Archivo de la etiqueta: Inauguración

NABIS, nuevo puente para el arte

por José Luis Dávila

El arte contemporáneo de México se encuentra en un momento de doble descentralización; por un lado, la producción artística tiene ya varias décadas en la lucha por dejar de validarse sólo al centro, a lo que las capitales, en especial el Distrito Federal, acogen como representativo del arte mismo, lo cual es en parte debido al gusto de la mayoría (una mayoría que no homogénea respecto a conocimientos estéticos, ni subjetivos ni académicos) y en parte a la crítica especializada, la cual no se interesa mucho por salir en plan Indiana Jones para poder descubrir nuevos tesoros y se conforma con lo que le llega ya casi ready made para poder asumir y expresar un juicio de valor desde contextos que no encajan en la creación que se le pone enfrente pero que funcionan para la crítica misma.

Sin embargo, el segundo frente de la descentralización del arte contemporáneo en nuestro país es el de traicionar al primero: si hay tantos años en la misión de alejarse del centro, y poco se ha logrado (pues todo inevitablemente pasa por ese centro), entonces lo mejor es realizar la operación contraria: acercar al centro para irrumpir en él con obras que puedan darse a conocer en espacios concretos, dedicados a lo periférico pero haciéndolo desde el punto de partida primigenio. Para esto siempre es necesario la participación de lugares que alberguen y difundan, que reciban, compartan y, por qué no, también comercialicen, al arte y sus producciones.

Desde dicho espíritu nace NABIS, espacio de arte, que aspira a funcionar como un puente entre el arte de Oaxaca y Puebla, un puente entre artistas y públicos, y donde a partir de esta semana se encuentra una colección de 22 artistas oaxaqueños como parte de su muestra de inauguración, la cual es un recorrido de colores y formas diversas, transiciones de nuestra actualidad en cuanto representaciones tanto introspectivas como decorativas de las preocupaciones de cada uno de los nombres que se encuentran al lado de las pinturas y esculturas.

De cierta forma, NABIS es una propuesta concreta que podría ir más allá de su objetivo principal. La construcción de un espacio de arte, como su nombre lo indica, debe llevar a un desenvolvimiento natural de alejarse de la convención de las galerías para ofrecer un distintivo que los caracterice, la idea, precisamente, de un espacio que genere no sólo exposiciones, sino que contribuya al mundo y mercado del arte en la formación y afianzamiento de nuevos nombres que tengan a NABIS como referencia de una nueva genealogía de artistas, algo que nos hace falta.

Sea, pues, bienvenida esta nueva propuesta, y esperemos que logre establecerse como uno de los nuevos centros de arte en Puebla.

Anuncios

La muerte viva: sobre 13 calacas y dos muertos

13 Calacas y dos muertos - Fotografía por Jessica Tirado
13 Calacas y dos muertos – Fotografía por Jessica Tirado

por Emanuel Bravo Gutiérrez

No existe mayor certeza en la vida que la de la muerte. Al final de nuestros caminos, al final de nuestros días encontramos ese callado reposo, ese sueño prolongado que languidece nuestra carne, silencia nuestra alegría y nuestro sufrimiento, nos devuelve al polvo de donde una vez salimos. Blancos huesos que parecen columnas de ceniza, barrotes pálidos de un alma que ha huido a una eternidad ignota.

Pero mientras respiremos, mientras nuestros corazones aún palpiten sólo nos queda imaginar las moradas de la muerte. Este es el caso de Malasmuerte, alias El Paquito, alias Francisco Javier Galván Olivares, y Muerto, alias Zaratustra, alias Juan José Lueza Ruiz. De este modo, su exposición, 13 Calacas y dos muertos, nos presenta una nueva lectura a este tema tan recurrente en el arte.

Malasmuerte, Zaratustra y Carlos Landini - Fotografía por Jessica Tirado
Malasmuerte, Zaratustra y Carlos Landini – Fotografía por Jessica Tirado

Entramos a la sala y el ambiente nos traslada a las profundidades de un universo lúgubre, de un mundo vedado para los vivos; atravesamos sus puertas de mármol funerario. El blanco y el negro, protagonistas indiscutibles, guían nuestra vista por obras gráficas y arte-objetos; la dualidad vida-muerte llega de forma inevitable a nuestra mente.

Cada obra es una experimentación, cada obra es una invocación, un acto adivinatorio, una ritual secreto, un conjuro, una burla, una oda, un homenaje, un hallazgo accidental y una búsqueda continua por representar la muerte en todas sus facetas, desde el punto de vista biológico, hasta como un placer exclusivo de los mortales, un placer vedado a los dioses, a los ángeles y quizá también a los vampiros.

13 Calacas y dos muertos - Fotografía por Jessica Tirado
13 Calacas y dos muertos – Fotografía por Jessica Tirado

Nos topamos con obras que nos hacen recordar las vastas soledades y los macabros personajes de Zdzislaw Beksinski, contemplamos una maravillosa reinterpretación de la Mona Lisa, de Da Vinci, e Hijo del Hombre, de Magritte. La escultura El señor de las moscas se encuentra a la mitad de la sala: un armatoste de madera e hilo, habitado por cráneos, huesos, hechizos grabados en distintas lenguas, símbolos mágicos y complicados patrones ancestrales. Un torso negro habitado por una mariposa nocturna, cubierto por poemas en tinta escarlata, la muerte en las profundidades del mar, esqueletos de peces, un cráneo con largos tentáculos trata de capturarnos…

Pero no todo es amenaza continua ni miedo reverente; si algo caracteriza a la concepción de la muerte desde el punto de vista mexicano, es la vitalidad. En pocos países la muerte está tan llena de vida. La obra de estos artistas hace palpitar los huesos, incluso en los rostros monocromos reconocemos los colores que habitaron sus días, reconocemos las emociones congeladas y los gestos petrificados de la existencia, porque, al final, no hay certeza más firme en la muerte que la de la vida.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

La exposición se encuentra en la calle 17 sur 3105 colonia Volcanes y permanecerá hasta el 31 de julio.