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Mujeres, literatura y fútbol

Por E. J. Valdés

Nunca he sido fan del futbol. No sigo ninguna liga, no puedo decir que apoyo a un equipo y asistir al estadio se me antoja como una de las actividades menos placenteras de la vida. Soy bastante crítico de este deporte por los estereotipos que genera y los antivalores que promueve (especialmente en la juventud), así como por la obvia corrupción al interior de la FIFA; no se salvan algunos jugadores y personajes asociados con la “cultura” del deporte más visto y redituable del planeta.

Si mis amigos me invitan a ver un partido, acaso con botana y cervezas como es la costumbre, puedo hacerlo, y a lo mejor hasta me divierto, y aunque he visto las finales de los últimos cuatro mundiales, para mí el fútbol se termina al momento de apagar el televisor, cambiar el canal o ponerme a hacer otra cosa.

Francamente no entiendo a aquellas personas que se apasionan al borde de la euforia o el llanto por un equipo, ni a aquellas que sienten aversión por una persona que viste la camiseta del rival y que incluso llegan a agredirlas por este simple hecho (uno de los motivos por los cuales Borges detestaba este deporte). Y en definitiva jamás armaría un alboroto porque no salió victoriosa la escuadra a la que apoyaba ni celebraría en el Ángel de la Independencia una victoria de la selección (mucho menos en eliminatorias, como les encanta hacer). Muy a pesar de todo esto, hoy les escribo para contarles de un libro que recientemente llegó a mis manos, que disfruté y con el que reflexioné buen rato: Las que aman el futbol y otras que no tanto, colección de textos recopilados por Elvira Hernández Carballido y publicada por Editorial Elementum en su colección Creativa Independiente.

Las que aman el futbol y otras que no tanto reúne veintisiete reflexiones y relatos en torno a este deporte, escritos por mujeres desde perspectivas de lo más variadas; lo mismo se puede leer a aquellas que lo aborrecen por ser altamente sesgado a favor del hombre, con todas las connotaciones negativas que ello conlleva, como a aquellas que lo practican o practicaron y miran con entusiasmo la creciente participación de las mujeres en el futbol, que ha dado como resultado la creación de equipos y ligas profesionales y ha arrojado jugadoras reconocidas internacionalmente como Maribel Domínguez.

Sin embargo, hay un término que embruja las páginas del libro de principio a fin, el cual hace las veces de común denominador en estos textos: “el juego del hombre”. En la mayoría de los casos, éste nos recuerda que, desde su concepción en Inglaterra a mediados del siglo XIX, el futbol ha dejado poco espacio a la mujer, a quien incluso se llegó a prohibir practicarlo por motivos tan variados como absurdos. Las autoras señalan, entre otras cosas, que no tiene ni dos décadas que la FIFA instauró el mundial femenil y que éste, al igual que todos los encuentros protagonizados por mujeres, no recibe ni una centésima parte de la atención, presupuesto y cobertura mediática que el de los hombres (si evocan dónde o cuándo fueron los dos últimos califican como eruditos en el tema). Otros textos hablan de las dificultades que enfrenta la mujer al momento de comenzar a patear el balón, ya sea que lo hagan de niñas, adolescentes o adultas, comenzando con los prejuicios sociales (evoco el caso de una chica que dejó de practicarlo por presiones de su propia familia), reforzados por un machismo histórico y por el lugar que la misma industria ha asignado a la mujer en el futbol durante décadas, siendo los casos más citados/criticados en estas páginas los de las reporteras y comentaristas que son más adorno y atractivo visual que fuente de información y observaciones perspicaces (aunque por ahí leí un par de datos sobre Inés Sainz que ni me imaginaba).

La situación no es difícil para la mujer solamente como jugadora, sino también como aficionada o periodista; el futbol, se lo vea por donde se lo vea, le ha dado un lugar no de segunda, sino de tercera, y aunque no soy fan de este deporte, encuentro admirable que muchos de los espacios y logros que la mujer ha tenido en él los ha abierto por su cuenta, sobreponiéndose a adversidades como las descritas aquí y otras que las autoras nos comparten en sus textos.

Los trabajos que conforman Las que aman el futbol y otras que no tanto son breves y están redactados a modo de artículos de opinión, ensayo breve o anécdota, y aunque yo lo leí poco a poquito por aquello de que no es un tema que me quite el sueño (ni me lo provoca, que es lo peor) los encontré interesantes en su mayoría y como excelente material de reflexión. Lo recomiendo incluso si no gustan del futbol como yo, pues tiene un enorme valor de análisis y comentario social que nos hace ver que las mujeres viven el futbol de manera muy distinta, ya sea que lo amen o no tanto.

