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La ruta en la geografía propia: entrevista a Mauricio Riveros

Mauricio Riveros
Mauricio Riveros

Con motivo de su nuevo poemario, Geografía en Llamas (Eme Erre Música/Lodelavoz Ediciones), en Cinco Centros tuvimos la oportunidad de entrevistar al cantautor chileno Mauricio Riveros, quien cuenta con una larga trayectoria, siendo que también ha publicado los poemarios Canciones en Defensa Propia (2010) y Desde Arriba Nadie Te Ve (2014), este último también se estrenó en formato de cortometraje, en que las líneas de Riveros fueron leídas por poetas de Italia, España y México.

Aquí tenemos lo que nos dijo:

Cinco Centros: ¿Por qué Geografía en llamas?, ¿Qué encontraremos cuando nos adentremos en ese título?

Mauricio Riveros: Geografía en Llamas hace referencia a mi propio mapa de emociones, dibujado por pasiones marcadas en la piel. Lo escribí durante los últimos dos años en los que viajé por muchos pueblos y ciudades mexicanas, mirando con ojos de forastero, y haciendo parte de mí todo lo que viví en esa temporada; por eso la geografía. También hay un capítulo dedicado a una pasión fuerte, de esas del enamoramiento, con todo lo que provoca y lo que inspira un cuerpo ardiendo, ahí es cuando hablaron las llamas.

CC: ¿Qué te ha hecho generar la transición de la música a la poesía?

MR: Para mi han ido de la mano desde siempre, desde que comencé a escribir canciones en la adolescencia. Luego pasé diez años cantando y escribiendo con, Truman, mi ex grupo, en que las letras fueron bien clave y marcaron nuestra carrera. Después de eso, y al convertirme en solista, publicar un primer libro fue un paso casi lógico, porque ya había puesto los pies en el terreno. Llevo seis años así, y tres libros publicados.

CC: Como cantautor y poeta, ¿consideras que hay una sobre-explotación de temas clichés en las letras actuales? ¿Cómo haces tú para evitar caer en ello?

MR: Pienso que es difícil encontrar buenos textos en la música en castellano que suena hoy en la radio. He oído algunas cosas livianas e incoherentes con mucha tribuna, entonces prefiero no estar atento a lo que está en boga. Tenemos una lengua tan exquisita y no sacarle provecho es un desperdicio. Sé que hay clichés en la cotidianeidad, en hacer letras de cosas simples, o en el amor a través del desamor. Por mi parte no es que evite caer en ellos, sólo es que no pienso en quien va a leerme cuando estoy escribiendo ni poesía o ni la letra de una canción. Creo que esa falta de propósito en el momento de la creación me da más libertad, porque no apunto en la misma dirección que un artista pop. Mi ruta está trazada por líneas más profundas, y afortunadamente se me relaciona con una escena iberoamericana que es mas de culto que popular.

Mauricio Riveros
Mauricio Riveros

CC: ¿Quiénes influencian en tu obra tanto literaria como musical?

MR: Soy de la generación que hoy está en sus treinta, la que creció entre libros, porque no teníamos esta tecnología de dos clicks, entonces las influencias nos calaban más hondo entonces. No leíamos ni mirábamos nada a la ligera, todo nos marcaba a fuego, porque entendimos que al tomar un libro viajábamos con la mente. Me he construido con influencias de mucho en la música y en las letras, y sigo llevando a mi biblioteca libros de poesía, Ciencia Ficción, y me encantan las biografías bien documentadas. Por todo eso, y por los años, fui dando con mi propia voz de escritor. Se me ha anunciado en varios encuentros literarios como alguien que viene de una tierra de poetas, pero yo creo que la poesía no es exclusiva de ninguna latitud.

CC: ¿Qué sigue para ti después del libro y el nuevo disco?

MR: Ahora me toca salir a mostrar estos dos trabajos, y por la proximidad con que fueron publicados, creo que tendrá que ser un show de manera conjunta, aunque ya me ha tocado presentar libros y discos de forma simultánea en el pasado. También estoy trabajando en otro proyecto, que es un volumen de cuentos, que me tiene bien entusiasmado, pues acabo de terminar una trilogía de poemarios y esto abre la puerta a otra manera de entregar un trabajo, algo que mezcle ficción y realidad, pero eso aún deberá esperar un poco más. De todos, lo más próximo es hacer lecturas de Geografía en Llamas y a tocar las canciones de “Los Tiempos de Ahora”, estoy muy ansioso de salir a hacerlo. Primero toca en México, después en Santiago de Chile, y ojalá también varias veces cerca del mar.

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Sobre Luis Cardoza y Aragón

Luis Cardoza y Aragón
Luis Cardoza y Aragón

Por Marcos Solache

En 1936, tres años antes de la publicación de Muerte sin fin; el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, dio a la luz el poema Soledad de la fisiología.

Es difícil saber si Gorostiza leyó este poema antes de escribir el propio, lo que es cierto es que existe una clara conexión entre ambos.

