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Espacio y ausencia: Cándida Höfer en México

por José Luis Dávila

Me gusta pensar en los lugares cuando están llenos. Me gusta pensar ahí porque, precisamente, están llenos. Es una dinámica extraordinaria. Las personas que transitan los espacios aportan sentidos nuevos con cada paso que dan. Pero también me gusta pensar ahí porque los imagino vacíos, porque entre el estruendoso y repetitivo cuchicheo se cierne un silencio implícito de la arquitectura, la piedra y el metal tienen una voz en h, una aspiración fonética que resulta fundacional para que llegue a haber la construcción de un lugar.

Es así que Cándida Höfer nos trae al Museo Amparo una exposición de eso, de la vacuidad del espacio mexicano que se presume siempre habitado, siempre repleto. Sus fotografías son un esfuerzo objetivista de apreciar la esencia primaria de los recintos que a diario concebimos como artificios funcionales, elementos que no apreciamos por la rapidez con la que los cruzamos.

Cándida Höfer en México - Fotografía por Job Melamed
Cándida Höfer en México – Fotografía por Job Melamed

Es, pues, una forma de acercarse a aquello que creíamos conocer y que en la frontalidad de las imágenes devela detalles de los que el ojo cotidiano no se percata; una exposición de la presencia del espacio en la ausencia de los que lo armamos.

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Nos gusta pensar que sembramos una semilla: Convivencia en Letras

Colectivo Convivencia en Letras - Fotografía de Georgina Moctezuma
Colectivo Convivencia en Letras – Fotografía de Georgina Moctezuma

Por José Luis Dávila y Carlos Morales Galicia

¿Cómo surge el proyecto Convivencia en Letras?

El proyecto surgió en 2014. Se planeó alrededor de mayo-junio. Empezamos a juntar gente después de realizar el servicio social en la Biblioteca Central de la BUAP. Todas nos conocimos en ese lugar y propusimos hacer un círculo de lectura y difusión cultural. Coincidimos en que hacía falta espacios en la universidad en donde la gente pudiera dar a conocer sus trabajos artísticos. Nos enfocamos en las principales necesidades de los estudiantes que egresaban de las distintas escuelas de arte.

Después de esto, presentamos el proyecto a directivos universitarios, lo analizaron y aprobaron.  Poco a poco se integraron más personas, al inicio éramos diez. La ventaja de habernos juntado en la biblioteca es que coincidimos gente de distintas disciplinas que tenían interés en la literatura. Al momento de llevarlo a cabo es más complicado, hay que comprometerse, invertir energías y tiempo. Hasta el momento, los que permanecemos activos somos siete.

En la universidad tenemos una escuela de artes y los que estudian ahí no suelen tener un espacio para mostrar sus trabajos al público, que es parte fundamental. Por ejemplo para un músico, un bailarín o la gente que escribe, en el caso de los que estudiaron Literatura.  Aunque no estudiamos Letras, nos interesa fomentar la lectura; es algo que nos une como colectivo.

¿Qué se siente alentar la lectura sin necesidad de haber estudiado esa carrera?

A pesar de que egresamos de distintas disciplinas, nos damos cuenta que la literatura siempre está presente. Desde Arquitectura hasta Arte Dramático. Ésta es una manera de invitar a los estudiantes a que participen. En alguna ocasión, unos estudiantes de Arquitectura nos mostraron un video que habían realizado y nosotras buscamos un texto que fuera acorde a éste.

¿Cómo seleccionan las lecturas para los eventos de Convivencia en Letras?

Tenemos una convocatoria abierta. Cualquiera que tenga una propuesta literaria, musical o afines, se acerca a nosotros.  A veces ellos ya tienen su lectura y nos encargamos de conseguir la parte de música o danza; algo que pueda combinarse con la misma. O viceversa, que llegue un músico y nosotras seleccionamos la lectura.

También hacemos propuestas de lectura en base a las que hayamos realizado. Ya sea un autor joven o consagrado. Hacemos cafés literarios de diversas temáticas. En alguna ocasión organizamos una lectura de textos de María Sabina que fue una gran experiencia.

