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Paz Errázuriz: una mirada sobre la identidad

por José Luis Dávila

Empezar diciendo algo como “Pocas veces en la vida” es un cliché, sin embargo, en esta ocasión me resulta preciso, ya que pocas veces en la vida uno se topa con una obra sencilla y potente, una producción fotográfica sensible estética y socialmente,  que en esencia transmite la visión de lo que una época quiso ocultar. Paz Errázuriz, con el nombre de la artista se halla la cohesión de todas las salas que componen esta muestra albergada en el Museo Amparo, y de sus palabras, en esta entrevista ella nos cuenta su perspectiva al respecto.

José Luis Dávila: La pregunta fundamental, que creo es necesaria después de ver las fotografías, es ¿por qué te interesan tanto los rostros de las personas? ¿Qué encuentras en los rostros?

Paz Errázuriz: En realidad es la persona la que me interesa, lo que puedo realizar de alguna manera después de ese encuentro es esta fotografía que inevitablemente se puede convertir en un rostro, pero a mí me interesa mucho la persona; en el fondo siempre me di cuenta tarde de esta búsqueda mía sobre la identidad, este rostro donde me siento muy reflejada yo también. Es como siempre estar en una búsqueda de algo mío, como mi propia huella, o la del otro, lo que estoy buscando.

JLD: ¿Qué tan difícil fue esta búsqueda, artística e identitaria, en un contexto dictatorial? Chile pasó momentos muy álgidos en esas décadas.

PE: Yo creo que esta búsqueda todavía, creerás, la continúo. Por supuesto, en tiempos de una dictadura tan feroz como fue la de Pinochet, y tantos países hermanos que han tenido otras dictaduras, nosotros aprendimos a sortear estos caminos buscando la forma para ser lo que uno quiere, puede ser más fácil en algún momento y a otro más difícil, pero mientras tú lo vas haciendo como que las dificultades las vas sorteando, las vas dejando atrás también. Entonces no podría ver cuándo es más fácil o más difícil porque es tu propia energía la que te lleva, te da fuerza. Mientras tú sepas manejar esa propia energía, la puedes perder o tener en los momentos difíciles o menos difíciles, pero estar más atento siempre al otro, eso es lo que me interesa.

Paz Errázuriz y José Luis Dávila - Fotografía por Ricardo Torres
Paz Errázuriz y José Luis Dávila – Fotografía por Ricardo Torres

JLD: Hablando sobre la dictadura y su represión, ¿qué tan difícil fue para ti como artista que tu obra se reconociera antes afuera de tu país?

PE: Claro, imagínate la indiferencia absoluta que tuvo mi trabajo. Pero mira, a mí no me importaba porque yo nunca pensé, ni siquiera sabía yo la posibilidad de tener apoyo financiero. ¡imagínate conseguir alguna beca! Eso fue muy tarde después. ¡Como que uno cree que así es la vida! (Ríe) Sí, así es la vida. Después, claro, suceden cosas tan tarde y es una sorpresa en realidad que se reconozca; es una bonita sorpresa porque yo ya no soy joven y entonces como ¡va! ¡Mira lo que sucedió con lo que he hecho!

JLD:  Que siga manteniendo el trabajo tu fuerza…

PE: Sí, y que eso mismo te ayuda; yo estoy con muchos proyectos.

JLD: En estos proyectos hay temas con bastante fuerza artística todavía, ¿qué es lo que buscarás ahora? ¿Vas a seguir sobre lo mismo o a explorar algo más?

PE: Mira, yo creo que he hecho siempre lo mismo (ríe), pienso que por mucho que cambie, digamos la faceta o lo exterior, pero siempre estoy en lo mismo. Es como que sin querer vuelvo a lo mismo, no es que me tropiece sino que intencionalmente me tiro otra vez a lo mismo.

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Estructuras de identidad, miradas que construyen

por José Luis Dávila

De pequeño tenía esta costumbre, quizá entonces poco orientada pero sí bastante necia, de juntar imágenes; ponerlas todas en una caja de zapatos para verlas de cuando en cuando, imaginar cosas sobre ellas, de la polaroid en la boda de mi tío al accidente recortado del periódico, momentos propios y ajenos que me resultaban de particular interés, pues a partir de éstos lograba pasar horas determinando cómo estaban hechos, qué tenían dentro, cómo habían sido tomados. Mi breve colección se perdió en los años de la adolescencia por cuestión de una inadvertida limpieza materna que los pensó más bien como papeles inservibles, rescatando sólo las fotos que le parecieron importantes. Su mirada, pues, argumentó contra la mía; ella buscaba pragmatismo mnemotécnico mientras que yo estaba asentándome desde una orilla mucho más estética, buscando una identidad propia en los rostros de los desconocidos que guardaba.

