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Postal de Navidad

Navidad - Imagen pública
Navidad – Imagen pública

por María Mañogil

“El niño ha muerto y no es Pascua; es Navidad.
Acaba de nacer y ha muerto de hambre y de frío.
Lo oí llorar, como en el mismo suave susurro que desprenden a lo lejos las olas del mar al roce con el viento, pero no le di importancia. Ya se le pasará, pensé. Y después me dormí”.

Cuando los niños lloran hay que escuchar, siempre tienen algo que decir.

Hoy las luces de mi calle brillan con mayor intensidad que otros días.
Miro a través del cristal de mi ventana, aún cubierta por una especie de neblina, recuerdo de la última vez en la que el cielo cambió su color, de gris a marrón rojizo y en vez de agua clara, arrojó una mezcla de ésta y de barro. El fuerte viento que más tarde pareció salir desde una tumba cavada bajo las aceras se encargó de lo demás: esparcir esa mezcla y ensuciar todo cuanto quiso tocar en su paseo por el mundo de los vivos.

Podría nevar, pero no lo hará. Lo sé porque no siento ese frío helado y seco sobre mi cara, como sí lo he sentido años anteriores.

Abro la ventana y contemplo, ahora con nitidez, las luces blancas y amarillas en forma de estrella que parpadean en los balcones de las casas de enfrente. Debajo de uno de ellos hay un Papá Noel muy grande, casi del mismo tamaño que una persona adulta, intentando trepar por la pared.

Las hojas del árbol que está justo debajo de mi casa bailan al son de la música que desprende el mismo mecanismo que hace apagarse y encenderse las luces de uno de los balcones. Es un vilancico: Noche de paz.

Cuando los niños lloran no hay noches de paz, tan solo se puede buscar la paz dentro de un dibujo, una fotografía o una postal como la que he descrito. Esa es la imagen de la Navidad, la que sale en las postales, pero no es la real.

Navidad - Imagen pública
Navidad – Imagen pública

El espíritu de la  Navidad

Siempre quise que mi Belén tuviera un Caganet. Es la típica figura (muy famosa en Cataluña y en Baleares) de un pastorcillo agachado defecando.

Un año me lo regaló mi madre, pero lo perdí. Quizás uno de mis gatos lo utilizó de juguete y se lo llevó a sus aposentos y a mi perro se le antojó como postre y acabó siendo un Caganet cagado. Nunca lo sabré.

Este año mi Belén es muy pobre. Como debe ser un Belén si queremos recrear lo que en verdad simboliza: el nacimiento de un niño hijo de un carpintero.

No queda mucho de religioso en la Navidad, mas bien se ha convertido en un ritual que sirve de excusa para reunir a familias que no se ven ni se hablan el resto del año, para regalar cosas que no se van a usar en la vida, pero que agradecemos e intercambiamos por otras que sabemos que tampoco van a ser usadas. No importa, lo que cuenta es la intención.

La Navidad es para los niños. Ellos son los verdaderos protagonistas de las fiestas, los que se merecen esa ilusión que perderán con los años y que ahora les hace sentirse como se debería sentir cada niño y cada niña siempre: feliz.

No soy una persona pesimista, aunque a veces lo parezco. En realidad me río mucho y disfruto de cada momento como lo que es, único. Mucho más en estas fiestas.

Me encanta ayudar a preparar la cena de Nochebuena con mi familia y cada año montamos todos juntos una fiesta que incluye karaoke, chistes y anécdotas típicas de cada uno, que se repiten todos los años, pero que no por eso dejan de ser divertidas.

Sólo tengo un problema, no soy inmune al dolor ajeno ni puedo cerrar los ojos ante lo que veo a mi alrededor. Por eso el espíritu de la Navidad no vive en mí del todo; digamos que está moribundo. 

Navidad - Imagen pública
Navidad – Imagen pública

Ningún niño sin regalo de Navidad. Es el nombre, o algo parecido, de una de las muchas campañas que se hacen cada año porque, eso sí, en diciembre nos volvemos todos muy solidarios. Aunque no debería ser solidaridad lo que hiciera que cada niño tuviera un juguete.

Papá Noel y los reyes Magos hacen muy bien su trabajo; no se puede decir lo mismo del gobierno de mi país, igual que el de muchos otros países.

No se trata de hacer campañas solidarias ni de dar limosnas, sino de justicia. Que cada niño tenga un juguete no significa que el resto del año vaya a tener la posibilidad de vivir dignamente, como se merece.

