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Un nacionalismo rockero: El Tri

Reseñar un concierto de El Tri es reseñar una parte fundamental de la historia nacional, esa historia nacional que se escribe en minúsculas porque la Historia Nacional le repugna tanto como a cualquiera que tenga un ápice de criticidad dentro de un territorio afectado tanto que no le queda más salida que gritarlo en el tumulto.

El Tri, liderado por Alex Lora, es ese generador de tumultos, de desmadres que se arman para provocar la catarsis necesaria en quien se encuentra con su música, catarsis que lleva a aceptar la realidad social pero que al tiempo inspira para cambiar aunque sea un poco la misma.

La noche del 22 de mayo, en el marco del Festival Internacional 5 de mayo, El Tri, acompañado por la Filarmónica 5 de Mayo, hizo precisamente eso: despertó a gritos a gritos, llamó a las voces para corear un “Chingueeen a suu maadree” para todos los que producen ese malestar, entre las letras de sus canciones, los aplausos y chiflidos.

El Tri, con su casi medio siglo de vida, logró que el zócalo de Puebla retumbara con hórrido estruendo con las voces de quienes disfrutaron de su presentación  y que son movidas por ese ideal de cambio que viene implícito en las canciones de la banda, canciones que son casi himnos.

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Los Cinco Centros

Escritura - Imagen Pública
Escritura – Imagen Pública

por Marcos Solache

Primer Centro: El Laboratorio

En definición, Cinco Centros es un espacio abierto para todo aquel que desee aportar algo sobre la expresión literaria, pictórica, arquitectónica, fotográfica, plástica, e incluso televisiva.1

Un amplio campo que únicamente está ceñido por el deseo de querer hacerlo. Sobre esto, cada uno en su conciencia social y personal, dictará las razones positivas o justificativas. Sin embargo, el sitio es muy claro en esto:

Lo hacemos porque podemos.

Frase que por cierto, cae perfectamente en ambigüedad; sobretodo porque el poder hacer algo siempre es relativo. Se apega a cuestiones tan elementales como la salud, el tiempo, la disposición, o incluso mucho más simples como el entusiasmo.

En definitiva una serie de cosas, mayormente ideales, determinan las posibilidades para poder hacer algo; pero nada de estas coincidencias valdría la realización, si lo que se hace, no se hace bien.

A todo esto, no basta decir que por poder hacerlo, estará bien hecho; así como tampoco, por querer hacerlo bien, resultará así. Existe un código de trabajo, muy personal en cada individuo para poder hacer bien las cosas. Ni hablar de los límites que tenemos cada uno, que podrían ser los mismos escenarios ya mencionados; salud, tiempo, disposición, entusiasmo; y valdría agregar uno fundamental: el cognitivo. Cada uno tiene un límite cognitivo, que por cierto no se reduce al normalizado coeficiente intelectual, sino más bien, y entrando en terreno metafórico, a la pared que nos veda la luz eterna. Sobre esta pared y nuestros intentos de derribarla, están por cierto, los mismos intentos por escribir.

El escribir es un laboratorio, es experimentar, descubrir, volver a experimentar, volver a escribir, leer, corregir, y hacer todo otra vez; una cadena que puede llevar a muchos a la ilusoria perfección. Perfección que por cierto no se alcanzará, pero sí quedará bien justificada en los intentos y empeños de cada uno.

Seguramente los primeros escritos de cualquier persona, son para otros irrisorios, carentes, o poco dignos. Para mí, cuando vuelvo unos años y leo lo que escribí, solamente noto intentos, como los que hago hoy, y todos los días que trato de escribir.

Concluyo a todo este armazón, medio trabado de terquedad: que nada viene por sí solo, ni mucho menos alcanzamos algo con el sólo deseo de tenerlo. Debemos escribir, y hacerlo decenas de veces; aunque cada vez se vuelve infructífera, si la posterior no refleja las reflexiones de mejora de la anterior.

Es más o menos así, como el propósito de Cinco Centros es la experimentación, más que la creación definitiva. Más que un espacio de expresión, lo repito, es un laboratorio de experimentación expresionista.

Cada comentario de María Mañogil, E.J. Valdés, José Luis Dávila, Alejandro Vázquez, Jessica Tirado, Carolina Vargas, Emanuel Bravo, Chuchette Cidutier; y de todos los que involuntariamente omito, abonan al sitio su compromiso y fundamentación ante el mundo, de ser mejores experimentadores.

Todos observadores del mundo, desde su peculiar punto de vista; todos críticos de lo que sucede alrededor; algunos pesimistas, otros sentimentalistas, otros muy críticos, otros graciosos; pero todos comprometidos a llevar a mechero y matraz, sus opiniones. Así debe de ser: no escribir por necesidad, ni mucho menos por el deseo de que alguien nos lea; escribir con un compromiso personal de ser más auténticos, por lo tanto, mejores seres en el Universo.

 De lo anterior no tengo duda, ni tampoco de lo que siguiente: Cinco Centros es una familia que no se conoce, unidos por distintas pasiones, gustos, diversas formas de ver la vida, y las creaciones en ella.

Pero lo que nos une inexorablemente, es el deseo de aportar algo bueno y sincero, y por lo tanto, mejor al mundo. Todo, siempre, a través del experimento que es la escritura.

Escritura - Imagen Pública
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Segundo Centro: La casa de la moneda

Carlos Fuentes, seguramente de alguna otra manera, decía que el escritor, dentro de la pirámide artística, es el más bajo. Irónico, porque quizá el músico sea quien está más a la mano en el género social. Aunque no lo decía por disponibilidad, sino por el medio de profusión.

La palabra, esto también lo pudo haber dicho de alguna otra manera, es como una moneda de cobre que todo el mundo tiene, usa, gasta y desperdicia, como quiere.

Es entonces que se vuelve, lo que sería para el escultor, un mármol manoseado, vulgar y corrupto desde muchos aspectos; y por lo tanto, tarea extremadamente difícil y compleja de erigirse con laureles realmente artísticos. Tal vez esto le valga a la poesía ser la madre de todas las artes, y no por otra razón, sino porque recoge y recrea, desde lo más básico, cotidiano y hasta vulgar, nuestro auténtico momento eterno. Sin duda, la palabra es todo.

Bastaría recordar dos pasajes bíblicos sobre esto: “Dijo, pues, Dios: Sea hecha la luz. Y la luz quedó hechos.” Génesis I, 3.

 La traducción De la Vulgata Latina al Español, admite otras dos traducciones en este bello pasaje: Sea la luz . Y la luz fue. “Haya luz. Y hubo luz.

