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Ghostbusters y la absurda obligación de ser incluyente

por E. J. Valdés

Ya es por todos sabido que la nueva cinta de Ghostbusters, a estrenarse en julio, ha atraído un odio como no se había visto en los años recientes del cine. Hoy por hoy, el primer avance que mostrara Columbia Pictures es el más denostado de cuantos se pueden encontrar en YouTube, y la conversación en torno al mismo está tan caliente como las llamas del infierno: los detractores, por un lado, dan por hecho que la película será un fiasco, e incluso youtubers como James Rofle han llamado a boicotearla, mientras que otros tantos usuarios afirman que no se puede juzgar la calidad del producto por un avance y que hay que esperar a verla para emitir un veredicto.

Ghostbusters - Imagen pública
Ghostbusters – Imagen pública

También se ha dicho bastante sobre la decisión de los productores de relanzar la franquicia con un equipo conformado por mujeres, y es justo este punto el que me trae a escribir estas líneas: muchos defensores de la cinta sostienen que la reacción al avance ha sido machista, que todo aquel al que le desagrada es un misógino que no tolera ver a un cuarteto de féminas hacerse de los uniformes y los proton packs. Absurdo; a todos ellos les diría que antes ya hubo una chica en las filas de los Cazafantasmas: Kylie Griffin, en la serie animada Extreme Ghostbusters (la cual, por cierto, sí servía como secuela a las dos cintas originales).

No, el coraje de los fans hacia esta nueva producción no tiene que ver con un conflicto de género, sino con lo que el estudio y el director han hecho con una de la franquicias más queridas del cine y la animación; Ghostbusters y su secuela de 1989 fueron comedias brillantes, mientras que la nueva… Vaya, parece cualquier otra película de Melissa McCarthy, con un humor tan burdo y simplón que hasta da pena.

Ghostbusters - Imagen pública
Ghostbusters – Imagen pública

Sin embargo, ha poco me topé con un comentario que sí denosta al elenco femenino, y éste fue escrito por una mujer. Pero no se emocionen, pues la que pudiera escucharse una opinión interesante es en realidad una de las más estúpidas que me he topado al respecto: Janessa Robinson, de The Guardian, afirma que la cinta no es incluyente porque no hay mujeres latinas, asiáticas y nativas americanas en el equipo. También señala racismo implícito en el personaje de Leslie Jones, pues no sólo es la única Cazafantasmas afroamericana, sino que es la única que no tiene un grado académico. Me queda claro que Robinson no ha visto las películas anteriores, pues, si no me falla la memoria, en el equipo original también había un solo integrante afroamericano (Ernie Hudson) y éste, a diferencia de sus compañeros, no era un científico. Y tengo la certeza de que nadie llamó racistas a Dan Aykroyd ni a Harlod Ramis, ni les reclamó la ausencia de Cazafantasmas filipinos, iraquíes o salvadoreños. Y eso fue porque ellos escribieron así a los personajes. Punto. Tal parece que hoy toda película debe tener una cuota de minorías para ser socialmente aceptable.

Según lo razona Robinson, era obligación de los escritores inventar a una Cazafantasmas latina, a una Cazafantasmas asiática, a una Cazafantasmas india, a una Cazafantasmas lesbiana, a una Cazafantasmas musulmana, a una Cazafantasmas madre soltera, a una Cazafantasmas adolescente embarazada, a una Cazafantasmas vegana y a una Cazafantasmas transgénero para que todos se vieran representados. ¡Qué estupidez!

Ghostbusters - Imagen pública
Ghostbusters – Imagen pública

Lo peor del asunto es que tal parece que opiniones como la suya son las que ahora regulan a Hollywood, pues no sólo una queja de Will Smith puso en jaque la última ceremonia de los Academy Awards, sino que ahora hay movimientos que pujan porque el siguiente James Bond sea interpretado por una mujer o porque en la próxima entrega de Star Wars se revele que Poe Dameron es homosexual. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cuál es el problema con aceptar a los personajes como los escribieron sus creadores? Considero que ellos no tienen la obligación de dar gusto a todo mundo, porque si así fuera, yo quiero que revivan Beverly Hills Cop con un actor blanco en lugar de Eddie Murphy, o que hagan de nuevo The Fresh Prince of Bel-Air con una chica rubia en lugar de Will Smith. ¿Cuánto apostamos a que eso no sería llamado inclusión?

