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The Grand Budapest Hotel

El gran hotel Budapest -Fotograma
El gran hotel Budapest -Fotograma

por E. J. Valdés

Voy a comenzar con una advertencia: pueden no ver Godzilla, pueden no ver X-Men y pueden olvidarse de la tercera parte de El Hobbit y los estrenos de fin de año, pero no pueden dejar pasar The Grand Budapest Hotel. La más reciente cinta de Wes Anderson se ha convertido en una de las más aclamadas en lo que va del año y hay una serie de puntos fuertes que justifican de sobra el clamor: el que salta a primera vista es la producción. De principio a fin The Grand Budapest Hotel es colorida y cálida, atributos maximizados por una fotografía y un trabajo de cámaras no menos que admirable. Todo en la película es muy coqueto, muy pastel, muy kitsch, desde el lobby del hotel hasta los corredores de la prisión.

El otro punto muy rescatable (y quizá el que más llama la atención) es el reparto estelar que Wes Anderson no solamente se las arregló para reunir, sino que supo manejar muy bien. En la película “nomás” aparecen Adrien Brody, Willem Dafoe, Jeff Goldblum, Edward Norton, F. Murray Abraham, Mathieu Amalric, Jude Law, Harvey Keitel, Bill Murray (poquito), Tilda Swinton, Owen Wilson y Ralph Fiennes en el papel principal. Y de la actuación de éste digo lo mismo que Chris Stuckmann: el hombre no deja de sorprender; ya son dos décadas de La Lista de Schindler y él sigue dando una buena interpretación tras otra. También muy loable es la labor de su segundo a bordo, Tony Revolori en el papel de Zero Moustafa, su primer protagónico en un largometraje. Es muy aventado decirlo, pero se antoja ver a estos dos entre los nominados a los siguientes Academy Awards.

El gran hotel Budapest -Fotograma
El gran hotel Budapest -Fotograma

The Grand Budapest Hotel es una historia dentro de una historia que a su vez está dentro de una historia. Una chica visita la tumba de El Autor en un lugar llamado Zubrowka (otrora la capital de un gran imperio, nos dicen). Sentada a un costado del monumento, comienza a leer el recuento que éste escribió sobre su visita al hotel Grand Budapest a finales de los 60, cuando éste era ya un lugar en decadencia. Allí conoció al señor Moustafa, propietario del hotel, quien a su vez le relata cómo fue que se hizo del lugar sin haber pagado un céntimo por él. Su relato nos lleva a conocer a Monsieur Gustave, el concierge del hotel cuando éste atravesaba su época de esplendor y era el destino de los ricos y los famosos. Moustafa llega al servicio de Gustave como un bell boy conocido únicamente como Zero, y bajo su tutela le descubre como un hombre exquisitamente pulcro, adepto a la poesía romántica, devoto a los asuntos del hotel y propenso a brindar un “servicio excepcional” (de índole sexual) a las acaudaladas huéspedes mayores del Grand Budapest. Una de ellas, Madame Céline, matriarca de la adinerada familia Desgoffe und Taxis, muere al poco tiempo de su última visita y, para sorpresa y sobresalto de la familia, hereda a Gustave una muy codiciada pintura. Esto desata una serie de intrigas que pondrán en peligro a Gustave y a prueba el ingenio y valor de Zero, lo cual deriva en una cinta dinámica, divertida, sumamente atrapante y deliciosamente deliciosa (sí, así). Chris Stuckmann dice que nadie hace películas como Wes Anderson y estoy seguro que tras ver ésta estarán de acuerdo. Por eso, cual si esto fuera un documento laboral, tengo a bien recomendar The Grand Budapest Hotel como el largometraje del verano que no se pueden perder.

El gran hotel Budapest -Fotograma
El gran hotel Budapest -Fotograma

Y voy a terminar con otra advertencia: cuando salga a la venta, seré de los primeros en comprar el Blu-Ray, y si quieren quitármelo tendrán que pelear a muerte por él.

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Liquidación: Imre Kertész

Imre Kertész-Imagen Pública
Imre Kertész-Imagen Pública

por Emanuel Bravo Gutiérrez

El descubrimiento de Auschwitz supuso para el mundo plantearse una de las grandes interrogantes sobre el progreso del hombre. No sólo violentó la forma en la cual concebía la idea del hombre, sino también de la misma idea de humanidad. Se hicieron grandes preguntas, preguntas solemnes y llenas de tragedia, “¿se puede seguir escribiendo poesía después de Auschwitz?”, quizá una de las más sonadas.

