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Una perspectiva histórica de nuestros tiempos: Entrevista a Carlos Illades

Presentación del libro Conflicto, dominación y violencia , de Carlos Illades
Presentación del libro Conflicto, dominación y violencia , de Carlos Illades

En el marco de la presentación de su nuevo libro, Conflicto, dominación y violencia: Capítulos de historia social (Gedisa, 2015), el Dr. Carlos Illades nos concedió una entrevista que aquí les presentamos.

Gilberto Blanco: Analizando un poco su historial de libros, de presentaciones y de trabajos que ha hecho, he notado que la mayoría de sus tópicos, si no es que prácticamente todos, tienen que ver con conflictos sociales, con movimientos, tal es caso como su tesis, que presentó en la UNAM, como la presencia de España en la revolución mexicana, que me recuerda mucho a lo que habló el doctor Katz respecto a su tesis y de los movimientos obreros en México. ¿Usted cuál cree que es la importancia de hacer movimientos sociales? ¿Por qué estudiar tanto los movimientos sociales?

Carlos Illades: Yo diría en primer lugar que mi obra escrita se refiere tanto a los movimientos sociales como a la historia de la izquierda, la historia de la izquierda no sólo como acción edítica, como perspectiva ideológica, sino también a la izquierda como parte de la discusión intelectual mexicana. Ahora bien, referirme a movimientos sociales es algo para mí que resulta fundamental. Yo inicié mi formación como historiador social y en origen me había preocupado si los aspectos sociales, digamos la relación México y España y las consecuencias que tuvo la revolución mexicana en esta relación y cómo hubo movilizaciones, acciones de los ejércitos revolucionarios, es uno de los capítulos de este libro, en particular los zapatistas en contra de los empresarios españoles. Luego me interesé, y mantengo ese interés, en el estudio del movimiento obrero mexicano, en particular en sus orígenes, en la parte más artesanal. En periodos más recientes me he ocupado de temas ya vinculados con el siglo XX que tienen que ver con los hitos de violencia, por ejemplo en el estado de Guerrero, con los llamados neonarquistas en la Ciudad de México y con la movilización social en torno a los sucesos de Iguala que desaparecieron 43 alumnos de Ayotzinapa.

GB: Conflicto, dominación y violencia, ¿cómo es que surge la idea de este libro?

CI: Surge la idea de este libro porque el libro reúne ensayos que yo he escrito a lo largo de cinco años; todos los revisé y actualicé para este trabajo. Hay algunos de hace mucho tiempo, otros muy recientes. Lo que quise es dar una perspectiva histórica de diversos movimientos, es decir, recuperar lo que había hecho, sobre todo del siglo XIX y de la época de la revolución mexicana, integrarlos en una especie de continuo con movimientos más recientes. Entonces la idea del libro es, por un lado dar una perspectiva histórica de movimientos sociales, pero también esa perspectiva histórica vista desde un tiempo largo.

Conflicto, dominación y violencia: Capítulos de historia social – Portada

GB: En un capítulo de ello nos habla de los neonarquistas, ¿qué nos puede decir de ellos y qué tienen de diferencia con los anarquistas, digamos, del siglo XX?

CI: Los llamados neonarquistas son una combinación difícil todavía de apreciar, de definir, incluso a veces os vemos como anarquistas o incluso nihilistas, a veces se habla de que son acciones del propio estado, pero yo creo que sí hay grupos que podríamos llamarles neonarquistas. Neonarquistas en el sentido de que, o ácratas más bien, en el sentido de que están en contra de la autoridad estatal, que están en contra del poder, indican un no poder, en ese sentido entran dentro de la definición general de acracia, pero sus perspectivas, a diferencia de los anarquistas de los siglos XIX y XX carecen de horizonte político y sobre todo de horizonte utópico, entonces eso creo que los hace diferentes y se acercarían más a posturas de carácter nihilista, en el sentido de ponderar digamos el caos, etc. en lugar de un proyecto de organización mejor de la sociedad.

GB: Dentro de su libro, habla de uno de los temas que han estado en estos tiempos muy de moda, si bien últimamente, en los últimos días ya se ha dejado un poco de lado por otros tópicos, ¿qué es el movimiento Yo soy 132? ¿Qué relevancia cree usted que ha tenido en los últimos movimientos sociales?

