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Las ciudades invisibles, de Italo Calvino

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

Hace unos meses me di la tarea de comenzar a aprender italiano, en parte por la relativa facilidad que presenta el aprendizaje de este idioma y en parte para poder leer a uno de mis autores favoritos en su idioma original: Italo Calvino.

Me di así a la tarea de volver una de sus obras más célebres Le città invisibili o Las ciudades invisibles. Calvino toma como base para su argumento la vida del célebre viajero Marco Polo. En la obra, el mercader veneciano se encuentra en las cortes de Kublai Khan para realizar una crónica de las ciudades que ha visto, pero que el soberano sólo cree intuir puesto que nunca ha abandonado los límites de su palacio.

Las ciudades relatadas por Marco Polo son compendios de otras ciudades, ciudades hechas de otras ciudades, pasadas y futuras, ciudades posibles, soñadas o sólo imaginarias. El libro las agrupa en distintas clases de acuerdo a los principios bajo las cuales fueron concebidas: la memoria, los signos, el deseo, la muerte, el cielo, los nombres o el intercambio.

Calvino se preocupa por cada una de las palabras que usa en su prosa, ello confiere una gran capacidad de síntesis en un texto que a pesar de su brevedad logra encerrar universos enteros. Las descripciones del autor no muestran, evocan y trazan significados como calles que pueden recorrerse una y otra vez hasta multiplicarse en nuestra memoria.

El lector se pone en el papel del Khan para escuchar el relato de Marco Polo sin lograr adivinar el mecanismo de sus palabras:

El Gran Khan descifraba los signos, pero el nexo entre éstos y los lugares visitados seguía siendo incierto: no sabía nunca si Marco quería representar una aventura que le había sucedido durante el viaje, una hazaña del fundador de la ciudad, la profecía de un astrólogo, un acertijo o una charada para indicar un nombre. Pero por manifiesto u oscuro que fuese, todo lo que Marco mostraba tenía el poder de los emblemas, que una vez vistos no se pueden olvidar ni confundir. (p.37)

El Khan de la misma manera que el lector se da cuenta que es imposible conocer del todo las ciudades, incluso toda una vida no basta para conocer una, sólo a través de los emblemas, de signos ambiguos, de libros como este nos hacen acercarnos a un misterio que existió antes que nosotros y continuará su existencia ya sea más allá de la muerte o de nuestros sueños.

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Carácter, una prueba de oficio: Entrevista a Federico Vite

Federico Vite presentó su libro Carácter el pasado viernes 19 de febrero en Profética Casa de Lectura, y minutos antes del evento conversamos con él sobre la novela misma y su punto de vista sobre la literatura.

Carácter - Portada
Carácter – Portada

José Luis Dávila: Estuve revisando un poco la novela y mi primera pregunta sería ¿por qué en primera persona?

Federico Vite: Bueno, la novela es de hace más o menos 15 años; empezó como una anotación de diario y fue creciendo el relato. Una anotación que tenía que ver con una novela de John O’Brien que se llama Leaving Las Vegas y con Tristessa de Kerouac. En el camino me di cuenta de que se iba a volver una novela, como estaba en primera persona todo me pareció que traicionaba un poco el espíritu del proyecto, pensaba cambiarlo después y después decidí que iba a ser un gran ejercicio ucrónico, es decir, moldear algunos aspectos que no ocurrieron para confabular ese aspecto. Se quedó en primera persona porque me hace mucho sentido la técnica para generar una intimidad con alguien, sobre todo si el personaje es detestable. Entonces empecé a creer que era una gran prueba de oficio ver si se podía volver entrañable el personaje. Así decido que se quede en primera, experimenté en tercera pero era muy lejano, tramposamente lejano, por eso lo decidí dejar en primera.

JLD: Se nota, es como un poco más de ti, un poco más experiencial también.

FV: Sobre todo, digo, puede sonar extraño, me interesa la noción del mal no en el sentido católico sino en estas pequeñas formas de construir los fracasos laborales, sentimentales y por supuesto personales de los personajes, en realidad de las personas, pero como yo me dedico a esto pues son los personajes. Empecé a decidir que sólo alguien que se equivoca mucho puede beber tanto, puede generar una secuencia en efecto de ficha de dominó, a partir de ahí sondeo eso, decido que se llame Carácter justamente porque obedece estas novelas de formación de la personalidad, todo lo que nos heredaron los alemanes.

Federico Vite - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Federico Vite – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

JLD: Me dices que es de hace años la novela, ¿por qué publicarla tan después?, ¿cómo fue el proceso? Digo, ganó un premio del 2012…

FV: Así es, ese es el motivo por el que se publica. Antes estuve buscándole casa, no tuve fortuna, le di muchas vueltas, se supone que habría salido en el 2012, no pasó. Se pasaron unos 4 años más, ya no esperaba la publicación porque cambia el gobierno… ya sabes, se pierde todo eso. Sólo aparece acompañada de otros dos libros, hay un cuarto más que está por salir que es así como en camada, pero todos tienen edades distintas. Decido que es bueno que se publique por esa noción, por eso mandé a concurso, aparte del dinero, para que estuviera publicado y bueno, llegó un poco tarde pero finalmente llegó.

JLD: La novela ganó el concurso, pero qué piensas de cómo se llevan éstos, que a veces son un poco turbios, que de repente pasa esto de que va a publicarse en ese año y se empieza a retrasar. No solamente con este, ha pasado con varios concursos.

FV: La idea de los premios me parece muy bondadosa y muy ociosa. Bondadosa en el sentido más claro: el dinero y la publicación, que el 90% dice que funciona así, me parece que es un juego, como sacarte la lotería; a veces tienes un material que tal vez no sea tan bueno pero en el caldo de cultivo de los que compiten permite tenerlo publicado y ganarte un dinero por los derechos de publicación. Me parece sano el juego, hay muchas formas de malinterpretarlo, de dudar de eso, pero insisto, es como sacarte la lotería de pronto, puede que sea considerado ilegítimo por algunos, pero me parece que quien envía a un concurso bajo las reglas a las que se ciñe la convocatoria sabe que pueden ocurrir esas cosas. De pronto también somos muy pocos los que nos dedicamos a esto, somos los mismos que en algún momento seremos jurado y somos los mismos que enviamos a concurso. Entonces, me parece que es una especie de círculo vicioso que mantiene su forma en la medida de lo posible, que hace más bien que daño, creo. Pero finalmente no se trata de ser más escritor por ganar ese premio o esa beca sino simple y sencillamente es un filtro que nos pasa y que nos permite esto, por ejemplo esta charla no la tendríamos si el libro no se hubiera publicado, me parece eso muy generoso, no es algo que esté en el premio pero forma parte del premio.

JLD: Dijiste algo interesante: lo de ser más escritor, ¿cómo se es más escritor, quién podría determinar eso realmente?

