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La carga estética del diseño: entrevista con Ana Elena Mallet

Algo dentro de los objetos late como otra función, una vida nueva y secreta que se devela cuando la primera de sus existencias muere. Es lo que sigue un significado que se construye desde lo artificial de la mirada, un significado que encaja dentro de una categoría estética y se redefine por su forma y finitud material al servicio de las ideas que provoca.

Retomar, reunificar y reubicar: el arte como diseño o el diseño como arte –depende de cómo se le quiera concebir, tomando en cuenta que se entrelazan pero difieren– está concentrado en esos tres movimientos. Así se enmarca la muestra Nuevos Territorios, albergada por el Museo Amparo, y sobre la cual Ana Elena Mallet, quien es parte del equipo curatorial responsable, nos dio una entrevista.

Nuevos territorios, exposición en Museo Amparo - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Nuevos territorios, exposición en Museo Amparo – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Ricardo Torres: Dinos, ¿cuál sería la importancia del diseño en la actualidad?

Ana Elena Mallet: Yo creo que hay una parte muy importante del diseño, entendido como una herramienta social, que funciona así para resolver problemas, como lo habíamos pensado antes, pero también para generar bienestar, para generar desarrollo, como una herramienta de crecimiento social y humano.

RT: Aunado a esto, ¿el entrecruzamiento de arte y diseño ha generado una nueva categoría estética o puede estar en camino hacia esta categoría estética?

AEM: Pues, no sé si una nueva categoría estética; creo que los diálogos son cada vez más evidentes y este borramiento de las fronteras es cada vez más común. No sé si hablaría de algo completamente nuevo porque siempre ha habido estos diálogos, quizá hoy son más marcados y son mucho más evidentes. Pero creo que estamos en un camino interesante porque hay menos reglas y las menos reglas permiten más experimentación y mejores resultados.

RT: La globalización, ¿crees que sea parte importante de esto y que haga evidente esto?

AEM: Yo creo que definitivamente por la globalización se borraron las fronteras para convertirse en un sólo mundo, y creo que eso ayudó a que parte de la realidad se trasladara al arte y se rompieran también estas fronteras. Y creo que la globalización también ha ayudado a hacer un diseño menos nacionalista y que le hable a todas las poblaciones del planeta.

RT: Eso es algo que se nota mucho en esta exposición, como tú mencionabas sí son trabajos que se hacen locales pero que son de muchas partes, son diseñadores europeos, asiáticos…

AEM: Así es, diseñadores latinoamericanos que de alguna manera viajan, viven en otros lados, regresan, producen y ahí hay una parte bien interesante, de hablar de esta globalización y de pensar “¿es diseño venezolano el que hace un inglés, que nació en Venezuela pero creció y vive en Londres o es diseño inglés?”

Ana Elena Mallet y Ricardo Torres - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Ana Elena Mallet y Ricardo Torres – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

RT: ¿Cómo esta exposición repercute en la forma de entender el diseño como arte?

AEM: Yo creo que no hay que entender el diseño como arte, hay que entender que diseño y arte dialogan y se complementan, y que el diseño es una expresión cultural y como tal tiene que ser considerada también en los terrenos académicos y en los museos, porque antes se hablaba de muebles coloniales, bueno, aquí en Puebla vemos una casa Bello con muebles coloniales espectaculares, y por qué el diseño que hacemos hoy en día no puede estar en un museo cuando al final son piezas hechas a mano que hablan de un momento cultural importante y de ciertas expresiones de una sociedad.

RT: Algo que llama mucho la atención de esta exposición y de la mayoría de las obras es la funcionalidad de las mismas, ¿eso sería la parte fundamental del diseño, como la columna principal?, ¿qué tanto la funcionalidad influye a la hora de querer producir?

AEM: Yo creo que hay una parte importante del diseño que para que sea diseño tiene que ser siempre funcional, pero para que sea un diseño importante, relevante, necesita ser un diseño que tenga una alta carga estética, yo creo que es un poco lo que se ve en esta exposición, que lo estético no deja de lado lo funcional.