Cardoza y Aragón siempre estuvo relacionado con México; vivió aquí varios años, tuvo cargos diplomáticos correspondientes de su nación hacia la nuestra, y en general estuvo muy cerca del medio literario poético de la época.

Aunque era de la edad de Gorostiza, Cardoza representó más bien un puente de acercamiento entre los jóvenes y los consagrados; quizá porque nunca gozó de una fama abrumadora, aunque tampoco pasó desapercibido.

Antes de comenzar el breve comentario sobre este poema, paralelo en algunos aspectos a Muerte sin fin, debo incluir una frase que define la visión de Cardoza y Aragón sobre la poesía:

“La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre”.

Frase contundente, entre lo alentador y lo pesimista, no absoluta, sesgada al gusto; pero tampoco negable lo asertiva en el aspecto de que cualquier arte puede llegar a imprimir un toque concreto en la eternidad.

Ahora bien, en términos generales, “Soledad de la fisiología” es un poema hecho, meditado, bien estructurado, en partes demasiado cargado, en otras figurativo, en muy pocas falto de precisión, como en algunas más enmendado, extraño; por supuesto hay versos sobresalientes, y un final alentador.

La idea de concepción es buena, y diría que está bien congregado en ella; aunque creo que el punto que le sobra de lenguaje poético, le falta en condensación, precisamente sobre el tema principal: la soledad. El comentario que haré se divide en las cinco partes mayúsculas del poema: Yo he visto, sí, yo he visto

Esta primera parte, que va de la primera estrofa a la quinta, es una inspección exterior e interior, organoléptica mayor y menor de cómo reaccionan nuestro organismo y sentidos, al encuentro con la soledad.

            (…)

            y todo gime o canta, mas con tristeza siempre

            (…)

La inmortalidad de la tristeza, aquella que se mira en las rocas, los inviernos, los acasos y los nuncas; esa tristeza que siempre es silenciosa, es la misma con la que el poeta mira sus pies y humildes huesos.

Un detalle que resalta desde estas primeras estrofas, es el encuentro con la mujer; sobresaliendo en esta ocasión, su primera mención.

            (…)

            sobre tu piedra cierta de eternos sacrificios,

            (…)

No es nuevo el acotar al sexo femenino como espacio de sacrificios, lo que tiene de sangre y placer, la colocan prontamente como lugar de rito para cualquier hombre. Quizá lo que tiene de sobresaliente es que los versos posteriores, inmediatamente congelan el calor ganado.

 

            (…)

            buscando nieves que besar, cristales,

            (…)

Muestro este verso, no solamente por la contraposición mencionada, sino por el sumo parecido que alcanza con uno de los últimos en este poema; lo que reitera la hermosa imagen del principio del hombre, buscando a la mujer en los pasos entre la nieve.

En la siguiente estrofa se nos muestra una descripción física, aunque ambigua, de lo que es la soledad.

            (…)

            Esas masas opacas de pústulas y podres,

            nocturnos lodos hondos, turbias materias mudas,

            de máculas y oprobios, (…)

 Esta descripción fermentada de sombra, es la que será referente para el resto de la composición; escenario que claramente se ve cerrado en el penúltimo verso de todo el poema.

La soledad es un fantasma que acaba con todo, a un ritmo de mar contra playa, geométrico y exacto; termina por quemar ojos y bocas, aunque se revistan en trajes de palabras.

            (…)

            Con terquedad hermosa y amplia,

            he sentido en mi cuerpo golpear tu propio cuerpo

            (…)

Esa misma consistencia que tiene la soledad, también la poseen las relaciones amorosas, que finalmente, y como se verá en una estrofa posterior, son las que materializan con mayor voracidad el sentimiento más cruel del abandono.

Luis Cardoza y Aragón
Luis Cardoza y Aragón

Lo que hay de divino en el trigo

La segunda parte comienza con una enumeración muy contrastante, de lo macro a lo microcósmico, de la suavidad de la flor, a la dureza del zafiro.

            (…)

            lo cantan las entrañas con sus voces sin rumbo

            de sordomudos ángeles rebeldes,

            (…)

A diferencia de la primera parte, que podría catalogarse como humana, esta segunda sección tiene un acercamiento entre lo vegetal y mineral, que igualmente corresponde a la oscura sombra que aparece en las entrañas sin voz de luz sepulta y forma olvidada.

La siguiente estrofa, que es la última de esta segunda parte, sirve más bien de nexo y total complemento de escenario, en el que el poeta se dispone a congregar la soledad en una suave y cruel imagen de niña helándose.

            (…)

            que casi es una niña debajo de la nieve

            soportando en la frente, herida y humillada,

            el peso de la vida y la ingrávida muerte.

            (…)

De nuevo aparece la imagen de la fémina y la nieve, aunque esta vez no se presenta como escena fija, sino como auxiliar para describir otro rodeo; el dolor dulce que en realidad sangra, de todo aquello en donde está lo divino.