FV: Bueno, este es un oficio para viejos, quiero decir un oficio para sabios. No siempre está ligado de la mano y cuando digo sabios quiero decir que sabes que con pocos recursos puedes emocionar a otro humano contándole una historia, imagínate qué irónico es que te vas a parar casi a hacerla de bufón para convencer emotivamente a alguien. Creo que te haces más escritor en la medida que sabes muy bien cuáles son tus habilidades, sabes muy bien cuáles son tus debilidades y puedes hacer una armonía con eso: lo bueno y lo malo de tu trabajo. Finalmente es como hacer muebles, estarlo puliendo constantemente. Creo que en el fondo estamos ensayando sólo para un libro de un tema en específico en toda la vida, las herramientas que utilizas, donde capitalizas muy bien tus lecturas, pero eso no siempre pasa en secuencia, es decir, no en la idea de una competencia deportiva de un libro tras otro sino en la medida de una satisfacción personal. Casi como un sacerdote que oficia, creer en esto, en las cualidades de esto, y uno sabe porque por encima de todo es buen lector o es un lector, sabe si ese libro te ahorra otras lecturas o te permite engarzarte con otras lecturas que te han cambiado la vida, que así son los libros buenos, los libros buenos, por lo menos los que a mí me han cambiado la vida son aquellos que me recuerdan que soy mortal, que en la medida que me hago viejo no me vuelvo sabio y que por mucho miedo que tenga a la soledad estoy mejor solo. Y si eso te hace la literatura, si te acercas a eso con el mejor uso de las herramientas que uno tiene, creo que puede tener uno cierta medida de que vas haciendo bien las cosas. Porque por encima de todo no es una competencia, esto no es un deporte, luego lo vemos así justamente por las becas, por los premios, pero no creo que sea un deporte.

Federico Vite - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Federico Vite – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

JLD: Hablas de un lector-escritor, de un escritor-lector. ¿Actualmente crees que se haya perdido eso? Porque, por ejemplo, tenemos un montón de libros de escritores que no leen, entonces…

FV: Creo que se publica mucho y me parece bien. Se le mucho pero no se lee bien, creo que uno lo puede detectar en la medida que descubre a cierto autor, que raro se ve que este tipo aunque lo conozca no lo leyó bien, porque le ofrecería otra veta. Me parece que leemos mucho y leemos mal, leemos a prisa, estamos tratando de competir en algo que no es una competencia. El ejercicio de las expresiones estético-humanistas tiene que ver con una forma de intimar con uno mismo. En un ejercicio de reflexión si te enamoras de un proyecto por dos años quiere decir que le rindes fidelidad a eso, si no lo haces y llevas cierta prisa, cierto rush, entonces quiere decir que estamos leyendo apresuradamente por acabar. Nos debería dar más, es decir, capitalizar las lecturas y ofrecer lo mejor que se puede sin problemas.

JLD: Finalmente, sobre Carácter, ¿qué va a encontrar la gente en Carácter que no encuentre en algo más?, ¿cuáles son las lecturas aparte que se podrían dar a la novela?

FV:  Yo estoy tratando de poner una historia sobre Acapulco que no se ha mencionado por lo menos en muchísimos, bueno muchos autores del sur que padecieron el arribo y el desastre de un huracán. Me parece que la noción del duelo después de eso, del paso del huracán, no se ha construido especialmente sobre Acapulco, me parece que estoy hablando de los miedos de los que están cansados, tristes, enfermos. Eso es lo que podríamos encontrar en Carácter, cómo recuperarse después de eso, en un solo personaje que ama la posibilidad de encontrarse con otros a través de la lectura, de la poesía, de la música popular y culta. A eso me refiero, a dar un correlato de la tristeza, o de la melancolía en este caso, tomando de la mano la forma de encontrar la belleza de la naturaleza. Como está el planteamiento de la novela parece que se va a matar ese hombre y es curioso que descubre en el camino que siempre se está engañando, no lo hace porque lo único que quiere es recuperar todo eso que ama pero no sabe cómo sostenerlo, que también es otra de las nociones de la literatura. Entonces damos cuenta de eso porque ya lo perdimos, ya no sabemos cómo lidiar en la realidad con ello. Y bueno, esencialmente ofrece un panorama de Acapulco que nos detiene, no es un paisaje estampado en una postal sino es algo que le está doliendo todo el tiempo, reconocerse en una tragedia que puede ser luego muy festivo y luego muy escandaloso pero esa es la única posibilidad ajena a lo que creo que es literatura que vamos a encontrar directamente en la historia.

*Transcripción de la entrevista por Victoria Sandoval

Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

Permiso para una advertencia: Estás a punto de leer una reseña de un libro de Italo Calvino, seguramente vas a preguntarte si valdrá la pena leerlo, si este texto será suficiente para ir sacarlo de una biblioteca; el estilo de Calvino reta al lector a concebir nuevas realidades. Si una noche de invierno un viajero es una de esas novelas que nunca se sabe qué rumbo ha de tomar; ejemplo perfecto de experimentación entre los límites de la ficción y la forma de narrar.

Antes que nada, es una novela para buenos lectores, una novela de aventuras en todos los estilos, personajes, ambientes, narradores y tiempos. El argumento es un complejo laberinto de tergiversaciones, una novela inconclusa llena de historias interconectadas; una novela sobre novelas. Que el lector no se angustie, todo es menos complejo de lo que parece; es necesario abrirse a todos los caminos y tener afinado el sentido del humor porque Calvino se reirá de uno.

Saltamos desde una librería repleta de manuscritos y novelas inacabadas hasta una estación nebulosa de trenes. Visitamos una modesta aldea del Este de Europa. Acompañamos a un grupo de revolucionarios. Recorremos callejones oscuros en compañía de un par de asesinos con mucho estilo. Nos trasladamos a la apacible campiña a las orillas del mar o a un misterioso pueblo latinoamericano lleno de fantasmas y secretos.

Italo Calvino es el tipo de escritor que nos deslumbra con sus arcos argumentativos; una prosa que logra, en muchos momentos, parecerse a la poesía. Afortunados quienes hallamos este libro en el camino y podemos compartir nuestra lectura.

Hay un proceso de privatización del lenguaje: entrevista a Vivian Abenshushan

Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal
Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal

Por José Luis Dávila y Carlos Morales Galicia

¿Cómo fue que se editó Be y Pies de Gabriel Wolfson?

