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Fat Camp

Por Daniella Blejer

Amaranta tenía una capacidad extraordinaria para atraer a los hombres. Su piel blanca olía a vainilla, su risa resonaba a kilómetros de distancia. Su pelo, una mata enorme de rizos colorados, la cubría hasta la cintura. Hordas de muchachos enloquecidos por el olor de su cuerpo y el sonsonete de su risa se acercaban a ella con la esperanza de obtener una cita. Amaranta era gorda. Muy gorda. Cuando más voluminosa y rebelde se puso; sus padres, que ya no sabían qué hacer con sus feromonas, la enviaron a una clínica para adelgazar en Estados Unidos, como si bajar de peso implicara la disminución de su cachondería.

El Fat Camp se encontraba en un bosque escondido entre las Rocky Mountains. En contraste con la belleza del paisaje, sus reglas simulaban las de las academias militares. A su llegada, los campistas eran sometidos a una revisión meticulosa; cualquier comida descubierta, fuera chatarra o no, era decomisada. Los campistas tenían prohibido salir de las instalaciones, recibir visitas o paquetes. Solo Amaranta, que para el amor siempre tenía ganas, consigue novio en un lugar así.

El programa de ejercicio iniciaba a las seis de la mañana con una silenciosa sesión de Taichí-kung seguida por una larga caminata en el bosque. Los campistas subían las lomas con dificultad, entre la densa respiración se alcanzaba escuchar el ocasional paso de las liebres y el canto de los mirlos. Se vieron por primera vez en aquel bosque; él caminaba con torpeza, como lo hacen los obesos. Amaranta miró los ojos azul-violeta de Kevin y notó que se relamía los labios al verla. Se fijó en los brazos regordetes, la protuberante panza, el ancho trasero; sonrió.

Después de la caminata, se daban un implacable baño de agua fría, la temperatura baja favorecía la circulación y la quema de calorías. Ella aún temblaba del frío en la cafetería cuando notó que la miraba. Comió el pescado a la plancha, las verduras hervidas y el pedazo de tofu que no sabía a nada. Se miraron de reojo durante el trabajo; en Fat Camp los obesos sembraban la tierra porque la cercanía con ella los alejaba de los pensamientos desbordados. Por las noches, los internos se reunían a escuchar música de relajación y a jugar dominó en un salón donde servían té de jazmín y galletas de arroz. Fue ahí donde Kevin y Amaranta tuvieron su primera conversación y ella lo sedujo con su olor a vainilla.

Durante una de las caminatas, se tomaron de la mano alejándose del grupo para internarse en el silencio del bosque. Al llegar a un claro se volcaron con torpeza uno sobre el otro. Comenzaron a besarse, los rizos salvajes de Amaranta envolvieron sus caras. Se quitaron la ropa para explorar la espesura de sus cuerpos, rodaron por el pasto alternando la carga de los pesos. Kevin sumergió la cabeza entre los pechos de Amaranta, pensó que podría pasar el resto de sus días inmerso en aquella suavidad. Con los roces y los tactos la sangre les volvió a circular y dejaron de sentir el aire frío de la montaña.

A la mitad del programa de adelgazamiento, aun pasados de peso, Amaranta y Kevin se fugaron del camp al poblado más cercano de la Cordillera Wind River. El primer día pasearon por los lugares turísticos del aburrido pueblo de Wyoming y comieron, bajo los efectos de la pasada abstinencia, las hamburguesas más jugosas del mundo. Las papas fritas parecían derretirse en su boca. De postre cada quien comió un brownie de chocolate con helado. Más tarde se fueron al cuarto del hotel donde se encamaron desde temprano.

Se quedaron dormidos hasta la tarde del siguiente día. Al despertar retomaron la pasión y volvieron a dormir toda la noche. Por la mañana ordenaron al cuarto costillas barbecue y cervezas. Ya borrachos cogieron por horas; los alaridos de placer de Amaranta molestaron a los huéspedes al grado que el personal de piso en turno tuvo que tocar la puerta para solicitar que bajaran el volumen. Amaranta abrió desnuda; el empleado, mudo ante las lechosas curvas ensuciadas de salsa barbecue se retiró asustado. Los amantes se carcajearon hasta quedar dormidos.

Despertaron al día siguiente de noche y con hambre, consideraron la posibilidad de salir pero estaban tan exhaustos que decidieron ordenar pizza y cervezas al cuarto. Esta vez copularon al ritmo furioso de un rap que pasaba por el canal de videos.