RT: Vemos que muchas de estas obras los artistas las venden en galerías, en sus propias páginas web, ¿qué tanto perdería esto su valor estético si se vuelve una producción masiva?

AEM: Yo creo que muchas de estas piezas son difíciles de producir de manera industrial pero yo creo que no, el diseño al final no pierde; su naturaleza es la reproducción múltiple, entonces yo no creo que pierda su valor, al contrario, realmente el que sea de reproducción masiva, de reproducción múltiple, ayuda a que su naturaleza se difunda.

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Paul Strand: frontera de lo fotográfico

por José Luis Dávila

Como documento, la fotografía transita de lo cultural a lo artístico, existe en ese plano intermedio que separa ambos aspectos y, a la vez, los une. En tanto cultural, la fotografía se expande a modo de objeto de la memoria, representación física del recuerdo; y como artística, sin duda, transforma dicha memoria en voluntad del presente sobre el pasado antes del click del obturador, es decir, en una forma estética del instante que perdura por medio de la imagen construida desde la lente.

En ambos casos, existe un ojo autor que decide a cuál de los lados inclinarse. Un ojo autor que emite el significado para que nosotros podamos acceder a él. Un ojo autor que busca una postura ante el dilema de los caminos que se bifurcan, para así dar solidez a su producto. Sin embargo, ese ojo a veces, pocas veces, es más bien un habitante de la frontera, de un ni aquí, ni allá, pero sí entre ello. Tal es el caso de Paul Strand y toda la colección que se presenta de él en el Museo Amparo.

La exposición es un esfuerzo por concretar la experiencia de un viaje terminado abruptamente hace décadas, un viaje de búsqueda por el sentido estético que Strand quería explorar sobre México, uno que no llevara el folklore como punta de lanza sino la vida dentro de ese laberinto que era el país en transformación. Esta es, pues, una propuesta que nadie debería perderse en la ciudad para llegar a la apreciación de una mirada que pocas veces se valora sobre nuestro país.

Así mismo, se tiene que apuntar, todas las piezas que integran esta muestra se unen en la capacidad que tienen para dar cuenta de esa sensación de frontera, no únicamente por lo mencionado al inicio, más bien por la carga ideológica que transfiere sentidos y relaciona imágenes con el contexto de producción sin olvidar su faceta atemporal dentro de los límites de la técnica, es decir, crea en cada fotografía la capacidad del espectador para encontrar un sentido propio, como aquél que se busca en un territorio nuevo, como aquél que se atreve a saltar el muro de sí para llegar a un nuevo significado, como aquél que era Paul Strand.

Apocapitalismo: Rive Díaz Bernal en Liliput

Apocapitalismo, de Rive Díaz Bernal - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Apocapitalismo, de Rive Díaz Bernal – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

por Jessica Tirado

Pocas veces una exposición puede conectar tan orgánicamente con quién la mira como sucede con las piezas que ahora se exhiben en la Galería Experimental Liliput, y es que estamos acostumbrados a que el arte es algo conceptual que, si bien es provocativo, tiende a ser algo un tanto alejado del espectador: grandes obras que pueden quedar marcadas en quien las admira pero que no van más allá de, precisamente, la admiración; sin embargo, Rive Díaz Bernal no sólo usa su experiencia para crear la obra, sino que convierte sus objetos personales en la obra, haciendo de Apocapitalismo una experiencia artística e íntima en varios niveles.

*Lo efímero

En la primera parte hay piezas de fotografía que contienen experimentos realizados por el autor. En un objeto que representa la tecnología pasada de moda, como puede ser un celular o un VHS, cultiva plantas que tienen un periodo de vida corto, por ejemplo. Estando frente a la obra nos encontramos dos realidades: la primera es la fotografía en sí misma, un objeto que puede durar mucho tiempo, tendrá una caducidad en algún momento el papel fotográfico y la impresión pero durará más que lo fotografiado, y eso nos lleva a la segunda realidad, pues no sólo las plantas que germinan en estos objetos tienen una vida corta, los propios objetos son desechos de la sociedad de consumo. Rive Díaz Bernal nos platica que para una de las piezas fotografió su propio celular, que utilizó hasta que la máquina dejó de funcionar y no cuando la sociedad le dijo que lo cambiara porque ya no estaba de moda, es ahí donde el plano personal empieza a ganar terreno sobre el del arte de aparador.