Quizá estas últimas dos más sintéticas, tal vez la primera más poética, aunque ambas con el mismo fondo omnipotente de Dios. Aunque lo que atañe a esto, es el enunciado previo: “Dijo, pues, Dios”. Ya que leemos claramente, cómo, según la tradición judía, Dios creó al mundo por medio de la palabra.

Como es someramente comentado por algunos avezados y ortodoxos críticos del Nuevo Testamento; éste, para cumplir con su primer labor, que es autentificar por todos los medios previos al Cristo, sean los abiertos en el Antiguo Testamento, debe afirmar, muchas veces en espejo, lo previamente dicho. Así tenemos, en lo personal del más bello de los Evangelios, el inicio que parece inspirado en el principio del Génesis, por lo tanto del mundo: En el principio era ya el Verbo…” San Juan I, 1.

Se puede seguir discutiendo sobre este pasaje, quizá el más controversial de la historia de la iglesia cristiana, situación que no expondré por ahora, sino me remitiré a mencionar, de nueva cuenta, que la palabra, logos, es el fundamento del mundo. Ejemplos como estos, preponderando la palabra sobre cualquier otra cosa, habrá muchos, y seguramente también se encontrarán en algunos otros libros considerados sagrados.

 Mas no perdamos el fundamento de que son simples pasajes retóricos, que faltan a la importancia real nunca dicha: el mundo humano es una abstracción literaria, pero no el mundo real; la piedra es piedra sin que se le llame piedra.

La mayoría rechaza esta postura, porque desde que el primer homo dimensionó la orfandad y soledad ante la que se enfrentaba, quiso someter y hacer al mundo a su modo.

Inventamos historias de amor, discursos de abstracta perfección en los que siempre se ve beneficiado, incluso después de la muerte, el propio hombre. Así nacieron las religiones más antiguas, y los sistemas de gobierno, un poco más maleables que las primeras, como los factores cambiantes, aunque siempre mantenedores, del pensamiento humano.

Pero no olvidemos que todo esto es palabra, y con esto justifico un poco al Génesis: en el principio, en el medio y en el final, el hombre dijo, y así se hizo. Si están de acuerdo en lo anterior, también lo estarán en que Cinco Centros es, aparte de laboratorio, una casa de la moneda.

Donde todos los que escriben ahí, cada uno a su tiempo, va y empeña sus monedas, esperando que la próxima entrega no sea de cobre.  Lamento decir que si todo va lo mejor que se puede, algunos lograrán una aleación con otro mineral. Mas todos, impotentemente hundidos en el fundamento común de la palabra que es cobre.

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Tercer Centro: Nave Espacial

La explosión electrónica se dio en la década de los noventas. El mundo se acercaba al final del siglo XX, lastimado por las grandes guerras, y la imperante rivalidad entre las potencias; pero con un nuevo panorama: la conexión de todo el mundo por medio de la red llamada Internet.

Mi generación, precisamente la de los finales de los ochentas y principios de los noventas, somos quienes tenemos la seña del radical cambio que experimentó y continúa experimentando el mundo, gracias a los avances tecnológicos de todos los días. Reunimos características que ninguna otra época ni generación en el mundo ha tenido. Somos la síntesis y el nuevo intento por mejorar el planeta.

Aunque ante esto solamente estamos frente a una oportunidad; ya que resta en la mente y decisión de cada uno, tomarla, o continuar con la tradición. Algo que distingue a este tiempo, es la disponibilidad de información, quizá no especializada, pero sí en muchos casos, suficientemente importante como para introducir a cualquiera en cualquier tema. Wikipedia puede ser el emblema de lo anterior. No solamente la información, llámese enciclopédica, sino la también, y no menos importante, la de índole social. En los últimos años, hemos visto como Twitter y Facebook se han adicionado a las armas que tiene un pueblo para contrarrestar los regimenes políticos totalitarios; baste recordarse Egipto y Libia. La comunicación entre jóvenes y el mundo, cada vez es más latente, pujante y poderosa. Un nuevo talismán, que renueva el arcaico ambiente político del mundo.

Ahora bien, por estar a la mano y albedrío de cualquiera, esta enorme red de intercambio, en muchas ocasiones, y volviendo a lo de la moneda de cobre, se vuelve un espacio vano, irritante, y en consecuencia, carente de cualquier buen propósito. Lo abordaré en el próximo Centro”, pero la mayoría de quien escribe o simplemente se expresa en estos medios, es por dos razones:

La primera es porque busca la imperiosa y fatídica necesidad de que el mundo vea, admire y adore lo que hace. La segunda es porque no tiene otro medio donde exponerse. Algunos caeremos en la contradicción con lo que acabo de escribir, pero trataré de sortear la propia trampa, afirmando que si lo que se hace es importantemente propio, será auténtico, y si lo es, valdrá dónde y de la manera que sea.

De nueva cuenta viene la pregunta; si están en acuerdo con lo anterior, estarán con lo siguiente: Cinco Centros, aparte de ser laboratorio y casa de moneda, es también una nave espacial, porque lleva con actualidad y responsabilidad el vertiginoso movimiento del mundo.

Actualiza su presencia en el medio electrónico, con interesantes y atractivas propuestas visuales. Importantes coberturas teatrales, plásticas, reseñas fílmicas, opiniones políticas, algo de creación, mucho de música, y todo ligado al sitio moderno y cambiante del mundo.

No sabemos hacia dónde vamos, porque no sabemos de dónde venimos. Cláusula socrática tal vez, que aplica ahora, si creemos que los medios electrónicos y la inmensa información que hay en ellos, nos darán la pista definitiva, a la cual, muy a su manera, se suma Cinco Centros.

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Cuarto Centro: Arde en Puebla

La historia de Eróstrato siempre me ha parecido fascinante por ser una fiel copia del mayor deseo humano. El recuerdo a través de los tiempos. Cuando el sacerdote de Éfeso se decidió a incendiar el templo de Artemisa, principal diosa de la ciudad, no lo hizo con otra intención que con la de ser recordado por todos los tiempos.

Al inicio fue un mandato, tan soberbio como humano, y como vemos ahora tonto; el vedar por años el recuerdo de Eróstrato. Pasaron los siglos y Éfeso dejó de ser importante en el mapa mundial, quizá la mayor parte de la ciudad original desapareció, y con ella, sin que Eróstrato lo profiriera, el templo reconstruido de Artemisa.

 Pero quedó aquí, y en la memoria de muchos, como la de Sartre, la interesante historia del templo eterno incandescente en Éfeso. Cada vez que se recuerda esto, es como si se pusiera más paja, no sólo al nombre de Eróstrato, sino a la vanidad humana por ser recordados, por todos y por siempre. Esto pudiera tener un simbolismo filosófico, digamos catártico, si lo enfocamos hacia la futilidad del hecho vanidoso propio.