Yo conocí el libro hace varios años, en el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, de la que fui tutora una generación, y uno de los libros más sobresalientes, probablemente el que tenía más contundencia en términos de escritura, era un libro de Gabriel Wolfson, entonces me interesé mucho en seguir su proceso y en preguntarle qué tenía, que me enviara a la editorial. Y los dos relatos largos, no los llamaría cuentos, creo que es un error considerarlos cuentos porque son justamente dos relatos que, por sus estrategias, por el tipo de recursos que provienen de otros géneros, están todo el tiempo haciendo una crítica de las convenciones del cuento como género. Entonces por eso no los llamo cuentos, no lo considero propiamente un cuentista sino un narrador que está abriendo las posibilidades de la narrativa. Y nuestra editorial, Tumbona ediciones, es una editorial pequeña, independiente, con una búsqueda estética particular que tiene que ver justamente con hacerse la pregunta, que es una pregunta que no podemos dejarnos de hacer quienes escribimos, quienes leemos, quienes editamos, que es ¿qué es la escritura y qué podría llegar a ser? Seguir pensando a la escritura como un organismo vivo, que muta, que se va modificando, que dialoga con los contemporáneos y, a veces, la industria editorial más comercial impone una serie de criterios que estandarizan la misma producción literaria.

En México, como en muchas partes del mundo, el género hegemónico, llamémosle así, es la novela, porque sigue siendo el género con mayor prestigio, a veces en términos literarios pero sobre todo en términos de rentabilidad; es lo que te piden las editoriales cuando eres un escritor, a mí me lo han pedido mis editores y les digo “Bueno, pero si a mí la novela como género me parece un género que dejó de mutar, que dejó de dialogar con el presente, que después de un proceso de experimentación en los años 60 se replegó en convenciones que ya no dialogan con lo que está pasando, con la lectura en internet, con las modificaciones incluso políticas del mundo, me parece que hay que buscar otros géneros”.

Hay una frase de Walter Benjamín que leí recientemente, de su ensayo El autor como productor donde dice: “No siempre hubo novelas, no siempre tendrá que haber novelas”, es decir, ¿cuáles son esos otros géneros distintos, esas otras formas que están emergiendo, que están surgiendo en este momento? Creo que una editorial independiente puede abrir los espacios para que esa exploración, esa experimentación y esa búsqueda formal sean posibles. Porque ni en los espacios de los suplementos, que además son muy exiguos -sobreviven muy pocos suplementos en México-, generalmente publican cosas muy acotadas, artículos, poemas, no hay posibilidad para explorar otras formas de escritura. Entonces las editoriales independientes surgimos como una necesidad vital de la cultura y de la escritura para abrir otros caminos.

Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal
Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal

En ese sentido, por ejemplo lo que tú dices sobre la novela, ¿está en tu trabajo?  Tenemos entendido que tú tienes un proyecto de novela.

Es una no-novela (ríe). En realidad no sé cómo llamar a lo que estoy haciendo y creo que eso es lo más importante de la exploración en la que me he metido en este momento porque es precisamente una pregunta sobre qué otras formas pueden surgir. Y esta exploración nació de la dificultad fundamental mía de escribir una novela y de la presión que sentía por el medio, por las editoriales de escribir una novela, y entonces todo el libro me estoy preguntando ¿por qué me resisto  la novela, de dónde proviene esa resistencia?, en términos formales, estéticos, intelectuales y también mucho más personales. Es un libro que no es un libro tampoco, que en realidad es un archivo que estoy escribiendo, no en cuartillas sino en tarjetas, es un tarjetero, que no tiene lomo, que no se lee de manera lineal y continua como se lee un libro, sino de manera aleatoria, azarosa, permutante, donde el lector es también un creador, un productor, porque cada lectura, cada vez que el lector elige una tarjeta produce una lectura distinta a la de cualquier otro lector, entonces hay una idea también creativa de la lectura. Esto no es nuevo, este proyecto al que todavía no llamaré novela, le he puesto el nombre de novela inexperta, y se llama Novela inexperta: título provisional, o sea la frase forma parte del título, la gente cree que es porque es un título provisional, pero me interesa jugar con la idea de lo provisional, de lo provisorio, de lo que no está todavía clausurado, de lo que está en exploración, en proceso. Yo lo llamaría la historia o el relato de un proceso de escritura, eso es lo que estoy haciendo; una parte del archivo que es un tarjetero, que está dividido, como todos los archivos, en distintos ficheros, uno es un cuaderno de escritura donde describo todo este proceso de interrogación, es como un cuaderno donde me voy preguntando cuál es mi relación con la novela, cuál es mi relación con el fragmento, cuál es mi relación con el plagio, cuál es mi relación con la cita, con la idea de la comunidad de lengua.

Hay otro archivo, al que llamo “el archivo de los artistas de la ficha”, donde hago una investigación de todos los escritores y artistas que han usado la ficha como recurso estético, desde Duchamp hasta Walter Benjamin, David Markson, un escritor muy cercano, contemporáneo, filósofos como Roland Barthes, Wittgenstein, artistas como el neoyorkino Matta Clark, etc. El recurso de la ficha como formato estético ha existido durante mucho tiempo, entonces elaboro una pequeña investigación sobre esos artistas de la ficha o sobre artistas que se negaban a publicar, o que escribían en papeles dispersos y no en la idea del libro como algo lineal, como una hoja que sigue a otra, que sigue a otra, como un discurso continuo sino como un discurso más bien fragmentario, aleatorio, un poco de caracoleo, en el movimiento de la lectura.

Otro de los archivos es lo que yo llamo la novela inexperta propiamente dicha, que es el origen de la novela que alguna vez quise escribir, que es la historia o el relato de los negros literarios en la industria editorial, pero lo introduje en una especie de espacio ficticio que es un barco, como los barcos negreros que realmente existieron, donde se traficaban esclavos, pero aquí son esclavos de la letra, entonces son negros literarios que se dedican a escribir los libros de otros pero no cuenta una historia, lo único que se escucha son testimonios, algunos de los cuales extraje de otros libros, de internet, de entrevistas, sólo se escuchan voces de negros literarios contando esta relación compleja, ambigua, distorsionada de la escritura y de la explotación dentro de la escritura. Otro de los archivos es una historia del libro, digamos desde sus orígenes, es un libro totalmente desbordado que podría ser infinito, como cualquier archivo podría seguir y sí estoy un poco enloquecida con el proyecto (ríe), temo no llegar nunca a un fin porque no es un libro que tenga un principio y un fin, que va acumulando información. Otra de las cosas importantísimas que quisiera decir ya para terminar de hablar de este proyecto es que uno de los recursos centrales que estoy usando es la reescritura, la copia, la falsificación, el plagio, extraer recursos de distintos lugares, usar citas sin comillas, a veces junto el fragmento, el pedazo de una frase, qué se yo, de Macedonio Fernández, combinado con una frase, qué sé yo, del periódico que leí en la mañana, hago lo que hoy se llama mashups. Entonces junto lo alto con lo bajo, la cultura popular, la cultura de todos los días, la información frenética y la sobreabundancia textual en la que vivimos con la búsqueda de sentido al mismo tiempo, entonces hay muchas exploraciones simultaneas en el libro, es uno de los proyectos, digamos, en algún sentido más ambiciosos en los que me he involucrado en los últimos tiempos y está en proceso.

Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal
Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal

Ya que mencionas todo eso, me hace pensar en muchas cosas, desde Milorad Pavic con Diccionario Jázaro o Pieza única, que son dos libros en un libro o Vila Matas con Bartleby y los suyos que son estos pequeños como fragmentos de historias, y toda esta experimentación me lleva a pensar de todo lo que dices, ¿realmente crees que el panorama literario en México o al menos el panorama que tenemos cerca esté buscando hacer estos formatos?, ¿realmente crees que estos formatos sean algo que va a incidir o que ya esté incidiendo en la literatura en México, que se está buscando o incluso que el público está preparado para ello desde un escritor mexicano?

Yo creo que hay dos momentos, dos respuestas. Una sería no, que sería la respuesta tradicional, la literatura mexicana es muy convencional, está todavía atada a una tradición en el libro, en el prestigio que existe, pero también desde hace 10, 15 años hay una recombinación en las formas de lectura y de escritura que en otras generaciones, aunque también en la mía, tiene ya repercusiones concretas, reales, visibles. Hay muchos proyectos híbridos, hay muchos escritores, artistas, poetas que están combinando lenguajes, que están haciendo literatura digital, hay ahora mismo en la Ciudad de México todo un congreso sobre literaturas electrónicas, lo cual significa que ya hay un espectro y unas coordenadas creadas para que esa literatura y esas formas de escritura mutantes, llamémoslas así, tengan un público, tengan lectores, tengan retroalimentación, diálogo, discusión. Y yo creo que sí existe sin duda, porque además tecnológicamente los medios ya están ahí y creo que las formas de lectura, por ejemplo el de ustedes, ya no sienten esa tensión o ese rechazo ante los textos más simultáneos que produce internet, o la capacidad de trasladar enormes cantidades de texto de un archivo a otro simplemente con hacer copy paste, algo que era impensable cuando se usaba todavía la máquina de escribir, aunque la copia es un recurso que viene desde los sesenta y desde las vanguardias. Entonces yo creo que es la continuación de una línea experimental de la literatura que ha existido desde la modernidad, desde principios del siglo XX, quizá desde antes con Mallarmé, y que siempre ha sido de algún modo periférica, marginal y luego con la poesía concreta, con la poesía sonora, y que en estos momentos de algún modo sigue siendo periférica y marginal pero encuentra sus propios circuitos.

Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal
Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal

Eres una de las pocas escritoras en México que trata de sostener en su obra un diálogo con la situación que se vive en el país, constantemente haces una labor activista sobre esta situación tan horrible en la que vivimos, ahora con este acuerdo transpacífico en el que sobre todo se pone en mira el tema como del plagio, el derecho de autor, ¿ese tipo de recursos crees que lleguen a afectarse con este tratado, que ya está a punto de firmarse si no es que ya se firmó y no lo sabemos?, ¿tú como editora y escritora qué piensas sobre esto y cómo tratar de remar en contra de este monstruo que va a venir a poner aquí un pie en torno a la actividad creativa y editora?

Acuerdo transtrágico diría yo. Bueno, la escritura usualmente se ha abierto paso como la mala yerba, en las peores circunstancias, es decir, los procesos de censura bajo los que ha vivido la escritura desde la inquisición, desde la persecución, no son nuevas; lo que pasa es que vivimos en una falsa democracia liberal donde se supondría que este tipo de persecuciones y censuras no tendrían que existir y que ahora, digamos que en lugar de venir de un estado totalitario y censor provienen del capitalismo mismo. Hay que estar muy alertas, hay que entender este proceso y combatirlo con las herramientas que siempre ha usado la escritura que es la frase, la palabra, el lenguaje, la discusión, la argumentación, el pensamiento crítico, la imaginación. Y que por supuesto que este tratado transtrágico es parte del proceso necrocapitalista; hay una definición de capitalismo este colectivo invisible que nunca sabe uno de dónde viene pero que tiene publicaciones subversivas muy importantes y filosóficas, ha llamado al capitalismo como un proceso de demolición de todo lo existente, estamos en un proceso de demolición de todo lo que existe, de la vida misma que se ha puesto en suspenso, donde los cuerpos y las personas son también mercancía, son traficables.

También hay un proceso de privatización del lenguaje. Hay que entender que todas las leyes antiplagio, todas las leyes de los que yo llamo derechistas de autor, porque me parece una forma de reacción anticultural, toda la forma en que las grandes corporaciones mediáticas han presionado para modificar las leyes de derechos de autor, usando chantajista y manipuladoramente a los autores como a las personas a las que defienden, en realidad lo que están haciendo es asfixiar a la cultura, encerrarla, reducirla a un mero producto, cuando esto lo ha discutido ampliamente Cristina Rivera Garza, en México, y en otros lugares muchos otros colectivos muy importantes y varios de los autores que hemos publicado en nuestra antología contra el copyright en la Tumbona, y que además se puede descargar de manera libre, gratuita y distribuirse, fotocopiarse, deformarse, plagiarse y los etcéteras que quieran poner, el lenguaje, lo que dicen todos estos autores, es un espacio común, las palabras, estas palabras que estoy usando no son mías, son de todos. El lenguaje en un espacio público, es un espacio político, es un espacio que habitamos todos. Cuando yo escribo, no escribo a solas, aunque esté escribiendo yo, tratando de abstraerme del mundanal ruido, estoy precedida por todas las lecturas que he hecho de todos los escritores y escritoras, no procedo, digamos no nazco de la nada como escritora sino de un diálogo permanente con los otros. Entonces, este cerco alrededor de la escritura, la publicación y la simulación del conocimiento producida por las nuevas leyes de patentes y de propiedad intelectual lo que hacen es privatizar el lenguaje, privatizar la cultura como también quieren privatizar el agua, privatizar el aire, privatizar la tierra, despojarnos de nuestras tierras, de nuestras semillas, de nuestros alimentos, es parte de un proceso, de una voracidad y una depredación brutal frente a la que la literatura tiene una batalla que librar en el territorio de la literatura que es el lenguaje.

Vida y destino, de Vasili Grossman

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

Durante la época de la Unión Soviética muchos libros fueron censurados. Cientos de ellos se perdieron para siempre, no sabemos qué líneas desaparecieron en medio de la vista inquisidora de sus férreos lectores, cientos de novelas, cientos de poemas nunca vieron la luz; sin embargo existe una curiosa excepción. Para nuestra gran fortuna, una de las más grandes novelas del siglo XX escapó de un terrible destino, me refiero a la novela del escritor Vasili Grossman, Vida y destino.

Nos situamos en la época de la Segunda Guerra Mundial, los nazis avanzan sobre la Unión Soviética. Hitler alienta a sus ejércitos a conquistar Europa. Los campos de concentración se vuelven gradualmente campos de exterminio. La población soviética sufre el terror desenfrenado de Stalin. Los gulags se llenan de prisioneros y mientras tanto las tropas continúan su avance hasta llegar a una ciudad situada a las orillas del Volga y cuyo nombre resonaría con la fuerza de un huracán en la historia del siglo XX: Stalingrado. Sobre esta ciudad se decidirá el rumbo de la Segunda Guerra Mundial, sobre esta ciudad se librará la batalla más grande de la Historia de la humanidad.

