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La mirada a la soledad de Ortíz Bretón

Multitus, soledad y verdad, exposición de Eugenio Ortíz Bretón - Fotografía por Job Melamed
Multitus, soledad y verdad, exposición de Eugenio Ortíz Bretón – Fotografía por Job Melamed

por José Luis Dávila

De pronto nos damos cuenta, habitamos no-lugares que antes parecían atestados y ahora se sienten fuertemente solos. Estamos ahí, en medio, en el lado oscuro de la colectividad, ese lado que es consciente de los otros en contraposición -decir “contra posición” es quizá más entendible- a uno mismo, a ese que se ve naufragado en el océano de ojos y bocas, que es arrastrado por la corriente tropical de las respiraciones y la nórdica de los pasos, cuando da el verde del semáforo y seguimos en la ciudad, gris, enorme e inconclusa. Una ciudad lista para recibir a alguien más, para mostrarle su verdad, la de la ciudad y la de sí, porque es en la crisis ante la vastedad de las estructuras que nos encontramos con nuestra propiedad, con eso que podemos ser en medio de todos al tiempo que en soledad. Así justo se siente la obra de Eugenio Ortíz Bretón, una introspección e introyección de una etapa que todos hemos surcado de una u otra manera.

Bajo el título de Multitud, soledad y verdad, la exposición que se muestra en La Galería Lazcarro es una oportunidad para entender ese sentimiento que salta cuando, de a poco, nos damos cuenta del falso imperio que es el acompañamiento fortuito del ruido en las calles y las personas que la cruzan; en otras palabras, de establecer el momento en que nos cuestionamos cómo vemos al otro y cómo el otro nos ve en ese contexto salvaje que es la multitud.

Multitus, soledad y verdad, exposición de Eugenio Ortíz Bretón - Fotografía por Job Melamed
Multitus, soledad y verdad, exposición de Eugenio Ortíz Bretón – Fotografía por Job Melamed

Así pues, las obras de Ortíz Bretón son un punto de inflexión que vale la pena revisar en este sentido, exploran su respuesta y su visión personalísima respecto al problema del sí rodeado por aquello de lo que forma parte pero en lo que su inclusión se presume como un atisbo de inercia en tensión, a punto de reventarse para dar paso al ser que se asume como parte individualmente del grupo, y no solamente como agente del mismo.

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Hace ocho años, nueva exposición de José Lazcarro

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El paso del tiempo es materia para las paradojas; como seres finitos que somos, estamos atados al transcurso de las cosas y a la transformación que surge de ello. Cada minuto que pasa es un minuto más de experiencia, una experiencia que puede ser crucial para la existencia no nada más propia, sino quizá de todo el planeta. Uno nunca sabe.

Es bajo esta idea que podemos adentrarnos a Hace ocho años, la nueva exposición que celebra un aniversario más de La Galería Lazcarro. Y no es cualquier festejo, ya que es también la primera vez desde que abrió sus puertas que tal espacio alberga obra de quien le da nombre a la galería: José Lazcarro.

La exposición se compone de obra reciente, firmada entre 2014 y lo que va de 2015, y que parece precisamente estar pensada para reflejar en sus trazos ese sentir respecto al paso del tiempo, a la memoria que se escurre entre las manos y se plasma en aguafuerte, por ejemplo, sobre el lienzo. Hace ocho años da cuenta de cómo el autor genera ideas por sobre las manifestaciones plásticas, ideas que se pueden desprender de los materiales que el maestro Lazcarro convierte en vías de expresión, no importando si, por ejemplo, al final resulta una pintura o una escultura, si desemboca en algo no esperado desde el inicio pero siempre sentido y con la necesidad de ser arrojado al mundo para ser presenciado. Es, pues, una muestra que hace un llamado a eso precisamente: la capacidad de sentir el tiempo como parte de nosotros y a la memoria como motor para el presente, un presente que establece el futuro y lo celebra.

