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Doce razones para fumar

American Hustle - Fotograma
American Hustle – Fotograma

por José Luis Dávila

1. Porque el humo que sale de la boca es el mismo humo del que nacen las ilusiones, esas perras malditas que nos hacen creer en que la vida puede ser mejor de lo que aparenta. Y es que sí puede ser mejor, pero no si nada más nos quedamos con la idea de que el humo será eterno, porque no, lo que pasa es que se disipa para dejarnos caer contra la imagen del muro sin que nos dé tiempo detenernos antes de chocar. Lo bueno del humo que exhalamos es que podemos contemplar inmóviles su ruta, sus danzas, sus juegos en el aire, sus ilusiones, pero sin el riesgo del golpe.

2. Fumar es malo para la salud, lo sabemos todos. Pero cada quien tiene su motivo para fumar: ansiedad, estrés, gusto, etc. Yo no recomiendo fumar a menos que se sepa por qué se está fumando; al saber eso, el tabaco se disfruta mejor. Sea cual sea el motivo, saberlo da una actitud a cada calada que cambia la forma en que se ven las cosas.

3. Es mejor fumar sin filtro, sobre todo si son Faros, porque sin filtro es como se aprecian mejor las buenas cosas de la vida. Sin filtro, la verdad es verdad donde quiera que se encuentre uno, sin esas nenadas de los chismorreos venenosos, porque cuando se habla sinceramente no se necesita convencer al otro, el otro se convence por sí mismo de lo que sea que uno le diga.

Tomy fumando - Fotograma
Tomy fumando – Fotograma

4. No creo que haya muchos placeres parecidos a sentir cómo nos llena los sentidos la nicotina; paradójico, porque es la nicotina, y demás compuestos del cigarro, la que a la larga nos merma el gusto y el olfato.

5. Fumar es un mal hábito, pero de todos los malos hábitos que hay, es el menos dañino. Véanlo como yo lo veo: para mí, fumar no es tan malo si lo comparo con mi gusto por las mujeres histéricas. En todo caso, es más barato.

6. No dejo de fumar porque no quiero hacerlo. No soy un adicto, solamente me gusta. El día que me aburra de fumar, porque llegará ese día, lo dejaré. La cosa con dejar de fumar es que muchos lo hacen porque alguien más se los pide, a menos que sea un médico que diga que podríamos tener cáncer o que ya lo tenemos, sólo en ese caso pensaría en abandonar. Pero no fumar no te hace inmortal, ni superior de ninguna manera. Puedes ser un hijo de puta aún si no has probado el tabaco en tu vida.

Sherlock fumando - Fotograma
Sherlock fumando – Fotograma

7. De cierta forma, fumar es cuestión de estilo. Hay quienes pasan desapercibidos para todos los ojos, pero cuando toman un cigarro entre los dedos, no se sabe bien a bien por qué, pero se convierten en los centros de su micro-universo.

8. Aquél que está detrás del humo de tabaco, siempre, siempre, será más interesante que el que no lo está. Aunque uno no sepa por qué.

9. Fumar pipa es sólo para conocedores que saben apreciar el sabor del tabaco sin reparos. No todos están capacitados para tener y usar una pipa, sólo aquellos que en verdad creen que fumar es un arte deberían tener permiso para comprarlas.

Mujer fumando - Imagen pública
Mujer fumando – Imagen pública

10. Los puros son sólo para ocasiones especiales, para ocasiones de triunfo; fumarlos es un poco como meter doce cigarros en la boca de una sola vez, algo que no todos aguantan. Fumar puros es algo que deberían enseñar en las universidades, para que se separe a los que están hechos para los trabajos duros y estresantes que dejen huella en cada una de sus áreas, de los que estudian solamente para obtener un modo de vida.

11. Varios de los grandes personajes de la literatura fuman. Sherlock Holmes es uno de los más representativos. Todas las razones anteriores de una u otra forma engloban su personalidad, la personalidad que da años de tabaquismo bien aprovechados.

12. Las mujeres que fuman son una de las mejores razones para fumar. Encenderles un cigarro, cuando se flirtea con ellas, es un acto que las conquista dependiendo de cómo se hace. Cuando solamente son amigas, cuando no se quiere nada más con ellas, encenderles el cigarro es un acto de caballerosidad que nunca debe olvidarse, porque siempre habrá otra fumadora cerca que sienta envidia y pueda querer que uno el encienda el cigarro. 

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El látigo auto flagelante

Capote por Bresson
Capote por Bresson

por Andrea Garza Carbajal

Hace algunos años, después de entrar a la carrera de Literatura, conocí a un joven que se presentaba a sí mismo, sin vacilar, como escritor. Pensé que escribiría todo el día, pero no era así, en realidad, la mayor parte del tiempo dormía (incluso en clases); decía muy serio que en sus sueños fraguaba la trama de sus relatos, en su cabeza llevaba media novela hecha y estaba seguro que en cuanto la terminara podría escribirla para que fuera publicada. Creí que estaba tratando con una especie de genio, un genio que prefería no leer porque su escritura podría verse mal influenciada por personas que nada tenían en común con él. Extraña forma de pensar para sus pretensiones, aunque jamás supe si decía la verdad. Antes de poder comprobar cualquier cosa, desapareció. Mi hipótesis es que murió ahogado entre el alcohol, la inconsciencia y su almohada, por la mala costumbre de dormir siempre boca abajo, que ya le había causado otras veces principios de asfixia etílica.