En este gran escenario, Vasili Grossman desarrolla la épica de un pueblo construido a partir de decenas de historias. Me es difícil resumir un solo argumento, ya que en esta novela existen demasiados; son cientos los héroes que circulan por estas páginas. Soldados, generales, amas de casa, viudas hacinadas en diminutos departamentos, ancianas campesinas que viven en condiciones miserables en medio de la estepa calmuca, escritores confinados en campos de trabajo forzados, locos, científicos empeñados en encontrar respuestas atemporales, jóvenes enamorados con ese amor fatal y trágico que sólo existe en la guerra, padres preocupados por sus hijas, niños y ancianos. La novela de Vasili Grossman parece querer plasmar entre sus páginas a todos los personajes implicados en este gran drama.

El tema de la novela es la vida, la vida en sus condiciones más extremas, la vida como manifestación de la libertad frente a los totalitarismos, sea el fascismo o el régimen estalinista que en aquel momento sufría la Unión Soviética. Leemos entre sus páginas fragmentos como el siguiente:

“Cada día, cada hora, año tras año, es necesario librar una lucha por el derecho de ser un hombre, ser bueno y puro. Y en esa lucha no debe haber lugar para el orgullo ni la soberbia, sólo para la humildad. Y si en un momento terrible llega la hora desesperada, no se debe temer a la muerte, no se debe temer si se quiere ser un hombre”.

Ante todo, la novela de Grossman es un sorprendente canto a la vida, al destino, a la libertad de ser un hombre en medio de las condiciones más despiadadas, más inhumanas, más crueles. Esta idea moldea la novela en cada uno de sus numerosos capítulos, episodios donde se constata esa vida poderosa incapaz de ser aniquilada.

Vasili Grossman une la fuerza de una crónica con la belleza del relato. No sólo es la novela épica de una época, no sólo es la epopeya de un pueblo en lucha por su libertad, también es un relato íntimo del alma humana. No sólo se nos relatan la gloria de las batallas, el pensamiento de los estrategas o el valor de los soldados, Grossman, al igual que Chejov o Dostoievski, nos hace sumergirnos en la mente y vida de sus creaciones. Desde la madre que ve impotente la tumba anónima de su hijo. El niño que nos lleva de la mano hasta el final de una cámara de gas. El honesto amor de un general nazi por una anónima mujer rusa. La anciana que ve pasar las generaciones entre sus manos o el dolor impotente de un hombre que no puede estar con la mujer que ama.

Al igual que Tolstoi, Grossman hace latir la vida misma entre las páginas de su obra, pues los grandes dramas se hilvanan de cientos de historias, de pequeños momentos. No es extraño que esta novela se le considere La Guerra y Paz del siglo XX.

Parafraseando a Antonio Muñoz Molina, existen obras que “nos devuelve la conciencia del poderío de la novela como forma suprema de narración del mundo”. Éstas parecen contarnos todo, de tal manera que no dejan en paz al lector hasta que su lectura está concluida, que a pesar de estar poblado de cientos de personajes, cada una de sus historias nos deja huella. Un profesor me habló de ella como una obra “excesiva”, y en efecto lo es, porque parece desbordarse dentro de sus líneas y atisbar a través de ellas como se entretejen la vida y el destino de todos los hombres.

Burroughs en la novela gráfica mexicana: Entrevista a BEF

Bernardo Fernández, BEF
Bernardo Fernández, BEF

El pasado 11 de agosto, Martín Solares y Bernardo Fernández (BEF), ofrecieron una charla sobre novela y novela gráfica, antes de la cual nuestro corresponsal Gilberto Blanco pudo conversar con BEF, charla que aquí les presentamos.

Gilberto Blanco: Es bien sabido que Wiliam Burroughs ha sido un personaje de mucho interés para ti desde hace tiempo, pero ¿cómo surge este interés y por qué tenerlo en un personaje tan polémico y singular como él?

BEF: Concretamente, porque un día leí en una revista que él había acuñado el término heavy metal, eso es digamos un término científico pero lo hizo en una novela en los años 60. A mí, que soy metalero de corazón, siempre me gustó la música del metal y ahí empezó mi interés en Burroughs y en el personaje que yo tenía ubicado que era un personaje muy polémico; descubrí que había vivido en México y eso me interesó más. Un poco primero por la música, su relación con el punk-rock, con el grunge y luego el hecho de que haya vivido en México.

GB: ¿Qué tan difícil fue para ti investigar la vida de una persona tan complicada como él?

BEF: Complicado, pero hay mucha información ahora, por lo menos tres libros bibliográficos; hay mucha información en la red, muchas fotos. La información estaba ahí, lo complicado fue escarbar para encontrar lo que me interesaba, fue un hombre muy longevo y pues… tú sabes.

GB: Mencionas que tiene mucha relación con lo del heavy metal, el punk-rock y la onda grunge, por ahí también se dice que está en el movimiento de la cultura beat. Para las personas que no están muy allegadas a ello, ¿qué tan interesante les puede ser?

BEF: Mucho; los beatnicks fue un movimiento contracultural norteamericano importante en los años 50; fueron predecesores de los hippies, de los punks y de todo lo que habría después. Yo sostengo que son herederos tanto de los poetas malditos como de las vanguardias de principios de siglo. Y son poemas muy interesantes: Ginsberg, el más importante poeta norteamericano, Kerouac, novelista emblemático: todos eran amigos, eran parte de esa misma corriente.

GB: Sabemo también que la muerte de su esposa es un acto que marca un parteaguas en la vida de Burroughs, ¿lo es también en la historia?

BEF: En la literatura sí; evidentemente no es un autor de la talla de Herman Melville, por hablar de otros norteamericanos, o de Allan Poe, pero sí creo que es muy importante para entender el final del siglo. Si él no hubiera tenido ese incidente horrible, y además también muy estúpido, nunca hubiera producido la obra poderosa que produjo y hubiera sido, si acaso, un escritorcito de una novela perdida, no más que eso. Entonces por eso creo que es importante.

Uncle Bill - Portada
Uncle Bill – Portada

GB: Como podemos ver, William es personaje de su propia obra, en él hay parte de real y parte de ficción. ¿Tu personaje es igual, también tiene algo de real en ti?

BEF: Lo que tengo que aclarar es que muchas de las cosas que pasan ahí son invención, no digo qué para hacer el juego literario, pero esa parte autobiográfica también tiene mucho de invención y de imaginación.

GB: ¿Y tú crees que tus lectores puedan conocer un poco más de tu vida a través de tu obra?

BEF: Sí, claro, yo no quería hacer algo tan confesional y acabó siendo así, pero sí, yo creo que ahí es muy transparente en las partes de mi vida.

