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Float On

por E. J. Valdés

En mayo de 2012, Modest Mouse se presentó en Cholula, Puebla, como parte de la primera y última edición del Festival 72810. En punto de las ocho de la noche el grueso de los asistentes se aglomeró frente al escenario oeste para esperar a la banda, que salió puntual y abrió su repertorio con “Dashboard”. Hacia la mitad de su intervención tocaron “Float On”. Los primeros acordes de la guitarra arrancaron al público un grito jubiloso, y aquellos que no saltaron bailaron, y quienes no bailaron cuando menos cabecearon. Nadie pudo quedarse quieto, y alrededor de ochocientas voces hicieron eco al coro, extáticas. Entonces, al concluir la canción, ocurrió lo inesperado: la gente comenzó a retirarse. La banda no se detuvo —continuó casi de inmediato con “Bukowski”— pero el público se esfumó, veloz, en pos del escenario este, en donde, cuarenta minutos más tarde, se presentaría Public Enemy (¿quién en su sano juicio deja un concierto de Modest Mouse para esperar a Public Enemy?). A nadie pasó desapercibida la mirada que intercambiaron Isaac Brock y Tom Peloso, extrañados de que dos terceras partes de su audiencia dieran la media vuelta para alejarse. Peor aún: durante el resto de las canciones el público se redujo más y más, y hacia el final de su acto tocaban —no miento— para un máximo de cien personas. Brock lucía molesto, y en cuanto terminaron dejó su guitarra y salió del escenario sin decir una palabra, de modo que fue Peloso quien tuvo que despedirse y agradecer a los pocos que tuvieron el genuino interés de escucharlos.

Horas más tarde, cuando el staff ya había empacado sus cosas, la banda solicitó reunirse con los organizadores del festival, y aunque no fueron los únicos que se quejaron de la baja asistencia, sí fueron los que más se hicieron escuchar (a ello contribuyó la personalidad explosiva de Brock).

Modest Mouse
Modest Mouse

El Festival 72810 se extinguió aquella misma noche, pero para Modest Mouse apenas comenzaba la gira por Latinoamérica. Su siguiente parada fue en San José, Costa Rica, y aunque en esa ocasión no formaron parte de un cartel colectivo, Brock aún no superaba lo acontecido en México y estaba malhumorado e insoportable. Cuando salieron a tocar arrancaron de nuevo con “Dashboard”, como indicaba la lista de canciones, sin embargo, tras interpretar otro par de éxitos, Brock se acercó a Jeremiah Green y le pidió que diera la entrada para “Float On”. Esto extrañó al baterista, pues aún debían repasar otra decena de temas antes, pero el vocal, irritado, les gritó a él y al resto de la banda que cerraran la boca e hicieran como les mandaba. No muy convencido, Green contó con sus baquetas, dio unos golpes a los tambores y Brock se incorporó con los primeros acordes de la canción. El público aulló y los siguientes tres minutos y medio fueron una auténtica locura. Al concluir el último coro una ovación inundó el lugar. La banda prosiguió con “Ocean Breathes Salty”, pero hacia la mitad se percataron de que, tal como ocurriera en México, algunas personas ya se marchaban. De nuevo Brock intercambió una mirada con Peloso; poco a poco los asientos se vaciaban y les restaban, cuando menos, otros cincuenta minutos en el escenario. Los completaron, pero fue evidente que terminaron el concierto con mucha menos gente de la que iniciaron y que Brock no estaba para nada contento con ello. En el camerino, abrió una cerveza que arrojó contra la pared tras sólo un par de tragos. Nadie se atrevió a dirigirle la palabra el resto de la noche.

Volaron a Bogotá. Allí, Brock instigó al desorden cuando ordenó tocar “Float On” entre las primeras canciones de la noche una vez más. Dados los últimos acontecimientos, la banda no estuvo muy de acuerdo pero la voluntad del vocal terminó por imponerse; menos de quince minutos después de comenzar el concierto enfrentaron el mismo escenario de las dos presentaciones previas. Al menos la mitad de los asistentes se marchó, y por supuesto que Brock no se guardó la rabieta. Viajaron después a Lima y Peloso hizo cuanto pudo para convencerlo de que reservaran “Float On” para el final de la velada, moción que el resto de los músicos apoyó. Sus palabras, sin embargo, cayeron en oídos sordos y, para horror de todos, aquella noche Brock quiso tocar “Float On” tan pronto pusieron pie en el escenario. El público se regocijó, por supuesto, pero eso no previno el silencioso éxodo hacia afuera del auditorio minutos después.

Para la banda aquello fue demasiado. Después del concierto encararon a Brock cual tripulación amotinada ante el capitán pero al final de la noche prevaleció su cabeza dura: así terminaran cada presentación ante un montón de asientos vacíos, “Float On” se quedaba al inicio del repertorio. La subsecuente discusión fue larga, acalorada y fútil.

Llegaron a Santiago con la moral hecha polvo. Nadie deseaba hablar con Brock y él, a su vez, no tenía interés en dirigirle la palabra a los demás. Pasaron el día cada quién por su cuenta y durante la prueba de sonido, un par de horas antes del concierto, el aire se respiraba tenso. Hacia la hora del evento, el teatro estaba lleno. Peloso asomó por entre las cortinas y no pudo sino lamentar el hecho de que en cuestión de minutos muchas de esas butacas se desocuparían. Brock no dijo una palabra. Poco después de las nueve salieron al escenario y un estruendoso aplauso los recibió, mismo que cobró intensidad cuando los acordes de “Float On” resonaron por los altavoces. Gritos, aullidos y silbidos los recompensaron, y aunque la lista de canciones indicaba que “Dashboard” era la siguiente, Brock los detuvo a todos antes de que comenzaran con ella.

—“Float On” —ordenó.

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Los músicos se miraron entre sí. ¿Habían escuchado todos lo mismo? ¿De verdad les estaba pidiendo que tocaran “Float On” otra vez?

Peloso se acercó a preguntarle si acaso bromeaba, mas no tardó en convencerse de que no era así: sin consultar a nadie, Brock tocó los acordes de “Float On” y a los demás no les quedó sino sumarse. La confusión también corrió entre el público pero pronto se disipó entre una marejada de éxtasis, pues aquella segunda interpretación fue mucho mejor recibida que la primera. Todos bailaron con mayor ímpetu, saltaron más alto y cantaron más fuerte. Sobre el escenario, nadie salvo Brock daba crédito a ello. El ánimo de la banda mejoró y creció de manera exponencial junto con la euforia del público conforme tocaron “Float On” una tercera, cuarta y quinta ocasión. Para todos fue una noche como ninguna otra: interpretaron el mismo tema durante una hora y media frente a un teatro cada vez más emocionado. Nadie se quejó, nadie se aburrió y nadie dejó su lugar. Incluso, cuando Brock y los demás salieron del escenario la gente pedía a gritos que tocaran “Float On” una vez más, y eso fue justo lo que hicieron.