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Resignificar momentos

Viendo el partido - Imagen pública
Viendo el partido – Imagen pública

por Andrea Rivas

Reflexionando un poco en torno a todos los fenómenos que ocurren alrededor del Mundial de fútbol (hay que especificar, por estas fechas suele jugarse también el de Quidditch, cuyos efectos en la sociedad son muy diversos a los ocurridos en los Mundiales muggles), me encontré en la red con varias imágenes de personas frente a pantallas mirando los partidos con títulos como: evasión de la realidad y comentarios afirmando que el país se cae, a causa de personajes como aquellos que miran los partidos sin importar día, hora o lugar. Muchos de los autores de los agresivos comentarios con que me he topado, son personajes que se autoproclaman “pensantes” e “intelectuales”, varios de los mismos, demostrando su superioridad comparten imágenes y frases de libros afirmando así el modo en que ellos cambian al país mientras los otros ven fútbol.

He aquí lo que pienso:

1. No por ver fútbol se evade la realidad. De hecho, el fútbol, nos guste o no, constituye una de las grandes realidades de éste país. Por otro lado, encerrarme en mi casa mientras bebo un exótico té humeante y sostengo entre las manos mi libro favorito, contenta por estar lejos del mundo, bajo ciertas condiciones, puede ser otro modo de evadir a la dichosa realidad.

2. Mientras se esté sentado contemplando un fenómeno, ya sea éste fútbol, quidditch, tennis, o mientras lea Anna Karenina, todos los Diálogos de Platón, las obras completas de Foucault, Mafalda, vaya al cine de arte, al cine comercial, al futbolito, a los bolos y por jochos, la verdad es que el resultado es básicamente el mismo. De muy poco sirve tener la cabeza atiborrada de filósofos y complejísimas novelas y teorías mientras que los “nacos” ven el fútbol, si las acciones que se realizan día a día no cambian en nada la situación de la que tanto nos quejamos.

Viendo el partido - Imagen pública
Viendo el partido – Imagen pública

Una de las cosas que más critica la gente no-futbolera, es que se dejan los trabajos, se interrumpen actividades, y posponemos el cumpleaños de la abuelita para ver los partidos de la Selección. Yo he visto personas perderse una semana de trabajo o clases, por asistir a diplomados, conferencias y demás asuntos intelectuales -sí, yo también soy fan de ellos. Pero son eventos que, seamos honestos, guardados en nuestras libretas y en nuestros rimbombantes trabajitos, sirven tanto como saltarse dos horas de trabajo para ver el partido.

Está claro que no podemos permitir que nuestros cerebros se llenen con basura y se conviertan en un bonito sitio de almacenamiento de aire, pero en verdad ¿ver fútbol hace esto?

Creo que cualquier acontecimiento, el que sea, puede enseñarnos muchísimo y que, criticando y ofendiendo algo que apasiona y, sí, enajena en muchos casos a un porcentaje tan alto de personas de nuestro país, no vamos a cambiar absolutamente nada.

No quisiera que estas palabras fueran mal interpretadas. De ningún modo pretendo descalificar el bello ejercicio intelectual, ¡vaya, si no nos hace falta más! Sin embargo, sí pretendo enfatizar lo poco útil que éste resulta si lo dejamos sentado en nuestras bancas de universidad, de teatros y de sitios culturales y no lo ponemos a transformar el mundo y en específico, éste país del que tanto nos quejamos.

México vs. Croacia - Imagen pública
México vs. Croacia – Imagen pública

En ocasiones anteriores lo he mencionado: hay que ser críticos, siempre, en todo. No hablo ya únicamente de mirar el fútbol con otros ojos. Si no nos gusta, pues no nos gusta y ya está. Hablo de reinterpretar los fenómenos a nuestro alrededor: si somos intelectuales, vale, pero seámoslo en serio. ¿El país está horrible? Sí. ¿Vamos a quejarnos mucho, echarle la culpa al mundial y comprar otro libro el fin de semana? No pretendo reflejar un espíritu positivo enorme -que no poseo- en estas palabras, pero sí contagiar un poquito de coherencia.

A mí tampoco me gusta que la gente sea irresponsable, a mí también me molesta cuando se celebra algún fenómeno que me desagrada y todos hablan de ello y quiera o no termino inmersa en él: quizá por eso escribo. Para dar testimonio de lo que pasa por mi mente cuando me veo envuelta por aquello que me llena y aquello que repudio. Porque algo puede hacerse con todo esto que nos rodea. Porque quizá muchos, contentos con la más reciente victoria de la Selección encuentren el valor para creer más en sus capacidades, y porque quizá alguien, inspirado por alguna película que miró mientras se encontraba solo y huyendo del fútbol, ha descubierto la respuesta a alguna pregunta que siempre se hizo y nuevas puertas se le abren. Siempre podemos ponerle un poquito de nosotros a lo que vemos si nos detenemos a analizarlo un momento. Hagamos conciencia, resignifiquemos esos elementos que aparecen en nuestro camino, hagamos del mundo confuso e irremediable que se nos presenta, otro mundo, nuestro mundo, y hagámoslo allá afuera, donde hacer signifique acción y no sólo reflexión.