*La memoria

En la exposición hay un interesante libro que está a lado del de visitas, es una introducción a la obra general del artista en palabras de estudiosos del arte; ahí vemos un esbozo de la riqueza de la obra. Una de la piezas comentadas en dicho libro es un disco duro, un objeto común que muchos hemos llegado a tener (o al menos un dispositivo de memoria electrónico), es ahí donde la conexión artista-espectador se fija, la historia de este disco duro comienza desde que Rive Díaz Bernal guarda ahí registro de sus obras y algunas de sus piezas en electrónico. Podríamos decir que la información está segura, pero en realidad no sabemos qué pasa ni en qué parte específica de ese aparato se encuentran nuestros datos; un día el disco dura empieza a fallar, hace ruidos extraños, la computadora no lo reconoce y el artista busca ayuda, pasado el tiempo, como todo dispositivo deja de funcionar, entonces toda esa información se queda atrapada, la memoria se petrifica, no hay forma de acceder a ella y se vuelve un objeto que contiene arte y recuerdos.

*El consumismo innecesario

Hay una pieza muy interesante que se presenta como normalmente veríamos expuestos, en la casa de un cazador, ejemplares de caza. Rive Díaz Bernal toma el formato de exihibición y lo transforma, los objetos exóticos que él nos muestra son aparatos que en algún momento fueron los primeros en su tipo en interactuar con la sociedad. Reafirmando un poco la idea de la memoria, encontramos objetos que en los 90´s eran realmente deseados. Quién no quería tener un celular, aunque fuera un armatoste enorme y las posibilidades de comunicación fueran limitadas, o por ejemplo, los beepers que en sus inicios fueron más populares entre doctores y empresarios y luego la gente los quiso usar en la vida cotidiana, los jóvenes de esos años obtenían un estatus social un paso más arriba si tenían un walkman, pero justo en esta pieza nos encontramos objetos más modernos que conviven perfectamente con esta idea, el primer iPod, un iPhone 3, que son muy superiores a esos objetos del siglo pasado pero que también su época ya fue, la gente quiere lo nuevo, los cambia tan fácil y rápido que no se da cuenta que en ellos va dejando una parte de su memoria y de su vida.

Las piezas de esta exposición pueden tener estas y muchas otras lecturas, pero algo que es innegable es que el visitante puede encontrarse a sí mismo a través de ellas, es cuando visitar galerías como Liliput se vuelve algo trascendente y absolutamente personal, no van a salir indiferentes de ese lugar, disfruten mucho Apocapitalismo.

Los sonidos del mundo: Rafael Galdámez y Ezequiel Ortega en la FGE

Muchas veces los colores y las formas del mundo se nos hacen tan comunes que no nos detenemos a ver la belleza de su armonía, es por eso que algunas veces es casi necesario que el arte tome por asalto los lugares menos esperados, que sin darnos cuenta invada nuestro quehacer cotidiano, que por un segundo detenga el tiempo moderno y que silenciosamente nos saque de nuestra zona de confort.

La exposición que actualmente se encuentra en la Fiscalía General del Estado de Puebla es uno de esos “ataques” de arte que nos invitan a mirar más allá de lo obvio; los artistas plásticos Rafael Galdámez y Ezequiel Ortega pintan animales en peligro de extinción, con colores brillantes y escenarios llamativos, así interrumpen las pláticas cotidianas durante el recorrido de todo el edificio.

Es imposible no sentirse atraído por la textura de la obra. Cuando se mira a la distancia cada animal en su cuadro, parecen tener movimiento, estimulan la imaginación a tal punto que al irse acercando a la obra y descubriendo los elementos ocultos en su textura, los sonidos del agua, la selva y del propio espécimen, se van haciendo más presentes en la mente, el mundo que habitamos se va apagando poco a poco, las pinturas, se vuelven ventanas.