Minucioso engranaje de lodo que medita

La tercera parte, como se espera en posición de núcleo, es la de mayor extensión y también pretensión, ya que finalmente envuelve el mundo entero, sea menor o mayor, en negrura soledad.

            (…)

            de lágrimas fatales no vertidas,

            de gloria y de inmundicia, (…)

Algo que sobresale, aparte de la contraposición entre la estrella amarga y el gusano rastrero, es que no solamente aquella tristeza va del silencio a la aurora, sino también de la gloria a la rosa mustia; es decir, tarde o temprano, en donde quiera que se esté, sea un estado de felicidad o aliento, ahí llegará la imperdonable soledad.

La estrofa que sigue podría resumirse en aquello que anhelamos, pero que por decenas de circunstancias desconocidas, no logramos.

            (…)

            Matrices infecundas sin lucero,

            (…)

            yerta su pasión que germinó en el trigo,

            (…)

            y sueño bajo la cal de la frente.

            (…)

Antes de esto había matices de oscuridad, pero ahora es explícito que la noche es tan cerrada como la del borborigmo. Esa negra y profunda oscuridad, es la que arrebata la pasión, la fecundidad, y el sueño que se gesta bajo la cal de la frente.

Con las rodillas vencidas, las manos naufragadas, la feroz impaciencia de estar solos porque los ángeles y las estrellas acaban de marcharse; solamente desemboca en una vista opaca en medio de llantos y sollozos.

            (…)

            Muda materia opaca, sin forma ni sollozo,

            (…)

            con memoria de muerte, y de vida y muerte nuevamente,

            (…)

            En mis manos os veo dividiros,

            más allá de los dedos y su tacto,

            (…)

            Aquí aparece una similitud innegable con “Muerte sin fin”.

Aunque la idea de la muerte como estado intermitente entre la vida, no sorprende en ninguno de los dos poemas, sí decir que en Cardoza no es eje como lo es en Gorostiza.

 Que dicho sea un poco más, y de nuevo remarcando el parentesco con la obra del mexicano, sobre esta misma estrofa, pero al final, encontramos lo inasible del mundo al sentido del tacto; eso que parece veda el vaso, aquí también se intenta, auque tampoco se consigue; entonces se mira como lejano, más allá de las uñas y miradas.

Esta tercera parte termina redondeando el frío e imposible escenario que crea la soledad.

            (…)

            final como la noche maciza de los muertos,

            dura noche sin límites de párpados,

            han germinado en mí su soledad de piedra,

            me han cubierto de ciprés enlutado.

            (…)

Antes fue el ruiseñor y el sapo, la pasión sin medida, el fuego y la locura; ahora son inmóviles y estupefactos los paisajes que rodean con solemnidad y cantidad de ojos, la enorme negra soledad.

 A propósito, y aunque sea un poco reiterativo, “Muerte sin fin” también se desenvuelve en el enigma de la noche; pero esto es muy poco para considerarlos parientes.

Luis Cardoza y Aragón
Luis Cardoza y Aragón

En mis brazos tu soledad en fiesta    

En simetría adecuada, esta cuarta sección debió de abordar la perspectiva desde la inmensidad y variedad de la segunda sección; sin embargo se va desencadenando desde la figura humana, con una serie que termina por ser más diversa y variada que las anteriores.

Podría decirse que a partir de ahora, la composición toma una perspectiva caleidoscópica, mucho menos rígida de cómo se lee en las secciones pasadas.

 

            (…)

            sus hiedras confundiendo, su saliva y sus sueños,

            (…)

La primera estrofa marca muy claramente la frontera entre secciones, como también regresa al tema de los cuerpos enamorados, la profunda soledad que provocan al fundirse desde la saliva y sueños, como alientos anonadados por esta vida que llegará a muerte.

Las siguientes estrofas parecen extrañas al tono de todo el poema, esto porque nunca antes se había prolongado un lenguaje romántico.

 

            (…)

            Isla de soledad, dolor y pasmo,

            muerta mi veces, mil, mil veces muerta,

            (…)

La isla de soledad es una alegoría del espacio entre los dos enamorados; que por cierto está rodeado de un silencio mudo de gemidos.

Más triste es saber que aunque nos encontremos frente al otro, nos sentiremos solos en el otro y en sí mismos, abandonados doblemente.

Continuando esta estrofa, de nueva cuenta aparece el ciclo repetido de la muerte, mil veces muertos. Esto sin duda recuerda “Muerte sin fin”, aunque no permaneciendo desde el fondo, sino otra vez como una similitud superficial.

            (…)

            nuestro sueño absoluto nos ha creado

            la soledad sin fin de nuestra mano.

            (…)

Para finalizar esta estrofa, y aparentando que desde aquí se toma toda la tesis del poema en comparativa; aparece una idea muy recurrente por la ficción, al afirmar que somos producto de un sueño absoluto, detectado por los sentidos, y en específico por la mano inútil, que no puede asir nada real; porque la extremidad ase la pura ausencia, lo que no es.