Colectivo Convivencia en Letras - Fotografía de Georgina Moctezuma
Colectivo Convivencia en Letras – Fotografía de Georgina Moctezuma

Además del trabajo con la BUAP y el IMACP, ¿tienen pensado algún proyecto independiente?

Ha sido complicado, pero tenemos un proyecto a largo plazo para salir de la ciudad. Hemos dado talleres en bibliotecas públicas. Fuimos a un orfanato, aunque eso no solemos hacerlo público, a menos que sea necesario. Por ejemplo la Biblioteca Gabo, que fue una biblioteca callejera, ahí sí fue necesario solicitar el apoyo de los medios y los vecinos para lograr un buen ejercicio.

Hay algo que llama nuestra atención, cuando se busca alentar a la lectura, a veces se realiza en un tono didáctico o aleccionador. Sin embargo, ustedes crean un espacio comunitario en la que los ciudadanos están invitados. Es decir, de ciudadanos para ciudadanos. Lo cual es difícil en una sociedad individualista.

Creemos que es uno de nuestros objetivos, por eso no nos casamos con las instituciones. Por supuesto que estamos agradecidos con la BUAP y el IMACP porque hemos adquirido mucha experiencia. Siempre que hacemos un café, llega una persona que nos dice: “Yo escribo, pero no es profesional; me gustaría leerlo.” Es interesante porque nos gusta pensar que dejamos una semilla.

No nos gusta decirle a la gente que tiene que leer, sino invitarla a que se acerque. Generalmente la gente que va a leer con nosotros, siente mucha pasión, entonces logran transmitir ese gusto hacia los asistentes. Hay un contacto familiar sin ser rígido. Este contacto personal es una manera de alentar a que lo hagan. Lo que nos facilita bastante el trabajo.

La música ayuda muchísimo. Recién tuvimos un evento con danza contemporánea. Fue una gran experiencia porque creemos que el público se sensibilizó mucho. La lectura no es cuadrada porque se combina con tras manifestaciones. Integras a la gente de otra manera.

Tuvimos un grupo que realizó una intervención muy interesante: en el momento en el que leían, trataban de componer música en torno a la misma. Te das cuenta cómo la lectura se inserta en la música. Leyeron el Manifiesto Estridentista y tocaron melodías improvisadas.

Uno de los integrantes del colectivo tiene un grupo musical. En un evento leyeron un cuento que se titula “Moscas”, cuando se leía un fragmento, ellos ya tenían la música del texto. Después hubo un video, entonces fue una experiencia total.

Colectivo Convivencia en Letras - Fotografía de Georgina Moctezuma
Colectivo Convivencia en Letras – Fotografía de Georgina Moctezuma

¿Cuál ha sido la mejor experiencia que han tenido durante este tiempo juntas?

Han sido muchas buenas experiencias. Una vez se organizó una lectura en japonés y francés. Pero la que más nos marcó fue la biblioteca pública con los niños. Los niños escribieron sus propias historias y eso fue algo maravilloso.

En alguna temporada, esos textos los adaptábamos a obras de teatro. De esta manera, los niños también se vinculaban con la lectura. Hicimos una función de teatro de sombras. Nos apasiona el trabajo con ellos porque el público se involucra de una manera distinta. Al decirles que se trataba de un libro, se despertaba un gran interés. En la obra de sombras actúan niños, como Luna que está aquí presente.

¿Cuáles son los próximos eventos del colectivo?

Este miércoles es nuestro último evento porque la universidad tendrá vacaciones. Nos están proponiendo trabajar en el Planetario con talleres de fomento a la lectura. Haremos más cafés literarios en agosto. La idea es enfocarnos en temas especializados, por ejemplo hay dos investigadoras: una de Guatemala que estudia su posgrado en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSyH) y la segunda que realiza un trabajo en torno a la defensa del territorio. Vamos a buscar un espacio para mostrar sus trabajos.

La mayoría de las propuestas que recibimos han sido de gente que llega por el trabajo que hemos realizado todo este tiempo. La oportunidad del Planetario fue una persona que nos contactó porque vio la labor que realizamos. Las puertas del IMACP se abrieron de la misma manera. Es interesante porque nuestro trabajo nos respalda.  Queremos hacer más obras de teatro y seguir fomentando la convivencia en letras.