Estructuras de identidad, colección Walter - Fotografía por Job Melamed
Estructuras de identidad, colección Walter – Fotografía por Job Melamed

Pensé en todo esto al verme frente a Estructuras de identidad, en el Museo Amparo, una exposición que surge de revisar profundamente la colección Walter para presentarnos salas armadas en torno a la idea de quién se es, de cómo se es, de qué lugares habitamos y qué tipo de espacio construimos en ellos. Su valor se encuentra, creo, en la manera de concatenar diversas miradas sobre un mismo tema, miradas que cuentan a los demás desde sus cuerpos y poses pero, sobre todo, cuentan un dentro-fuera de la imagen que hace cuestionar la apropiación de la identidad en el contexto de cada una, de la toma natural en el metro a la impostura de una sesión específica.

Quizá sea esta una de las exposiciones más interesantes que pueda haber antes de terminar el año, ya que apela al descubrimiento de uno mismo en el otro que se encuentra retratado, impulsa a preguntarse de sí las técnicas que se tienen para ser y no ser, para construirse en medio del ruido que aterra a cualquiera cuando se está buscando en imágenes ajenas, que se está coleccionando de a poco y entendiéndose cada que abre la caja de zapatos que es la memoria.

Animaciones, sueños, narraciones: entrevista a Ricardo Bernal

La semana pasada, por invitación de la Secretaría de Cultura y Turismo del Estado, el Mtro. Ricardo Bernal impartió el curso Animaciones del mundo; tuvimos la oportunidad de conversar con él y esto nos dijo:

José Luis Dávila: ¿Cómo es que pasaste  de  escribir a interesarte por la animación?

Ricardo Bernal: En realidad no es que haya pasado, no es que haya dicho ahora voy a pasar, es lo que se dio solito. Yo siempre he visto caricaturas, desde chavo -soy generación Tío Gamboín, ya sabes-, y hace como seis o siete años me dieron una invitación a un sitio que se llama Patio de butacas, es una escuelita de cine donde puedes bajar cosas, de ahí empecé a bajar animaciones y a verlas, recordé unas cosas que yo había visto de Japón y a juntarlas, armar discos y rolárselas a mis amigos; empecé a llenar mis horas de ver animaciones y me clavé. En Guadalajara, antes, cada año me invitaban a dar un curso de literatura: de terror, literatura fantástica mexicana, etc., entonces me hablaron y me pidieron dar un curso y dije: “¿por qué no te organizo una presentación de animaciones?” Por primera vez di Animaciones del mundo; fueron nueve semanas, un día a la semana, tres horas, y les encantó. Además, siendo profesor del Claustro Sor Juana, ahí empecé a dar cursos de las animaciones aparte de mis clases, e incluso mis clases de literatura las he estado aderezando con animaciones. Ahorita doy una materia en la escuela de escritores que se llama Introducción a los géneros narrativos y en los temas de pronto les digo que nos toca caricatura y los alumnos están felices, ¿por qué se conectan? Porque para que haya una buena animación tiene que haber una buena narrativa. En el caso de las animaciones no es como en el cine que filmas y puedes tener mucho material para editar, en la animación hacer un minuto es mucho, entonces la historia tiene que estar perfecta, tiene que estar bien cuidada.

JLD: ¿Cómo ha influido esta idea de la narrativa de la animación en tu misma obra?

RB: Tiene un rato que no escribo, pero tengo una bitácora en la que, cuando me acuerdo y cuando me da tiempo, escribo mis sueños. De pronto me dicen “¿A poco sueñas eso?” ¡Yo siempre he soñado así!, yo veo la vida como caricaturas, con todo respeto. Creo que el género narrativo más antiguo de todos son los sueños, es anterior a todo, entonces sí creo que haya una influencia porque a veces sueño caricaturas, sueño pantallas, sueño personajes. Ahorita estoy en eso, en la escritura de sueños. Pero si me pongo a ver mis propios cuentos y mi poesía, siempre hay mucha imagen, siempre hay cosas que creo que ya estaban desde antes.

Animaciones del mundo, póster
Animaciones del mundo, póster

JLD: En este sentido, ya hablando del curso de Animaciones del mundo, ¿cómo fue que recopilaste todo esto y cómo hiciste la selección para hacer este extracto que traes aquí?

RB: Lo primero fue escoger los países; ayer, por ejemplo, vimos Estados Unidos, Canadá y nada más, para Europa pues escogí las que más me gustan, hoy vamos a ver Suiza, de pronto cuando doy el curso le dedico a Francia una clase de cuatro horas, ahorita no nos va a dar tiempo de ver Francia más que unos veinte minutos, entonces lo más difícil para mí no es qué pongo sino qué quito; pienso “¡Chín! No van a ver esto”. Creo que lo que traigo son joyas, esto hace que el curso sea muchísimo más preciso y no tan extenso. Obviamente tuve que dejar fuera países; Argentina, España, ¡Japón!, que es todo un universo. Di un curso el año pasado que se llama Animaciones selectas de Japón, tenía entre mis alumnos, ya sabes, puro otaku; se quedaron así de “¿apoco esto se hace en Japón?” “¡Claro!” Esta vez voy a terminar con algo que a mí me encanta: una selección de comerciales animados; muchos dicen que la publicidad no es un arte pero concentrar en 10, 30 o 60 segundos toda una historia y toda una trama con atractivo visual para que la gente compre un producto es interesantísimo.