            (…)

            tangible crueldad sin penumbra!

            (…)

Después de manotear en un infinito vacío, termina esa estrofa en alto, con una contraposición de imágenes y sentimientos; ya que hasta ahora nada se veía en lo negro de la penumbra, y lo que se trataba de tocar no se tocaba.

Ahora a través de una luz que no se menciona, se toca la verdad: y qué cruel es.

La última estrofa de esta cuarta sección, es la descripción del final destructivo que ha propiciado la soledad; no basta la zanja que se ha abierto entre los enamorados, como entre uno mismo, sino que ahora caen las guirnaldas y las violetas.

            (…)

            solos en el asombro del gemido,

            dulce piedad de carne amontonada,

            entre el astro y la hierba, (…)

Un grito que no se escucha, las vísceras que se pensaban eternas, ahora se pudren, se descomponen como simple carne amontonada; pero lo más cruel es que hay piedad, hay esperanza entre todo este escenario desalentador; hay algo que pesará en la balanza hacia el amor, para que no nos perdamos en el olvido.

Luis Cardoza y Aragón
Luis Cardoza y Aragón

Mundos ancestrales anteriores al hombre

La última parte comienza con un escenario de recuento, colmado de viscosidades y sensaciones somnolientas.

            (…), de noche derretida,

            lejana, hacia futura presencia enamorada

            (…)

 Antes el mundo fue oscuridad obsesionada por una chispa, la luz que le diera vida; ahora es un recuerdo humano esperanzado en la progenie, esa futura presencia del amor que multiplica.

De esta espera que flotó en panoramas y se gastó como cantos rodados entre sueños y arena, de pronto y súbito, estalla el sol en la ciénega y aparece la figura esperada:

            (…)

            Alegría de los primeros pasos

            de mujer en la nieve!

            (…)

Como ya lo adelantaba, la imagen de la mujer en la nieve es un símbolo de génesis; que en este preciso caso no se refiere a uno material ni menos universal, sino al masculino.

La mujer es el centro y punto de creación del hombre; en donde se ve nuestra forma, el retorno a la patria y el ansia desbordada sin cristal ni medida.

            (…)

            la libertad total de su blancura.

            (…)

Una penúltima paradoja: el hombre se encontró ajeno a todo forma real, esa que se le escapa de los dedos, aquello que como resultado le provoca tristeza y melancolía.

Esa misma sensación es la que le hace buscar con esperanza, la luz entre las tinieblas, a la mujer, quien inevitablemente le retorna a una nostalgia material: de nuevo soledad.

El hombre ha muerto, sabiendo que lo que debía hacer para acercarse al infinito y despegarse de la cloaca oleosa y solitaria, no lo puede hacer, porque no puede despegarse del amor, que sería la flor de esta fatalidad.

            (…)

            esa montaña fétida en donde el lirio alza

            su pura, blanca llama!

Todo quedó en un grito o en un suspiro; más cerca del seno de la mujer y de la poma del paraíso, que del mismo Edén perfecto.

Nos quedamos aquí, sabiendo que lo que pasa en nuestra dimensión es fatal y solitario; sabiendo que habremos de tener una muerte sin fin, generación tras generación, muriendo sin ver el lirio alzado, prefiriendo morir en el amor, que conocer la eternidad.

Un poema

Nieve
Nieve

Por Gilberto Blanco

Nieve en su piel

Otra vez para Abbi

Señorita con nieve en su piel

Y en sus ojos dos gotas de miel:

 

A veces los recuerdos

Nos llegan con tormentos

Con lágrimas y nostalgia

De una vida ya pasada,

Olvidada o abandonada

Por el aplastante paso del tiempo

Juez supremo de nuestra mente y cuerpo.

 

Sin embargo la vida,

Esa extraña melodía

Que nos deja ver un nuevo día,

También nos da la oportunidad

En aquellos días de añoranza

De volver a soñar, recordar y disfrutar

De aquellas sonrisas, amistades y andanzas

Que nos llenaron de cientos de esperanzas.

 

Nos da la oportunidad de revivir

A personas que en el camino se adelantaron,

O de volver a reír

Con los amigos que se separaron

De nuestro camino del destino.

 

¿Acaso no es hermoso

Repetir aquél primer beso,

Primer caricia, o el primer verso?

 

En verdad le digo

Señorita de labios sabor frambuesa,

Dentro de todo el dolor de extrañar

Si cierra los ojos podrá encontrar

Una rara y misteriosa belleza

Aquél placer de la travesura infantil,

O quizá un amor juvenil,

Las amigas hoy desconocidas

Que sin embargo le llenaron

De alcohol y risas unos días.