Aunque nadie aceptaría enteramente la catarsis, sabiendo que la paradoja de nuestra existencia, consiste en ser seres individuales, necesitados imperiosamente de compañía. Y no de cualquier compañía, sino de aquella, que muchas veces agrada más, si alimenta el ego y la potencia de la fama. Todos tenemos algo, o mucho, de Eróstrato por tres cosas: La primera es Puebla, en vez de Éfeso. La segunda es Cinco Centros, en vez del templo de Artemisa. La tercera la incluyo en plural, repitiendo lo que escribí arriba: todos somos Eróstrato.

Esto es un comentario no solamente hacia todos los que escribimos y publicamos en Cinco Centros, sino también para todo aquel que tenga deseos de escribir, que lo esté haciendo, y realmente en general hacia cualquier persona que quiera exponer algo a los demás.

Es realmente complejo, como lo escribí líneas arriba, la paradoja de querer compartir nuestra vida o pensamientos, sin caer en el fatídico deseo orgulloso de ceñir al mundo a cada manera. Cualquier persona quiere ser auténtica, cuando realmente, aunque en grados, todos somos seguidores de alguien o algo más. No dudo que un primer propósito de Cinco Centros, sea que lo que se expone en su sitio, llegue y lo haga de la manera más adecuada, a muchos más lectores.

Como lo expondré en el último “Centro, eso es bueno e importante, pero definitivamente no es lo primordial. Lo primordial es que quien escribe, no solamente en Cinco Centros, sino en cualquier sitio, digamos en sus proporciones públicas, debe de eliminar al Eróstrato interno. No utilicemos la publicación, o el sitio, sea el caso de Cinco Centros, como pira de fama, ni viñeta curricular.

Seamos auténticos, y con ello verdaderos, y únicamente así, dignos expositores de quienes somos y lo que pensamos.

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Quinto Centro: The Mexican Moment

La crítica es buena, pero nunca determinante. Lo que una persona dice y piensa, no debe, bajo ningún aspecto, considerarse como definitivo ni irrefutable. La buena y sana crítica, siempre propone, abre aspectos que para otros estaban tajantemente cerrados.

Alguien que quiere sumar, nunca se presenta como un impositor de ideas ni de modos. Así considérese este texto, como una opinión crítica desde la perspectiva de alguien que regularmente escribe, y que lo hace con la única y no otra intención de mejorarse personalmente.

Que lo anterior no se sesgue al área egoísta, sino que se vea en el intento de publicar en Cinco Centros, o en cualquier otro sitio, una oportunidad, quizá infructuosa, de restituir mi lado ególatra. Ya sondé el área de la fama en la escritura, y lo truculentos que pueden ser los caminos que nos lleven a escribir.

Confieso que de las pocas personas que conozco que escriben, no encuentro alguna que lo haga por el simple y sencillo placer de hacerlo. Todas me dicen que quieren publicar y publicar, ser el próximo Paulo Coelho o E.L. James. Si no es así, tienen a sus intelectuales, cerrados herméticamente al juicio canónico de que lo que hacen o leen, es lo único que vale el desgaste; lo demás es basura. Sí, el mundo literario está igual de podrido que el mundo político.

No sorprende, ni debería de hacerlo, es un fiel reflejo del mundo contemporáneo. Habrá uno cada cien o trescientos años, que venga y cambie nuestra percepción de lo que es la literatura, sea poesía, novela, o real y simplemente, que cambie de cualquier forma el giro del mundo.

Habrá muy pocos seres humanos comprometidos con el Universo, y quizá de manera indirecta con la sociedad, de forma real y auténtica. Para todos aquellos, que espero sean más de diez en Cinco Centros, un impulso para seguir siendo lo que la escritura otorga: Un sinuoso pero siempre victorioso camino de encuentro con uno mismo.

Y permítaseme ensalzar que no es poca cosa, porque no habrá mayor satisfacción humana que aceptarse tal cual se es, que sería lo mismo que saber quién se es. Resuelto en una vida un enigma filosófico fundamental de existencia, seguro tendría como recompensa máxima, la máxima recompensa: Estar en paz con uno mismo.

Espero que esto se replique y sirva para todos aquellos que escriben y publican, no solamente en Cinco Centros, sino en cualquier otro espacio o formato. Que cada uno medite sobre la veracidad y fundamentación de sus escritos. Pero si no se hace, que no se espere entonces, ni revolución ni pensamiento.

Sin meditar, escribiendo sin criticarse, y peor aún, sin recrearse, no espero ni que Cinco Centros cambie, ni que lo haga Puebla, ni México, y mucho más triste, que no lo haga el mundo entero.

Creyendo en lo anterior, confirmo mi crítica por dos razones: La primera es porque escribo, y aunque los pasos vayan sobre el Camino Caracol”, he de continuar haciéndolo, y mejorándome, desde mi personal, y en ocasiones necia, manera de escribir.

La segunda es porque no quiero volver a escuchar lo que el día 27 de Noviembre dijo el Presidente de México: “Falta mucho por hacer”.

No falta nada, este es el coloquialmente llamado “Mexican moment”, el que se escribe cada tres o cinco días en Cinco Centros, el que varía cada treinta minutos en trending topics en Twitter. Este es nuestro momento, el de la generación que por historia o coincidencia tecnológica, puede dar otra veleta al mundo. Un nuevo mundo que sin duda empezará, como empieza el Génesis, con la palabra.

Recurso en línea:

1.- Cinco Centros. ¿Quiénes somos?. Disponible en https://cincocentros.com/quienes-somos/ . 28 de Noviembre 2014.

Michal Batory, alquimista de la imagen

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por José Luis Dávila

Estoy en un salón lleno de adolescentes a los que intento hacer creer un poco en el arte, que amen un poco, a su personal modo, las maravillas que se abren cuando se llenan los sentidos con la contemplación estética del mundo. En fin, que dejen de vivir en ese mundo, como diría Shakespeare, que es sólo el relato de un idiota lleno de sonido y furia. Sin embargo, sé que es ilusorio; muy pocos de ellos están habituados a ver más allá de sus narices; los más tienen por modelo una perspectiva lineal que no se da cuenta de aquello que sucede alrededor. Eso es lo extraordinario del trabajo del cartelista: tiene el reto atraer a las personas poco avispadas en notar los sucesos fuera de su campo de visión y, además, hacerlo de una forma creativa, que no solamente muestre sino que diga, que genere un canto de sirena que parta de su propia voz pero representando eso que anuncia.