El inusual concierto de Modest Mouse fue muy comentado en los medios: ninguna banda antes que ellos había enloquecido a dos mil personas con casi cien minutos de la misma canción. En opinión de algunos comentaristas, aquello había sentado un precedente importante para actos considerados one-hit wonders, aunque a decir de otros se trató de un acto deplorable y estrafalario, de una burla a la industria y a quienes pagaron un boleto por entrar a escucharlos. Como fuera, la expectativa por las siguientes fechas de la gira, todas ellas en Brasil y Argentina, fue tal que las entradas restantes se agotaron y el precio de reventa se disparó. Modest Mouse, sin embargo, no repitió la hazaña: “Float On” se interpretó una sola vez por noche para beneplácito de quienes deseaban escuchar todo su repertorio y horror de quienes no. Lo cierto fue que nadie en el público dejó su lugar, y los lamentables escenarios de México, Costa Rica, Lima y Perú no se repitieron. Para los chicos fue como si una maldición se hubiese roto.

Las cosas a veces resultan bien.

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Jimi Hendrix estrechó mi mano

por Robert Fripp

traducción E. J. Valdés

Desde su debut en 1969, King Crimson se convirtió en un referente de genio musical, y con el paso de los años la banda ha adquirido un estatus que muy pocas agrupaciones igualan en la historia del rock. Este verano el legendario conjunto británico visitará México como parte de su más reciente gira, de modo que es un excelente momento para compartir la siguiente transcripción y traducción que hice de una anécdota que relató Robert Fripp en alguna de sus presentaciones (encontré el audio mas no información sobre dónde y cuándo se grabó). En un punto de este concierto un hombre en el público alzó la voz para decirle“¡Jimi Hendrix estrechó tu mano izquierda!”, tras lo cual Fripp se tomó un par de minutos para ahondar en este hecho:

Robert Fripp - Imagen pública
Robert Fripp – Imagen pública

Sí, así fue: Jimi Hendrix estrechó mi mano izquierda. El caballero acaba de mencionar la ocasión en que conocí a Jimi Hendrix y, si me lo permiten, les contaré la historia dado que, ocasionalmente, cuando se celebran los aniversarios de Hendrix, diversas revistas de guitarra o MTV me piden hablar sobre él. La única vez que lo vi fue en el Revolution Club, en Mayfair, cuando Crimson tocó allí en 1969. Fue la primera vez que me senté. Siempre he tocado la guitarra sentado, pero al trabajar en un conjunto de rock no puedes sentarte… ¡Nadie toca la guitarra sentado! Pero luego de unos doce conciertos con Crimson en el 69 ya me era imposible tocar de pie, así que dije: “Miren, tengo que sentarme”. Y Greg Lake dijo: “¡No puedes sentarte, parecerás un hongo!”. Mi respetuosa opinión era que, para muchas culturas, el hongo era un símbolo de despreocupación, e incluso si tocaba sentado aún podía sacudir la bandera. Así que nuestro representante —EG-Management— compró un banco: un banco que pintaron de negro y colocaron en el escenario del Revolution Club, en Mayfair. Luego, al concluir el primer set, nos encontrábamos en el camerino y se me acercó un hombre que vestía un traje blanco y llevaba el brazo derecho en un cabestrillo. Una de las personas más luminosas que he conocido. Se acercó a mí y dijo: “Estrecha mi mano izquierda, hombre: está más cerca de mi corazón”. Bien, en 1981, doce años después, King Crimson grababa Discipline en Basing Street Studios, que se ubica en el distrito Portobello de Londres, y nos alojábamos en el Hotel Portobello, famoso por sus habitaciones minúsculas y sus paredes delgadas como el papel; si el teléfono sonaba al lado, como le sucedió a Jerry Marotta, Tony Levin decía desde el cuarto contiguo: “¡No tenemos que contestar eso, Jerry!”. Caminaba hacia el estudio —Basing Street Studio— por Portobello Road y vi una librería, y como soy una especie de bibliófilo y estaba ansioso por retomar mi lectura, entré y allí me encontré a Loretta Land. Ahora, Loretta Land era la cuñada de Michael Giles, el primer baterista de King Crimson. Puesto que no nos habíamos visto en doce años dijimos: “Vayamos por un trago esta noche al Portobello”. Y allí ella me dijo: “¿Recuerdas aquella vez que Hendrix fue a ver a King Crimson?”. Y yo respondí: “¡Pero por supuesto! Es mi historia de Hendrix”. Ella preguntó: “¿Sabías que estaba sentada junto a la mesa de Jimi Hendrix?”. Y yo le dije que no, a lo que ella agregó: “Saltaba de arriba para abajo mientras decía ‘ésta es la mejor banda del mundo’”. Con toda modestia, ésa es una de las mejores tarjetas de presentación que un músico en activo podría mostrar.

Enlace al audio original: https://www.youtube.com/watch?v=woRhyl4k6sc

Always somewhere: la música en la imagen.

por José Luis Dávila

Son los gritos, la expectación, los empujones, todo al mismo tiempo. Las primeras notas entonces, y sale la banda hacia los reflectores. Los amplificadores esparcen el sonido por todo el lugar, se mete por los oídos, sale en los movimientos, en las cabezas que van de atrás hacia adelante, de adelante a atrás. Los ojos de cientos, muchas veces de miles, sobre los escenarios, los ojos que esperan capturar instantes para guardarlos, para apalabrarlos, para compartirlos, para tenerlos presentes cada que el recuerdo ataque, cada que se escuche de nuevo esa canción dondequiera que se esté, que se escuchen los gritos, vuelva la expectación, se sientan los empujones, todo al mismo tiempo desde las primeras notas a las últimas, mientras, con los ojos cerrados, se ve a la banda bajo los reflectores.

Rebeca Martell tiene la capacidad de concentrar toda esa experiencia en sus fotografías. Cada una de las piezas que componen la exposición Always somewhere, presentada en la Fototeca Juan Crisóstomo Méndez, evoca la idea del momento transcurrido dentro del click, la idea de la atemporalidad de los ídolos ajenos y propios, una atemporalidad tanto social como personal, representativa de la música que a ella le atrae como canto de sirenas: el rock en la amplitud de sus variaciones.

Always somewhere tiene el discreto encanto de la sensibilidad musical en la imagen, y es por ese valor que debe ser visitada. Cada una de las piezas que muestra es también contenedora –quizá fuera de intención– de la fuerza que existió dentro del margen experiencial de la fotografía; en todo caso, Martell logra transmitir la emotividad del momento casi efímero que sucede dentro del concierto y, por medio de su cámara, deja que ese momento suceda en la sala de exposición para el espectador.

Para todo amante de la música esta es una exposición imperdible.