La orgía continuó in crescendo, al quinto día los oficiales del Fat Camp llegaron por Kevin y Amaranta al cuarto del hotel. Tocaron y tocaron pero nadie contestó, forzaron la cerradura para abrir la puerta. Adentro encontraron platos con restos de comida, pilas de botellas de cerveza, ropa tirada en el suelo, la televisión prendida, sábanas y cojines desperdigados. Al abrir la puerta del baño encontraron a Kevin sentado en un rincón, desnudo, con los ojos perturbados; abrió los labios para hablar pero no logró emitir ningún sonido. Los oficiales del Fat Camp declararon que el aliento de Kevin tenía un peculiar aroma, parecido al de la vainilla.

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Náufrago marciano

Por E. J. Valdés

En algún lugar del mundo alguien escribirá que The Martian, con Matt Damon, es la misma película que Cast Away, con Tom Hanks, sólo que situada en Marte, y quizá incluso apunte con humor que ambos actores trabajaron juntos en Saving Private Ryan, donde también había que salvar al primero. No seré yo, pues solamente vengo a escribir una humilde reseña para los lectores de Cinco Centros.

The Martian es la adaptación al cine de la novela del mismo título de Andy Weir. Viene dirigida por Ridley Scott y cuenta con un reparto de estrellas empezando por Matt Damon, Jessica Chastain, Kristen Wiig, Jeff Daniels, Michael Peña, Kate Mara, Sean Bean, Sebastian Stan, Chiwelet Ejiofor y Donald Glover, entre otros. La cinta cuenta la historia del astronauta Mark Watney (Damon), miembro de una misión tripulada a Marte quien, tras una evacuación mal ejecutada, queda varado en el planeta rojo sin poder comunicarse con la Tierra y con limitados medios de subsistencia. Valiéndose de sus conocimientos científicos y los recursos que tiene a la mano, Watney se las tiene que apañar para sobrevivir solo en Marte, avisar a la NASA que sigue con vida y planear junto con ellos una misión de rescate que le permita volver a casa.

Esta película fue pronosticada como uno de los grandes blockbusters del otoño/cierre de año y no solamente ha vendido un montón de entradas, sino que ha sido ampliamente aplaudida por público y críticos, aunque tampoco ha estado exenta de una que otra pedrada. Tras haberla visto puedo decirles que es muy entretenida, que los efectos visuales son de primer nivel y que la narración hace mucho hincapié en lo que la ciencia y el ingenio pueden hacer por un personaje que se enfrenta a un escenario contra el cual tiene todas las de perder, y si bien Scott ha subrayado que fue la precisión científica la carta a la que la producción apostó todas sus fichas, es ésta también uno de los aspectos que más se han juzgado (¿se dan cuenta que últimamente sucede mucho a las cintas de este género?). Muchos de los experimentos que vemos en pantalla tienen un fundamento y se nos plantean totalmente factibles, sin embargo, cuando uno sale del cine y comienza a analizar los eventos de la historia con detenimiento hay un buen número de cosas que se antojan implausibles o descaradamente convenientes a la narrativa, pues la trama en general podría equipararse a una sucesión de eventos de lo más afortunada; Watney y sus rescatistas tienen al universo de su lado y a ratos parecieran tener una solución inmediata no solamente a todos los problemas que se les presentan, sino a una situación sin precedente en la historia de la humanidad. Y está bien, al fin y al cabo es una película de ficción cuya carga dramática, pienso, tiene la finalidad última de inspirar al espectador.

Algo que no puedo dejar de apuntar es el hecho de que la producción de The Martian quiere aprovechar el impulso que dieran Gravity e Interstellar al “cine espacial” en 2013 y 2014 respectivamente, y de hecho es bastante obvio el intento por capitalizar la popularidad de la segunda, que también contó con Matt Damon y Jessica Chastain en el reparto. Recordarán que en dicha cinta él también hizo a un astronauta varado en un planeta desierto, y el traje espacial que le vemos en esta película es muy parecido al que vistió en Interstellar hasta en el color…

Aunque no considero que sea la mejor película de ciencia ficción del año, The Martian está muy bien ejecutada, en general es muy disfrutable y hasta tiene momentos muy divertidos; incluso si se cuestiona su veracidad científica sale bien librada. ¡Ah! Y tiene una banda sonora de lo más “retro”, por adjetivar. En lo personal espero que esta cinta haya sido un buen calentamiento para Ridley Scott, quien en un par de años nos ofrecerá Alien: Paradise Lost; diría que más le vale redimir la franquicia con ese título, pero a mí sí me gustó Prometheus. Y QUÉ.

