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Dos viajes al pasado: 300, el nacimiento de un imperio y Las aventuras de Peabody y Sherman

por Jessica Tirado

300: rise of an empire - Imagen pública
300: rise of an empire – Imagen pública

Σ300: el nacimiento de un imperio

La película cuenta la historia de Temistokles, el guerrero griego que mató a Darío, rey de Persia, y desató la batalla para defender la libertad de Grecia. El nuevo rey de Persia no está solo, su comandante es una mujer griega llamada Artemisia, que tiene asuntos personales en contra de los griegos; violenta, brutal y despiadada, ella llevará el peso de toda la narración.

Saltando al director Noam Murro, del que no conozco ninguna producción importante e IMDb tampoco, aquí los importantes son los guionistas y no por que su trabajo sea muy bueno. Por un lado tenemos a Zack Snyder, de quien muchos recordarán Sucker Punch de 2011, donde desperdició un buen reparto y sobre todo una historia que parecía prometer mucho, con una narración lenta, aburrida y sin sentido.

Del segundo guionista al mando de esta historia tampoco tengo buenas referencias. Kurt Johnstan escribió en 2012 Act of valor, película con un alto grado de nacionalismo estadounidense que en su historia pobre, no quedaba justificado, y nada entrañable en esa película; algo se dijo de su formato de videojuego, pero al caso es mejor una consola a desperdiciar dinero y vida en el cine.

Las aventuras de Peabody y Sherman - Fotograma
Las aventuras de Peabody y Sherman – Fotograma

ΣLas aventuras de Peabody y Sherman

Un perro súper genio que habla adopta a un niño humano al que enseña historia de la manera más divertida: viajando en el tiempo, directamente con los actores que fueron parte de ella. Sin embargo, Sherman empieza a ir a la escuela y ahí sus conocimientos poco comunes le hará ganar una enemiga. El Sr. Peabody tratará de remediar las diferencias provocadas por los niños pero todo terminará en una complicada confusión temporal.

Dirigida por Rob Minkoff, del que tal vez su producción más famosa sea Reino prohibido (2008), sabe aprovechar muy bien la narración de Craig Wrigth y nos regala imágenes activas, con tiempos suficientes y necesarios que hacen de Las aventuras de Peabody y Sherman una película con un buen ritmo para adultos y niños.

300: rise of an empire - Fotograma
300: rise of an empire – Fotograma

¿Por qué hablar de películas tan diferentes en una sola reseña? Porque las películas fundamentalmente se alimentan de las problemáticas humanas, y de vez en cuando te encuentras con que tratan de lo mismo, incluso comparten planos y épocas. Algunos podrán decir que los efectos de 300 (2006) ya son clichés de las películas con peleas de la antigüedad pero para quien se anime a ver estas dos películas verán que sobrepasa la simple coincidencia de estar al mismo tiempo en cartelera:

1. Las mueres toman el mando de la narración

Mi abuelo, un machista que murió casi a los 100 años, cuando veía una película siempre decía: nada más aparecen las mujeres y echan a perder todo, y es que en las películas que él veía las mujeres provocaban la narración porque eran débiles y el héroe siempre tenía que salvarlas, pero qué pasa ahora, en ambas películas las mujeres son “cabronas”, sí no hay otra palabra para describirlas, tienen iniciativa, son inteligentes, poderosas, un tanto manipuladoras y aparentemente indestructibles, pero aquí nace la pregunta ¿su debilidad al amor y al sentimentalismo se debe al ser escritas por hombres? Lo cierto es que pasan por enojo hacia el héroe masculino, a una batalla épica y finalmente a su sumisión, lo que definitivamente no parece ser un buen “nuevo” formato narrativo, que sigue bajo el yugo de los guionistas.

Relaciones paternas
Relaciones paternas

2. La relación padre hijo

Aunque parece una cuestión más obvia en Las aventuras de Peabody y Sherman, 300: el nacimiento de un imperio también tiene lo suyo en varios niveles. Básicamente, ambas tienen el conflicto muy claro: el padre con poder de acción sobreprotege al hijo que ya esta en edad de explorar sus habilidades en el mundo, pero que se ve atado por las acciones del padre.