Quiera Júpiter que esta Era del absurdo en el cine en pos de la inclusión termine antes de que nos llegue el remake de El Padrino con una afroamericana lesbiana en el papel de Vito Corleone, o la nueva biografía de Rosa Parks con Woody Harrelson en el papel estelar.

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Hay un proceso de privatización del lenguaje: entrevista a Vivian Abenshushan

Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal
Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal

Por José Luis Dávila y Carlos Morales Galicia

¿Cómo fue que se editó Be y Pies de Gabriel Wolfson?

Yo conocí el libro hace varios años, en el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, de la que fui tutora una generación, y uno de los libros más sobresalientes, probablemente el que tenía más contundencia en términos de escritura, era un libro de Gabriel Wolfson, entonces me interesé mucho en seguir su proceso y en preguntarle qué tenía, que me enviara a la editorial. Y los dos relatos largos, no los llamaría cuentos, creo que es un error considerarlos cuentos porque son justamente dos relatos que, por sus estrategias, por el tipo de recursos que provienen de otros géneros, están todo el tiempo haciendo una crítica de las convenciones del cuento como género. Entonces por eso no los llamo cuentos, no lo considero propiamente un cuentista sino un narrador que está abriendo las posibilidades de la narrativa. Y nuestra editorial, Tumbona ediciones, es una editorial pequeña, independiente, con una búsqueda estética particular que tiene que ver justamente con hacerse la pregunta, que es una pregunta que no podemos dejarnos de hacer quienes escribimos, quienes leemos, quienes editamos, que es ¿qué es la escritura y qué podría llegar a ser? Seguir pensando a la escritura como un organismo vivo, que muta, que se va modificando, que dialoga con los contemporáneos y, a veces, la industria editorial más comercial impone una serie de criterios que estandarizan la misma producción literaria.

En México, como en muchas partes del mundo, el género hegemónico, llamémosle así, es la novela, porque sigue siendo el género con mayor prestigio, a veces en términos literarios pero sobre todo en términos de rentabilidad; es lo que te piden las editoriales cuando eres un escritor, a mí me lo han pedido mis editores y les digo “Bueno, pero si a mí la novela como género me parece un género que dejó de mutar, que dejó de dialogar con el presente, que después de un proceso de experimentación en los años 60 se replegó en convenciones que ya no dialogan con lo que está pasando, con la lectura en internet, con las modificaciones incluso políticas del mundo, me parece que hay que buscar otros géneros”.

Hay una frase de Walter Benjamín que leí recientemente, de su ensayo El autor como productor donde dice: “No siempre hubo novelas, no siempre tendrá que haber novelas”, es decir, ¿cuáles son esos otros géneros distintos, esas otras formas que están emergiendo, que están surgiendo en este momento? Creo que una editorial independiente puede abrir los espacios para que esa exploración, esa experimentación y esa búsqueda formal sean posibles. Porque ni en los espacios de los suplementos, que además son muy exiguos -sobreviven muy pocos suplementos en México-, generalmente publican cosas muy acotadas, artículos, poemas, no hay posibilidad para explorar otras formas de escritura. Entonces las editoriales independientes surgimos como una necesidad vital de la cultura y de la escritura para abrir otros caminos.

Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal
Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal

En ese sentido, por ejemplo lo que tú dices sobre la novela, ¿está en tu trabajo?  Tenemos entendido que tú tienes un proyecto de novela.

