Archivo de la etiqueta: Facebook

Éter

por Alejandro Vázquez

Tal parece que el tema ya ha sido tocado en este mismo espacio hace ya más de un año. Pero la verdad, el asunto que me concierne no radica simplemente en ejemplificar posts patéticos, por más divertido que sea.

Ahora no sólo se trata de las fotos de los hijos mal atendidos de tus antiguos compañeros, de hacerse los chingones o de presumir consumos o experiencias: Se trata de los likes, pero no de los likes como simple suerte de fetiche digital, sino como parámetro de la validación propia ante los otros.

Empecemos por donde comienza todo: El post. Un post no soy simplemente yo “compartiendo” un pensamiento o una ubicación: Soy yo queriendo hacerles ver a los demás que existo: Que hago cosas, que voy a lugares, que mis chistes son tan pendejos que son geniales… und so, und so. Y este punto es, en mi opinión, bastante obvio.

Imagen pública
Imagen pública

Y los demás responden con un like: Incluso, si el hecho social lo dicta así pueden incluso responder con un “me divierte” o un “me entristece”. Y es bonito poder compartir cosas y comentar porque qué chingón es vivir en la era de la comunicación y blablá.

Pero hay un problema: La cosa no se queda ahí.

Con el tiempo – o simplemente catalizando prejuicios e ideas sobre la aprobación de los otros -, los posts se tornan en algo en parte triste, en parte siniestro, que podría resumirse en la siguiente frase:

Si sucede en los muros, sucede en las vidas.

Todos nos volcamos hacia la vorágine que representa el post gracioso de alguien más: Todos queremos dar like, comentar de manera “personal” y de compartir. No dudo que en ocasiones con un like se pretenda dar a entender que algo fue, simple y llanamente, gustado. Pero seamos sinceros: Al volcarnos hacia las mil y un maneras de reaccionar ante un post, no solamente decimos lo que literalmente decimos al reaccionar como reaccionamos – lo que en el núcleo está contenido es el ansia de hacerle saber a los demás que nosotros también encontramos gracioso; que nosotros encontramos triste; que estuvimos ahí para darle “me encanta” a un post feliz; que nos dolimos con un “me entristece” ante un post afligido.

Pero al salir de nuestro bello, protegido y amiguero mundo blanquiazul no demostramos ni una mierda de encanto, tristeza o empatía.

Las vidas reales parecen quedar volando ingrávidas e inmóviles si no encuentran su alter ego en sus respectivos timelines.

Imagen pública
Imagen pública

Y al final, la conclusión de la columna no ha cambiado en lo más básico con respecto a la de hace más de dos años: Podemos comunicar muchísimas cosas por Facebook, pero las vidas, las acciones y los otros que verdaderamente importan están allá afuera, más allá de la pantalla – pensar que expresar algo con respecto a otro algo o alguien en la red equivale a hacerlo en vivo sería engañarnos a nosotros mismos.

Allá quien quiera ser una vida por nada.

Anuncios

Cero que me influye

SOUTH PARK-IMAGEN PÚBLICA
SOUTH PARK-IMAGEN PÚBLICA

por Carolina Vargas

Soy una persona simple ¿ya se los había dicho? No me tiro para que me levanten, es la realidad. Me cuesta trabajo todo lo que tenga la leyenda “abre fácil” en su etiqueta, mi computadora tiene al menos 6 programas de reproducción de audio y video que nunca he utilizado, de vez en cuando envío cartas personales por correo regular para asombro e incredulidad de los empleados de la oficina postal, camino para no tomar el autobús, un cono de Mc Donald’s me levanta el ánimo sin importar lo mal que me sienta y creo que en términos generales conservo una sana capacidad de asombro. Sin embargo esta simplicidad me ha traído un par de inconvenientes.

Hace un par de días descargue una película en mi computadora, descargar música o videos no es algo que acostumbre, prefiero hacerlo todo en línea; sin embargo me vi en la necesidad de romper ese esquema y fue justo ahí donde comenzaron mis problemas.

