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La vocación de escribir: entrevista a Magali Tercero

Como parte de las actividades del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla (CECAP), Magali Tercero (reconocida cronista y presidenta de PEN Club México) ofreció un taller de cuento real (o crónica) en la ciudad, en el marco del cual pudimos entrevistarla. Aquí lo que nos dijo:

José Luis Dávila: Para empezar, después de leer sobre tu carrera, y leer algunos de tus libros, creo que una pregunta fundamental sería, ¿por qué la crónica, por qué este tipo de periodismo?

Magali Tercero: Pues supongo que fue una vocación. La primera crónica que escribí fue en 1991 pero yo no sabía que era una crónica, yo pensaba que estaba haciendo un reportaje y de pronto alguien me hizo notar que estaba escribiendo crónica. Ahora, había leído crónica, desde luego. Cuando yo estaba en la preparatoria había libros que había que leer de rigor: había que leer a Ricardo Garibay, había que leer a Elena Poniatowska, había que leer a Vicente Leñero, todos eran excelentes periodistas; había que leer a Jorge Ibargüengoitia que tenía una columna muy interesante, en fin. Entonces, yo creo que tiene que ver con una vocación y que de pronto uno descubre en qué cajoncito de la vocación de escribir está uno colocado.

JLD: ¿Y, en México, cómo crees que han sido recibido este tipo de textos?

MT: Bien, bien. Hace mucho que se escribe muy buena crónica en Méxic; tenemos una gran tradición: desde Bernal Díaz del Castillo, Hernán Cortés y, después, tenemos los liberales a fines del siglo XIX, Guillermo Prieto, Ignacio Altamirano, tenemos gente de primera, todos estos que menciono son gente de primera en relación al género de la crónica. Claro, ha cambiado mucho la crónica y ahora hay muchas maneras de hacer crónica y de hacer periodismo narrativo, pero han existido toda la vida

JLD: ¿Qué piensas del papel de la crónica, ahora por ejemplo que ganó Alexiévich el premio Nobel?

MT: Sí, fíjate que de alguna manera es un reconocimiento al periodismo narrativo. Estoy leyendo simultáneamente dos de sus libros y ella lo que hace es articular, enlazar y tejer, con mucha fineza miles de testimonios sobre las mujeres que fueron a la guerra en la segunda guerra mundial, los rusos contra los nazis, de la gente que vivió la caída del imperio soviético, por decirlo de alguna manera. Es un tejido muy muy fino a base de testimonios, entonces de alguna manera es un reconocimiento muy grande al periodismo narrativo y eso está bien en el sentido de que le da un gran impulso.

Entrevista a Magaly Tercero - Fotografía por Gerson Tovar Carreón
Entrevista a Magaly Tercero – Fotografía por Gerson Tovar Carreón

JLD: Ya que mencionas eso, la idea del periodismo como fuente de historias, como una especie de narración, ya no solamente para una nota, para un artículo, sino para la vida cotidiana, ¿qué tan importante crees que va a ser con todos los cambios mundiales que hay y todos los problemas que estamos enfrentando?

MT: El periodismo narrativo siempre va a estar un poquito relegado, no importa cuánto se le estimule desde diversas fundaciones, la de García Márquez, por ejemplo. De todas maneras no es algo, no sé cómo decirlo: ahorita es su mejor momento pero al mismo tiempo no es verdad que la gente lea mucho periodismo narrativo. Lo que pasa es que sí tiene un papel muy importante porque tiene la capacidad de iluminar zonas que normalmente los ciudadanos que queremos estar al pendiente de lo que sucede no tenemos manera de acceder; tiene la particularidad de irse a los pliegues de la vida privada y articular la vida privada en función de la vida pública. Es importante, el periodismo es muy importante y el narrativo también lo es, pero siempre va a tener un nicho, un lugar diferente al que tiene la literatura. Se venden muchas más novelas que de periodismo narrativo. Sin embargo, en la coyuntura actual de México pues sí se han vendido muchísimas obras de periodismo narrativo porque ha sido el tema del narcotráfico, el tema de Ayotzinapa, en la coyuntura actual todo eso es muy necesario.

JLD: Esta idea de los temas del periodismo narrativo, al menos en México, como el caso de Tryno Maldonado que sacó lo de Ayotzinapa…

MT: Sí, y él es escritor; hay muchos escritores que han empezado a hacer crónica y se están insertando en este especie de boom de la crónica. Quiero leer ese libro porque también son testimonios, parece que bien hilados, quiero leerlo porque pasó varios meses allá en Ayotzinapa. Hace rato estaba en el zócalo y alcancé a ver a la caravana que anda circulando por varias ciudades recordando la fecha, hoy 26 de enero.

JLD: Y bueno, igual esta idea de la tradición, es una tradición oral la que recoge el periodismo narrativo, como recientemente aquí en la ciudad hubo una exposición de Ilán Lieberman sobre San Miguel del Progreso y sobre cómo trataba de conjuntar esta idea de tradición oral con el arte. ¿Crees que este tipo de híbridos también puede generar el periodismo narrativo? Como de tratar de reflejar una realidad pero sin ser politizado, sin ser tomado por grupos que tienen otros intereses.

MT: Pues sí, sí puede, pero desafortunadamente todo se politiza, es muy difícil que no se politicen las cosas. Pero sí, desde luego que puede reflejar la realidad tratando de conservar cierto centro, no de ser objetivos porque es imposible, pero sí de conservar cierto centro.

Entrevista a Magaly Tercero - Fotografía por Gerson Tovar Carreón
Entrevista a Magaly Tercero – Fotografía por Gerson Tovar Carreón

JLD: Sobre tu nueva posición en la presidenta de PEN Club…

MT: Acabo de ser elegida como presidenta del PEN por el próximo periodo de tres años y bueno, además de que es una misión, una encomienda, es un cargo honorario; somos muy pocos los voluntarios pero además de continuar con las tareas tradicionales e históricas del PEN internacional creado en 1921 en Londres, además de eso, que son difundir la literatura y defender la libertad de expresión, que son fundamentales ambos, un capítulo importante de PEN internacional es la defensa y cobijo de escritores perseguidos. Pero sí, como periodista, como cronista me interesa mucho poner un énfasis, no solo en los periodistas asesinados, que ya lo tiene desde hace seis años PEN México, sino hacer énfasis y hacer voltear la atención hacia el periodismo narrativo y la crónica, que son diferentes.

JLD: PEN se dedica a procurar la libertad de expresión y en estos tiempos deberíamos hablar como de la función de la libertad de expresión. ¿Qué tan real es y qué tanto PEN puede hacer por ello?

MT: Es muy difícil, hoy recibí un mail de PEN internacional, agradeciendo que finalmente nos sumamos muchos países a una lectura internacional de poesía simultánea, se dio simultáneamente en 128 sedes de PEN internacional, en 48 países, se dio simultáneamente y agradeciendo y diciendo que ojalá este esfuerzo global sirva para algo. Entonces tu pregunta yo la entiendo perfectamente porque en el DF, en el ex DF, se realizó la lectura con 25 poetas, con autores, fue algo muy interesante, estuvo lleno todo el tiempo, todo fue muy bueno pero en el fondo uno se pregunta: ¿qué tanto va a servir esto para que no decapiten al poeta Ashraf Fayad? Que por cierto, tú que preguntas sobre cruce de géneros, es poeta, curador y artista, pero, ¿qué tanto va a influir? Es lo que me mencionaban en el mail “esperemos que esto funcione” y uno sabe que sobre un gobierno religioso que acusa a alguien y decide decapitar a alguien por no creer en el profeta Mahoma o en dios, uno sabe que no es fácil incidir con 128 lecturas de poesía mundial, pero hay que hacerlo, hay que hablar y que pasar la voz, hay que hacerlo.