El padre pone al hijo en una situación cómoda, donde aprende todo y tiene su primer enfrentamiento con los peligros del mundo, entonces el hijo sale de la zona de confort y, desobedeciendo al padre, lucha en su propia batalla, el padre intenta protegerlo pero se da cuenta que su hijo ya está listo para el mundo y lo acoge como colega.

Artemisia y Penny
Artemisia y Penny

Para terminar, no puedo decir que ambas películas son recomendables porque mucho depende los gustos personales sobre la estética de las películas, pero creo que Sr. Peabody y Sherman es muchísimo más redonda y mejor narrada.

Por cierto, las dos enseñan una verdad universal: nunca, en ninguna época y bajo ninguna circunstancia, hagan enojar a una mujer, porque será una enemiga letal.

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Mujeres mexicanas en los años veinte ¿una generación de vanguardia?

Mujeres de 1920 - Imagen pública
Mujeres de 1920 – Imagen pública

por Fátima M. García de Loera

La búsqueda de las mujeres en México es difícil, pero resulta más complicado cuando lo que se indaga versa sobre descubrir si cierto conjunto de mujeres formó parte de un grupo de vanguardia muy activo durante los años veinte, y la cuestión se convierte más peliaguda cuando se incluye la pregunta ¿estas mujeres marcaron pautas para transformar a generaciones posteriores?

La primera vía para llegar a una respuesta es acompañarse de una teoría, donde se puntualicen los conceptos de la investigación, por lo que se utilizó la teoría de las generaciones propuesta por José Ortega y Gasset. La forma en la que se presenta el escrito está dividida en dos secciones: la generación de 1881 marcará las pautas teóricas y explicará algunos conceptos; mientras, en el apartado de la generación de 1896 se analizará por qué las mujeres de élite irrumpieron en la década de los veinte.

El escrito se debe al curso Método de las Generaciones, impartido en la Maestría en Historia del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades Alfonso Vélez Pliego de la BUAP, en donde se reflexionó a Ortega. Me he tomado la licencia de prescindir, sólo por esta vez, del aparato crítico y la metodología de citas que caracteriza a los historiadores para que la comprensión sea más fácil y las lecturas utilizadas aparecerán en la bibliografía final, por lo que las ideas del filósofo español aparecerán en cursivas.

Mujeres de 1920 - Imagen pública
Mujeres de 1920 – Imagen pública

ΔLa iniciación:generación 1881 (1874-1888)

• Virginia Woolf (1882)
• Elena Arizmendi (1884)
• Esperanza Iris (1886)

La carga teórica de este escrito la realizó el filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1953) cuando apuntó su idea de las generaciones como una forma de comprender el pasado y analizó cómo el hombre se comprende a sí mismo; Ortega definió a una generación como un cuerpo social integro con su minoría selecta y su muchedumbre, que ha sido lanzado sobre el ámbito de la existencia con una trayectoria vital determinada; es decir las generaciones son las variaciones de la sensibilidad vital.

Para él, la vida humana es el objeto de la Historia y el hombre es un constructor nato de sus universos, lo que significa que existe una variación continua en las vidas humanas y es a través de la Historia que intentamos la comprensión de las variaciones que sobreviven en el espíritu humano aunque estas variaciones no siempre tengan el mismo rango. Por lo que la primer tarea del historiador debe ser buscar la “sensibilidad vital” y el espíritu del tiempo para poder comprender una época.

Una vez que quedó definido el concepto de generación como una variación de la sensibilidad vital y el reflejo del espíritu de su tiempo, cabe destacar que existen dos tipos de generaciones: las pacificasen donde el pensamiento se considera a sí mismo como desarrollo de ideas– y las beligerantesel pasado es algo urgente de cambiar desde su raíz. Esto significa que cada tiempo el hombre busca cambiar sus conceptos, situación que se inserta en el México de inicios de siglo.

Las mujeres a las que nos referimos forman parte de la élite económica del ámbito nacional, sin embargo eso no es lo que se pone en duda, ya que según Ortega y Gasset la élite es el elemento de una generación que crea las ideas y las manifestaciones en la ciencia y en las artes, por lo que las mujeres a las que se hace referencia en este escrito son creadoras de ideas, sobre todo en las artes; por ejemplo, una mujer que se reconstruyó a sí misma y se armó una vida independiente se lee en la autobiografía novelada de Elena Arizmendi (2012)

Se pude afirmar que estas mujeres formaron parte de la élite en el modo que lo entiende Ortega y Gasset, y sobre todo se debe entender a estas dos generaciones de mujeres como un grupo puntero, agentes de cambio para generaciones posteriores. Estas aseveraciones se pueden descubrir a través de lo que escribieron ellas mismas.