Nunca he sido una fanática de la tecnología, como lo dije al principio tengo programas instalados en mi computadora que no sé para qué sirven, lo mismo sucede con mi teléfono. Hace años aprendí un poco de programación pero ya era obsoleta incluso para esa época, la tecnología no es lo mío. Tenía muchas ganas de compartir esa película con alguien a quien quiero mucho, pero la opción de verla en línea es complicada, así que decidí bajarla, es una película francesa por lo cual los subtítulos también eran descarga obligada; cuando por fin se completó la descarga de la peli y según yo le añadí los subtítulos, corrí la cinta y me di cuenta que estos últimos no estaban, lo intenté varias veces y no pasaba nada; vi algunos tutoriales por internet para agregarlos, descargue programas para edición y nada, algo tan sencillo y aún no puedo conseguirlo.

Me decepcioné un poco de mi falta de pericia y me avergüenza reconocerme incapaz de hacer una cosa tan sencilla. Le conté a un amigo mi triste experiencia y de manera muy amable quedó de ayudarme con eso un día de estos, así que sigo sin poder ver la cinta en compañía de mi otro amigo el cual cree que lo estoy cuenteando y que se me olvidó descargar la película que le prometí.

SOUTH PARK-IMAGEN PÚBLICA
SOUTH PARK-IMAGEN PÚBLICA

Quizá la respuesta sea mucho más sencilla de lo que parece y lo que realmente necesito es desconectarme de la tecnología un buen rato, meses, años o toda la vida. Vale ya sé que no es para tanto, pero muchísima gente vive perfectamente bien sin tener acceso a internet, tablets, celulares, etc. Yo no puedo ausentarme una semana de Facebook sin que me envíen un par de patrullas y a MP para saber si sigo viva –ver entrada anterior “Facepuke”- pero la verdad es que ahorita daría lo que fuera por deshacerme de la frustración de una película sin compartir, una computadora con un virus producto de mi descarga fallida que además de poner pendeja a mi compu no me permitía utilizar el navegador de internet, y la cerecita del ciberpastel es que el ventilador de la lap agoniza y hay que darle su terapia de choque…qué mamadas. Lo del virus ya pude resolverlo pero de nada sirvió porque no entendí la mitad del dictamen que me dio el técnico sobra decir la cara de pendeja que puse.

Una cosa como esa no debería tener mayores consecuencias en mi vida, hay talentos o habilidades que nos están negados, quizá mi frustración se debe a que, mientras veía un sinfín de tutoriales lo hacían ver tan sencillo que me creí capaz de hacerlo, pero no fue así. Tengo poca tolerancia hacia la frustración, sentirme torpe es algo que me desespera  y me deprime, creo que esto se lo debo a mis altas dosis de neurosis adquiridas desde la infancia.

Torpe, me siento torpe, más allá de no poder descargar unos subtítulos, me siento torpe cuando cualquier cosa por muy pequeña que sea se me sale de control y me vulnera, sentirme como perro lampareado en el periférico es algo que a nadie le gusta pero la diferencia es que muchas personas pueden manejar bien esa situación, a mí me cuesta más trabajo porque no soy un perro cualquiera, soy un perro de aguas que puede mearse con el sonido de un carrito de camotes.

Los trapos sucios

Trapos sucios - Imagen pública
Trapos sucios – Imagen pública

por María  Mañogil

Tengo un pequeño problema con las redes sociales, o tal vez debería decir que las redes sociales tienen un problema conmigo, o más bien, lo tienen algunas personas con las que interactúo a través de ellas.

No hace mucho que soy usuaria de este tipo de redes de comunicación (apenas un año y medio) y en este tiempo he visto un poco de todo, más o menos como en la “vida real”. Desde personas con las que he ido creando poco a poco un vínculo de cariño y confianza lo suficientemente fuerte como para hacerse merecedoras de poder llamarlas amigos(as) y a los que les contaría sin dudar mis secretos más íntimos, hasta personas que, acabadas de conocer, me envían mensajes privados con fotos suyas en ropa interior o ya directamente, ¿para qué perder el tiempo?, en pelotas.