JLD: ¿Qué proyectos tienes para PEN en los próximos meses?

MT: Va a haber pronto una premiación simbólica, todo en PEN es honorario y eso tiene su valor, va a haber una premiación, estamos ya eligiendo candidatos para los premios de excelencia literaria y periodística. Esto ya existe desde hace varios años, esta premiación que se hace y que es simbólica y honoraria. Ese es el proyecto siguiente y estamos dándole con todo al blog PEN Piensa, para difundir

JLD: ¿Cómo se puede hacer para ayudar a PEN?

MT: Pues inscribiéndose; por ejemplo, los escritores pueden inscribirse, hay cuotas, hay que tener uno o dos libros publicados y las cuotas posiblemente 500 o 700 pesos a juicio del miembro. Nosotros difundimos la literatura de los miembros, los invitamos a todas nuestras actividades y también pensamos juntos qué hacer, es importante. Mucha gente no sabe qué es PEN México, ayer alguien me escribió y me dijo “Yo no tengo idea de qué es PEN”. ¡Y es un escritor! Es un escritor culto además. Se trata de eso, de que se conozca a otros niveles.

*Transcripción de Victoria Sandoval

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Las tres de ley

por Gerson Tovar Carreón

No juegues limpio.
No idealices.
Ni esperes mucho.

No sé cómo escribir esto; en realidad, no sé escribir bien, tengo muchas faltas de ortografía y no siempre estructuro bien mis ideas. Los títulos de mis textos rara vez concuerdan con su contenido. Como en este momento, ya que lo que escribiré no tiene nada que ver con el título, simplemente me pareció uno bueno; pero no importa, porque existe tanta basura publicada y un poco más no hace daño.

Comenzaré entonces. Empecé a escribir hace dos años, pienso he adquirido un poco de experiencia en esto. Sólo un poco. Me gusta ordenar mis ideas, no siempre puedo; sin embargo, el escribir me ayuda. Recién leí un texto de B, no lo conozco bien, y pienso él sabe más que yo de “la palabra” y su implicación en el papel impreso y en el internet. Y no me gustó su texto, me pareció aburrido. No diré más, ese texto se describe con esa sola palabra. Esta es mi problemática… ¿importa mi opinión? ¿sirve de algo que le diga que su texto apesta cuando no tengo la experiencia de él? ¿alguien le dijo a Rulfo, Borges o Hemingway qué escribían mal, y mejor se dedicaran a la contaduría de una panadería? ¿B realmente es escritor o sólo le gusta recibir atención y becas? Por un lado, según la posmodernidad, todos tenemos la capacidad de opinar, y eso es lo malo. Basado en este argumento, mi opinión no importaría. Pero no me interesa, hablo y escribo porque sé que el otro está mal y odio dejar que su error no tenga alguna buena burla. Se lo merece.

Escritura - Imagen pública
Escritura – Imagen pública

Por otro lado, hay quienes confían en mis juicios como J. Él me ha pedido mi opinión un par de veces, y me gusta leer sus textos, me parecen brillantes, aunque no me gusta su exceso de palabras como: me caga, es pendejo, es estúpido, de la verga, pedo, culo, caca… exagero un poco al final de la lista, pero me parece que sus textos son honestos y reflejan lo jodido y gracioso de la vida. ¿A dónde voy con todo esto? La verdad no estoy seguro, sólo dejo que el ser se despliegue en las teclas. Intentaré ordenar mis ideas de nuevo. ¿Debería decirle a B que apesta su texto? ¿Servirá de algo? ¿Me dirá que coma popo? Correré el riesgo, iré con B y le diré: “Man, tu texto es una mierda, si la mierda estuviera escrita seria como ese cuento feo tuyo, la mierda huele mejor que tu texto” … Miraré a B a los ojos, sonreiré y daré la media vuelta. Me colocaré mis audífonos y escuchare Black Star de Bowie, no es un buen disco, pero fue el último. Te extrañaremos gran D.

Demasiada felicidad, de Alice Munro

alice munro demasiada felicidad

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

Cuando en 2013 la escritora canadiense Alice Munro ganó el nobel de literatura me sentí atraído a explorar su obra, en parte por ser una cuentista, cuyos relatos han sido equiparados con los de Chéjov y por ser llamada por muchos críticos como una de las mejores narradoras en lengua inglesa. Después de casi dos años me decidí adquirir uno de sus libros más populares: Demasiada felicidad, su título delicado y la imagen de una escritora canadiense que escribe sobre la vida cotidiana no me prepararon para lo que encontraría entre sus páginas.

Las historias de Munro en un principio parecen ser sencillas, casi anécdotas curiosas sobre la vida cotidiana en pueblos o pequeñas ciudades de Canadá, sus protagonistas son hombres y mujeres y comunes, en apariencia. Poco a poco la prosa de Munro nos comienza a envolver; la descripción de ambientes caseros, de conversaciones triviales sobre la familia, sobre los amigos, nada parece suceder dentro de sus relatos, en parte nos desconcierta y creemos que no hay nada extraordinario. Sin embargo, el talento de Munro, que en mucho se familiariza con la prosa de Chéjov, calla más de lo que se puede contar. Conforme seguimos con la lectura los ambientes se tornan turbios, por momentos casi irreales pero con la tranquilidad ilusoria de lo mórbido, la atención del lector es llevada por varios focos hasta el final contundente, como un gancho al hígado.

Desde el primer relato, “Dimensiones”, podemos ver esa profundidad amarga que lleva el tono general del libro: secretos no dichos, confesiones contenidas en un par de palabras, culpas con la forma de una sonrisa cotidiana, un mundo de seres solitarios, independientes pero sujetos por una frágil fatalidad que ellos mismos son incapaces de deshacer. Munro no da concesiones, no es una escritora amable, nunca sabemos de dónde vendrá el siguiente golpe.

Los temas de Munro son variados, desde el ciego amor maternal en “Cara”, el absurdo de las ambiciones en “Madera”, la crueldad infantil en “Juego de niños”, o la soledad inminente en el último cuento “Demasiada felicidad”, que retrata un fragmento de la vida de Sofia Kovalenski, matemática rusa que vivió a mediados del siglo XIX. Munro sabe cómo sorprender a sus lectores, es una escritora que sirve veneno en delicadas tazas de porcelana.

MFA´s: credencialismo literario

MFA's - Imagen pública
MFA’s – Imagen pública

por Carlos Noyola

En Estados Unidos proliferan las Maestrías en Escritura Creativa. La primera fue instituida en la Universidad de Iowa en 1936, y actualmente existen más de 229 en todo el país. Las conocidas MFA´s (Maestría en Bellas Artes por sus siglas en inglés), se han vuelto el centro de la literatura gringa en los últimos años. Autores como Susan Choi, egresada de la Universidad de Cornell, Junot Díaz, también egresado de Cornell, y David Foster Wallace, egresado de la Universidad de Arizona, representan una nueva generación de escritores educados en el arte del lenguaje dentro de un salón de clases. La calidad de la literatura que producen estos escritores es controversial, así como lo que representará esta proliferación del credencialismo literario en los demás países, ¿será que es el inicio de la producción masiva de escritores a nivel mundial?