The Interview: un viaje inesperado

The interview - Imagen Pública
The interview – Imagen Pública

Por E. J. Valdés

Aunque ya son tres meses de su estreno tanto en Estados Unidos como en México, apenas vi The Interview en la única función que ofrece el cine que la proyecta, en el remedo de ciudad en la que vivo.

Mucho se ha hablado respecto a esta comedia estelarizada por Seth Rogen y James Franco, la cual generó una expectativa tremenda luego del conflicto entre Columbia Pictures, distribuidora del filme, y el gobierno de Corea del Norte que retrasó y, de hecho, limitó considerablemente su lanzamiento (algo que, en lo personal, me pareció una señal de debilidad por parte de la que presume ser la nación más poderosa y libre del planeta).

Pero, dado que vivimos en la era del Internet, The Interview comenzó a circular en Internet (y en los tianguis) a finales de 2014 y el pasado diciembre llegó por fin a los cines, y una pregunta que, sé, muchos se hicieron antes de verla fue: “¿de verdad valía tanto escándalo la película?”. En la semana siguiente a sus primeras proyecciones públicas me topé con comentarios y reseñas desde muy frías hasta cálidas —tibias la gran mayoría— pero, si mi opinión les vale de algo, les diré que la película está chingonsísima.

The interview - Imagen Pública
The interview – Imagen Pública

 

The Interview es la segunda colaboración directorial de Evan Goldberg y Seth Rogen (la primera fue la poco difundida pero muy celebrada This is the End) y cuenta entre su elenco a Lizzy Caplan, Diana Bang y Randall Park como Kim Jong-Un. Esta sátira política nos presenta a Dave Skylark (Franco), un carismático periodista con gran éxito en la televisión de Estados Unidos pero al mismo tiempo despreciado por su gremio, quien, en un intento por reivindicar tanto su figura como su programa, idea y logra una entrevista con Kim Jong-Un, presidente de la República Popular Democrática de Corea, tras enterarse que el “gran líder” es un ferviente admirador de su trabajo. Sin querer, Skylark y su productor, Aaron Rapoport (Rogen), se ven inmiscuidos en una conspiración de la CIA para asesinar a Kim, lo cual conlleva una serie de embrollos que hace un rato tenían a la sala revolcándose de la risa en las butacas. El guión es muy inteligente y bastante fresco, plagado de un humor ácido, sucio, ingenuo, perverso, viscoso y bajo —acaso vulgar—, y las interpretaciones tanto de Franco como de Park son las chispas de chocolate que adornan el pastel (qué actuación la del primero, en serio).

¿Tenía razón el gobierno norcoreano en buscar la censura de esta cinta a como diera lugar? Aunque The Interview parodia y se mofa durante casi dos horas de las extravagancias de Kim Jong-Un, pienso que fue una reacción de lo más exagerada tomando en cuenta que el largometraje no muestra nada que no haya dicho la prensa sobre la lujosa vida del dictador, así como de la manera en que se busca ocultar las atrocidades ocasionadas por el régimen familiar mediante una muy meticulosa simulación (si quieren darse una mejor idea de cómo sucede esto en la vida real, los invito a leer sobre el pueblo de Kijong-Dong).

The interview - Imagen Pública
The interview – Imagen Pública

 

La cinta presta especial atención al culto de personalidad que los Kim se han forjado (el cual incluso abarca poderes sobrenaturales) y a su irónico amor por productos estadounidenses y “capitalistas” como la música pop, los automóviles de lujo, la televisión, las bebidas alcohólicas, los video juegos y el básquetbol, deporte al cual el actual “gran líder” es muy aficionado (se sabe que ha conocido, cuando menos, a Kobe Bryant, Toni Kukoc y Dennis Rodman).

Les recomiendo mucho le echen un ojo si se la topan en el cine o en formato casero, ya sea que les haya llamado la atención en su momento o no, pero si disfrutaron otros filmes con Seth Rogen y James Franco como Pineapple Express y This is the End esta película en definitiva es para ustedes, sin mencionar que los fans de The Lord of the Rings encontrarán muy divertidas referencias a las novelas de Tolkien y sus adaptaciones al cine.

Make my day, sniper

American Sniper- Imagen Pública
American Sniper- Imagen Pública

Por E. J. Valdés

Comenzaré diciendo que lo primero que pensé cuando vi los avances de American Sniper fue: “esto pinta bastante prometedor”. Ahora que la he visto debo decir que no me ha decepcionado en absoluto y que, a sus 84 años, Clint Eastwood sigue demostrando que sabe hacer películas ya sea frente a las cámaras o detrás de ellas. Para este proyecto, en apariencia pequeño, se agenció a Bradley Cooper, uno de los actores más carismáticos que ha visto Hollywood en años recientes, y a Sienna Miller, quien sigue estando bien guapa.