Finalmente, cabe mencionar que José Lazcarro es un nombre de prestigio en la ciudad si de arte y cultura se habla, y con esta muestra ese prestigio va en aumento, por lo que debemos esperar que nunca cese el trabajo del maestro Lazcarro y que estos ocho años que han pasado se multipliquen tanto como sea posible.

por José Luis Dávila

Formas y personajes: las figuras barrocas de Alejandro Komori

Cada trazo es una nueva forma de entender los cuerpos que se van formando en el blanco del lienzo, entenderlos en su naturaleza misma de cuerpos, arrojados al mundo para reconocerse unos en otros, sin limitaciones, fuera de las fronteras que establecen las razones sociales. Cuerpos en estado puro que se desentienden de las necesidades de grupo para ser ellos mismos y hacer contacto entre ellos bajo sus propias condiciones. Este es un primer planteamiento que viene a la mente cuando se piensa en la obra de Alejandro Komori presentada en La Galería Lazcarro con el título de Formas y Personajes.

Komori tiene una relación experiencial con su obra; como él dice, ser artista “no es una profesión que te quites y te pongas el uniforme, todo lo que haces, todo lo que percibes, lo que vives se refleja en tus cuadros”, y así se encarga de filtrar por su mirada cada uno de sus cuadros, convirtiéndolos en un discurso al que podríamos llamar posmoderno. Al respecto, asegura que la lectura principal de su obra “es la persona mundial, quitando nacionalidades; es la figura, emociones, sentimientos; es un tema universal y yo pienso que tratado bien cobra esa lectura que se puede apreciar aquí, en china, donde sea.”

Es de este modo que Formas y Personajes da cuenta de tal tema pero sin encerrarse en ello. Tanto así que para su autor va mucho más allá de tal y se le presenta barroco. Komori comenta sobre eso “yo soy un enamorado del barroco, donde encontramos el dramatismo del cuerpo, la fuerza del movimiento. Eso me rige un poco. Pero hoy en día, no sé, hay un manto de simplicidad: en vez de potenciar algún gesto, intentamos apagarlo. Un poco triste, ¿no? Entonces yo intento recobrar esa imagen por medio de figuras actuales.”

En sus obras, mezcla de dibujo y pintura, Komori contiene las formas de modo magistral dentro de los márgenes del lienzo, pero al final las formas mismas cobran vida para darse a conocer ante el espectador como personajes que podrían estar presentes justo a su lado.

Esperamos que esta sea la primera de muchas más exposiciones de Alejandro Komori, quien busca regresar a México con otros proyectos pese a estar asentado en Francia: “Voy a continuar este año con la figura humana pero ahora descomponerla un poco más. Mis últimos trabajos se caracterizan un poco por el collage, para descomponer, y quiero continuar esa línea. Y la misión principal ahora es encontrar proyectos en México que me permitan volver; tener mi base en Francia, trabajar allá pero venir lo suficiente a México.”

Formas y Personajes abre una nueva forma de pensar el dibujo del cuerpo, una forma que debe ser apreciada por todas las personas posibles, por eso los invitamos a ir y maravillarse con la muestra.

por José Luis Dávila 

Filosofía y pintura: entrevista a Baruch Vergara

Baruch Vergara - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Baruch Vergara – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

En La Galería Lazcarro, ubicada en La Noria, se encuentra Como un todo, muestra de la obra de Baruch Vergara, quien explora en su pintura diversos temas concernientes a la reflexión estética y el lugar del hombre como creador dentro del mundo que se vive actualmente. Como un todo es una exposición que transita, pues, del ser hacia la idea, de la construcción del conocimiento hasta su concreción en actos cotidianos, y viceversa. Pudimos platicar un  poco con el artista y esto fue lo que nos dijo:

José Luis Dávila: ¿Cómo surgen tus temas?

Baruch Vergara: Son a base de reflexiones, reflexiones de la vida, la postura que tenemos los humanos en la tierra; tienen mucho que ver con la filosofía, cuestionando la filosofía occidental y a los pensadores clásicos.

JLD: En este sentido, ¿cómo es la relación de tu arte con la filosofía? ¿De qué tipo de lecturas surgen estos temas?

BV: Son estéticas; sabemos que la estética la escriben filósofos, y siempre está ligada al porqué del percibir o cómo se vinculan los sentidos al pensamiento y la vida. Pero me gusta, sobre todo, jugar con las ironías de la vida, de la filosofía. Generalmente hago, podría decirse una crítica pero más bien una ambivalencia que tiene que ver con el cuestionamiento de las grandes verdades que se postulan en el arte.