La poética de la ilustración: entrevista a Santiago Caruso

Este mes, Santiago Caruso (pintor argentino nacido en 1982)  estuvo de gira por México realizando exposiciones, charlas, realización de pintura en vivo y firmas de autógrafos en todas partes. Su último evento fue una firma de autógrafos en Gandhi el pasado 15 de marzo donde pudimos conversar con él. Aquí está la charla que realizó con Gilberto Blanco.

Gilberto Blanco: ¿Qué tal te ha ido en México? ¿Cómo te han tratado?

Santiago Caruso: Muy bien, la verdad es que muy bien. Soy yo el que me metí en un problema al hacer tantas cosas en poco tiempo. Sí, pero la verdad es que me han tratado muy bien.

GB: Ya te sentías cansado desde antes de venir, habías puesto en tu face.

SC: Sí, jeje, y era cierto.

GB: Cuéntanos, ¿cómo surgió tu pasión por la pintura y el dibujo?

SC: Tiene que ver con la gráfica, tiene que ver con las tiras cómicas, con las historietas; por eso me parece muy importante atender a esa forma expresiva para que el común de la gente tenga un acceso más cercano a la lectura y al hecho artístico. Una historieta no tiene por qué ser una cosa tonta. Así que sí, la conexión con la plástica tiene que ver con las lecturas. Con algunas historietas me formé como lector así y de allí salté a la lectura de libros. En mi casa no se leían muchos libros, o sea, sí me leían o yo tenía, pero mis viejos no leían nada. Fue un poco como una especie de accidente.

GB: Y de todos los libros que has ilustrado hasta ahora, ¿cuál es tu favorito?

SC: Mira, el de Los cantos de Maldoror me lo acabo yo de encontrar, no lo había visto; pero es un libro que terminé hace poco en un tiempo bastante breve para mi propia sorpresa y calculo que en algún momento lo voy a continuar porque me quedaron un montón de imágenes en el tintero y, bueno, ojalá merezca que se reimprima y se puedan hacer algunas imágenes más para esa reimpresión.

Santigo Caruso
Santigo Caruso

GB: Sí, claro. ¿entonces podemos decir que Lautréamont es tu favorito?

SC: Pues la verdad sí, jeje.

GB: ¿Por el tiempo qué tardaste en hacerlo o por qué?

SC: No, no, es por la temática, por lo que le permite a uno como intérprete de lo visual poder configurar en imágenes; hay todo un discurso bastante personal, pero que también se potencia, o sea, que obviamente está potenciado o está sostenido por una obra literaria que tenía. Así que sí, cuando uno está en relación con algo que ya es potente per se si uno se compromete, obviamente encuentra algunas cosas por decir y pasa algo distinto. Sí, te diría que Los cantos de Maldoror.

GB: Aprovechando que tienes El Rey de Amarillo en tus manos, hace tiempo en una entrevista habías dicho que ese era uno de tus grandes sueños, ilustrar este libro. ¿Cómo te sientes ahora que lo has logrado?

SC: (Risas) Es una buena pregunta. Todavía no lo termino en realidad porque ilustré para Zorro Rojo estos cuentos y algunos más, pero hay un editor norteamericano que quiere sacar un volumen sobre Chambers bastante más grande, así que voy a hacer algunas imágenes más para otros textos. Quizás no es el mismo choque que te produce entrar en el goce de Maldoror, en esa forma literaria; porque también yo añoraba hacer este libro (El rey de Amarillo) y lo había leído cuando era bastante más chico, y ahora por allí no tiene la misma densidad poética de lo que uno está acostumbrado a transitar, entonces está bien, tiene sus posibilidades y traté de aprovecharlas, pero es mucho más rico literariamente Los cantos de Maldoror.  Creo que pude darle al libro algunos momentos luminosos y más poéticos que por ahí el texto en sí no sé si tiene o no es tan claro, creo que está en eso, más que nada en el relato de “En el patio del dragón” que tiene la imagen que fue la portada.

GB: ¿Y cómo es que te acercaste a lo fantástico y a lo terrorífico?

SC: Más que nada con la lectura de Edgar Allan Poe, que es un tipo que sigo leyendo de vez en cuando porque siempre uno encuentra cosas nuevas en su mirada de la poesía y de lo humano; es un personaje extrañísimo Poe. También tiene ensayos, es un tipo como muy versátil. También ha abarcado demasiadas cosas por ahí más de lo que podía realmente manejar, pero en cuanto a la ficción, al cuento, me parece de lo más maravilloso que he leído.

GB: ¿Qué proyectos tienes en el futuro? ¿Qué tienes a la puerta ahora?

SC: Ahora estoy ilustrando una novela de Ramsey Campbell, un escritor norteamericano al que yo le había hecho una portada de una serie de cuentos de él. Y voy a hacer las ilustraciones de una edición de cuentos de Maupassant que yo mismo seleccioné, que a ver cuándo sale y cuándo lo puedo hacer, ojalá pronto porque es un escritor que yo quiero mucho, me gusta. También voy a hacer sobre cuentos de un escritor peruano que no conocía que se llama Clemente Palma, el libro se llama Cuentos Malévolos para una editorial de Perú; es un escritor modernista, bastante raro.

GB: ¿Conoces algo de literatura fantástica o de terror mexicana?

SC: Me estuvieron hablando de algunas cosas. He leído a Carlos Fuentes. No sé a quién más conozco de México. Bueno, a Carrington que es un bicho raro, ¿no? Estuve pintando sobre cuentos de ella el domingo.

GB: ¿A Amparo Dávila no la has leído?

SC: Me la recomendaron, pero no la he leído todavía.

GB: Recomendadísima

SC: Bueno, ya van dos que me la recomiendan, así que le voy a prestar atención.

GB: ¿Y qué otras obras te gustaría ilustrar?

SC: La tentación de San Antonio de Flaubert. Es un libro que me gusta mucho.

GB: ¿Alguna otra que tengas en mente?

SC: Ahora no se me ocurre, estoy muy cansado, jeje. Sí, pero ese es un libro que quiero hacer. Ah, bueno, y Las flores del mal, es una cosa buena.

Santigo Caruso - Fotografía de @andresrsgalindo
Santigo Caruso – Fotografía de @andresrsgalindo

GB: Esta misma noche, de hecho ya en un poco tiempo, te vas de regreso a Argentina. ¿Qué impresión te deja México?

SC: A mí México me encanta, más que nada me gusta su gente y me han recibido bien; la otra vez, pero fue hace un tiempo largo, y ahora ha sido mucho más calurosa la bienvenida y ha sido enfático. Y yo lo agradezco siempre, porque es gratificante para uno salir de casa y encontrarse con la respuesta de la obra, y acá son muy efusivos. Yo lo agradezco muchísimo.

GB: ¿Haz ilustrado cuentos infantiles?

SC: Sí, más que nada hace tiempo. Hace unos añitos hice unas imágenes para un libro de brujas, pero para pre-adolescentes.

GB: ¿Y no tienes en estos momentos deseos o no te ha llamado la atención regresar a lo infantil?