Karen Russel, que obtuvo su maestría en la Universidad de Columbia, y cuyo primer libro fue finalista del premio Pulitzer en 2012, aseguró al New York Times que no sabe qué estaría escribiendo si no hubiera cursado el programa. Algo similar opina Gary Shteyngart, escritor de origen ruso, que aconseja a todos los jóvenes escritores obtener una Maestría en Escritura Creativa, pues asegura que sin ella “nadie tomará tu trabajo en serio”. Pero no todos concuerdan, incluso entre los egresados exitosos. Francesca Abbate, poeta y profesora del departamento de inglés de Beloit College, asegura que los programas de escritura creativa pueden ser muy buenos en enseñar cómo usar el lenguaje, pero que muy difícilmente convertirán en escritor a alguien sin un genuino interés por las letras. Ahora que imparte clases de escritura creativa a jóvenes universitarios, intenta enseñarles que todos tenemos algo que decir, pero que eso no los convierte necesariamente en escritores.

MFA's - Imagen pública
MFA’s – Imagen pública

Si, como dice Gabriel Zaid en Dinero para la cultura, la universidad no es académica, y las grandes influencias del siglo XX no salieron de la universidad, sino que entraron a ella una vez que ya se habían gestado, habría que reconsiderar la literatura que busca lectores mostrando el título antes que el texto. Zaid dice que “algo tienen las burocracias […]que desanima la creatividad. Las estructuras jerárquicas se llevan mal con la libertad creadora. Tienden al centralismo y la hegemonía. Desconfían de las iniciativas que no se rigen bythebook”. Las universidades podrán enseñar muy bien el uso del lenguaje, pero enseñar ideas, historias y experiencias es casi imposible, justo de lo que están hechas las grandes obras. No importa qué tan bien alguien sepa manejar el lenguaje, el escritor tiene que salir a vivir, a experimentar, a nutrirse de su entorno para poder escribir. La prosa puede ser clara, precisa, sin errores, pero si carece de sustancia el texto no llegará lejos. Lo mismo con la poesía: si no hay contenido en la forma o en la idea, el autor no vivirá mucho. Además, es difícil creer que en las universidades no se enseña el canon en el mejor de los casos, o a escribir bestsellers en el peor. La renuencia a la innovación es frecuente en los departamentos de inglés, que enseñan fórmulas para escribir ensayos correctamente. Libros importantes como La revolución electrónica de Burroughs o Howl de Ginsberg, son producto de la innovación, de llevar el lenguaje al límite, y resulta complicado creer que propuestas de ese talante tendrán cabida en programas universitarios. Por otro lado, la universidad es un negocio, y como tal prioriza las exigencias de sus clientes: ganar lo suficiente para vivir decorosamente después de graduarse. Las historias dezombies no están mal, pero sí muy lejos de hacer historia.

Abbate, que recibió su MFA en la Universidad de Montana, ríe cuando le pregunto sobre la especialización que ya ofrecen programas como el del Instituto Pratt de Nueva York en escritura ambiental o el de la Universidad del Sur de Maine en Justicia Social. Como si uno pudiera aprender cómo convertirse en el próximo Allen Ginsberg.

Puede que el énfasis en las ciencias tenga que ver con la proliferación de estos programas. Los departamentos de literatura sufren la preferencia de los alumnos por programas con mejores índices de empleo, y traer de vuelta la atención requiere demostrar que también son capaces de formar profesionales listos para tener éxito en el mercado, algo similar a un MBA (Maestría en Administración de Negociospor sus siglas en inglés). Pero Abbate no está de acuerdo, dice que los programas de escritura creativa deben ser vistos como un tiempo para disfrutar de lo que haces, para leer mucho y conocer gente afín, “porque después nada está garantizado”. De acuerdo con el New York Times, cada año entre 3,000 y 4,000 escritores acreditados salen al mercado, y este año alrededor de 20,000 personas aplicaron para entrar a uno de los programas. La competencia aumenta: la revista Poetry recibe más de 100,000 propuestas al año y solo publica 300 poemas. Y con todo y la importancia que parecen cobrar las credenciales universitarias para ser publicado, muchos de los escritores más reconocidos siguen estando al margen de las instituciones de educación superior: Edward Albee y Ray Bradbury siguen siendo estudiados en las universidades sin tener una licenciatura, y J. K. Rowling y Emily St. John Mandel lideran las listas de los libros más vendidos sin necesidad de un MFA.

MFA's - Imagen pública
MFA’s – Imagen pública

En el mundo hispano aún no hay un fenómeno comparable. En México solo existe un programa de licenciatura enfocado a la creación literaria, y en Sudamérica unas pocas instituciones ofrecen el Máster. España lidera la adopción de dichos programas, que ya ofrecen universidades prestigiosas como la Complutense de Madrid y laPompeuFabra en Barcelona. En Estados Unidos ya le han apostado al éxito que puede tener entre los jóvenes escritores hispanohablantes, y han puesto en marcha desde hace algunos años el programa de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York, que busca proyectar a nuevas figuras del castellano y promover el programa en nuestra lengua.

Termino con lo que dice Zaid: “La cultura libre prospera en la animación y dispersión del diálogo y la lectura libre[…]. Es el centro sin centro de la cultura moderna, más importante para la innovación que las grandes universidades. […]la institución del saber jerárquico, autorizado y certificado no es el medio ideal para la creatividad, menos aún si es gigantesca, burocratizada y sindicalizada”.

Links a algunas de las fuentes citadas:

http://www.nytimes.com/2015/04/12/education/edlife/12edl-12mfa.html?_r=0

http://flavorwire.com/476264/27-writers-on-whether-or-not-to-get-your-mfa4

http://www.thereviewreview.net/publishing-tips/mfa-or-not-mfa-question

Mujeres, literatura y fútbol

Por E. J. Valdés

Nunca he sido fan del futbol. No sigo ninguna liga, no puedo decir que apoyo a un equipo y asistir al estadio se me antoja como una de las actividades menos placenteras de la vida. Soy bastante crítico de este deporte por los estereotipos que genera y los antivalores que promueve (especialmente en la juventud), así como por la obvia corrupción al interior de la FIFA; no se salvan algunos jugadores y personajes asociados con la “cultura” del deporte más visto y redituable del planeta.

Si mis amigos me invitan a ver un partido, acaso con botana y cervezas como es la costumbre, puedo hacerlo, y a lo mejor hasta me divierto, y aunque he visto las finales de los últimos cuatro mundiales, para mí el fútbol se termina al momento de apagar el televisor, cambiar el canal o ponerme a hacer otra cosa.

Francamente no entiendo a aquellas personas que se apasionan al borde de la euforia o el llanto por un equipo, ni a aquellas que sienten aversión por una persona que viste la camiseta del rival y que incluso llegan a agredirlas por este simple hecho (uno de los motivos por los cuales Borges detestaba este deporte). Y en definitiva jamás armaría un alboroto porque no salió victoriosa la escuadra a la que apoyaba ni celebraría en el Ángel de la Independencia una victoria de la selección (mucho menos en eliminatorias, como les encanta hacer). Muy a pesar de todo esto, hoy les escribo para contarles de un libro que recientemente llegó a mis manos, que disfruté y con el que reflexioné buen rato: Las que aman el futbol y otras que no tanto, colección de textos recopilados por Elvira Hernández Carballido y publicada por Editorial Elementum en su colección Creativa Independiente.