CI: El movimiento Yo soy 132 fue importante en el año en el que apareció, que fue en el 2012, una elección presidencial. Yo creo que el movimiento fue efímero en el sentido de que carecía de una estructura que le permitiera durar en el tiempo o tener una presencia mayor. Sin embargo, y es lo que hemos observado a partir de los movimientos del año 2014, lo que decía con respecto a Ayotzinapa, quedó algún sustrato del movimiento Yo soy 132 en el ambiente porque Yo soy 132 cuestionó el regreso del PRI y el regreso de las prácticas autoritarias del PRI al poder, fue un cuestionamiento fuerte hacia esa posibilidad. Yo observo en los movimientos del año 2014, y un poco todavía en estos meses, un rechazo que se ha extendido hacia la clase política. No es un rechazo mayoritario pero tampoco es un rechazo irrelevante. Entonces lo que creo es que se ha extendido el rechazo en el origen, como planteaba Yo soy 132 al PRI, a un rechazo conjunto de la clase política y en buena medida por el vínculo, la relación entre los negocios corruptos, digamos el capital, y las prácticas corruptas.

Carlos Illades
Carlos Illades

GB: Dentro de este mismo movimiento, como recordarán muchos, éste surgió en una universidad privada, lo cual es algo casi inaudito. ¿Qué piensa usted de ello?

CI: No es inaudito que surgiera en una universidad privada, yo creo que tiene la novedad de que vinculó e incluso hizo marchar juntos a los estudiantes de las universidades públicas con los de las universidades privadas. yo creo que tuvo, digamos, ocurrió ahí porque en parte tuvo un carácter espontáneo muy evidente, y ese carácter espontáneo muy ligado con el hecho de que, por un lado se muestra en el movimiento, con la presencia de Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana, una cosa de lo que ven los estudiantes, y por otro lado lo que se muestra después en la noche es algo radicalmente distinto, digamos que lo que tiene de extraño el movimiento, lo que tiene de sorpresivo, es una reacción de los estudiantes, de los grupos de estudiantes, ante algo que evidentemente les parecía una alteración. Es decir, ellos vieron a un candidato a la presidencia acorralado con ciertas preguntas, lo vieron en la universidad, y de repente, en la noche, ya ven una cosa distinta a la hora que lo exponen los medios. Entonces hay un cuestionamiento muy grande de cómo la televisión altera las noticias.

GB: Habla de una rápida reacción por parte de estudiantes, creo que hablando de esto y de lo que dijo de Ayotzinapa, también hay una reacción muy pronta en su movimiento y usted habla un poco de ello en su libro, ¿no es así?

CI: Sí, en Ayotzinapa hubo una reacción pronta y muy interesante: en las primeras movilizaciones de los dos primeros meses, digamos la de noviembre, había un componente social amplio y sumamente diverso. Entonces no sólo fue rápido sino plural, se veía gente de procedencia muy diversa, social, incluso regional, etc. diversa y de intereses diversos. Lo que yo sí creo, y eso acabó debilitando a la larga al movimiento, es que se quienes se quedaron con la bandera de Ayotzinapa fue fundamentalmente el movimiento de la SNTE. Entonces perdió esa pluralidad, esa diversidad, perdió incluso esa posibilidad de reivindicaciones en favor de los derechos humanos, reivindicaciones democráticas y se centró en demandas sectoriales digamos, del movimiento magisterial. yo creo que en la actualidad ya queda muy poco del movimiento de Ayotzinapa.

GB: Muchas veces se habla de lo que es a perspectiva histórica y se dice que tenerla es muy difícil cuando es un hecho muy reciente, ¿qué tan difícil es hacerlo?, ¿qué tan correcto es lo de la perspectiva histórica?

CI: Yo creo que es muy importante lo de la perspectiva histórica, pero la perspectiva justo tiene que ver con ubicar históricamente lo que ocurre en tiempo presente. Esto es la perspectiva, no es que hayan pasado 200 o 300 años entre lo que se ocurre y lo que se escribe, sino lo importante es que los historiadores participen en la discusión de los fenómenos actuales pero justo desde la lente de la historia que es ubicarlos en perspectiva y justo este libro lo que pretende es ubicarlos desde su perspectiva.

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Venezuela, mon amour

Venezuela - Imagen pública
Venezuela – Imagen pública

por José Luis Dávila

¿Existen aún las dictaduras? Quienes se preguntan por esto resuelven las más de las veces que sí, que eso que llaman “democracia” los países cien por ciento capitalistas y neoliberales, o los que están en la lucha por maquillarse tan bien que puedan pasar por uno de ellos –como es el caso de México–, no es otra cosa que una forma de dictadura basada en la blanquitud (término acuñado por uno de los más influyentes marxistas de los siglos XX y XXI, Bolívar Echeverría) de las clases sociales, es decir, una dictadura del poder adquisitivo; y quizá tengan razón, quizá este modelo socioeconómico que vivimos en las naciones apegadas a las políticas globalizadoras sea un error.

Sin embargo, quienes aseveran que las prácticas neoliberales son dañinas y que los modelos nacientes de una ideología de “izquierda” (habría que ver antes si realmente saben porque se les denomina de izquierda) están mejor plantados para encarar las necesidades de sus poblaciones y satisfacerlas, no admiten los males que padece tal forma de pensar.