Tina Modotti - Imagen pública
Tina Modotti – Imagen pública

ΔLas desobedientes: generación 1896 (1889-1903)

• Carmen Mondragón “Nahui Ollin” (1893)
• Lupe Marín (1895)
• Tina Modotti (1896)
• Amalia de Castillo Ledón (1898)
• Antonieta Rivas Mercado (1900)
• Nellie Campobello (1900)
• María Izquierdo (1902)

Una generación es un cuerpo que se compone de una élite y una masa; la primera crea las ideas y las manifestaciones de ciencias y artes, son élites intelectuales, mientras que la masa es un cuerpo inerte porque se deja llevar y se mueve más lento. Las mujeres a las que aquí nos referimos forman parte de la élite, no sólo intelectual sino en su mayoría fueron educadas como élite porfiriana, y de esa manera pudieron adquirir conocimientos de otras naciones y posteriormente adaptarse de manera creativa a su realidad.

El entusiasmo, la apertura y la educación como élite porfiriana fueron algunas de las características que permitieron que las mujeres de esta generación irrumpieran en escena, ya que se develaron como mujeres listas, cultas y capaces de formular teorías o de exponer sus ideas como es el caso de Antonieta Rivas Mercado, Amalia de Castillo Ledon y Nellie Campobello. Sin embargo, ¿cuál es el estereotipo de las mujeres de la posrevolución?

Las mujeres de esta generación rompieron esquemas, no tuvieron miedo de enfrentarse y chocar contra diversas “catedrales” y ella mismas construyeron sus propios espacios de desarrollo; como el caso de Antonieta Rivas Mercado y su apuesta por el Teatro Ulises. Estas mujeres irrumpieron en los espacios masculinos y se descubrieron como intelectuales, inteligentes y sobre todo mujeres de acción; ellas rompieron todos los esquemas de un típica “señorita porfiriana”.

Estas mujeres fueron desobedientes (1) en todos los sentidos, en inicio por ser en su mayoría mujeres que escriben y traducen, mujeres que retratan desde su perspectiva la realidad y que crean su propio estilo. También desobedecieron en el ámbito sexual al mostrarse y proponerse como un objeto de deseo (los desnudos de Carmen Mondragón). Ellas impulsaron un tipo de relaciones modernas en donde se buscó la igualdad y la libertad.

Mujeres de 1920 - Imagen pública
Mujeres de 1920 – Imagen pública

ΔConclusión

De nuestro presente gravitan otros presentes de las generaciones pasadas, es decir el presente está hecho de otros pasados ya que cada generación lleva en si misma a otras sería el resumen de lo que se analizó en este escrito, donde se tiene a las primeras mujeres que intentaron romper esquemas, sin embargo, no logran romper “la catedral”. Posteriormente se encuentra la generación de las desobedientes que rompieron esquemas y “catedrales”, muchas veces quizás sin darse cuenta, ya que la idea de emancipación total no surgió de esta generación, al menos no para la década de los veinte.

ΔBibliografía

Arizmendi, E. (2012). Vida incompleta. Ligeros apuntes sobre mujeres de la vida real. México: CONACULTA.
Cano, G. (2010). Se llamaba Elena Arizmendi. México: Tusquets.
Ortega y Gasset, J. (1967). En torno a Galileo. España: Revista de Occidente.
Ortega y Gasset, J. (1976). Ideas y Creencias. España: Espasa-Calpe.
Ortega y Gasset, J. (2005). El tema de nuestro tiempo. En Obras Completas (págs. 557-616). España: Taurus.

 1 El adjetivo lo tomó prestado del libro Las Desobedientes. Mujeres de Nuestra América que recoge biografías  que rescatan el acontecer histórico y el quehacer vital de mujeres hispanoamericanas que marcaron su momento y su medio por haberse enfrentado a las reglas establecidas o a las injusticias sociales que las marginaban.