Las que aman el futbol y otras que no tanto reúne veintisiete reflexiones y relatos en torno a este deporte, escritos por mujeres desde perspectivas de lo más variadas; lo mismo se puede leer a aquellas que lo aborrecen por ser altamente sesgado a favor del hombre, con todas las connotaciones negativas que ello conlleva, como a aquellas que lo practican o practicaron y miran con entusiasmo la creciente participación de las mujeres en el futbol, que ha dado como resultado la creación de equipos y ligas profesionales y ha arrojado jugadoras reconocidas internacionalmente como Maribel Domínguez.

Sin embargo, hay un término que embruja las páginas del libro de principio a fin, el cual hace las veces de común denominador en estos textos: “el juego del hombre”. En la mayoría de los casos, éste nos recuerda que, desde su concepción en Inglaterra a mediados del siglo XIX, el futbol ha dejado poco espacio a la mujer, a quien incluso se llegó a prohibir practicarlo por motivos tan variados como absurdos. Las autoras señalan, entre otras cosas, que no tiene ni dos décadas que la FIFA instauró el mundial femenil y que éste, al igual que todos los encuentros protagonizados por mujeres, no recibe ni una centésima parte de la atención, presupuesto y cobertura mediática que el de los hombres (si evocan dónde o cuándo fueron los dos últimos califican como eruditos en el tema). Otros textos hablan de las dificultades que enfrenta la mujer al momento de comenzar a patear el balón, ya sea que lo hagan de niñas, adolescentes o adultas, comenzando con los prejuicios sociales (evoco el caso de una chica que dejó de practicarlo por presiones de su propia familia), reforzados por un machismo histórico y por el lugar que la misma industria ha asignado a la mujer en el futbol durante décadas, siendo los casos más citados/criticados en estas páginas los de las reporteras y comentaristas que son más adorno y atractivo visual que fuente de información y observaciones perspicaces (aunque por ahí leí un par de datos sobre Inés Sainz que ni me imaginaba).

La situación no es difícil para la mujer solamente como jugadora, sino también como aficionada o periodista; el futbol, se lo vea por donde se lo vea, le ha dado un lugar no de segunda, sino de tercera, y aunque no soy fan de este deporte, encuentro admirable que muchos de los espacios y logros que la mujer ha tenido en él los ha abierto por su cuenta, sobreponiéndose a adversidades como las descritas aquí y otras que las autoras nos comparten en sus textos.

Los trabajos que conforman Las que aman el futbol y otras que no tanto son breves y están redactados a modo de artículos de opinión, ensayo breve o anécdota, y aunque yo lo leí poco a poquito por aquello de que no es un tema que me quite el sueño (ni me lo provoca, que es lo peor) los encontré interesantes en su mayoría y como excelente material de reflexión. Lo recomiendo incluso si no gustan del futbol como yo, pues tiene un enorme valor de análisis y comentario social que nos hace ver que las mujeres viven el futbol de manera muy distinta, ya sea que lo amen o no tanto.

El africano, de Jean-Marie G. Le Clézio

Por Emanuel Bravo

El río de los recuerdos siempre es el más transitado, el más fascinante, el más profundo que haya atravesado hombre alguno, sabemos qué nos encontraremos, conocemos sus manglares, sus costas melancólicas y a pesar de ello, sentimos siempre que lo surcamos por primera vez, su superficie se vuelve agitada o tersa de acuerdo a la naturaleza de nuestra piel, una conclusión –y miles más- podemos sacar de esta travesía: no volvemos iguales, sus aguas nos bautizan con un nuevo nombre, su agua nos transforma en cada visita.

El escritor francés y ganador del Premio Nobel de la Literatura en 2008 Jean-Marie G. Le Clézio publicó en 2004 el libro de memorias titulado El africano. El autor recoge su infancia transcurrida en el continente africano y con ello extiende sus recuerdos a su padre, el cual sirvió como médico rural del Imperio Británico. El libro bien podría dividirse en los recuerdos de su padre antes de su nacimiento y sus memorias de niño, las dos conviven en perfecta simbiosis.

Le Clézio nos presenta un mundo salvaje, de una libertad infinita que duele, que consume los pulmones con sus raudos vientos, que fatiga los pies en las planicies inabarcables con la vista, en medio de pueblos con nombres de hechizos: “Kengawmeri, Mbiami, Tanya, Ntim, Wapiri, Ntem, Wanté, Mbam, Mfo, Yang, Ngonkar, Ngom, Ngu” y tantos otros. Las descripciones casi artesanales nos invitan a explorar un mundo casi virgen, no idealizado, ni mitificado, pero si recubierto de la fresca cal con la que se recubren los recuerdos.

No por ello, este libro se vuelve en un libro que explora el exotismo del continente africano, sino que es un libro sobre la formación, sobre el crecimiento, a lo cual Le Clézio es bastante claro: “Para mí, esos objetos, esas maderas esculpidas y esas máscaras colgadas en las paredes en absoluto eran exóticas. Eran mi parte africana, prolongaban mi vida y, de cierta manera, la explicaban. Y antes de mi vida, hablaban del tiempo en que mi padre y mi  madre habían vivido allí, en ese otro mundo donde habían sido felices…”

Leemos un África cercana, llena de vida que no es tan distinta a la nuestra. Más aún, la postura del autor no es en absoluto superior sobre su condición de europeo colonial. África no es un lugar extraño, es un hogar arrebatado, tanto para el padre del autor como para Le Clézio mismo. Por ello, su prosa está tan llena de vida para su primer hogar: “Todo está tan lejos y tan cerca. Una simple pared fina como un espejo separa el mundo de hoy del mundo de ayer. No hablo de nostalgia. Esa pena desamparada nunca me causó placer. Hablo de sustancia, de sensaciones, de la parte más lógica de mi vida”.

Una obra que vale la pena leer y releer, sus palabras despiden un aliento orgánico y húmedo que contagia fácilmente al lector. El libro cuenta además con varias fotografías tomadas por el padre del autor en su recorrido por el continente, sin duda alguna, los mejores años de su vida.

Volando en descenso

Henry James-Imagen Pública
Henry James-Imagen Pública

por Andrea Garza Carbajal

Es la época en que la aristocracia inglesa no tiene mayor preocupación que invitar y ser invitado a lujosas y enormes casas de campo los fines de semana para descansar de la ajetreada Londres. Es 1900, año en que Alas rotas de Henry James será publicado. El autor, testigo cercano de dichos ambientes, comenzará su relato en una de estas reuniones, donde los asistentes pertenecen a la alta sociedad, pero donde también caben las excepciones. En esta casa, dos personajes, las excepciones, tratan de evitarse. No hay un evidente motivo para ello. No sienten animadversión entre sí, todo lo contrario, son viejos conocidos que se profesan algo más que simpatía. Además tienen algunas cosas en común. Una de ellas es que son artistas y ambos, de alguna forma, están solos dentro de la concurrencia. El pintor se mantiene constantemente apartado del resto de las personas. Siente no tener cabida en un sitio así, tampoco lo debería tener ella, se dice a sí mismo, pero por momentos parece lo contrario y esto acaba por disuadirlo de acercarse. Por su parte, la soledad de ella, la escritora, radica en la simulación constante a la que debe recurrir para conservar la apariencia de prosperidad. El distanciamiento se mantendrá durante toda la reunión. Pero los personajes se reencontrarán después y de esta forma reiniciarán la posibilidad que años atrás habían descartado.