Michel Houellebecq afirma que sí se puede. Imre Kertézs en su novela “Liquidación” ayuda a comprender con más detenimiento esta afirmación y nos ayuda a dimensionar el precio que hay que pagar para seguir escribiendo después de Auschwitz.  La trama de su novela gira sobre varios ejes, el primero el de Keseru, un editor cuya editorial va en bancarrota. El suicidio de uno de sus escritores más importantes: B, le ha dado la oportunidad de buscar en medio de los despojos, manuscritos lo suficientemente interesantes para ser publicados.

La búsqueda  llevará a Keseru a indagar en el pasado de B, puesto que su nombre nos veda Imre constantemente. B es un niño de Auschwitz, un hijo de judíos húngaros que vivió uno de los episodios más oscuros de la historia de la Humanidad. Sin embargo, Auschwitz ronda el libro más como una sombra que como un escenario, es un pasado al que siempre se vuelve, al que se alude con palabras envueltas en enigmas.

Imre Kertész-Imagen Pública
Imre Kertész-Imagen Pública

No sólo la voz de Keseru y de B se encuentran explícitas en la novela, también la de otros personajes, oscuros al principio. La obra es un mosaico de  voces y también de estilos, pasa de la forma narrativa a la teatral y al verso libre:

“Es fácil morir

La vida es un gran campo de concentración

Instalado por Dios en la Tierra para los hombres

Y éstos lo desarrollaron para convertirlo

En un campo de exterminio para los hombres

Suicidarse es tanto como

Engañar a los vigilantes

Huir desertar dejar con un palmo de narices

A quienes se quedan” (pág. 77)

Es difícil resumir satisfactoriamente una obra tan profunda y pluridimensional, tan diversa en estilos, en géneros, en voces, en miradas, en tiempos. Pese a ello es fácil de leer, no resulta agotadora para el lector.

No se construye  una efigie a los desamparados, no hay sentimentalismo excesivo, no cae en el kitsch edulcorado que se nos presenta habitualmente cuando se habla del Holocausto judío. Las sombras se ciernen en el libro por medio de la tragedia de B, de sus días desolados, de sus amantes, de sus encuentros constantes con la locura sin llegar nunca al patetismo, aquí radica el talento de Kertész.

Imre Kertész-Imagen Pública
Imre Kertész-Imagen Pública

Imre Kertész, de nacionalidad húngara, ganó el premio Nobel de Literatura en el año de 2002 «por una redacción que confirma la experiencia frágil del individuo contra la arbitrariedad bárbara de la Historia». “Liquidación” es una obra que ejemplifica claramente este punto, así como en otras novelas, la más famosa y llevada al cine es: “Sin destino”. Su experiencia en Auschwitz a la edad de catorce años lo marcó para toda la vida, pero nos muestra que realmente es posible escribir después de los campos de concentración, aunque cada palabra, cada frase y cada párrafo no sean más que oscuros exorcismos para liberar el alma del hombre de los demonios de la Historia. 

So Kitsch me (segunda parte)

KITSCH-IMAGEN PÚBLICA
KITSCH-IMAGEN PÚBLICA

Por Carolina Vargas

“El kitsch se muestra vigoroso durante la promoción de la cultura burguesa, en el momento en que esta cultura asume el carácter de opulenta, es decir de exceso de los medios respecto de las necesidades, por lo tanto de una gratuidad limitada, y en cierto momento de ésta, cuando la burguesía impone sus normas a la producción artística. El kitsch por eso nace con cachetes de amorcillo, de bebedor tirolés, de Monalisa impresa en un plato.”  – Abraham Moles

Abarrotamiento, acumulación, sinestesia, mediocridad, confort, denominadores comunes de la vulgaridad y la cartonería poética, el adorno fácil y barato para evocar distinción y aristocracia, un espejismo barato, como una bandeja de plata repleta de galletas de animalitos, nada valioso pero altamente disfrutable. Esto queridos lectores son solo algunas de las características de la actitud kitsch.

