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Espacio y ausencia: Cándida Höfer en México

por José Luis Dávila

Me gusta pensar en los lugares cuando están llenos. Me gusta pensar ahí porque, precisamente, están llenos. Es una dinámica extraordinaria. Las personas que transitan los espacios aportan sentidos nuevos con cada paso que dan. Pero también me gusta pensar ahí porque los imagino vacíos, porque entre el estruendoso y repetitivo cuchicheo se cierne un silencio implícito de la arquitectura, la piedra y el metal tienen una voz en h, una aspiración fonética que resulta fundacional para que llegue a haber la construcción de un lugar.

Es así que Cándida Höfer nos trae al Museo Amparo una exposición de eso, de la vacuidad del espacio mexicano que se presume siempre habitado, siempre repleto. Sus fotografías son un esfuerzo objetivista de apreciar la esencia primaria de los recintos que a diario concebimos como artificios funcionales, elementos que no apreciamos por la rapidez con la que los cruzamos.

Cándida Höfer en México - Fotografía por Job Melamed
Cándida Höfer en México – Fotografía por Job Melamed

Es, pues, una forma de acercarse a aquello que creíamos conocer y que en la frontalidad de las imágenes devela detalles de los que el ojo cotidiano no se percata; una exposición de la presencia del espacio en la ausencia de los que lo armamos.

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Paz Errázuriz: una mirada sobre la identidad

por José Luis Dávila

Empezar diciendo algo como “Pocas veces en la vida” es un cliché, sin embargo, en esta ocasión me resulta preciso, ya que pocas veces en la vida uno se topa con una obra sencilla y potente, una producción fotográfica sensible estética y socialmente,  que en esencia transmite la visión de lo que una época quiso ocultar. Paz Errázuriz, con el nombre de la artista se halla la cohesión de todas las salas que componen esta muestra albergada en el Museo Amparo, y de sus palabras, en esta entrevista ella nos cuenta su perspectiva al respecto.

José Luis Dávila: La pregunta fundamental, que creo es necesaria después de ver las fotografías, es ¿por qué te interesan tanto los rostros de las personas? ¿Qué encuentras en los rostros?

Paz Errázuriz: En realidad es la persona la que me interesa, lo que puedo realizar de alguna manera después de ese encuentro es esta fotografía que inevitablemente se puede convertir en un rostro, pero a mí me interesa mucho la persona; en el fondo siempre me di cuenta tarde de esta búsqueda mía sobre la identidad, este rostro donde me siento muy reflejada yo también. Es como siempre estar en una búsqueda de algo mío, como mi propia huella, o la del otro, lo que estoy buscando.

JLD: ¿Qué tan difícil fue esta búsqueda, artística e identitaria, en un contexto dictatorial? Chile pasó momentos muy álgidos en esas décadas.

PE: Yo creo que esta búsqueda todavía, creerás, la continúo. Por supuesto, en tiempos de una dictadura tan feroz como fue la de Pinochet, y tantos países hermanos que han tenido otras dictaduras, nosotros aprendimos a sortear estos caminos buscando la forma para ser lo que uno quiere, puede ser más fácil en algún momento y a otro más difícil, pero mientras tú lo vas haciendo como que las dificultades las vas sorteando, las vas dejando atrás también. Entonces no podría ver cuándo es más fácil o más difícil porque es tu propia energía la que te lleva, te da fuerza. Mientras tú sepas manejar esa propia energía, la puedes perder o tener en los momentos difíciles o menos difíciles, pero estar más atento siempre al otro, eso es lo que me interesa.

Paz Errázuriz y José Luis Dávila - Fotografía por Ricardo Torres
Paz Errázuriz y José Luis Dávila – Fotografía por Ricardo Torres

JLD: Hablando sobre la dictadura y su represión, ¿qué tan difícil fue para ti como artista que tu obra se reconociera antes afuera de tu país?

