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Reseña: Punisher

por Job Melamed

Me gustaría poder escribir “Es grandiosa, véanla. Fin.” y tener la confianza que todos los que lo lean me harían caso pero esto es una reseña, por lo que intentaré contar en breve porqué deberían.

Para empezar, creo que es la mejor serie de Netflix/Marvel después de Jessica Jones; desgraciadamente el futuro lanzamiento de la propia plataforma de streaming de Disney ha hecho que se cancele todo lo que corresponde a superhéroes (una lástima, pues Luke Cage y Iron Fist tuvieron grandes cliffhangers) dejándonos con sólo ésta segunda temporada para disfrutar las desventuras de Frank Castle.

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Ahora, entrando de lleno al tema, tenemos una de las mejores introducciones a una segunda temporada: Frank, sangre, disparos y más sangre. ¿Esperaban algo más? Además, las motivaciones del personaje son las más egoístamente altruistas; la caballerosidad, el sarcasmo y el humor negro que maneja la serie mantienen armonía con las escenas de pelea tan bien coreografiadas. Nuestros nuevos villanos, y algunos viejos, nos hacen ver que no todo es blanco y negro, como nos gusta pensar, sobre todo en una serie de éste tipo, donde el protagonista es más bien un antihéroe (específicamente un vengador) glorificado en la bondad.

La música, que acompaña y explica lo que está ocurriendo en las escenas de importancia, nos muestra el cuidadoso trabajo que realizaron los post-productores; por ejemplo, si prestamos atención en una escena del episodio 10 en que John Pilgrim (uno de nuestros nuevos cuasi-villanos) se bebe las heridas de una batalla, recordando al ritmo de Drunkard’s Prayer, de Chris Stapleton. Esta escena no sólo es una de las mejor trabajadas en la serie, también nos enseña justo lo que decía antes, que no todo es blanco y negro.

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Billy Russo reaparecerá con una mejor historia que en la primera temporada y hará que varios de corazón blando den uno que otro suspiro al enterarse de sus traumas. La agente Dinah Madani también volverá sólo para hacerse odiar e incluso ser un personaje sumamente molesto durante toda la serie. Incluso Brett Mahoney agrada más por su implacable deseo de justicia que Madani y su implacable necedad de venganza contra todos.

Intentandono arruinar más sorpresas, y rogando no haber realizado muchos spoilers, les reitero, es grandiosa, véanla. Fin.

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¿Por qué Deadpool merece un OSCAR?

por José Luis Dávila

Tengo esta tendencia la pantalla desde muy pequeño, en especifico, de cuando fui por primera vez al cine y vi el Batman de Val Kilmer; y con los años me he convertido, creo, en lo que Patton Oswalt denomina como un silver screen fiend, la cual es una forma genial de llamar a aquél que se entretiene con las películas al tiempo que las ve como una vía del arte, incidente en su vida, como una expresión de la experiencia que se retransmite. Esto sin importar de qué película se trate, pues todas poseen un valor intrínseco, ya sea The room con Tommy Wiseau o Citizen Kane con Orson Welles, ambos casos en los que una misma persona produce, dirige y protagoniza una cinta pero con resultados completamente diferentes.

Sin embargo, existe aún en la crítica especializada, cualquiera lo puede leer, una tendencia a la segregación soterrada de las ideas de entretenimiento y arte. Las películas que vemos comercialmente son películas que poco se consideran –a veces hasta por quienes están involucrados en ellas– como fuente de arte. No digo que todo deba entrar en esa categoría, pero sí que hay una subordinación implícita en el imaginario de las personas que ejercen opiniones profesionalmente y que califican a las cintas, esto sumado a que en últimos años las entregas de premios cinematográficos –y, en realidad, las premiaciones de cualquier índole– se ven afectadas por el fantasma de lo político y lo moral, cuestiones que el arte trata pero que para su apreciación no deberían influir mas que como contexto, pues, de otro modo, suelen construir una cerca que limita al tiempo que obstruye la vista.

Deadpool Movie Set - Imagen pública
Deadpool Movie Set – Imagen pública

Lo anterior también repercute al modo en que el público recibe las cintas y las consume. En el párrafo anterior uso la palabra “comercialmente” para referirme a aquellas que se exhiben bajo los estándares de entretenimiento pero toda producción cinematográfica es comercial por sí misma, y al contrario, toda cinta que se tache de comercial es susceptible de ser arte en cierto grado. En todo caso, la diferencia tendría que sostenerse entre lo artesanal y lo artístico, algo que me parece mucho más acertado.