Como un todo, exposición de Baruch Vergara - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Como un todo, exposición de Baruch Vergara – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

JLD: Tienes muchos cuadros con referencias sexuales, ¿cómo se integra la sexualidad como tema en tu obra?

BV: Yo siempre he pensado que la magia que existe en el erotismo o la sexualidad, siempre es un tabú, sobre todo en la filosofía occidental –quizá por el cristianismo que Nietzsche atacaba–, y esa gran magia o ese despertar, que puede ser instintivo, es lo que hace la creación. Lo que uno hace cuando hace una obra de arte es crear. Entonces, ¿por qué uno desea crear? Porque hay necesidad, como cuando hay un deseo sexual. Creo que hay una magia incontenible e impulsiva siempre presente.

JLD: En esta muestra, ¿cómo se relacionan tus obras, digamos, curatorialmente?

BV: Yo trabajo por series, generalmente trabajo para exposición bajo una temática. En este caso, como tengo casi nueve años de haber partido de Puebla, quise traer cosas que había hecho justo antes de irme y obras muy recientes, para ver la evolución que ha existido. Partiendo de las obras del 2005-2006, son obras que tienen algo de eróticas, algo de abstractas, y tienen una relación de sus personajes principales: la presencia del hombre o de obras de los hombres y por otro lado el paisaje abstracto que abarca todo el lienzo tiene que ver con la figura femenina, como si fuera la madre tierra. En trabajos actuales juego con la filosofía, ya no con esa abstracción tan plena, pero sí con la reflexión del hombre y su presencia en el sistema que hemos creado y también con la naturaleza.

Como un todo, exposición de Baruch Vergara - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Como un todo, exposición de Baruch Vergara – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

JLD: ¿Por qué pintar sobre Ecce Homo?

BV: Nietzsche dijéramos que apuesta al súper hombre, a este hombre –influenciado por Schopenhauer– de voluntad de creadora, pero en la reflexión que veo en estos tiempos es este ser encapsulado, o este niño educado para ser un súper hombre, que se sostiene como un anticristo que se eleva en su propio mundo elitista, y por eso esa visión de ese cuadro.

JLD: ¿Cuál es el pensador o filosofo que más te ha influido?

BV: Creo que Kant y Nietzsche, los dos. Kant, evidentemente, por su postura y por haber hecho esa gran división: haber entendido lo que es el arte muy aparte de la moral que pudiera existir. Y Nietzsche por su aquí y su ahora, por apostar a esa ontología estética.

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Juego de Identidades: Entrevista a Arturo Elizondo sobre Anónimo

Arturo Elizondo - Fotografía de Lizbeth Cervantes Neri
Arturo Elizondo – Fotografía de Lizbeth Cervantes Neri

por José Luis Dávila

Fotos de Lizbeth Cervantes Neri

La semana pasada tuvimos la oportunidad de entrevistar de nuevo a Arturo Elizondo, quien tiene una nueva exposición en La Galería Lazcarro

José Luis Dávila: Antes que nada le agradecemos la oportunidad de volverlo a entrevistas; creo que ahora la primera pregunta sería ¿cómo fue el proceso que lo llevó a crear Anónimo, siendo tan reciente su exposición Estrictamente Público?

Arturo Elzondo: Bueno, de hecho es el resultado –el proceso mismo– en cuanto a trabajar con el público a través de los cuentos de Rulfo, el taller que se hizo en la galería, y después la recopilación de los dibujos que hicieron los participantes. El resultado de eso es la creación de un grupo de obras basado entre los dibujos anónimos, digamos, que hicieron los participantes, los tomo y a partir de ellos hago una reconfiguración de ellos. El resultado es que ya no es Rulfo, ya no soy yo como artista, y tampoco es el público en exclusiva; o sea, no estoy repitiendo los dibujos que hicieron, sino reinterpretándolos, y ese es el sentido por el cual estoy tratando de lograr un aspecto anónimo del trabajo.

