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Paz Errázuriz: una mirada sobre la identidad

por José Luis Dávila

Empezar diciendo algo como “Pocas veces en la vida” es un cliché, sin embargo, en esta ocasión me resulta preciso, ya que pocas veces en la vida uno se topa con una obra sencilla y potente, una producción fotográfica sensible estética y socialmente,  que en esencia transmite la visión de lo que una época quiso ocultar. Paz Errázuriz, con el nombre de la artista se halla la cohesión de todas las salas que componen esta muestra albergada en el Museo Amparo, y de sus palabras, en esta entrevista ella nos cuenta su perspectiva al respecto.

José Luis Dávila: La pregunta fundamental, que creo es necesaria después de ver las fotografías, es ¿por qué te interesan tanto los rostros de las personas? ¿Qué encuentras en los rostros?

Paz Errázuriz: En realidad es la persona la que me interesa, lo que puedo realizar de alguna manera después de ese encuentro es esta fotografía que inevitablemente se puede convertir en un rostro, pero a mí me interesa mucho la persona; en el fondo siempre me di cuenta tarde de esta búsqueda mía sobre la identidad, este rostro donde me siento muy reflejada yo también. Es como siempre estar en una búsqueda de algo mío, como mi propia huella, o la del otro, lo que estoy buscando.

JLD: ¿Qué tan difícil fue esta búsqueda, artística e identitaria, en un contexto dictatorial? Chile pasó momentos muy álgidos en esas décadas.

PE: Yo creo que esta búsqueda todavía, creerás, la continúo. Por supuesto, en tiempos de una dictadura tan feroz como fue la de Pinochet, y tantos países hermanos que han tenido otras dictaduras, nosotros aprendimos a sortear estos caminos buscando la forma para ser lo que uno quiere, puede ser más fácil en algún momento y a otro más difícil, pero mientras tú lo vas haciendo como que las dificultades las vas sorteando, las vas dejando atrás también. Entonces no podría ver cuándo es más fácil o más difícil porque es tu propia energía la que te lleva, te da fuerza. Mientras tú sepas manejar esa propia energía, la puedes perder o tener en los momentos difíciles o menos difíciles, pero estar más atento siempre al otro, eso es lo que me interesa.

Paz Errázuriz y José Luis Dávila - Fotografía por Ricardo Torres
Paz Errázuriz y José Luis Dávila – Fotografía por Ricardo Torres

JLD: Hablando sobre la dictadura y su represión, ¿qué tan difícil fue para ti como artista que tu obra se reconociera antes afuera de tu país?

PE: Claro, imagínate la indiferencia absoluta que tuvo mi trabajo. Pero mira, a mí no me importaba porque yo nunca pensé, ni siquiera sabía yo la posibilidad de tener apoyo financiero. ¡imagínate conseguir alguna beca! Eso fue muy tarde después. ¡Como que uno cree que así es la vida! (Ríe) Sí, así es la vida. Después, claro, suceden cosas tan tarde y es una sorpresa en realidad que se reconozca; es una bonita sorpresa porque yo ya no soy joven y entonces como ¡va! ¡Mira lo que sucedió con lo que he hecho!

JLD:  Que siga manteniendo el trabajo tu fuerza…

PE: Sí, y que eso mismo te ayuda; yo estoy con muchos proyectos.

JLD: En estos proyectos hay temas con bastante fuerza artística todavía, ¿qué es lo que buscarás ahora? ¿Vas a seguir sobre lo mismo o a explorar algo más?

PE: Mira, yo creo que he hecho siempre lo mismo (ríe), pienso que por mucho que cambie, digamos la faceta o lo exterior, pero siempre estoy en lo mismo. Es como que sin querer vuelvo a lo mismo, no es que me tropiece sino que intencionalmente me tiro otra vez a lo mismo.

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Estructuras de identidad, miradas que construyen

por José Luis Dávila

De pequeño tenía esta costumbre, quizá entonces poco orientada pero sí bastante necia, de juntar imágenes; ponerlas todas en una caja de zapatos para verlas de cuando en cuando, imaginar cosas sobre ellas, de la polaroid en la boda de mi tío al accidente recortado del periódico, momentos propios y ajenos que me resultaban de particular interés, pues a partir de éstos lograba pasar horas determinando cómo estaban hechos, qué tenían dentro, cómo habían sido tomados. Mi breve colección se perdió en los años de la adolescencia por cuestión de una inadvertida limpieza materna que los pensó más bien como papeles inservibles, rescatando sólo las fotos que le parecieron importantes. Su mirada, pues, argumentó contra la mía; ella buscaba pragmatismo mnemotécnico mientras que yo estaba asentándome desde una orilla mucho más estética, buscando una identidad propia en los rostros de los desconocidos que guardaba.