Creo que hay cierto tipo de magia en ello, una magia que pocos tienen, como Michal Batory, uno de esos hombres que poseen el saber alquímico para transformar las imágenes. Este mes, Batory presenta en San Pedro Museo de Arte una retrospectiva de su trabajo, una colección que inunda los pasillos del lugar con misticismo estético, como un conjuro convocante de cada uno de los eventos para los que están hechos pero en términos de sus propios ojos, pues qué es un cartel si no la interpretación del cartelista sobre concepto central de lo que quiere comunicar.

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Pregunté a este grupo de adolescentes si un cartel podía ser considerado arte. Fue una pregunta engañosa, lo acepto. La cosa es que no todo cartel puede aspirar a ser considerado arte, pero algunos incluso están más allá de la duda, la cual resulta insultante. El arte es mimético y no hay nada más mimético que un concepto sobre un concepto, algo bien difícil pero no imposible de lograr. Por eso digo que Batory tiene esa chispa de mago que le permite escoger bien las palabras para el hechizo, todo para que se vea en el resultado la belleza de elementos disonantes en conjunto haciendo la armonía que él quiere.

Nadie debería perderse la oportunidad de estar frente a un cartel de Batory, es por eso que envié a todos esos chicos a que lo vieran. Seguro que casi todos van a evitarlo, pero los que vayan, los que realmente vayan, estoy seguro de que se sorprenderán admirando algo que no creyeron nunca admirar.

Y también estoy seguro de que fuera de esos chicos, cualquiera que vaya a verlo y haya leído esto, entenderá a lo que me refiero.

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Sobre un grupo de nuevas miradas: taller de fotografía del archivo de la BUAP

El nombre no lo es todo. Quizá para algunos sí, pero la verdad es que no. Y eso es lo único que debería decir para hablar de lo que quiero, más que nada estando en la marca que habitamos sobre la línea de la historia del arte. Tanto vale la mirada de un experto como la de una persona común, y a veces hasta más, porque uno nunca sabe, puede que se dé la sorpresa, puede que ese al que no se conoce supere las expectativas y sobresalga de entre sus pares. Este tipo de cosas suceden con frecuencia en los talleres de arte (literatura, escultura, pintura, etc.) –que sea dicho, los hay por montones en esta ciudad–, donde las personas se esfuerzan para aprender más qué de las técnicas, de la experiencia de quien está al frente. El resultado siempre es diverso e infinitamente inesperado cuando en estos talleres deciden mostrar al público el producto de sus esfuerzos. Es el caso del Taller de fotografía del archivo histórico de la BUAP, impartido por Joaquín Ríos, Kino, quien lleva una larga y fructífera trayectoria. Esta exposición recién ha inaugurado y estará hasta finales de septiembre en el Archivo histórico mismo, para que todos podamos ser capaces de apreciar el trabajo de estos incipientes realizadores de la imagen, que disparo a disparo, a ritmo del click del obturador, dejan un poco de su perspectiva dentro de los marcos que contienen sus obras. Para muchos se supone una tarea fácil el apretar un botón y dejar que la máquina haga la reproducción de ese fragmento del mundo que se atrapa en el cuadro, sobre todo en estos días de extremo acceso a los medios tecnológicos. Y sin embargo, estos desconocidos, si algo aportan es reafirmar que la práctica fotográfica no es cosa cualquiera, y hay que sudar, a veces literalmente, para lograr recortar al mundo y hacerlo propio en un disparo de la cámara.

El nombre no lo es todo. Quizá para algunos sí, pero la verdad es que no. Y eso es lo único que debería decir para hablar de lo que quiero, más que nada estando en la marca que habitamos sobre la línea de la historia del arte. Tanto vale la mirada de un experto como la de una persona común, y a veces hasta más, porque uno nunca sabe, puede que se dé la sorpresa, puede que ese al que no se conoce supere las expectativas y sobresalga de entre sus pares.

Este tipo de cosas suceden con frecuencia en los talleres de arte (literatura, escultura, pintura, etc.) –que sea dicho, los hay por montones en esta ciudad–, donde las personas se esfuerzan para aprender más qué de las técnicas, de la experiencia de quien está al frente. El resultado siempre es diverso e infinitamente inesperado cuando en estos talleres deciden mostrar al público el producto de sus esfuerzos. Es el caso del Taller de fotografía del archivo histórico de la BUAP, impartido por Joaquín Ríos, Kino, quien lleva una larga y fructífera trayectoria.

Esta exposición recién ha inaugurado y estará hasta finales de septiembre en el Archivo histórico mismo, para que todos podamos ser capaces de apreciar el trabajo de estos incipientes realizadores de la imagen, que disparo a disparo, a ritmo del click del obturador, dejan un poco de su perspectiva dentro de los marcos que contienen sus obras.

Para muchos se supone una tarea fácil el apretar un botón y dejar que la máquina haga la reproducción de ese fragmento del mundo que se atrapa en el cuadro, sobre todo en estos días de extremo acceso a los medios tecnológicos. Y sin embargo, estos desconocidos, si algo aportan es reafirmar que la práctica fotográfica no es cosa cualquiera, y hay que sudar, a veces literalmente, para lograr recortar al mundo y hacerlo propio en un disparo de la cámara.

El nombre no lo es todo. Quizá para algunos sí, pero la verdad es que no. Y eso es lo único que debería decir para hablar de lo que quiero, más que nada estando en la marca que habitamos sobre la línea de la historia del arte. Tanto vale la mirada de un experto como la de una persona común, y a veces hasta más, porque uno nunca sabe, puede que se dé la sorpresa, puede que ese al que no se conoce supere las expectativas y sobresalga de entre sus pares. Este tipo de cosas suceden con frecuencia en los talleres de arte (literatura, escultura, pintura, etc.) –que sea dicho, los hay por montones en esta ciudad–, donde las personas se esfuerzan para aprender más qué de las técnicas, de la experiencia de quien está al frente. El resultado siempre es diverso e infinitamente inesperado cuando en estos talleres deciden mostrar al público el producto de sus esfuerzos. Es el caso del Taller de fotografía del archivo histórico de la BUAP, impartido por Joaquín Ríos, Kino, quien lleva una larga y fructífera trayectoria. Esta exposición recién ha inaugurado y estará hasta finales de septiembre en el Archivo histórico mismo, para que todos podamos ser capaces de apreciar el trabajo de estos incipientes realizadores de la imagen, que disparo a disparo, a ritmo del click del obturador, dejan un poco de su perspectiva dentro de los marcos que contienen sus obras. Para muchos se supone una tarea fácil el apretar un botón y dejar que la máquina haga la reproducción de ese fragmento del mundo que se atrapa en el cuadro, sobre todo en estos días de extremo acceso a los medios tecnológicos. Y sin embargo, estos desconocidos, si algo aportan es reafirmar que la práctica fotográfica no es cosa cualquiera, y hay que sudar, a veces literalmente, para lograr recortar al mundo y hacerlo propio en un disparo de la cámara.

