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Paz Errázuriz: una mirada sobre la identidad

por José Luis Dávila

Empezar diciendo algo como “Pocas veces en la vida” es un cliché, sin embargo, en esta ocasión me resulta preciso, ya que pocas veces en la vida uno se topa con una obra sencilla y potente, una producción fotográfica sensible estética y socialmente,  que en esencia transmite la visión de lo que una época quiso ocultar. Paz Errázuriz, con el nombre de la artista se halla la cohesión de todas las salas que componen esta muestra albergada en el Museo Amparo, y de sus palabras, en esta entrevista ella nos cuenta su perspectiva al respecto.

José Luis Dávila: La pregunta fundamental, que creo es necesaria después de ver las fotografías, es ¿por qué te interesan tanto los rostros de las personas? ¿Qué encuentras en los rostros?

Paz Errázuriz: En realidad es la persona la que me interesa, lo que puedo realizar de alguna manera después de ese encuentro es esta fotografía que inevitablemente se puede convertir en un rostro, pero a mí me interesa mucho la persona; en el fondo siempre me di cuenta tarde de esta búsqueda mía sobre la identidad, este rostro donde me siento muy reflejada yo también. Es como siempre estar en una búsqueda de algo mío, como mi propia huella, o la del otro, lo que estoy buscando.

JLD: ¿Qué tan difícil fue esta búsqueda, artística e identitaria, en un contexto dictatorial? Chile pasó momentos muy álgidos en esas décadas.

PE: Yo creo que esta búsqueda todavía, creerás, la continúo. Por supuesto, en tiempos de una dictadura tan feroz como fue la de Pinochet, y tantos países hermanos que han tenido otras dictaduras, nosotros aprendimos a sortear estos caminos buscando la forma para ser lo que uno quiere, puede ser más fácil en algún momento y a otro más difícil, pero mientras tú lo vas haciendo como que las dificultades las vas sorteando, las vas dejando atrás también. Entonces no podría ver cuándo es más fácil o más difícil porque es tu propia energía la que te lleva, te da fuerza. Mientras tú sepas manejar esa propia energía, la puedes perder o tener en los momentos difíciles o menos difíciles, pero estar más atento siempre al otro, eso es lo que me interesa.

Paz Errázuriz y José Luis Dávila - Fotografía por Ricardo Torres
Paz Errázuriz y José Luis Dávila – Fotografía por Ricardo Torres

JLD: Hablando sobre la dictadura y su represión, ¿qué tan difícil fue para ti como artista que tu obra se reconociera antes afuera de tu país?

PE: Claro, imagínate la indiferencia absoluta que tuvo mi trabajo. Pero mira, a mí no me importaba porque yo nunca pensé, ni siquiera sabía yo la posibilidad de tener apoyo financiero. ¡imagínate conseguir alguna beca! Eso fue muy tarde después. ¡Como que uno cree que así es la vida! (Ríe) Sí, así es la vida. Después, claro, suceden cosas tan tarde y es una sorpresa en realidad que se reconozca; es una bonita sorpresa porque yo ya no soy joven y entonces como ¡va! ¡Mira lo que sucedió con lo que he hecho!

JLD:  Que siga manteniendo el trabajo tu fuerza…

PE: Sí, y que eso mismo te ayuda; yo estoy con muchos proyectos.

JLD: En estos proyectos hay temas con bastante fuerza artística todavía, ¿qué es lo que buscarás ahora? ¿Vas a seguir sobre lo mismo o a explorar algo más?

PE: Mira, yo creo que he hecho siempre lo mismo (ríe), pienso que por mucho que cambie, digamos la faceta o lo exterior, pero siempre estoy en lo mismo. Es como que sin querer vuelvo a lo mismo, no es que me tropiece sino que intencionalmente me tiro otra vez a lo mismo.

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Posibilidades de vivir

Identidad - Imagen pública
Identidad – Imagen pública

por Andrea Rivas

“Imposible la plena comunicación humana.

Los otros, siempre nos aceptan mutilados,

jamás con la totalidad de nuestros vicios y virtudes.”

Alejandra Pizarnik

Vivimos, sin duda, en un mundo egoísta.