Entonces recorrer el edifico se vuelve una aventura: puede suceder que tal vez al principio las preocupaciones del mundo moderno nos hacen pasar en el lobby de acceso principal en el primer piso con tanta prisa que apenas somos capaces de saber qué es aquello que nos llama la atención, un atisbo de color y forma está ahí pero su sonido aún no es tan fuerte, subiendo en elevador o por las escaleras hasta el auditorio de la Institución, tranquilos los animales esperan ser vistos; y así sucede, uno se acerca por curiosidad y el día cambia, estás más atento, más perceptivo a la belleza que encierra cada obra. La exposición no sólo es capaz de emocionar al espectador, sino de transformar el espacio y la percepción que tenemos de él, se hace un puente entre el mundo cotidiano y aquello a lo que pocas veces tenemos oportunidad de mirar durante un día de trabajo.

La oportunidad de hacer este viaje a una obra de movimiento y sonido está abierta a todo el público, se puede agendar la visita al 2117900 extensión 4035, de lunes a viernes, de 9:00 a 18:00 hasta el 15 de Mayo.

Entre historia, libros y fotografía

por Isaías Tovar

Con la unión de grandes esfuerzos, el Museo Amparo, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Acción Cultural Española presentan fotos & libros. España 1905-1977, una exposición que tiene, como indica el titulo, su eje temático en historia, libros y fotografías que muestran el desarrollo del siglo XX español, con una selección de fotolibros.

A grandes rasgos, esta exposición hace una revisión de la fotografía española desde una perspectiva histórica; sin embargo, nos muestra temas generales, los cuales están relacionados con el desarrollo cultural de la época en la sociedad. En ese sentido, la fotografía es una ventana al pasado, conformando parte de un inconsciente colectivo y de tal manera estamos en contacto con la construcción de prejuicios. Como muchos autores señalan, ese prejuicio es una primera manera de acércanos a las cosas, por tanto, no tiene una connotación negativa. Así mismo, el carácter fotogénico de la realidad nos permite reinterpretar constantemente la historia.

La exposición está distribuida en varias temáticas que atraviesan la profunda trasformación de una sociedad azotada por la guerra, y la transición hacia un desarrollo moderno: nos muestra la metamorfosis de la imagen de la mujer constreñida por lo patriarcal, un intento objetivo e imparcial sobre las guerra -desde la perspectiva de la propaganda del momento-, y, entrelazando todo, la relación entre palabra e imagen.

Cordialmente invitamos a los aficionados de la fotografía, y al público en general, a disfrutar esta exposición, que estará presente hasta el 15 de agosto en Museo Amparo.

Creación y diálogo: propuestas jóvenes en San Pedro Museo de Arte

por José Luis Dávila

Es necesario siempre estar en la exploración del arte, esa exploración que surge de las formas inacabadas que anteceden a cualquier creación, formas que expanden esa precisa exploración. Ésta es una imbricación que resulta inevitable en la juventud. Los jóvenes creadores del ahora son los que serán recuperados discursivamente por los jóvenes creadores del futuro. Así pues, es vital brindarles un espacio para hacerse públicos, para ser mirados por el presente, valorados y, entonces, decididamente trascendentes los que deban serlo.

De tal modo que la nueva exposición de San Pedro Museo de Arte, acertadamente llamada Creación en movimiento, es una ventana de oportunidad para todos aquellos que la integran. La muestra entraña justo la idea de la movilización discursiva de la creación dentro de un campo tan árido o tan fértil –depende de cómo se quiera mirar– como lo es el del arte contemporáneo, lo cual se deja al espectador decidir, pues cada una de las piezas entabla una conversación diferente con el que las observa, brindando la posibilidad de un concierto de imágenes, una polifonía visual (e interdisciplinar, sobra decirlo) que recupera a lo “contemporáneo” como una categoría artística y no sólo como una catalogación sobre aquello que busca lo reaccionario por sobre lo artístico, el cual es el mal que en la actualidad sufren muchos de los artistas.