A finales del siglo XIX el auge en la industria, la colonización y el pujante nuevo siglo llenó a Europa de muchísimos “nuevos ricos” quienes buscaron a toda costa un lugar dentro de la decadente burguesía, estas personas elevaron notablemente su calidad de vida, gracias a su cambio de “estatus social” y para poder ser aceptados de manera oficial dentro del armatoste burgués, los nuevos ricos dieron rienda suelta a su nueva capacidad de consumo “adoptando” el estilo de la gente rica, para demostrarle a los odiosos riquillos que ellos ahora eran tanto o más pudientes. El resultado, como era de esperarse fue desastroso, llevaron la opulencia a términos excesivos abusando de espacios, texturas e intención, el consumo prevaleció por encima del valor estético producto de la idealización del lujo, la comodidad y sobre todo el poder. Fue así como surgió el término kitsch, que es una derivación del verbo alemán kitschen que básicamente se refiere a la mugre callejera, lo vulgar o que te den gato por liebre, en pocas palabras: aparentar. Quizá lo que rescata un poco a esta forma de consumo en el arte, es su dignidad, el eterno sentimentalismo y la ternura que provoca ver el reloj cucú colgado de la pared. Admitámoslo todos tenemos un lado cursi y añejo que se niega a morir.

La realidad es que todos vivimos de apariencia y de nostalgia, lo queramos o no, hasta los más duros tiene su lado flaco y arrabalero, nunca he conocido a nadie que no disfrute de un café de cadena –que en sí mismo ya es una grosería- mientras va rumbo a la escuela u oficina en una camión destartalado y sin suspensión trasera, quejándose del costo del pasaje cuando el espresso que se viene tomando cuesta de 4 a 5 veces más. El deslumbramiento por el lujo, el estatus y la sensación de poder que brinda esa agenda con una ilustración de Van Gogh en la portada, el espejo con el gatito guiñando un ojo, el llaverito de la Torre Eiffel, todos son absurdos, no tienen ningún sentido, en realidad su adorno no sirve para nada, un cuaderno mientras funcione para lo que inicialmente fue diseñado no necesita de mayores adornos, pero claro ¿Por qué conformarse? ¿Por qué tomar lo simple, si se puede tener una planilla de calcomanías que jamás usaremos y que automáticamente aumenta el precio de la libreta, agenda o directorio en cuestión?

ESTILO KITSCH-IMAGEN PÚBLICA
ESTILO KITSCH-IMAGEN PÚBLICA

Cada día nos vemos invadidos por más y más artículos de consumo innecesario, de apariencia vistosa, “retro”, rellenos de nostalgia y pastelosidad que nos remiten a esa rancia idea de “todo tiempo pasado fue mejor” y solo por eso hay que tenerlo. El principal problema al que nos enfrentamos es esa delgada línea entre el precio y el valor, las chácharas son baratas, pero el problema es que en casa de todos –y ahí si no nos hagamos pendejos- hay por lo menos un vitrina rellena de chingaderitas sin valor pero de harto contenido sentimental, desde los recuerditos de la boda, bautizo, XV años, los payasitos de lladro, el retablo de la última cena en repujado que hizo la tía Teresita en sus clases del DIF…y así podemos enumerar montones de mugreros arrecholados en la vitrina imitación Luis XV comprada en las rebajas de El Palacio de Hierro y se pagó en 18 cómodas mensualidades sin intereses que llevaron a la señora de la casa directo al buró de crédito, pero ¿qué importa? Es la envidia de todas sus amigas, cuñadas y comadres cuando al llegar a su comedor ven la flamante vitrina repleta de invaluables joyas de colección.

El consumo, la nostalgia, la apariencia y la pretensión todos pecamos de eso, no únicamente con lo que adornamos nuestra casa, también en lo que vestimos, comemos y escuchamos. El arte kitsch tiene múltiples manifestaciones y no somos inmunes a ellas.

El arte kitsch y sus manifestaciones son extensas, pero me gustaría cerrar estas líneas con uno de los teóricos más importantes sobre el tema: Milan Kundera.