JLD: En esta nueva exposición, se resalta un poco más la figura femenina, como en algunos dibujos o collages; ¿por qué es eso?

AE: Lo que pasa es que los collages que hay son otro proyecto que se genera a partir de una pieza principal que es el collage que está en cruz y que se llama New Religion, Nueva Religión, y es un poco la destructuración de lo que es el concepto de la moda, cómo la moda está condicionándonos, forjando nuestras identidades, es decir, la moda tiene patrones de belleza, de comportamiento, de look, que estamos aceptando sin ningún filtro, entonces pasan a ser un patrón a seguir en la sociedad sin que realmente haya un vinculo directo con estos, porque se generan desde los centros económicos más poderos, es decir, desde París, de Nueva York, de Berlín, de Milán; pero esa moda que va enfocada a las clases más pudientes, resulta que determina toda la estructura social. Así, los collages son una destructuración de este sentido de belleza hacia lo bizarro y hacia la hibridez, que también es parte de nuestra identidad. Son dos juegos de identidades: uno que viene de los valores establecidos por la moda y otro que viene de los valores establecidos por la nuestra sociedad a través de su propia idiosincrasia.

Arturo Elizondo - Fotografía de Lizbeth Cervantes Neri
Arturo Elizondo – Fotografía de Lizbeth Cervantes Neri

JLD: Ya que estamos hablando de la moda, ¿qué opina de cuando el arte se convierte en moda, de la tendencia a usar el arte como un prendedor más en la ropa, como un accesorio, y ya no como objeto de contemplación?

AE: Es inevitable este fenómeno. No es de ahorita, sino desde hace ya varias décadas que el arte se convirtió en una moda, una moda vinculada con la cinematografía, con el mundo del fashion y con el mundo de la música: los artistas ahora más bien parecen como rockstars, como estrellas de cine o algo así. El sentido del arte se perdió, yo pienso, desde los 60’s, y se empezó a hacer arte a través de producciones. Cuando tienes una producción masiva de algo, se genera la mediocridad. El arte hoy por hoy está más relacionado con la repetición de valores, de lo que estábamos hablando anteriormente, y de lucro. Se volvió un valor de comodidad, de especulación comercial. Es muy difícil poner un límite o marcar una frontera entre una cosa y otra. Yo mismo estoy involucrado en el sistema de las galerías, porque dependo de eso. La única alternativa que he encontrado, irónicamente, para salirme un poco de eso, son las becas y los premios que las instituciones gubernamentales están apostando a los artistas.

JLD: Hablando de las galerías, ¿cuál es la diferencia entre exponer a principios de año Estrictamente Público en La Galería del Palacio, que es pública, y ahora, a finales, en La Galería Lazcarro, que es privada?

AE: Son dos principales. Básicamente que la afluencia de gente en una galería institucional es enorme, yo tuve 23 mil visitantes. Aquí, en esta galería creo si llegan a venir doscientos va a ser un éxito; esa es la diferencia en cuando a exposure, en cuanto a exponerte al público. Pero, la parte interesante de un espacio privado es que es como ir en tu casa: estás con todo el tiempo disponible, estás en silencio contemplando las cosas, puedes regresar las veces que quieras, entonces la relación con la obra se convierte en algo más personal. Puedes escucharte más a ti dando la opinión de lo que estás viendo, o analizando las reacciones que estás teniendo, a diferencia de un espacio público dónde estás rodeado de una masa que gente que te implica cierto comportamiento.

Arturo Elizondo - Fotografía de Lizbeth Cervantes Neri
Arturo Elizondo – Fotografía de Lizbeth Cervantes Neri

JLD: Para terminar, creo que debe ser preguntado: entre lo público y lo privado del arte, ¿cómo se puede conjuntar estos dos polos en el artista? En que el artista pueda exponer en ambas, sea invitado a eventos cerrados y al tiempo pueda ser cercano al público en general.

