del centro al decir que eran del norte los demás, pero que él solamente era un escritor.

CRG: Sí, claro, y me parece fundamental ir ampliando un diálogo como este, que había estado con participaciones muy acotadas.

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

AG: ¿Tú crees que los escritores deben adoptar una postura crítica ante la realidad que vive el país?

CRG: Pues a mí me parece que escribir es una postura crítica, yo no concibo de ninguna otra manera el ejercicio de la escritura si no es para compartir un pensamiento crítico y para invitar a prácticas críticas, o esto sería aburridísimo. Si escribir es para confirmar el estado de las cosas, entonces es una postura no crítica pero que se está tomando partido, es lo que quiero decir. Pero si lo que me estás preguntando es si un escritor se debe pronunciar por tal o cual partido, y demás…

AG: Sí, me refiero a cómo evitar que las obras se vean opacadas por tomar cierta postura.

CRG: Las obras se ven opacadas o tomadas por miles de otras cosas, uno publica un libro y los libros son apropiados de maneras, con suerte, que uno ni ha imaginado, para empezar. Y por otra parte, los que no se ven “opacados”, es decir, cuyas posturas políticas no afectan su trabajo literario, son los que están a favor del establishment, porque pareciera ser que no tienen una postura política cuando sí tienen una postura política. Pero se debe a esta ideología de “el arte por el arte”, como si el arte o la escritura fuera, alguna vez, neutra. No sé, en mi manera de ver el arte y practicarlo, me parece inconcebible pensar en una obra cuya génesis no sea en sí misma una toma de partido, es decir, cuando uno está pensando en decidir entre un personaje masculino o femenino, decidir entre personajes poderosos o personajes cuyas voces no hemos escuchado comúnmente en nuestra sociedad, todas esas son decisiones políticas, son estéticas por supuesto, pero son decisiones fundamentalmente políticas.

JLD: En relación a esto, hace unas semanas hicimos una entrevista a Edgardo Aragón, quien está exponiendo en el Museo Amparo, y él nos decía que sentía envidia de los escritores porque siempre están considerados como quienes hacen una crítica social a través de su obra, por lo que consideraba que el arte plástico estaba siendo relegado y que necesita tomar partido en ello. Entonces, ¿qué opinas de las otras artes en relación a la escritura? ¿Cómo se podría crear un proyecto más grande?

CRG: No sé, será que uno vive la experiencia desde este lado, y me parece que hubo un momento en la producción literaria, por allá de mediados del siglo XX, donde la persona pública de los escritores latinoamericanos estaba ligada a la opinión pública, y me parece que los años de liberalismo que hemos vivido han ido despegando esa conjunción, a veces para bien, es decir, tampoco creo que uno tenga como profesión opinar de todo, uno no es un opinólogo profesional, ni nada; el tipo de crítica a la que me refiero es más de raíz, tiene que ver con la imaginación.

En relación a la literatura con las otras áreas, creo que es un poco lo que pasa con lo de los géneros, finalmente el tipo de proyectos y de preguntas que nos estamos haciendo, o sobre las cuales estamos conversando, invitan y convocan por lo regular a otro tipo de disciplinas. A mí me interesan ese tipo de trabajos, esas convergencias, son productos de nuestro tiempo, aunque claro que se ha producido esto desde mucho antes, tampoco es algo novedoso.

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Carlos Morales Galicia
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Carlos Morales Galicia

AG: Hablando de las nuevas tecnologías, ¿cómo se han insertado éstas en tu obra? ¿Han tenido alguna influencia?

CRG: Como lo decía durante la charla de ayer, me interesa mucho; cuando empezó el blog, tuve un blog, tengo Twitter, no me gusta el Facebook, etcétera, etcétera. Pero nunca, ni me he propuesto ni he querido hacer una novela con tuits. Yo creo que hay una influencia menos visible, pero que va más al corazón, de lo que implica trabajar con cinco o seis ventanas abiertas en la computadora, con una conciencia muy aguda de que esto es un proceso dinámico e interactivo, con lectores que son también escritores en el momento mismo. Creo que va más bien por ahí el asunto, más que a la utilización directa de ciertos elementos de estas plataformas. Pero creo que sí, han cambiado muchísimo no solo en lo que hago, sino en cómo pienso acerca de mi oficio y qué es lo que pienso de la escritura hoy. Y todo eso lo pueden ver en Los muertos indóciles, ensayos sobre necroescritura y desapropiación.

JLD: Habría que hacer una última pregunta. Nosotros venimos de una revista electrónica, nos gustaría saber ¿qué opinas de esta explosión de los medios virtuales para llegar a más personas, y cómo se está generando ahora la escritura? Por ejemplo, ahora hay más e-books de autores jóvenes, en vez de que las editoriales se preocupen por que se publiquen en papel.

CRG: Yo creo que estamos viviendo momentos interesantes; hay un proceso de democratización que me interesa mucho y que veo con mucho ánimo; creo que hay ahí una energía que ojalá no termine siendo cortada, porque finalmente alguien es dueño de todos estos medios, hay capital de por medio; y el trabajo intelectual y material está continuamente siendo reciclado y reutilizado, entonces es algo que requerimos pensar con mucho cuidado.