Estructuras de identidad, colección Walter - Fotografía por Job Melamed
Estructuras de identidad, colección Walter – Fotografía por Job Melamed

Pensé en todo esto al verme frente a Estructuras de identidad, en el Museo Amparo, una exposición que surge de revisar profundamente la colección Walter para presentarnos salas armadas en torno a la idea de quién se es, de cómo se es, de qué lugares habitamos y qué tipo de espacio construimos en ellos. Su valor se encuentra, creo, en la manera de concatenar diversas miradas sobre un mismo tema, miradas que cuentan a los demás desde sus cuerpos y poses pero, sobre todo, cuentan un dentro-fuera de la imagen que hace cuestionar la apropiación de la identidad en el contexto de cada una, de la toma natural en el metro a la impostura de una sesión específica.

Quizá sea esta una de las exposiciones más interesantes que pueda haber antes de terminar el año, ya que apela al descubrimiento de uno mismo en el otro que se encuentra retratado, impulsa a preguntarse de sí las técnicas que se tienen para ser y no ser, para construirse en medio del ruido que aterra a cualquiera cuando se está buscando en imágenes ajenas, que se está coleccionando de a poco y entendiéndose cada que abre la caja de zapatos que es la memoria.

Lecturas de un territorio fracturado

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Por Iván Betancourt Sumuano

La pobreza es uno de los problemas constantes en muchas comunidades de Latinoamérica. Millones de personas viven en la incertidumbre. Sin empleo, sin dinero, sin alimentos. Para muchos, la solución a sus problemas no está en el país en el que han nacido, sino en los Estados Unidos. El viaje, en tren, es largo y peligroso, pero la esperanza de una vida mejor hace que se atrevan a correr el riesgo.

Es en este contexto se desarrolla la película del director Diego Quemada – Diez, La jaula de oro, estrenada en 2013 y proyectada el pasado sábado 2 de septiembre en el auditorio Arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, del Museo Amparo. La película narra la historia de tres jóvenes guatemaltecos que deciden viajar al norte de América, a bordo del tren más peligroso del mundo: La bestia. En busca de una nueva y mejor vida, estos tres jóvenes luchan por sobrevivir al viaje que cada año realizan miles de latinoamericanos.

Durante el recorrido, los tres protagonistas, Juan, Samuel y Sarah, conocen a Chauk, un joven indígena originario de Chiapas, que a pesar de no saber español realiza este viaje por la misma razón: tener una vida más digna. Poco a poco, y cada vez con menos esperanzas, todos ellos se encuentran con la difícil realidad que todos los días enfrentan los migrantes latinoamericanos: el hambre, la sed, la violencia, el racismo, la policía, la trata de personas y el narcotráfico.

El elenco está conformado por Brandon López (Juan), Rodolfo Domínguez (Chauk), Karen Martínez (Sarah) y Carlos Chajon (Samuel), actores de reciente aparición en las producciones cinematográficas, pero que realizan un trabajo espectacular gracias al conocimiento previo que tenían sobre las problemáticas que aborda el film. El guión es autoría de  Diego Quemada-Díez, Gibrán Portela y Lucía Carreras. Sin duda, lo mejor es la fotografía, realizada por la uruguaya María Secco, ya que en muchas escenas la película prescinde del diálogo y de las actuaciones, para transmitir las emociones y los mensajes a través de las imágenes.

La jaula de oro recibió más de once premios por parte de festivales de todo el mundo, incluyendo el festival de Cannes 2013; los premios Ariel por mejor película, mejor fotografía, mejor actor; el premio São Paulo 2013, los premios Zúrich 2013, entre otros. La proyección de esta película forma parte del ciclo de cine: México Contemporáneo, organizado por el Museo Amparo, dentro del marco de la exposición Lecturas de un territorio fracturado. Este ciclo comenzó desde el pasado sábado 12 de agosto y termina el próximo 7 de octubre.

