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Jovencito/a: ¡cuidado!

Demagogia - Imagen pública
Demagogia – Imagen pública

por Pere Font

Vete con cuidado, jovencito, porque los viejos astutos saben muy bien que eres tierno, inexperimentado, con más pasión que cerebro madurado y que, con noble ingenuidad, te apuntas a lo que surja para enderezar entuertos. Ojo, pues, porque quieren utilizarte.

Lo que intento decirte es que estos viejos llevan un mal  subidón de calentura y que sus miembros viriles ideológicos no pretenden otra cosa sino simplemente penetrarte con sus erecciones doctrinarias. O violarte. Ojo con ellos, por lo tanto. Hasta puede que te la metan sin que te enteres, porque sutilidad y eficacia las tienen a espuertas llenas.

Y no me preguntes que quiénes son concretamente estos astutos porque eres tú quien tiene que localizarlos, que están aquí y ahora como lo estuvieron ayer, anteayer y lo estarán por los siglos venideros. Pero, vaya,  que son los obsesos y obsesivos que te dicen y repiten que sólo ellos son los que “tienen razón”. Muy poco importa el dios sagrado que reverencien. Sus dioses cambian,  pero no sus actitudes rígidas, que  siempre permanecen. Son los que quieren “convencerte” y “concienciarte”,  los que desean que pienses como ellos y que con ellos hagas piña en lucha santificada por la Causa. Y quieren que lo hagas sin que te detengas para nada en una recapitulación propia de pensamiento tuyo independiente. No te quieren independiente porque la independencia personal les da pánico. Te quieren del redil y en el redil. Te desean “militante”. Y a ser posible portando sus emblemas sacrosantos.

Demagogia - Imagen pública
Demagogia – Imagen pública

Ponte en guardia contra los doctrinarios. Y desconfía de sus entusiasmos y del guapo panorama ideal al que quieran arrastrarte. Tú haz lo que quieras, jovencito, pero te aconsejo que no te dejes impresionar absolutamente por nadie. Tú mira, observa, contrasta, escucha y toma tus decisiones a partir de tu propio criterio de peculiar y frío análisis, el que tienes que desarrollar con agudeza con el paso del tiempo. No te precipites jamás ni nunca te instales en una posición ideológica fija ni definitivamente cierta: date la libertad necesaria para poder siempre accionar y reaccionar rectificando, pues esto es lo conveniente e inevitable. O sea, que no te ates a nada, ni te pongas uniforme alguno, ni te alistes en filas de rigidez inalterable. Fluye. Y sé flexible y ágil. Y noble y limpio con todos pero, sobre todo, contigo mismo. Que no te traiciones, te digo y te aconsejo, jovencito. Así que vete alerta. Que son muchos los viejos zorros. Y muy pocos los que quieren que vayas con los ojos realmente abiertos.

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Inmovilizados

Necedad - Imagen pública
Necedad – Imagen pública

por Pere Font

Son muchas las gentes que no piensan a partir de la lógica argumental. Toman posiciones en su modo de pensar a partir de razones emotivas o afectivas, pero nunca lo hacen basándose en el realismo que imponen los razonamientos lógicos, sensatos o correctos. O incluso de simple sentido común.

Estas gentes son las que en un momento dado de su vida optaron por unos posicionamientos de especial visión del mundo y su política y que, una vez instalados en ellos, no los descabalga de su demarcación nada ni nadie, pase lo que pase u ocurra lo que ocurra. Son estáticamente pétreos, inamovibles y rígidamente simples. Normalmente son los que llegaron a sus posiciones partiendo de “creencias”, de “conversiones” o de la acción de eficaces apostolados que se ejercieron sobre ellos.

Ya puede intentar alguien aportar argumentos válidos en contra de sus modos desfasados, perjudiciales o simplistas de enfocar la realidad. Será inútil. No le harán caso. Incluso más: se sentirán ofendidos y percibirán como un mal golpe hiriente lo que se les diga en oposición a sus visiones ideológicas no modificables.

Necedad - Imagen pública
Necedad – Imagen pública

Hay razones de carácter psicológico que explican tales actitudes inmovilistas. La principal de ellas sería la del miedo a la reconstrucción de la propia personalidad individual una vez que uno se cree sentirse seguro dentro de lo que hasta el momento han sido lo que lo ha definido. Y está también la pereza. Me refiero a la pereza que supone el volver a empezar para reedificarse un nuevo modo de enfocar los hechos.

Pero también actúan a favor del estaticismo del entramado social en el que está ubicada la persona que no desea perder los vínculos afectivos con respecto a los que, participando de los mismos principios ideológicos, le dan calor y cobijo humano.

Sin duda alguna, tener agilidad para pensar, repensar o reconstruirse sobre los escombros de lo que uno fue no es nada fácil ni cómodo. Sin embargo, es necesario para estar activamente vivo. Y para poseer la flexibilidad imprescindible para ser una persona abierta y sin prejuicios oscuros. Y para estar alejado de estructuras dogmáticas que son siempre un peligro para cualquiera.