SC: Sí, es más, ahora hay una posibilidad que acaba de surgir de ilustrar un clásico, pero no voy a decir mucho, igual no es ninguna cosa. Pero sí tengo muchas ganas de meterme con algún clásico infantil, a ver de qué manera se le puede interpretar a mi forma.

GB: ¿Y de dónde inspiras tus ideas? ¿De dónde surge la inspiración para tus obras?

SC: No sé, o sea, están mezcladas con lo literario, digo siempre, o la filosofía. Siempre están en esa relación de pensar algo sobre lo humano, quizás a veces en clave fantástica; o sea, aparecen imágenes rarísimas, pero aún en esas absolutamente extrañas como, no sé, La Profetiza Interior que es como una especie de sadhu de la India que en esa meditación y en ese aquietarse se reseca y se rompe como una especie de crisálida y surge de él toda una figura, como una especie de divinidad en forma de insecto-humano. Pero estoy hablando de unas cosas que uno quiere que cambien a partir de la transformación; en clave fantástica igual está dicho. Así que me parece que siempre tanto la ficción como la poesía proponen imágenes, proponen caminos y siempre mis trabajos están relacionados a lo literario.

GB: ¿Y qué otras actividades te gusta realizar aparte de esto que haces?

SC: Hago música también. En mi casa toco canciones que me gustan, y bueno, estos eventos de pintura en vivo están interesantes también, donde se sale allí a improvisar una imagen y componer algo sin tener mucha noción más que del texto. Pero bueno, la música también te va llevando y pues improvisas.

GB: ¿Algún género en especial?

SC: No. No sé, escucho de todo, desde clásicos de flamenco, folk, rock clásico, y de a poco me voy acercando a lo contemporáneo un poco, soy medio viejo en ese sentido. Bandas como Morphine o alguna banda de los 90’s que cuando yo era pibe no les di bola y que ahora disfruto mucho.

GB: ¿Hay algún artista que admires en particular o con el que sientas que tu obra se puede identificar?

SC: Quizás ahora con la obra de Odd Nerdrum, pintor noruego muy muy interesante, y alguno de otra época, puede ser Odilon Redon que transita algunos caminos que me gustaría recorrer: una imagen más simple y al mismo tiempo más misteriosa, más abierta. Así que esos te diría.

GB: ¿Y cómo defines tu arte?

SC: Yo creo que el equivalente en lo literario sería un, como que hago una especie de prosa poética porque tiene una cosa concreta que sucede y que tiene que ver con lo narrativo, con lo descriptivo, pero después hay algo que también se manifiesta allí y que viene de otro lugar, es otra cosa. No sé, para mí tiene una relación con el simbolismo, pero está re-elaborado desde esta época entonces tiene otros paradigmas también. Se comparten cosas pero hay otros elementos que la renuevan.

GB: Bueno, hace tiempo, no sé muy bien cuánto, ilustraste también para Zorro Rojo algunas obras de Lovecraft. Hoy es su aniversario luctuoso y, me llegan informes desde el más allá que él lee Cinco Centros desde el inframundo. Para despedirnos, ¿Hay algo que le quieras decir en su aniversario luctuoso?

SC: (risas). Sí, que mande algún mensaje, que se cuente algo. Que mande alguna señal, si es que hay otro lado.

Mantener fresca la música: entrevista a Ulysses Owens Jr.

Como se está volviendo tradición, el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla trae la temporada de conciertos New York Jazz All Stars, la cual abrió con el concierto de Ulysses Owens Jr. en un Auditorio de la Reforma lleno y desbordante de energía. Tras el concierto pudimos conversar con él y aquí lo que nos dijo:

José Luis Dávila: Tengo muchas preguntas para ti, pero primero, ¿cómo te sientes hoy? Quiero decir, la casa llena sólo para ti…

Ulysses Owens Jr.: Fue probablemente una de las primeras veces en mi carrera que pude obtener algo así de especial, con tanta gente. Hemos tenido shows llenos en Nueva York, de ahí somos, pero tener  un show lleno en otro país y ni siquiera en una ciudad tan grande como la Ciudad de México, sino venir a Puebla. Fue simplemente increíble. Y tener militares acá, el general, todo fue muy salvaje.

JLD: En tu experiencia, ¿haber tocado en este lugar te gustó?

UO: Sí, me encanta, nos encantaría volver, si se acabaron los boletos para un día espero entonces que podamos hacerlo por un par de días, sería un placer regresar y tocar más música.

JLD: ¿Te sentiste como una estrella del rock?

UO: Sí, creo que en México ha sido genial, es casi como en Japón para nosotros que vamos y la gente de verdad nos ama, de verdad nos busca; en México ha sido sorprendentemente increíble. Yo sabía que iba a haber gente excelente, pero no tenía idea de que iban a amar la música en la forma en que lo hacen.

JLD: Eso es peculiar porque como sabes el jazz no es tan popular, pero ¿tú qué piensas del jazz en el mercado?

UO: Así es, en términos del mercado es muy difícil, algunas veces como músicos estadounidenses tenemos que ir a otros lugares para tener la apreciación que deseamos, así que esto prueba de nuevo que si queremos encontrar nuevos admiradores tenemos que venir a otros lugares.

Ulysses Owens Jr. y José Luis Dávila
Ulysses Owens Jr. y José Luis Dávila

JLD: Hay personas que piensan que el jazz está muerto o que es sólo para ciertos tipos de personas, ¿qué piensas de eso?

UO: Eso no es verdad, no creo que sea verdad para nada porque si dices que el jazz está muerto y que la música clásica está muerta, dices que el rock and roll, que en realidad empezó a finales de los 50’s, está muerto, dices que el hip-hop que empezó a finales de los 80’s está muerto, entonces para mí nada está muriendo, lo que pasa es que a veces la aproximación que le da la gente hace más difícil que las personas se enamoren de ello. Lo que tenemos que hacer, y es lo que hacen estos tipos increíbles, lo que tenemos que hacer es mantener fresca a la música para que haga que la gente la quiera escuchar y experimentar. El jazz es el tipo de música que tienes que experimentar, no puedes sólo ponerla en un disco, tienes que verla en vivo para sentirla, eso es lo que vas a recordar después.

JLD: ¿Tú piensas que el jazz sale del alma?

UO: ¡Claro! yo creo que cualquier música tiene la habilidad de tocar el alma, es simplemente parte de la vida. Así que si la música es lo suficientemente poderosa puede penetrar en el alma

JLD: Tú eres un gran baterista, a mi parecer, pero tú ¿qué piensas sobre el futuro de Owens?

UO: ¡Oh! Pues con lo que he visto hoy, espero que mi futuro me permita llevar a esta banda a muchos más lugares así, esperamos volver a México, ir a Brasil, a África, a Guatemala, por todo el mundo y yo creo que conciertos y experiencias como esta harán que los promotores lo consideren, porque eso es lo que tiene el jazz: un lado de negocios y necesitamos que los promotores sepan lo que hicimos hoy por todo el mundo para poder llevar nuestro espíritu y nuestra música por todo el mundo.