Así, si las cintas fueran valoradas realmente por los méritos propios a cada cual, las votaciones en los premios serían más justas, pues muchas veces una película no es considerada para recibir reconocimiento tan sólo por no pertenecer al ala seria del arte de la filmación. Como ejemplo, el año pasado, entrando en febrero, se estrenó Deadpool, la cual podría ser considerada como una cinta más provocada por la moda de los superhéroes, sin embargo, prestando atención a ella, quizá haya que entenderla de otro modo.

Deadpool - Imagen pública
Deadpool – Imagen pública

Deadpool, independientemente de cualquier etiqueta que se le quiera imponer, es un paso adelante en la forma de narrar dentro del cine mal llamado “comercial”; desde el sencillo ejercicio de analepsis y prolepsis en el que gasta poco más de una hora, hasta darnos cuenta de que aquello que cuenta transita de forma extraordinaria entre el drama, la comedia y la acción. Efectivamente, muchos films de héroes integran dichos elementos, el cambio estriba en el cómo: para la mayoría de esas películas los incidentes dramáticos son motivaciones, pero en Deadpool son parte de la historia que se cuenta, no sólo del contexto del protagonista enfrentando al problema. Esto ocurre en otras películas icónicas que han sido culturalmente trascendentes, como Die Hard o, incluso, John Wick. El guión es, pues, una joya narrativa.

Otra de las fortalezas de Deadpool reside en dar a cada personaje, pese al poco tiempo que aparezca en pantalla, la tridimensionalidad necesaria para desarrollarse y ser parte de la narración; todos llegan a ser memorables a su modo, hasta el villano, quien resulta más interesante que muchos de los villanos que se nos han presentado en las películas de este corte y sobre los cuales siempre se hace el señalamiento de resultar desechables, y es que lo interesante reside en que precisamente es (y tiene que ser) desechable para funcionar en este relato.

Deadpool - Imagen pública
Deadpool – Imagen pública

Se podrían enlistar y detallar todas las inesperadas virtudes –para usar un título que a la AMPAS le pareció premiable hace un par de años– de Deadpool, y argumentar de manera irrefutable, pero, la verdad es que por más que se le defienda, históricamente las cintas como ésta suelen ser restringidas en nominaciones al OSCAR dentro de los rubros de efectos especiales o, si bien les va, banda sonora y maquillaje, lo cual es decepcionante. Este año seguramente veremos títulos como Moonlight, Manchester by the sea o Fences en las nominaciones (La La Land, por supuesto, es la favorita de muchos), cintas que se instalan en el drama. Sin embargo, me cuestiono profundamente por qué. ¿Es la necesidad de demostrar que el cine puede ser serio pese a sus raíces en el entretenimiento puro? ¿Es porque se tiende a sacralizar el sufrimiento en vez de celebrar el arte desde el desenfado?

He visto la mayoría de las películas que se rumorean para ganar la estatuilla y ninguna me resulta mejor que Deadpool –si acaso, podría considerar a Hell or highwater o Train to Busan, y esta última pertenece a Corea por lo que no será tomada en cuenta para la entrega principal–, pues como guión, adaptación y realización es una invención realmente situada en el cuidado de lo artístico a lo que aspira el contar historias desde un proyector sin importar nada más que el hecho mismo de lo que se cuenta. Además, para la época de higienización discursiva en que vivimos necesitamos que la cultura se abra en vez de implosionar por la repetitividad y tedio de tópicos que aportan ideas gastadas y formulas tan obvias que College Humor da una guía básica de pasos infalibles para ganar.

Ryan Reynolds y Tim Miller (y la FOX) hicieron un gran trabajo y merecen ser reconocidos, merecen hacer historia y acabar con las reverencias a un arte que tuvo desde su concepción el fin de llegar al público en toda su extensión, sin segregar entendidos de pasajeros despistados, conmover a cualquiera, alegrar a cualquiera, y, aceptémoslo, Deadpool es jodidamente perfecta para ello.

El día que Nueva York se pintó de rojo

Por E. J. Valdés

Los años noventa dieron muchas cosas buenas, entre ellas uno de los crossovers más exitosos del universo Marvel: Maximum Carnage, el cual se realizó de mayo a agosto de 1993 y unió a Spider-Man y todo un elenco de héroes para salvar a la ciudad de Nueva York de una de las peores amenazas de su historia desde King Kong: Cletus Kasady, preso en el hospital mental de Ravencroft tras la derrota y destrucción del simbiote que lo transformaba en el supervillano Carnage. Kasady es objeto de una serie de experimentos que lo llevan a descubrir que el simbiote mutó su sangre, permitiéndole convertirse una vez más en su alter-ego carmesí y escapar para emparejar el marcador con el trepa muros. Pero esta vez no va solo: a su empresa se suman muy pronto Shriek, el Spider-Doppelganger y un reparto de malosos que pondrán la ciudad de cabeza y al arácnido, aliado con Venom, en un aprieto del cual sólo podrá salir reclutando su propia armada de superhéroes, entre ellos Starfire, Deathlok, Black Cat, Morbius y otros no tan famosos. Lo que sigue: una de las más espectaculares campales vistas en las páginas de Marvel y en la cual, dicho sea de paso, los villanos tienen ventaja.