American Sniper cuenta más o menos con fidelidad la historia de Chris Kyle, ex SEAL en la Marina de los Estados Unidos celebrado como el francotirador más letal en la historia militar de dicho país con ciento sesenta muertes confirmadas y quizá otro ciento en estatus de “a lo mejor”. Al comienzo de la cinta descubrimos cómo es que Kyle, el hijo mayor de un matrimonio estricto y conservador, pasa de ser la estrella de un rodeo itinerante en Texas a miembro de la fuerza élite de la milicia estadounidense inspirado por los ataques terroristas a embajadas del tío Sam en Medio Oriente y, posteriormente, por los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Durante cuatro incursiones en Irak participa en misiones para aprehender a miembros de alta jerarquía de Al Qaeda y su eficacia con el rifle le gana no solamente el mote “la leyenda”, sino que lleva a la resistencia local a poner un elevado precio a su cabeza. Además de mostrar las faceta heroica y nacionalista de Kyle, la cinta profundiza en su deterioro humano al mostrar el distanciamiento que tres años en el frente provocan entre él, su esposa y sus hijos y los problemas que enfrenta para readaptarse a la vida civil una vez vuelve a casa, más o menos como le sucedió al pobre Rambo después de Vietnam.

American Sniper- Imagen Pública
American Sniper- Imagen Pública

En lo personal me pareció una película atrapante que a ratos te tiene con las uñas clavadas en la butaca y al final te deja cavilando en los dilemas que una persona en la posición de Kyle debe afrontar ya sea para proteger a sus compañeros o en nombre de un ideal más que cuestionable. Las nominaciones que obtuvo en los Academy Awards, incluyendo mejor largometraje y mejor actor para Cooper, me parecieron más que merecidas, aunque realmente no la veía como ganadora en ninguna de estas dos categorías; de hecho, en la escala de la filmografía dirigida por Clint Eastwood me sigue gustando más Gran Torino. Pienso que el punto más fuerte de American Sniper es la actuación de Bradley Cooper quien, al puro estilo de Christian Bale, ganó considerables peso y musculatura para el papel y proyecta con gran realismo lo que su personaje piensa y siente al asomar por la mira y toparse con encrucijadas que a cualquiera le harían dudar al momento de tirar del gatillo. Otro factor poderoso es que Eastwood es un director que presta especial atención a los detalles y en este título los hay tan minúsculos como importantes (si no me creen chequen los codos de Kyle a través de la proyección).

American Sniper- Imagen Pública
American Sniper- Imagen Pública

Ahora, si he de señalar las debilidades de esta película, comparto (aunque sólo parcialmente) la opinión de numerosos críticos que han acusado a Eastwood de producir un filme de propaganda que glorifica (y justifica) sobremanera la incursión de Estados Unidos en Irak y representa a los habitantes de aquellos lares como salvajes sedientos de sangre y netamente malignos (Fury, con Brad Pitt, es una cinta mucho más “justa con el enemigo”). Encuentro muy interesante (aunque igual muy tenue) la manera en que la narrativa equipara a Kyle con su némesis árabe, “Mustafa”, quien también tiene una mujer y un bebé esperándole en casa, convencidos de que papá está haciendo lo correcto, y eso me lleva a hablar del guión, al cual se ha acusado de tomar considerables libertades respecto a la “autobiografía asistida” de Kyle, embelleciendo e inventando situaciones y personajes, aunque esto no me consta porque no he leído dicho material.

Si han disfrutado las cintas anteriores de Clint Eastwood (o si les gustan los thrillers de guerra como Full Metal Jacket, Platoon y todos esos) les recomiendo mucho echar un ojo a American Sniper, pero si son de esas personas que odian cuanto tenga que ver con Estados Unidos, “el imperio” y su intervención en Medio Oriente mejor aléjense y cuéntenle a la Chilindrina o a quien más confianza le tengan porque es probable que salgan del cine mentando madres.