De un modo u otro se nos ha formado para vivir en universo que se encarga de convencernos de nuestro valor como individuos. Somos lo primero, somos lo único. A mi parecer, nos hallamos todos inmersos en una paradoja. Porque nos desenvolvemos en una sociedad para la cual tenemos que ser productivos y útiles, la cual, además, dicta modos de comportarnos y de pensar y de hablar y de vestir. Y sin embargo nos dice: tú eres más importante que nadie, tú tienes que sobresalir, tú tienes que estar bien. Tú, primero tú y luego tú.

Sí, tú. Pero tú dentro de los límites de esta sociedad. Es decir, sé tú, sé lo que quieras ser, pero no vayas a olvidarte de depilar esas axilas porque qué asco nos das. Y lucha por lo que quieres siempre, que nadie te diga qué hacer y cómo hacerlo, pero por favor, vístete bien, pareces pordiosero; además, yo no te recomendaría esa carrera, morirás de hambre, pero como quieras, si te hace feliz…

Por un lado, sabes que eres parte de ellos; del sistema con sus pros y sus contras, hay que cumplir con los lineamientos: no se puede salir.

Por otro, lado, algo más existe, ese algo que tiene esencia, que tiene energía y fluye y se mueve y nos hace y deshace: somos más que constructos sociales. ¿Pero cómo volver a ello, al origen de nuestro ser? Imagino ir a vivir a una montaña y aún así, en la compañía del bosque y el silencio, en la ausencia de estándares y expectativas, sería un ser que fue educado en sociedad, no hay vuelta atrás, no se puede borrar el estigma. No es posible arrancarnos todo lo aprendido, los prejuicios, la lengua que hablamos, las manías… Siempre sabríamos quiénes somos, de dónde venimos. Sabríamos de qué huimos y entonces no se puede terminar de huir.

Colectivismo - Imagen pública
Colectivismo – Imagen pública

Dentro de una agrupación social, siempre existe algún modo de intentar comunicarse, una lengua común, una jerga adoptada por todos los miembros. Y es que el hombre, ya sabemos, tiene la capacidad y necesidad de decirle algo a alguien. La compulsión de hablar, de expresar de una u otra manera. Sin embargo, qué difícil es comunicar cuando es imposible separarnos del ‘yo’ que llevamos en las arterias, cuando nuestras palabras están cargadas de prejuicios -porque es inevitable- de significados aislados, de imágenes y sonidos individuales; qué complejo exponer una idea cuando frente a nosotros se haya otro que tiene también un ‘yo’ con sus significados y sus delirios que ya tiene que opinar, que contrariar, que discernir…

Sí, vivimos en un mundo egoísta. La comunicación, en la mayoría de los casos, está ahí para que hablemos en voz alta con nosotros mismos sosteniendo la ilusión de que, de alguna manera, al otro le interesa todo el balbuceo que le soltamos, que en la mente del otro se ha grabado nuestro discurso haciéndonos menos efímeros. Y, en el mejor de los casos, cuando el otro maravilloso producto de esta sociedad está interesado en lo que tengamos que decir, seguramente tendrá ochocientos argumentos que escupir antes de que se nos ocurra siquiera introducir a la hipótesis de nuestro absurdo discurso.

Y repito, ¿cómo volver a ese hacer y deshacer, a ese origen, fluir, ser..? Cómo olvidarse del ‘pero…’ a medio discurso, cómo borrarse del otro ignorando nuestro dedo señalándole las estrellas, cómo expresar, porque esa energía revuelta en las entrañas nos dice que hay algo que proyectar hacia el infinito…

Pagina en blanco - Imagen pública
Pagina en blanco – Imagen pública

Escribir.

Escribo porque el único modo de no ser interrumpido es terminar el discurso antes de que el receptor sepa siquiera que hemos empezado. Tomarse el tiempo para sembrar una idea y verla fluir. Escribo porque, como dice Murakami, “soy de ese tipo de personas que no acaban de comprender las cosas hasta que las pone por escrito…”, porque un papel deshabitado es el único mundo en el que la amenaza del silencio obligado se desvanece, donde el vacío no nos halla desahuciados, porque el más grande regalo de ese artilugio infame llamado “sociedad” son las palabras. Porque dice Alejandra, “¿Posibilidades de vivir? Sí, hay una. Es una hoja en blanco, es despeñarme sobre el papel, es salir fuera de mí misma y viajar en una hoja en blanco.”

Y el arte; sí. No olvidemos nunca al arte.