Entre un extremo y otro hay miles de situaciones que podría relatar, pero no tengo ganas en este momento y tampoco me parece tan importante hacerlo. Mientras alguien no haga nada que esté fuera de la legalidad, involucrando, por ejemplo a menores y haya que ponerlo en conocimiento de las autoridades, o que resulte molesto o incómodo para otro (y si es así se le dice, que para eso tenemos la boca y en este caso los dedos), cualquier utilidad que se le dé a una red social me parece bien. ¿Acaso no vestimos como queremos, escuchamos la música que nos gusta y vemos los programas de televisión que nos apetece? Pues con las redes sociales pasa lo mismo; unos las usan para ligar, otros para conocer amigos, otros sólo para temas de trabajo y otros (como yo) vamos alternado algunas de esas cosas según lo que nos interese en cada momento, y en mi caso, dependiendo del estado de ánimo. Así, cuando estoy triste lo pongo en mi Facebook, cuando estoy enfadada también y cuando me siento feliz lo comparto tal y como acostumbro a hacer en mi entorno más cercano y fuera de las redes sociales.

Trapos sucios - Imagen pública
Trapos sucios – Imagen pública

Al contrario que otras personas (a las que respeto y, como he dicho antes, me parece bien lo que hagan) yo no tengo en las redes sociales una identidad y una personalidad distinta a la que tengo en mi vida. De hecho, el otro día me dediqué a revisar las infinitas publicaciones que he puesto en Facebook en los últimos meses y no me veo tan diferente a como soy de verdad; mi familia y las personas que me conocen en mi día a día tampoco han notado la diferencia. Realmente soy yo. Excepto algunos detalles que puse a modo de broma, como que me gradué en Hogwarts en la promoción de 1950 y algunas cosas por el estilo, todo lo demás es cierto. Mis pensamientos, mi inestabilidad en el estado de ánimo (variable en cuestión de minutos), mis temores, mis sueños… Todo eso es real y no he sentido en ningún momento la necesidad de fingir otra cosa.

Entiendo perfectamente que hay personas a las que no les gusta difundir ni hablar de temas personales, pero a mí no me importa. Por eso lo hago.

Y ahora viene el problema que, parece ser que estoy causando, y todavía no entiendo el porqué. Yo me dedico a poner canciones que me gustan, a compartir fotos que me hacen gracia o que me parecen interesantes, a difundir las columnas que escribo o que escriben  otras personas, a escribir frases que se me ocurren o que son de otras personas (en este último caso las pongo entre comillas y si lo conozco, añado el nombre de quien la dijo) y también a expresar sentimientos, relatar anécdotas mías, gastar bromas o todo lo que se me ocurra.

No me parece que esté haciendo nada mal. Entonces ¿dónde está el problema? Pues eso mismo me pregunto yo y he llegado a la conclusión de que yo no tengo ninguno, son otras personas las que lo tienen.

El otro día vi una foto que alguien compartió y que decía lo siguiente: “Los trapos sucios van aquí (y se podía ver un cesto de los que se utilizan para poner la ropa sucia) y no aquí (y salía el logotipo de Facebook)”. Bueno, no deja de ser una opinión y no se trata más que de una foto como cualquier otra, con la excepción de que la frase que ponía en la foto me la han dicho a mí innumerables veces, no con esas palabras, pero con otras muy parecidas, aunque mucho más sutiles.

Quiero aclarar que yo, los trapos sucios, en mi casa los pongo donde me da la gana, para eso es mi casa y son mis trapos, por lo tanto, y por el mismo motivo, los puedo ventilar en Facebook cuando quiera (que para eso es mi cuenta), siempre que sean los míos los que ventile y no los de los demás. A mí no me molesta nada de lo que pongan ni de lo que hablen los demás, ni mucho menos me siento identificada con nada, ya que entiendo que, quien quiera decirme algo, me lo dirá a mí personalmente y no mediante indirectas. Las indirectas se pueden pillar o no y, por experiencia propia lo digo, muchas veces se siente identificada con ellas la persona que menos tiene que ver con el tema, mientras que la persona a la que va dirigida, a veces ni siquiera ve la publicación.

Trapos sucios - Imagen pública
Trapos sucios – Imagen pública

Si estoy hablando de esto no es para mandar una indirecta a nadie, ya que a las personas que se dedican a aconsejarme día sí y otro también sobre lo que tengo o no que poner en mi muro de Facebook, ya les he dicho esto mismo en privado y a algunas de ellas, a la cara.