JLD: ¿Has considerado dentro de todo tu curso la idea de la animación comercial que vemos regularmente en cine?

RB: Sí, ayer vimos a Tex Avery, que eran animaciones que salían en el cine en los años cuarenta, y cerramos ayer con una de Pixar, pero lo voy mezclando porque a mí lo que me interesa es ver la animación independiente. Por ejemplo, John Humble y su mujer que empezaron a hacer animación experimental desde los cincuenta y de pronto eso hizo que esta influencia llegara a Disney; otro por ejemplo es UPA, que es un estudio norteamericano que empezó a buscar más cuestiones artísticas, de pronto influye a Disney, y tú ves La noche de las narices frías, como se llamó acá 101 Dálmatas, tiene una estética que Disney no había hecho en ese momento, si ves El libro de la selva, es una película bien hippie, que se estaban haciendo todas estas cosas en la animación independiente. Entonces sí hay un intercambio, Disney no era muy innovador pero era bueno para mejorar lo que ya estaba lo mejoraba y eso es bien interesante, porque ya que sabes de otra animación, incluso la animación comercial la puedes ver diferente.

Ricardo Bernal y José Luis Dávila - Fotografía por Job Melamed
Ricardo Bernal y José Luis Dávila – Fotografía por Job Melamed

JLD: ¿Tú crees que la animación como texto narrativo de alguna manera tiene un valor literario?

RB: ¡Por supuesto!, igual que en el cine, de un buen guión puedes hacer una buena o una mala película pero de un mal guión no puedes hacer una buena película nunca, igual pasa con las animaciones. A mí no me gusta hablar de literatura, a mí me gusta hablar de narrativa, creo que la narrativa abarca más lo que yo busco en mis clases y todo porque la literatura como que encasilla mucho, todo es narración, los sueños son narrativos también.

Irredenta, teatro del anhelo

Iredenta, tierra de nadie
Iredenta, tierra de nadie

por José Luis Dávila

Estamos siempre a la caza de aquello que anhelamos; ya en nuestros sueños o nuestras acciones, buscamos que el mundo se configure de tal modo que logremos estar cada vez más cerca de las metas que nos planteamos y con ese fin solemos confiar en ilusiones que nosotros mismos provocamos, ilusiones que se rompen tan fácil que no da tiempo para entender dónde quedó el error, por eso volvemos a caer en ellas. Estamos a la caza, pues, de lo mismo a lo que le servimos como presa. Un círculo vicioso en toda forma.

Poco a poco esa situación nos lleva a límites incomprensibles, a situaciones de riesgo que ni siquiera notamos, y entonces se presentan las dos opciones básicas que todos tienen: seguir avanzando o vivir aferrados. Simple, ¿no?

Hace unas semanas vi Irredenta, una obra que se presenta en Rekámara, teatro íntimo, y que me dejó cuestionarme las aspiraciones que tengo respecto al exterior, a mi entorno y las personas que están en él. Creo que todos hemos pasado por etapas en las cuales existe desesperación y nos anulamos para no sentirla, momentos que preferimos dejar bajo la alfombra con tal de que no nos lastimen, o peor, de que no vean los demás que algo nos lástima porque la debilidad es algo que no nos permitimos.

Iredenta, tierra de nadie
Iredenta, tierra de nadie

Irredenta trata, me parece, de esto mismo, el proceso por el cual alguien evade aquello que tiene y busca eso que no podrá alcanzar, lo hace a través de cuatro miradas distintas, cuatro prostitutas que al avanzar la trama se vuelven entrañables y cercanas, no sólo por la manufactura del guión sino por el ambiente establecido y bien logrado por la dirección, guiada hacia la empatía del público.

Esta obra es una recomendación absoluta, necesaria, que provoca reflexión partiendo de temas que quizá ya se han tocado en otras piezas teatrales, e incluso otros formatos, pero que tiene un toque especial gracias al trabajo actoral, sabiendo retratar los conflictos internos de los personajes y estableciendo los problemas para ser pensados al salir de la función, cuando las emociones se asienten de nuevo en el espectador.

Generosity, regresar a la naturaleza: entrevista a Dulce Pinzón

En la terraza del Museo Amparo se encuentra la intervención Generosity, de Dulce Pinzón, y pudimos conversar con ella al respecto. Aquí pueden leer todo lo que nos dijo.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

José Luis Dávila: ¿Por qué el nombre de Generosity?