Ulysses Owens Jr. en concierto
Ulysses Owens Jr. en concierto

My sweetest friend: el adiós de Trent a David

Trent Reznor es un artista muy menospreciado. No me mal interpreten: me queda claro que es bastante famoso y que Nine Inch Nails tiene una sólida base de fans alrededor del mundo. Sin embargo, siento que él no es una figura sobre la que se vierta una adoración incondicional como la que reciben otras luminarias del rock. Lo cual no es del todo malo, pues significa que la admiración que despierta es mucho más cruda; mucho más auténtica.

En 1994 alguien fotografió un graffiti perdido en algún lugar de los Estados Unidos que rezaba Trent Reznor is god, y pienso que muchos de los que tuvimos una copia de The Downward Spiral en aquella década apoyábamos la declaración. Es un creador tremendo. Durante su carrera ha trabajado con algunas de las más legendarias figuras de la industria: Dave Grohl, Marilyn Manson, Peter Murphy, Elton John, Atticus Ross y Scott Weiland son sólo algunos de los nombres con los que se le asocia. El hombre ha musicalizado lo mismo videojuegos que largometrajes, e incluso ganó un Academy Award por lo último. Sin duda, una de sus colaboraciones más interesantes fue con David Bowie; juntos hicieron la gira Outside entre 1995 y 1996, y en 1997 grabaron I’m Afraid of Americans para Earthlings, el álbum de Bowie. También hay por allí algunas interesantísimas entrevistas que dieron los dos a diversas televisoras. Era evidente la sincronía que alcanzaban en el plano artístico, y Reznor jamás ocultó la gran admiración que sentía por el camaleón británico.

David Bowie y Trent Reznor - Imagen pública
David Bowie y Trent Reznor – Imagen pública

Por eso, cuando me enteré que David Bowie había muerto, el primer sitio que consulté en todo el Internet fue el de Nine Inch Nails. Luego, su página en Facebook y, por último, Twitter. Pensé que, si alguien tenía algo que decir al respecto, ése sería Trent Reznor. Pero su primera declaración no llegaría sino más de quince días después: el 26 de enero Rolling Stone publicó en su portal una anécdota que Reznor compartió por teléfono a Patrick Doyle sobre la época en que trabajó con Bowie y cómo, gracias a su influencia, salió de una racha de depresión, alcohol y drogas que lo mantuvo lejos de los escenarios hasta que publicó The Fragile en 1999. Este testimonio formará parte de un número especial de la revista que rendirá tributo a David Bowie en febrero, y desde que supe que estaba allí afuera, al alcance de cualquier surfista de la red, supe que tenía que traducirlo y traerlo a este espacio. Así que aquí lo tienen. This one’s on me, como diría Trent.

Trent Reznor recuerda cómo David Bowie le ayudó a alcanzar la sobriedad

Para mí, todo álbum de Bowie tiene su propia colección de recuerdos. Allá por el apogeo de los discos, acudía a casa de mi amigo para escuchar su colección de álbumes en su sótano. Scary Monsters fue el primero con el que me sentí identificado. Entonces fui un poco más atrás y descubrí la Trilogía de Berlín, que fue un gran impacto. A principios de los 90, cuando me encontraba en el escenario frente al público, entraba en un estado de completa obsesión con Bowie. Leí todas las migas que dejaba en el camino —las pistas en sus letras, que se revelaban con el tiempo, las fotografías crípticas, los artículos en revistas— y creé y proyecté lo que él significaba para mí. Su música en verdad me ayudó a identificarme y descubrir quién era en realidad. Él fue una tremenda inspiración en términos de lo que era posible, de lo que el rol de un artista podía ser, de que no hay reglas.

Entonces, a mediados de los 90, él se acercó a mí y me dijo: “Trabajemos y hagamos una gira juntos”. Es difícil expresar cuán surreal y valiosa fue la experiencia de la gira Outside: conocer al hombre en persona y descubrir, para deleite mío, que sobrepasaba cualquier expectativa que pudiera haber tenido. El hecho de que fuera este personaje grácil, carismático, feliz y temerario se convirtió en un nuevo foco de inspiración para mí.

En uno de nuestros primeros encuentros, durante los ensayos, hablábamos sobre cómo iría la gira. Me enfrenté a un extraño predicamento: en ese momento habíamos vendido más boletos juntos de los que él vendió por su cuenta en Norteamérica. Y no había manera sobre la Tierra en que David Bowie abriera los conciertos para mí. Incluso encima de eso, dijo: “Sabes, no voy a tocar lo que todo mundo espera que toque. Recién terminé un nuevo y extraño álbum. Y tocaremos algunos fragmentos selectos de cosas del estilo de la Trilogía de Berlín y del nuevo disco. No es lo que la gente querrá escuchar, pero es lo que yo necesito hacer. Y ustedes, muchachos, nos van a asombrar cada noche”. Recuerdo haber pensado: “Vaya, estoy atestiguando de primera mano la intrepidez de la que he leído”.

Encontramos una manera de dar sentido al show, una en la que todo se sentía como una experiencia única. Tocábamos por nuestra cuenta, y luego David se nos uniría e interpretaría “Subterraneans” con nosotros. Luego saldría su banda y tocaríamos todos juntos, y más tarde mi banda se retiraría. Uno de los más grandes momentos de mi vida fue estar en el escenario junto a David Bowie mientras él cantaba “Hurt” conmigo. Estaba fuera de mí mismo, pensando: “estoy compartiendo el escenario con la mayor influencia que haya tenido, y está interpretando una canción que escribí en mi habitación”. Fue un momento sencillamente asombroso.

La reacción a él fue templada a lo sumo. En un concierto de rock llevado a cabo durante el verano, en un anfiteatro a puerta abierta, la gente con treinta y dos onzas de cerveza encima seguro que hubiese preferido escuchar “Changes” antes que una instalación artística en el escenario. Él hacía lo que quería. Eso causaba una impresión. Y pienso en ello cada vez que voy a pedirles su atención o su dinero de alguna manera.

David Bowie y Trent Reznor - Imagen pública
David Bowie y Trent Reznor – Imagen pública

En esa gira, para ser honesto, yo era un desastre. Aquel fue el pico de la recién hallada nave hacia la fama de Nine Inch Nails. Distorsionó mi personalidad y fue abrumador: lidiar con todo mundo tratándote diferente, pasar de no poder pagar la cuenta del gas a presentarte en arenas llenas de personas que creen que te conocen. La línea entre el tipo en el escenario y el que solías ser comienza a hacerse borrosa. Mi manera de enfrentar la vida era entumecerme con alcohol y drogas, pues ello me hacía sentir mejor y más equipado para lidiar con todo. Mi carrera iba en ascenso, pero el andamio que me sostenía como persona empezaba a colapsar. No estaba del todo consciente de lo mal que las cosas se ponían, pero sabía, en mi corazón, que me hallaba en un camino insostenible, imprudente y autodestructivo.