Los filmes que se han proyectado hasta el momento han sido: Temporada de patos, de Fernando Eimbcke, el documental Cuates de Australia, de Everardo Gonzáles, y La jaula de oro.

La próxima función es este sábado 9 de septiembre. Se proyectará el documental  Bellas de noche, de Marìa José Cuevas. Las siguientes películas serán:  Los insólitos peces gato (2013), El violín (2006), Güeros (2014), y el documental de Natalia Aimada, El velador (2011). Todas ellas, contextualizadas dentro de las problemáticas sociales y con elementos culturales del México Contemporáneo, y una muy buena opción para reflexionarlo.

La entrada es gratuita y la cita es a las 17:00 horas. Los pases de cortesía se consiguen media hora antes de la función y el auditorio tiene un cupo limitado para 94 personas, por  lo que se recomienda puntualidad.

Generosity, regresar a la naturaleza: entrevista a Dulce Pinzón

En la terraza del Museo Amparo se encuentra la intervención Generosity, de Dulce Pinzón, y pudimos conversar con ella al respecto. Aquí pueden leer todo lo que nos dijo.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

José Luis Dávila: ¿Por qué el nombre de Generosity?

Dulce Pinzón: El nombre viene de una lectura que hice hace algunos meses que habla sobre una tribu en Sudáfrica en donde tienen una dinámica acerca de su concepto sobre el crimen y la justicia: ellos hablan de una persona que comete una falta en la sociedad, se le confina en soledad por una semana y todos los integrantes de la tribu pasan uno por uno y le dicen las cosas positivas que recuerdan sobre esta persona, por ejemplo “¡qué bonitos ojos tienes!”, “ recuerdo que bailas muy bien”, “tú alguna vez me ayudaste a cargar la bolsa”, cosas así; entonces, es como regenerar la parte de la dignidad de la persona y reincorporarlo a la sociedad. Me recuerda un poco como a la parte que tiene la naturaleza con nosotros, pero no la que nosotros tenemos con ella, en donde ella se empecina en darnos, digamos, sentido de regeneración, sentido de bondad y nosotros tenemos esta relación quebrantada, enferma y, sobre todo, violenta con la naturaleza. Entonces de ahí surge la palabra generosidad y estos actos que hago a manera de instalaciones artísticas, de instalaciones públicas que hablan justamente sobre eso: reinstaurar esta gratitud que me gustaría que todos como seres humanos ejerciéramos hacia la naturaleza por todos los millones de años que nos ha permitido no sólo estar en ella, sino continuar en ella. El proyecto nace en varias fases, esta primera fase es hacer estas frases, que primero fueron ideadas a manera clandestina pero ahora las estamos haciendo alojadas en instituciones como museos, galerías, espacios públicos que tengan una audiencia ya asidua, crear estas frases con un tono un poco irreverente sobre el uso desmedido de ciertos materiales como el pet, el unicel, los popotes, el plástico en general. Esta pieza que hicimos en conjunto, porque el proyecto se trata de que las piezas se hagan en comunidad para crear esta reflexión de manera colectiva, es con unos vasos que están hechos de almidón de papa y botánicas que se degradan entre 90 y 240 días, es la materia prima con la que nosotros escribimos la frase, insertándolos en una malla ciclónica y creamos estas frases que justamente aluden al desuso del unicel.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

JLD: Mencionas varias cosas interesantes, pero me llama la atención esta parte en la que lo artístico se vuelve clandestino dentro de la misma idea del proyecto, ¿qué tan irreverente llega a ser cuando es clandestino a cuando es alojado por una institución?

DP: La idea inicial es que fuera clandestino, justamente por el lenguaje, porque yo quería hacerlos en espacios públicos en donde estuviera la pieza expuesta al público en general y, de hecho, que el público mismo interviniera la pieza con diferentes mecanismos pero al darnos cuenta que no funcionaba, pensamos en espacios empáticos que están abiertos a expresiones artísticas como estos. Digamos que lo fuerte de la pieza es el tono en que las piezas están escritas: “wey”, “puto”, como en lenguaje coloquial, porque al final es una llamada de atención fuerte. En otros lugares en donde se va a hacer, como en Estados Unidos habrá un “fuck”o un“what the hell”, que a la gente le llame la atención, en principio, el lenguaje y después se cuestione más allá. Además, queremos que la gente vea la biodegradacion de las piezas y lleguemos a esta metáfora que habla sobre cómo los seres humanos no ejercemos esta sabiduría de la naturaleza.