 El amor. Del tipo que aparece  en el momento de quebrantamiento, cuando a la persona le queda poca esperanza, y lo que parecía un tropiezo se ha convertido en una larga caída; el amor entonces, podría convertirse en su asidero, una oportunidad para retomar el rumbo… pero eso se vuelve difícil, cuando su sostén, el objeto de su amor, lleva la misma dirección en descenso. Entonces, la caída no se evita, se comparte. Este descenso no  hace alusión a ningún tipo de corrupción o el inicio de un padecimiento mental, en realidad, se refiere al fracaso. Al insuperable, al permanente (su certeza), al que se asimila con dificultad cuando aparece después del éxito y el reconocimiento. El amor se posibilita gracias a ello y, con todo, no significa un triunfo ni un final feliz, simplemente un destino que deja de ser solitario.

Henry James-Imagen Pública
Henry James-Imagen Pública

Conforme el relato avanza, los personajes se revelarán el estar en la misma situación precaria, (Una idea latente: El éxito cosechado demasiado pronto a veces resulta peligroso, pues amenaza con la fugacidad y un cese tan estrepitoso como su inicio) mientras las apariencias se derrumban la empatía crece, hay una plena identificación; la idealización del otro, que produjo un distanciamiento de varios años, desaparece y da pie para aceptar la realidad: Ambos están en el declive de sus carreras.

En Alas rotas, la imposibilidad del amor radica en una visión distorsionada de las cosas, cuyos fundamentos son desconocidos. El tratar de aparentar éxito frente al otro, con tal de hacerlo creer que está a su nivel es también una cuestión de orgullo. Renunciar a ese amor por sentir que el otro lo considera insuficiente cuando en realidad piensa lo contrario, parece más de la imaginación, una interpretación incorrecta de la realidad. Desde el inicio, se deja ver un poco de esta distorsión cuando el pintor, dispuesto a saludar a su amiga y creyéndola sola, la encuentra acompañada por un embajador y decide no hablarle, piensa que está en una situación ventajosa en la que él no tiene lugar. Por su parte la escritora, se siente decepcionada por haber sido ignorada por el pintor durante la reunión, y tiene la certeza de que la cree poca cosa para él. Diez años de incomunicación y conclusiones precipitadas, meras suposiciones que se convierten en las razones presentes. La imposibilidad del amor no surge por circunstancias adversas, simplemente por interpretaciones libres de la circunstancia del otro.

Henry James-Imagen Pública
Henry James-Imagen Pública

 Finalmente está el otro lado, la alta sociedad en la que los artistas deben desenvolverse. Cubrir las apariencias para seguir en el círculo de los amigos acaudalados, en estos donde la escritora está acostumbrada a ser elogiada por haber escrito gran cantidad de libros, pero no a que alguien mencione haber leído uno de ellos. Relaciones superficiales en las que el interés por el otro radica en una mera cuestión de estatus para ambas partes, porque ni el pintor ni la escritora mejoran su situación económica en esos círculos (todo lo contrario), como tampoco sus amigos adinerados enriquecen lo intelectual. Los personajes dirán que los ricos no sólo afectan su economía, también agotan su imaginación. Lo que les queda a los personajes es hacer una nueva interpretación de las cosas, ahora que el amor es posible, y el fracaso más tangible.

Este coto sagrado de la ficción: Entrevista a Cristina Rivera Garza

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

por José Luis Dávila y Andrea Garza

El pasado viernes 8 de noviembre, en el marco del IV Coloquio de Literatura Hispanoamericana Contemporánea, el cual fue dedicado a la obra de Cristina Rivera Garza, tuvimos la oportunidad de platicar brevemente con la homenajeada; aquí les presentamos la entrevista completa.

Andrea Garza: Dentro de tus novelas se ven insertados diferentes géneros, como el ensayo literario o el histórico; en este sentido, ¿qué dificultad te representa esto en cuanto a mantener la línea de la ficción en la obra?

Cristina Rivera Garza: Yo no sé si quiero mantener la línea de la ficción en la novela, creo que muchas de las conversaciones más importantes de las escrituras contemporáneas tienen que ver precisamente con el cuestionamiento acerca de qué es el género y para qué sirven los géneros. A mí me parece que usualmente las búsquedas, que son lo suficientemente complejas y profundas como para generar libros, son búsquedas que no pueden limitarse, y que no se limitan por naturaleza, a ciertos géneros; si se es realmente fiel al proceso de la exploración personal, ese tipo de búsqueda, por necesidad, toca distintas estrategias de construcción y no todas esas estrategias están atadas a géneros específicos. Entonces, digamos que por una parte es una cuestión de la pregunta inicial, de la búsqueda inicial, que es asunto de todo creador y, por otra parte, sí creo que el momento que vivimos, en términos de desarrollo tecnológico, entre muchas otras cosas, ha dinamitado los fundamentos mismos sobre los cuales se erigían estos grandes monumentos de apariencia natural que son los géneros. Finalmente no son naturales, hay un proceso de jerarquización y de prestigio literario, que es a lo que sirven, no necesariamente a un proceso de creación y de búsqueda personal. Entonces sí, tienes razón, yo no solo de libro en libro, sino que he estado haciendo cosas dentro de cada libro: en el centro de La muerte me da hay un ensayo que puede ser denominado como académico, tiene sus pies de página, tiene todo, y antes del final hay un libro de poemas también incluido ahí.

Pero estas no son cuestiones que a mí se me hayan ocurrido como gestos interesantes, era parte de la búsqueda del proceso de la novela, en la novela hay un diálogo con Alejandra Pizarnik, en cuyos diarios la relación entre la prosa y la poesía es central, es fundamental. Hay un proceso de encarnación en la novela misma, de lo que es la búsqueda y la pregunta que me estoy haciendo; si eso es ficción o no, al final a mí me tiene sin cuidado.

Es más, hace poco escribí un ensayo sobre este autor noruego, Knausgård, que decía que le parecía que en un mundo en donde todo es ficción, la ficción juega un papel absolutamente irrelevante, y que en los únicos géneros en los que creía era en la autobiografía y el ensayo. Yo de repente estoy tentada a decir lo mismo, tal vez no con las mismas palabras. Pero creo que este coto sagrado de la ficción es algo que estamos cuestionando cada vez más, por eso vemos más novelas del yo, por eso cada vez vemos más trabajos testimoniales de los que se decía antes “basado en un hecho real”, cosas por el estilo.

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

José Luis Dávila: En esta delimitación del género/no género, si realmente puede llegar o no a tener una ficción, por ejemplo, se me ocurre aparte de tus novelas, Canción de tumba de Julián Herbert o tratar de ver en el personaje del “Zurdo” Mendieta, de Élmer Mendoza, algo así.

CRG: O en la novela de Lina Meruane que ganó el Sor Juana el año pasado, también, Sangre en el ojo.