 

Y si acaso el dolor de las heridas,

Que el tiempo cura pero no sutura

Le duelen más que esa aventura

A la que llamamos torpemente vida,

Recuerde usted,

Señorita de piel sabor durazno,

Que si fue feliz en su momento

Debería serlo ahora al recordar ese sentimiento.

 

Mas si el recuerdo es algo poco grato,

Y a su memoria no le causa agrado,

Sepa usted que no hay mejor alegría,

Que la que viene después de la melancolía,

Porque sólo así se es plenamente consciente

De que ser feliz sólo es para el valiente

Que supera con esmero

Ese veneno del recuerdo.

Y yo sé que usted,

Señorita, cuya lengua reptante

Agita mi corazón palpitante,

Es no sólo valiente,

Es usted una guerrera, que saldrá triunfante.

 

Y si acaso este poema

Esta rima

Esta estrofa

No la llena, no la anima,

Señorita con belleza de valquiria,

Le ofrezco a usted, mi simple compañía,

Acompañada de un tierno beso,

Que le mando junto a este verso,

Para calmar su agonía,

Con mi amor y mi mano amiga.

 

Porque sepa usted,

Señorita ojos color de miel,

Y de blanca, suave y deliciosa piel,

Que un día lo prometí y sigo fiel,

Con mi amistad y compañía,

Más ahora le brindo mi corazón sincero

Y un amor verdadero

Jamás perecedero.

In memoriam, a JFK

por Andrés Téllez

Líneas adentro
the friendly fire sound
Los enemigos de Roma
al imperio y desde dentro
le ardían el cuerpo…

De rapiña
las aves y los lobos
despedazando
de la madre y el cordero las entrañas…

Conspiración y asedio,
despliegue y ejecución.

40 bestias
emergiendo
en las bahías de los cerdos
salvajes.

40 bestias                    ¡Molok!
ladrón ladrando…

Y con la mira entre dos balas
estrellada noche en Dallas…

el silencio entumido _____ luz ahogada
y en el aire de noviembre _____ el susurro
de la muerte helada…

a ti. siempre,
mi rara estrella

Y cuando el tiempo aun no era
y ni medida había para los días:
del corretear de sol y luna
aprendimos
de los caballos
la música del galopar,
y en el trote /agreste
del bisonte
el bufido multiforme
de la carne hirviente
cuando el cuerpo se resuelve
en embestidas
musitar la noche
y con el canto endido
de luciernagas /plagado
cielo distante,
arca del sueño
del paquidermo
revive un nuevo despertar

 

Un estertor de muerte
con la garganta poblada

de encinos, luciérnagas inquietas
trasquilan la noche
Como una pera
: dulce parcela crecida
de miel, gotitas de cielo
para la adversidad de la garganta
sereno de la madrugada,
fruto crecido, horneado
cariño bajo la almohada.

El son del corazón

Ramón López Velarde - Imagen Pública
Ramón López Velarde – Imagen Pública

por Marcos Solache

Para conmemorar los diez años del fallecimiento de López Velarde, y con importante motivo de incluir “La Suave Patria” en un poemario; aparece “El Son del Corazón”. Titulo que se da, precisamente, por el primer poema de dicha colección. Recordar que los contenidos en esta última compilación, son de la postrera época de la vida delbardo; es decir de 1919 -1921. Cada poeta, confirma su bautismo lírico de distinta y muy peculiar manera. Para mí, “El son del corazón” es el fruto del sacramento poético en Velarde. No su definición de poeta, como lo expresa en “El Mendigo”, sino lo que la poesía, elemento alquimista, transmutó en su interior. La poesía en él es una música íntima que no cesa. Aunque afecta con dolor moral, se reviste de oro, y cubre al hombre.

Para criticar a Velarde, siempre será importante tener en cuenta su buena formación católica. Nunca negada por él, siempre presente, y siempre también, área contradictoria y belicosa. Sobretodo por utilizarla como medio eliminatorio para alcanzar la paz que conviene demostrar en el texto de “El Minutero”, “Fresnos y Álamos”. Así tenemos en la primer estrofa, la conjunción de la virtud teologal caridad, con el amor. Las virtudes teologales son las cualidades que debe practicar un buen católico, para salvarse. Dichas sean: fe, esperanza y caridad.

En algunas traducciones en español e inglés, de la 1er Carta a los Corintios, (13:13), se traduce al pie, que la máxima cualidad o virtud humana, es el amor. Tomada entonces, como un sinónimo en la economía católica, el amor es caridad. Palabras difíciles de igualar en cualquier otro plano; sea por eso que el poeta propone la unión de ambas en un beso de equidad y paz. En cuanto a la estructura cabe mencionar que todas las estrofas se componen de tres versos, de metro regular y rima consonante. Agregar que esta conformación, a la que llamaré tríptico, fue una importante constante en su poesía. De manera natural, todos los poetas somos hermanos.

Pasan las centurias, bajo distintas épocas y elementos sociales, cualquier auténtico debe considerar en el otro, las mismas pausas, quejas y furias.