AE: Eso no determina el arte. Eso pertenece más al espectáculo: quién te ve, quién no te ve, en qué revista apareces, etc., es más como el fenómeno en que se ha convertido. En esencia, el arte, hablando en términos puristas, tiene la responsabilidad de ser algo revolucionario, algo que trascienda tu momento o cuando menos refleje que estás al tanto de lo que está pasando. No estoy hablando de política, ni de economía, ni de problemas sociales, todo eso ya está vinculado en tu posición como artista. Las propuestas que tú hagas van a tener un mayor o menor acceso al público en la medida en que tú llegues a tener coeficiente artístico. Es la intención que tienes de expresar algo pero no lo logras, como algunos que creen que están haciendo algo revolucionario y realmente están repitiendo cosas de hace cincuenta años. Cualquiera que en este momento esté haciendo ready-made, está haciendo algo que Duchamp hizo en 1917. Hay que estar con la atención en 360 grados de lo que se está haciendo. Y ese coeficiente artístico lo va a determinar el público que se acerque a tu obra, porque ese público es el que en la posteridad va a valorar o revalorar tu trabajo. Un ejemplo: El Grego. El Greco estuvo durante, si no me equivoco, 250 años olvidado porque se consideró un mal pintor; después fue rescatado y es uno de los artistas universales. A este grado es la importancia del público para la posteridad. Los proyectos actuales son proyectos que tienen una caducidad inmediata; cada vez es más inmediato hacer una instalación que al cabo de un mes ya no tiene ningún mérito, ni ninguna repercusión. En este sentido, yo le apuesto más a un arte individual, producido por una persona, pero filtrado a través de lo social, un trabajo que involucre a un hombre social.

Todos somos anónimos: sobre la nueva exposición de Arturo Elizondo

Anónimo - Cartel
Anónimo – Cartel

por José Luis Dávila

Sabemos que estamos condenados a ser nada más figuras en el entorno de la mayoría de las personas, como extras para la ambientación de una escena filmada en medio de lo que tiene que verse como una ciudad en movimiento cuando la cámara se enfoca en los protagonistas. Somos, pues, anónimos que deambulan, así como los otros lo son para nosotros, porque cada quien protagoniza su propia cinta. Sin embargo, eso del anonimato, si se piensa un poco, no está tan mal, porque implica que cualquiera puede ser uno mismo visto en los espejos que son los demás sin darse cuenta. Esa es la base de la empatía: saber que otro puede sentir lo que uno sin que sea necesario conocerlo, solamente como una especie de instinto social que se concreta en el “no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti”, aunque de una manera más profunda, en la cual estamos conectados precisamente por el desconocimiento que tenemos de quienes nos rodean pero más por la innegable cuestión de que a veces también hay que cuestionarse si realmente uno se conoce.

Esta premisa del anonimato está presente en la nueva exposición de Arturo Elizondo, en La Galería Lazcarro, donde el autor no es uno sino todos los que han estado en contacto con las anteriores muestras de Elizondo, quien ha diseñado un proyecto que parte de la idea de que el espectador crea cuando observa, y esas creaciones hay que rescatarlas haciendo que pase  de ser solamente una creación dentro de la mirada a una creación en lo tangible que produzca otras miradas, otras interpretaciones, otro arte.

Anónimo (fragmento de la exposición) - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Anónimo (fragmento de la exposición) – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

En esta exposición, llamada precisamente Anónimo, podemos encontrar collages, fotografías, pinturas y dibujos que forman una pieza viva, orgánica porque no está hecha de marcos colgados en la pared, sino de las interpretaciones sobre las interpretaciones de los ojos de personas que no sabemos quiénes son, pero que están presentes en los trazos que se forman en el recorrido por las salas del lugar y que de alguna manera ven de regreso a quienes están viendo la obra; porque así es el arte de Arturo Elizondo, no una vía de un solo sentido, sino una con tantos carriles de ida y vuelta como haya personas que quieran transitarla.

¿Acaso eso no es a lo que debería aspirarse siempre, a dar al arte tanto como se ha aprendido de él por medio de la creación propia? No importa realmente si la creación que se devuelve es reconocida, importa que sea una parte de nosotros que está expuesta para quien quiera verla, que servirá para que siga fluyendo la experiencia estética y productiva de, por ejemplo, la obra que Elizondo ofrece a los anónimos que la quieran hacer suya para, en el proceso, apropiársela y ser parte de ella.