JLD: Se pretende que Generosity tenga una incidencia social, ¿cómo consideras lo artístico para generar esta incidencia?

DP: Yo creo que el arte es uno de los mecanismos más efectivos que puede haber para crear conciencia de todo tipo: conciencia social, conciencia ecológica, conciencia en todos los ámbitos que todos nosotros quisiéramos como artistas incidir. Creo que al ser tan benevolente, digamos que también como tan metafórico y a la vez como tan sutil, hace que el arte nos cree formas de reflexión que quizás en otras formas no lo hay, además, esa forma de emparejar con otras disciplinas y emparejar con otros ámbitos, por ejemplo, esta pieza que va de lo artístico a lo político, pues que logre también filtrarse en otras esferas.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

JLD: Esta idea del fin político de Generosity, ¿cómo lo piensas desarrollar, cuáles son los pasos a seguir después de tener todas las intervenciones, o cuántas planeas?

DP: Yo no creo que tiene que haber un número específico, nosotros estamos abiertos a las invitaciones de instituciones y de cualquiera, ahorita por ejemplo nos están abriendo las puertas escuelas y colaboraciones múltiples, lo cual me parece de verdad, haciendo una redundancia sobre la frase, que es esta generosidad misma de la pieza que hace que otros espacios empaticen con el mismo mecanismo de la dinámica. Las fases son varias, esta es la primera fase porque me parece que es la más fácil y la más viable de instaurar pero después vendrán otras que tienen que ver con vídeo, con recoger basura a forma de metáfora, vídeos más artísticos en donde intervendré yo con mis hijos y otras hacer cabildeo político. De las fases finales en donde, como comunidad que hemos reflexionado sobre algo especifico, llevemos estas propuestas a la cámara de diputados, de senadores, digamos que un poco como empoderándonos como comunidad, revirtiendo un poco todo lo que hemos cedido a las corporaciones en cuanto al poder que ellos tienen sobre nosotros y cómo de alguna forma nosotros también somos cómplices de lo que sucede en el mecanismo de la economía y llevar planes de acción concretos a esferas mayores para poder, de una forma más contundente, frenar lo que está pasando con el planeta.

 

Lectura sobre Lecturas: Arte contemporáneo mexicano en el Museo Amparo

Lecturas de un territorio fracturado - Fotografía por Job Melamed
Lecturas de un territorio fracturado – Fotografía por Job Melamed

por José Luis Dávila

De a poco, desde hace años, me fui inmiscuyendo en el arte contemporáneo a modo de espectador y, más tarde, cuando consideré haber adquirido el conocimiento mínimo necesario para pasar a la acción de expresar las razones de mi gusto, empecé a escribir sobre los museos que visitaba, los artistas, las experiencias con la pieza y las personalísimas reflexiones que, aunque redunde, me provocaban las reflexiones de los otros. Y mientras más veía, más quería pensarlo, comentarlo, apropiarlo. Porque, en gran medida, para eso es el arte: entender en uno algo que se genera desde la obra con el fin de cuestionar lo que nos rodea y establecernos desde un punto crítico.

Quizá esa sea la razón que más me atrajo. Mucho más cuando hay arte mexicano que se ocupa de desarrollar ese tipo de cuestionamientos sobre la identidad, la violencia, las convenciones sociales y morales, las creencias religiosas, o incluso del mismo acto creativo. El arte contemporáneo mexicano es una geografía híbrida que debe ser explorada a fondo, meticulosamente, con el interés que merece. Por ello, creo que es un gran logro la nueva muestra Lecturas de un territorio fracturado, la cual expone parte de la colección del Museo Amparo en un esfuerzo por dilucidar los cómos y qués que provienen desde la década de los 90’s y se topan con la actualidad.

Lecturas, curada por Amanda de la Garza y Cecilia Delgado, encuentra su hilo conductor en la concatenación de estilos y crea pasajes que se cuentan a sí mismos dentro de las salas, puentes que se establecen no para conectar tiempos ni lugares, sino ideas que se concretan en la experiencia de aquél que los recorre.

Es, pues, un ensayo hecho exposición, una argumentación sobre las preguntas que el arte arroja en México y posibilita conclusiones latentes, aunque no unívocas, que buscan ser desentrañadas. Una exposición para debatir y comentar, para acercarse al arte contemporáneo mexicano con la curiosidad justa que me recordó los motivos por los cuales me he quedado en esta línea de gusto estético y que, estoy seguro, despertará el gusto de todos los que se acerquen a ella.