Doce razones para fumar

American Hustle - Fotograma
American Hustle – Fotograma

por José Luis Dávila

1. Porque el humo que sale de la boca es el mismo humo del que nacen las ilusiones, esas perras malditas que nos hacen creer en que la vida puede ser mejor de lo que aparenta. Y es que sí puede ser mejor, pero no si nada más nos quedamos con la idea de que el humo será eterno, porque no, lo que pasa es que se disipa para dejarnos caer contra la imagen del muro sin que nos dé tiempo detenernos antes de chocar. Lo bueno del humo que exhalamos es que podemos contemplar inmóviles su ruta, sus danzas, sus juegos en el aire, sus ilusiones, pero sin el riesgo del golpe.

2. Fumar es malo para la salud, lo sabemos todos. Pero cada quien tiene su motivo para fumar: ansiedad, estrés, gusto, etc. Yo no recomiendo fumar a menos que se sepa por qué se está fumando; al saber eso, el tabaco se disfruta mejor. Sea cual sea el motivo, saberlo da una actitud a cada calada que cambia la forma en que se ven las cosas.

3. Es mejor fumar sin filtro, sobre todo si son Faros, porque sin filtro es como se aprecian mejor las buenas cosas de la vida. Sin filtro, la verdad es verdad donde quiera que se encuentre uno, sin esas nenadas de los chismorreos venenosos, porque cuando se habla sinceramente no se necesita convencer al otro, el otro se convence por sí mismo de lo que sea que uno le diga.

Tomy fumando - Fotograma
Tomy fumando – Fotograma

4. No creo que haya muchos placeres parecidos a sentir cómo nos llena los sentidos la nicotina; paradójico, porque es la nicotina, y demás compuestos del cigarro, la que a la larga nos merma el gusto y el olfato.

5. Fumar es un mal hábito, pero de todos los malos hábitos que hay, es el menos dañino. Véanlo como yo lo veo: para mí, fumar no es tan malo si lo comparo con mi gusto por las mujeres histéricas. En todo caso, es más barato.

6. No dejo de fumar porque no quiero hacerlo. No soy un adicto, solamente me gusta. El día que me aburra de fumar, porque llegará ese día, lo dejaré. La cosa con dejar de fumar es que muchos lo hacen porque alguien más se los pide, a menos que sea un médico que diga que podríamos tener cáncer o que ya lo tenemos, sólo en ese caso pensaría en abandonar. Pero no fumar no te hace inmortal, ni superior de ninguna manera. Puedes ser un hijo de puta aún si no has probado el tabaco en tu vida.

Sherlock fumando - Fotograma
Sherlock fumando – Fotograma

7. De cierta forma, fumar es cuestión de estilo. Hay quienes pasan desapercibidos para todos los ojos, pero cuando toman un cigarro entre los dedos, no se sabe bien a bien por qué, pero se convierten en los centros de su micro-universo.

8. Aquél que está detrás del humo de tabaco, siempre, siempre, será más interesante que el que no lo está. Aunque uno no sepa por qué.

9. Fumar pipa es sólo para conocedores que saben apreciar el sabor del tabaco sin reparos. No todos están capacitados para tener y usar una pipa, sólo aquellos que en verdad creen que fumar es un arte deberían tener permiso para comprarlas.

Mujer fumando - Imagen pública
Mujer fumando – Imagen pública

10. Los puros son sólo para ocasiones especiales, para ocasiones de triunfo; fumarlos es un poco como meter doce cigarros en la boca de una sola vez, algo que no todos aguantan. Fumar puros es algo que deberían enseñar en las universidades, para que se separe a los que están hechos para los trabajos duros y estresantes que dejen huella en cada una de sus áreas, de los que estudian solamente para obtener un modo de vida.

11. Varios de los grandes personajes de la literatura fuman. Sherlock Holmes es uno de los más representativos. Todas las razones anteriores de una u otra forma engloban su personalidad, la personalidad que da años de tabaquismo bien aprovechados.

12. Las mujeres que fuman son una de las mejores razones para fumar. Encenderles un cigarro, cuando se flirtea con ellas, es un acto que las conquista dependiendo de cómo se hace. Cuando solamente son amigas, cuando no se quiere nada más con ellas, encenderles el cigarro es un acto de caballerosidad que nunca debe olvidarse, porque siempre habrá otra fumadora cerca que sienta envidia y pueda querer que uno el encienda el cigarro.