Cuando conocí a David, él ya había pasado por eso. Y estaba contento. Estaba en paz consigo mismo, con una esposa increíble, claramente enamorado. Hubo ocasiones en las que los dos estuvimos a solas y me dijo algunas cosas que no eran regaños, sino pedazos de sabiduría que se adhirieron a mí: “Sabes, hay un mejor camino hasta aquí, y no tiene que terminar en la desesperanza o la muerte, en el fondo”.

Un año después, toqué fondo. Una vez que me desintoxiqué, sentía una tremenda vergüenza por mis acciones, por la oportunidades que perdí y por el daño que ocasioné en el pasado. Y pensé en aquel tiempo que pasamos juntos e imaginé cómo hubiera sido de haberme encontrado al cien porciento. El video de “I’m Afraid of Americans” encaja en esa categoría de mis peores momentos —fuera de mí y apenado de quién era entonces—. Así que, cuando lo veo, tengo sentimientos encontrados: gratitud por haberme involucrado, halagado por ser parte de ello, pero repugnado de mí mismo, de la persona que era, y deseando haber estado entero. Y eso me fastidiaba.

Unos años después, Bowie vino a Los Ángeles. Yo llevaba sobrio un buen rato. Quería agradecerle la manera en que me había ayudado. Y a regañadientes fui tras los bastidores, sintiéndome extraño y avergonzado, como: “Eh, soy aquel tipo que vomitó en el tapete”. Y, una vez más, fui recibido con calidez, gracia y amor. Y comencé: “Eh, escucha, he estado limpio por…” Creo que ni siquiera terminé el enunciado; recibí un gran abrazo. “Lo sabía. Sabía que lo harías. Sabía que saldrías de ello”. Siento calosfríos nada más pensar en eso ahora. Fue otro momento muy importante en mi vida.

No creí que hubiésemos llegado al final. Se siente como la pérdida de un mentor, una figura paterna, alguien que cuidaba de ti, que te recordaba que, en un mundo donde la barra parece estar cada vez más abajo, donde la estupidez ha echado raíces, hay espacio para la excelencia y la visión intransigente.

Colores en la obscuridad

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Por E. J. Valdés

No obstante todo el trabajo que tengo encima, desde que comenzó el año tuve claro que había un concierto que no podía perderme y sobre el cual, pasara lo que pasara, no dejaría de escribir: el de Tarja Turunen en el Teatro Metropólitan, promocionando su más reciente álbum, Colours in theDark.

Casi nadie lo sabe, pero la música de la soprano finlandesa, en especial su primer lanzamiento como solista, es muy importante en mi historia personal, y aunque casi nadie sabe el porqué y no pienso hablar de ello en este momento, este hecho me ha llevado a verle en vivo en sus tres últimas giras, una de ellas la fabulosa Beauty and the Beat, que realizó junto con Mike Terrana de Rage. Tarja es sin duda la voz femenina más influyente en el metal contemporáneo y lo deja claro cada que pisa el escenario y estremece al público canción tras canción; si me lo preguntan, fue Nightwish quien perdió más luego de la ruptura, pues ni siquiera Floor Jansen tiene la potencia vocal para ejecutar satisfactoriamente algunos de los éxitos de la banda. Eso sí: Tarja perdió el derecho a interpretar algunas magníficas piezas como “Ghost Love Score”, la cual me encantaría escuchar en directo con su voz algún día. El repertorio de Tarja en solitario, sin embargo, es tan bueno que ha logrado consolidarse como un acto viable totalmente independiente a Nightwish y, tanto en el estudio como sobre el escenario, cuenta con estupendos músicos, entre ellos Max Lilja, ex integrante de Apocalyptica, quien la ha acompañado en el violonchelo en las dos últimas giras (y también ha desarrollado una curiosa carrera como solita).

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Si comparamos este concierto, el primero en Latinoamérica de la gira Colours in the Road, con los otros a los que he tenido oportunidad de asistir, puedo decir que comenzó muy prendido pero decayó bastante tras la primera mitad. Esto lo atribuyo, en primer lugar, a que Tarja jugó sus mejores cartas demasiado pronto (uno de los primeros temas fue “I Walk Alone”, el cual quedaría mucho mejor como encore), y en segundo a que el público, cuando menos al frente del teatro, estaba inexplicablemente apagado. No quiero decir que no hayamos disfrutado el concierto, pues hubo un par de canciones que incluso nos pusieron a saltar, es sólo que aquello era tal mar de cámaras de bolsillo y teléfonos celulares que muchos de los asistentes se lo pasaron más ocupados grabando y tomando fotografías que prestando atención a la música. No obstante la intensidad que cobrara la música, estas personas apenas movían la cabeza, y en ocasiones no alzaban el puño o aplaudían incluso si Tarja nos instaba a hacerlo, cosa que encuentro tristísima. En lo particular, me tocó estar en medio de dos idiotas que se pasaron el concierto entero con el celular frente a la cara, quietecitos para que no “saliera movido” su video y calladitos para que sus propios gritos no ensuciaran la grabación. Si me lo preguntan, es ésa una de las maneras más estúpidas que se me ocurren de desperdiciar un boleto preferente, pero cada quien… Y algo que se agradece enormemente es que Dilemma prohibió la entrada de tablets y selfiesticks al teatro, y cuando menos en el área que me encontraba nadie quiso pasarse de listo. Eso sí: abundaron los ridículos que se toman selfies con el escenario.

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Tras cerrar el setlist, la banda regresó al poco tiempo para dos encores que se sintieron bastante más intensos que toda la media hora anterior, de modo que la velada cerró exitosamente con todo y que no tocaron “My Little Phoenix”, que es de mis favoritas y siempre me afloja las de cocodrilo. Por más que el público pidió otra canción cuando se encendieron las luces del teatro, abarrotado, la banda no salió una tercera ocasión.

Si bien el concierto no estuvo mal, debo confesar que disfruté más el de la gira What Lies Beneath, el cual hizo enloquecer al teatro Esperanza Iris, que es mucho más pequeño que el Metropólitan (ojalá la gira siguiente se presentara allí otra vez). Cabe señalar que al final del evento, entre gritos y aplausos, Tarja anunció que ya trabaja en un nuevo material discográfico para el cual “falta poco”. Estaremos al pendiente.

Cómo funciona la música, de David Byrne

Cómo funciona la música  - Portada
Cómo funciona la música – Portada

por Gerson Tovar Carreón

Byrne es mejor conocido por ser el alma creativa de la banda post-punk Talkin heads, una de las agrupaciones icónicas de la escena musical en New York. Sin embargo, a manera de ensayo, él nos presenta un libro que describe las condiciones materiales y espirituales de cómo funciona la mente creativa musical, al menos desde su experiencia.