Rulfo, la escritura fotográfica

El fotógráfo Juan Rulfo, exposición en Museo Amparo - Fotografía por Job Melamed
El fotógráfo Juan Rulfo, exposición en Museo Amparo – Fotografía por Job Melamed

por José Luis Dávila

Narrar es un acto creativo intrínseco al humano; no solamente todos somos capaces de ello, sino que lo hacemos gran parte de nuestra vida, a veces hasta sin saberlo. Estamos atados a la narración tanto que incluso tenemos una voz interior de la cual no nos podemos alejar, una voz que nos cuenta a nosotros mismos lo que sucede, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que somos. Sin embargo, narrar ha sido discriminado, se le ve como algo lejano, como un ejercicio artístico que vale solamente dentro de ese nicho, e incluso en tal, hay una delimitación de éste hacia la escritura y, recientemente, el cine.

La narración se ha retraído hacia dichos campos que, si bien han dado grandes frutos, en algunas ocasiones le restan la importancia experiencial que conlleva por antonomasia, dejando que se construya una cerca alrededor de la verdadera razón que tenemos para narrar: explicar el mundo que nos acontece desde todos los medios que tengamos a la mano. Afortunadamente, los mencionados razonamientos estereotípicos sobre la narración siempre pueden ser traspasados, como bien demuestra el trabajo fotográfico de Juan Rulfo, mejor conocido por ser autor de Pedro Páramo y El llano en llamas.

Las imágenes que capturó son una forma distinta para su misma escritura; contienen relatos en corto que se suceden como golpes de la máquina de escribir, que embonan como fragmentos de un plato que se ha quebrado al caer, vuelto instantes de un tiempo atrás. Relatos que funcionan por medio de lo que el lector es capaz de reconstruir.

En el año del centenario de su nacimiento, las fotografías que tomó no debieran acercan a la conmemoración, sino a encontrar nuevas lecturas provenientes de su pluma, unas lecturas que muchas veces se pasan por alto pero en las que, gracias al Museo Amparo –donde actualmente se encuentran en exposición–, podemos leer nuevamente a Rulfo.

Al final, estas fotografías son narraciones de un autor que siempre se mantuvo escribiendo, quizá no con tinta pero sí con luz.

El museo como su espacio propio. Sobre Toujours en el Museo Amparo

por José Luis Dávila 

A veces uno se pregunta de qué están hechos los museos, esos edificios donde se muestra aquello que llamamos arte. La mayoría los ve como una especie de archivo, un lugar en el cual se resguarda la memoria del pensamiento de otros, el lugar en el que se exhiben las experiencias convertidas en objetos con el fin de evocar las experiencias de los visitantes, proceso que, a su vez, es en sí una experiencia provocada por éstos. Un poco redundante, circular, pero inevitable si se parte de esa concepción primaria que, por supuesto, no es errada pero tampoco es la única.

Creo que los museos son espacios de creación de espacio, una suerte de meta-sitios en constante transformación, la cual está en relación al uso que se le da para cada exposición y que también depende de la mirada con la que se entra a él. Así, cualquier museo no es sólo ese museo, sino que es uno distinto cada vez. Desde la fachada hasta las salas, el espacio se construye en el momento en que se le enfrenta con la subjetividad de las obras y espectadores.

En ese sentido, la muestra denominada Toujours, el museo como testigo, presentada en el Museo Amparo, es un repaso de los espacios artísticos que han sido parte del CAPC, musée d’art contemporain de Bordeaux desde su fundación en 1973, destacando las etapas y artistas que los han llevado a consolidarse como un referente mundial para el arte contemporáneo.

Lo relevante de esta exposición es la idea de emplazar al museo dentro de una memoria creada para ello desde la selección y curaduría de las piezas que se han trasladado, siendo tales un modo de destellos esenciales que dan cuenta de lo que ha sido la evolución del lugar francés, el cual tenía como fin propio de su diseño y construcción ser un almacén de inicios del siglo XIX, lo que es una muestra más de la adaptabilidad que el arte hace de los espacios.

Toujours es, de este modo, una forma de explorar el museo desde la historia que afianza su identidad como museo, una exposición sobre el espacio que fue, es y será, y que, a la vez, crea un espacio al interior de otro museo.

