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Blind Spots, la mirada de Robert Weissenbacher

por José Luis Dávila

No encuentro mejor manera de decirlo: Robert Weissenbacher es un sujeto excepcional que se merece, como pocos, el denominativo de artista. Quizá sea que en su obra no hay pretensiones de más, ni rodeos, ni superficialidades. Cada una de sus piezas llegan directo a lo que quieren tratar, temas que surgen de una reflexión en el sitio, de la cultura y las experiencias que ha adquirido durante su estancia en México.

Así, Blind spots, la muestra que se puede ver en Galería Liliput, es un recorrido de los últimos tres meses del artista, de las personas y los lugares, por ejemplo, pero también del choque cultural que le ha supuesto el viajar, tanto fuera de su geografía habitual como fuera de su zona de confort creativo. Robert logra hacer que sus pasos se vean reflejados en los lienzos y provoca interpretaciones personales en los espectadores, quienes se podrían cuestionar la pertinencia de elementos como los ángeles o las máscaras, propios de la localidad, en un artista que se encuentra elaborando las piezas de manera constante y específica para el lugar en que se encuentra.

De tal modo, Blind spots da la sensación de ser una exposición de miradas que observan y son observadas, de espejos en los que uno se puede encontrar dentro de los trazos y sus formas, desentrañando a quienes habitan esos puntos ciegos de nosotros mismos, eso que no quieren ser observados ni siquiera por sí mismos.

Link al sitio web de Robert Weissenbacher: http://robert-weissenbacher.eu

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Apocapitalismo: Rive Díaz Bernal en Liliput

Apocapitalismo, de Rive Díaz Bernal - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Apocapitalismo, de Rive Díaz Bernal – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

por Jessica Tirado

Pocas veces una exposición puede conectar tan orgánicamente con quién la mira como sucede con las piezas que ahora se exhiben en la Galería Experimental Liliput, y es que estamos acostumbrados a que el arte es algo conceptual que, si bien es provocativo, tiende a ser algo un tanto alejado del espectador: grandes obras que pueden quedar marcadas en quien las admira pero que no van más allá de, precisamente, la admiración; sin embargo, Rive Díaz Bernal no sólo usa su experiencia para crear la obra, sino que convierte sus objetos personales en la obra, haciendo de Apocapitalismo una experiencia artística e íntima en varios niveles.

*Lo efímero

En la primera parte hay piezas de fotografía que contienen experimentos realizados por el autor. En un objeto que representa la tecnología pasada de moda, como puede ser un celular o un VHS, cultiva plantas que tienen un periodo de vida corto, por ejemplo. Estando frente a la obra nos encontramos dos realidades: la primera es la fotografía en sí misma, un objeto que puede durar mucho tiempo, tendrá una caducidad en algún momento el papel fotográfico y la impresión pero durará más que lo fotografiado, y eso nos lleva a la segunda realidad, pues no sólo las plantas que germinan en estos objetos tienen una vida corta, los propios objetos son desechos de la sociedad de consumo. Rive Díaz Bernal nos platica que para una de las piezas fotografió su propio celular, que utilizó hasta que la máquina dejó de funcionar y no cuando la sociedad le dijo que lo cambiara porque ya no estaba de moda, es ahí donde el plano personal empieza a ganar terreno sobre el del arte de aparador.

*La memoria

En la exposición hay un interesante libro que está a lado del de visitas, es una introducción a la obra general del artista en palabras de estudiosos del arte; ahí vemos un esbozo de la riqueza de la obra. Una de la piezas comentadas en dicho libro es un disco duro, un objeto común que muchos hemos llegado a tener (o al menos un dispositivo de memoria electrónico), es ahí donde la conexión artista-espectador se fija, la historia de este disco duro comienza desde que Rive Díaz Bernal guarda ahí registro de sus obras y algunas de sus piezas en electrónico. Podríamos decir que la información está segura, pero en realidad no sabemos qué pasa ni en qué parte específica de ese aparato se encuentran nuestros datos; un día el disco dura empieza a fallar, hace ruidos extraños, la computadora no lo reconoce y el artista busca ayuda, pasado el tiempo, como todo dispositivo deja de funcionar, entonces toda esa información se queda atrapada, la memoria se petrifica, no hay forma de acceder a ella y se vuelve un objeto que contiene arte y recuerdos.