Lo justo sería que cada papá o cada mamá pudiese garantizar que sus hijos comerán todos los días tres, cuatro o las veces que haga falta, con su propio sueldo ganado con su trabajo. Trabajo que hoy se les niega y no porque no haya, pues hay personas en este planeta que ocupan once o doce cargos con sus respectivos sueldos, mientras hay otras que duermen en un banco del parque tapados con unos cartones que encuentran en la basura.

Luego nos llaman inhumanos cuando nos alegramos de que una de esas personas a las que les regalan tantos puestos de trabajo haya muerto, incluso nos llaman asesinos.

Asesino es quien mata, no quien se alegra.

Inhumano es ver que familias enteras pasan hambre, tener el poder de cambiarlo y mirar hacia otro lado.

Navidad - Imagen pública
Navidad – Imagen pública

Inhumano es lo que están haciendo en mi país: decidir no abrir los comedores escolares estas navidades poniendo como excusa que los niños padecen obesidad. Las familias de esos niños no tienen recursos para poder alimentarlos adecuadamente.

No sé de dónde se ha sacado el “señor” presidente de la comunidad de Madrid que las personas obesas no necesitan comer para sobrevivir. Supongo que debió estudiar eso en el mismo curso que parece que les dan a todos los ministros y demás calaña del gobierno de España para aumentar sus capacidades de decir gilipolleces en público. Ese curso lo aprobó en su día la ex ministra de sanidad con matrícula de honor. Por no decir de unos cuantos alcaldes a los que yo les haría un monumento a cada uno al más gilipollas del mes e iría alternándolos cada día, porque no sabría por quién decidirme.

No se me olvida otra estampa navideña publicada recientemente en los periódicos de mi ciudad: El castigo que le fue impuesto hace unos días a una anciana en un comedor social por “mal comportamiento” al quejarse de la comida. Le negaron la entrada al comedor.

Entender que se castigue sin comer a un anciano por quejarse de algo, es imposible para mí, ya que he trabajado durante años con ancianos y jamás se me habría ocurrido imponerles ningún castigo.

Si alguien que trabaja en uno de esos comedores sociales, que se supone ha recibido una formación académica para trabajar allí, se atreve a hacer eso y el ayuntamiento o la comunidad autónoma a la que pertenece se lo permite, ni el alcalde ni el presidente deberían ocupar el puesto que ocupan.

Para tratar con ancianos hay que tener un mínimo de conocimiento y no me refiero a estudios, sino a cordura y sentido común. Lo mismo pasa para tratar con niños.

Cuando es el propio gobierno el que se despreocupa tanto de unos como de otros, no es apto para gobernar.

Tampoco se me olvida que, no escribiendo sino publicando lo que estoy escribiendo, me convierto en una delincuente para mi país, ya que ayer se aprobó en el parlamento una ley mediante la cual la libertad de expresión queda limitada a la voz de unos cuantos y restringida para el resto. Ese resto somos, precisamente, los que tenemos mucho que decir.

Aun así, lo hago a sabiendas de que me pueden sancionar si no pongo especial cuidado en las palabras que escribo (algo que no he hecho ni haré nunca), puesto que a las cosas hay que llamarlas por su nombre.

El villancico

Sigo oyendo Noche de Paz. Me llega el sonido desde las luces blancas y amarillas en forma de estrella y me pregunto si el Papá Noel colgado en el balcón de enfrente sentirá vértigo. El mismo que siento yo al escuchar las palabras que dice la canción con las que he intentado mitigar la melodía repetitiva del famoso villancico.

“Cuando los niños lloran, decidles que lo hemos intentado. Cuando los niños canten, un nuevo mundo comenzará”.

El llanto de un niño debería ser suficiente para llamar la atención de cualquier persona; por desgracia, el llanto de millones pasa desapercibido para algunas.

Mi deseo para esta Navidad es que ningún niño siga nunca el ejemplo de esas últimas.

Para ellos, para los niños es mi postal de Navidad. Para que cambien el mundo, porque sólo ellos pueden hacerlo desde la inocencia y la ilusión.

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Venezuela, mon amour

Venezuela - Imagen pública
Venezuela – Imagen pública

por José Luis Dávila

¿Existen aún las dictaduras? Quienes se preguntan por esto resuelven las más de las veces que sí, que eso que llaman “democracia” los países cien por ciento capitalistas y neoliberales, o los que están en la lucha por maquillarse tan bien que puedan pasar por uno de ellos –como es el caso de México–, no es otra cosa que una forma de dictadura basada en la blanquitud (término acuñado por uno de los más influyentes marxistas de los siglos XX y XXI, Bolívar Echeverría) de las clases sociales, es decir, una dictadura del poder adquisitivo; y quizá tengan razón, quizá este modelo socioeconómico que vivimos en las naciones apegadas a las políticas globalizadoras sea un error.