GB: ¿Cuál es la importancia de leer a autores como tú, que escriben un tipo de narrativa no tan común en este país?

BEF: Yo creo que eso le corresponde decirlo a los lectores; o sea, yo no sería la persona para decirte. ¡Imagínate! ¡Es importante que me leas! Yo sí creo que hago un tipo de narrativa que es muy diferente a la gran mayoría de la narrativa que se hace aquí en México, lo cual no necesariamente es ni bueno ni malo, lo que marca son los pasos de pluralidad para leer otro tipo de cosas que no son tan comunes, no hay tanta gente haciendo novela gráfica en México. Fuera de eso creo que es el propio lector el que debe decidir, yo en tal caso lo haría en aras de la pluralidad.

GB: ¿Cómo fue para ti recrear la ciudad de los años 40, donde todo es diferente?

BEF: Muy divertido, muy divertido desde documentarse. Por ejemplo, los coches juegan un papel importante y yo no soy bueno dibujando coches, entonces me conseguí unos carritos de juguete y los copiaba de todos los ángulos, fue muy padre. Esa parte fue muy divertida en términos gráficos, me fue muy bien.

Bernardo Fernández, BEF
Bernardo Fernández, BEF

GB: ¿Has pensado en escribir más sobre William?

BEF: No, yo creo que ya no, ya lo hice. Me gustaría trabajar un poco con otros escritores, me gustaría hacer algo con Mary Shelley, por ejemplo, pero con Burroughs ya terminé.

GB: ¿Qué es más complicado para ti: escribir o dibujar?

BEF: Dibujar, porque es mucho más trabajo, además, si tú escribes, y no eres un buen escritor, no es evidente a golpe de ojo, pero si dibujas mal, entonces desde que lo ves te das cuenta. Es mucho más exigente para mí dibujar que escribir. Quizá más que complicado diría que es más exigente.

Uncle Bill - Interior
Uncle Bill – Interior

GB: ¿Y siendo más exigente, lo disfrutas más?

BEF: Por supuesto, yo podría dedicarme a dibujar cómics toda mi vida, pero no es posible porque no hay un mercado para eso que pueda sostener mi carrera, pero si yo pudiera, haría novela gráfica todo el tiempo

GB: Hablas del mercado que es muy difícil aquí tratándose de cómics, ¿qué crees que se pueda hacer al respecto?

BEF: Pues ir abriendo brecha, sacando los libros, produciendo material, editándolos, la promoción, por eso estoy aquí.

GB: Por último, ¿qué proyectos a futuro tienes?

BEF: Se reeditan dos de las novelas de mi catálogo, novelas policíacas: Hielo negro y Cuello blanco, sale una colección de cuentos este mismo año y un par de antologías; para el próximo año sale la tercera novela de la serie que se llama Cuello blanco y la nueva novela Azul Cobalto, que es la nueva de la serie policiaca, como a principios de año, con la idea de que para finales salga una nueva novela gráfica que trae una nueva cosa muy diferente.

Cincuenta sombras a la basura

E. L. James - Imagen Pública
E. L. James – Imagen Pública

Por E. J. Valdés

Fifty Shades of Grey no es un libro malo… es un libro malísimo. No exagero cuando digo que es una de las peores porquerías que he leído en la vida, y que cuando llegué a la última página sentí que había perdido toda la dignidad que podía poseer como lector pero, cual cordero que quita el pecado del mundo, me di a la tarea de recorrer sus horripilantes páginas para que ustedes, y todos los internautas que lleguen a esta reseña no tengan que hacerlo nunca.

La novela fue concebida alrededor del año 2010 por Erika Leonard James, una señora cuarentona que trabajaba en una emisora de televisión regional de Inglaterra y quien, sin experiencia alguna en el ámbito literario (pienso que también sin ser lectora asidua), se dio a la tarea de escribir una ficción derivada de la trilogía Twilight, de Stephenie Meyer. Los personajes principales: Bella Swan y Edward Cullen eran una tímida estudiante de literatura y un joven y acaudalado magnate, respectivamente. Quienes emprendían un romance igual de superficial y anticlimático que en los libros originales, con el “valor agregado” de que esta encarnación de Edward tenía una ridícula fijación por el BDSM.

Una vez que Leonard completó su historia la dividió en tres partes (de manera muy aleatoria, presumo, dado el final de la primera novela) y cambió las identidades de los personajes por Anastasia Steele y Christian Grey, por aquello de los derechos de autor. Esta trilogía cuasi-improvisada comenzó a difundirse en 2011 a través de un portal para escritores amateur de Australia que permitía a sus usuarios comprar los textos en formato electrónico o impreso bajo pedido. Y estas novelas tan bobas y mal escritas tuvieron tal éxito que en 2012 Vintage Books, del Reino Unido, compra los derechos e imprime millones de libros que se venden por todo el mundo en ocho idiomas distintos.

50 sombras de Grey - Imagen pública
50 sombras de Grey – Imagen pública

Esto me resulta más inexplicable que sorprendente, pues lo primero que salta al momento de leerlos es la pobreza de su prosa, saturada de descripciones tan exageradas como innecesarias, metáforas absurdas como que el sexo “es como bailar merengue con movimientos de salsa” o comparar un orgasmo con el ciclo de una lavadora (en serio), pasajes de relleno, diálogos que no van a ninguna parte y tal cantidad de huecos e inconsistencias que uno se pregunta si el texto de verdad pasó por un corrector de estilo (y si así fue, merece el infierno).

Lo segundo que se percibe al leer esto es que la autora quiso hacer una copia al carbón de Twilight; la chica insegura que se enamora de un hombre ridículamente perfecto que, casual e inexplicablemente, corresponde sus afectos al mismo tiempo que le advierte se aleje de él pues oculta una obscura y peligrosa realidad. Lo único que le falta a Anastasia Steele para ser Bella Swan es llamarse Bella Swan, y uno se pregunta constantemente en qué momento se nos revelará que Christian Grey es un vampiro que brilla a la luz del sol. No exagero. Pero eso no es todo: así como Bella y Edward tienen a su manzana de la discordia étnicamente distinta (Jacob, el hombre-lobo nativo americano), Anastasia y Christian tienen a José Rodríguez, un moreno y musculoso fotógrafo mexicano que habla como si estuviera cortando fruta en el campo tejano:

—“Ay, Dios mío, Ana, I’m so sorry”.

Y yo, que también leí Twilight para la salvación de todos los lectores, les puedo decir una cosa: este libro es exponencialmente más absurdo y literariamente hueco que aquél que lo inspiró. Todo lo que se dice sobre su contenido explícito y “erótico” no son sino exageraciones de señoras y chicas de secundaria que nunca han tenido novio; los encuentros sexuales apenas rayan en el porno barato, y las situaciones que llevan a ellos son tan sosas y burdas que hacen ver a Moteles de la Roma, vol. 3 como La Lista de Schindler.