Si escribo hoy sobre este tema es porque me parece interesante y porque, al igual que yo, mucha gente debe estar sufriendo en estos momentos el acoso que supone escuchar una y otra vez la misma lección de moral que hay quienes se dedican a impartir gratuitamente. Cuando yo quiera que me den clases ya las pagaré y me aseguraré antes de que quien las imparta tenga  conocimientos demostrables para ejercer de profesor o de profesora en esa materia, porque para eso debería haber un título y que yo sepa, no lo hay.

A la persona que me enseñe qué es lo que se debe decir o lo que se debe callar en las redes sociales, la elegiré yo cuando lo crea conveniente y, por supuesto deberá demostrarme que está perfectamente cualificada para hacerlo y que sus trapos sucios están bien guardaditos en  un cesto herméticamente cerrado, porque, todo hay que decirlo: que los trapos sucios no se vean no quiere decir que no huelan.

Facepuke

Usuarios de Facebook  Imagen pública
Usuarios de Facebook Imagen pública

por Carolina Vargas

En el año 2009, después de mucho resistir, sucumbí a la tentación de las redes sociales y abrí una cuenta en Facebook. Debo decir que durante años recibí en mi correo infinidad de invitaciones para unirme a Myspace, Hi5, Metroflog y otros nombres intrascendentes que llevan años borrándose de mi recuerdo.

Al principio no entendí muy bien el furor que causaban las redes, o mejor dicho, no sabía muy bien que rollo con ellas. La verdad es que tampoco me detuve a reflexionarlo mucho tiempo, y un día me dije “¿por qué no?”.

Desde el principio tuve muy claro que debía defender a como diera lugar mi privacidad, sin importar lo que me dijeran, jamás usaría mi nombre real, así que me fabriqué un avatar, adopté una nueva identidad, llené el formulario y unos cuantos clicks después ya era un militante más de la larga lista del apocalipsis zombiefacebookero.

Recuerdo que por aquel entonces mandaba regalitos a los muros de mis amigos, frases, test, aplicaciones variopintas, en fin, la industria del ocio cibernético en todo su esplendor. Lo admito, me divertía mucho, pero creo que el secreto para poder sobrellevar dos identidades, es que al menos una de ellas no me la tomo en serio, a diferencia de mi yo real que resulta muy dramática para casi todo. Mi avatar en Facebook tiene casi 800 amigos, 5 stalkers confesos, varias relaciones filiales nacidas más por el cariño que por el parentesco o la sangre; mi avatar vive en Corleone, habla esperanto y en algún momento de su vida trabajó como ángel de Victoria’sSecret, tiene apasionados romances con David Gandy, Marlon Moreno, Jean Dujardin, Sergio Rubini, RomainDuris, Brad Pitt, Robert Downey Jr. Dita Von Teese, MonicaBelucci y Scarlett Johansson.

Facebook - Imagen pública
Facebook – Imagen pública

Yo no tengo tantos amigos, me sobran dedos para contarlos, lo cual agradezco profundamente porque creo que para ser buen amigo hay que darlo todo, por esa razón mi círculo es muy pequeño; stalkers inconfesos tengo muchos más de los que pensaba, hermanos del alma sólo uno, prefiero los juegos en solitario sobre todo si se necesita lápiz y papel; amoríos virtuales ¡ja! qué cosa tan absurda, prefiero mil veces un roce de manos, una sonrisa y la calidez de unos labios honestos que la foto más hot de David Gandy. En pocas palabras, prefiero mi vida real, así la pase rascándome la panza todo el día, acostada boca arriba, mirando el techo, comiendo galletas, pensando en la inmortalidad del cangrejo y amenizando el momento alguna invaluable joya de mi acervo musical.

A estas alturas de la columna la mayoría se preguntará: ¿y eso a mí que me importa? Un debraye más de una adicta a las redes sociales… ¡Que profundidad! La verdad es que mi cibercorazón se rompió hace unos días, cuando la Kurá revisó su bandeja de entrada y tenía como 10 inbox, con recados de amigos y familiares, en los que se me reclamaba, entre otras cosas, por no haberme conectado durante días a Facebook. De ahí me surgieron varias dudas razonables, la primera, ¿desde cuándo tengo que pasar lista de asistencia con Mark Zuckerberg? Segunda, ¿realmente soy tan predecible y patética como para que mi vida gire alrededor de lo que Kurá hace, dice o postea? Tercera, ¿Kurápani Technicolor ya se comió a su alter ego? ¿La actividad cibernética de Kurá es lo único que vale en mí día a día?

