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Jaque, jaque, jaque mate

por Gabriel Burgos 

“Hay que eliminar la hojarasca del tablero”
José Raúl Capablanca

Los alcohólicos en rehabilitación tienen doce pasos a realizar para salir del hoyo, y hoy descubrí que en el caso del TOC es un poco más complicado, no digo que aquellos que van a AA la tengan más fácil, pero al menos ellos sí saben cuántos pasos deben seguir, certeza que no existe con el TOC, el número de pasos para alguien con TOC es siempre un misterio numérico, pues tenemos que:

• Primer paso para superar el TOC: admite que tienes TOC.
• Segundo paso para superar el TOC: admite que tienes TOC.
• Tercer paso para superar el TOC: admite que tienes TOC.

Repite las veces necesarias en caso de que tu TOC requiera un número especial para cumplir con tus tareas diarias, si tienes una secuencia numérica específica usa la siguiente fórmula (X+1= Paso 2)* para tener la certeza de que puedes pasar al siguiente escalón; en caso de que tu TOC no sea numérico pasa directamente al paso 2, a menos claro, que hacerlo sin comprobar el paso 1 te enloquezca de ansiedad, en cuyo caso no aplicaste bien el primer paso.

A estas alturas, sobre todo si leíste la nota al pie de página, seguro te repites a ti mismo, “exageras, realmente tener una rutina no implica que tenga TOC” y podrías tener razón, porque son necesarias para funcionar como seres sociales, de lo contrario, el caos se impondría; estoy seguro que sin el rutinario papeleo del contador, tú no cobras y entonces tienes otro problema además del TOC.

Hace un par de años, después de jugar una partida de ajedrez contra un hombre bastante gentil, éste me preguntó por mi trabajo, a lo cual le respondí que soy profesor de literatura y español, él sonrió y me pidió leerle unos pasajes de un librito que sacó de sabe dios donde, y como no me quitaba nada, lo hice. El párrafo que leí hablaba en general sobre ser responsable de uno mismo y de no herir a otros, algo bastante justo a mi parecer, luego me pidió leer otro poco más, cosa que hice sin problemas; así estuvimos cerca de media hora, yo le leía y él me preguntaba que entendía sobre el texto, y ahora que escribo esto, acabo de recordar que me preguntó ¿qué sientes?, pregunta que se me escapó por completo ese día.

Ajedrez - Imagen pública
Ajedrez – Imagen pública

El gentil hombre se levantó después de escucharme y se sentó sobre la mesa donde jugamos hace unos momentos y me contó como perdió todo por el alcoholismo: familia, dinero, trabajo, amigos, pero que ese librito junto con el apoyo de AA lo sacaron adelante, de eso hace ya ocho años -diez, si sigue sobrio al día que escribo- y yo le sonreí con cortesía porque pensé, seguro necesita contarle su historia a un desconocido que jamás volverá a ver y por lo tanto su juicio importa menos que un peón bloqueado.

Cual sería mi sorpresa cuando él me dijo que, si necesitaba hablar con alguien, siempre podía recordar lo que acabamos de leer y me recitó los 12 pasos de AA, de los cuales el primero es el que se grabó en mi memoria. Sonreí, sorprendido y sin enojo, y antes de despedirse me mostró una ficha de plástico la cual indica el número de años que lleva sobrio, noté cierta amargura más que orgullo cuando lo hizo y entonces se fue y me dejó con mi tablero tal cual habíamos terminado la partida.

Mientras guardaba las piezas me pregunté ¿acaso luzco como un alcohólico? Es cierto que ese día la barba y la ropa informal me daban un aspecto descuidado, pero no creí que fuese para tanto. No imaginaba qué podría haber visto en mí ese hombre y no le di mayor importancia hasta hace un mes, cuando mi TOC me explotó en la cara y tuve que admitir, en los brazos de un buen amigo, que necesitaba ayuda. Nunca había sentido un gancho al hígado hasta que entendí que el gentil hombre se reconoció en mí, un tipo en medio de una red de mate incapaz de ver que ya era hora de rendir al rey, estrechar la mano del oponente e iniciar una nueva partida.

_______________________________                                                                                            *Si estás leyendo esto, amigo, tienes TOC, la fórmula sólo fue un anzuelo para probar mi punto y de paso sonreír al imaginar tu cara.

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Aquí no hay radicales

 

Por Gabriel Burgos

Viernes por la tarde. Busco una dirección que se niega a aparecer y ruego el evento no sea un show más contra los hombres y el patriarcado. Aquí no hay camotes me hace sospechar que estoy por entrar en una manifestación donde se escucharán las quejas de siempre, los argumentos ya quemados contra el omnipresente patriarcado y la retórica añeja que aplaude una “igualdad” en la cual se busca encumbrar a la mujer y someter al hombre.