Maximum Carnage fue uno de los arcos más famosos de Spider-Man en los 90 y fue uno de los primeros en explorar a Venom como anti-héroe y no como villano, trato que ha conservado desde entonces, sobre todo en otros títulos que lo han colocado en el bando del arácnido como Separation Anxiety. Curiosamente, Maximum Carnage se hizo famoso en México gracias al video juego del mismo título que salió para el SNES en 1994, el cual, recordarán los más experimentados, tenía la peculiaridad de venir en un cartucho rojo. Y vaya que era difícil. Eso sí: le era fiel al cómic sólo a medias. Éste fue, de paso, el primer (y quizá único) acercamiento de algunos fans de la serie con otros personajes menores de Marvel como Cloak y Dagger, Iron Fist y el complejo villano Carrion.

Recomiendo Maximum Carnage a fans de esta franquicia y a quienes se hayan quedado picados con el video juego, sobre todo si, como yo, nunca lo terminaron.

Baymax es amor

Big Hero 6 - Imagen pública
Big Hero 6 – Imagen pública

por E. J. Valdés

En el año 2009 The Walt Disney Company compró Marvel Comics y este año la adquisición arrojó como producto Big Hero 6, el más reciente largometraje de Walt Disney Pictures, mismo que viene ligeramente inspirado en el cómic del mismo título publicado por Marvel, el cual, la verdad, no es famoso en México pero forma parte de esta nueva generación de cómics estadounidenses que le tiran más al manga y los motivos orientales que a la clásica historieta de súper héroes norteamericanos.

Big Hero 6 está dirigida por Chris Williams y Don Hall, y es producida por John Lasseter, quien estuvo detrás de clásicos de Pixar como la trilogía de Toy Story y Cars, con todo y sus horripilantes spin-offs. La película nos cuenta la historia de Hiro Hamada, un chico de la ciudad de San Fransokyo (que es como San Francisco pero con Tokyo), quien a sus catorce años es un genio de la robótica que, por consejo de su hermano mayor, Tadashi, deja de dedicar sus talentos a las clandestinas —más lucrativas— peleas de robots y se enrola a la universidad para que su genio contribuya a la sociedad, tal como hizo Tadashi con Baymax, un rechoncho y simpático robot que sirve como asistente médico personal. Poco después, un incendio en el campus cobra la vida de Tadashi y da pie a la desaparición de uno de los inventos de Hiro, quien sospecha que el incidente fue provocado y, junto a un tuneado —aunque muy inocente— Baymax y los compañeros universitarios de su hermano, hace equipo para descubrir quién está detrás de ello.

Big Hero 6 - Imagen pública
Big Hero 6 – Imagen pública

Big Hero 6 es un cañón apuntando directo a los niños con secuencias de acción coloridas y bastante divertidas, elementos y ambientaciones muy manga/anime/video juego y un robot tan cool como adorable que se venderá como sushi en las tiendas esta Navidad. Y les apuesto una Sapporo a que la gente de Walt Disney Pictures ya tiene en mente una o dos secuelas que todo mundo querrá ver, así como toda la parafernalia que acompaña a los lanzamientos de este calibre. Pero eso no quiere decir que sólo los niños la van a disfrutar; los ya-no-tan-jóvenes le encontraremos su peculiar encanto, tanto más si en alguna época de nuestras vidas hemos sido fans de series de robots/mechas como Mazinger Z, Transformers, Macross (Robotech), Gundam, y hasta los Power Rangers (cuando la vean sabrán por qué).

Big Hero 6 - Imagen pública
Big Hero 6 – Imagen pública

Sin embargo, pese a que la experimentada huella de Pixar es muy perceptible, pienso que la cinta tiene sus detallitos, como el hecho de que la trama, aunque bien contada, se antoja predecible, la relación entre Hiro y Baymax no es tan estrecha como la de otras duplas que hemos visto en el universo Disney/Marvel (pienso en Groot y Rocket Raccon, quién sabe por qué), y lo que se supone es un equipo de seis héroes es más semejante a dos estrellas y cuatro incidentales que están allí porque la película se titula Big Hero 6 y no Big Hero 2. Aunque eso sí: amé el personaje de Fred con toda mi alma y yo también quiero ser un dinosaurio-invencible-escupe-fuego-experto-en-artes-marciales cuando sea grande y no un Guardián de la Galaxia. Pero, eh, si dejamos las peccatas minutas a un lado me parece el título animado más disfrutable del año y el principal contendiente al Academy Award en esta categoría (en un año que no ha dado gran cosa en animación, por cierto). A quienes no les gustó Frozen por ser demasiado musical o “para niñas” seguramente les va a encantar, así como a quienes (como yo) amaron Wreck-it Ralph.