Es una no-novela (ríe). En realidad no sé cómo llamar a lo que estoy haciendo y creo que eso es lo más importante de la exploración en la que me he metido en este momento porque es precisamente una pregunta sobre qué otras formas pueden surgir. Y esta exploración nació de la dificultad fundamental mía de escribir una novela y de la presión que sentía por el medio, por las editoriales de escribir una novela, y entonces todo el libro me estoy preguntando ¿por qué me resisto  la novela, de dónde proviene esa resistencia?, en términos formales, estéticos, intelectuales y también mucho más personales. Es un libro que no es un libro tampoco, que en realidad es un archivo que estoy escribiendo, no en cuartillas sino en tarjetas, es un tarjetero, que no tiene lomo, que no se lee de manera lineal y continua como se lee un libro, sino de manera aleatoria, azarosa, permutante, donde el lector es también un creador, un productor, porque cada lectura, cada vez que el lector elige una tarjeta produce una lectura distinta a la de cualquier otro lector, entonces hay una idea también creativa de la lectura. Esto no es nuevo, este proyecto al que todavía no llamaré novela, le he puesto el nombre de novela inexperta, y se llama Novela inexperta: título provisional, o sea la frase forma parte del título, la gente cree que es porque es un título provisional, pero me interesa jugar con la idea de lo provisional, de lo provisorio, de lo que no está todavía clausurado, de lo que está en exploración, en proceso. Yo lo llamaría la historia o el relato de un proceso de escritura, eso es lo que estoy haciendo; una parte del archivo que es un tarjetero, que está dividido, como todos los archivos, en distintos ficheros, uno es un cuaderno de escritura donde describo todo este proceso de interrogación, es como un cuaderno donde me voy preguntando cuál es mi relación con la novela, cuál es mi relación con el fragmento, cuál es mi relación con el plagio, cuál es mi relación con la cita, con la idea de la comunidad de lengua.

Hay otro archivo, al que llamo “el archivo de los artistas de la ficha”, donde hago una investigación de todos los escritores y artistas que han usado la ficha como recurso estético, desde Duchamp hasta Walter Benjamin, David Markson, un escritor muy cercano, contemporáneo, filósofos como Roland Barthes, Wittgenstein, artistas como el neoyorkino Matta Clark, etc. El recurso de la ficha como formato estético ha existido durante mucho tiempo, entonces elaboro una pequeña investigación sobre esos artistas de la ficha o sobre artistas que se negaban a publicar, o que escribían en papeles dispersos y no en la idea del libro como algo lineal, como una hoja que sigue a otra, que sigue a otra, como un discurso continuo sino como un discurso más bien fragmentario, aleatorio, un poco de caracoleo, en el movimiento de la lectura.

Otro de los archivos es lo que yo llamo la novela inexperta propiamente dicha, que es el origen de la novela que alguna vez quise escribir, que es la historia o el relato de los negros literarios en la industria editorial, pero lo introduje en una especie de espacio ficticio que es un barco, como los barcos negreros que realmente existieron, donde se traficaban esclavos, pero aquí son esclavos de la letra, entonces son negros literarios que se dedican a escribir los libros de otros pero no cuenta una historia, lo único que se escucha son testimonios, algunos de los cuales extraje de otros libros, de internet, de entrevistas, sólo se escuchan voces de negros literarios contando esta relación compleja, ambigua, distorsionada de la escritura y de la explotación dentro de la escritura. Otro de los archivos es una historia del libro, digamos desde sus orígenes, es un libro totalmente desbordado que podría ser infinito, como cualquier archivo podría seguir y sí estoy un poco enloquecida con el proyecto (ríe), temo no llegar nunca a un fin porque no es un libro que tenga un principio y un fin, que va acumulando información. Otra de las cosas importantísimas que quisiera decir ya para terminar de hablar de este proyecto es que uno de los recursos centrales que estoy usando es la reescritura, la copia, la falsificación, el plagio, extraer recursos de distintos lugares, usar citas sin comillas, a veces junto el fragmento, el pedazo de una frase, qué se yo, de Macedonio Fernández, combinado con una frase, qué sé yo, del periódico que leí en la mañana, hago lo que hoy se llama mashups. Entonces junto lo alto con lo bajo, la cultura popular, la cultura de todos los días, la información frenética y la sobreabundancia textual en la que vivimos con la búsqueda de sentido al mismo tiempo, entonces hay muchas exploraciones simultaneas en el libro, es uno de los proyectos, digamos, en algún sentido más ambiciosos en los que me he involucrado en los últimos tiempos y está en proceso.

Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal
Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal

Ya que mencionas todo eso, me hace pensar en muchas cosas, desde Milorad Pavic con Diccionario Jázaro o Pieza única, que son dos libros en un libro o Vila Matas con Bartleby y los suyos que son estos pequeños como fragmentos de historias, y toda esta experimentación me lleva a pensar de todo lo que dices, ¿realmente crees que el panorama literario en México o al menos el panorama que tenemos cerca esté buscando hacer estos formatos?, ¿realmente crees que estos formatos sean algo que va a incidir o que ya esté incidiendo en la literatura en México, que se está buscando o incluso que el público está preparado para ello desde un escritor mexicano?