PE: Claro, imagínate la indiferencia absoluta que tuvo mi trabajo. Pero mira, a mí no me importaba porque yo nunca pensé, ni siquiera sabía yo la posibilidad de tener apoyo financiero. ¡imagínate conseguir alguna beca! Eso fue muy tarde después. ¡Como que uno cree que así es la vida! (Ríe) Sí, así es la vida. Después, claro, suceden cosas tan tarde y es una sorpresa en realidad que se reconozca; es una bonita sorpresa porque yo ya no soy joven y entonces como ¡va! ¡Mira lo que sucedió con lo que he hecho!

JLD:  Que siga manteniendo el trabajo tu fuerza…

PE: Sí, y que eso mismo te ayuda; yo estoy con muchos proyectos.

JLD: En estos proyectos hay temas con bastante fuerza artística todavía, ¿qué es lo que buscarás ahora? ¿Vas a seguir sobre lo mismo o a explorar algo más?

PE: Mira, yo creo que he hecho siempre lo mismo (ríe), pienso que por mucho que cambie, digamos la faceta o lo exterior, pero siempre estoy en lo mismo. Es como que sin querer vuelvo a lo mismo, no es que me tropiece sino que intencionalmente me tiro otra vez a lo mismo.

Rulfo, la escritura fotográfica

El fotógráfo Juan Rulfo, exposición en Museo Amparo - Fotografía por Job Melamed
El fotógráfo Juan Rulfo, exposición en Museo Amparo – Fotografía por Job Melamed

por José Luis Dávila

Narrar es un acto creativo intrínseco al humano; no solamente todos somos capaces de ello, sino que lo hacemos gran parte de nuestra vida, a veces hasta sin saberlo. Estamos atados a la narración tanto que incluso tenemos una voz interior de la cual no nos podemos alejar, una voz que nos cuenta a nosotros mismos lo que sucede, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que somos. Sin embargo, narrar ha sido discriminado, se le ve como algo lejano, como un ejercicio artístico que vale solamente dentro de ese nicho, e incluso en tal, hay una delimitación de éste hacia la escritura y, recientemente, el cine.

La narración se ha retraído hacia dichos campos que, si bien han dado grandes frutos, en algunas ocasiones le restan la importancia experiencial que conlleva por antonomasia, dejando que se construya una cerca alrededor de la verdadera razón que tenemos para narrar: explicar el mundo que nos acontece desde todos los medios que tengamos a la mano. Afortunadamente, los mencionados razonamientos estereotípicos sobre la narración siempre pueden ser traspasados, como bien demuestra el trabajo fotográfico de Juan Rulfo, mejor conocido por ser autor de Pedro Páramo y El llano en llamas.

Las imágenes que capturó son una forma distinta para su misma escritura; contienen relatos en corto que se suceden como golpes de la máquina de escribir, que embonan como fragmentos de un plato que se ha quebrado al caer, vuelto instantes de un tiempo atrás. Relatos que funcionan por medio de lo que el lector es capaz de reconstruir.

En el año del centenario de su nacimiento, las fotografías que tomó no debieran acercan a la conmemoración, sino a encontrar nuevas lecturas provenientes de su pluma, unas lecturas que muchas veces se pasan por alto pero en las que, gracias al Museo Amparo –donde actualmente se encuentran en exposición–, podemos leer nuevamente a Rulfo.

Al final, estas fotografías son narraciones de un autor que siempre se mantuvo escribiendo, quizá no con tinta pero sí con luz.

Paul Strand: frontera de lo fotográfico

por José Luis Dávila

Como documento, la fotografía transita de lo cultural a lo artístico, existe en ese plano intermedio que separa ambos aspectos y, a la vez, los une. En tanto cultural, la fotografía se expande a modo de objeto de la memoria, representación física del recuerdo; y como artística, sin duda, transforma dicha memoria en voluntad del presente sobre el pasado antes del click del obturador, es decir, en una forma estética del instante que perdura por medio de la imagen construida desde la lente.

En ambos casos, existe un ojo autor que decide a cuál de los lados inclinarse. Un ojo autor que emite el significado para que nosotros podamos acceder a él. Un ojo autor que busca una postura ante el dilema de los caminos que se bifurcan, para así dar solidez a su producto. Sin embargo, ese ojo a veces, pocas veces, es más bien un habitante de la frontera, de un ni aquí, ni allá, pero sí entre ello. Tal es el caso de Paul Strand y toda la colección que se presenta de él en el Museo Amparo.