Dulce Pinzón: El nombre viene de una lectura que hice hace algunos meses que habla sobre una tribu en Sudáfrica en donde tienen una dinámica acerca de su concepto sobre el crimen y la justicia: ellos hablan de una persona que comete una falta en la sociedad, se le confina en soledad por una semana y todos los integrantes de la tribu pasan uno por uno y le dicen las cosas positivas que recuerdan sobre esta persona, por ejemplo “¡qué bonitos ojos tienes!”, “ recuerdo que bailas muy bien”, “tú alguna vez me ayudaste a cargar la bolsa”, cosas así; entonces, es como regenerar la parte de la dignidad de la persona y reincorporarlo a la sociedad. Me recuerda un poco como a la parte que tiene la naturaleza con nosotros, pero no la que nosotros tenemos con ella, en donde ella se empecina en darnos, digamos, sentido de regeneración, sentido de bondad y nosotros tenemos esta relación quebrantada, enferma y, sobre todo, violenta con la naturaleza. Entonces de ahí surge la palabra generosidad y estos actos que hago a manera de instalaciones artísticas, de instalaciones públicas que hablan justamente sobre eso: reinstaurar esta gratitud que me gustaría que todos como seres humanos ejerciéramos hacia la naturaleza por todos los millones de años que nos ha permitido no sólo estar en ella, sino continuar en ella. El proyecto nace en varias fases, esta primera fase es hacer estas frases, que primero fueron ideadas a manera clandestina pero ahora las estamos haciendo alojadas en instituciones como museos, galerías, espacios públicos que tengan una audiencia ya asidua, crear estas frases con un tono un poco irreverente sobre el uso desmedido de ciertos materiales como el pet, el unicel, los popotes, el plástico en general. Esta pieza que hicimos en conjunto, porque el proyecto se trata de que las piezas se hagan en comunidad para crear esta reflexión de manera colectiva, es con unos vasos que están hechos de almidón de papa y botánicas que se degradan entre 90 y 240 días, es la materia prima con la que nosotros escribimos la frase, insertándolos en una malla ciclónica y creamos estas frases que justamente aluden al desuso del unicel.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

JLD: Mencionas varias cosas interesantes, pero me llama la atención esta parte en la que lo artístico se vuelve clandestino dentro de la misma idea del proyecto, ¿qué tan irreverente llega a ser cuando es clandestino a cuando es alojado por una institución?

DP: La idea inicial es que fuera clandestino, justamente por el lenguaje, porque yo quería hacerlos en espacios públicos en donde estuviera la pieza expuesta al público en general y, de hecho, que el público mismo interviniera la pieza con diferentes mecanismos pero al darnos cuenta que no funcionaba, pensamos en espacios empáticos que están abiertos a expresiones artísticas como estos. Digamos que lo fuerte de la pieza es el tono en que las piezas están escritas: “wey”, “puto”, como en lenguaje coloquial, porque al final es una llamada de atención fuerte. En otros lugares en donde se va a hacer, como en Estados Unidos habrá un “fuck”o un“what the hell”, que a la gente le llame la atención, en principio, el lenguaje y después se cuestione más allá. Además, queremos que la gente vea la biodegradacion de las piezas y lleguemos a esta metáfora que habla sobre cómo los seres humanos no ejercemos esta sabiduría de la naturaleza.

JLD: Se pretende que Generosity tenga una incidencia social, ¿cómo consideras lo artístico para generar esta incidencia?

DP: Yo creo que el arte es uno de los mecanismos más efectivos que puede haber para crear conciencia de todo tipo: conciencia social, conciencia ecológica, conciencia en todos los ámbitos que todos nosotros quisiéramos como artistas incidir. Creo que al ser tan benevolente, digamos que también como tan metafórico y a la vez como tan sutil, hace que el arte nos cree formas de reflexión que quizás en otras formas no lo hay, además, esa forma de emparejar con otras disciplinas y emparejar con otros ámbitos, por ejemplo, esta pieza que va de lo artístico a lo político, pues que logre también filtrarse en otras esferas.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

JLD: Esta idea del fin político de Generosity, ¿cómo lo piensas desarrollar, cuáles son los pasos a seguir después de tener todas las intervenciones, o cuántas planeas?

DP: Yo no creo que tiene que haber un número específico, nosotros estamos abiertos a las invitaciones de instituciones y de cualquiera, ahorita por ejemplo nos están abriendo las puertas escuelas y colaboraciones múltiples, lo cual me parece de verdad, haciendo una redundancia sobre la frase, que es esta generosidad misma de la pieza que hace que otros espacios empaticen con el mismo mecanismo de la dinámica. Las fases son varias, esta es la primera fase porque me parece que es la más fácil y la más viable de instaurar pero después vendrán otras que tienen que ver con vídeo, con recoger basura a forma de metáfora, vídeos más artísticos en donde intervendré yo con mis hijos y otras hacer cabildeo político. De las fases finales en donde, como comunidad que hemos reflexionado sobre algo especifico, llevemos estas propuestas a la cámara de diputados, de senadores, digamos que un poco como empoderándonos como comunidad, revirtiendo un poco todo lo que hemos cedido a las corporaciones en cuanto al poder que ellos tienen sobre nosotros y cómo de alguna forma nosotros también somos cómplices de lo que sucede en el mecanismo de la economía y llevar planes de acción concretos a esferas mayores para poder, de una forma más contundente, frenar lo que está pasando con el planeta.