La idea es recuperar el sentido de comunidad, que haya un acercamiento con las personas y éstas tengan una buena experiencia a partir de nuestro trabajo.

Esencia de la creación: Fortuna, de William Kentridge, en el Museo Amparo

Fortuna, de William Kentridge - Fotografía por Victoria Sandoval
Fortuna, de William Kentridge – Fotografía por Victoria Sandoval

por José Luis Dávila

Los museos son espacio de espacios. Todo aquél que ha experimentado un museo, el mismo museo, más de una vez, lo sabe. El museo es un lugar que adquiere significado a través del uso del espacio, y esto influye decisivamente en la recepción que tendrán los espectadores de las piezas que se presenten dentro de él. En todo caso, el museo es un marco para la obra, un marco moldeable, dúctil; sin embargo, no hay muchos que lo sepan moldear, y menos con resultados como el de la muestra Fortuna, de William Kentridge, en el Museo Amparo.

Desde hace quince años William Kentridge ha cobrado fuerza como uno de los artistas más influyentes a nivel mundial, sobre todo porque su trabajo es una propuesta constante, pese a que parte de una reflexión marcadamente política y social, logrando obras polisémicas de gran valor. Con Fortuna, Kentridge nos da a conocer su visión sobre cómo la creatividad se encuentra siempre en movimiento, siempre cambiante, siempre viva y pasional, pero dirigida, pensada y coherente. Para él, el arte se construye con la simbiosis de lo planeado y lo fortuito, porque precisamente en ello reside la fuerza de la percepción: cualquier obra de arte es planeada pero en el camino, las circunstancias en las que se desarrolla su producción afectan al resultado final. Todas las piezas que componen Fortuna son proceso y producto en sí mismas, muestran paso a paso su esencia sin tener que explicitarla, basta con pararse un poco a pensar en ellas, observarlas con atención, para conocerlas; conocerlas y no entenderlas, pues el entendimiento les arrebataría fragmentos de sí, sobre todo en cuanto a la capacidad de ser sentidas e interpretadas.

Asimismo, Fortuna está íntimamente ligada al trabajo curatorial de Lilian Tone, quien se ha encargado tan bien de ella, que desde la entrada podemos sentir que hacemos un recorrido por el proceso mismo del cual estamos hablando. El espacio del Museo Amparo ha sido adaptado en muchas ocasiones para recibir exposiciones de esta magnitud, pero pocas veces podemos ver un trabajo impecable como el de Tone. Al tiempo que las piezas de Kentridge son motivo para quedarse horas ante ellas, el espacio usado narrativamente compone el lugar adecuado para ir de un lado a otro sin perder detalles y siempre encontrando nuevas miradas en cada visita que se haga. Esto último es importante; Fortuna es una de esas exposiciones que en su disposición y contenido pueden ocupar días para ser contempladas a conciencia, todo depende de lo que uno esté buscando como espectador.

Con todo esto, la exposición, podemos decir, es una reconfiguración en proceso, no porque esté incompleta, sino porque ella misma se observa desde el pensamiento estético de William Kentridge, donde toda pieza está evolucionando para llegar a una forma final en el aspecto material pero nunca de forma simbólica o reflexiva. Fortuna es imperdible para descubrir el arte en su misma materia: la creación constante, creación que se impone en todos los aspectos que la rodean.

El Tango del Espacio

Tango - Imagen pública
Tango – Imagen pública

por Eims Miranda

Mentiste;
Tú me dijistes que eras una alienígena ancestral
sodomita y bien parecida;
que tu gran clítoris era normal;
que era parte de tu anatomía
astronautal;
y me dijistes;
que tus labios
estaban abajo,
en el ano;
que ahí te debía besar;
pero mientes,
¡ah! como mientes;
yo me llegué a enamorar;
abdujiste mis emociones
y ya al cielo no puedo mirar;
miro las colisiones de galaxias
y pienso que ahí;
muriéndote, cegándote de miedo
estarás.

Y te toqué
tus ardientes pectorales
espaciales,
donde veo en ellos
cada hebra de estúpido amor,
de ahí, amor mío
sostenés mi corazón.
Y yo por qué,
Te divertís y decís sin razón
que soy tuyo
pero yo sé que no.