Yo creo que hay dos momentos, dos respuestas. Una sería no, que sería la respuesta tradicional, la literatura mexicana es muy convencional, está todavía atada a una tradición en el libro, en el prestigio que existe, pero también desde hace 10, 15 años hay una recombinación en las formas de lectura y de escritura que en otras generaciones, aunque también en la mía, tiene ya repercusiones concretas, reales, visibles. Hay muchos proyectos híbridos, hay muchos escritores, artistas, poetas que están combinando lenguajes, que están haciendo literatura digital, hay ahora mismo en la Ciudad de México todo un congreso sobre literaturas electrónicas, lo cual significa que ya hay un espectro y unas coordenadas creadas para que esa literatura y esas formas de escritura mutantes, llamémoslas así, tengan un público, tengan lectores, tengan retroalimentación, diálogo, discusión. Y yo creo que sí existe sin duda, porque además tecnológicamente los medios ya están ahí y creo que las formas de lectura, por ejemplo el de ustedes, ya no sienten esa tensión o ese rechazo ante los textos más simultáneos que produce internet, o la capacidad de trasladar enormes cantidades de texto de un archivo a otro simplemente con hacer copy paste, algo que era impensable cuando se usaba todavía la máquina de escribir, aunque la copia es un recurso que viene desde los sesenta y desde las vanguardias. Entonces yo creo que es la continuación de una línea experimental de la literatura que ha existido desde la modernidad, desde principios del siglo XX, quizá desde antes con Mallarmé, y que siempre ha sido de algún modo periférica, marginal y luego con la poesía concreta, con la poesía sonora, y que en estos momentos de algún modo sigue siendo periférica y marginal pero encuentra sus propios circuitos.

Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal
Vivian Abenshushan -Fotografía de Andrea Garza Carbajal

Eres una de las pocas escritoras en México que trata de sostener en su obra un diálogo con la situación que se vive en el país, constantemente haces una labor activista sobre esta situación tan horrible en la que vivimos, ahora con este acuerdo transpacífico en el que sobre todo se pone en mira el tema como del plagio, el derecho de autor, ¿ese tipo de recursos crees que lleguen a afectarse con este tratado, que ya está a punto de firmarse si no es que ya se firmó y no lo sabemos?, ¿tú como editora y escritora qué piensas sobre esto y cómo tratar de remar en contra de este monstruo que va a venir a poner aquí un pie en torno a la actividad creativa y editora?

Acuerdo transtrágico diría yo. Bueno, la escritura usualmente se ha abierto paso como la mala yerba, en las peores circunstancias, es decir, los procesos de censura bajo los que ha vivido la escritura desde la inquisición, desde la persecución, no son nuevas; lo que pasa es que vivimos en una falsa democracia liberal donde se supondría que este tipo de persecuciones y censuras no tendrían que existir y que ahora, digamos que en lugar de venir de un estado totalitario y censor provienen del capitalismo mismo. Hay que estar muy alertas, hay que entender este proceso y combatirlo con las herramientas que siempre ha usado la escritura que es la frase, la palabra, el lenguaje, la discusión, la argumentación, el pensamiento crítico, la imaginación. Y que por supuesto que este tratado transtrágico es parte del proceso necrocapitalista; hay una definición de capitalismo este colectivo invisible que nunca sabe uno de dónde viene pero que tiene publicaciones subversivas muy importantes y filosóficas, ha llamado al capitalismo como un proceso de demolición de todo lo existente, estamos en un proceso de demolición de todo lo que existe, de la vida misma que se ha puesto en suspenso, donde los cuerpos y las personas son también mercancía, son traficables.