50 sombras de Grey - Imagen pública
50 sombras de Grey – Imagen pública

El problema número uno de la novela es Anastasia Steele y el número dos Christian Grey; ella se siente fea y ordinaria pese a describirse tan atractiva que todos los hombres del libro andan tras de ella, incluyendo al hermano de su jefe que estudia en Princeton (pues en este mundo todos son pudientes y exitosos); él, a sus veintisiete años, es el dueño único de un emporio billonario donde trabajan solamente afroditas y adonis; ella no acepta regalos porque la hacen sentir “barata” y por eso considera la laptop y los libros de colección que le envía Christian “préstamos indefinidos”; él tiene una “habitación roja del dolor” con cadenas y parafernalia bondage en un apartamento al que su madre entra libremente; ella encuentra muy normal —casi heroico— amanecer en la cama de un hombre que la sacó ebria de un bar a donde la siguió rastreando su celular; él advierte a la chica que quiere conquistar que él no hace el amor, que él “coge, y duro”; ella es una chica de veintitrés años que no sabe que existen los sueños eróticos y que la noche que pierde su virginidad se comporta como una (disque) diosa del sexo; él es el “dominante” en una relación masoquista pero hace todo lo que Anastasia le dice, al grado de estar a su merced; ella, en pleno siglo XXI, se comunica con él por correo electrónico pese a tener el número de su celular; él exige que ella firme un contrato de confidencialidad sobre la naturaleza de la relación donde le especifica qué vestir y qué comer… Podría seguir contando todo lo que está mal con este libro durante páginas, pero estoy seguro que tienen cosas mejores que hacer.

En serio, no lean esta basura ni vean la película que, según he sabido, es igual de mala y trae una banda sonora que hace llorar al niño Dios. Créanme cuando les digo que con gusto quemaría la copia que me obsequiaron del libro de no ser porque la contaminación generada abriría un nuevo agujero en la capa de ozono. Eso sí: si algún día me topo a la autora le escupiré en la cara sin titubear, y habrán de darme los premios Nobel de literatura y de la paz por ello. Simultáneamente.

Postdata del horror: En 2012, E.L. James ganó los premios de ficción popular y libro del año en los National Book Awards del Reino Unido. También en 2012 Publishers Weekly la nombró autora del año. Hemos fracasado como especie.

Sobre Los nombres del aire, de Alberto Ruy Sánchez

Alberto Ruy Sánchez - Imagen Pública
Alberto Ruy Sánchez – Imagen Pública

por Emanuel Bravo

No soy un gran lector de la literatura mexicana (o no al menos como yo quisiera ser), quizá por ello el nombre de Alberto Ruy Sánchez no me proporcionaba ningún referente, durante estas semanas de búsqueda de nuevos y raros autores me topé con su nombre, quizá lo primero que me llamó la atención fueron las fastuosas portadas con temas orientalistas que corren bajo el sello de la editorial Alfaguara y Punto de Lectura. Bastó dar un par de hojeadas para atrapar completamente mi atención, páginas cubiertas con caligrafía árabe correspondiente a la obra del artista Hassan Massoudy y párrafos de gran calidad poética.

El primer libro que leí fue Los demonios de la lengua, la breve hagiografía de un santo que “hizo el mal muy bien”, después de este primer acercamiento leí Los nombres del aire, novela que pertenece al ciclo de Mogador, un conjunto de obras que se desarrollan en una ciudad imaginaria.

Imaginen una ciudad, pero no una ciudad cualquiera, una ciudad construida a las orillas del mar tan azul como las miradas lánguidas de los amantes, rodeada por unas altas murallas blancas y pálidas como huesos, con seiscientos sesenta y seis torreones, cada uno coronado con veletas en forma de dragones, miles de calles serpenteantes, con cientos de palacios de piedras caleidoscópicas, con olor a azafrán, canela y demás especias. Imaginen una ciudad donde las pasiones se sienten en las paredes y los secretos corren como si saltaran en sueños y los sueños como si saltaran en las miradas; esa ciudad es Mogador.

Francesco Paolo Michetti, Tocco da Casauria
Francesco Paolo Michetti, Tocco da Casauria

En este escenario se desarrolla el drama de Fatma, una doncella de mirada nostálgica que ve pasar los días desde su ventana en busca de algo que no puede ser pero que un día fue. Toda Mogador intentará resolver el enigma de su pesar, cada uno de forma completamente distinta. Pronto nos vemos envueltos en una compleja trama llena de magia, genios malvados, ritos secretos, sabiduría prohibida y sobre todo un erotismo y exotismo propio de Las Mil y una Noches.

Alberto Ruy Sánchez nos introduce a un mundo secreto, el espacio íntimo en el que se desarrollan las impronunciables pasiones que carcomen la mirada detrás del velo, a la sensualidad femenina de Fatma en contra parte a la novela En los labios del agua, donde explora la sensualidad masculina.

Desde la creación de espacios llenos de ensoñaciones orientalistas, la profunda significación del cuerpo femenino en la religión musulmana, la delicada narración que de forma constante remite a otras para explicarse a sí misma, la sensación de laberinto y la sutil construcción de imágenes poéticas es lo  que constituye la lectura de esta novela un verdadero deleite, y de otra forma, algo distinto a lo que nos tiene acostumbrados la literatura contemporánea mexicana. Es como dice Severo Sarduy al remitirse a esta novela: “Más que una novela este libro es un nuevo modo de aprender a leer: el de la fulguración”.

Gaston Casimir Saint-Pierre Soudja Sari
Gaston Casimir Saint-Pierre Soudja Sari

Sobre Fruta verde, de Enrique Serna

Enrique Serna - Imagen Pública
Enrique Serna – Imagen Pública

por Emanuel Bravo

Existen tantos tipos de amores como corazones.

León Tolstoi

Nos da miedo pronunciar ciertos nombres del amor. Su resonancia nos aterra, nos produce vértigo, pero el silencio de esos nombres es suficiente para poseernos, flotan cual niebla escarlata cerca de nuestras almas, nos asedian, nos toman y nos subyugan, en secreto pronunciamos ese nombre velado y nos damos cuenta de su peso, de su textura, de la amarga angustia que conlleva su carga. 

Mi amiga Karen Gámez me prestó en esta semana varios libros de Enrique Serna, escritor cuya obra desconocía totalmente, debo admitir que me llevé una excelente sorpresa y en esta reseña toca hablar la segunda novela que leí de él: Fruta verde.