La exposición es un esfuerzo por concretar la experiencia de un viaje terminado abruptamente hace décadas, un viaje de búsqueda por el sentido estético que Strand quería explorar sobre México, uno que no llevara el folklore como punta de lanza sino la vida dentro de ese laberinto que era el país en transformación. Esta es, pues, una propuesta que nadie debería perderse en la ciudad para llegar a la apreciación de una mirada que pocas veces se valora sobre nuestro país.

Así mismo, se tiene que apuntar, todas las piezas que integran esta muestra se unen en la capacidad que tienen para dar cuenta de esa sensación de frontera, no únicamente por lo mencionado al inicio, más bien por la carga ideológica que transfiere sentidos y relaciona imágenes con el contexto de producción sin olvidar su faceta atemporal dentro de los límites de la técnica, es decir, crea en cada fotografía la capacidad del espectador para encontrar un sentido propio, como aquél que se busca en un territorio nuevo, como aquél que se atreve a saltar el muro de sí para llegar a un nuevo significado, como aquél que era Paul Strand.

Apocapitalismo: Rive Díaz Bernal en Liliput

Apocapitalismo, de Rive Díaz Bernal - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Apocapitalismo, de Rive Díaz Bernal – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

por Jessica Tirado

Pocas veces una exposición puede conectar tan orgánicamente con quién la mira como sucede con las piezas que ahora se exhiben en la Galería Experimental Liliput, y es que estamos acostumbrados a que el arte es algo conceptual que, si bien es provocativo, tiende a ser algo un tanto alejado del espectador: grandes obras que pueden quedar marcadas en quien las admira pero que no van más allá de, precisamente, la admiración; sin embargo, Rive Díaz Bernal no sólo usa su experiencia para crear la obra, sino que convierte sus objetos personales en la obra, haciendo de Apocapitalismo una experiencia artística e íntima en varios niveles.

*Lo efímero

En la primera parte hay piezas de fotografía que contienen experimentos realizados por el autor. En un objeto que representa la tecnología pasada de moda, como puede ser un celular o un VHS, cultiva plantas que tienen un periodo de vida corto, por ejemplo. Estando frente a la obra nos encontramos dos realidades: la primera es la fotografía en sí misma, un objeto que puede durar mucho tiempo, tendrá una caducidad en algún momento el papel fotográfico y la impresión pero durará más que lo fotografiado, y eso nos lleva a la segunda realidad, pues no sólo las plantas que germinan en estos objetos tienen una vida corta, los propios objetos son desechos de la sociedad de consumo. Rive Díaz Bernal nos platica que para una de las piezas fotografió su propio celular, que utilizó hasta que la máquina dejó de funcionar y no cuando la sociedad le dijo que lo cambiara porque ya no estaba de moda, es ahí donde el plano personal empieza a ganar terreno sobre el del arte de aparador.

*La memoria

En la exposición hay un interesante libro que está a lado del de visitas, es una introducción a la obra general del artista en palabras de estudiosos del arte; ahí vemos un esbozo de la riqueza de la obra. Una de la piezas comentadas en dicho libro es un disco duro, un objeto común que muchos hemos llegado a tener (o al menos un dispositivo de memoria electrónico), es ahí donde la conexión artista-espectador se fija, la historia de este disco duro comienza desde que Rive Díaz Bernal guarda ahí registro de sus obras y algunas de sus piezas en electrónico. Podríamos decir que la información está segura, pero en realidad no sabemos qué pasa ni en qué parte específica de ese aparato se encuentran nuestros datos; un día el disco dura empieza a fallar, hace ruidos extraños, la computadora no lo reconoce y el artista busca ayuda, pasado el tiempo, como todo dispositivo deja de funcionar, entonces toda esa información se queda atrapada, la memoria se petrifica, no hay forma de acceder a ella y se vuelve un objeto que contiene arte y recuerdos.