La tesis principal de Byrne explica que la música está condicionada al lugar y al tiempo en que se crean. Así, es importante mirar esta tesis como una de las bases más sólidas del libro. La música, sostiene Byrne, “se adapta a la perfección sónica y estructuralmente al lugar donde es escuchada. Se adapta absoluta e idealmente a esa situación: La música, una cosa viva, evolucionó para encajar en su nicho disponible.”

Entonces, la creación musical depende del lugar en donde se ejecutará. Para el autor, un claro ejemplo de esta condición se encuentra en las diferencias que hay en interpretar música para una sala de conciertos clásica o un estadio. Una caverna frente a una catedral Barroca o el mítico CBGB frente a la sala de ópera de Wagner.

David Byrne
David Byrne

El texto parecería transitar de un manual técnico para músicos a un anecdotario sobre la vida de un artista, pero en realidad Cómo funciona la música va más allá; rompe la barrera de ensayo para convertirse en una literatura periférica que explora la trasformación musical desde la época de la reproductividad técnica hasta la reproducción electrónica de las piezas.

Finalmente, algo que no es del todo de mi agrado (y esto es un comentario personal no me hagan tanto caso), es la mezcla de un lenguaje técnico con conceptos como reverberación, disonancia o acústica, con un lenguaje más coloquial. Si bien esto es parte de la esencia del libro, acercarnos sin muchos líos al mundo de la creatividad y la industria de la musical,  se siente un poco desfasada la lectura.

En fin, Sexto Piso, lo hiciste de nuevo: un gran autor, un gran libro y una increíble experiencia para los amantes de la música. Altamente recomendable para todo público, como regalo de cumpleaños, graduación, boda, XV años, etc.

Me despido no sin antes recordarles que tendremos una futura reseña sobre el nuevo libro de Nick Cave, publicado por Sexto Piso, esperen por ella. Hasta pronto.

Nos gusta pensar que sembramos una semilla: Convivencia en Letras

Colectivo Convivencia en Letras - Fotografía de Georgina Moctezuma
Colectivo Convivencia en Letras – Fotografía de Georgina Moctezuma

Por José Luis Dávila y Carlos Morales Galicia

¿Cómo surge el proyecto Convivencia en Letras?

El proyecto surgió en 2014. Se planeó alrededor de mayo-junio. Empezamos a juntar gente después de realizar el servicio social en la Biblioteca Central de la BUAP. Todas nos conocimos en ese lugar y propusimos hacer un círculo de lectura y difusión cultural. Coincidimos en que hacía falta espacios en la universidad en donde la gente pudiera dar a conocer sus trabajos artísticos. Nos enfocamos en las principales necesidades de los estudiantes que egresaban de las distintas escuelas de arte.

Después de esto, presentamos el proyecto a directivos universitarios, lo analizaron y aprobaron.  Poco a poco se integraron más personas, al inicio éramos diez. La ventaja de habernos juntado en la biblioteca es que coincidimos gente de distintas disciplinas que tenían interés en la literatura. Al momento de llevarlo a cabo es más complicado, hay que comprometerse, invertir energías y tiempo. Hasta el momento, los que permanecemos activos somos siete.

En la universidad tenemos una escuela de artes y los que estudian ahí no suelen tener un espacio para mostrar sus trabajos al público, que es parte fundamental. Por ejemplo para un músico, un bailarín o la gente que escribe, en el caso de los que estudiaron Literatura.  Aunque no estudiamos Letras, nos interesa fomentar la lectura; es algo que nos une como colectivo.

¿Qué se siente alentar la lectura sin necesidad de haber estudiado esa carrera?

A pesar de que egresamos de distintas disciplinas, nos damos cuenta que la literatura siempre está presente. Desde Arquitectura hasta Arte Dramático. Ésta es una manera de invitar a los estudiantes a que participen. En alguna ocasión, unos estudiantes de Arquitectura nos mostraron un video que habían realizado y nosotras buscamos un texto que fuera acorde a éste.

¿Cómo seleccionan las lecturas para los eventos de Convivencia en Letras?

Tenemos una convocatoria abierta. Cualquiera que tenga una propuesta literaria, musical o afines, se acerca a nosotros.  A veces ellos ya tienen su lectura y nos encargamos de conseguir la parte de música o danza; algo que pueda combinarse con la misma. O viceversa, que llegue un músico y nosotras seleccionamos la lectura.

También hacemos propuestas de lectura en base a las que hayamos realizado. Ya sea un autor joven o consagrado. Hacemos cafés literarios de diversas temáticas. En alguna ocasión organizamos una lectura de textos de María Sabina que fue una gran experiencia.

Colectivo Convivencia en Letras - Fotografía de Georgina Moctezuma
Colectivo Convivencia en Letras – Fotografía de Georgina Moctezuma

Además del trabajo con la BUAP y el IMACP, ¿tienen pensado algún proyecto independiente?

Ha sido complicado, pero tenemos un proyecto a largo plazo para salir de la ciudad. Hemos dado talleres en bibliotecas públicas. Fuimos a un orfanato, aunque eso no solemos hacerlo público, a menos que sea necesario. Por ejemplo la Biblioteca Gabo, que fue una biblioteca callejera, ahí sí fue necesario solicitar el apoyo de los medios y los vecinos para lograr un buen ejercicio.

Hay algo que llama nuestra atención, cuando se busca alentar a la lectura, a veces se realiza en un tono didáctico o aleccionador. Sin embargo, ustedes crean un espacio comunitario en la que los ciudadanos están invitados. Es decir, de ciudadanos para ciudadanos. Lo cual es difícil en una sociedad individualista.

Creemos que es uno de nuestros objetivos, por eso no nos casamos con las instituciones. Por supuesto que estamos agradecidos con la BUAP y el IMACP porque hemos adquirido mucha experiencia. Siempre que hacemos un café, llega una persona que nos dice: “Yo escribo, pero no es profesional; me gustaría leerlo.” Es interesante porque nos gusta pensar que dejamos una semilla.

No nos gusta decirle a la gente que tiene que leer, sino invitarla a que se acerque. Generalmente la gente que va a leer con nosotros, siente mucha pasión, entonces logran transmitir ese gusto hacia los asistentes. Hay un contacto familiar sin ser rígido. Este contacto personal es una manera de alentar a que lo hagan. Lo que nos facilita bastante el trabajo.

La música ayuda muchísimo. Recién tuvimos un evento con danza contemporánea. Fue una gran experiencia porque creemos que el público se sensibilizó mucho. La lectura no es cuadrada porque se combina con tras manifestaciones. Integras a la gente de otra manera.

Tuvimos un grupo que realizó una intervención muy interesante: en el momento en el que leían, trataban de componer música en torno a la misma. Te das cuenta cómo la lectura se inserta en la música. Leyeron el Manifiesto Estridentista y tocaron melodías improvisadas.

