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Rulfo, la escritura fotográfica

El fotógráfo Juan Rulfo, exposición en Museo Amparo - Fotografía por Job Melamed
El fotógráfo Juan Rulfo, exposición en Museo Amparo – Fotografía por Job Melamed

por José Luis Dávila

Narrar es un acto creativo intrínseco al humano; no solamente todos somos capaces de ello, sino que lo hacemos gran parte de nuestra vida, a veces hasta sin saberlo. Estamos atados a la narración tanto que incluso tenemos una voz interior de la cual no nos podemos alejar, una voz que nos cuenta a nosotros mismos lo que sucede, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que somos. Sin embargo, narrar ha sido discriminado, se le ve como algo lejano, como un ejercicio artístico que vale solamente dentro de ese nicho, e incluso en tal, hay una delimitación de éste hacia la escritura y, recientemente, el cine.

La narración se ha retraído hacia dichos campos que, si bien han dado grandes frutos, en algunas ocasiones le restan la importancia experiencial que conlleva por antonomasia, dejando que se construya una cerca alrededor de la verdadera razón que tenemos para narrar: explicar el mundo que nos acontece desde todos los medios que tengamos a la mano. Afortunadamente, los mencionados razonamientos estereotípicos sobre la narración siempre pueden ser traspasados, como bien demuestra el trabajo fotográfico de Juan Rulfo, mejor conocido por ser autor de Pedro Páramo y El llano en llamas.

Las imágenes que capturó son una forma distinta para su misma escritura; contienen relatos en corto que se suceden como golpes de la máquina de escribir, que embonan como fragmentos de un plato que se ha quebrado al caer, vuelto instantes de un tiempo atrás. Relatos que funcionan por medio de lo que el lector es capaz de reconstruir.

En el año del centenario de su nacimiento, las fotografías que tomó no debieran acercan a la conmemoración, sino a encontrar nuevas lecturas provenientes de su pluma, unas lecturas que muchas veces se pasan por alto pero en las que, gracias al Museo Amparo –donde actualmente se encuentran en exposición–, podemos leer nuevamente a Rulfo.

Al final, estas fotografías son narraciones de un autor que siempre se mantuvo escribiendo, quizá no con tinta pero sí con luz.

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La escritura sobre las paredes: entrevista a Verónica Gerber

En el vestíbulo del Museo Amparo se encuentra instalada la obra Los hablantes, de Verónica Gerber, una serie de viñetas que funcionan como una narración sobre el lienzo de vidrio que son las paredes del mismo museo, contando un conflicto conocido por todos en México, una narración abierta que da esperanza y desasosiego a la vez, al preguntarse si es aquello que somos lo que queda de nosotros, tanto como individuos y sociedad, como buscando que la respuesta nos haga reflexionar nuestra realidad.

Respecto a Los hablantes, pudimos conversar con Verónica Gerber y aquí tienen la entrevista completa:

José Luis Dávila: Para empezar, ¿por qué se decide instalar la pieza en el vestíbulo del museo?

Verónica Gerber: La pieza forma parte de un programa curatorial que comparten el Museo Amparo y el MUAC, se llama Intemperie Sur, y particularmente está centrado en pensar en los intersticios del museo como espacios de exhibición, es decir, los espacios que normalmente no se utilizan para poner piezas. Por eso la obra de Elena está en uno de los patios y yo estoy en el vestíbulo, que no son salas de exhibición como tal, sino otros espacios en los que hay que resolver las piezas también de otras maneras y esa sería en principio la razón por la que está ahí. Ahora, yo elegí el vestíbulo también porque tenía la amplitud suficiente para poder plantear esta especie de tira cómica, que en realidad es más bien una tira trágica más que cómica, y porque me interesó mucho investigar sobre materiales para intervenir sobre vidrio.

JLD: ¿Qué diferencias hay, ya no tanto en el formato, sino en el concepto que tiene esta pieza con la del MUAC?