Eclecticismo poblano: sobre la exposición de Nora Adame y Alejandro Osorio

Nora Adame, Alejandro Osorio, José Lazcarro - Fotografía por Jessica Tirado
Nora Adame, Alejandro Osorio, José Lazcarro – Fotografía por Jessica Tirado

por José Luis Dávila

Está, de entrada, una primera idea del arte; la idea que se supone formal y crítica, que busca afianzar la armonía estética sólo dentro de los márgenes convencionales de los marcos de madera y la escultura en mármol, por decir algo. Y esa idea lucha por sobreponerse ante las otras, por dejar clara su supremacía respecto a las nuevas formas de hacer arte, las cuales tratan de fijarse en el imaginario moderno mediante validaciones discursivas que les permitan agenciarse un espacio definitivo, sin los peligros de ser desplazados cuando a quienes les gusta más la idea formal del arte se les ocurra convencer de que esto nuevo no es más que una moda, sin contenido ni trasfondo.

Lo que hay que entender es que el arte no es cosa de “acá lo que se queda y acá lo que se va”, o de formar un gusto general que determine lo que es capaz de ser arte. No, lo que se debiera comprender es que una propuesta estética tan libre es que se puede crear y concebir por medios y recursos que no se toman en cuenta de modo regular, porque de principio el arte no es regularidad, es detalle y singularidad en diálogo con el espectador.

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Así pues, Nora Adame y Alejandro Osorio son esa combinación de talento que muestra una perspectiva distinta para la creación artística, una que no muchos valoran pero que demasiados están en vías de apreciar hoy en día: el entrecruzamiento, la hibridez casi extrema, un nuevo eclecticismo que aborda las raíces de México en composición con el trabajo de diseño, la consonancia de los bordados artesanales con los bordados sobre las paredes de las ciudades que son los grafitis. Los colores y las formas ya están muy lejanas de ser la base de la belleza en tanto se encuentren balanceadas; si atendemos al nombre de la muestra que tienen en La Galería Lazcarro, Erasing the meaning from the wall, lo que ellos proponen es el desborde tanto de lo concreto del arte como de su significado por medio de borrar las formas comunes y re-escribir con los elementos que mejor les acomoden a sus necesidades expresivas, no importando si el resultado es un collage de texturas y figuras fuera de las convenciones.

En fin, la exposición de Adame y Osorio es algo que no se puede dejar pasar para empezar a abrir la mirada hacia nuevos cruces de la materia y la memoria.

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Nada más que un juego: sobre Piedra, papel o tijera

Piedra, papel o tijera - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Piedra, papel o tijera – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Nada hay más serio que un juego. Esto es algo que muchos recalcan, que seguramente ya se ha dicho respecto a la exposición Piedra, papel o tijera, la cual se puede visitar en San Pedro Museo de Arte. Pero si ya se ha dicho antes, ¿para qué decirlo de nuevo? Porque es una gran verdad, y las verdades no deben dejar de decirse aunque se repitan tanto que de pronto se conviertan en una casa de los espejos, de esas en las que cualquiera se puede perder a los dos pasos, encontrándose de cara consigo mismo, ora más delgado, ora más bajo de lo que uno se recuerde desde la mañana cuando se cepillaba los dientes y su rostro era el de siempre.

Piedra, papel o tijera - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Piedra, papel o tijera – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

“El rostro de siempre” es una expresión muy curiosa. No siempre se ha tenido ese rostro, incluso cada día cambia aunque no lo notemos. Una arruga nueva en la frente, oculta por el cabello, o unas ojeras poco más profundas que las que se tenían por la noche. Los espejos de esa casa que hablábamos magnifican tales cambios. Los producen y evidencian para que podamos reír de cómo nos vemos; pero si eso lo notáramos en un espejo corriente seguro que sería motivo de espanto, mínimo de ansiedad. Esa casa de los espejos es también un juego, uno muy serio pero por eso mismo tan gracioso. Quienes entran asumen que son quienes están ahí frente a ellos mismos dentro de los espejos.

Piedra, papel o tijera - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Piedra, papel o tijera – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Pues bien, Piedra, papel o tijera es eso precisamente: una casa de espejos que juega a reflejar aquello con lo que muchos crecimos jugando, pero también aquello que aún seguimos jugando. Todas las piezas devuelven a nuestra mirada parte de lo que fuimos en la infancia pero también parte de lo que sabemos a cada paso que crecemos. Es una exposición que muestra a los juguetes y los juegos fuera de sus significados elementales para presentar esos mismos objetos dentro de un plano ajeno a su fin primero, es decir, en el mundo del adulto que encuentra en ellos la fascinación nostálgica por sus años perdidos en armonía con lo que significa cada uno de ellos ahora, en el ahora donde todo cobra un sentido distinto.

Piedra, papel o tijera - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Piedra, papel o tijera – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Ciertamente, no hay nada más serio que un juego. Desde niños lo sabemos pero no por eso hay que dejar de decirlo. De adultos hay que recordarlo, tenerlo anotado en un papel que vaya con nosotros a cualquier lugar, para poder jugar también en la vida cada vez más pesada y aburrida que muchos suelen elegir, que es cuando la casa de espejos deja de ser divertida y las personas se sienten atacadas por lo que ven a cada paso que dan. En fin, siempre saber que, por más especular que sea, –siguiendo a Stein– un juego es un juego es un juego y en él se aborda la verdad sobre quienes somos, sobre quienes nos reflejamos en él.

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¿Dónde está el original?: sobre La copia… de la copia… de la copia…

La copia… de la copia… de la copia… - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
La copia… de la copia… de la copia… – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

por Emanuel Bravo Gutiérrez

En el principio era la nada… en el útero, de pronto procesos ignotos a la vista de los otros dieron origen a la célula que daría comienzo a todo. Una noche, ¿o un día?, una tarde quizá, en un encuentro furtivo, consentido, robado, aplazado, de prisa o con calma, no importan las circunstancias, aunque en el momento, las circunstancias sean lo más importante y digno de recuerdo; después de esto, de lo otro, de aquello, una lluvia de esperma regó las profundidades secretas, sobre aguas perladas nadó el ovulo en espera de su fin, de su muerte, de la nada, del todo, del renacimiento, de la nueva vida. La mitosis celular parte la célula original en dos, rauda vuela la información genética en su seno secreto, se reparte información, se copia, se parte, se reparte información, se copia, se parte, se copia, se copia, se copia… un proceso que dará origen a la vida, que desarrollará un nuevo ser y que no parará hasta la muerte.

El Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla exhibe en la Galería del Palacio Municipal la exposición titulada La copia… de la copia… de la copia…; entre los artistas expositores se encuentran Marlon de Azambuja, Damián Sanchi, Adrián Wascho, Fernando Falconí, entre otros.

Esta exposición nos pone a reflexionar sobre un tema ya muy discutido en el arte: la originalidad. ¿Hay algo original en la obra de arte?, no contesten, ya sabemos las respuestas. La novedad, en este caso, está en replantear la pregunta, cada quien la reformulará de distintas formas, en este caso, podemos preguntarnos sobre la validez de la copia, pero más allá de ello, el papel de la copia en la Historia del Arte, porque la copia no es algo exclusivo del arte posmoderno, “interesado más en el mapa que en el territorio” como diría Michel Houellebecq, ya teníamos copias desde la época antigua con las reproducciones romanas de las esculturas griegas. ¿Dónde está el original?, no lo sabemos, sus restos se han perdido en el polvo de tiempo, ¿dónde está la primera copia?, igual respuesta. Entramos a la galería y nos damos topamos con copias de monedas, copias de rostros, cada una se degenera en la siguiente copia, sus rasgos se difuminan… desaparecen.

La copia… de la copia… de la copia… - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
La copia… de la copia… de la copia… – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

“No eres un bonito y único copo de nieve” escribe Chuck Palahniuk, así que ¿por qué tendría que serlo el arte? Nuestros ojos  revisan tres simpáticos conos de helado de madera, monumentos de héroes desinflables  para espíritus patrióticos efímeros, retratos propagandísticos hechos con etiquetas, reinterpretaciones a la obra de Frida Kahlo, de Monet… Toda las obras que vemos nos remiten a otras, las cuales podrían remitirnos a una tercera, es el delirio, la persecución de un original…

La copia se desvanece, se pierde, se degenera, se transforma, pero no es siempre la misma, de alguna manera  encontramos las diferencias, he ahí nuestra fascinación secreta por las copias.

La copia es transformación, es movimiento, es vida. Sin este proceso las células mueren después de un tiempo. La copia degenera, nuestro cuerpo cambia a cada momento, células se renuevan para ocupar el lugar de las anteriores, somos copias de un yo anterior que ya no es, somos una copia constante, este proceso es el que nos lleva a la muerte, pero sin ella no existiría la vida, la vida, la vid, la vi, la v, la, l…

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Crear desde la experiencia: entrevista a Joshua Sánchez

Navegando en el Honey Bunny (Escenario) - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Navegando en el Honey Bunny (Escenario) – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Joshua Sánchez, actor y dramaturgo, protagoniza Navegando en el Honey Bunny, una pieza teatral que se presenta todos los sábados en Espacio 1900, a las 19:30 horas. Tuvimos la oportunidad de entrevistarlo y esto nos dijo. 

José Luis Dávila: La primera pregunta que cualquiera podría tener es ¿de dónde sale el Honey Bunny?

Joshua Sánchez: Es un poco explorar mi locura; casi todo lo que hablo en la obra es real, con algunos tintes fantásticos, pero sí, darme cuenta que de pronto empecé a llegar al límite de todo, o sea de tanto que me hizo daño físicamente, emocionalmente, entonces quiero transmitirle a la gente que incluso en lo más hondo y lo más oscuro que podamos estar siempre hay que valorar lo que tenemos porque después puede ser muy tarde. Sí es como querer darle algo a la gente a través de mi experiencia.

Navegando en el Honey Bunny (Escenario) - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Navegando en el Honey Bunny (Escenario) – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

JLD: ¿Cómo es escribirla y aparte actuarla?

JS: Fueron varios procesos; primero escribirla fue un poco catártico porque la leía y pensaba  “¿apoco en serio me paso esto?” Como que es como muy exagerado llegar a un centro de salud mental por un desamor, me sonaba ridículo, incluso cuando lo leía; luego dije “bueno seguramente si a mí me pasó le pasa a todo el mundo”. Bueno, eso fue al escribirla, y al montarla cada función es como un poco de terapia para mí también, ¿sabes?, decir: “sí lo viví, lo estoy diciendo y haciéndome consciente de las cosas, que ahora lo que puedo hacer ya no azotarme tanto”. Por así decirlo, cada función es sacarlo, sacarlo, un poco terapéutico y si le puedes llegar a alguien, pues mejor.

JLD: En ese llegarle a alguien, ¿cómo has visto la aceptación del público con la obra?

JS: Fíjate que a mí me causó un poco de temor al principio porque decía “bueno, son problemas como muy específicos”, digo, a lo mejor sí muchos sufrimos por amor o sufre todo mundo por amor pero no todos llegan a un punto de un centro de salud; o en la cuestión del trabajo, creo que mucha gente no ama lo que está haciendo, es nada más perseguir el dinero –que es muy valido–; pero sí tenía miedo de pensar “a lo mejor todos van a decir que ‘¡ah!, es la vida de él y ya’”, pero curiosamente en los comentarios ponen “me vi reflejado” o “te pareces tanto a mí”, cosas así. Entonces, sí es bonito que parte de mi experiencia lo tome la gente para sus propios problemas, que sabrá Dios cuáles sean, pero salen a veces conmovidos. Mucha gente se acerca y me da las gracias; un comentario de una señora fue “de pronto no me doy cuenta de las cosas que tengo, y gracias por recordarme…bla bla bla”. Me ha gustado mucho la reacción, que a pesar de ser problemas específicos míos se pueda trasmitir hacia los problemas o situaciones de los demás.

Joshua Sánchez - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Joshua Sánchez – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

JLD: En tu carrera como actor ¿crees que haber actuado algo escrito por ti sea diferente a actuar la obra de alguien más?

JS: Sí es muy diferente. Ahorita como Pasajeros de Caronte la idea es crear nuestros propios textos, pero sí, es muy diferente porque cuando es algo que ya está escrito pues tienes que meterte, ¿no?, saber los antecedentes, además, el director también tiene algo muy específico de “es así, la psicología del personaje es así,  y es analizarlo y llegarle”. En este caso, a pesar de que es como mi vida, también el director dice “sí es tu vida pero también hay que crear cierto personaje para tener la empatía con el público, si no los vas a aburrir; nada más van a decir, pues mejor voy a un café y que un cuate me cuente su vida”. Pero, bueno, no fue tan difícil crear el personaje porque finalmente parte de mí.

Navegando en el Honey Bunny (Escenario) - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Navegando en el Honey Bunny (Escenario) – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

JLD: De ustedes, como compañía, ¿cómo ha sido su evolución?