 “Kitsch. Cuando escribía La insoportable levedad del ser, estaba un poco inquieto por haber hecho de la palabra kitsch una de las palabras pilares de la novela. Efectivamente, hasta hace poco esta palabra era casi desconocida en Francia o conocida en un sentido muy empobrecido. En la versión francesa del célebre ensayo de HermannBroch, se tradujo la palabra kitsch por ‘arte de pacotilla’. Un contrasentido, porque Broch demuestra que el kitsch es algo más que una simple obra de mal gusto. Está la actitud kitsch. El comportamiento kitsch. La necesidad kitsch del “hombre kitsch” (Kitschmensch): es la necesidad de mirarse en el espejo del engaño embellecedor y reconocerse en él con emocionada satisfacción. Para Broch, el kitsch está ligado históricamente al romanticismo sentimental del siglo XIX. Y como en Alemania y en Europa central el siglo XIX era mucho más romántico (y mucho menos realista) que en otras partes, fue allá donde el kitsch se extendió en mayor medida, allá donde nació la palabra kitsch, donde se sigue utilizando corrientemente. En Praga vimos en el kitsch al enemigo principal del arte. No en Francia. Aquí al arte se le contrapone el divertimento. Al arte de gran calidad, el arte ligero, menor. Pero en lo que a mí respecta, ¡nunca me han molestado las novelas policíacas de Agatha Christie! Por el contrario, Tchaikovski, Rachmaninov, Horowitz al piano, las grandes películas de Hollywood, Kramer contra KramerDoctor Zivago (¡oh, pobre Pasternak!), eso sí lo detesto profundamente, sinceramente. Y cada vez me siento más irritado por el espíritu del kitsch presente en obras cuya forma pretende ser modernista. (Añado: la aversión que Nietzsche sintió por las ‘bellas palabras’ y por los ‘abrigos ostentosos’ de Víctor Hugo fue un rechazo anticipado del kitsch)”

“De eso se desprende que el ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama kitsch. Es una palabra alemana que se extendió después da todos los idiomas. Pero la frecuencia del uso dejó borroso su original sentido metafísico, es decir: el kitsch es la negación absoluta de la mierda; en sentido literal y figurado: el kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia humana es esencialmente inaceptable”*

ESTILO KITSCH-IMAGEN PÚBLICA
ESTILO KITSCH-IMAGEN PÚBLICA

Estoy en casa, escuchando un mix en YouTube de éxitos ochenteros, cada uno más chafa que el anterior, sin embargo tecleo estas notas con una sonrisa en el rostro, mientras mis dedos bailan al ritmo de la música, como mi rebanada de pizza congelada y me doy cuenta de la larga lista de cosas que me hacen ser una recoge basura consumada…pero eso la semana que viene.

Continuará…

*Las definiciones de Kundera aquí citadas han sido extraídas de La insoportable levedad del ser (traducción del checo de Fernando de Valenzuela) y de El arte de la novela (traducción del francés de Fernando de Valenzuela y María Victoria Villaverde)

So Kitsch me

DECORACIÓN KITSCH-IMAGEN PÚBLICA
DECORACIÓN KITSCH-IMAGEN PÚBLICA

Por Carolina Vargas

“But you  remember nobody’s perfect and you done will that, maybe one hundred things you gonna have but true love never in the life” – Albertano Santacruz

Tengo la enorme fortuna de vivir en un lugar muy apropiado y estratégico, es raro que utilice el transporte público para desplazarme, la mayoría de los lugares que frecuento o donde quedo para reunirme con mis amigos es muy cerca de casa y si me veo en la necesidad de hacerlo prefiero caminar, a menos que la distancia exceda los seis kilómetros, porque en ese caso uso el transporte público. Era la mañana de un viernes cualquiera, como ciudadana de a pie y después de una incursión medianamente exitosa al sur de esta ciudad, decidí regresar a mi casa tomando una de las “muchas” rutas que te llevan desde el punto en el que yo estaba hacia el centro.