VG: Las dos se llaman Los hablantes, lo que pasa es que pasaron casi dos años desde la que presenté en el MUAC con ésta. Entonces se conservan la mayoría de los elementos pero digamos que se agregan otras cosas, es decir, en la del MUAC tenía globos de texto, la reflexión sobre la conversación y sobre tratar de pensar en pequeñas historias mínimas hacia dentro de pequeñas conversaciones entre personas y el elemento que había en la del MUAC son los pronombres personales que, digamos, son como formas mínimas del lenguaje y que refieren a personajes posibles: un yo, un tú, un él, nosotros, ustedes, etc., interactuando a partir de los globos de texto, el blanco y el negro, etc.; estos eran como pequeñas microhistorias en el MUAC. Y, aquí, después de dos años de trabajo y de otros proyectos que ha habido en medio que se relacionan, digamos que esta pieza es como una cuarta versión. Lo que hay aquí es que desaparecen los pronombres y aparece una narrativa más extendida en lugar de estas pequeñas microhistorias en los dibujos; tiene seis viñetas que entre todas te cuentan una historia, y en lugar de que haya pronombres lo que hay son pequeños textos en un formato que tiene más que ver como con la narrativa gráfica o como con el cómic. En las otras también hay bastante de cómic pero, te digo, creo que esa es la diferencia primordial, aquí hay una narración en seis viñetas, una historia muy clara que se cuenta y en la otra eran narraciones independientes una de otra en cada dibujo y los dibujos no estaban todos juntos, estaban dispersos en los patios del museo.

Verónica Gerber y José Luis Dávila - Fotografía por Dalia Ruiz
Verónica Gerber y José Luis Dávila – Fotografía por Dalia Ruiz

JLD: Sí, eso es muy muy interesante, porque tú hablas de narraciones, ¿eso viene de la vena literaria que también trabajas?, entonces, ¿cómo es para ti, como artista visual, integrar estos elementos literarios? .

VG: Exacto, pues mira, esa es una reflexión que siempre me está acompañando y que siempre estoy tratando de entender y de re-entender porque nunca es igual. Pero, a este punto, digamos que hasta donde estoy lo que he pensado es que, aunque mi formación es como artista visual, sin duda, y de hecho agradezco mucho esa formación, creo que lo que está en el centro de mi trabajo es la idea de escritura, eso quiere decir, para mí es un matiz en la elección de la palabra, no es literatura sino escritura y es desde la escritura que yo puedo ir hacia lo literario y hacia lo artístico visual, digamos, porque la escritura tiene esas posibilidades a las vez que literarias. Entonces creo que yo trabajo desde la escritura, mi idea es la escritura y de repente es más visual y a veces es más textual, depende, en este caso es mucho más visual que textual y tengo un par de libros por ejemplo, entonces en el libro es más textual, en fin.

JLD: Esta idea también de la escritura, tu trabajo ha sido muy itinerante en este campo de la literatura: Mudanza, tu libro, por ejemplo. Pero, ¿qué vena itinerante tiene este proyecto, aparte de estar en el MUAC y en el Amparo? ¿Hay posibilidades de que se exponga en algún otro lugar?

VG: De que se exponga, no al momento, es decir, es un proyecto pensado justo para el Amparo y el MUAC. Algo que a mí me importa mucho es que, si me volvieran a pedir que presente Los hablantes, sería distinto, no me gusta repetir la misma pieza, por eso hay transformaciones del MUAC a acá, a pesar de que yo ya sabía que tenía que ser en los dos, quise que fueran diferentes, no me gusta estar mostrando la misma cosa. Pero me gusta mucho tu pregunta del asunto de la itinerancia y que la relaciones con Mudanza, porque si algo tiene este proyecto también de diferente con el MUAC es que en el MUAC se imprimió una cosa que le llaman folio que es un mini catálogo que hace el MUAC de sus exposiciones, que de hecho está por allí, pero para esta hicimos una serie de postales con cada viñeta y tú te la puedes llevar, te llevas como toda la narración. Pero si las usas, porque para eso eran las postales en otra época, y bueno, ya no estamos muy acostumbrados a eso pero yo tengo esa esperanza, de que vaya alguien al correo le compre una estampilla y se la mande a alguien. Esa es una forma de itinerancia, para mí, de la pieza, es romper la narración de seis viñetas en seis viñetas y que cada viñeta vaya a distintos lugares y que sea pretexto para iniciar una conversación, porque en el fondo Los hablantes es una reflexión sobre la conversación; comunitaria, con un contexto político como el nuestro o no, pero sobre la conversación también, entonces creo que la itinerancia podría estar ahí, por ahora.