 

Lectura sobre Lecturas: Arte contemporáneo mexicano en el Museo Amparo

Lecturas de un territorio fracturado - Fotografía por Job Melamed
Lecturas de un territorio fracturado – Fotografía por Job Melamed

por José Luis Dávila

De a poco, desde hace años, me fui inmiscuyendo en el arte contemporáneo a modo de espectador y, más tarde, cuando consideré haber adquirido el conocimiento mínimo necesario para pasar a la acción de expresar las razones de mi gusto, empecé a escribir sobre los museos que visitaba, los artistas, las experiencias con la pieza y las personalísimas reflexiones que, aunque redunde, me provocaban las reflexiones de los otros. Y mientras más veía, más quería pensarlo, comentarlo, apropiarlo. Porque, en gran medida, para eso es el arte: entender en uno algo que se genera desde la obra con el fin de cuestionar lo que nos rodea y establecernos desde un punto crítico.

Quizá esa sea la razón que más me atrajo. Mucho más cuando hay arte mexicano que se ocupa de desarrollar ese tipo de cuestionamientos sobre la identidad, la violencia, las convenciones sociales y morales, las creencias religiosas, o incluso del mismo acto creativo. El arte contemporáneo mexicano es una geografía híbrida que debe ser explorada a fondo, meticulosamente, con el interés que merece. Por ello, creo que es un gran logro la nueva muestra Lecturas de un territorio fracturado, la cual expone parte de la colección del Museo Amparo en un esfuerzo por dilucidar los cómos y qués que provienen desde la década de los 90’s y se topan con la actualidad.

Lecturas, curada por Amanda de la Garza y Cecilia Delgado, encuentra su hilo conductor en la concatenación de estilos y crea pasajes que se cuentan a sí mismos dentro de las salas, puentes que se establecen no para conectar tiempos ni lugares, sino ideas que se concretan en la experiencia de aquél que los recorre.

Es, pues, un ensayo hecho exposición, una argumentación sobre las preguntas que el arte arroja en México y posibilita conclusiones latentes, aunque no unívocas, que buscan ser desentrañadas. Una exposición para debatir y comentar, para acercarse al arte contemporáneo mexicano con la curiosidad justa que me recordó los motivos por los cuales me he quedado en esta línea de gusto estético y que, estoy seguro, despertará el gusto de todos los que se acerquen a ella.

El secreto de Gorco: entrevista a Abdiel Degollado

Cada fin de semana se presenta El secreto de Gorco, una puesta en escena de Pasajeros de Caronte en el Foro Escénico El Nicho, una obra de teatro que presenta el conflicto del amor joven. Tuvimos oportunidad de platicar con Abdiel Degollado, director del proyecto.

El secreto de Gorco
El secreto de Gorco

José Luis Dávila: ¿Por qué representar esta obra de Alberto Chimal?

Abdiel Degollado: Yo ya había hecho esta obra antes. Me gusta. La obra ganó un premio de teatro juvenil hace como 10 años. A mí, en particular, me gusta este teatro ligero, que de repente puede venir todo mundo. No todos buscan dramas, algunas personas le huyen. Está pensado en toda la familia, aunque siempre que hemos intentado obras así, como para niños, quienes menos vienen son niños, siempre vienen personas entre 18 y 30 años. Pero la idea es una obra corta, probada, ligera, en esta idea de divertirte; obviamente, tiene su mensaje, moraleja, la idea es poner algo para todos.

JLD: ¿Qué tan complicado fue montarla?

AD: Fue bastante fácil, creo que es la obra que hemos montado más rápido, en aproximadamente diez ensayos. El equipo es muy comprometido, que ya hay algún suplente y esperamos tener todos suplentes. A la primera, me gustó cómo quedó. Creo que cuando una obra está bien escrita es mucho más sencilla ponerla en escena, y esta obra está muy bien escrita. De repente, por cuestiones logísticas, por el espacio, cortamos, porque originalmente Chimal propone como 8 o 10 personajes, entonces, cortamos algunas cosas o las resolvemos de otra manera. Pero, teniendo el texto, que probablemente fue lo más difícil, lo demás se fue dando de manera intuitiva. Algo que podemos presumir, es que como grupo estamos acoplados, nos conocemos bien, y eso facilita las cosas: ya sabemos cómo somos, sabemos cual podría ser el fuerte de cada quién, y entre todos nos apoyamos para que salga.

