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¿Gorda? ¿Rolliza? o solo pasada de buena

Gordita-Imagen Pública
Gordita-Imagen Pública

por Carolina Vargas

Soy una mujer gorda, no lo digo con vergüenza ni con el afán de tirarme al piso para que me levanten, lo digo como un hecho palpable.

No es que sufra de un caso de obesidad mórbida, pero me sobran como 15 kilos de peso aproximadamente. Tener tanta carne de sobra en el caso de las mujeres suele ser un problema, porque –ver Periquita Style– al menos yo, libro batallas encarnizadas para encontrar ropa que me quede bien. Y es que si yo fuera obesa podría ir al departamento de tallas extras y comprarme un amplio guardarropa, pero la realidad es que esa ropa –pese a todo- no me luce, me queda grande y parece de señora que ya perdió cualquier ilusión por la vida, ese no es mi caso soy una gorda con ilusiones.

No me lamento de mi cuerpo, obvio que como nos pasa a muchas mujeres todas deseamos vernos mejor pero desde hace años dejé de atormentarme por cumplir ideales estéticos prácticamente imposibles, prefabricados y plásticos. Admito que me gustaría ser más delgada para lucir ciertas cosas, pero he aquí otro problema, sin importar si estás gorda o flaca, necesitas tener herramientas y pues mi cuerpo no es precisamente el mejor proporcionado, me sobra carrocería y me falta mucha delantera. No quiero que esto suene como muro de las lamentaciones, es más bien un ejercicio de autocrítica a mis cada vez peores hábitos alimenticios.

Tengo un metabolismo raro y caprichoso, pero no lo culpo, tampoco puedo culpar a mi condición de madre el estar gorda, pues después de haber tenido a mi hijo quedé sumamente delgada. La razón de mi gordura es muy sencilla, como como cerdo y duermo como lirón. Soy sumamente antojadiza, me encanta comer, es de los pocos placeres que puedo darme sin tanta culpa. Disfruto enormemente hacerlo, desde niña me inculcaron que la comida no es otra cosa que una manifestación de amor por parte de nuestras madres, por eso cuando alguien me invita a comer lo tomo como una muestra de incomparable afecto, del mismo modo en el que yo cuando cocino para alguien más, es una de tantas formas de decirle “te quiero”. Sonará absurdo pero es algo real, hasta la fecha mi madre a diario me pregunta “¿Qué comiste?” sin importar el día, la hora, o mi estado de ánimo, a mi madre una de las cosas que más le preocupan es que no ande sin comer.

Gordita-Imagen Pública
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Pero más allá de si me gusta comer o no, de unos meses para acá, como mal, terriblemente mal, no me fijo horas para hacerlo, como una vez al día o dos, como muchísimo, no puedo quejarme de aumento de peso, en ese sentido mi peso se ha mantenido mucho tiempo igual, pero siento que me falta energía, por tanta mugre que como he castigado mucho a mi estómago y cada día se queja más. Me gustaría llevar una vida más saludable y eso incluye mi alimentación, pero es un maldito espiral hacia el infierno  porque sin energía no tengo ánimo de nada, por lo que duermo muchísimo, como cualquier cosa y sigo como tapón.

Mientras tanto trato de hacer las cosas lo mejor posible al respecto, comenzare a comer más fibra, tomar más agua y no usar NUNCA bajo ninguna circunstancia LEGGINS. Aunque no me gusta mi exceso de carnes, trato de no acomplejarme por ello, nunca seré una flaca huesuda mi constitución no es así, he estado delgada pero no paso de ahí, mis bordes corporales son demasiados redondeados por lo que no tengo pómulos ni costillas salientes no podría con un cuerpo lleno de ángulos por más “lindo” o cercano esté al canon actual.

Quiero cuidarme más, verme un poco mejor y sentirme con más ánimos porque con mi cuerpo me siento enorme, soy una obesa mental porque mi torpeza no corresponde tanto a las dimensiones de mi cuerpo, vaya que sí soy gorda, pero no tanto por más que los fabricantes de ropa de Zara se empeñen en hacerme creer lo contrario. Tengo que romper ese complejo de obesa mental y el yugo de la ropa enorme y fea, como si ser obeso fuera únicamente por comer demasiado y automáticamente fuera sinónimo de haber perdido el interés por la salud. Creo que desde ahí empieza el verdadero problema, que a las personas con sobrepeso u obesidad se nos asocia con esos estigmas tan negativos y no siempre es así, mientras no se cambie esa percepción tan cerrada, el mundo seguirá azotándonos con modelos a seguir cada vez más inalcanzables en busca de perfección y felicidad plásticas basadas en la envoltura, lo más efímero y desechable que tenemos que es el cuerpo, lo que ya de por sí está cobrando millones de autoestimas en el mundo luchando contra un vacío emocional que se refleja en la inconformidad por como luces.