Poesía documental: Entrevista a Mat Jacob

El pasado 21 de enero se inauguró, en el Museo Amparo, la exposición de Mat Jacob llamada Chiapas, insurrección zapatista en México, 1995-2013, un  trabajo que retrata la amalgama de sociedad e ideología en las comunidades que han sido parte de los conflictos políticos en la zona sur del país. Al respecto, entrevistamos al mismo Jacob, y aquí lo que nos dijo.

José Luis Dávila: ¿Por qué interesarte por el movimiento zapatista?

Mat Jacob: Empezó el 2 de enero de 1994, como todo el mundo; supe por la prensa sobre Chiapas y fue interesante, pero yo pasé a otra cosa. Unos meses después, leí el libro de Marcos, que se llama Ya basta, donde hay textos que combinan comunicados militares y de historia, por ejemplo, que mezcla la cultura indígena y la cultura mexicana, que está muy bien escrito y también que me parece dice cosas importantes. Entonces, algunos meses después yo decido venir aquí para fotografiar, documentar, ver lo que pasaba aquí.

JLD: Todo este trabajo de fotografía, de estar en las comunidades, obviamente te dejó un trabajo artístico impresionante, pero, ¿qué te dejó como persona?

MJ: Fue muy fuerte porque no conocía la cultura mexicana, la cultura indígena, no conocía este país, entonces descubrí la cultura indígena, fui a las regiones de la selva lacandona, donde hay tojolabal, y descubrí la manera de pasar, la manera de vivir y el contacto con la gente fue muy fuerte. Regresé a los mismos lugares un año después y había algo fuerte; ellos me piden muchas cosas sobre mi cultura sobre mi país: había un intercambio interesante.

JLD: ¿Cómo hiciste la selección para lo que se presenta aquí?

MT: Lo que me importa es hacer una selección para narrar, para decir las cosas sobre lo que pasó en Chiapas desde hace veinte años, y la otra cosa, decirlo con el máximo de poesía; es como una cosa que puede pasar en todas las culturas,por ejemplo, la gente aquí me dice que el grado de relación es muy fuerte y es una forma de impresión que gusta mucho, le habla a la gente de poesía. Entonces elegí las fotografías entre lo que es importante de decir y lo que es el idioma de la poesía.

JLD: Después de todos estos años que han pasado desde el zapatismo y tu trabajo, ¿qué es lo que te interesa ahora como temas para tus futuros proyectos?

MJ: Todo lo que toca el ser humano es lo que me interesa, no importa el país, me interesa lo que pasa en la madre tierra; es muy importante.

El museo como espacio de transporte: entrevista a G. T. Pellizzi

En el vestíbulo del Museo Amparo se encuentra el proyecto de G. T. Pellizzi, titulado Yo trasnporto, el cual indaga la relación de la pieza del arte con su proceso de embalaje y metaforiza esta parte del proceso museográfico para exponer al espectador cómo se transita el espacio que son las obras.

Al respecto, pudimos entrevistar al autor de esta instalación.

José Luis Dávila: ¿Por qué Yo transporto, por qué ese título?

G. T. Pellizzi: El título viene del griego “Μεταφέρω” (metaféro, significa “yo transporto”, de ahí viene la palabra que nosotros usamos “metáfora”, que en griego significa transporte, digamos el transporte público se llama metáfora. Y a mí me interesó mucho la idea de que los museos y las obras de arte son vehículos de transporte para sus públicos, que cuando entras en un museo eres transportado a otras culturas, a otros tiempos en la historia, otras formas de pensar, otras maneras de relacionarte con objetos y las cosas de la vida cotidiana, entonces de ahí sale la idea de Yo transporto.

JLD: ¿Qué tan difícil fue llegar a concretar este proyecto? Imagino que ha de haber sido un largo tramo para esto.

GTP: Sí, el proceso de conseguir y producir la pieza fue muy largo, requirió de la colaboración de muchísima gente: arquitectos, carpinteros, maquetistas, Todo el equipo de Córdova Plaza, todo el equipo de museo, de la sala se Siqueiros. Fue una colaboración entre muchas personas y fue una producción bastante intensiva, tardó como tres o cuatro meses de tiempo completo.