*El consumismo innecesario

Hay una pieza muy interesante que se presenta como normalmente veríamos expuestos, en la casa de un cazador, ejemplares de caza. Rive Díaz Bernal toma el formato de exihibición y lo transforma, los objetos exóticos que él nos muestra son aparatos que en algún momento fueron los primeros en su tipo en interactuar con la sociedad. Reafirmando un poco la idea de la memoria, encontramos objetos que en los 90´s eran realmente deseados. Quién no quería tener un celular, aunque fuera un armatoste enorme y las posibilidades de comunicación fueran limitadas, o por ejemplo, los beepers que en sus inicios fueron más populares entre doctores y empresarios y luego la gente los quiso usar en la vida cotidiana, los jóvenes de esos años obtenían un estatus social un paso más arriba si tenían un walkman, pero justo en esta pieza nos encontramos objetos más modernos que conviven perfectamente con esta idea, el primer iPod, un iPhone 3, que son muy superiores a esos objetos del siglo pasado pero que también su época ya fue, la gente quiere lo nuevo, los cambia tan fácil y rápido que no se da cuenta que en ellos va dejando una parte de su memoria y de su vida.

Las piezas de esta exposición pueden tener estas y muchas otras lecturas, pero algo que es innegable es que el visitante puede encontrarse a sí mismo a través de ellas, es cuando visitar galerías como Liliput se vuelve algo trascendente y absolutamente personal, no van a salir indiferentes de ese lugar, disfruten mucho Apocapitalismo.

Entre historia, libros y fotografía

por Isaías Tovar

Con la unión de grandes esfuerzos, el Museo Amparo, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Acción Cultural Española presentan fotos & libros. España 1905-1977, una exposición que tiene, como indica el titulo, su eje temático en historia, libros y fotografías que muestran el desarrollo del siglo XX español, con una selección de fotolibros.

A grandes rasgos, esta exposición hace una revisión de la fotografía española desde una perspectiva histórica; sin embargo, nos muestra temas generales, los cuales están relacionados con el desarrollo cultural de la época en la sociedad. En ese sentido, la fotografía es una ventana al pasado, conformando parte de un inconsciente colectivo y de tal manera estamos en contacto con la construcción de prejuicios. Como muchos autores señalan, ese prejuicio es una primera manera de acércanos a las cosas, por tanto, no tiene una connotación negativa. Así mismo, el carácter fotogénico de la realidad nos permite reinterpretar constantemente la historia.

La exposición está distribuida en varias temáticas que atraviesan la profunda trasformación de una sociedad azotada por la guerra, y la transición hacia un desarrollo moderno: nos muestra la metamorfosis de la imagen de la mujer constreñida por lo patriarcal, un intento objetivo e imparcial sobre las guerra -desde la perspectiva de la propaganda del momento-, y, entrelazando todo, la relación entre palabra e imagen.

Cordialmente invitamos a los aficionados de la fotografía, y al público en general, a disfrutar esta exposición, que estará presente hasta el 15 de agosto en Museo Amparo.

Hombres rotos: André García Silva en Galería Liliput

Serie Hombres rotos, de Andrés García Silva - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Serie Hombres rotos, de Andrés García Silva – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

por José Luis Dávila

¿De qué estamos hechos para los demás? Poco a poco generamos un espacio en la memoria de los otros, conformándonos de voz, de acciones, de actitudes, pero sobre todo eso, está la imagen. Somos profundamente una imagen en los recuerdos de los que nos rodean. Remarcando eso: profundamente una imagen. No somos sólo lo visual, sino la imbricación de todo aquello que somos y convertido en un espectro visible; nuestras historias, esas que nos cruzan y muchas veces nos definen, están explícitas en la forma que nos vemos, la forma primaria que recibe el espectador de nuestra vida, quiero decir, cualquiera que nos mira.

