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No hay que salvar (Fragmento)

Ninfa

Por Gerson Tovar Carreón

El alcohol se pierde a través de mis venas, agrieta mi memoria y junta, una a una, mis penas bendecidas por sus ojos. Y bajo las luces de neón, extraño el rojo de tus labios, el mismo que te viste. Ese color oculta de mis pensamientos, lo sagrado de tu cuerpo. Lástima de ellos, que perdidos, se consuelan en la magia de la noche. Y afuera, el neón acaricia los senos de las ninfas. Ellas salen a jugar y bailar sobre el mosaico desgatado. Los gatos de ojos brillantes alimentan la noche de ninfas, ángeles, cuervos y quimeras en el averno del pacer. Cada día me pregunto si hay algo qué salvar.

De los muros electrificados salta la luz sobre la obscuridad, como la bala que sale de su guarida de acero. Son lobos, perros, animales, bestias… hijos perdidos de todas las madres. Muertos estamos, mientras el neón acaricia los senos y las caderas de las ninfas dueñas del placer. Antes del amanecer, el acto comienza. La música anuncia la entrada de la dama y su danza. Cuatro paredes infinitas clavadas bajo mi piel. Sus senos sellados en mis ojos. La primera danza es suave y triste. La música juega con sus labios y su vientre. Su mirada abre la puerta de lo infinito y lo incontable.

En la daga erguida, la ninfa juega a su alrededor. Nalgas, senos, lengua coordinan movimientos lentos con las miradas del placer. La música se detiene. El neón cambia. A media luz la loba se despoja de su piel. Nacen perros, lobos, animales, bestias y gritan mientras la metamorfosis culmina. Me siento en casa. La serpiente sale de la piel de la loba, arranca el aliento de las figuras nocturnas y nos envuelve en discordia y erecciones. Maldita sea, un recuerdo me despierta del amor nocturno. Fueron sus labios, sus ojos cristalizados y su cuerpo desnudo. Mi mundo está entre sus manos. La suerte no está de mi lado esta noche, ni ninguna otra.

La vida es algo precioso, lastima de las máscaras y sueños rotos que tapizan el mundo con la mentira del amor o ¿es el amor lo único que vale en la vida? La vida se escapa entre sus caderas. Detente. Calla, no hables, porque por uno de sus suspiros muero por dentro. Es divertido mirar la licantropía de la mujer. Mis palabras favoritas: Un baile más y nos vamos. No cambies por mí, no lo mereces. Ni yo merezco cambiar por ti. Un baile más, deja que la música comience, mueve tu cabello, tu senos, tus labios por mí y por mi dinero. Ninfa que a lo lejos te gritan puta. Y de cerca te llaman amor. Una copa más. Esta noche las lobas bailan, los lobos cantan, y la mejor parte de la noche es que nada es lo que parece.

Mírame, pensando en alguien más. La mejor parte a pasado, Azul es el título de la pieza. La música se detiene. Se acelera mi corazón; sonrió. El viento de las ninfas tocan mi corazón. No hay tiempo para soñar, pero sí de beber. Pieza por pieza, las ninfas regresa a su guarida a esperar el llamado de un corazón solitario. La diversión y el placer se detienen. El amanecer se acerca. Y yo aquí, miserable, pensando en tus labios y esa lencería roja que te queda tan bien. Me pregunto si hay algo qué rescatar en este mundo Te sueño. Te miro a los ojos y me contestas. El amor. La tarifa es la misma cada noche. Licantropía, senos y vasos rotos.  Alcohol que no llego a mis venas.

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Inesperado

Por María de Jesús Cid Gutiérrez

Ella permanecía desnuda e inmóvil. La llama marrón de sus ojos se escondía detrás de sus  párpados. Su cabello negro, cual alas de cuervo, reposaba de manera desordenada sobre la cama. Sus labios se insinuaban con un tono rosa virgen. Los senos y los muslos eran volcanes esperando estallar. El efecto aún no pasaba; el cantinero que hace un momento le había llenado su copa de vino la observaba mientras fumaba nervioso e inquieto. Su amigo le daba los últimos toques a un cuadro.

-¿Cuándo empezó a frecuentar el bar?-Le preguntó el pintor a su amigo.