JLD: Sí, entonces, qué opinas de este ejercicio en el que de alguna manera es la literatura del norte la que se está abriendo esta conciencia histórica o hermenéutica en las novelas, y que se esté entonces tomando a la literatura del norte como un género y una parte de la ficción de México.

CRG: Bueno, primero contesto la primera parte, que me parece que en términos del regreso del yo, y de las literaturas del yo, en un inicio estuvieron –ustedes no se acuerdan están demasiado jóvenes para acordarse de esto– la poesía confesional y la novela testimonial eran sobre todo territorio de mujeres, en los sesentas, y por eso, porque era territorio de mujeres, se le consideraba que no era literaria y que luego entonces no era relevante, pero de aquellas épocas eran los testimonios de Rigoberta Menchú, los de Domitila Barrios de Chungara, un poco antes los de Anne Sexton, todas estas poetas confesionales y demás, a quienes el establishment de la época criticaba por su falta de calidad literaria porque tenían otra relación con la experiencia personal. A mí me parece muy interesante que cuando los escritores varones finalmente descubren que hay un cuerpo, que hay un yo, entonces ahora eso sí tiene un valor literario, es así como que come on!

Y ciertamente, lo que se está haciendo con el yo sí es distinto, ya no es un yo identatario, es un yo que está mucho más fluido y en yuxtaposición con contextos más amplios, etcétera, se entiende todo eso. En términos de las conversaciones literarias contemporáneas hay dos vertientes: por una parte, este trabajo autobiográfico con la literatura del yo, y por otra parte, los trabajos que son de no ficción como la crónica, que usualmente el territorio latinoamericano tiene que ver con ella, que están tomando una relevancia que no me sorprende, y que creo que corresponde a nuestro momento actual.

Sobre la literatura del norte, no creo que sea un género, cuando hablamos de género hablamos de cosas mucho más complejas, los autores que mencionaste, que son autores a quienes quiero y he leído mucho también, son amigos personales y demás, corresponden a un periodo de producción literaria mexicana en que finalmente se distribuyeron los focos de producción cultural, hubo condiciones económicas y de inversión que permitieron que lugares como Tijuana o Monterrey se transformaran en áreas de producción independiente e interesante. Hay una crítica a la centralización económica y sobre todo a la centralización cultural, y esa es una de las resultantes. Que finalmente se convirtieron en libros exportables como parte de una identidad más amplia, a mí me parece que es parte de una incorporación de otros sectores y otras experiencias a un corpus literario que había sido centralista, muy elitista, muy snob, muy clasista. Lo que vienen a hacer estos escritores del norte es criticar este canon clasista, elitista, muy misógino, aunque la del norte tampoco se distingue por su paridad de género.

JLD: Al respecto, en una conferencia me tocó escuchar a Élmer decir que la “literatura del norte” la hicieron los del centro al decir que eran del norte los demás, pero que él solamente era un escritor.

CRG: Sí, claro, y me parece fundamental ir ampliando un diálogo como este, que había estado con participaciones muy acotadas.

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

AG: ¿Tú crees que los escritores deben adoptar una postura crítica ante la realidad que vive el país?

CRG: Pues a mí me parece que escribir es una postura crítica, yo no concibo de ninguna otra manera el ejercicio de la escritura si no es para compartir un pensamiento crítico y para invitar a prácticas críticas, o esto sería aburridísimo. Si escribir es para confirmar el estado de las cosas, entonces es una postura no crítica pero que se está tomando partido, es lo que quiero decir. Pero si lo que me estás preguntando es si un escritor se debe pronunciar por tal o cual partido, y demás…

AG: Sí, me refiero a cómo evitar que las obras se vean opacadas por tomar cierta postura.

CRG: Las obras se ven opacadas o tomadas por miles de otras cosas, uno publica un libro y los libros son apropiados de maneras, con suerte, que uno ni ha imaginado, para empezar. Y por otra parte, los que no se ven “opacados”, es decir, cuyas posturas políticas no afectan su trabajo literario, son los que están a favor del establishment, porque pareciera ser que no tienen una postura política cuando sí tienen una postura política. Pero se debe a esta ideología de “el arte por el arte”, como si el arte o la escritura fuera, alguna vez, neutra. No sé, en mi manera de ver el arte y practicarlo, me parece inconcebible pensar en una obra cuya génesis no sea en sí misma una toma de partido, es decir, cuando uno está pensando en decidir entre un personaje masculino o femenino, decidir entre personajes poderosos o personajes cuyas voces no hemos escuchado comúnmente en nuestra sociedad, todas esas son decisiones políticas, son estéticas por supuesto, pero son decisiones fundamentalmente políticas.

JLD: En relación a esto, hace unas semanas hicimos una entrevista a Edgardo Aragón, quien está exponiendo en el Museo Amparo, y él nos decía que sentía envidia de los escritores porque siempre están considerados como quienes hacen una crítica social a través de su obra, por lo que consideraba que el arte plástico estaba siendo relegado y que necesita tomar partido en ello. Entonces, ¿qué opinas de las otras artes en relación a la escritura? ¿Cómo se podría crear un proyecto más grande?

CRG: No sé, será que uno vive la experiencia desde este lado, y me parece que hubo un momento en la producción literaria, por allá de mediados del siglo XX, donde la persona pública de los escritores latinoamericanos estaba ligada a la opinión pública, y me parece que los años de liberalismo que hemos vivido han ido despegando esa conjunción, a veces para bien, es decir, tampoco creo que uno tenga como profesión opinar de todo, uno no es un opinólogo profesional, ni nada; el tipo de crítica a la que me refiero es más de raíz, tiene que ver con la imaginación.

En relación a la literatura con las otras áreas, creo que es un poco lo que pasa con lo de los géneros, finalmente el tipo de proyectos y de preguntas que nos estamos haciendo, o sobre las cuales estamos conversando, invitan y convocan por lo regular a otro tipo de disciplinas. A mí me interesan ese tipo de trabajos, esas convergencias, son productos de nuestro tiempo, aunque claro que se ha producido esto desde mucho antes, tampoco es algo novedoso.

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Carlos Morales Galicia
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Carlos Morales Galicia

AG: Hablando de las nuevas tecnologías, ¿cómo se han insertado éstas en tu obra? ¿Han tenido alguna influencia?

CRG: Como lo decía durante la charla de ayer, me interesa mucho; cuando empezó el blog, tuve un blog, tengo Twitter, no me gusta el Facebook, etcétera, etcétera. Pero nunca, ni me he propuesto ni he querido hacer una novela con tuits. Yo creo que hay una influencia menos visible, pero que va más al corazón, de lo que implica trabajar con cinco o seis ventanas abiertas en la computadora, con una conciencia muy aguda de que esto es un proceso dinámico e interactivo, con lectores que son también escritores en el momento mismo. Creo que va más bien por ahí el asunto, más que a la utilización directa de ciertos elementos de estas plataformas. Pero creo que sí, han cambiado muchísimo no solo en lo que hago, sino en cómo pienso acerca de mi oficio y qué es lo que pienso de la escritura hoy. Y todo eso lo pueden ver en Los muertos indóciles, ensayos sobre necroescritura y desapropiación.

JLD: Habría que hacer una última pregunta. Nosotros venimos de una revista electrónica, nos gustaría saber ¿qué opinas de esta explosión de los medios virtuales para llegar a más personas, y cómo se está generando ahora la escritura? Por ejemplo, ahora hay más e-books de autores jóvenes, en vez de que las editoriales se preocupen por que se publiquen en papel.