Existe una forma estética de entender esto que digo. Para eso hay que ir a ver Hombres rotos, exposición de Andrés García Silva. Voy a ser honesto al respecto: pocas veces me siento tan sin palabras frente a la obra de alguien. Por lo común puedo escribir sobre lo que veo, encontrarle un sentido en sí mismo y partir de ahí para presentar una opinión –porque ante el arte no se puede considerar la idea de reseña, pues cómo reseñar la experiencia sensible personal, cómo ponerla en una esquematización de señalamientos como es la reseña– que invite al goce de la obra en cuestión. Sin embargo, es frente a las fotografías de García Silva que esto no es posible de primera intención. El sentido de las imágenes que nos presenta en Galería Liliput está más bien en la relación que establecen desde ellas (y no en ellas) con el espectador y con la historia que son capaces de contar, con los lazos que tienden hacia la experiencia de cada uno.

Hombres rotos explora el rostro que se encuentra dentro de nosotros a través del rostro de quien está en la fotografía. García Silva tiene una dedicación admirable hacia el instante; cada una de sus capturas es una forma de detener la materia, cada foto que compone la muestra es en quien la mira una nueva apreciación a la derrota ajena que evoca a la propia, una derrota ante los recuerdos, ante las imágenes que hemos sido para los demás, lo cual es, a fin de cuentas, de lo que estamos hechos.

La sombra, la luz, la gente: entrevista a Timo Saarelma

Shadows Unfold es un trabajo sensible sobre la dualidad que Timo Saarelma construye por medio de luz y sombra, aspectos que buscan hacer un retrato de la ciudad, en este caso, de L. A., pero que bien podría ser cualquier ciudad. La cámara de Saarelma realiza un ejercicio especular, contando aquello que ve porque lo que ve refleja a quien activa todo el mecanismo para que el click suene.

Esta exposición se inauguró en Galería Liliput, donde tuvimos oportunidad de conversar con el fotógrafo, aquí lo que nos dijo:

José Luis Dávila: He visto tu trabajo y es genial; te quiero preguntar: ¿cómo se siente cundo estás en la calle con tu cámara y qué piensas respecto a tus imágenes, respecto a tu trabajo?

Timo Saarelma: Bueno, lo primero que veo cuando estoy en la calle son las fuentes de luz, de dónde viene el sol, luego trato de buscar a las personas, principalmente, como en estas fotos que siempre son de hombres; trato de ver a las personas, cómo interactúan con el espacio público de la ciudad, la luz y las sombras. Es como si tratara de contar algún tipo de historia con estas imágenes sin conocer su final o su contexto pero la historia viene de la sombra, la luz, la gente y las imágenes.

JLD: ¿Tú crees que pueda ser tu propia historia lo cuentas en las fotos?

TS: Probablemente. En el pasado he estado trabajando mucho con estos temas, con el cuerpo humano masculino y con la sexualidad. Creo que aún está ahí, incluso en estas fotos en blanco y negro aunque no sea tan visible. Pero también creo que es mi propia historia la mayor parte del tiempo, tratando de reflejar algo de mí mismo a través de estas imágenes. 

JLD: ¿Crees que la ciudad pudiera ser como un personaje más en tu trabajo o sólo la gente que vive en ella?

TS: Creo que es muy significativo para mí cómo se ve la ciudad, no podría hacerlo en cualquier tipo de ciudad. Me gusta retratar, por ejemplo, las partes viejas de Los Ángeles en el centro, es algo que está desapareciendo por la centrificación: hay demasiados nuevos negocios y restaurantes, clubes nocturnos y todas estas cosas mudándose al área del centro y re-haciéndola. Ha estado sucediendo por algún tiempo pero esas son las partes viejas de la ciudad, son las que me gustan, creo que tienen como un alma, como el personaje del que me hablas.

JLD: Por último, tu trabajo es sobre Los Ángeles y es un gran trabajo, pero quiero saber si tienes algún plan de tomar fotos en México.

TS: El verano pasado trabajé 2 meses en Oaxaca y estuve tomando fotos en la ciudad, así que sí, México es algo que me interesa y también tuve algo de tiempo en Mérida. No he tenido mucho tiempo en Puebla, me hubiera gustado tener más tiempo pero también he tomado algunas fotos en las calles de Puebla, tengo un par de días aún, así que tomaré más si puedo. Creo que hay muchas cosas interesantes en México que me gustaría ver, experimentar y capturar en mis fotos.