Uno de los integrantes del colectivo tiene un grupo musical. En un evento leyeron un cuento que se titula “Moscas”, cuando se leía un fragmento, ellos ya tenían la música del texto. Después hubo un video, entonces fue una experiencia total.

Colectivo Convivencia en Letras - Fotografía de Georgina Moctezuma
Colectivo Convivencia en Letras – Fotografía de Georgina Moctezuma

¿Cuál ha sido la mejor experiencia que han tenido durante este tiempo juntas?

Han sido muchas buenas experiencias. Una vez se organizó una lectura en japonés y francés. Pero la que más nos marcó fue la biblioteca pública con los niños. Los niños escribieron sus propias historias y eso fue algo maravilloso.

En alguna temporada, esos textos los adaptábamos a obras de teatro. De esta manera, los niños también se vinculaban con la lectura. Hicimos una función de teatro de sombras. Nos apasiona el trabajo con ellos porque el público se involucra de una manera distinta. Al decirles que se trataba de un libro, se despertaba un gran interés. En la obra de sombras actúan niños, como Luna que está aquí presente.

¿Cuáles son los próximos eventos del colectivo?

Este miércoles es nuestro último evento porque la universidad tendrá vacaciones. Nos están proponiendo trabajar en el Planetario con talleres de fomento a la lectura. Haremos más cafés literarios en agosto. La idea es enfocarnos en temas especializados, por ejemplo hay dos investigadoras: una de Guatemala que estudia su posgrado en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSyH) y la segunda que realiza un trabajo en torno a la defensa del territorio. Vamos a buscar un espacio para mostrar sus trabajos.

La mayoría de las propuestas que recibimos han sido de gente que llega por el trabajo que hemos realizado todo este tiempo. La oportunidad del Planetario fue una persona que nos contactó porque vio la labor que realizamos. Las puertas del IMACP se abrieron de la misma manera. Es interesante porque nuestro trabajo nos respalda.  Queremos hacer más obras de teatro y seguir fomentando la convivencia en letras.

La idea es recuperar el sentido de comunidad, que haya un acercamiento con las personas y éstas tengan una buena experiencia a partir de nuestro trabajo.

Lukather vs. la música

Steve Lukather - Imagen pública
Steve Lukather – Imagen pública

traducción por E. J. Valdés

En esta época en que pareciera que el futuro de la música es el Internet tanto en creación, comercialización y monetización, y en el que Taylor Swift pareciera pelear por el artista como lo hacía Tron por el usuario, Steve Lukather, fundador de Toto y actual guitarrista de Ringo Starr & his All Starr Band, opina distinto. A través de su página de Facebook publicó el siguiente comentario, que me he tomado la libertad de traducir para los lectores de Cinco Centros. A ver qué opinan ustedes.

Solamente quiero saber una cosa: toda esta pontificación de que Spotify y similares son la “respuesta” y cómo es que “se le paga a los artistas”, etc.

¿Cuánto? ¿En serio? ¿Quién lleva los tabuladores y números?

Tal vez sencillamente no tengo idea. Yo no recibo dinero alguno y tengo muchas cosas allá afuera, producto de más de treinta y cinco años grabando discos.

¿Alguna vez han hecho cuentas de cuánto recibe un artista por canción vendida en iTunes? Vergonzoso.

Ahora si acaso estás con una disquera es incluso peor, pues ellos se llevan una buena tajada; el residuo luego de que todo ha sido dicho y hecho son centavos.

Demasiadas personas pueden hacer discos. Punto.

Ya no surgen artistas de catálogo en estos tiempos. Abundan los one-hit wonders. Triste, realmente.

Discos - Imagen pública
Discos – Imagen pública

Ahora las disqueras no asignan presupuestos como los de antes, cuando se producían grandes títulos que costaban dinero. Quieren generar ganancias de la nada y ser dueñas tuyas de por vida y de todo aquello que un artista produzca. Puedes vender un millón de dólares y aún así deberles.

Mi hijo de 25 años tiene amigos que han ganado discos de platino y viven en un apartamento-estudio de una sola habitación. Quebrados.

Por supuesto, antes a las disqueras les importaba la música e invertían en artistas con carreras a largo plazo que generaban dinero a largo plazo.

Claro, ellos se quedaban la mayor parte, pero en ese entonces invertían en ellos, creían en ellos y los promovían, de modo que había una justificación.

Ahora todo se basa en descargas y cuánto impacto tienes en Facebook o YouTube, plataformas que o bien no generan dinero o generan una mierda a corto plazo sin que puedas contabilizarlo y que, de hecho, apestan.

¿Qué demonios? La gente quiere ser famosa, no talentosa.

Es muy sencillo jugar a la estrella pop de mentiras hoy en día. Con tanto artificio, auto-tune, corrección de tiempo, cortar y copiar, etc. Joder, la mayoría de los jóvenes no tienen idea de cómo interpretar una canción de principio a fin en un estudio, afinados, en tiempo y con sentimiento. Qué raro.

Estoy en los estudios todo el tiempo y escucho lo que dicen productores e ingenieros, y aún así a nadie le importa que tal o cual, quien vendió una montaña de discos, no sepa cantar o tocar un instrumento.

Fabrican “McDiscos” para gente que ni siquiera escucha. Es música de fondo para que la gente busque pareja o mueva la cabeza mientras textea, llama por Skype o hace otras cosas. Ruido ambiental para el multi-tareas.

Se han ido los días de amar, diseccionar y discutir los contenidos de un disco; sentarse en silencio mientras suena, mirando las notas de la producción y las pocas fotos que compartían desde el estudio; imaginando cuán mágico debe ser el lugar donde se produce la música.

Se han ido.

Ahora necesitas el ocular de un joyero para leer los créditos en un álbum, si es que a alguien le importa. A la mayoría ya no.

Así que si vas a culpar a los “viejos y anticuados” artistas, quienes son los únicos auténticos que quedan, y quienes pueden producir un gran álbum que probablemente pasará desapercibido porque a los medios les interesa más quién se está pegando carne en el cuerpo y otras mierdas y ridiculeces para llamar la atención, en lugar de prestar atención a la música producida, estamos en un lugar totalmente distinto.

Cuando éramos niños (sí, cumpliré 108 este año) había solamente un puñado de artistas que eran grandes porque tenían que serlo.

Puedes elegir no seguir a algunos, pero la mayoría se ganaban y merecían su éxito, y ninguno sonaba igual al otro. Ninguno.

Vivimos en un “McMundo” que se mueve demasiado rápido. Ahora incluso las drogas son un asco. Quiero decir, cuando era joven y las consumía nunca terminaba desnudo, salivando espuma, o intentaba comerme la cara de alguien más.

Hora de poner Dark Side of the Moon y relajarse.

Tengan un buen día y ojalá la buena música regrese a llenar nuestros oídos (hay cosas muy buenas, pero saben a lo que me refiero).

Música real interpretada por músicos reales. Están allá afuera, sólo que ya no reciben mucha atención de la prensa, o no la reciben como tal.

Luke