Me sorprendió mucho que se me asumiera de esa forma, supongo que yo tengo la culpa, por qué efectivamente, Kurá revolotea demasiado por el ciberespacio, y aquí hay que aclarar una cosa, si bien es cierto que mi cuenta en Facebook tiene mucha actividad, yo nunca me la he tomado en serio, así como la hice la puedo desaparecer, pero ir al súper, lavar ropa, cocinar, limpiar el piso, escribir esta columna, dedicar tiempo a mis lecturas, escribir, reseñar, atender mis citas en el juzgado, salir con amigos, mis largos paseos por el jardín de San Francisco y los portales, las chelas en el barrio del artista, las tardes con Jano, mis horas de entrega a ver cine de culto, escribir para mi hijo y las largas charlas con su retrato, rascarme la panza, hacer memes, las fotos, mirar la ciudad nacer y morir desde la azotea, las mañanas de Skype con mi mamá, el whatsapeo, las visitas a las librerías, las noches de café y vino tinto mientras escucho boleros, los tangos, las espirales de mis cigarrillos, el Tesoreo intenso, el Periquita style, los sábados vagabundeando en los Sapos…todo eso no puede, ni debe desaparecer de mi vida, por eso no me explico la razón del asombro que mi ausencia en Facebook produjo en muchos de mis amigos, de los reales, y en un tanto más de parientes y contactos.

Facebook - Imagen pública
Facebook – Imagen pública

Así que aclaremos, soy una persona con responsabilidades, vicios, ocio y esa sana costumbre de la procrastinación tan propia de nuestra especie, tengo una vida y aunque no lo parezca también una agenda que debo cumplir, plazos que llegan y fechas que se cumplen, todo eso mucho más importante que cualquier tontería que tenga yo que postear. Para todos aquellos que quieran verme 24/7 lamento decirles que es imposible, pero no me cierro ante la idea de ir por un café, una llamada telefónica, beber una cerveza en los balcones de Yelao o simplemente planear un encuentro en cualquier calle de esta ciudad, a horas adecuadas, por supuesto, porque no tengo coche y el transporte público es pésimo. Si alguien verdaderamente quiere saber de mí, me puede llamar y es bienvenido a mi humilde cueva en conocida y transitada avenida del centro de esta ciudad, de la misma manera que yo, cuando quiera saber de alguno de ustedes, probablemente se lleven una grata sorpresa al atender el teléfono y descubrir que les estoy llamando. Con esto no digo que deje en el olvido a mi querida Kurá, sencillamente ella tiene su espacio y yo el mío, y últimamente yo he necesitado mucho más hacerlo efectivo. Si no me ven en línea, no se preocupen, estoy bien y respiro, quizá por esta última razón es que Kurá se va de vacaciones un tiempo, para despejarse de mí. Por mi parte, seguiré como hasta ahora, llevando una existencia de bajo perfil para poder diluirme en las mieles del anonimato peatonal.

Por supuesto que Kurápani Technicolor y yo tenemos muchas cosas en común, pero ella existirá hasta que yo quiera, me aburra de la red o deje de pagar la cuenta telefónica y/o elimine el programa de mi celular. A la Kurá le debo miles de máscaras que he tenido que usar para seguir manteniendo el anonimato de mi vida y bajo perfil, porque como lo he dicho antes, soy una persona simple.

Nóguanquérs

por Alejandro Vázquez

Soy hermoso. Fabuloso. Inteligente. Una perra.

Y estar bien consciente de lo que yo soy (o al menos creer saberlo con una seguridad abrumadora) es, en mi humilde opinión, un requisito indispensable para tener una personalidad bien definida y avanzar hacia el Progreso en la Bida. Pero llegados a semejante descubrimiento del hilo negro, llegamos a un hecho bastante generalizado: hay algo que a muchos NOS falta, y esto es casi siempre la validación de lo que se es por parte de los demás.

Desaprobación, falta de atención y de afecto, vacío, anomia, transgresiones frustradas, transgresiones pendejas, contradicciones etílicas, contradicciones aún más pendejas; todo lo anterior y otras monadas se hacen evidentes en nuestro actuar y en cosas que pueden parecer insignificantes como nuestros estados de féisbu.