Timo Saarelma y José Luis Dávila - Fotografía por Gerson Tovar Carreón
Timo Saarelma y José Luis Dávila – Fotografía por Gerson Tovar Carreón

*Traducción y transcripción por Victoria Sandoval

La intervención de sí: Los humanos en la sala de espera, de Fernando Armenghol y Yael Mancilla

por José Luis Dávila

Las imágenes nunca están completas; esa imagen que nosotros tenemos de las cosas, esa forma de percibirlas, es única, sí, pero no está limitada por dicha cualidad, sino que se encuentra en constante cambio, dependiendo de la mirada que la recorta: esa es la capacidad innata que tenemos para intervenir por medio de nuestra subjetividad en el mundo de los demás. El arte es el perfecto ejemplo, sobre todo ese arte que nos impulsa a tener contacto con él más allá de la simple apreciación de lejos –apreciación de museo, de no tocar ni con el pensamiento por temor a profanarlo–, ese arte que parece incitarnos a meternos tanto en él que podríamos sacarlo de su marco y usarlo para rehacerlo, para reconstruirlo desde él mismo pero con nosotros en el proceso.

Es bajo esta premisa que Yael Mancilla y Fernando Armenghol presentan, en Espacio de Arte Nabis, la exposición Los humanos en la sala de espera. Ésta es una muestra de cómo se pueden explorar los límites de la superposición de experiencias vitales tomando como punto de partida las fotografías de Armenghol y las implicaciones propias que vierte en ellas Mancilla desde el dibujo.

Los humanos en la sala de espera es un recorrido por la forma en que los dos artistas intervienen a la vez en su entorno tanto público como privado, desde la forma en que se perciben a sí mismos, entre ellos, a sus familias y a la sociedad, resaltando el modo que tienen para apropiarse del mundo y compartirlo, incluso en la escritura, la cual está en las paredes de la galería, creando un lugar donde se demuestra que los espacios que habitamos están ligados a cómo y para qué los vivimos, así como una sala de espera, que puede llegar a ser tan cómoda o tan insufrible como se le construya desde sí.

La exposición atrapa bajo estos términos, y no es para menos, puesto que pone de manifiesto algo que poco reconocemos: la inevitable presencia de los otros en aquello que somos y que es parte de nuestro desarrollo como sujetos, una idea que amalgama y particulariza el trabajo de Armenghol y Mancilla, logrando que sea necesario verlo por uno mismo para poder entenderlo.

Las imágenes que somos: sobre reGeneration3 en Museo Amparo

por José Luis Dávila

Las imágenes que somos están siempre atravesadas por la experiencia de los otros. Cada paso que damos es un click más del obturador, es una toma diferente de aquello que nos constituye. Estamos, pues, construidos de un collage armado por las miradas de los otros, incluso cuando estamos frente al espejo, porque recordemos que nosotros mismos también somos otro.

Es en esta construcción social que se inscribe la idea rectora de la nueva exposición del Museo Amparo, reGeneration³, la cual es una indagación sobre las formas en que nos representamos, las formas en que los sujetos se ven compuestos por imágenes de sí mismos y de sus contextos, imágenes intervenidas por todo lo que está fuera de ellos pero a la vez dentro, tan dentro que no se dan cuenta. Todas las obras expuestas manifiestan, entre otras cosas, los arquetipos que nos atraviesan históricamente y que están impregnados en nuestra piel, en nuestras costumbres.

Organizada por el Musée de l’Elysée, reGeneration³ es un esfuerzo por dar cuenta del trabajo de artistas jóvenes que plasman preocupaciones de actualidad por medio de diferentes usos de la imagen y sus procesos, tanto artísticos como sociales. De este modo, la muestra crea un recorrido por la idea de la transcripción y re-escritura de aquello que se encuentra dentro de la realidad y pasa por la lente de la cámara.

Esta exposición es, sin duda, una de las más importantes que se verán en Puebla durante este año y el primer bimestre del 2016, y que debe ser visitada más de una vez para poder apreciarla en su totalidad.