JLD: Finalmente, ¿sientes que Los hablantes podría convertirse en un proyecto un poco más literario en algún punto o ya viene como en conjunto con esa misma idea como mencionabas antes?

VG: Hay tres versiones de Los hablantes, de hecho: una es la que está aquí en el Amparo, otra es la del MUAC y otra es como un ensayo visual que está dentro del folio que te digo, ahí hay un ensayo visual hecho con los mismos dibujos de Los hablantes y es una reflexión sobre la conversación en un espacio comunitario. Entonces ya existe, no como libro, pero ya existe impreso, o sea que yo creo que siempre las cosas que hago tienen la posibilidad de estar en chiquito, en una postal o en un librito o en un fanzine, un postercito o yo qué sé, estar en un muro, como una pieza en algún espacio.

Las tres de ley

por Gerson Tovar Carreón

No juegues limpio.
No idealices.
Ni esperes mucho.

No sé cómo escribir esto; en realidad, no sé escribir bien, tengo muchas faltas de ortografía y no siempre estructuro bien mis ideas. Los títulos de mis textos rara vez concuerdan con su contenido. Como en este momento, ya que lo que escribiré no tiene nada que ver con el título, simplemente me pareció uno bueno; pero no importa, porque existe tanta basura publicada y un poco más no hace daño.

Comenzaré entonces. Empecé a escribir hace dos años, pienso he adquirido un poco de experiencia en esto. Sólo un poco. Me gusta ordenar mis ideas, no siempre puedo; sin embargo, el escribir me ayuda. Recién leí un texto de B, no lo conozco bien, y pienso él sabe más que yo de “la palabra” y su implicación en el papel impreso y en el internet. Y no me gustó su texto, me pareció aburrido. No diré más, ese texto se describe con esa sola palabra. Esta es mi problemática… ¿importa mi opinión? ¿sirve de algo que le diga que su texto apesta cuando no tengo la experiencia de él? ¿alguien le dijo a Rulfo, Borges o Hemingway qué escribían mal, y mejor se dedicaran a la contaduría de una panadería? ¿B realmente es escritor o sólo le gusta recibir atención y becas? Por un lado, según la posmodernidad, todos tenemos la capacidad de opinar, y eso es lo malo. Basado en este argumento, mi opinión no importaría. Pero no me interesa, hablo y escribo porque sé que el otro está mal y odio dejar que su error no tenga alguna buena burla. Se lo merece.

Escritura - Imagen pública
Escritura – Imagen pública

Por otro lado, hay quienes confían en mis juicios como J. Él me ha pedido mi opinión un par de veces, y me gusta leer sus textos, me parecen brillantes, aunque no me gusta su exceso de palabras como: me caga, es pendejo, es estúpido, de la verga, pedo, culo, caca… exagero un poco al final de la lista, pero me parece que sus textos son honestos y reflejan lo jodido y gracioso de la vida. ¿A dónde voy con todo esto? La verdad no estoy seguro, sólo dejo que el ser se despliegue en las teclas. Intentaré ordenar mis ideas de nuevo. ¿Debería decirle a B que apesta su texto? ¿Servirá de algo? ¿Me dirá que coma popo? Correré el riesgo, iré con B y le diré: “Man, tu texto es una mierda, si la mierda estuviera escrita seria como ese cuento feo tuyo, la mierda huele mejor que tu texto” … Miraré a B a los ojos, sonreiré y daré la media vuelta. Me colocaré mis audífonos y escuchare Black Star de Bowie, no es un buen disco, pero fue el último. Te extrañaremos gran D.