CRG: Yo creo que estamos viviendo momentos interesantes; hay un proceso de democratización que me interesa mucho y que veo con mucho ánimo; creo que hay ahí una energía que ojalá no termine siendo cortada, porque finalmente alguien es dueño de todos estos medios, hay capital de por medio; y el trabajo intelectual y material está continuamente siendo reciclado y reutilizado, entonces es algo que requerimos pensar con mucho cuidado.

Está de moda decir que Bolaño no está de moda: Entrevista con Daniella Blejer

Daniella Blejer - Fotografía por Balam Ponce
Daniella Blejer – Fotografía por Balam Ponce

por José Luis Dávila y Carlos Morales Galicia

A diez años de la desaparición de Roberto Bolaño, conversamos con Daniella Blejer, quien ha realizado diversos estudios en torno al autor.

Carlos Morales Galicia: A diez años de la muerte de Roberto Bolaño, ¿cuál es la importancia de su obra y por qué es tan vigente?

Daniella Blejer: En él hay un gesto de volver a contar una historia, una historia que no se ha podido dejar de repetir, que es la historia de la violencia en el siglo XX y principios del XXI, y pienso que la manera en que es contada, más que la historia en sí, es sumamente interesante  porque propone una nueva manera de problematizar la posmodernidad sin ser posmoderno, sino que rompe con ella a través de diferentes estrategias y estructuras. Pienso que es vigente porque incluye otros géneros discursivos; juega con otros lenguajes que son pertenecientes a otros medios y que modifican el lenguaje literario, entonces, este juego de intermedialidad es muy fértil y productivo, y nos lleva a entender aquello a lo que pensamos que no nos podemos acercar, porque hay en nuestra era la idea de que el lenguaje y las imágenes no nos representan, no representan la realidad, no representan el pensamiento y lo que logra Bolaño es, a partir de la misma estrategia, iluminar la realidad, iluminar el mundo, por eso pienso que es muy vigente.

José Luis Dávila: En este sentido, ¿qué tipo de iluminación cabría destacar en Bolaño en comparación con cualquier otro autor que trabaje la misma línea de la violencia, no sólo en el caso de Latinoamérica, sino en el caso de los escritores europeos o norteamericanos, por ejemplo Philiph Roth o Norman Mailer, que igual se encarga de los mismos temas?

DB: No te sé decir exactamente de ellos dos, pero si vamos a pensar en Europa habría que mencionar a Georges Perec, quien tiene una novela que se llama W o recuerdo de la infancia, en la que se entreteje la biografía, la vida personal, lo que es la literatura del yo, lo que es la pérdida de sus padres durante la segunda guerra: su madre fue a dar a un campo y su padre murió como soldado y W es una sociedad dedicada al deporte en Tierra de fuego, que es una sociedad fascista, entonces este entretejer lo biográfico con la historia y colocarla a otro lugar es justamente lo que hace Bolaño porque entreteje lo que ocurre en el continente europeo durante la segunda guerra mundial, luego lo traslada al cono sur y termina en la frontera. Pienso que hay, si quieres hablar de propuestas y similitudes sobre cómo narrar la violencia, una fuerte presencia de la literatura de Perec en la de Bolaño, no nada más por W o La historia de la infancia, sino por las estrategias narrativas como los listados, la idea de que el lenguaje es orgánico y es infinito, la red de relaciones, que es algo de lo que Perec utiliza en sus novelas y que Bolaño utiliza en “La parte de los crímenes”, en 2666,  por ejemplo, no sólo existe un contar sino un saber contar, que hay donde se juega todo un plan estratégico, bien pensado, bien armado, que posiblemente surge de Perec.

CMG: Le has dedicado gran parte de tus estudios a Roberto Bolaño, ¿cuál fue tu primer acercamiento a su obra?

DB: Leí Los detectives salvajes, como creo que la mayoría de la gente, y me quedé muy impactada porque de alguna manera ahí se jugaba algo que a mí me interesaba, sin saber de qué se trataba, después leí Amberes y me gustó muchísimo la propuesta de mezclar géneros, de pensar en cine, de utilizar el lenguaje cinematográfico, después llegué a Putas Asesinas a través de la universidad porque eran los textos que estaban planteando los maestros, en ese libro los cuentos son contados por la televisión, después llegué a Estrella distante y ahí fue cuando me atrapó más, ya que se entrelazaba esta imagen cronotópica del panoptismo, que incluye a la Alemania nazi, el golpe de Pinochet y hay algunos artículos de la lógica del capitalismo, entonces ahí yo sentí que se jugaba una historia que de cierta manera me correspondía y que me interesaba conocer y ahondar más en ella, cuando llegué a 2666, que fue escrita en 2003, yo la leí en 2004, y lo que se narraba en esa novela estaba sucediendo pero no lo sabíamos, de alguna manera hay un valor profético en ese poder ver lo que va a pasar y llamó mi atención, así fui interesándome más.

Daniella por Gina Moctezuma 2 2
Daniella Blejer – Fotografía por Gina Moctezuma

JLD: Tocas un punto interesante, el haber llegado a Bolaño a través de los maestros, ¿cuál es la importancia de leer  al autor en la universidad y qué cabida se le debería dar en los estudios literarios?, ya que hay muchos, algunos repetitivos, o se malentienden la lecturas, e incluso se va perdiendo el valor de la literatura por el boom que genera, como cuando se piensa que leer a Roberto Bolaño es sinónimo de cultura o saber.

DB: Por su puesto pienso que leer a Bolaño solo no es suficiente, vale la pena leerlo con otros autores de su generación, que problematizan las mismas cuestiones, el caso de Piglia, Vallejo, Perec, ampliar el abanico. En el caso del lugar común hay dos efectos distintos, por un lado el problema de la recepción; la famosa bolañomanía, como estuvo muy de moda, ahora está de moda decir que no sirve, a mí todo eso me hace ruido porque me interesa su obra, que me parece fascinante, ya que no se ha agotado su sentido, pienso que vale la pena seguirlo estudiando, no creo que porque ahora no está de moda lo voy a dejar de hacer; está muy de moda decir que Bolaño no está de moda. Habrá que ver si a uno le importa todo el ruido mediático que hay: la viuda, la ex novia, la playa, en fin, a mí todo eso no me interesa, realmente lo valioso es tratar de entender cómo se quiso escribir, qué se quiso hacer,  qué pasa con otros autores que tienen las mismas temáticas, el caso de mezclar géneros discursivos, ahí Vila-Matas es una referencia interesante.  Creo que leer a Bolaño es adentrarse en el campo del arte contemporáneo, como en la fotografía.  Hay muchas lecturas que se pueden complementar; actualmente, lo que hago es pensar en la manera en que las artes visuales impactan y modifican el lenguaje en Roberto Bolaño; no lo estoy leyendo solo, sino con las imágenes  y sistemas que utiliza en esas artes.

CMG: En tu labor como académica e investigadora, ¿cuál sería el mensaje que le darías a los estudiantes de letras en torno la obra de Roberto Bolaño?