Sin embargo, quienes aseveran que las prácticas neoliberales son dañinas y que los modelos nacientes de una ideología de “izquierda” (habría que ver antes si realmente saben porque se les denomina de izquierda) están mejor plantados para encarar las necesidades de sus poblaciones y satisfacerlas, no admiten los males que padece tal forma de pensar.

En los últimos días hemos tenido acceso a información realmente desconcertante: en Venezuela, dónde Nicolás Maduro fue casi impuesto por el fallecido Hugo Chávez, existe un régimen “anticapitalista” y “anti-imperialista” que a pesar de funcionar como la nueva prueba de que la izquierda no solamente funciona en teoría, algo que el tambaleante caso cubano estaba empezando a aceptar tras más de 50 años de terquedad bajo el mando de los hermanos Castro, ha caído por su propio peso. En todo el mundo se ha podido apreciar la forma en que el gobierno “bolivariano” de Maduro hace uso de las mismas tácticas de represión que los gobiernos a los que ataca en sus discursos, incluso yendo en contra de los ideales implantados por su antecesor Chávez, quien, aunque tampoco era muy congruente con sus actos, al menos era consciente del poder que el pueblo tiene la capacidad de alcanzar.

Venezuela - Imagen pública
Venezuela – Imagen pública

Vídeos, fotografías, declaraciones y más han sido subidos a las redes sociales, y sobre ellos se han escrito varios artículos ya, la mayoría condenando la vileza, y es que no hay otra palabra para llamar a esto, de las acciones del gobierno venezolano para reprimir las marchas evidentemente pacificas de estudiantes y ciudadanos interesados en mejorar sus condiciones de vida.

Lo más preocupante del caso es que haya personas que aún viendo las imágenes de violencia innecesaria, y escuchando las justificaciones sacadas de la manga del presidente Maduro, crean en que esa es la vía para mejorar las cosas en cualquier país, haciendo deferencias ante su ideología, aceptando razones por demás estúpidas para actos despóticos y abiertamente dictatoriales, como hacer una comisión encargada de vigilar lo que se dice del gobierno en redes sociales en vez de enfrentar los problemas económicos por los que atraviesa su administración, o actos mesiánicos, como aseverar que el espíritu del comandante Chávez se manifiesta en las piedras con su imagen; si lo pensamos, un gobierno que se maneja así está a un paso de ser hitleriano.

Como él, en México también tenemos personalidades políticas que tienden hacia esa ideología. Andrés Manuel López Obrador encabeza la lista, seguido de Gerardo Fernández Noroña, y muchos otros que no sería el caso mencionar; y no es que tengamos el mejor gobierno en la actualidad, sino que es preferible tener un gobierno corrupto abiertamente del que ya se sabe su modo de operar y por eso mismo es posible encontrar fallos en el mismo que permitan acciones seguras de protesta, a uno que se autocalifique como patriótico, nacionalista y cercano a la gente, cuando por debajo de la mesa es quizá peor de lo que se puede imaginar, y del que no se puede predecir su reacción.

Nicolás Maduro - Imagen pública
Nicolás Maduro – Imagen pública

Entonces, ¿es Nicolás Maduro un dictador? Quizá no ahora, pero pronto, si en Venezuela no se hace nada para detener el proceso que ya está activo. Nicolás Maduro sería muy ingenuo si no supiera que los cambios se avecinan, que debe cambiar su forma de interactuar en público, porque lo que empezó como una risa ante sus ocurrencias e ignorancia en los primeros meses de administración, ahora es motivo de incomodidad y espanto.

P. D.: De un país derrotado a otro: no se rindan.

La apuesta del poder por la desigualdad social

Economía - Imagen pública
Economía – Imagen pública

por Justo Bueno

Es evidente el amplio rechazo ciudadano y masivas resistencias populares frente a la situación de desigualdad social, reforzada por la crisis económica y la política dominante de austeridad. Sus consecuencias más directas son el paro insostenible, la reducción del poder adquisitivo de los salarios medios y bajos, además de un acentuado recorte de los servicios públicos como sanidad, enseñanza, protección social y las prestaciones legítimas de pensiones y desempleo.

La deslegitimación de los poderes públicos, por su gestión anti-progresiva, culpando y exigiendo responsabilidades a los no causantes de la crisis económica, plantea un cambio de rumbo, más antisocial y menos democrático. Así, es crucial el desarrollo de la pugna cultural por la legitimidad de la actuación de los distintos agentes respecto de la desigualdad social.