Be y Pies, el relato sin atarse a géneros: entrevista a Gabriel Wolfson

Gabriel Wolfson y José Luis Dávila - Fotografía por Gerson Tovar
Gabriel Wolfson y José Luis Dávila – Fotografía por Gerson Tovar

De reciente aparición bajo el sello de Tumbona Ediciones, ve la luz el nuevo libro de Gabriel Wolfson, Be y Pies, el cual funciona como un díptico que se deja llevar por la escritura sin pretender formarse bajo las denominaciones que etiquetan  a los relatos. Aquí les tenemos una enstrevista con el autor, quien profundiza más al respecto.

José Luis Dávila: En Puebla se te conoce muy bien, hay muchas cosas que se han dicho de ti, desde muy buenas hasta muy polémicas, cuando fue lo de Carlos Velázquez, por ejemplo,  y ahora con Be y Pies, ¿cómo sientes que ha avanzado tu literatura? Ya habíamos visto antes publicaciones tuyas pero leyéndolo, al menos en lo que pude leer en estos días, es un poquito diferente a lo que has trabajado, pero ¿qué avance representa para ti Be y Pies?

Gabriel Wolfson: Pues mira, a lo mejor no es muy fácil de ver eso para mí, ¿no?, porque yo creo que es más fácil ver eso desde fuera, entonces no lo tengo así como muy claro. Para mí estos dos relatos, junto con otros cuatro que tengo por allí, que los escribí más o menos en la misma época, son textos de hace 3, 4, 5 años, éstos específicamente son de hace 4 años, sí son relatos donde de alguna manera continuaba un poquito lo que había hecho antes de eso, que era un libro que se llama Los restos del banquete, con la idea de hacer relatos, es decir, no hacer ni novelas ni cuentos, no escribir algo que de antemano estuviera fijado en un género, sino a ver: yo escribo relato sin que sea de la extensión que sea, y pues irme como dando más libertades para hacer cosas que a lo mejor pueden resultar, de entrada, un poquito complicadas o un poquito extrañas pero digamos que si a mí me funcionan, si yo les encuentro un sentido, si es un poco lo que estoy buscando, está bien; es como darme más chance de eso, de pensar menos en “a ver, qué va a pasar con estos relatos”. No sé qué va a pasar, porque creo que los escribo y esto es lo que quiero hacer, ¿no? Es muy claro que escribiendo así cuesta trabajo después publicar. Pero, bueno, aunque hayan pasado algunos años ya está y va a salir también ahora en un mes otro libro, con otros de esos relatos, y pues a todo dar, no hay prisa.

JLD: Y ya que hablas de eso, ¿qué tan difícil ha sido en tu carrera como escritor publicar, encontrar los medios para publicar?

GW: Yo diría que no mucho, sinceramente, pero creo que eso es porque no he tenido mucha prisa para hacerlo. Si estuviera un poco ansioso con el tema, sí te diría que es difícil, porque digamos lo último que yo publiqué antes de esto es un pequeño relato en una editorial cartonera, La Cleta Cartonera, salió hace ya casi como 4 años y antes de eso el libro de Los restos del banquete salió en 2009, ya tiene, ¿no? Entonces, en el sentido de que publico poco, no ha sido difícil, para mí ha sido más bien como muy agradable que la mayoría de los casos de mis libros más bien ha sido una propuesta de los editores o de la editorial: “Oye nos interesa, ¿tienes algo?” “¡A, cómo no!”. Digamos, en el caso de Be y Pies fue más bien porque una de las dos editoras, Vivian Abenshushan, nos conocimos en una beca a FONCA, leyó mis textos y a partir de ahí hubo este interés mutuo: yo quería publicar ahí, a ellos les interesó y, bueno, pues adelante. En el caso de los otros libros pues ha sido así más bien, el otro que sale ahora en noviembre sale en el CONACULTA, en la colección de El guardagujas y fue más bien porque me escribió el que era editor hasta hace pocos meses de esa colección, Daniel Saldaña Paris, dijo “Oye, no te conozco pero he leído cosas tuyas, me interesaría mucho publicar algo tuyo tienes algo?”, “Mira, pues sí, tengo unos cuentos, ahí están”. Con el libro anterior fue así, con el de Los restos del banquete fue así, entonces, a ver, no sé si esto sea común, pero para mí ha estado muy bien. Además de eso me parece que está muy bien porque creo que así tendría que ser, es decir, creo que son los editores los que tendrían que buscar qué les interesa publicar de acuerdo a su línea, de acuerdo a cosas como:“Me interesas tú, tienes algo, ¿te interesa conmigo? Pues órale”.