Lucy

Lucy - Fotograma
Lucy – Fotograma

por Erasmo Valdés 

Lucy es la cinta más reciente dirigida y escrita por Luc Besson. Viene estelarizada por Scarlett Johansson, Morgan Freeman, el actor egipcio Amr Waked y Choi Min-sik, a quien algunos recordamos por la película surcoreana Oldboy. Es asimismo la más reciente adición la filmografía de femme-fatales de Besson, es decir, mujeres súper atractivas que saben patear traseros, sub-género en el que el cineasta francés se ha vuelto un especialista. También un poco repetitivo, pues en Lucy son perceptibles tratos de Leeloo y Cataleya, aunque de eso, supongo, sólo se percatarán unos cuantos. La trama es sencilla y los avances la explican muy bien: Lucy (Johansson) es una chica estadounidense que vive y estudia en Taiwán y quien, accidentalmente, se ve involucrada en una operación de contrabando de drogas que sale mal. El Sr. Jang (Min-sik), un mafioso coreano, la rapta y siembra en sus intestinos y en los de otras tres víctimas paquetes de una droga experimental llamada CPH4, los cuales deberán llevar a Europa para su posterior extracción y comercialización —“kids are gonna love it”, dicen—. Las cosas se salen de control cuando el paquete que transporta Lucy comienza a fugar y su organismo asimila la substancia, desencadenando una serie de habilidades físicas y mentales que van en aumento conforme Lucy incrementa el uso de su capacidad cerebral (la película parte de un mito que asegura que sólo utilizamos el 10 % de nuestro cerebro y que, si tuviésemos acceso al resto, podríamos hacer cosas fantásticas). Transformada en una máquina de guerra, Lucy emprenda una cruzada para impedir que la droga se propague, detener a Jang y asegurar el buen uso de sus recién adquiridos talentos, porque ya saben: “con gran poder viene gran responsabilidad”.

Lucy - Fotograma
Lucy – Fotograma

Desde su estreno en agosto, Lucy ha recaudado millones de dólares en taquillas y también opiniones polarizadas respecto a la trama (que, la verdad, recuerda mucho a Limitless, con Bradley Cooper), el elenco y los efectos visuales. Éstos son precisamente uno de los puntos más fuertes de Lucy, y cuando la vean estarán de acuerdo conmigo que la secuencia final de la película es sorprendente. Son muy loables por igual las actuaciones de Scarlett Johansson, guapísima como siempre (de hecho, fue durante este rodaje que se hizo público su embarazo), y la de Choi Min-sik, quien sin enunciar una sola palabra en inglés o francés da vida a un villano muy obscuro que a ratos recuerda a Gary Oldman en Léon: The Professional. Menos convincente es el personaje de Morgan Freeman, el profesor Norman (así, a secas), quien queda encasillado como el típico científico que advierte sin querer toda la trama al principio de la película. De hecho, su personaje es casi idéntico al que hizo meses atrás en Transcendence (filme horrible con ganas). Al personaje que, siento, Besson no explotó lo suficiente fue al detective Pierre del Rio (Waked), quien juega un papel más o menos importante durante el segundo acto de la historia pero termina muy relegado. Incluso, me atrevo a decir que el tiroteo final pudo ser más explosivo, más dramático, y haber dado mucho más fuerza al cierre de la cinta. Pero, eh, no se puede todo en el cine, ¿verdad?

Lucy - Fotograma
Lucy – Fotograma

En conclusión, Lucy me pareció una buena película de acción / ciencia ficción, bastante disfrutable aunque no exenta de ciertas pecatas minutas cuya ausencia habría hecho de éste un blockbuster más contundente. Digo, está cañón eso de entrar armado un quirófano sin que nadie se dé cuenta o intervenga la seguridad del hospital, o que una veintena de matones preparen un arsenal a plena luz del día frente a un edificio público como cualquier cosa. Igual y son cosas muy del director. Si les gustaron Colombiana y la participación de Scarlett Johansson en el universo Marvel como Black Widow, van a disfrutar mucho de Lucy, y si no… Quizá también.

Último comentario: viendo esta película no pude pasar por alto el potencial que tiene para generar una secuela, pero podemos dormir tranquilos, pues Besson ya aclaró que no habrá tal porque él y su amiguito Olivier Megaton están muy ocupados preparándonos la tercera parte de Taken

Pensándolo bien, mejor sí nos preocupamos. *gulp*