Gordita-Imagen Pública
Gordita-Imagen Pública

Por mi parte comenzare por eliminar mis malos hábitos o por lo menos irlos disminuyendo, Roma no se hizo en un día, seguiré fiel a mi Periquita style del verano y de mi cuerpo….aceptaré el hecho de no tener quizá el mejor, tengo un trasero enorme y las bubis pequeñas pero ya me lo dijo mi madre desde mi más tierna adolescencia respecto a ello: “si algo te debo, con esto te pago”. 

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Periquita style

Venta de ropa-Imagen Pública
Venta de ropa-Imagen Pública

por Carolina Vargas

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en su último informe “The State of Food and Agriculture 2013” basado en estadísticas del 2008, ubicó a México como el país con más obesidad en el mundo, con un porcentaje de 32.8% de adultos con este problema, arriba de Estados Unidos con un 31.8%.

El informe revela que por lo menos un 70% de los mexicanos adultos tienen sobrepeso, y el 32.8% padece obesidad. Lo anterior se origina entre otras cosas, pues a nivel nacional casi la mitad de la población es inactiva según Samantha Villaseñor, especialista en temas de nutrición.

*PIJAMASURF – 17/07/2013 A LAS 13:07:38

Para muchos, vestirse es solo cosa de pudor así como para otros comer es cuestión de combustible para el cuerpo, en mi caso considero a dichas actividades como un arte.

Quizá esto que voy a decir suene muy frívolo, pero la forma en la que nos vestimos dice mucho de nuestros procesos mentales, lo que has leído, vivido, tu identidad y eso que te hace ser tú se refleja al momento de vestir.

No me considero una autoridad en el tema y reconozco que en el momento tan crítico por el que atravesamos, hablar de ropa es una nimiedad pero en el fondo también tiene mucho que ver con las políticas de salud en nuestro país, explico el por qué. Soy una mexicana de 28 años, 1.70 de estatura y pertenezco a ese 70% de la población que tiene sobrepeso, estoy sobrada como de 8 kilos más o menos, no son muchos pero me encana el suadero.

Hace un par de días me vi en la penosa necesidad de ir a comprar ropa, concretamente una chamarra, porque el frío me había estado castigando un poco, así que con todo el dolor de mi corazón y de mi bolsillo fui a la tienda a aprovechar las liquidaciones por fin de temporada, cosa absurda tomando en cuenta que el invierno no va ni a la mitad. Al llegar a la tienda comprobé, como siempre, que todo lo que lleve la palabra “liquidación” es puro embuste, ya que dichos descuentos no existen o no lo valen.

Tienda de ropa-Imagen pública
Tienda de ropa-Imagen pública

Primer problema de la noche: encontrar la prenda. Tarea difícil si tomamos en cuenta que nunca he seguido las tendencias de la moda –concepto que me resulta un poco abstracto y difícil de definir- además soy alta y chubby lo que complica aún más la búsqueda, sobre todo si tomamos en cuenta que los fabricantes –ni siquiera diseñadores- todo lo hacen en una sola medida llamada “unitalla” aunque también tenemos a los hipócritas que con su CH, M, G engañan a los cándidos incautos que no se dan cuenta que las prendas miden exactamente lo mismo, aunque la diferencia en algunos casos entre la talla chica y la grande es de un centímetro y medio aproximadamente –les juro que no miento, yo misma tomé la medida-.

La oferta en prendas no era muy buena, telas corrientes, diseños vulgares, precios excesivos, copias del mismo modelo n cantidad de veces, la maldición unitalla queriendo uniformarnos a todos, enfundándonos en diseños que nada tienen que ver con la gente real, que hay un montón de dimensiones de estilos, estaturas y pesos, que la situación actual de muchos de nosotros no nos permite comprarnos una blusa de $600 o jeans de más de mil y aclaro, no fui a una tienda “elegante”, acudí, digamos, a algo de clasemedieros tirándole a jodidos.

Pensé que era la tienda la que tenía una oferta pobre, pero no, me di a la tarea de darme una vuelta por varios establecimientos de ropa, lugares de todo tipo, tianguis, tiendas departamentales, almacenes de cadena, supermercados,  lo lamentable es que en todos esos lugares la oferta es la misma, ropa vulgar, excesiva, telas corrientes o sintéticas y lo más preocupante es el costo excesivo para las prendas; así sea ropa de tianguis, creo que los precios son una grosería para el producto que ofrecen, pero en este país ya todo está carísimo y vestir es algo de primera necesidad, desgraciadamente a los ciudadanos de a pie no nos dejan muchas opciones, entre elegir la ropa de brillitos, los leggins, los jeans de dudosa procedencia que  pierden el color a la primera lavada, todo nos empuja hacia lo vulgar y lo corriente, la ropa hecha en serie y carente de concepto.