La clase política, muy lejos de la social y académica, acentúa la desigualdad, sus consecuencias y sus causas, que están produciendo en la ciudadanía una desconfianza sobre algunos agentes sociales y políticos alejados de los interesados en su reducción; para ello es necesario aplicar medidas apropiadas para revertirla y construir un modelo económico, una sociedad social más igualitaria, con sistema político e institucional más democrático y menos corrupto. Que luche contra esta gestión antisocial, autoritaria, que reconoce parcialmente la realidad de la desigualdad social y el malestar ciudadano, intentando eludir sus responsabilidades y desviar el camino, socialmente más adecuado, para revertirla.

Dada la gran legitimidad ciudadana para tener un gobierno que se preocupe de la reducción del paro y la creación de empleo decente, así como el gran pacto de los derechos socio-laborales, la protección social y el Estado de bienestar, pero el Gobierno (y sectores afines) intenta anclar su política neoliberal haciéndola pasar como medio necesario e inevitable para esos objetivos. Sus medidas de destrucción de empleo, las reformas laborales inquisitorias o la reducción de la protección al desempleo sin motivos que lo justifiquen, dicen que son mecanismos para ‘crear empleo’, como único fin generar división entre la gente empleada y parada. Un gobierno ilegitimo de recortes sociales en protección social, pensiones, educación o sanidad y el proceso de deterioro de los servicios públicos no nos presenta como un medio para la ‘sostenibilidad’ del Estado de bienestar.

Desempleo - Imagen pública
Desempleo – Imagen pública

Un gobierno cuyas ideas de que el empleo (de mañana o de otra década ) se crea con el mayor desempleo de hoy, o que el Estado de bienestar se asegura desmantelándolo, no son aceptables para la mayoría ciudadana, a pesar de la gran ofensiva mediática que se hace desde los medios de comunicación. Esa disociación discursiva y ética de pretender justificar unas medidas regresivas como medios (negativos) para unos fines (positivos) de bienestar no termina de cuajar en la mayoría de la población, que manifiesta su desacuerdo con su carácter injusto y antisocial.

Los portavoces progubernamentales son capaces de imponer la idea de que son sacrificios parciales y provisionales, en aras de un futuro mejor o para el interés general. Es más realista la idea que sigue compartiendo la ciudadanía indignada de que esas políticas regresivas son más coherentes con sus auténticos fines: por un lado, la reapropiación de riquezas y poder por las oligarquías económicas y políticas, y, por otro lado, la ampliación la desigualdad de la mayoría de la población, con una posición más precaria, subordinada e injusta.

Igualmente, las principales instituciones internacionales, como la OCDE (Que vaya tela con el nombre), aun reconociendo elementos extremos de la desigualdad, pretenden neutralizar las opciones para su transformación, eludir las responsabilidades del mundo empresarial e institucional y situar su (pretendida) solución en los sobre esfuerzos individuales de la población: la ‘empleabilidad’, echando la responsabilidad del desempleo masivo en la inadaptación profesional de trabajadores y trabajadoras; o bien, a la opción de más esfuerzo educativo de los jóvenes, cuando existe una generación muy cualificada académicamente sin poder encontrar empleo decente y se redobla la desigualdad de oportunidades ante los auténticos problemas educativos.

Manifestacion Democracia Real Ya - Imagen pública
Manifestación Democracia Real Ya – Imagen pública

Grandes instituciones y Gobiernos Europeos insisten en la continuidad de la austeridad, con sus efectos desigualitarios y de empobrecimiento, particularmente en el Sur, a la vez que intentan sortear los procesos de deslegitimación popular. El mayor riesgo para los poderosos es la aparición de dinámicas de resistencia popular y democrática que cuestionen la estabilidad de su hegemonía política e institucional. Es cuando el poder establecido redobla su ofensiva política, autoritaria y mediática, frente a la reafirmación de la legitimidad ciudadana y la capacidad movilizadora y representativa de los movimientos sociales progresistas o agentes sociopolíticos que, al amparo de una amplia cultura cívica, cuestionan sus estrategias y su gestión liberal-conservadora.

Se establece una lucha cultural y sociopolítica, soterrada o abierta, con gran desigualdad de poder y de futuro incierto, entre la ciudadanía activa, con fuerte apoyo popular, la oligarquía de los poderosos, mientras permanecen confusos, pasivos o temerosos, sectores significativos de la sociedad. El proceso de deslegitimación de la desigualdad social, en España y a nivel europeo y mundial, ya ha comenzado. El pueblo informado y bien dirigido será capaz de restablecer la paz social y económica.