Sí: féisbu.

“Estoii triste!!1”

quejas

Sí, claro. Pero no eres el único que sufre, maldita sea. Ya sea porque te mandaron al jorno, porque la señora de las gordas te hizo caras mientras preparaba tu queca o porque a tus padres no les parece nada náis que salgas a la calle con el calzado más fodongo y chingonamente cómodo jamás creado (chanclas) todos nos jodemos la vida, en mayor o menor medida. Con todo, hay gente muriendo allá afuera, quedándose sin tragar, siendo apuñalados, cercenados, verdaderamente infravalorados mientras tú lees esto.

Si la cosa está tan del nabis, quizás lo que menos deberías estar haciendo es expresar tu miseria por este medio. O si lo vas a hacer, que sea cagándote de risa.Cagándote en esa miseria sin esperar nada de nadie a cambio.

“Soy bien cabrón/cabrona y el sexo opuesto/mismo sexo me la pela.”

Lo que presumes, lo que te falta. Prácticamente nadie puede ser tan indiferente y pendejo como para no lanzarse a bailar el irresistible vals de la muerte – o lo que es lo mismo: caer por alguien. A menos que se trate de un psicópata, no existe nadie a quien no le hayan temblado las piernitas, se le haya resquebrajado la voz o un trocito de voluntad por algún otro ser humano. Somos masoquistas: nos gusta sentir la boca reseca, nuestro pulso tronándonos las clavículas, ver, sentir y así.

Masoquistas sí, pero no tan pendejos como para decir: “MIREN TODOS, NO SOY MASOQUISTA PERO COMO QUE QUIZÁS.”

Expresar esto con una canción de Jenni Rivera: eutanasia, pls.

sadselfie

“Cada dia k la beobacresiendo mas y mas y se que cresera y estare mui orgulloso/a de el/ella”

Un estado así con la foto de un bebé es el puto acabose. Dios mío, carajo: dan ganas de tirar a alguien a las vías del metro. En la línea 7. Estación Camarones.

Como se puede observar, muchos tienen problemas, huecos emocionales o simplemente cosas más interesantes que atender que la foto de un bebé genérico; una foto generalmente tomada con las nalgas, con una calidad tan mediocre que, comparadas con imágenes con una resolución de 128×96, éstas últimas parecen haber sido capturadas con una cámara profesional de 22 megapíxeles en las mejores condiciones de luz jamás habidas.

Si de verdad desean ser padres ejemplares y ser admirados por haberse atrevido a traer a la vida a un niño en un país con tantas oportunidades de realización económica y humana como éste, quizás lo que deberían estar haciendo es actuar como lo que son y ocupar el tiempo que están desperdiciando en escribir estados sin trascendencia en algo como… no sé: ¿Ocuparse de la educación y formación de su hijo en la vida real, quizás?

*Perfil de un perro en féisbu*

perro en facebook

FÓC MÍ~ – FÓC YÚ~ –FÓC ÉBRIDING AND ÉBRIGUAN! – ¿POR QUÉ PINCHES NO?

Crear un perfil para algo/alguien sin su permiso/consciencia total es de las cosas que deberían castigarse con obligar al infractor a cagar un chayote entero. Es sodomizarme sin tu permiso mientras crudeo. Es algo inhumano. Y exageradamente estúpido.

Y todos sabemos perfectamente que quien gustea tus estados no es el decrépito frenchpúdul que podemos admirar en la pitera foto de perfil que le asignaste, no: eres tú intentando llegar a los cinco mil amigos o a los tres láics.

*Indirecta*

¿De verdad tengo que explicar ésta?

Con todo, hay algo que me hace ruido en este momento y es el título de esta pedorra columna. No es que alguien le importe a nadie – a menos que seas César Nava o Roberto Bolaño. LOL – sino que a quienes uno realmente les importa son aquellos que están ahí afuera: aquellos que se toman unas chelas, se fuman una shisha, se beben un café o aquellos que simplemente están dispuestos a mirar hacia el Progreso aplastados en una banquita… CONTIGO. ♥

La red como medio, no como fin.