Tomé un autobús como cualquier otro, de esos con motor a propulsión de güiro que no jalan si el chofer no pone alguna cumbia, sonidero o una que otra rola del hit parade del canal grupero. Iba como siempre en la luna, viendo por la ventana puesto que no me gusta platicar con los extraños en el autobús, iba como la mayoría, ocupándome de lo mío cuando de repente, por las potentes bocinas, comenzó a escucharse una tonadita de la que sobresalía el sonido de un teclado Mi Alegría, acompañado de percusiones guitarra y bajo, dando lugar a una voz medio nasal, un tanto desafinada y evidentemente limitada, que decía más o menos así:

♪♫♪“Te vas amor

Si así lo quieres que le voy a hacer

Tu vanidad no te deja entender

que en la pobreza se sabe querer…”♪♫♪

Básicamente su vieja lo mandó al demonio por estar jodido, la canción en un tono melodramático nos da una interpretación libre de aquel dicho que reza “aunque la jaula sea de oro no deja de ser prisión”.

Sí, queridos lectores, iba montada en un bus destartalado, con pocos pasajeros y un chofer que era fan del Buki; fue justo en ese momento cuando la canción llegaba al estribillo, que el señor conductor subió el volumen para que todos nos colmáramos con la “sublime melodía” que nos estaba compartiendo, o quiero pensar que eso fue lo que le pasó por la mente.

EL BUKI-IMAGEN PÚBLICA
EL BUKI-IMAGEN PÚBLICA

Nunca me ha gustado el Buki, nunca he entendido que es lo que sus fans encuentran tan genial en ese hombre, quizá sea el parecido con Yisus, la caspa o tal vez la orzuela de su cabello, realmente no lo sé. Luego de escuchar como 3 o 4 éxitos gruperos en la radio, me puse a observar detenidamente el ambiente dentro del autobús: éramos pocos pasajeros,  si acaso unos 10 o 12, de los cuales más de la mitad se emocionó con la música que veníamos escuchando, el resto de nosotros nos pareció algo irrelevante aunque no faltó quien se quejara del mal gusto musical del conductor –juro que no fui yo, lo pensé pero no lo dije, no me gusta hablar con extraños en el autobús–, la cosa fue que de mis observaciones pude concluir un par de cosas. La primera, la oferta musical en la radio es de una pobreza extrema, tan es así que veníamos escuchando una canción que fácil tiene como 25 años y que la hemos escuchado en todos lados porque nos la han metido con calzador. La segunda, al usar el transporte público asumí que los que estábamos ahí éramos de clase media hacia abajo, como yo, ciudadanos de a pie pero lo curioso es que muchos de ellos se empeñaban en demostrar lo contrario. Explico el por qué:

Las damas, señoras muy probablemente oficinistas o empleadas, de aspecto común pero usando bolsos imitación de Michael Kors y Hermes, ese tipo de bolsos de imitación (no piratería) cuestan más de mil pesos, el costo medio de un original MK es de aproximadamente $328 US unos  $4,378.31 M.N. mientras que el costo medio del bolso Hermes original está por encima de los 1300€ así que hagan las cuentas, supongo que su imitación será igual de cara. ¿Por qué motivo una mujer necesitaría un bolso de esos, que además se ve tan corriente y mal hecho, a leguas se ve que es una copia de muy mal gusto? Lo más seguro es que no sea el único que posean y con toda esa lana fácil se abrían podido comprar un vocho o una bicicleta y evitarse la molestia de seguir utilizando transporte público.

Los caballeros, aquí el rango de edad era un poco más diverso porque había chicos muy jóvenes y señores, probablemente la mayoría trabajadores a excepción de tres chicos que traían el uniforme de una preparatoria, empezando por el chofer que traía conectado su iPod a unas bocinas de alcance y potencia muy cabrona (hasta ese momento me percaté que veníamos escuchando un iPod conectado a un sintonizador FM, WTF), el tablero pimpeado con luces de neón y su asiento tapizado en cuero, eso sí, las condiciones del motor y del autobús en general eran lastimosas pero el señor se veía muy cómodo desde su sitio. Con mis compañeros pasajeros la cosa no era muy distinta, de los 6 varones que iban, 5 de ellos usaban tenis, las marcas son lo de menos porque eran varias, pero les puedo asegurar que no eran nada baratos puesto que además usaban como accesorios cintas luminosas, los tres estudiantes a bordo iban metidos en sus tablets, una de ellas sí era de la manzanita; y el caballero restante, quien por cierto iba a un asiento de distancia del mío, estaba ricamente ataviado con botas y cinto piteado, sombrero de mil X como dijera Polo Polo, camisa y pantalones vaqueros, cadena de oro con un águila de alas desplegadas, entre otros accesorios igual de llamativos, a él pude verlo con un poco más de atención porque en algún punto del trayecto recibí una llamada y el sonido de mi teléfono llamo su atención, por lo que volteo a verme, yo le devolví la mirada con un gesto de extrañeza –tampoco me gusta hacer contacto visual con extraños–, lo observaba de reojo y disimuladamente me di cuenta que era un hombre avejentado prematuramente,no tendría más de 40 años pero su aspecto era de un hombre mucho mayor, moreno y de manos callosas contrastando con lo llamativo de sus anillos dorados.