JLD: ¿Chimal ha venido a ver la obra?

AD: No la ha venido a ver todavía, espero que venga pronto. Nos dio, rápidamente y sin ningún problema el permiso, la única condición que nos puso fue que le mandáramos fotos, ya le cumplimos, le mandamos algunas fotos. Él está invitadísimo. Además, la idea es estar aquí en El Nicho todo julio, en Cuarto Acto en Cholula, y de ahí irnos a Catemaco; queremos moverla en diferentes espacios, tanto en la ciudad de Puebla, en el estado y viajar por la República.

El secreto de Gorco
El secreto de Gorco

JLD: ¿Cómo ha sido programar sido la itinerancia de la obra?

AD: Estamos empezando, esta es nuestra función número seis. Seguramente será complicado, pero es parte de la gestión, hay que buscar apoyos, espacios. Es la segunda obra que llevamos a Cuarto Acto, pero nos ha ido bien. Es no quitar el dedo del renglón. Hacer teatro es difícil en muchos sentidos, pero perseverar tiene sus recompensas, eso está probado.

JLD: ¿Qué tan larga te gustaría que sea la temporada?

AD: Originalmente la pensamos corta, dos meses. Hay quien hace temporadas mucho más cortas. Y digo corta porque estamos acostumbrados a hacer temporadas de 30, mínimo, 50 si se puede. Y a veces muchas más. Esta la pensamos corta porque cambia la dinámica de grupo cuando ya tenemos un espacio donde tenemos que proponer, porque el público busca más cosas. Cuando no eres parte del espacio, sino que pones la obra y hay otras personas, no estás tan comprometido; aquí nos sentimos con ese compromiso de tener diferentes propuestas para los diferentes públicos, en ese sentido, pensamos una temporada corta, al menos en este espacio, al menos por ahora. Seguramente lo dejaremos descansar un tiempo y regresaremos. La idea es más bien presentarla en otros espacios de Puebla.

Alicia en escena: Entrevista a Marco Polo Rodríguez

El sábado pasado se estrenó Alicia en el País de las Maravillas, en el foro Interiores de Espacio 1900, una puesta en escena que devuelve al clásico de Carroll interpretado por talleristas que están en la línea teatral bajo el cargo del reconocido actor y director Marco Polo Rodríguez, a quien pudimos entrevistar.

José Luis Dávila: ¿Por qué regresar a Alicia en el país de las maravillas, en específico para un grupo de taller de teatro?

Marco Polo Rodríguez: Me parece que es un texto provocador, y además de que es un clásico, porque a todo mundo nos gusta y es uno de los textos consentidos, resulta un reto para cualquier actor o actriz que intente acercarse al escenario, o a una puesta en escena semiprofesional. Ciertamente hay un trabajo constante, en el escenario hay que estar entrenando todos los días. Las tablas también se logran representando, y creo que en ese sentido es afortunado el montaje. Por otro lado, independientemente de los detalles que todavía trabajaremos, también es estimulante para los actores ir hacia un texto que resulta un desafío, porque, bueno, cero escenografía, nos vamos con vestuario, música, y así; creo que cada uno de ellos está haciendo su mejor esfuerzo.

Marco Polo Rodríguez y José Luis Dávila - Fotografía por Job Melamed
Marco Polo Rodríguez y José Luis Dávila – Fotografía por Job Melamed

JLD: ¿Qué dificultades encontraste para la preparación de la obra?

MPR: En realidad, la mayoría no tiene mucha experiencia o ha sido nula. De la mayoría de los actores y actrices que vimos, hoy es su primera experiencia teatral, y creo que eso es muy importante porque te marca para toda la vida. Aquí el desafío es trabajar con disciplina, con compromiso, como siempre nos lo han enseñado nuestros grandes maestros, con disposición, porque sabemos que teniendo este elemento podemos hacer todo. Están en una búsqueda constante de trabajar, no solamente para el escenario sino para la vida, que es algo que siempre les he tratado de inculcar y mantener a flote.

JLD: Precisamente, en esa cuestión, ¿qué valor tiene para ellos, para su formación, ser parte de este taller?

MPR: Principalmente, romper con nuestros paradigmas, las estructuras que traemos, los vicios que como personas venimos arrastrando desde la familia, desde que nacemos. Y entonces encontrar otra posibilidad de expresión, una manera distinta de pensar, de ver el mundo, y también de cambiar tu propia vida, porque el teatro te transforma, te trastoca desde el interior, y creo que ese trabajo, al final, se ve en la puesta en escena. El desafío es constante, es cotidiano. No se termina nunca. Incluso los actores que tenemos varios años trabajando seguimos sin quitar el dedo del renglón y pensando que la creación es el acto más importante del artista.

JLD: ¿Cuál es el futuro que te gustaría para este taller?