(…)
Mis hermanos de todas las centurias
reconocen en mí su pausa igual,
sus mismas quejas y sus propias furias.
(…)

Así todos somos lo mismo, pero con diferentes palabras.

Y cada uno es, lo que dicta su elemento principal.

En el caso de Velarde:

(…)
Soy la fronda parlante en que se mece
el pecho germinal del bardo druida
con la selva por diosa y por querida.

Soy la alberca lumínica en que nada,
como perla debajo de un lente,
debajo de las linfas, Sherezada.
(…)

Remarcar que en la primera estrofa, los términos “bardo druida”, si bien no son contradictorios, tampoco son tales como para poder encadenarlos. Importante en el anterior, el elemento frondoso, germinal y selvático, que al final del poema redondeará. En cuanto a la segunda estrofa de esta sección, remarcar a Sherezada como elemento árabe ya comentados en su poesía. Quizá también agregar lo sobresaliente de los elementos lumínicos y acuosos, que soportan el verdor arriba mencionado. Penúltima su definición confesando que su cristianismofue guiado por la bienaventuranza de la Virgen. Enunciado que se puede resumir en la aceptación de la voluntad del Señor como su esclava. Última su definición con otra de sus admiraciones: el baile. Esta vez aludiendo al tango. No olvida su dualidad, y atruenan en la Creación, sus cortejos paganos y nazarenos. Todo esto concluye y forma la melodía del son; que no podría terminar sin un grito, un diapasón alto, una exclamación de confesión.

(…)
¡Oh Psiquis, oh mi alma: suena a son
moderno, a son de selva, a son de orgía
y a son mariano, el son del corazón!

Diversos elementos que tamborilean en su corazón, y crean ese peculiar son, aquella voz que buscó y palabreó en poesía. La ascensión y la asunción. Velarde nunca se casó. Incluso me aventuro a decir que nunca tuvo una relación amorosa duradera. Esta impotencia hacia la posible captura de la mujer amada, siempre se le escapó al poeta. Y como bien lo comenta Ali Chumacero: esto hizo la poesía de Velarde. Si no pudo capturar a la mujer pasional, sí, y con mucha diligencia, dedicó sus últimas cartas, aquella jovencita llamada Margarita González. Nombrada siempre por él como: “ mi sobrinita”. Esta relación fue confirmada por el hermano de Ramón, quien decía que cuando la joven mujer estaba de paso por la capital, todos los Domingos, el poeta la invitaba a la alameda o al cine.

Una relación cándida, amorosa y tierna, como aquella que posiblemente hubiera nacido hacia una hija de López Velarde. Se sabe a bien que el poema que sucede al aquí en cuestión, “Si soltera agonizas”, estuvo dedicado anónimamente a ella. Yo puedo suponer, no solamente por la colocación de “La ascensión y la asunción”, que los editores bien intuyeron que este también es un poema inspirado en ella. Quizá hay elementos que pueden sacar de conclusión la dedicación mencionada, pero me parece que el trasfondo que muestra indirectamente, está fincado en esta joven mujer laguense. A estas alturas, cualquier profanación católica no sorprende.

(…)
enlazado mi cuerpo con el suyo,
suben al cielo como dos custodias…
(…)

Como anotación significativa, cabe decirse, que aquí utiliza la palabra custodia con la acepción católica, de aquél instrumento que mantiene el cuerpo de Cristo. Por lo general, esta pieza es de las más lujosas, suntuosas y sagradas dentro de una iglesia. En México es nombrado comúnmente como el Santísimo. Sospechado el tono religioso y profano desde el título, comprobamos que él es la ascensión y ella la asunción. Esto solamente para ordenar el espacio que él ocupa como Cristo y ella como Virgen.

(…)
¡ser, por virtud ajena y virtud propia,
a un tiempo la Ascensión y la Asunción!
(…)

Realmente es muy fácil, como poco ético y original, usar toda la verbalia católica y bíblica para determinar una experiencia poética amorosa. Tiene la ventaja siempre, de que el profanar una religión atraerá a los lectores morbosos. Ejemplos como Saramago y Rushdie, bastan para comprobar el éxito de este sucio estilo. Quizá lo de Velarde no fue hecho para hacer un poema famoso. Situación que como sabemos, no alcanzó, al menos no con la serie de poemas profanos que tiene.