Campo de guerra, de Sergio González Rodríguez

 

Campo de guerra - Imagen Pública
Campo de guerra – Imagen Pública

por Carlos Morales Galicia

Tal vez lo primero que llame la atención de Campo de guerra sea esto: Premio Anagrama de Ensayo. Hace tiempo que desconfío de los premios literarios, no por ser subjetivos sino porque muchas de esas obras son complacientes con un sistema; otras más buscan encontrar al lector en vez de retarlo. Es por eso que me acerqué con cierta desconfianza al libro. No quisiera iniciar con una divagación, tampoco quiero polemizar acerca de qué es un ensayo y qué no lo es; sucede que estamos frente a un texto que mucho más complejo y arriesgado de lo que el laurel que se le adjudicó sugiere. Para acercarnos un poco a la finalidad literaria de Sergio González Rodríguez hay que aclarar que es una investigación periodística que echa mano del ensayo, la cual sostiene una hipótesis: cómo los conflictos bélicos mundiales benefician a Estados Unidos, especialmente a la industria armamentística, a su sistema político y económico; en este caso la disputa es México.

González Rodríguez no se conforma con hacer una investigación periodística –como si eso fuera poco, como si no supiéramos el destino de la gran mayoría de mujeres y hombres que se han quedado en el camino por ello-. Además hay una intención de batirse con el lenguaje. Porque lo que vivimos hoy no es cualquier cosa y no puede ser narrado de la misma manera en que se hacía antes. Es por eso que el autor echa mano de todas las fuentes de información posibles para tratar de justificarlo todo, aquí las imágenes se convierten en textos y los textos se convierten en imágenes. Es posible que muchos de los términos que se encuentren en el libro no sean familiares, pero basta con leer y volver a leer para que hallar su significado, pues Sergio González Rodríguez, al igual que Celan, sabe que no se puede relevar al lector de su tarea y su responsabilidad de comprender.

A pesar de lo anterior, no puedo dejar de hacerle un par de reparos: el primero es el uso del término “lógica-policial” de Rancière (sería elegante haberlo citado), el segundo es ubicar en las notas la posibilidad de resolver los conflictos mediante acciones pacíficas, pues considero que le habría dado mayor fuerza a las conclusiones.

Hay por ahí una frase de Adorno -“La profundidad del pensamiento se mide por la profundidad con que penetra en el asunto, no por la profundidad con que lo reduce a otro”- que bien podría emplearse para valorar Campo de guerra. La injusticia, la impunidad y la corrupción que se relatan nos permiten entender un poco mejor el presente y tratar de echar una luz en la oscuridad, pues las tres son ajenas a esa esfera de acuerdo humano, de mutuo entendimiento: el lenguaje.

Una película de superación personal

 

Guten Tag, Ramón - Imagen Pública
Guten Tag, Ramón – Imagen Pública

por Carlos Morales Galicia

Lo primero que llamó mi atención de Guten Tag, Ramón fue el hecho de ser una coproducción entre México y Alemania, algo que no sucede con frecuencia en el cine de este país.

Sin embargo, es difícil no decepcionarse ante una película que pretende “no hablar de lo mismo” y ser una alternativa ante la violencia representada dentro de las películas nacionales. De acuerdo, no todos los cineastas tienen la destreza y sensibilidad para hablar acerca del horror sin banalizarlo, pero eso no quiere decir que deba ser ignorado.

Uno de los principales problemas de esta cinta es el guión. El primero de ellos surge al plantear que Ramón, el protagonista, fracasa por quinta vez en su intento por llegar a Estados Unidos. El personaje, presionado por todos los frentes, se niega a ingresar a las filas del narcotráfico y decide entrevistarse con un capo regional para que sus tierras le sean pagadas y lo consigue. No sin que esto represente la muerte de su amigo y así poder dar cuenta de cómo la gente del pueblo ha ido muriendo a consecuencia de la guerra.

La ingenuidad de Ramón lo lleva a utilizar el dinero obtenido para viajar a Alemania, en donde la tía de otro amigo lo espera. Al llegar a la casa y confirmar que la persona no está, comienzan los problemas para el joven mexicano, lejos de su hogar y en un país donde no entiende nada, en el que debe quedarse hasta que se cumpla el tiempo que estableció permanecer. Tras sufrir el robo de sus pertenencias, decide probar suerte afuera de un pequeño mercado y es aquí es donde inicia la telenovela: una noble anciana alemana decide ayudarlo, ofreciéndole un lugar (eso sí en el sótano) para que no sufra las inclemencias del tiempo.

Si bien, Guten Tag, Ramón tiene algunos pasajes de humor, la esencia no deja de ser melodramática y acá se contradice: “no quiere hablar de lo mismo” pero termina haciéndolo no de una, sino de muchas maneras. El protagonista se ve obligado a poner en práctica “el ingenio mexicano” para sobrevivir en Alemania, aunque para estas instancias ya da lo mismo el país en el que se encuentre, todo lo puede mientras encuentre picante y él le ponga sabor a las cosas.