Doy por fin con “Restaurantero anarquista”, sede de la primera muestra de videoarte realizado por artistas poblanas. Subo las empinadas escaleras metálicas, doy un vistazo y observo la celeridad de los organizadores por poner todo en orden –acabamos de dar un taller- me dicen a modo de disculpa. Espero paciente, donde no estorbe.

7:30 p.m. El evento apenas comienza. Un retardo que estoy seguro no estaba en los planes de nadie. A pesar del reducido espacio, las diez personas que estamos ahí hacemos ver enorme el lugar; unas breves palabras de presentación y agradecimientos. Un comentario sobre el orden de los videos y empieza el desfile de imágenes.

Crucero, de Sara Minther (pionera poblana en el videoarte), abre la muestra con el triste toque de ser presentado a poco más de 3 semanas de su muerte. Una lenta espiral de imágenes capturadas por una cámara, en un crucero cualquiera, atrapa de inmediato al público, el cual repentinamente se multiplicó abarrotando el lugar. Todos los ojos y oídos son seducidos por lo cotidiano convertido en arte a través de la ruptura con el espacio y dotando de movimiento a lo estático. Al terminar estallaron los primeros (y no últimos) aplausos de la noche.

Retrato familiar continúa la muestra con una danza donde las sombras en segundo plano se funden con las manos del primero, lo femenino y lo masculino se tocan y se equilibran en un baile sensual que concluye con su fusión en las manos de un individuo que decide su propia identidad de género.

Cámara y Autorretrato rompen con el espacio, dejan a sus protagonistas vagar libremente frente a la cámara, mientras la música y el movimiento los envuelven. “Mentiras”, de Lupita Dalessio, es cantada por el protagonista del video quien encuentra en una mesa a su compañero de baile, objeto que cobra vida ante el espectador.

Tres salvajes videos irrumpen en pantalla: Averiar la máquina, Alicia ya no y Autómata. El primero a través de una voz de fondo se rebela ferozmente contra las imposiciones culturales que van con “ser mujer”, mientras dos mujeres se despojan de su piel impuesta a través de los vestidos para enfundarse en su nuevo cuerpo construido íntegramente por ellas; Alicia ya no trabaja con los espacios y las referencias ya conocidas para establecer un descabellado juego del gato y el ratón en el cual la confrontación entre la mujer y su perseguidor no puede encontrar reconciliación alguna. Finalmente, Autómata, explota toda la violencia contenida contra el cuerpo femenino mediante la intervención de una fuerza externa,  pero familiar, que termina por destrozar el cuerpo frente al espectador.

Después de una hora y media se encendieron de nuevo las luces, las artistas habían conmocionado al público ahí presente y por un eterno segundo el silencio cubrió todo hasta que los aplausos nos regresaron al mundo. Contemplamos videos en donde los cuerpos que no pretendían ser perfectos, nos hablaron con voz propia sobre todos los valores culturales que se les han impuesto a través de la ropa, el maquillaje, la maternidad forzada, la sexualidad reprimida y los espacios que les corresponden por obligación.

El diálogo entre las artistas y el público enriquecieron la muestra. “Chispilla”, “Fucsia” y “La china” respondieron a las inquietudes surgidas de la exposición de sus obras. “Chispilla”, con una propuesta inspirada en la obra filosófica de Gilles Deluze, comentó que busca explorar e ir más allá de las interpretaciones, dejar a la obra hablar por sí misma. Por su parte, “Fucsia” narró que en el mito del hilo rojo encontró una fuente de inspiración, la cual se vio enriquecida con el escenario natural y la danza. Finalmente, “La china” dijo que su obra artística surge de su necesidad de crear, porque a final de cuentas “somos performance”, palabras que resumieron un pensamiento común entre las artistas que se presentaron el pasado viernes 13 de mayo. La muestra terminó, los videos pararon, las artistas se despidieron y los asistentes partieron a sus hogares, pero las obras dejaron su eco en los asistentes del evento.

Siempre es satisfactorio ver a un público conectado con el arte y más cuando éste se ofrece a explorar sus significados ocultos: empatizar con el deseo de ir más allá de los estereotipos de género, escuchar las voces que claman con fuerza y pasión su derecho a ser ellas mismas sin someterse al ominoso silencio impuesto y, sobre todo, voces dispuestas a dialogar e incluir a todos aquellos preparados a ceder contra los prejuicios de un título tan provocativo como Aquí no hay camotes.