Creación en movimiento, integrada por los becarios del FONCA, demuestra que la selección de los aspirantes y el seguimiento que se les da en el programa no tiene fallas: cada obra, dentro de sí misma, es una pieza que genera reflexiones y congenia lo material con lo estético. Sumado a ello, la curaduría consigue de que de un extremo a otro de las salas exista diálogo, exista un circuito comunicativo al que se aspira siempre en las exposiciones colectivas pero que rara vez se consigue. 

Con todo lo anterior, en esta exposición cada uno de los que entran a verla encuentra algo que le llame, algo que le mueva, algo que le haga comprender un poco más de sí, y eso es invaluable en estos tiempos en que el arte se reduce por muchos al gusto y no a la experiencia vital de la creación misma, la pasión creadora de la creación sobre el otro.

Un nacionalismo rockero: El Tri

Reseñar un concierto de El Tri es reseñar una parte fundamental de la historia nacional, esa historia nacional que se escribe en minúsculas porque la Historia Nacional le repugna tanto como a cualquiera que tenga un ápice de criticidad dentro de un territorio afectado tanto que no le queda más salida que gritarlo en el tumulto.

El Tri, liderado por Alex Lora, es ese generador de tumultos, de desmadres que se arman para provocar la catarsis necesaria en quien se encuentra con su música, catarsis que lleva a aceptar la realidad social pero que al tiempo inspira para cambiar aunque sea un poco la misma.

La noche del 22 de mayo, en el marco del Festival Internacional 5 de mayo, El Tri, acompañado por la Filarmónica 5 de Mayo, hizo precisamente eso: despertó a gritos a gritos, llamó a las voces para corear un “Chingueeen a suu maadree” para todos los que producen ese malestar, entre las letras de sus canciones, los aplausos y chiflidos.

El Tri, con su casi medio siglo de vida, logró que el zócalo de Puebla retumbara con hórrido estruendo con las voces de quienes disfrutaron de su presentación  y que son movidas por ese ideal de cambio que viene implícito en las canciones de la banda, canciones que son casi himnos.

Parque Industrial, una exposición de Daniel Alcalá sobre los paisajes urbanos

Amanece en la ciudad, cualquier ciudad, y el sol destella sobre la convergencia de dos palabras que relucen sobre el acero del cual está construida. Es inevitable pensar en cómo estamos tan acostumbrados a que los términos dispares se asocien casi naturalmente, sin siquiera parar un momento a repensarlos. Creemos que así como las cosas están, así han sido y serán, no tomando en cuenta que somos parte de un proceso donde la mayor parte del tiempo tenemos el papel de engranes menores, partes no tan imprescindibles pero funcionales de lo que es el entorno en que residimos.

Con Parque Industrial, albergada por San Pedro Museo de Arte, Daniel Alcalá pone de manifiesto que ese entorno poco a poco nos consume, que como parte del paisaje urbano interiorizamos los espacios más difusos nombrándolos por medio de contradicciones semánticas. El mismo título de la propuesta es parte de la obra: un parque en su acepción primaria es un lugar de áreas verdes, una zona natural con propósito del recreo dentro de las ciudades; de este modo, Alcalá propone un juego con base a ese sentido original en contrapunto de la idea de industrialización, deconstruyendo las imágenes provenientes de los vastos terrenos de las empresas, con las chimeneas despidiendo humo como fumadores fuera de las puertas de un hospital, los cables que llevan corriente eléctrica cortando el pedazos el cielo para repartir las rebanadas entre niños que aún se asombran al preguntarse por qué es azul, las naves llenas de trabajadores y maquinarias como transatlánticos volcados por las olas y varados en islas vírgenes, todo esto dándole su propia interpretación, sacándolas de contexto, mostrándolas como partes móviles de un diorama dentro del cual vivimos.