Guten Tag, Ramón - Imagen Pública
Guten Tag, Ramón – Imagen Pública

Existen breves momentos en donde la cinta respira, por ejemplo cuando el personaje de Ingeborg Schöner les dice al resto de los vecinos que permanecer tanto tiempo encerrados en sus departamentos, los hace ser unos desconocidos, situación que se torna peligrosa en caso de una emergencia.

Desafortunadamente, el chantaje emocional del director Jorge Ramírez Suárez se vuelve más agudo en la escena de la cena: hacer que los personajes principales se cuenten sus vidas y lloren, aunque ninguno entienda lo que el otro dice. Mientras él platica sobre lo difícil que resulta ayudar a su familia; la mujer decide contar el momento más trágico de su vida: renunciar al compromiso matrimonial cuando descubre que su pareja había pertenecido al partido nazi. Como si le hicieran falta más clichés a la cinta.

Si bien, la película no tenía fines “intelectuales”, considero poco ético que quieran seguir insultando la inteligencia de los espectadores a través de este tipo de entretenimiento. La idea de que dos personas puedan establecer una relación a pesar de no entenderse mediante la lengua pudo ser interesante, pero se pierde ante los vicios del director. El más grave es seguir pensando al mexicano como mero elemento folclórico, como algo chistoso; una pieza que llega a embonar en cualquier lugar por el simple hecho de tener alegría y constancia.

No dudo que Guten Tag, Ramón seguirá siendo una de las cintas más taquilleras y seguramente estará presente durante la cena de navidad o año nuevo, porque al parecer la idea que tenemos sobre el mexicano que triunfa sigue siendo la odiosa, pero vigente, superación personal.

Las valoraciones de los hombres

LEOPOLDO ALAS-IMAGEN PÚBLICA
LEOPOLDO ALAS-IMAGEN PÚBLICA

por Pere Font

Son muchas las obras literarias importantes que fueron en su momento rechazadas. El señor de las moscas de William Golding, por ejemplo, fue rechazado 20 veces antes de ser publicado y Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell, 38 veces. El diario de Ana Frank recibió la negativa de 15 editoriales y Marcel Proust, viendo que no había manera de que sus obras salieran a la luz, tuvo que sufragarlas de su propio bolsillo.

El caso quizás más escandaloso fue el de John Kennedy Toole. Su novela La conjuración de los necios recibió la negativa de todo el mundo. Una vez que se hubo suicidado, afectado tal vez por el fracaso, fue su madre la que halló el manuscrito de la novela (fechado en 1962) y se empeñó en que se publicara. Después de ser rechazado de nuevo por varias editoriales, al fin se publicó con clamoroso éxito en 1980.

Tampoco lo tuvo fácil Gabriel García Márquez con sus Cien años de soledad.  O John Le Carre (con El espía que surgió del frío), al que muchos editores veían “sin ningún futuro”. O William Faulkner con Santuario, que fue tildada simplemente de “impublicable”.

Imaginémonos ahora, y también, las obras importantes  que nunca han salido o saldrán a la luz y permanecerán para siempre en el silencio: las, por ejemplo, presentadas a concursos y certámenes y que habrán pasado desapercibidas. Pero pensemos a la vez, y por otra parte, en los libros sí aceptados, premiados y con éxito de ventas y que son  puros bodrios indigestos.

50 SOMBRAS DE GREY-IMAGEN PÚBLICA
50 SOMBRAS DE GREY-IMAGEN PÚBLICA

Hace algunos meses intenté leer Cincuenta sombras de Grey, esta novela que dicen erótica y de la que sólo en Estados Unidos se vendieron más de diez millones de ejemplares, en tres meses. Pues bien, no pude continuar con su lectura más allá de las primeras páginas. Afirmo y reafirmo que carece del más mínimo interés literario y que es una novela vacía, sosa, hueca, desprovista de contenido, de chispa o de lo imprescindible para que se la pueda tener en consideración mínima. Además, es ñoña.

 Así que de este modo va el mundo.  Con el premio Nobel para autores como José de Echegaray (1904) o para Jacinto Benavente (1922) y con el desprecio hacia literatos de la misma época, y de muy superior calidad, como  Benito Pérez Galdós o  Leopoldo Alas, “Clarín”, cuya obra La Regenta no fue  reconocida hasta los años cincuenta de la pasada centuria.

También un poco antes, en pleno realismo, Bécquer era desconocido o, en todo caso, menospreciado como poeta de quinta fila, mientras que los “consagrados” literarios eran Campoamor o Núñez de Arce.