El látigo auto flagelante

Capote por Bresson
Capote por Bresson

por Andrea Garza Carbajal

Hace algunos años, después de entrar a la carrera de Literatura, conocí a un joven que se presentaba a sí mismo, sin vacilar, como escritor. Pensé que escribiría todo el día, pero no era así, en realidad, la mayor parte del tiempo dormía (incluso en clases); decía muy serio que en sus sueños fraguaba la trama de sus relatos, en su cabeza llevaba media novela hecha y estaba seguro que en cuanto la terminara podría escribirla para que fuera publicada. Creí que estaba tratando con una especie de genio, un genio que prefería no leer porque su escritura podría verse mal influenciada por personas que nada tenían en común con él. Extraña forma de pensar para sus pretensiones, aunque jamás supe si decía la verdad. Antes de poder comprobar cualquier cosa, desapareció. Mi hipótesis es que murió ahogado entre el alcohol, la inconsciencia y su almohada, por la mala costumbre de dormir siempre boca abajo, que ya le había causado otras veces principios de asfixia etílica.

Tiempo después me di cuenta de que al talento excepcional, el verdadero, le precede una técnica. Lo más común es encontrar técnicas bien desarrolladas en talentos mediocres, también existen los talentos perezosos, brillantes por naturaleza pero que jamás se desarrollarán manteniendo su estado de comodidad y sobreviviendo de sus pequeños aciertos, pero lo menos común, es el talento nato cuya trascendencia se acompaña de una técnica depurada.

Además de las lecturas constantes y,  a palabras del autor, cinco horas diarias de práctica desde los ocho años, llevarían a Truman Capote a ser un escritor consumado a los diecisiete. Se sabía talentoso, se sospechaba genio. Jamás dejó de buscar nuevos caminos para mejorar su estilo porque sabía que difícilmente encontraría un límite para la evolución de su talento.

Reconocido por la crítica, redituable para las editoriales y para sí mismo, capaz de capturar un buen número de lectores sin comprometer su estilo, y con la personalidad necesaria para escandalizar a veces o causar polémica, se volvió el escritor de moda. No sólo entre los lectores ordinarios. Penetró en los círculos de la farándula y la alta sociedad, y en algún punto, ello influyó en su escritura.

Truman Capote 1973-Especial
Truman Capote 1973-Especial

Quería retratar la realidad, no sólo escribiendo bien, sino buscando el “arte verdadero”. Así, después de la publicación de sus obras más reconocidas, ideó escribir una novela que proyectó como su obra cumbre. Un retrato irreverente de una parte de la alta sociedad europea y estadounidense, la parte que él conocía. Publicó los primeros capítulos en la revista Esquire convencido de que sería un éxito. Sin embargo, la reacción más notoria y que definiría el avance de su obra, la obtuvo de varios de sus amigos, aquellos que al verse retratados en las páginas, con  algunos de sus íntimos secretos revelados, lo excluyeron de sus círculos y le dieron la espalda. Capote diría tiempo después que fue lícito, quizá reprochable, pero lícito para un escritor que tomaba como punto de inspiración la realidad que lo circundaba. Sin embargo, tras estas primeras reacciones cesó la escritura de su obra por algunos años.

En Música para camaleones, anunciaría la reescritura y continuación de su novela, pues revisando sus escritos había tenido una revelación. Se dio cuenta de que no había utilizado todas sus capacidades como escritor en lo anteriormente publicado, simplemente le parecía insuficiente. Ahora proyectaba para esta novela utilizar todas las técnicas aprendidas como escritor, evolucionar hasta los más altos niveles y crear algo novedoso. Continuó hablando de sus avances los siguientes años con su editor y amigos, hasta su muerte, momento en que acorde a los diferentes intereses, se buscaron exhaustivamente los capítulos escritos. Nada fue encontrado. A pesar de que Capote solía guardar todos sus manuscritos, no se encontraron indicios de que éstos hubieran existido alguna vez.

Capote decía ser un genio. En sus publicaciones se revela un gran talento y una magnífica técnica además de una evolución estilística. Pero no estaba satisfecho, creía poder hacer más, un proyecto tan ambicioso que le llevaría cerca de quince años no concretarlo. No se sabe lo que ocurrió. Si después de la publicación de A sangre fría, cuya escritura lo afectó anímicamente, el repudio de antiguos amigos por las revelaciones publicadas y otros factores personales, pudieron frenar su inspiración, o que en efecto escribió una obra magnífica, tal y como él la vislumbraba y por razones desconocidas decidió destruirla sin que nadie lo supiese nunca. Existe una tercera opción,  a la que probablemente ningún escritor quisiera enfrentarse, tal vez sus ambiciones fueron más grandes que la capacidad para escribir la obra que imaginaba y la frustración le hizo abandonar su elaboración.