DB: Hay que ir dispuesto a entender que todo lo que Bolaño articula lo desarticula, que cada vez que te estás acercando a algo, te alejas. Sus lecturas causan molestia porque utiliza la paradoja como recurso constante, cada vez que crees que quiere imponer un discurso no va por ahí, ya que te manda falsas pistas; creo que hay una idea básica que hay que entender: la ironía. Ser ironista no es lo mismo que ser sarcástico, el sarcasmo es la vulgaridad de la ironía, la manera en como él la hace es un esfuerzo, hay que saber apreciar ese esfuerzo.

Otra idea que tengo es que Bolaño no es posmoderno sino que problematiza la posmodernidad, en la medida en que alguien no entienda eso, no lo puede trabajar bien. Hay que entender cómo la problematiza y con sus propios recursos la rompe. Nada es casual en Bolaño a pesar de que nos muestra un mundo caótico regido por el azar; para crear ese mundo hay todo un plan, cada nombre es un centro de imantación semántica poderoso, si alguien se llama Archimboldi, Santa Teresa o Wieder es por algo, hay una etimología, una construcción muy fina de significación.

JLD: En todo este caos que, internamente y para su propio beneficio, tiene la obra de Bolaño, ¿qué es lo que haría falta por investigar al respecto?

DB: Creo que hay muchas líneas de investigación y muchas posibles lecturas. Se ha trabajado mucho el problema del mal, es muy interesante y se puede seguir ahondando en él. Se ha trabajado mucho cómo penetra el cine, la pintura, la música y la pornografía; es algo que aún no se ha agotado. El lenguaje en Bolaño es sumamente interesante, hay una reflexión sobre el mismo. O el tratamiento que le da a la violencia; cuando tú lees “La parte de los crímenes”, en 2666, te vuelves un lector de la revista Alarma, por decirlo así. El acto de leer te convierte en alguien que está haciendo un acto lascivo y de fetichismo. Toda la recepción también podría ser muy interesante, no en el sentido de si está de moda o no, que es poco interesante, sino qué piensa la gente cuando lee el archivo, ¿piensa que ese archivo está haciendo memoria o si ese archivo sólo está repitiendo la manera en que actualmente podemos conformar el conocimiento que es de una manera muy superficial? También cómo logra hacer un movimiento que no es monocéntrico sino policéntrico en su literatura, donde no hay una sola identidad, sino una pluralidad de identidades muy interesante en cuanto a todos los recursos que configuran la obra artística.

CMG: Roberto Bolaño genera una cierta apatía; como estudiosa de su obra ¿qué podrías decirle a los detractores?

DB: Se da mucho en el ámbito de las opiniones, porque no voy a decir de la gente que lee. Todo mundo tiene que tener una opinión y mucha gente piensa que decir que si Bolaño y los infrarrealistas eran marginados y apestosos quiere decir que no eran buenos o la poesía no lo era, pero eso no quiere decir que las novelas no tengan calidad. El hecho de que la casa editorial o la viuda hayan abusado de los archivos que quedaron en la computadora y se haya publicado Los sinsabores del verdadero policía, que no he leído, y sin embargo, me han dicho que Patricia Poblete comentó que hay un autoplagio de cosas que él no pensaba publicar y que utiliza en otras novelas. Todo eso opaca lo que sí se publicó y que es bueno; no hay que tirar por la borda todo lo demás, es decir, cuando alguien está en el centro de la conversación y el mercado, genera envidia, pienso que es natural. No se puede estar estudiando lo que está de moda y a los demás les parece correcto, uno tiene que estudiar lo que le parece relevante y a mí me parece que el sentido no se ha agotado. Hasta que éste no se agote es válido analizar la obra, no tiene por qué ser de otra manera.

Daniella Blejer - Fotografía por Balam Ponce
Daniella Blejer – Fotografía por Balam Ponce

CGM: Finalmente, sobre tu trabajo, en otras ocasiones ya has mencionado que no sabes si seguirás estudiando Estrella distante, pero ¿cuál sería la importancia de esa novela en la poética de Bolaño?

DB: Es una obra fundamental y de las mejor creadas. Me interesa muchísimo estudiarla, lo que sucede es que tengo que ver si se dicen cosas nuevas que no se digan en 2666, me parece que sí y que ayudan a entender esa novela. Me interesa descubrir rasgos similares en otros autores latinoamericanos que no almacenan lenguajes sino que los activan para cambiarlos, para cambiar la estructura, entonces, es un fenómeno que resulta interesante estudiar a través de ellos.

Estrella distante es una maravilla porque ahí se muestra cuál es su proyecto literario de una manera más redonda y completa.

Mientras borro mi nombre: Missing (una investigación)

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

Porque somos forasteros y peregrinos delante de ti,

como lo fueron todos nuestros padres;

como una sombra son nuestros

días sobre la tierra, y

no hay esperanza

1ª Crónicas 29:15

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Portada de Missing (una investigación) – imagen pública

Uno solamente puede perderse cuando anteriormente se había encontrado, cuando había estado en un lugar al cual pertenecía aunque este lugar sea sólo metafísico, incluso si lo hemos  olvidado. Esto nos plantea Alberto Fuguet en su novela titulada Missing (Una investigación).

    La novela se estructura en distintas partes que le otorgan un carácter polifónico al texto, pero no desigual, aunque sí asimétrico. Estamos ante una “novela” que inserta novela policiaca, saga familiar, epistolar, poesía,  un bildugnsroman y más, un texto total que se escribe desde la percepción del otro, desde el margen para poder construirse y comprender mejor la situación que nos narra.

    ¿Qué es lo que se nos narra? La búsqueda de un familiar desaparecido: Carlos Patricio Fuguet García, el cual un día desapareció sin más y lo más interesante es que lo haya hecho Aún más interesante es que su familia no lo haya buscado, ni el menor interés se le da a este hecho. Alberto Fuguet construye su novela a partir de esta búsqueda, de esta novela de carretera, para encontrar un sentido a la existencia de su tío y también a su propia existencia, para comprender motivos que quizá también Carlos eliminó tras su huida, ¿huida de qué?, ¿huida de quién?

    Podría parecernos más una novela de interrogantes que de respuestas, pero no es así. En cada capítulo el escritor nos ofrece una hipótesis, una teoría. Y la maestría del escritor está ahí, porque vemos cómo toda solución parece ser insatisfactoria y fallida, cada salida nos mete más aún en el laberinto y cada ventana abierta nos sume más en la oscuridad.

    Fuguet plantea esta fuga, esta búsqueda que nos aleja del centro necesariamente, pero que ofrece la satisfacción de la libertad y de la levedad que plantea Milan Kundera. Las palabras de Carlos nos dicen: “When you are on your own, when you can’t call anyone, when you can’t ask for help, you die or you live”. (cuando estás solo, cuando no puedes llamar a nadie, cuando no puedes pedir ayuda, o mueres o vives).

Freud en su ensayo “El malestar en la cultura” plantea que: “El yo se desliga del mundo exterior, aunque más correcto sería decir: originalmente el yo lo incluye todo; luego, desprende de sí un mundo exterior”. Y si renunciamos al mundo exterior sólo nos quedamos con nosotros mismos, en la soledad en la que intentamos comprender todo, en la que torpemente intentamos darle sentido a nuestra existencia.

BIBLIOGRAFÍA:

Freud, Sigmund. (1982). El malestar en la cultura y otros ensayos. Madrid. Editorial Alianza.

Fuguet, Alberto. (2011). Missing (Una investigación). México. Editorial Alfaguara.