JS: Pues esta es la primera obra que tenemos como Pasajeros de Caronte; ya tenemos varios trabajos atrás pero era en un grupo que se llamaba Kiosco Teatro, en el cual también eran textos nuestros, pero bueno por cuestiones políticas, de amistad, de intereses, decidimos separarnos pero creo que todo lo que vivimos como Kiosco nos ha ayudado para que ahora salga este tipo de resultado que queremos que sea  como este tipo de teatro que se llama documental –no es tan documental pero se le llama así porque parte de la historia del dramaturgo–, y queremos estar innovando, aunque esto no es el hilo negro tampoco, pero sí acercar al público a teatro contemporáneo, a teatro íntimo, y buscando también la comercialización. Entonces ha sido un proceso muy difícil porque traer a la gente al teatro es difícil pero ha sido muy enriquecedor todo, desde llegar a poner el escenario, buscar publicistas, buscar entrevistas; esto es muy laborioso pero es muy satisfactorio al final el aplauso del público, digo parece un cliché que todo mundo lo dice pero de verdad es bien bonito cuando ves la gente que te sonríe, que te aplaude, porque estando aquí al frente sí sientes los aplausos cuando lo hacen sinceramente o cuando lo hacen de  “ah, bueno pues ya acabó, ya vámonos”. ¡Que también hemos tenido funciones!, digo, en teatro siempre hay funciones buenas, funciones mejores, funciones no tan afortunadas y también nos ha pasado ya, de hecho la semana pasada nos pasó: estaba lloviendo a la hora de la función, bueno antes, y llegaron así tres personas empapadas y dimos a la función con las personas que estaban así como de “¿qué está pasando, me río, no me río, no sé qué?”, y al final fue “ay, estuvo bonito pero ya vámonos”. Los comentarios fueron bonitos pero sí como que “¡uy!”. Es parte del teatro también esto.

Navegando en el Honey Bunny (Escenario) - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Navegando en el Honey Bunny (Escenario) – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

JLD: Como Pasajeros de Caronte, ¿cuáles son sus proyectos a futuro

JS: Ahorita tenemos unas reuniones con gente de teatro que estamos teniendo los jueves en el café Expresso, que está enfrente aquí de Espacio; es invitar a alguna personalidad del teatro poblano, un maestro, un actor, que nos guste su trabajo, invitarlo a platicar, que nos cuente su experiencia, si es un dramaturgo que nos lea un fragmento de alguna de sus obras y eso es gratuito; lo que queremos con esto es acercarnos a los demás grupos, que todos los grupos sepamos quienes somos, porque, yo creo que en todos los ambientes, pero en este en particular hay de pronto mucho ego o mucha envidia, se dice “yo no trabajo con tal director porque bla bla bla, y no vayas a la obra de tal porque no sé qué”. Lo que nosotros queremos es como tratar de unirlos, es algo muy guajiro decir “todos como hermanos”, pero sí al menos conocernos, saber qué están haciendo, ir a verlos, invitarlos a que vengan a ver nuestro trabajo. Eso por un lado, y estamos trabajando en otras obras, una que se llama La delgada línea rosa, que es otro rollo, una comedia más ligera y, bueno, lo que se acumule.

Navegando en el Honey Bunny (Escenario) - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Navegando en el Honey Bunny (Escenario) – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

JLD: Al respecto, como actor, ¿cómo sientes el ámbito teatral en Puebla?

JS: Ha crecido mucho, hay mucho movimiento teatral; está la escuela de la BUAP, aquí Espacio, está la UDLA, ya hay varias opciones. Lo difícil es encontrar un espacio donde presentarte, porque hay muy pocos: está aquí, Espacio 1900, el Teatro Principal, el Teatro de la Ciudad, que es carísimo rentarlos, y había espacios alternativos que se han ido cerrando. Está, por ejemplo, El breve espacio, que es uno, pero funciona nada más para cierto tipo de teatro, por ejemplo el teatro cabaret, pero un teatro más íntimo es difícil presentarlo porque ya se escucha la licuadora de las margaritas o el mesero pasando. Teatros, teatros, foros como tal, hay muy pocos, entonces es muy, muy difícil, y de por sí la gente no los conoce, entre menos haya, peor. Y a veces la difusión es bien difícil, porque desgraciadamente es una verdad, no sabemos vender nuestro trabajo los actores, cada quien está enfocado en lo suyo y lo que más tenemos es lo más cercano, póster, tarjetas y ya; pero es difícil contactarnos con personas para, no sé, periódico, bla, bla, bla. Es difícil pero hay mucho talento. También mucho ego, en todos lados hay mucho ego, pero creo que últimamente como hay mucho movimiento y tan poco público que no nos ha quedado de otra que estarnos rolando público, y el mismo público lo hace.

Navegando en el Honey Bunny (Escenario) - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Navegando en el Honey Bunny (Escenario) – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

JLD: Para finalizar, dos preguntas: ¿cómo fue diseñar el escenario, por ejemplo, las hojas que tienen de fondo?, y ¿porqué se llama Honey Bunny?

JS: La primera; originalmente, como decimos en la obra, sí estaba planeado con ventiladores y el mar y la pantalla, fue cierto; sí nos detuvimos por el dinero pero no fue lo que dio el pie para cambiar de escenografía. En la postal hay una frase que me gustó mucho, “para qué escribe uno si no es para juntar sus pedazo”; cuando estábamos montando la obra dijimos “para qué tanto espectáculo si lo que queremos es que te escuchen, que se identifiquen y que vivan contigo, que naveguen contigo”. Es muy fácil apoyarte en esos elementos como es el atardecer en una pantalla, pero era también un reto que me puso el director como actor: “tú los vas a llevar, tú vas a crear la ficción”, y, bueno, lo de las hojas se fue dando poco a poco, como “los pensamientos atrás, y si hay hojas, entonces también que el mar sea un mar de ideas”. Fue así que cambiamos. Y Honney Bunny, la verdad no sabía cómo ponerle a la obra, se me ocurrían títulos como Navegando en el destino y cosas que decía no, no, buscaba algo que fuera llamativo, que la gente se pregunte qué es eso, porque a la mejor con Navegando hacia tu destino es de “ay, es un dramón”, entonces dije “le voy a poner nombre a la embarcación”, y estaba escuchando una canción que se llama Honey Bunny, y así, nada más por eso, esa canción me gustó. Dije, pues Navegando en el Honey Bunny. Llegué y le pregunté a un amigo “oye, ¿te parece el título?”, “ay, no, está bien feo”, pero me gustó a mí. Porque me dijo eso, “nadie le va a entender” y yo “ah, bueno”. A la mejor nadie le entiende, a lo mejor alguien va a querer saber qué es. Así fue.