Por otro lado, tenemos las prendas de diseñador, que si bien es cierto hay una ligera mejoría en la calidad de las telas, los diseños son una cochinada, es ropa que nadie se pondría ni para una fiesta de Halloween de yonquis. La verdad es que no me imagino el clóset de alguien realmente capaz de usar esos disfraces, en el caso de las mujeres las blusas de gasa con pedrería, los pantalones de látex, animal print y vestidos hechos con tela y brocados del año uno antes de Cristo. Y para los varones: pantalones tan ajustados que hay que ponérselos con calzador y quitarlos con pelapapas, no me detendré a hablar de los sombreros y las corbatas de pajarita que son una cosa espeluznante. Hombres de México, solo Indiana Jones se ve sexy con sombrero…de nada.

No sigo la moda, no me llevo bien con ella, para empezar ni siquiera se diseña para mujeres de mi talla, me cuesta trabajo encontrar ropa linda, sobria y accesible. Por eso desde hace un tiempo opté por un estilo mucho más clásico y atemporal, algo que realmente diga “esta soy yo, una mujer grandota, que no usa ropa entallada, ni extravagante y aun así es cool” algo que sabiamente pude nombrar en colaboración con mi mejor amiga como el “Periquita Style” quizá es algo ñoño, pero las blusas con voladitos, botones y mangas coquetas son lo que mejor nos va, todo antes de embutirnos en una vestido brilloso que ni la más slutty de las coristas en Las Vegas se pondría, porque una cosa es usar vestidos llamativos y otra muy distinta es parecer espectacular del Time Square.

Pasarela de moda-Imagen Pública
Pasarela de moda-Imagen Pública

Vivir es muy caro y yo todavía tengo la enorme fortuna de poder comprar ropa nueva aunque encontrarla de mi talla es difícil, bajar de peso es más que cosa de voluntad, aquí lo preocupante es que con el paso del tiempo la sociedad se vuelve cada vez más excluyente. Te empujan hacia lo común, homogeinizan a las personas bajo conceptos tan burdos como la perversa unitalla y la vulgaridad de un estilo muy bajo que aplica para todo, ropa, música, contenido televisivo, te lo revientas porque en muchas ocasiones no tienes otra opción.

Al final del día pude comprar mi chamarra, buscaba algo sencillo que me sirviera para soportar el frío, sin muchas pretensiones porque insisto…soy una persona simple, que vive sorprendida que en el país con más obesos en el mundo se venda ropa para flacos, que el cuerpo sea considerado prácticamente un gancho en donde lo que importa es el lucimiento de la prenda y no la comodidad de quien la usa, lo que me parece un terrible error, porque al sentirte cómodo proyectas seguridad y eso mejora muchísimo tu actitud y la forma en que te percibes a ti mismo y es quizá esa dosis de confianza la que nos hace falta como sociedad, tal vez para muchos esto sea una banalidad pero no suena del todo descabellado si se analiza detenidamente, porque la cara que damos al mundo es solo una pequeña parte de nuestra realidad interior.

Nunca seré talla cero, eso es definitivo, ni mi complexión ni mi estatura me lo permiten, en este momento me cuido de  no subir ni bajar mucho de peso, más allá de la cuestión estética o de salud lo hago por economizar, porque tendría que comprarme ropa nueva y es imposible, pero me llama mucho la atención que un problema de salud pública tan grave como lo es la obesidad sea tratado con tanto prejuicio por la Secretaría de Salud y la sociedad en general, que se nos vea como ciudadanos de segunda y que estar pasadito de peso muchas veces sea sinónimo de descuido y holgazanería y se vea como una simple compulsión por comer, cuando es algo mucho más complejo que eso.

Me quedo con aquello de “Todos somos iguales a pesar de ser tan diferentes” cada persona es a su manera y tratar de homologarlas es terrible, por eso renuncio a seguir las tendencias y que se me siga discriminando por mi peso, al carajo sus cánones, mientras haya gordos, flacos, altos, chaparros, términos medios, existirán posibilidades infinitas en la creación de estilos, eso es lo que me parece maravilloso, aceptarte como un todo y que el cuerpo sea un instrumento no un aparador. Encuentra tu estilo y grítales a todos quien eres.