Truman Capote-Especial
Truman Capote-Especial

Quizá el talento verdadero tiene en efecto un límite y peligrosamente, cada creador que inquiera en el suyo podría caer en la frustración o el desengaño, pero no hacerlo, no indagar  sería más perjudicial, significaría el estancamiento del talento y el estilo, y la comodidad de la autocomplacencia. Llegar hasta donde se pueda considerar aceptable, pero jamás arriesgarse por temor a no hallar lo deseado. Desde luego, esto rebasa por completo el primer caso, aquél de mantenerse siempre a raya y jamás sumergirse en la realidad que suele rebasar siempre a los sueños. Creerse un creador sin haber creado nada, dejará un vacío más lamentable que el  intentarlo hasta los propios límites, donde algunos evolucionarán y seguirán adelante, y otros, al conocerlos, buscarán otros caminos. Tal como lo dijo Capote:  “When God hands you a gift, he also hands you a whip; and the whip is intended for self-flagellation solely.” (Cuando Dios te da un don, también te entrega un látigo, y el látigo es únicamente para auto flagelarse).

Miriam Medrez/ Cuerpo Ausencia Hilvanando identidades

Especial
Especial

por Mathieu Branger

La Capilla del Arte continua su exploración de la creación contemporánea con la presentación del trabajo de la artista mexicana Miriam Medrez. La exposición Cuerpo ausencia, hilvanando identidades muestra el trabajo mas reciente de la artista de Monterrey, sobre el tema de la identidad y de la feminidad con maniquís y vestidos de telas intervenidos con diversos materiales y varios textos bordados.

La Capilla del Arte, ubicada en la parte alta del antiguo edificio de las Fabricas de Francia, en la calle 2 norte, es el espacio cultural de la UDLAP, y tiene como vocación vincular el arte, en todas sus modalidades con la comunidad, trayendo a Puebla proyectos novedosos, ambiciones y de gran alcance.

En esta ocasión, se trata de Miriam Medrez artista bien conocida del mundo del arte, con una larga trayectoria, que radica en la ciudad de Monterrey, donde produce la mayor parte de sus obras. Desde los años ochenta empezó a trabajar formas orgánicas, inspiradas en lo vegetal ,o en lo animal, para dar vida a grandes esculturas, que integran también en su mayoría figuras humanas. Medrez es una artista polifacética, muy reconocida pero discreta, que traza su propio camino, sin dejar de pensar el arte como una experiencia que incluye al espectador, lo involucra.

La exposición de la Capilla es importante porque nos muestra una nueva linea en el trabajo de la artista, con esculturas ya no de barro sino de tela y de bordados. La tela es un material femenino, frágil, que sirve en este caso como punto de partida para presentar el cuerpo de una mujer, Miriam Medrez, y proyectar estados, realidades o fantasías, pero siempre de manera directa.

Miriam Medrez
Miriam Medrez

En los maniquís de tamaño natural, existe un tensión entre un mundo interior y la realidad social, entre cuerpos reconocibles y elementos que brotan, que saltan a la vista y son expresiones de la subjetividad de una mujer o expresiones sociales, sin eludir el dolor, el sexo, el cansancio del cuerpo. Se profundiza todavía mas esa relación con la serie de vestidos invertidos, en los cuales quedan solamente vestidos vaciados de cuerpo. El espectador se encuentra, al igual que en una exposición de moda con grandes envolturas tejidas, pero si se acerca se tiene que afrontarse con imágenes bordadas de mujeres desnudas expuestas en su intimidad.

Es más que un trabajo de creación de objetos artísticos, es la reconstrucción de un imaginario, a través del vestido. Los maniquís de tamaño real, con o sin cuerpos, desnudos o descarnados, nos interpelan, de manera no tan ingenua, para saber que seria “ser mujer” y nos dejan sin embargo sin respuesta.