En los últimos días hemos tenido acceso a información realmente desconcertante: en Venezuela, dónde Nicolás Maduro fue casi impuesto por el fallecido Hugo Chávez, existe un régimen “anticapitalista” y “anti-imperialista” que a pesar de funcionar como la nueva prueba de que la izquierda no solamente funciona en teoría, algo que el tambaleante caso cubano estaba empezando a aceptar tras más de 50 años de terquedad bajo el mando de los hermanos Castro, ha caído por su propio peso. En todo el mundo se ha podido apreciar la forma en que el gobierno “bolivariano” de Maduro hace uso de las mismas tácticas de represión que los gobiernos a los que ataca en sus discursos, incluso yendo en contra de los ideales implantados por su antecesor Chávez, quien, aunque tampoco era muy congruente con sus actos, al menos era consciente del poder que el pueblo tiene la capacidad de alcanzar.

Venezuela - Imagen pública
Venezuela – Imagen pública

Vídeos, fotografías, declaraciones y más han sido subidos a las redes sociales, y sobre ellos se han escrito varios artículos ya, la mayoría condenando la vileza, y es que no hay otra palabra para llamar a esto, de las acciones del gobierno venezolano para reprimir las marchas evidentemente pacificas de estudiantes y ciudadanos interesados en mejorar sus condiciones de vida.

Lo más preocupante del caso es que haya personas que aún viendo las imágenes de violencia innecesaria, y escuchando las justificaciones sacadas de la manga del presidente Maduro, crean en que esa es la vía para mejorar las cosas en cualquier país, haciendo deferencias ante su ideología, aceptando razones por demás estúpidas para actos despóticos y abiertamente dictatoriales, como hacer una comisión encargada de vigilar lo que se dice del gobierno en redes sociales en vez de enfrentar los problemas económicos por los que atraviesa su administración, o actos mesiánicos, como aseverar que el espíritu del comandante Chávez se manifiesta en las piedras con su imagen; si lo pensamos, un gobierno que se maneja así está a un paso de ser hitleriano.

Como él, en México también tenemos personalidades políticas que tienden hacia esa ideología. Andrés Manuel López Obrador encabeza la lista, seguido de Gerardo Fernández Noroña, y muchos otros que no sería el caso mencionar; y no es que tengamos el mejor gobierno en la actualidad, sino que es preferible tener un gobierno corrupto abiertamente del que ya se sabe su modo de operar y por eso mismo es posible encontrar fallos en el mismo que permitan acciones seguras de protesta, a uno que se autocalifique como patriótico, nacionalista y cercano a la gente, cuando por debajo de la mesa es quizá peor de lo que se puede imaginar, y del que no se puede predecir su reacción.

Nicolás Maduro - Imagen pública
Nicolás Maduro – Imagen pública

Entonces, ¿es Nicolás Maduro un dictador? Quizá no ahora, pero pronto, si en Venezuela no se hace nada para detener el proceso que ya está activo. Nicolás Maduro sería muy ingenuo si no supiera que los cambios se avecinan, que debe cambiar su forma de interactuar en público, porque lo que empezó como una risa ante sus ocurrencias e ignorancia en los primeros meses de administración, ahora es motivo de incomodidad y espanto.

P. D.: De un país derrotado a otro: no se rindan.

Fernández Noroña, o Las trampas de la fe

Gerardo Fernández Noroña - Imagen pública
Gerardo Fernández Noroña – Imagen pública

por José Luis Dávila

El jueves cinco de septiembre del año pasado, en el portal blogdeizquierda.com, se publicó un artículo llamado El Plan de Septiembre firmado por Mario Quijano Pavón, en el que se exponen veinticinco puntos mediante los que se llama a una pretendida revolución y se asientan bases para las acciones que deberían tomarse en tal caso. Esto, por supuesto, no prosperó. Incluso, entre los mismos seguidores de la izquierda en México se lo tomó como una broma involuntaria, debido a la cantidad de inconsistencias e ilusiones que se declaraban como el camino hacia el mejoramiento del país. Sin embargo, el autor aseguraba que era una propuesta seria.

Uno de los puntos más preocupantes que Quijano Pavón lanzó en su Plan de Septiembre fue este:

(6) Asume el poder como presidente interino el C. Gerardo Fernández Noroña el cual entregara el poder ejecutivo al gobierno que forme el constituyente.

Y en comentarios posteriores que cuestionaban por qué precisamente Fernández Noroña sería la opción para asumir un cargo de esta magnitud, Quijano Pavón se limitó a responder “Se necesita una persona de huevos”. Esa es la característica que resaltan muchos de los seguidores de Fernández Noroña y que lo ha hecho una figura en el ámbito nacional; pero habría que considerar si es dicha característica esencial para lo que vemos que es él o si solamente estamos ante una carrera de deslumbrante personalidad pero falta de coherencia y calidad política.