JLD: Hablando sobre Be y Pies, ¿cuál fue el criterio para juntar estos relatos en un solo volumen? Si tienes como cuatro o varios relatos con este mismo tema, mismo tenor, de que solamente son relatos, y no hay que saber realmente si son novelas o cuentos, o no hay que ponerles un género como tal. ¿Cómo fue el criterio para unir Be y Pies y no otros relatos?

GW: Pues mira, la verdad es que el criterio en este caso sí fue de la editora, ella fue la que tuvo muy buen ojo para decir: “Estos dos van juntos, hay un libro que son estos dos”. Y bueno, me argumentó y a mí me pareció que tenía razón. Ya que los veo yo así, pues lo veo muy claro, son dos relatos formalmente parecidos, relacionados, tienen sus búsquedas similares y luego para colmo resulta que temáticamente también tienen un montón en común, o sea los dos relatos son casi la misma historia nada más que en distintas situaciones y así. En los dos relatos hay un personaje que está a punto de quedarse sin trabajo o que ya se quedó sin chamba, en un caso es un profesor de prepa y en otro es un reportero que trabaja en un periódico donde no les importa en lo más mínimo lo que hace, es un trabajo gacho y al final lo corren; en los dos casos hay un personaje así, que se topa con una especie de empresario medio gangster, prepotente, que les intenta proponer un negocito o una chamba a estos dos, al profesor y al reportero y, en fin, en los dos casos resultan chambas absurdas o desagradables y la conversación, digamos, o el encuentro entre estos tipos de personajes: un tipo de personaje que es lo más parecido a mí, un profesor o un reportero, con estos empresarios muy truculentos diría yo, que se han dado cada vez más en nuestra ciudad y en nuestro país. Yo no los escribí pensando que iban a ir así pero claro, ahora me doy cuenta y en realidad hasta es lo mismo.

Gabriel Wolfson - Fotografía por Gerson Tovar
Gabriel Wolfson – Fotografía por Gerson Tovar

JLD: Estos dos relatos tienen un eje, ¿tú crees que haya un eje en todo lo que has escrito, algo que sea una constante?

GW: Yo creo que sí, debe haber por ahí cositas, una sería digamos un tipo de personaje que está en una situación límite, una situación difícil, que está a punto de renunciar a algo. Recuerdo los relatos más viejos que tengo, los de mi primer libro Ballenas, bueno mi primer libro en serio digamos, incluso hay uno de estos relatos que se llama Renuncia, y hay varios en ese libro que son de pianistas o de estudiantes de música que están a punto de abandonar eso porque no pueden más, y luego, en este caso, personajes que están a punto de renunciar a su trabajo y que no saben muy bien qué va a pasar. Pero más que eso, yo creo que la constante sería más formal, del tipo de escritura, de la idea de escritura, qué es escribir, para qué se escribe, yo creo que por ahí iría un poco más la cosa.

JLD: Ya que lo mencionas, ¿qué es escribir para ti?