También hay un proceso de privatización del lenguaje. Hay que entender que todas las leyes antiplagio, todas las leyes de los que yo llamo derechistas de autor, porque me parece una forma de reacción anticultural, toda la forma en que las grandes corporaciones mediáticas han presionado para modificar las leyes de derechos de autor, usando chantajista y manipuladoramente a los autores como a las personas a las que defienden, en realidad lo que están haciendo es asfixiar a la cultura, encerrarla, reducirla a un mero producto, cuando esto lo ha discutido ampliamente Cristina Rivera Garza, en México, y en otros lugares muchos otros colectivos muy importantes y varios de los autores que hemos publicado en nuestra antología contra el copyright en la Tumbona, y que además se puede descargar de manera libre, gratuita y distribuirse, fotocopiarse, deformarse, plagiarse y los etcéteras que quieran poner, el lenguaje, lo que dicen todos estos autores, es un espacio común, las palabras, estas palabras que estoy usando no son mías, son de todos. El lenguaje en un espacio público, es un espacio político, es un espacio que habitamos todos. Cuando yo escribo, no escribo a solas, aunque esté escribiendo yo, tratando de abstraerme del mundanal ruido, estoy precedida por todas las lecturas que he hecho de todos los escritores y escritoras, no procedo, digamos no nazco de la nada como escritora sino de un diálogo permanente con los otros. Entonces, este cerco alrededor de la escritura, la publicación y la simulación del conocimiento producida por las nuevas leyes de patentes y de propiedad intelectual lo que hacen es privatizar el lenguaje, privatizar la cultura como también quieren privatizar el agua, privatizar el aire, privatizar la tierra, despojarnos de nuestras tierras, de nuestras semillas, de nuestros alimentos, es parte de un proceso, de una voracidad y una depredación brutal frente a la que la literatura tiene una batalla que librar en el territorio de la literatura que es el lenguaje.

El día de la igualdad de género

Igualdad - Imagen pública
Igualdad – Imagen pública

por María Mañogil

Poned una fecha cualquiera, la que queráis…A mí se me ocurre una en honor a un buen amigo que fue el que, con un comentario suyo, sincero y honesto, me inspiró para escribir esta columna. El día no tiene importancia…Lo que importa es que la igualdad sea real, sea constante y sea verdadera y que para defender los derechos de unos no se violen los de los otros.

Las mujeres hemos estado discriminadas desde hace siglos, más bien diría que desde siempre. Nunca he entendido el porqué, ya que hombres y mujeres pertenecemos a la misma especie…Aunque tampoco entiendo el porqué se discriminan a otras especies (pero eso es otro tema que merece una columna entera para hablar sobre ello).

Hombres y mujeres somos diferentes, eso es obvio y nadie lo puede discutir, al menos en algunos aspectos sobre todo físicos, pero no sólo esas diferencias se pueden apreciar entre personas de diferente sexo, ya que todos, absolutamente todos somos diferentes. No existe ninguna persona (ni siquiera los gemelos monocigóticos, los cuales comparten el 100% de su ADN) que sea exactamente igual a otra.

A pesar de eso convivimos, o deberíamos convivir como lo que somos: personas diferentes pero parecidas al fin y al cabo.

Deberíamos tratarnos todos por igual, “en todo”. En sentimientos, (ya que todos sentimos), en derechos, en oportunidades…Pero cuando digo en todo me refiero a TODO, no sólo a lo que nos conviene a algunos y algunas.

El hecho de ser mujer no me hace ser ciega ni sorda a las cosas que estoy viendo y escuchando a diario, ni me hace girar la cabeza hacia otro lado para no ver lo que es evidente y lo que mucha gente, (no entiendo la razón) se niega a ver.

Ya que yo antes de ser mujer soy persona, voy a hablar desde un punto de vista neutral y voy a escribir lo que quizás mucha gente piensa y no se atreve a decir: las mujeres porque todavía estamos en lucha contra la discriminación a la que aún hoy se nos somete y reconocer ciertas cosas nos haría parecer sumisas frente a esa discriminación, (lo cual no es cierto); los hombres porque si hablasen de esto serían catalogados automáticamente de machistas y de estar a favor de dicha discriminación hacia la mujer, (algo que tampoco sería cierto).

Igualdad - Imagen pública
Igualdad – Imagen pública

Por suerte o por desgracia, tengo la manía de decir las cosas que mucha gente no  quiere escuchar, al igual que me pasaba en el colegio cuando levantaba la mano para preguntar algo que no sabía y mis compañeros me miraban como si fuese idiota y a mí nunca me importó que lo pensaran. Si de pequeña me traía sin cuidado lo que pensaran de mí, menos me importa ahora que soy adulta. Así que no me voy a callar lo que otros se callen y estoy completamente segura que tanto hombres como mujeres se verán reflejados en este texto. Me gustaría ver cuantos y cuantas lo reconocen abiertamente.

