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Del reverendo para Bowie

traducción por E. J. Valdes

De entre las muchas manifestaciones de pesar que saturaron el Internet luego que se hiciera pública la muerte de Davidó Bowie a los 69 años, una de las que más me ha gustado es la que escribió Marilyn Manson para la revista Rolling Stone. A continuación me tomo el atrevimiento de traducirla a nuestro querido y confiable castellano para los lectores de Cinco Centros y todos los cibernautas allá afuera.

David Bowie - Imagen pública
David Bowie – Imagen pública

Mi primer acercamiento a David Bowie fue cuando vi “Ashes to Ashes” en MTV. Quedé confundido y cautivado.

Pero no fue hasta mi primer estancia real en Los Ángeles, alrededor de 1997, que alguien me dijo que me tomara un momento para escuchar otra cosa que no fuera Ziggy Stardust, Aladdin Sane y Hunky Dory. Así que me lancé en un vertiginoso paseo en auto a través de Hollywood Hills y escuché Diamond Dogs.

Toda mi nostalgia de inmediato se convirtió en temor. Estaba escuchándolo cantar sobre la ficción como una máscara para mostrar su alma desnuda. Esto cambió mi vida para siempre.

Para mí, cada una de sus canciones era una manera de comunicarme con los demás. Era un sedante. Una incitación. Una carta de amor que yo jamás podría haber escrito.

Se ha convertido y permanece como la banda sonora de una película que él pintó con su voz y su guitarra.

Cantaba: “Hope, it’s a cheap thing”.

No necesito esperanza para saber que ha hallado su camino al lugar que iguala su belleza intocable, genial y camaleónica. La estrella negra en el espacio a la que sólo él pertenece.

Este aplastante momento de miedo y pérdida solamente puede ser tratado de la manera en que su música ha afectado a todo aquel que tuvo la fortuna suficiente de escucharla y amarla.

Jamás dejemos ir lo que nos dio.

Marilyn Manson

Manson y Bowie jamás colaboraron musicalmente, pero el primero dejó sentir la influencia del segundo en la imagen personal que ostentó durante la era de Mechanical Animals, reminiscente de Ziggy Stardust, además de grabar para ese mismo álbum un cover de la canción “Golden Years” que ultimadamente fue descartado.

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El ya de por sí podrido cadáver del rock

Marilyn Manson - Imagen pública
Marilyn Manson – Imagen pública

por José Luis Dávila

en respuesta a Gerson Tovar

Justo como en 1882, cuando Nietzsche escribe en La gaya ciencia que Dios ha muerto, Marilyn Manson en 1998 canta en el Mechanical animals que el rock ha tenido ese mismo destino. Que incluso está más muerto que la muerte. Han pasado diecisiete años desde entonces, diecisiete años tediosos en los que nacen y mueren grandes cantidades de proyectos musicales que no saben mantenerse en escena porque aún aspiran a hacer rock, pobres ilusos.

Yo no creo en el rock de, al menos, los últimos veinte años. Creo que ha habido pequeños destellos de genialidad, pero tan pocos que no son nada. Lo que es peor, aquellos que lo hacían subsistir han sido cambiados por los tiempos y el sutil encanto de la actualidad. El sonido crudo de la ciudad descarnada por el rasgueo sobre las cuerdas de la guitarra, marcada desde el amanecer por la marcha de la batería, noctambula en la profundidad del bajo, elevada a los cielos durante el grito de la voz contra lo establecido por la sociedad que no ve bien a quienes se manifiestan en música furiosa pero sencilla, sin pretensiones, sin poses, todo eso está extinto como los dinosaurios después del cometa, adaptándose a nuevos climas para no dejar de ser pero tampoco siendo ellos mismos.

Nietzsche - Imagen pública
Nietzsche – Imagen pública

El rock, lamento decirlo, nunca volverá, ni siquiera en forma de fichas. Ante este panorama, hay que voltear a otros lados, saber abrir los oídos y entender que ahora estamos en la era de los híbridos sonoros. Aquello que se llamó britpop abrió la puerta del bar con una patada y todos se voltearon a verlo. De ahí partimos ahora. El rock estaba decadente en ese entonces y el metal se estancó junto con él, tanto que las mismas bandas de hace treinta años son las que mejor crítica tienen ahora que su popularidad entró en el mainstream. Era necesario un sonido nuevo, revuelto, independiente de las concepciones anteriores. El último gran ícono, quizá discutiblemente, del rock fue Kurt Cobain, pero para cuando su muerte cimbró, ya había precedentes de que el fin de una era estaba cerca, ya estaban esas bandas de la cotidianidad sin ánimo, aceptada, desglosada en versos y expuesta en el escenario para ser contemplada sin afrentas sino con despreocupación y sarcasmo.

Long live rock n' roll - Imagen pública
Long live rock n’ roll – Imagen pública

Esas bandas no querían ser rock, querían una identidad propia. La crítica fue la que les encasilló, por necesidad de sustitución, por inseguridad ante las propuesta del futuro como una experimentación constante para reemplazar aquello que es irremplazable. Actualmente sufrimos las consecuencias de ese proceso de negación ante las nuevas perspectivas de hace años. Entiendo que muchas personas se confundirán al pensar en la gran cantidad de denominaciones que ahora se tienen y que usan como referencia al rock, pues tendemos a categorizar géneros a través de la necesidad de un rock al cual no queremos enterrar, al que aún nos aferramos y queremos tenerlo siempre cerca aunque ya apeste. No sabemos honrarlo. La culpa no es de las bandas actuales, es de nosotros por no ser más críticos y permitirles creer que pertenecen a eso que ya debería estar bajo tierra, no olvidado, pero sí homenajeado, con respeto y no con alquímicas intenciones para reavivarlo.

A los cadáveres hay que dejarlos en las tumbas y visitarlos para mostrarles respeto por sus acciones en vida. A los vivos hay que mostrarles los límites que tienen para evitar que se maten antes de tiempo, y para que no se pudran en vida como ya les pasa a muchos.