BOLSAS KITSCH-IMAGEN PÚBLICA
BOLSAS KITSCH-IMAGEN PÚBLICA

Ok, es cierto, a mí no me importa en qué se gaste la gente su dinero, va, pero confieso que esa pequeña muestra me llamó la atención, porque no son casos aislados; pretender algo, aspirar un lujo, aunque sea menor, fingir un estatus distinto al propio y al mismo tiempo emocionarse escuchando una canción ramplona, de acordes elementales y de una pobreza lírica absoluta. Querer ajustarse al llamado “buen gusto” con el salario mínimo, con un trabajo infame y esclavizante que te chupa el alma, adornar el exterior llamativa y “costosamente” para disfrazar la miseria interior, para salir al mundo con sonrisa Colgate y corear la última canción de Romeo Santos porque “está retebonita la letra”, dice la lady Godínez que va tres asientos adelante, mientras se va comiendo una torta de jamón con la servilleta pegada al pan, torta que previamente fue sacada de su bolso imitación MK de aproximadamente $1,500 M.N. Come y tararea mientras se imagina que Mr. Recuros Humanos le hace la “propuesta indecente” y se funden en un apasionado beso de lengua junto al garrafón de agua del pasillo. Vale, que igual la vida amorosa de los otros tampoco me incumbe, pero admitan que ustedes también se cagaron de risa con la imagen.

♪♫♪”en tan pocos días no puedes amarlo
regresa conmigo tienes que intentarlo
agarra tus cosas déjale un escrito
en donde le digas no te necesito”
♪♫♪

Sonaba esa canción en el iPod del conductor, ahora sí como parte su playlist porque el programa de “étsitos del ayer” de la radio había terminado un par de canciones atrás. Pedí mi parada con varias cuadras de anticipación porque el señor conductor iba tan inspirado y casi al borde de las lágrimas cantando, que supuse que a este también lo dejó su vieja y que obvio me iba a bajar donde le diera su gana, porque iba más en la pendeja que yo. Me bajé en una conocida y transitada calle que atraviesa el centro y caminé unas calles hasta llegar a mi casa, nada en el buzón para mí, avanzo unos pasos hacia la escalera y del fondo del patio de la vecindad en la que vivo me llega una melodía familiar:

♪♫♪”Carmen, pero me queda tu retrato,
el lindo pañuelito blanco,
y el rizo de tus cabellos, Carmen,
y el rizo de tus cabellos,
y el rizo de tus cabellos”
♪♫♪

En menos de tres segundos estoy cerrando los ojos y dejándome llevar por el ritmo tropical de la Sonora Dinamita y llevando muy dentro de mi pecho a Carmen, a ella  y al nazareno. La canción se mete a la médula de mis huesos y los obliga a moverse al ritmo cadencioso y repetitivo de la trompeta, el bajo y el bongó; sacando a la chacha que llevo dentro me pongo a bailar mientras subo las escaleras y abro la puerta de mi casa, avanzo y la melodía se desvanece, pero admito que la experiencia me pone de buenas, por un instante se me olvida la razón de mi visita al sur de la ciudad, la indiferencia y la frialdad con la que me trataron en ese lugar después de dos meses de no verme y ni siquiera invitarme a pasar las fiestas de diciembre “en familia”. Bloqueo esa imagen de mi cabeza y la felicidad instantánea que me ofrece la cumbia me desconecta de más cuestionamientos, excepto quizá el que me plantee en el autobús ¿Qué le pasa a toda ese gente que se evade con soluciones y respuestas fáciles?

SONORA DINAMITA-IMAGEN PÚBLICA
SONORA DINAMITA-IMAGEN PÚBLICA

Continuará…