Tal vez, y como sostengo, fue para vaciar su fundamento católico, y así poder, realmente escribir. Para poder vaciarse completamente, convertir su mente en un espacio sin prejuicios, la tierra de su poesía yerta, desolada, y prácticamente infructífera; pasó toda su vida. Encuentro un registro de 1907, con el poema “Eucaristía”, sobre el uso del más importante sacramento en la Iglesia Católica. Siempre usado por Ramón como unión de él con la hostia-mujer, el cuerpo redentor deseado. Eucaristía: La ascensión y la asunción:

(…) (…)
implorando le des a mis pesares Su corazón (…)
la comunión de tu cariño yerto. traslada, en una música estelar, (…) el Sacramento de la Eucaristía.
te resistes hostia ingrata (…)
(…)

Así vemos como desde los 19 años, y durante los siguientes 14, sembró el ideal de la mujer como cuerpo de Cristo. Alcanzándola en labios, por medio del santo sacramento de la Eucaristía. En su tiempo Velarde fue criticado por la repetición temática de sus poemas. La gran mayoría hablan de la mujer, su relación y deseos hacia ellas. En fin, la mujer es su centro, como lo es la hostia en la custodia, o el Cristo en el catolicismo. Más claro no se puede hablar sobre la importancia de ellas en la vida de Velarde. Desde mi punto de vista, es muy pobre el criticar al poeta por el repetido uso del elemento de la mujer en sus poemas. Incluso lo veo como un comentario mercantil y de poco valor hacia la vereda que es la poesía. Porque la poesía no es un ejercicio literario, es un expresión interna, sea mil veces repetida, será mil veces auténtica. Así, no queda más claro que la mujer en la vida de Ramón, fue la guía, la estabilizadora, la escucha, la animadora. Aquella que dio a la decadencia de su existencia, una perspectiva de ascensión. Fue todo. Ella ángel guardián.

(…)
¡Gracias Señor, por el inmenso don
que transfigura en vuelo la caída,
juntando, en la miseria de la vida,
a un tiempo la Ascensión y la Asunción!

El sueño de los guantes negros. En el último instante de su vida, Ramón perdió el aire. Murió de asfixia debido a la fuerte neumonía y pleuresía que padeció. A pesar de la dura enfermedad que lo llevaría a la tumba, siempre mantuvo ilusiones. En el último año de su vida, con la Revolución consumada, y aunque en una de las peores etapas económicas de su paso, continuó las preparaciones para viajar lo más prontamente a Europa. Lo extraño de estas ilusiones, es que se volvió un hombre extremadamente solitario. A partir de 1920, cuentan sus más intimas amistades; que perdieron casi la pista total del poeta. Algunos pueden decir que se hundió en el espejismo del modernismo. En lo personal creo que le sucedió como a todas las almas hipersensibles; le consumió el profundo sentimiento del sinsentido existencial. Aunque “El sueño de los guantes negros”, es un poema inacabado; vale la pena dejar esos tres huecos ilegibles, e incluirlo en este comentario.

Para mí, éste es el último poema de Velarde, no sólo por la fecha estimada y los tonos de ultratumba, misterio y sueño; sino porque nos encontramos ante un trabajo pendiente, un borrador que muestra como corría su pluma en el taller de creación. Si habremos de buscar la última tinta del sufrido Velarde, no la hallaremos en la cuidada “Suave Patria”, sino aquí, en las manos de la mujer de los guantes negros. Un poema de nueve estrofas. Ciertamente de una extensión mayor, a lo que es generalmente común en el Zacatecano.

Debo decir que hasta la séptima estrofa, aunque esta ya padezca un espacio en blanco, y una decisión pendiente entre dos versos en punto y coma, que parecen una elección eliminatoria a uno; mantiene mucha solidez y guía. No así con las dos últimas estrofas, que parecen apenas esbozos de continuación. Sobre todo la última, con huecos en prácticamente cada verso, y claramente un final faltante que abroche el poema completo. La utilización de dos trípticos y dos dísticos en las primeras seis estrofas, establecen un pacto equitativo de regulación en el poema.

Aunque parezca una narración fantástica por la secuencia de hechos emplazados en un sueño; vale la pena adjudicarle la categoría de poema por el trabajo armónico realizado, sobretodo en las ya mencionadas primeras estrofas. El poema da la sensación de haberse escrito en la vigilia del amanecer. Pero lo más probable es que Ramón nunca haya soñado algo así. Al menos no del todo completo. El sueño inicia en el fondo del más bien muerto de los mares muertos. Lloviznaban gotas de silencio, donde solamente se distinguía la llamada a misa, en el misterio de una capilla oceánica, a lo lejos. Al llamado acude, y aparece Fuensanta:

(…)
De súbito me sales al encuentro,
resucitada y con tus guantes negros.
(…)

La fijación de los guantes negros, traspasa el poema, y no solamente se anida en el título, sino que en el poeta genera expresiones inauditas.

(…)
y nuestras cuatro manos se reunieron
en medio de tu pecho y mi pecho,
como si fueran los cuatro cimientos de los universos.

La figura de Josefa de los Ríos, ahora es espiritual, o al menos un enigma corporal.