Navegando en el Honey Bunny (Escenario) - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Navegando en el Honey Bunny (Escenario) – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

En las ataduras propias: sobre Ámsterdam Boulevard

Ámsterdam Boulevard (Escenario) - Fotografía por Jessica Tirado
Ámsterdam Boulevard (Escenario) – Fotografía por Jessica Tirado

por José Luis Dávila

Estamos atados a otros, siempre, inevitablemente; atados por las memorias en los espacios que habitamos, por ejemplo. Atados por las palabras dedicadas, dichas o no. Atados por las miradas escondidas tras las ruinas de una cama compartida a medias, cuando uno piensa en el otro y el otro en sí mismo. Atados por nuestros miedos, por nuestros errores. Atados por cuatro letras que las más de las veces no sabemos distinguir: ¿serán o, d, i, o?, ¿serán a, m, o, r? ¿Qué importa?

Lo que pasa es que olvidamos discernir entre todo aquello que nos ata. Saber sentir si es una soga al cuello o son unas manos recorriéndonos el torso; saber si las manos recorriendo el torso son una soga al cuello, si lo que parece querer ahorcarnos quiere arrastrarnos lejos del peligro. Dualidades, al fin; contradicciones que parecen sobrar, y sin embargo, evidenciarlas es necesario para aprender a sobrevivir en un mundo donde el peligro está en cada calle, acechando por entre las luces de los autos, incluso dentro nuestros hogares.

Ámsterdam Boulevard (Escenario) - Fotografía por Jessica Tirado
Ámsterdam Boulevard (Escenario) – Fotografía por Jessica Tirado

Todo esto está latente en Ámsterdam Boulevard, escrita por Jesús González Dávila hace poco menos de treinta años pero aún vigente, actual y perfectamente creíble en los tiempos que vivimos. Dirigidos por Vlad Villegas, los personajes encarnados por Marco Polo Rodríguez, Aldo César Hidalgo, Saúl Camarillo y el propio Villegas, se reúnen dentro de un departamento que constituye el mundo de dos de ellos, mientras que los otros son los extranjeros, los que llegan para forzar a las dualidades mencionadas.

Además, a las actuaciones, hay que sumar la música original y en vivo por parte de Sebastián Cabañas y Bruno Tapia, así como el esfuerzo y pulcritud de cada detalle en escenario y vestuario por parte de todo el equipo que hace posible esta pieza teatral.

Ámsterdam Boulevard (Escenario) - Fotografía por Jessica Tirado
Ámsterdam Boulevard (Escenario) – Fotografía por Jessica Tirado

Quizá lo anterior sea un comentario muy vago, pero esta obra merece ser vista más que contada. Lo que sí se puede decir de ella es que expone la realidad de las relaciones interpersonales, sobre todo las de pareja, en las que el enemigo no es el que se encuentra ante nosotros, sino el que somos y nos hace tomar decisiones con la lógica de las emociones desapasionadas, usando como metáfora una paranoia paradójica en la que el protagonista quiere dejar su departamento pero teme lo que se encuentra por fuera de esas paredes. Habría que ponerlo así: está atado a sí mismo y a lo que son los otros en él.

Ámsterdam Boulevard es más que una puesta en escena que no deben perderse; es una experiencia para saber en qué lado de la dualidad se está.

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La muerte viva: sobre 13 calacas y dos muertos

13 Calacas y dos muertos - Fotografía por Jessica Tirado
13 Calacas y dos muertos – Fotografía por Jessica Tirado

por Emanuel Bravo Gutiérrez

No existe mayor certeza en la vida que la de la muerte. Al final de nuestros caminos, al final de nuestros días encontramos ese callado reposo, ese sueño prolongado que languidece nuestra carne, silencia nuestra alegría y nuestro sufrimiento, nos devuelve al polvo de donde una vez salimos. Blancos huesos que parecen columnas de ceniza, barrotes pálidos de un alma que ha huido a una eternidad ignota.

Pero mientras respiremos, mientras nuestros corazones aún palpiten sólo nos queda imaginar las moradas de la muerte. Este es el caso de Malasmuerte, alias El Paquito, alias Francisco Javier Galván Olivares, y Muerto, alias Zaratustra, alias Juan José Lueza Ruiz. De este modo, su exposición, 13 Calacas y dos muertos, nos presenta una nueva lectura a este tema tan recurrente en el arte.

Malasmuerte, Zaratustra y Carlos Landini - Fotografía por Jessica Tirado
Malasmuerte, Zaratustra y Carlos Landini – Fotografía por Jessica Tirado

Entramos a la sala y el ambiente nos traslada a las profundidades de un universo lúgubre, de un mundo vedado para los vivos; atravesamos sus puertas de mármol funerario. El blanco y el negro, protagonistas indiscutibles, guían nuestra vista por obras gráficas y arte-objetos; la dualidad vida-muerte llega de forma inevitable a nuestra mente.

Cada obra es una experimentación, cada obra es una invocación, un acto adivinatorio, una ritual secreto, un conjuro, una burla, una oda, un homenaje, un hallazgo accidental y una búsqueda continua por representar la muerte en todas sus facetas, desde el punto de vista biológico, hasta como un placer exclusivo de los mortales, un placer vedado a los dioses, a los ángeles y quizá también a los vampiros.

13 Calacas y dos muertos - Fotografía por Jessica Tirado
13 Calacas y dos muertos – Fotografía por Jessica Tirado

Nos topamos con obras que nos hacen recordar las vastas soledades y los macabros personajes de Zdzislaw Beksinski, contemplamos una maravillosa reinterpretación de la Mona Lisa, de Da Vinci, e Hijo del Hombre, de Magritte. La escultura El señor de las moscas se encuentra a la mitad de la sala: un armatoste de madera e hilo, habitado por cráneos, huesos, hechizos grabados en distintas lenguas, símbolos mágicos y complicados patrones ancestrales. Un torso negro habitado por una mariposa nocturna, cubierto por poemas en tinta escarlata, la muerte en las profundidades del mar, esqueletos de peces, un cráneo con largos tentáculos trata de capturarnos…

Pero no todo es amenaza continua ni miedo reverente; si algo caracteriza a la concepción de la muerte desde el punto de vista mexicano, es la vitalidad. En pocos países la muerte está tan llena de vida. La obra de estos artistas hace palpitar los huesos, incluso en los rostros monocromos reconocemos los colores que habitaron sus días, reconocemos las emociones congeladas y los gestos petrificados de la existencia, porque, al final, no hay certeza más firme en la muerte que la de la vida.

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La exposición se encuentra en la calle 17 sur 3105 colonia Volcanes y permanecerá hasta el 31 de julio.