G. T. Pellizzi y José Luis Dávila - Fotografía de Ricardo Torres Zepdea
G. T. Pellizzi y José Luis Dávila – Fotografía de Ricardo Torres Zepdea

JLD: En la producción artística actual, ¿cómo consideras que se inserta tu obra, en qué corrientes podría estar, cómo crees que se vería a través del público?

GTP: Yo no quiero obligar ninguna lectura, ninguna experiencia, digamos que es importante que el público pueda tener su propia relación personal con las cosas que experimentan en la vida y en los museos. Yo no les puedo exigir nada, pero para mí tiene relevancia e importancia en mis curiosidades sobre qué es el espacio de exhibición, cómo nos relacionamos con el espacio de exhibición, cómo es que funcionan los museos es también una manera de poder reflexionar, como una mirada detrás de la cortina, de cómo funcionan y operan los museos, de cómo circulan las obras, cómo llegan a ser expuestas en las paredes donde las vemos nosotros. O sea, toda la parte que no se ve como público, entonces eso y también espero que disfruten de sentarse y estar en el espacio, echarse, revolcarse, lo que quieran.

Yo transporto - Imagen pública
Yo transporto – Imagen pública

JLD: La idea del espacio ha sido muy utilizada en el arte contemporáneo, ¿tú cómo consideras que el espacio está construyéndose dentro de un museo e incluso desde tu pieza Yo transporto que es toda una poética de esto?

GTP: Yo creo que es un espacio pedagógico educativo; yo creo que la educación es lo más importante para el mundo, para que sobrevivamos nosotros los humanos en el mundo, para que sobreviva la civilización, para que tenga conciencia de la historia y el bienestar del planeta creo que está en las manos de la educación y yo creo que los museos son parte de eso, son muy importantes en ese sentido, son un punto de encuentro social, todo lo demás para investigación, todas las humanidades como letras, filosofía, arte, son como caminos para entendernos como seres humanos con cultura, entonces es muy importante reflexionar sobre nosotros a través de la educación.

Isaac Julien: el capital y sus divertimentos

por José Luis Dávila

El acelerado ritmo de los inversionistas, los banqueros, los corredores de bolsa, contadores, rings de teléfonos, papeleo, montañas de papeleo, todos ellos en esfuerzo conjunto para hacer real al dinero, para hacerlo también virtual; generar y desaparecer, un vaiven, casi tan bien armado como una pieza de Morricone, o mejor aún, un ensamble de jazz en un club nocturno de New York, donde al final del día se toma una copa, se respira, se dejan los pies fuera de los tacones y las corbatas liberan el cuello. Pero a la mañana siguiente, todo de nuevo. Y nosotros, en verdad creemos ser sólo espectadores, creemos que estamos fuera del juego. Pero no. También marchamos en sus términos. Somos una sociedad encadenada, para bien y para mal –sin que uno sea contrario realmente del otro–, a los valores económicos. Al capital y sus divertimentos.

Kapital, de Isaac Julien, en el Museo Amparo - Fotografía por Jessica Tirado
Kapital, de Isaac Julien, en el Museo Amparo – Fotografía por Jessica Tirado

La anterior es una premisa casi burda en comparación  a cómo lo expone Isaac Julien con sus films Playtime y Kapital, presentados a modo de díptico en las salas del Museo Amparo. Julien propone la exploración cinematográfica como un medio para el entendimiento de cuestiones que llevan más de siglo y medio desarrollándose en conceptos formadores de los sistemas políticos y comerciales del mundo. Conceptos que han provocado tanto épocas de abundancia como guerras y divisiones sociales. Conceptos que ahora se muestran y usan indiscriminadamente, restándoles su significado original, al tiempo que adquieren otros que se les atan ya por honestos errores, ya por malinterpretaciones premeditadas.

Playtime, de Isaac Julien, en el Museo Amparo - Fotografía por Jessica Tirado
Playtime, de Isaac Julien, en el Museo Amparo – Fotografía por Jessica Tirado

El trabajo de este artista es una forma de acceder a la experiencia audiovisual de problemáticas que parecen lejanas, pero si se reflexionan, son aplicables a hechos que nos conciernen como parte de eso que se suele denominar “aldea global”, en la cual estamos sin que nadie nos pidiera opinión, pero de la que nos beneficiamos también. Julien expone, pues, el mundo de matices que referencian la actividad económica actual, e invita a una introspección de ese mundo, un análisis propio (y creativo) del rumbo socioeconómico en el cual nos encontramos.