¿Conservas tu carne en cada hueso?
El enigma del amor se veló entero
en la prudencia de tus guantes negros.
(…)

Todo lo que hubiéramos deseado saber, no solamente de aquel amor, sino realmente del amor, fue velado y silenciado por la prudencia de aquellas católicas y santas manos. En una sección de la siguiente estrofa, refuerza la idea de que la mujer aludida es Fuensanta:

(…)
y el traje, el traje aquel, con que tu cuerpo
fue sepultado en el valle de Méjico;
(…)

Para terminar, con otra velación y fugacidad, las manos culminan enlazadas en éxtasis, experimentando en un circuito eterno, la vida apocalíptica. Extinción y resurrección. El poeta amanece, y la cola del cometa deja su polvo estelar en la lengua de la que nunca sabremos últimas palabras, pero sí última intención hacia la vida.

(…)
gusté cual rosa […]

El sueño de la inocencia. Es abiertamente comentado que la infancia es una época que marca definitivamente la vida de cualquier humano. Por mencionar entre lo sobresaliente, sabemos que el cerebro conduce su mayor índice de crecimiento en estos primeros años. No es de sorprender entonces, la suma importancia de esta explosión vital en nuestro desarrollo. Para Ramón, el niño de clase acomodada en el pueblo, su imagen infantil es total y primordial hasta los últimos días de su vida. Guardar el traje pulcro de la liturgia cenital de los Domingos, o la prudencia de permanecer como un lindo monigote en las pláticas adultas en el atrio; son sin duda, eso que en “El sueño de la inocencia”, llama conservar su venero de luz. Si lo anterior es verdadero, podemos catalogar este poema como una confesión fallida a su proceso poético. Esto porque es, seguramente, el poema que mantiene el mayor respeto y admiración por su principio Católico. Aquí no hay esbozos de profanación, antes bien un dejo muy claro de humillación ante la patrona del pueblo, cabizbaja y benévola. Por la acomodación que tiene en la colección de “El son del corazón”, cualquiera se puede ver tentado a unirlo inexorablemente al tiempo de “El sueño de los guantes negros”.

Hay puntos muy claros que pueden apoyar lo anterior; lo único que personalmente no hilo como sucesivo tal, es la estructura monolítica de las dos últimas estrofas contenidas en él. En cuanto a esto, será difícil aceptar categóricamente que “El sueño de la inocencia” es de sus últimos años. A decir verdad, la evolución poética de Velarde, no es muy clara del todo; un ejemplo que debo desahogar es “Pureza”, contenido en un álbum autográfico de José Villalobos Franco, y fechado el día 27 de Noviembre de 1906.

En las colecciones de López Velarde este se incluye como parte de sus primeras poesías, pero en lo personal, lo considero una pieza de madurez tal, como para al menos agregarle 15 años de procesamiento. Todo esto será continuación del enigma Velardeano. “El sueño de la inocencia” abre con un tríptico que nos coloca entre la bruma idílica, quizá muy cerca de la capilla del pueblo.

(…), y que Nuestra Señora
me miraba llorar y anegar su Santuario.
(…)

Llama la atención, como en ningún otro, el uso de adjetivos exagerados en la acción de su llanto. Hace algunos años se catalogó este estilo como realismo mágico, y como exponente más representativo de esta tendencia narrativa, a Gabriel García Márquez. Esto por cuestiones meramente distintivas hacia el importante escritor Latinoamericano, aunque dicho por él, el relato mágico le pertenece a la sorpresa humana, siempre exagerada. Como ejemplo, los relatos antiguos del descubrimiento de América, hechos por los frailes jesuitas y franciscanos principalmente. Así Ramón inunda su pueblo:

(…)
Tanto lloré, que al fin mi llanto rodó afuera
e hizo crecer las calles como en un temporal;
(…)

Como mencioné, la segunda y tercera estrofa de este poema, tienen más de siete versos, distinguiéndolas notablemente del inicio corto y súbito de la primera estrofa. Estas dos estrofas terminan con el mismo verso, aunque diferenciando el último por el énfasis dado de los signos de exclamación. El inicio de la tercera estrofa, parece que aparta la experiencia onírica a un estado final; entre sueño y vigilia.

(…)
Casi no he despertado de aquella maravilla
que enlazara mis Últimos óleos con mi Bautismo;
(…)

Un punto muy fuerte para pensar que este poema es de sus últimos años, es el cierre que pretende expresar de su vida entera.

(…)
un día quise ser feliz por el candor,
otro día, buscando mariposas de sangre,
(…)

De aquellas lejanas y celestes utopías, aquellas hinchazones rojas voluptuosas, serán todas falsas cubiertas, al revestirse el cuerpo de polvo; ya que en el corazón no quedará más que la conciencia de que aún guarda su inocencia.

(…), sé que mi corazón,
(…)
guarda aún su inocencia, su venero de luz:
¡el lago de las lágrimas y el río del respeto!

A pesar de esa larga búsqueda, que le haya hecho imaginar cualquier delicia sangrante; Ramón siempre supo que no sería más que aquel mozo de aquel pueblito de Zacatecas: puro, inocente y católico.

Bibliografía:

Ramón López Velarde, compilado por José Luis Martínez. (1994). Obras. México: Fondo de Cultura Económica. Serie de Literatura Moderna, Pensamiento y Acción.