MPR: Llegar un montaje profesional en un tiempo en que resulta crucial, sobre todo en Puebla, mostrar diversidad de propuestas. El reto es llegar con un texto más arriesgado y que implique verdaderamente un trabajo actoral.

Anécdotas

por César Huerta

Tengo en la mente, ya como si fuese una tela bastante delgada y transparente, el recuerdo de Don Pablito.

Hace unos días, fui a cortarme el cabello a la peluquería de siempre. Juanita, la peluquera, estaba tiñéndole el cabello a una señora de, calculo, unos 50 años de edad. Cuando Juanita terminó de embarrar el tinte por todo el cabello, la señora se levantó y fue a sentarse al otro lado del local, a esperar que el efecto de la pintura coloreara sus raíces. Era mi turno. Todo esto pasaba cuando llegó una amiga de la peluquera, y entre estas se hizo la conversación. Yo, aunque metido en mis pensamientos, sintiendo la máquina cortar mi cabello, escuché un nombre familiar: era más una anécdota que una inquietud, pero no pude evitar recordar.

La anécdota giraba en torno a la muerte de Don Pablito y cómo había sido su funeral: la hija de la amiga necesitaba ver el cuerpo para asegurarse de si quien yacía en el ataúd era el conserje al que conocía, pero la madre dudaba (porque creía que un cuerpo sin vida era un golpe demasiado fuerte para una niña). Al final, accedió y la llevó a ver el cuerpo; la hija lo reconoció. No dijo nada. Entonces, se hizo el silencio. No supe si fue el final de la anécdota.

 

 

Recuerdo, vagamente -porque de eso ya hace, más o menos, entre 8 y 12 años- que Don Pablito era uno de los conserjes de la primaria a la que asistía. Siempre fue un hombre mayor y muy delgado, o al menos eso parecía. Todos los días iba vestido igual (aunque a veces no nos diéramos cuenta): con una gorra pichi de color verde bandera, una camisa blanca que le quedaba grande, fajada en un pantalón de pana color café que le quedaba corto y que se sostenía a su cuerpo por un cinturón negro. A todos los niños nos trataba muy bien; era alguien dedicado a su trabajo, aun cuando este sólo fuera recoger basura o asear los sanitarios. También te dejaba pasar a la escuela por el zaguán que estaba en la parte de atrás cuando se te hacia tarde. A mí me dejó pasar dos veces.

Siempre me pareció una buena persona, a pesar de haberlo tratado muy poco. Lo vi durante seis años, y lo curioso es que el único día en el que no lo vi en la escuela (aparte de los fines de semana o días festivos), fue en el día de la graduación de mi generación. Jamás lo volví a ver. Don Pablito se convirtió en una sombra, un fantasma y, con más razón, ahora que me entero de que murió.

Desde la anécdota que trajo del pasado a Don Pablito, no pude evitar pensar en él, inerme, dentro del ataúd, con su gorra, su camisa y su pantalón que lo hacían inconfundible entre todos los niños y niñas de la primaria. La muerte, decía Ingrid Solana, es una manera de asimilar la igualdad: “Estamos cerca de los otros y ¿cuántas veces nos miramos?”. Estuve cerca de Don Pablito cerca de seis años; ¿cuántas veces lo miré?, ¿cuántas veces sólo le saludaba porque sí y no me daba cuenta de que podía haber vestido diferente ese día?

Roland Barthes escribió que “el fantasma (…) es una pequeña novela de bolsillo que uno lleva siempre consigo y que puede abrir en cualquier parte sin que nadie vea nada, en un tren, en un café, esperando una cita”, y, así como el recuerdo de Don Pablito puede ser un fantasma o una novela de bolsillo que duró seis años, con encuentros apenas remarcables, una anécdota puede ser una bofetada para la memoria, puede ser la aparición de un fantasma o anamnesis que te remite, con la intensidad que sólo tiene recordar el pasado, a una historia olvidada.

Tengo su imagen desgastada en la memoria. Es una fotografía, como la que inventó Morel en la isla ficticia que pensó Bioy Casares, en movimiento; pero ésta es borrosa, con colores tenues y mezclados, que recuperé al instante en el que escuché “Don Pablito murió”. Todo gracias a una anécdota, que también sirvió como resortera y me devolvió a los años en la primaria: me lanzó contra el recuerdo; me estrelló contra la imagen de Don Pablito en el ataúd, un ataúd que no existe, porque jamás lo vi, pero que sé, guarda, a lo lejos, la esencia del Don Pablito que abría las puertas de la escuela cuando se me hacía tarde.

El recuerdo también se basa en anécdotas, y las personas que viven en ellas nunca serán olvidadas si es que, como Don Pablito, logran convertirse en fantasmas y se guardan sin un final. Así como el inicio del recuerdo, la anécdota y la muerte son, como escribió José Luis Dávila, un final esencialista.

La posibilidad de detenerse: entrevista a Juan Fernando Herrán

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán, se encuentra en el Museo Amparo y durante la inauguración tuvimos la oportunidad de platicar con el artista sobre sus obras y el sentido social y reflexivo que contienen.