Las mujeres tenemos un día dedicado a nosotras: el 8 de marzo. En honor y en recuerdo a las 130 trabajadoras que murieron quemadas en 1908 mientras reclamaban y defendían sus derechos en sus puestos de trabajo. (Algo digno de admirar y un homenaje muy merecido).

Las madres también tienen (tenemos) nuestro día. Los hombres también, pero sólo y exclusivamente los que son padres, los demás no. Incluso los animales tienen un día dedicado a ellos. Aunque esto, a mi modo de ver tiene escasa importancia, ya que al igual que el día de San Valentín lo veo como un negocio y una incitación al consumismo. Pero sí que es cierto que hay otras cosas que son descaradamente discriminatorias hacia los hombres. Y digo “descaradamente” porque se hacen sin esconderse, delante de ellos y delante de otras personas. Ni siquiera se disimulan. Parece ser que están bien vistas por la sociedad e incluso nos parecen lo más normal del mundo.

No puedo entender que si las mujeres estamos pidiendo desde hace tanto tiempo la igualdad y luchando por ella, ahora, en pleno siglo XXI muchas de nosotras nos dediquemos a intentar hacer lo mismo que hicieron con nosotras. No me parece justo que tengan que pagar por eso todos los hombres, cuando muchos de ellos están a nuestro lado luchando y defendiendo con nosotras nuestros derechos.

Al igual que un día escribí sobre la violencia machista, hoy me veo en la obligación moral de escribir sobre el desprecio y las injusticias a las que están sometidos muchos hombres. Creo que esto es bastante coherente con mi forma de pensar sobre la igualdad de género. Si no lo hiciera me estaría convirtiendo en cómplice de las cosas que estoy viendo demasiado a menudo. Y no quiero.

En el centro de salud que me corresponde por la zona en que vivo sólo hay un especialista en ginecología y es un hombre. Conozco muchas mujeres que simplemente no acuden a sus revisiones por ese motivo, poniendo así en grave peligro su salud. Otras, en cambio no quieren arriesgar su salud, así que, como he dicho antes “descaradamente” piden un cambio de centro donde haya una ginecóloga para ser visitadas allí. Además lo dicen así de claro: “No quiero que me visite un hombre”. La persona encargada de hacer el cambio no pone ninguna pega y ni siquiera le parece mal. Por supuesto que todos tenemos derecho a cambiar de médico si no nos atiende bien el que tenemos, pero ¿por razones de género? ¿Eso no es denunciable? Yo creo que sí, pero nadie denuncia. Si estamos en la caja del supermercado esperando para pagar y un hombre se niega a ser atendido por la cajera por el hecho de ser mujer y pide que le atienda otro hombre, ¿qué pasaría? ¿Llamarían a un cajero para que le cobrara? Yo creo que no. Eso sería un claro ejemplo de discriminación de género y no se permitiría, sin embargo rechazar a un profesional que ha estudiado medicina, (una de las carreras más difíciles que  hay y que posteriormente ha estudiado un posgrado, con el esfuerzo y el tiempo que eso supone) por el simple hecho de ser hombre, no está considerado discriminación.

Igualdad - Imagen pública
Igualdad – Imagen pública

¿Cuántas mujeres contratarían a un hombre como canguro para sus hijos? Yo de momento no conozco a ninguna.  Un hombre está tan capacitado para cuidar a un bebé como lo está una mujer. De hecho, muchos hombres están cuidando a sus hijos mientras su mujer trabaja, o los cuidan los dos porque ambos trabajan fuera de casa y compaginan las dos actividades.

Podría poner muchos más ejemplos pero creo que todas y todos los conocemos de sobra.

Que las mujeres hayamos sido discriminadas todo este tiempo no justifica de ninguna manera que hagamos ahora lo mismo con los hombres. Luchar por nuestros derechos no significa intentar restar los de los demás. De este modo estaríamos haciendo lo mismo que denunciamos. No tiene ninguna lógica.

La igualdad no significa estar por encima de… Ni estar por debajo de…

La igualdad significa estar al lado.