*El consumismo innecesario

Hay una pieza muy interesante que se presenta como normalmente veríamos expuestos, en la casa de un cazador, ejemplares de caza. Rive Díaz Bernal toma el formato de exihibición y lo transforma, los objetos exóticos que él nos muestra son aparatos que en algún momento fueron los primeros en su tipo en interactuar con la sociedad. Reafirmando un poco la idea de la memoria, encontramos objetos que en los 90´s eran realmente deseados. Quién no quería tener un celular, aunque fuera un armatoste enorme y las posibilidades de comunicación fueran limitadas, o por ejemplo, los beepers que en sus inicios fueron más populares entre doctores y empresarios y luego la gente los quiso usar en la vida cotidiana, los jóvenes de esos años obtenían un estatus social un paso más arriba si tenían un walkman, pero justo en esta pieza nos encontramos objetos más modernos que conviven perfectamente con esta idea, el primer iPod, un iPhone 3, que son muy superiores a esos objetos del siglo pasado pero que también su época ya fue, la gente quiere lo nuevo, los cambia tan fácil y rápido que no se da cuenta que en ellos va dejando una parte de su memoria y de su vida.

Las piezas de esta exposición pueden tener estas y muchas otras lecturas, pero algo que es innegable es que el visitante puede encontrarse a sí mismo a través de ellas, es cuando visitar galerías como Liliput se vuelve algo trascendente y absolutamente personal, no van a salir indiferentes de ese lugar, disfruten mucho Apocapitalismo.

Hombres rotos: André García Silva en Galería Liliput

Serie Hombres rotos, de Andrés García Silva - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Serie Hombres rotos, de Andrés García Silva – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

por José Luis Dávila

¿De qué estamos hechos para los demás? Poco a poco generamos un espacio en la memoria de los otros, conformándonos de voz, de acciones, de actitudes, pero sobre todo eso, está la imagen. Somos profundamente una imagen en los recuerdos de los que nos rodean. Remarcando eso: profundamente una imagen. No somos sólo lo visual, sino la imbricación de todo aquello que somos y convertido en un espectro visible; nuestras historias, esas que nos cruzan y muchas veces nos definen, están explícitas en la forma que nos vemos, la forma primaria que recibe el espectador de nuestra vida, quiero decir, cualquiera que nos mira.

Existe una forma estética de entender esto que digo. Para eso hay que ir a ver Hombres rotos, exposición de Andrés García Silva. Voy a ser honesto al respecto: pocas veces me siento tan sin palabras frente a la obra de alguien. Por lo común puedo escribir sobre lo que veo, encontrarle un sentido en sí mismo y partir de ahí para presentar una opinión –porque ante el arte no se puede considerar la idea de reseña, pues cómo reseñar la experiencia sensible personal, cómo ponerla en una esquematización de señalamientos como es la reseña– que invite al goce de la obra en cuestión. Sin embargo, es frente a las fotografías de García Silva que esto no es posible de primera intención. El sentido de las imágenes que nos presenta en Galería Liliput está más bien en la relación que establecen desde ellas (y no en ellas) con el espectador y con la historia que son capaces de contar, con los lazos que tienden hacia la experiencia de cada uno.

Hombres rotos explora el rostro que se encuentra dentro de nosotros a través del rostro de quien está en la fotografía. García Silva tiene una dedicación admirable hacia el instante; cada una de sus capturas es una forma de detener la materia, cada foto que compone la muestra es en quien la mira una nueva apreciación a la derrota ajena que evoca a la propia, una derrota ante los recuerdos, ante las imágenes que hemos sido para los demás, lo cual es, a fin de cuentas, de lo que estamos hechos.

La sombra, la luz, la gente: entrevista a Timo Saarelma

Shadows Unfold es un trabajo sensible sobre la dualidad que Timo Saarelma construye por medio de luz y sombra, aspectos que buscan hacer un retrato de la ciudad, en este caso, de L. A., pero que bien podría ser cualquier ciudad. La cámara de Saarelma realiza un ejercicio especular, contando aquello que ve porque lo que ve refleja a quien activa todo el mecanismo para que el click suene.

Esta exposición se inauguró en Galería Liliput, donde tuvimos oportunidad de conversar con el fotógrafo, aquí lo que nos dijo:

José Luis Dávila: He visto tu trabajo y es genial; te quiero preguntar: ¿cómo se siente cundo estás en la calle con tu cámara y qué piensas respecto a tus imágenes, respecto a tu trabajo?

Timo Saarelma: Bueno, lo primero que veo cuando estoy en la calle son las fuentes de luz, de dónde viene el sol, luego trato de buscar a las personas, principalmente, como en estas fotos que siempre son de hombres; trato de ver a las personas, cómo interactúan con el espacio público de la ciudad, la luz y las sombras. Es como si tratara de contar algún tipo de historia con estas imágenes sin conocer su final o su contexto pero la historia viene de la sombra, la luz, la gente y las imágenes.