GUSTAVO ADOLFO BÉQUER-IMAGEN PÚBLICA
GUSTAVO ADOLFO BÉQUER-IMAGEN PÚBLICA

¿A qué conclusión llegamos con todo esto? Pues a la de siempre: a que lo que se llama “éxito” o “fracaso” suele ser a menudo un puro cuento, cuento de los que algunos, esto sí,  sacan su provecho y otros, por el contrario, no sacan más que sinsabores injustos.

Con lo que estamos diciendo, claro está, no pretendemos sugerir que las obras fracasadas sean siempre genialidades marginadas. Evidentemente que no. Lo que sí decimos es que los hombres somos muy poco de fiar. Y si lo somos en cuestiones literarias o artísticas, imaginemos cómo lo seremos en otros temas más candentes o vitales. Realmente somos tenebrosos.

Periquita style

Venta de ropa-Imagen Pública
Venta de ropa-Imagen Pública

por Carolina Vargas

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en su último informe “The State of Food and Agriculture 2013” basado en estadísticas del 2008, ubicó a México como el país con más obesidad en el mundo, con un porcentaje de 32.8% de adultos con este problema, arriba de Estados Unidos con un 31.8%.

El informe revela que por lo menos un 70% de los mexicanos adultos tienen sobrepeso, y el 32.8% padece obesidad. Lo anterior se origina entre otras cosas, pues a nivel nacional casi la mitad de la población es inactiva según Samantha Villaseñor, especialista en temas de nutrición.

*PIJAMASURF – 17/07/2013 A LAS 13:07:38

Para muchos, vestirse es solo cosa de pudor así como para otros comer es cuestión de combustible para el cuerpo, en mi caso considero a dichas actividades como un arte.

Quizá esto que voy a decir suene muy frívolo, pero la forma en la que nos vestimos dice mucho de nuestros procesos mentales, lo que has leído, vivido, tu identidad y eso que te hace ser tú se refleja al momento de vestir.

No me considero una autoridad en el tema y reconozco que en el momento tan crítico por el que atravesamos, hablar de ropa es una nimiedad pero en el fondo también tiene mucho que ver con las políticas de salud en nuestro país, explico el por qué. Soy una mexicana de 28 años, 1.70 de estatura y pertenezco a ese 70% de la población que tiene sobrepeso, estoy sobrada como de 8 kilos más o menos, no son muchos pero me encana el suadero.

Hace un par de días me vi en la penosa necesidad de ir a comprar ropa, concretamente una chamarra, porque el frío me había estado castigando un poco, así que con todo el dolor de mi corazón y de mi bolsillo fui a la tienda a aprovechar las liquidaciones por fin de temporada, cosa absurda tomando en cuenta que el invierno no va ni a la mitad. Al llegar a la tienda comprobé, como siempre, que todo lo que lleve la palabra “liquidación” es puro embuste, ya que dichos descuentos no existen o no lo valen.

Tienda de ropa-Imagen pública
Tienda de ropa-Imagen pública

Primer problema de la noche: encontrar la prenda. Tarea difícil si tomamos en cuenta que nunca he seguido las tendencias de la moda –concepto que me resulta un poco abstracto y difícil de definir- además soy alta y chubby lo que complica aún más la búsqueda, sobre todo si tomamos en cuenta que los fabricantes –ni siquiera diseñadores- todo lo hacen en una sola medida llamada “unitalla” aunque también tenemos a los hipócritas que con su CH, M, G engañan a los cándidos incautos que no se dan cuenta que las prendas miden exactamente lo mismo, aunque la diferencia en algunos casos entre la talla chica y la grande es de un centímetro y medio aproximadamente –les juro que no miento, yo misma tomé la medida-.

La oferta en prendas no era muy buena, telas corrientes, diseños vulgares, precios excesivos, copias del mismo modelo n cantidad de veces, la maldición unitalla queriendo uniformarnos a todos, enfundándonos en diseños que nada tienen que ver con la gente real, que hay un montón de dimensiones de estilos, estaturas y pesos, que la situación actual de muchos de nosotros no nos permite comprarnos una blusa de $600 o jeans de más de mil y aclaro, no fui a una tienda “elegante”, acudí, digamos, a algo de clasemedieros tirándole a jodidos.

Pensé que era la tienda la que tenía una oferta pobre, pero no, me di a la tarea de darme una vuelta por varios establecimientos de ropa, lugares de todo tipo, tianguis, tiendas departamentales, almacenes de cadena, supermercados,  lo lamentable es que en todos esos lugares la oferta es la misma, ropa vulgar, excesiva, telas corrientes o sintéticas y lo más preocupante es el costo excesivo para las prendas; así sea ropa de tianguis, creo que los precios son una grosería para el producto que ofrecen, pero en este país ya todo está carísimo y vestir es algo de primera necesidad, desgraciadamente a los ciudadanos de a pie no nos dejan muchas opciones, entre elegir la ropa de brillitos, los leggins, los jeans de dudosa procedencia que  pierden el color a la primera lavada, todo nos empuja hacia lo vulgar y lo corriente, la ropa hecha en serie y carente de concepto.