La historia posee una estructura bastante peculiar, contamos con cuatro narradores, tres voces corresponden a los protagonistas y la cuarta a un narrador externo. La historia se desarrolla en el México de los años 70. Nuestra primera protagonista es Paula Rencillas, ama de casa divorciada, madre de tres hijos y de una  moral inquebrantable ve como llega a su cuerpo el otoño de sus días, en medio de esta nostalgia ve la proximidad de Pavel, amigo de su hijo mayor, como una última oportunidad para ser feliz, sin embargo, esta oportunidad no está exenta de un muro infranqueable de prejuicios y miedos. Germán Lugo, primogénito de Paula es un aspirante a escritor, un adolescente de dieciocho años que está decepcionado del amor debido a la traición de su novia Berenice, por ello, verá con recelo e inseguridad el cortejo amoroso de Mauro, dramaturgo homosexual que completa nuestro trío de protagonistas.

Enrique Serna - Imagen Pública
Enrique Serna – Imagen Pública

Dos amores ilícitos, dos pasiones distintas pero gemelas en su simiente. Tanto Paula como Germán viven en una sociedad donde la decencia y la reputación toman un papel fundamental en cada acto de sus vidas. Para Paula, la moral sobre la que ha cimentado su vida es un recurso que justifica su testarudez con la cual trata a su exmarido y con la cual ha labrado un destino impoluto e irreprochable, pero se dará cuenta que el amor encuentra caminos que contradicen cualquier corriente y que cimbra las conciencias con la fuerza de un sismo tardío. Para German, la decencia es un obstáculo para su crecimiento, la fuerte moral de su madre ha moldeado un carácter bifurcado. Durante la novela vemos su eterno debate entre ser heterosexual u homosexual por insinuaciones de Mauro, la fuerte cadena que forjó su madre lo lleva a continuas contradicciones con ella.

Por otra parte, tanto Pavel como Mauro son figuras que alientan los amores furtivos, un adolescente de dieciocho años y un dramaturgo que le dobla la edad a su enamorado. Sus intenciones son demostradas a partir de gestos sutiles, exclamaciones silenciosas de un amor al que no se puede poner barreras, porque a final de cuentas uno no puede preguntar el porqué del amor.

Enrique Serna - Imagen Pública
Enrique Serna – Imagen Pública

Fruta verde no sólo es la historia de dos cortejos amorosos, también es una novela de crecimiento. Serna proporciona a cada uno de sus protagonistas una profundidad psicológica que nos hace compaginar con cada una de sus acciones, de sus secretos, de sus caracteres. El estilo de la novela pasa por la narración lineal, el monólogo dramático de Paula, las confesiones intimistas del diario de Germán,  el guion teatral que expone el juicio contra la inmoralidad de Kimberly, prima de Paula o la  prosa poética e irónica de Mauro.

Fruta verde es una novela que modela varios conflictos con absoluta armonía,  nos muestra que existen nombres prohibidos para el amor pero que en la intimidad de nuestras recámaras son invocados  con toda la fuerza de nuestros pechos.

Virginia Woolf: Las olas

por Emanuel Bravo Gutiérrez

Un amigo me comentó una vez que Virginia Woolf era como el mar, era hermoso pero profundo y era fácil perderse en él. Era un comentario bastante atinado, leer a Woolf es parecido a surcar un mar, te puedes sumergir de forma plácida en su superficie y aguardar a que te lleve la deriva hacia ningún destino sin esperar nada más. Pero como todo mar, Woolf tiene sus tormentas llenas de furia incontenible, el fragor de su tempestad es inabarcable y en el palpitar de sus olas se esconde la melodía monocorde del infinito.

Virginia Woolf - imagen pública
Virginia Woolf – Imagen pública

Las olas (publicada en Tusquets Editores) es el título de la séptima novela de la escritora inglesa Virginia Woolf. Desde la fecha de su publicación en 1931 sorprendió a la crítica por el nivel de experimentación al cual llega. La técnica del flujo de conciencia que la autora ya  había utilizado en su novela Mrs. Dalloway, en esta obra es llevada a un siguiente camino. Los hechos narrados y la narración como tal queda en un segundo término, se prioriza la prosa, la formación de una conciencia antes que contar una historia.

Seis personajes, seis héroes, seis voces, seis narradores, seis almas, seis formas de entender la realidad, seis formas de vivir la vida. Esto es lo que nos entrega Virginia. La novela se construye a partir de la conciencia de los monólogos de los  protagonistas: Louis, Bernard, Neville, Susan, Jinny y Rhoda. Existe un séptimo narrador que nos presenta la obra y  que relata con gran detalle el curso de un día.

No se relatan vidas, se viven. La novela prioriza el ser, la conciencia más que los acontecimientos, leemos los pensamientos de los personajes, habitamos sus pechos y respiramos el aroma de sus almas. Estos singulares monólogos poseen una gran belleza, incluso en la traducción percibimos toda la delicadeza con la cual Woolf construyó sus frases, más que una novela tenemos en nuestras manos un largo poema a la vida, un largo poema en prosa que rebosa en cada línea del fluir incesante del tiempo. Esta concepción de la novela llevó años después a la autora a concebir la novela de la siguiente manera:

“La vida no es una serie de lámparas dispuestas sistemáticamente; la vida es un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos rodea desde el nacimiento de nuestra conciencia hasta el fin. ¿No es acaso la tarea del novelista coger este espíritu cambiante, desconocido, ilimitado, con todas sus aberraciones y complejidades y con la menor mezcla posible de los hechos exteriores y ajenos?”

Las Olas - Portada en Tusquets
Las Olas – Portada en Tusquets

Seis soliloquios de gran fuerza expresiva cuyo germen encontramos al principio en el “Ulises” de James Joyce, autor que influyó en la poética de Woolf de forma importante.

La vida palpita en cada línea, nos asomamos al abismo del tiempo, del discurrir de los días, irrefrenables sentimos su efecto en la conciencia de nuestros protagonistas que crecen, ven con miradas ingenuas la llegada de la vida que retoña en sus cuerpos y que avanza hacia nuevos caminos que los conducen a la alegría, al odio, al amor, al egoísmo, al orgullo, a la vanidad, a la angustia, a la embriaguez, al tedio, a la reflexión, a la ira, a los celos, a la valentía, a la locura, al suicidio, a la eternidad…

“Un millón de manos cosen, suben cuezos con ladrillos. La actividad es infinita. Y mañana vuelva a comenzar, mañana vuelve a comenzar, mañana damos importancia al sábado. Algunos tomarán el tren de Francia, otros embarcarán para la India. Algunos jamás volverán a entrar en esta sala. Uno morirá esta noche. Otro engendrará un hijo. De nosotros nacerán edificios de todo género, políticas, aventuras, cuadros, poemas, hijos, fábricas. La vida viene. La vida se va” (pág. 132)

Virginia Woolf fue llamada por la crítica francesa como: la fée des lettres anglaises, su prosa de gran belleza abunda en poderosas imágenes poéticas, metáforas con un profundo sentido metafísico, una magia particular, delicada y sutil. “Las olas” es una novela de madurez, sus voces resultan una invocación, un canto ritual moderno, un coro pagano que eleva su plegaria a la vida, esa vida inconmensurable que sobrevive al fin del tiempo, que se eleva grácil más allá de la muerte.