La experiencia de esta exposición abre la vista que se tiene sobre las calles que caminan, haciendo que poco a poco nosotros también empecemos a recomponer el rompecabezas que se nos presenta en la imagen de la caja urbana como el canon, resultando en derivaciones como las de Alcalá, quien demuestra el poder de transgredir la semántica citadina para entender al crecimiento infraestructural de los lugares como un paso a la ironía del lenguaje que concibe esas mencionadas contradicciones conceptuales para poder nombrar al mundo mientras va cambiando, eliminando los límites entre lo natural y lo artificial.

Polifonía de lo fantástico: Viaje a lo mágico/Mística poblana en Hotel Quinta Real

Lograr la reunión de las miradas sin que una se sobreponga a otra es tarea ardua, que dos conjuntos de obras sostengan un diálogo es complicado para cualquier curador, y sin embargo, sorteando esas dificultades, Comuniarte ha logrado sostener le esencia de dos propuestas dentro de un mismo espacio,  la galería del Hotel Quinta Real. 

Esta exposición bipartita conjuga, por una parte, el trabajo de cinco integrantes de la asociación Pinceles, colores y sabores de Oaxaca, quienes toman la realidad para desarrollarla en sus propios términos y construir mundos aparte en cada cuadro, mundos que se conectan como si sus personajes pudieran saltar de uno a otro para visitarse pues están en un mismo universo, compartiendo  con el espectador lo que constituye el título de esta primera mirada: un Viaje a lo mágico.

Antonio Alvarez Moran - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Antonio Alvarez Moran – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

A su vez, la segunda parte es una muestra del trabajo de Antonio Álvarez Morán, el cual aborda la imagen de las monjas para reconstruirla ya sea desde ellas mismas, como lo hace con la venerable María de Jesús de Tomelín “el Lirio de Puebla”, o desde nuevas identidades sacras para la modernidad, como su homenaje a Patti Smith. Este trabajo, denominado para la ocasión Mística poblana, es una suerte de despliegue entre la interpretación contemporánea de las creencias novohispanas y la recuperación cultural de símbolos que como ciudad representan a Puebla.

Ambas secciones se unen en polifonía para dejar al espectador con ganas de seguir recorriendo la galería mientras cada cuadro se cuenta a sí mismo, a detalle. Esta es una exposición que debe ser apreciada como las dos caras de una moneda; diferentes, sí, pero sostenidas por el mismo eje que las rodea.

La medida no marca el límite: sobre 25x25x25

Estamos acostumbrados a vivir en un mundo de medidas, tan acostumbrados que ya ni nos damos cuenta de ellas. Tanto que incluso nos definen: lo altos que somos, lo anchos que somos, lo fuertes, lo hábiles; lo inteligentes. Invadidos por las medidas en casi todo aspecto de nuestras vidas, el arte también llega a tenerlas; el arte, que nos han enseñado es independiente de ataduras, se ve controlado por medidas que lo delimitan, y sin embargo, conserva su libertad por más que se le quiera enmarcar en una medida especifica.

25x25x25 es una exposición que demuestra lo anterior; deja clara la trascendencia del arte mucho más allá de los espacios que ocupa, sea un museo o un recuadro en una pared. Y aún mejor, crea un lugar en el cual se puede estar rodeado por esas diferentes perspectivas del arte que generan las obras de tan diversos autores, haciendo que Capilla del arte, donde se encuentra la muestra, sea un panóptico que se mantiene expectante de aquello que está en el centro de la experiencia, es decir, el espectador en medio del pequeño formato que son los ojos de los creadores.

Del Santo Niño Turista, de Antonio Álvarez Morán, a los registros de participantes en la exposición de Abraham Cruzvillegas que se presentó recientemente en la ciudad, pasando por el proceso de lectura de una novela de Foster Wallace o los desechos de chicle convertidos en extensiones de quienes lo mascaron, las piezas que se presentan son una recurrencia sobre la medida y cómo se logra la creación dentro de los límites impuestos por ella; una exposición a la que se debe asistir para entender la importancia que tiene, importancia que no se debe dejar pasar.