Conversaciones en Twitter de Fernández Noroña - Imagen pública
Conversaciones en Twitter de Fernández Noroña – Imagen pública

Gerardo Fernández Noroña es bien conocido por los actos en los que participa, alentando a que se haga conciencia social, de sonrisa franca y barba desaliñada, discursivamente cercano a su audiencia. Yo tuve la oportunidad de escucharlo hablar (o más bien, casi gritar) hace tiempo, en el patio del Colegio de Historia de la BUAP, y lo único que pude pensar fue: “este es un tipo peligroso, pero no para los gobernantes ni para los corruptos, ni para todos aquellos a los que se da el gusto de criticar; es peligroso para quienes lo siguen”. Sea o no su intención, él está cargado con una estructura demagógica que no puede negar y, me atrevo a decir basado en los vídeos que de él se tienen en los debates de su época como diputado federal, que no sabe otra forma de argumentar más que a gritos en tono de condescendencia. Además, se reafirma que esa cercanía a la gente que tanto se da en profesar llega a ser un tanto plástica, esto con ver la forma en que interactúa en sus redes sociales, contestando nada más a quienes le apoyan, mandando a investigar palabras en vez de sostener sus argumentos ante los que le ponen de manifiesto desacuerdos. Hasta llega a cuestionar la izquierda de otros que no concuerdan con el ideal que él tiene de izquierda. Estas cosas se pueden comprobar con entrar a su cuenta de Twitter y recorrer un poco sus publicaciones; también es de mencionar que para alguien que trata de estar en trabajo constante con los ciudadanos, tiene 180, 216 seguidores (cifra que sube cada día), pero sigue a un mínimo de 1, 214, siendo la mayoría políticos, medios, académicos o artistas, personas que le puedan dar una base intelectual dejando de lado lo que la gente de a pie tiene por decir.

Este 2014, Fernández Noroña ha empezado llamando a lo que él considera como desobediencia civil, pidiendo que las personas se nieguen a pagar el aumento al IVA en alimentos cuando compren en supermercados. Para esto, de forma que califican muchos como valiente (pues, con huevos), el ex diputado acompañado de cámaras y micrófonos se presentó en la línea de caja de un Wal-Mart y pagó el importe de un jugo Boing menos los 50 centavos que son el excedente del IVA. El resultado fue obvio: con esa concurrencia la tienda se decidió por omitir más que respetar y reconocer dicho acto, algo que seguramente Fernández Noroña no podrá aceptar de otra manera que no sea declarando que la ciudadanía tiene el poder, o alguna frase parecida que es de uso común entre la izquierda mexicana. Afortunadamente, sabe que esto que promueve es un delito; desafortunadamente, que él tenga el acompañamiento de cámaras de medios que lo blindan contra agresiones por parte de los empleados de seguridad de las tiendas, no significa que todos estén en la misma ventaja, como ya se ha demostrado en vídeos de personas que  lo emularon.

 

http://www.youtube.com/watch?v=MyycuHgdbSw

 

La primera cuestión que uno debe reflexionar no es si este tipo de acciones llevarán a un cambio (el cambio que sostiene Fernández Noroña) o si serán otro fuego artificial que haga ruido y se desintegre ante las miradas esperanzadas de todos aquellos que las impulsaron, sino qué consecuencias trae hacer caso de una figura como este hombre que, cuando se piensa un poco, es tan susceptible de ser juzgado como lo es cualquier otro político. En lo personal, no creo que sea alguien en quien confiar un movimiento político o social, ya no digamos revolucionario (palabra que les encanta usar), pero tampoco esto es un gran pecado porque igual no creo que haya aún nacido en México el hombre o mujer que sea capaz de ello. Y justifico mi desconfianza con total apertura: después de investigar sobre él, de ver sus vídeos, de leer sus opiniones, de ser espectador de sus twitcam, no encuentro un rasgo de sinceridad en él, aunque sí mucho de honestidad. Entendiendo que éstas no son categorías sinonímicas: la sinceridad es ética e íntima, y la honestidad es una forma moral, por lo tanto pública; es decir, la honestidad es el respeto a la verdad, pero la sinceridad es el actuar sin fingimiento; esto último no siento que corresponda a la actitud de Fernández Noroña.

Quizá yo esté mal y él tenga la respuesta a la pregunta por el camino a tomar ante los nuevos acontecimientos nacionales. Pero, si estoy en lo correcto, se han preguntado ¿qué pasa entonces? ¿Están dispuestos a correr el riesgo?