Tiempo después me di cuenta de que al talento excepcional, el verdadero, le precede una técnica. Lo más común es encontrar técnicas bien desarrolladas en talentos mediocres, también existen los talentos perezosos, brillantes por naturaleza pero que jamás se desarrollarán manteniendo su estado de comodidad y sobreviviendo de sus pequeños aciertos, pero lo menos común, es el talento nato cuya trascendencia se acompaña de una técnica depurada.

Además de las lecturas constantes y,  a palabras del autor, cinco horas diarias de práctica desde los ocho años, llevarían a Truman Capote a ser un escritor consumado a los diecisiete. Se sabía talentoso, se sospechaba genio. Jamás dejó de buscar nuevos caminos para mejorar su estilo porque sabía que difícilmente encontraría un límite para la evolución de su talento.

Reconocido por la crítica, redituable para las editoriales y para sí mismo, capaz de capturar un buen número de lectores sin comprometer su estilo, y con la personalidad necesaria para escandalizar a veces o causar polémica, se volvió el escritor de moda. No sólo entre los lectores ordinarios. Penetró en los círculos de la farándula y la alta sociedad, y en algún punto, ello influyó en su escritura.

Truman Capote 1973-Especial
Truman Capote 1973-Especial

Quería retratar la realidad, no sólo escribiendo bien, sino buscando el “arte verdadero”. Así, después de la publicación de sus obras más reconocidas, ideó escribir una novela que proyectó como su obra cumbre. Un retrato irreverente de una parte de la alta sociedad europea y estadounidense, la parte que él conocía. Publicó los primeros capítulos en la revista Esquire convencido de que sería un éxito. Sin embargo, la reacción más notoria y que definiría el avance de su obra, la obtuvo de varios de sus amigos, aquellos que al verse retratados en las páginas, con  algunos de sus íntimos secretos revelados, lo excluyeron de sus círculos y le dieron la espalda. Capote diría tiempo después que fue lícito, quizá reprochable, pero lícito para un escritor que tomaba como punto de inspiración la realidad que lo circundaba. Sin embargo, tras estas primeras reacciones cesó la escritura de su obra por algunos años.

En Música para camaleones, anunciaría la reescritura y continuación de su novela, pues revisando sus escritos había tenido una revelación. Se dio cuenta de que no había utilizado todas sus capacidades como escritor en lo anteriormente publicado, simplemente le parecía insuficiente. Ahora proyectaba para esta novela utilizar todas las técnicas aprendidas como escritor, evolucionar hasta los más altos niveles y crear algo novedoso. Continuó hablando de sus avances los siguientes años con su editor y amigos, hasta su muerte, momento en que acorde a los diferentes intereses, se buscaron exhaustivamente los capítulos escritos. Nada fue encontrado. A pesar de que Capote solía guardar todos sus manuscritos, no se encontraron indicios de que éstos hubieran existido alguna vez.

Capote decía ser un genio. En sus publicaciones se revela un gran talento y una magnífica técnica además de una evolución estilística. Pero no estaba satisfecho, creía poder hacer más, un proyecto tan ambicioso que le llevaría cerca de quince años no concretarlo. No se sabe lo que ocurrió. Si después de la publicación de A sangre fría, cuya escritura lo afectó anímicamente, el repudio de antiguos amigos por las revelaciones publicadas y otros factores personales, pudieron frenar su inspiración, o que en efecto escribió una obra magnífica, tal y como él la vislumbraba y por razones desconocidas decidió destruirla sin que nadie lo supiese nunca. Existe una tercera opción,  a la que probablemente ningún escritor quisiera enfrentarse, tal vez sus ambiciones fueron más grandes que la capacidad para escribir la obra que imaginaba y la frustración le hizo abandonar su elaboración.

Truman Capote-Especial
Truman Capote-Especial

Quizá el talento verdadero tiene en efecto un límite y peligrosamente, cada creador que inquiera en el suyo podría caer en la frustración o el desengaño, pero no hacerlo, no indagar  sería más perjudicial, significaría el estancamiento del talento y el estilo, y la comodidad de la autocomplacencia. Llegar hasta donde se pueda considerar aceptable, pero jamás arriesgarse por temor a no hallar lo deseado. Desde luego, esto rebasa por completo el primer caso, aquél de mantenerse siempre a raya y jamás sumergirse en la realidad que suele rebasar siempre a los sueños. Creerse un creador sin haber creado nada, dejará un vacío más lamentable que el  intentarlo hasta los propios límites, donde algunos evolucionarán y seguirán adelante, y otros, al conocerlos, buscarán otros caminos. Tal como lo dijo Capote:  “When God hands you a gift, he also hands you a whip; and the whip is intended for self-flagellation solely.” (Cuando Dios te da un don, también te entrega un látigo, y el látigo es únicamente para auto flagelarse).