-No tiene mucho, cada viernes acude al bar con sus amigas; pero esta noche fue sola… y vi la oportunidad.

-Con ella cerraré mi primera exposición.

-¿Cuánto te falta para terminar?

Ambos permanecieron en silencio.

-¡Ya termine! Vístela, su ropa está encima de aquel lienzo.

El cantinero tomó la ropa y se acercó a ella. Tocó su mano, que estaba dura y fría. Se le secó la garganta y el frío cubrió todo su cuerpo en cuestión de segundos. Acercó su mano a las fosas nasales; no respiraba…

-¿Cuánta droga tenía el sobre?-preguntó al pintor.

-Cuatro gramos ¿Por qué?

 El pintor vio la cara del cantinero, que palidecía más.

-No me digas… ¿está?

-¡Muerta!-Afirmó el cantinero.

Histérico, el hombre empezó hablar más fuerte.

-¿Ahora qué vamos hacer? Si la policía la busca…¡¿Y el cuerpo en dónde lo esconderemos!? Por tu culpa me van a llevar a la cárcel y…

-¡Cállate!-gritó el pintor.- Llena la cubeta de agua y pásame el yeso que está sobre la mesa.

Temblando, el cantinero tomó las cosas y se las dio al artista. Hizo la mezcla y con temple empezó a cubrir el cuerpo.

Durante de la exposición, había una pieza que acaparaba la atención: La mujer dormida.

Un poema

Nieve
Nieve

Por Gilberto Blanco

Nieve en su piel

Otra vez para Abbi

Señorita con nieve en su piel

Y en sus ojos dos gotas de miel:

 

A veces los recuerdos

Nos llegan con tormentos

Con lágrimas y nostalgia

De una vida ya pasada,

Olvidada o abandonada

Por el aplastante paso del tiempo

Juez supremo de nuestra mente y cuerpo.

 

Sin embargo la vida,

Esa extraña melodía

Que nos deja ver un nuevo día,

También nos da la oportunidad

En aquellos días de añoranza

De volver a soñar, recordar y disfrutar

De aquellas sonrisas, amistades y andanzas

Que nos llenaron de cientos de esperanzas.

 

Nos da la oportunidad de revivir

A personas que en el camino se adelantaron,

O de volver a reír

Con los amigos que se separaron

De nuestro camino del destino.

 

¿Acaso no es hermoso

Repetir aquél primer beso,

Primer caricia, o el primer verso?

 

En verdad le digo

Señorita de labios sabor frambuesa,

Dentro de todo el dolor de extrañar

Si cierra los ojos podrá encontrar

Una rara y misteriosa belleza

Aquél placer de la travesura infantil,

O quizá un amor juvenil,

Las amigas hoy desconocidas

Que sin embargo le llenaron

De alcohol y risas unos días.

 

Y si acaso el dolor de las heridas,

Que el tiempo cura pero no sutura

Le duelen más que esa aventura

A la que llamamos torpemente vida,

Recuerde usted,

Señorita de piel sabor durazno,

Que si fue feliz en su momento

Debería serlo ahora al recordar ese sentimiento.

 

Mas si el recuerdo es algo poco grato,

Y a su memoria no le causa agrado,

Sepa usted que no hay mejor alegría,

Que la que viene después de la melancolía,

Porque sólo así se es plenamente consciente

De que ser feliz sólo es para el valiente

Que supera con esmero

Ese veneno del recuerdo.

Y yo sé que usted,

Señorita, cuya lengua reptante

Agita mi corazón palpitante,

Es no sólo valiente,

Es usted una guerrera, que saldrá triunfante.

 

Y si acaso este poema

Esta rima

Esta estrofa

No la llena, no la anima,

Señorita con belleza de valquiria,

Le ofrezco a usted, mi simple compañía,

Acompañada de un tierno beso,

Que le mando junto a este verso,

Para calmar su agonía,

Con mi amor y mi mano amiga.

 

Porque sepa usted,

Señorita ojos color de miel,

Y de blanca, suave y deliciosa piel,

Que un día lo prometí y sigo fiel,

Con mi amistad y compañía,

Más ahora le brindo mi corazón sincero

Y un amor verdadero

Jamás perecedero.