Por otro lado, tenemos las prendas de diseñador, que si bien es cierto hay una ligera mejoría en la calidad de las telas, los diseños son una cochinada, es ropa que nadie se pondría ni para una fiesta de Halloween de yonquis. La verdad es que no me imagino el clóset de alguien realmente capaz de usar esos disfraces, en el caso de las mujeres las blusas de gasa con pedrería, los pantalones de látex, animal print y vestidos hechos con tela y brocados del año uno antes de Cristo. Y para los varones: pantalones tan ajustados que hay que ponérselos con calzador y quitarlos con pelapapas, no me detendré a hablar de los sombreros y las corbatas de pajarita que son una cosa espeluznante. Hombres de México, solo Indiana Jones se ve sexy con sombrero…de nada.

No sigo la moda, no me llevo bien con ella, para empezar ni siquiera se diseña para mujeres de mi talla, me cuesta trabajo encontrar ropa linda, sobria y accesible. Por eso desde hace un tiempo opté por un estilo mucho más clásico y atemporal, algo que realmente diga “esta soy yo, una mujer grandota, que no usa ropa entallada, ni extravagante y aun así es cool” algo que sabiamente pude nombrar en colaboración con mi mejor amiga como el “Periquita Style” quizá es algo ñoño, pero las blusas con voladitos, botones y mangas coquetas son lo que mejor nos va, todo antes de embutirnos en una vestido brilloso que ni la más slutty de las coristas en Las Vegas se pondría, porque una cosa es usar vestidos llamativos y otra muy distinta es parecer espectacular del Time Square.

Pasarela de moda-Imagen Pública
Pasarela de moda-Imagen Pública

Vivir es muy caro y yo todavía tengo la enorme fortuna de poder comprar ropa nueva aunque encontrarla de mi talla es difícil, bajar de peso es más que cosa de voluntad, aquí lo preocupante es que con el paso del tiempo la sociedad se vuelve cada vez más excluyente. Te empujan hacia lo común, homogeinizan a las personas bajo conceptos tan burdos como la perversa unitalla y la vulgaridad de un estilo muy bajo que aplica para todo, ropa, música, contenido televisivo, te lo revientas porque en muchas ocasiones no tienes otra opción.

Al final del día pude comprar mi chamarra, buscaba algo sencillo que me sirviera para soportar el frío, sin muchas pretensiones porque insisto…soy una persona simple, que vive sorprendida que en el país con más obesos en el mundo se venda ropa para flacos, que el cuerpo sea considerado prácticamente un gancho en donde lo que importa es el lucimiento de la prenda y no la comodidad de quien la usa, lo que me parece un terrible error, porque al sentirte cómodo proyectas seguridad y eso mejora muchísimo tu actitud y la forma en que te percibes a ti mismo y es quizá esa dosis de confianza la que nos hace falta como sociedad, tal vez para muchos esto sea una banalidad pero no suena del todo descabellado si se analiza detenidamente, porque la cara que damos al mundo es solo una pequeña parte de nuestra realidad interior.

Nunca seré talla cero, eso es definitivo, ni mi complexión ni mi estatura me lo permiten, en este momento me cuido de  no subir ni bajar mucho de peso, más allá de la cuestión estética o de salud lo hago por economizar, porque tendría que comprarme ropa nueva y es imposible, pero me llama mucho la atención que un problema de salud pública tan grave como lo es la obesidad sea tratado con tanto prejuicio por la Secretaría de Salud y la sociedad en general, que se nos vea como ciudadanos de segunda y que estar pasadito de peso muchas veces sea sinónimo de descuido y holgazanería y se vea como una simple compulsión por comer, cuando es algo mucho más complejo que eso.

Me quedo con aquello de “Todos somos iguales a pesar de ser tan diferentes” cada persona es a su manera y tratar de homologarlas es terrible, por eso renuncio a seguir las tendencias y que se me siga discriminando por mi peso, al carajo sus cánones, mientras haya gordos, flacos, altos, chaparros, términos medios, existirán posibilidades infinitas en la creación de estilos, eso es lo que me parece maravilloso, aceptarte como un todo y que el cuerpo sea un instrumento no un aparador. Encuentra tu estilo y grítales a todos quien eres.