José Luis Dávila: Después de ver la exposición surgen muchas preguntas, de entre ellas la que resalta es si para ti, como artista, el arte es, hacia la violencia, un vehículo de denuncia o un punto de reflexión.

Juan Fernando Herrán: Punto de reflexión. Es importante, mi obra no trata sobre la violencia. Si uno se da cuenta hay cosas que pueden estar vinculadas con hechos de violencia pero no trata de esos hechos. La obra de las cruces, por ejemplo, a lo que se refiere realmente es la manera cómo un conglomerado social se apropia de una vivencia, reflexiona a partir de ella y asume una actitud de construcción hacia sí. Ese es el tema, no es realmente los treinta mil muertos al año o algo así. Me interesan los fenómenos que llevan a un país a ciertas circunstancias o que repercuten en la violencia, poderlos ver para entender mejor qué hay detrás. En la obra de La vuelta, por ejemplo, para mí era muy importante escuchar a esta gente que siempre han estado escondidos o que han sido reconocidos simplemente por sus hechos de violencia pero nunca se les ha oído qué buscaban, qué hacía, por qué, qué emociones los movían. Cuando uno los escucha, primero ve que hay una persona detrás, no una máquina, y que su condición es muy compleja, que lo que terminaron haciendo es el reflejo de una sociedad donde no había opciones, donde no tenían posibilidades de mejorar socialmente, económicamente, una situación que no les ofrece nada, y ante eso la gente termina haciendo lo que cree que puede hacer o con lo que obtiene una gratificación, económica o emocional. Siento que el arte es un espacio de reflexión y entendimiento que le plantea al espectador opciones para verse a sí mismo y para entender el contexto donde vive. Y dentro de un mundo tan veloz como el de hoy en día, el arte y otras manifestaciones, le dan la posibilidad de detenerse un poco y no simplemente de consumir, sino de interpretar.

JLD: Hablando de eso, cómo problematizas al espectador en tus obras

JFH: Quisiera pensar que le estoy exigiendo atención y tiempo. Si ves a una persona que entre a una exposición y sale rápido, no tuvo contacto con lo que hay allí, pero con determinados guiños quiero capturar a ese espectador y que se detenga. En la obra de Cajas fucsia, por ejemplo, esos textos son, por curiosidad, muy atractivos porque son muy pequeños y cuando cambias de una actitud pública, de una actitud en la que estás con todo el mundo, y te sumerges en un texto pequeño, de pronto ya tienes una relación íntima, y mi idea es que esa persona pueda estar leyendo varios textos y que la obra te capture. Lo mismo con el vídeo; es un trabajo de veinticinco minutos, normalmente la gente no está dispuesta a gastar veinticinco minutos frente a una obra, pero creo que la dinámica del vídeo, la forma en que empiezan a suceder los relatos, puede seducir al espectador. Trabajé mucho en ese aspecto, cómo ir dando información de una forma ligera, porque la pieza tiene unos contenidos muy pesados pero no te los boto así, sino como un relato, una serie de charlas, de documentaciones que te empiezan a capturar y creo que lo hace bien. Los comentarios de mucha gente son “yo empecé a verlo y se me olvidó el tiempo, me quedé mirando porque cada escena me llevan a algo más”, y eso puede ser valioso de la pieza.

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

JLD: Ni héroes, ni mártires, esta exposición que presentas, se encuentra en el marco del ciclo Encuentros latinoamericanos, ¿crees que el arte que se produce ahora en Latinoamérica refleja alguna realidad?

JFH: Creo que hay varias vertientes del arte latinoamericano, clarísimo. Creo que hay, incluso, muchos artistas latinoamericanos que pueden estar resintiendo el hecho de que el arte latinoamericano sea siempre un reflejo de la realidad. Lo que yo hago tiene mucho de reflejo de la realidad, pero hay que ser muy conscientes de cómo lo hacemos, cómo interpretamos lo que compartimos, cómo interpretamos los contextos y qué le damos al espectador. Desde ese punto de vista, la realidad es el anclaje común, entonces creería que sigue siendo muy importante. Ahora, otros artistas que están más interesados en un lenguaje del arte por el arte, hay otras vertientes más comerciales, obras que impactan rápidamente, que son atractivas, y están las que son de una denuncia más cruda. Hay muchas opciones.

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

JLD: Finalmente, ¿cuál crees que el punto más álgido o de interés en Ni héroes, ni mártires?

JFH: Creo que el mérito de la exposición son los vínculos que se crean entre las obras. Puede que haya unas piezas que por su dimensión sean más atractivas, más visibles. Sería un error decir “no se pierdan esta obra”, porque el tamaño de la muestra es bastante cómodo para ver, no es una exposición de treinta obras, son ocho obras y vale la pena insistir en que el público las vea todas.