JLD: ¿Tú crees que pueda ser tu propia historia lo cuentas en las fotos?

TS: Probablemente. En el pasado he estado trabajando mucho con estos temas, con el cuerpo humano masculino y con la sexualidad. Creo que aún está ahí, incluso en estas fotos en blanco y negro aunque no sea tan visible. Pero también creo que es mi propia historia la mayor parte del tiempo, tratando de reflejar algo de mí mismo a través de estas imágenes. 

JLD: ¿Crees que la ciudad pudiera ser como un personaje más en tu trabajo o sólo la gente que vive en ella?

TS: Creo que es muy significativo para mí cómo se ve la ciudad, no podría hacerlo en cualquier tipo de ciudad. Me gusta retratar, por ejemplo, las partes viejas de Los Ángeles en el centro, es algo que está desapareciendo por la centrificación: hay demasiados nuevos negocios y restaurantes, clubes nocturnos y todas estas cosas mudándose al área del centro y re-haciéndola. Ha estado sucediendo por algún tiempo pero esas son las partes viejas de la ciudad, son las que me gustan, creo que tienen como un alma, como el personaje del que me hablas.

JLD: Por último, tu trabajo es sobre Los Ángeles y es un gran trabajo, pero quiero saber si tienes algún plan de tomar fotos en México.

TS: El verano pasado trabajé 2 meses en Oaxaca y estuve tomando fotos en la ciudad, así que sí, México es algo que me interesa y también tuve algo de tiempo en Mérida. No he tenido mucho tiempo en Puebla, me hubiera gustado tener más tiempo pero también he tomado algunas fotos en las calles de Puebla, tengo un par de días aún, así que tomaré más si puedo. Creo que hay muchas cosas interesantes en México que me gustaría ver, experimentar y capturar en mis fotos.

Timo Saarelma y José Luis Dávila - Fotografía por Gerson Tovar Carreón
Timo Saarelma y José Luis Dávila – Fotografía por Gerson Tovar Carreón

*Traducción y transcripción por Victoria Sandoval

Magieland: la creación de un espacio propio

por José Luis Dávila

Cuando envejecemos lo olvidamos: todos en algún punto de la infancia construimos un lugar a donde ir para evadirnos de los pequeños problemas de nuestra pequeña cifra de edad. Con el paso del tiempo, ese lugar se vuelve intermitente hasta desaparecer, se funde con las realidades que tenemos que enfrentar, formando ahora ese espacio de evasión y comodidad en lugares que se encuentran fuera de nosotros, lugares a los que nos aferramos, a los que tomamos como punto de apoyo para salir del ritmo estresante que hemos elegido; ya que no somos capaces de volver al lugar primigenio, nos conformamos con el saborizante artificial.

Magieland - Instalación de Magie Naïf en Galería Liliput
Magieland – Instalación de Magie Naïf en Galería Liliput

Así pues, Magieland –instalación de Magie Naïf para la galería Liliput*– es una propuesta visual que recupera a ese mundo construido desde la subjetividad para plantarlo al centro de la sala y crear un espacio dentro del espacio. Magieland está elaborada desde el imaginario propio de la artista pero no se limita a ello, sino que es capaz de evocar en cada uno que lo experimenta el paseo por su personal mundo olvidado, ayudando a reconstruirlo de las ruinas que ha dejado el paso del tiempo. Magie Naïf concreta su espacio con la interacción de personajes-tipo que se encuentran en diversas situaciones comunes que de forma lúdica retratan la cotidianidad que enfrentamos.

Magieland - Instalación de Magie Naïf en Galería Liliput
Magieland – Instalación de Magie Naïf en Galería Liliput

Entre otros tantos puntos, el montaje de Magieland se apropia del espacio para realmente llegar a la conciencia de lo esencial en la obra: dejar de pensar al juguete como un símbolo de inocencia e infancia y empezar a verlo en su capacidad de representación onírica y social del individuo, algo que quizá no esté latente en las intenciones pero que se refleja con un poco de criticidad en el funcionamiento de la pieza por sí sola.

Resulta necesario ir y adentrarse en Magieland para sentir el impulso de replantear cómo era ese mundo personal; recuperar ese -land con nuestro propio nombre prefijado y analizarnos en los roles que asumimos día a día.

Magieland - Instalación de Magie Naïf en Galería Liliput
Magieland – Instalación de Magie Naïf en Galería Liliput

 

* Galería Liliput se ubica en Diagonal 18 sur 4563, Col. San Manuel.