GW: Pues no lo sé, pero, a ver, me gustaría decir que a mí me interesa que la escritura tenga un poquito de problema, que sea una especie de problema al que hay que enfrentarse, no que sea algo natural y agradable sino que sea algo problemático, eso de entrada. Y que sea una actividad en la cual sepas algo, es decir, yo creo que un escritor es alguien que debe ser muy diestro técnicamente pero que al mismo tiempo desconozcas mucho. Cuando yo empecé a escribir no me pasaba así ni lo pensaba así, sino que pensaba que sí tenías que saberlo todo, que tenías que tenerlo todo muy claro y no, ahora más bien pienso lo contrario, que hay que saber algunas cosas pero hay que desconocer muchas cosas justamente para que escribiendo sea la manera en que investigues un poco eso que no sabes sobre el mundo o sobre la escritura, eso que no sabes sobre qué es escribir para ti, es decir, que cada cosa que escribas sea un poquito volverte a plantear esa pregunta: ¿qué es escribir?, y volver a intentar responderla provisionalmente. Entonces para mí escribir sí supondría esa condición provisional, inestable, difícil y, sobre todo eso, problemática. Problemática en el sentido como de “¡Chin!, esto está difícil, esto no sale” pero también en el sentido positivo de un problema, como cuando hablas de un sistema de investigación, tener algo que quiero saber, algo que me interesaría aprender, conocer, meterme por ahí.

Be y Pies - Portada
Be y Pies – Portada

JLD: Hablando igual del proceso de escritura y todo esto, ¿tú qué piensas sobre el rumbo que va tomando la literatura? No solamente la literatura en México, la creación, la figura del autor, sino también a la figura de las editoriales, por ejemplo que me dices que Be y Pies fue una selección de la editora y también ¿qué piensas de la injerencia de los editores en la literatura?

GW: Yo diría que podemos hablar de cuatro tipos de editores, que podríamos ir de los mejores a los peores, o al revés: los peores serían aquellos que, digamos, cobran como editores y viven como editores pero que en realidad no editan, que son más como gente de relaciones públicas que consiguen autores que sepan que van a vender bien, dentro del rubro de cada quién y que después no hacen nada con los libros, los maquilan y ya está. Y eso provoca libros, más allá del contenido, que pueden ser buenos, malos, regulares, pésimos, provoca libros muy mal hechos, muy mal hechos en su sentido material. Luego los editores que solamente cuidan ese sentido material, editores que no se meten más pero sí cuidan al menos que no haya erratas y que salga más o menos limpio el texto. Luego ya editores que sí intervienen un poquito en los textos pero que son ya como los de editoriales más comerciales que lo hacen con el parámetro de que esto se venda mejor: “Oye, te sugiero cambiar el título”, eso lo he oído 20 mil veces, “porque ese título está bueno pero no va a vender, no va a jalar a la gente, no va a caber en la portada, entonces por qué no éste otro”. Y por último los editores editores, que hay muy pocos en el medio literario en México, hay muy pocos que vean qué es lo que quieren publicar, no solamente porque se los mandaron o porque es lo que saben hacer, sino qué les interesa, que vayan trazando una línea editorial, y que después trabajen el texto con el autor, no en el sentido solamente de corregirlo o no en el sentido solamente de que quede mejor en función de la venta sino en función de lo que el texto es en sí. Ese trabajo puede ser mucho, puede ser nada, a lo mejor el texto ya así como está y adelante, y aun así siempre hay pequeños detallitos que el editor puede trabajar. Pero hay muy pocos así, muy muy pocos.

JLD: Para finalizar, ¿qué esperas que se diga de Be y Pies?

GW: ¡Qué es un gran libro! (ríe) Eso me gustaría. Pues no lo sé, me gustaría que resultara inquietante, no en el sentido de una novela de vampiros sino en el de: “Oye, ¿qué cosa es esto?, ¿qué cosa rara, por dónde va?”, que no se entregue a la primera pero que tampoco deje de entregarse, que sí encuentre lectores que después de esa extrañeza o junto, o debido a esa extrañeza digan: “Esto me interesa, esto me gusta”.

MFA´s: credencialismo literario

MFA's - Imagen pública
MFA’s – Imagen pública

por Carlos Noyola

En Estados Unidos proliferan las Maestrías en Escritura Creativa. La primera fue instituida en la Universidad de Iowa en 1936, y actualmente existen más de 229 en todo el país. Las conocidas MFA´s (Maestría en Bellas Artes por sus siglas en inglés), se han vuelto el centro de la literatura gringa en los últimos años. Autores como Susan Choi, egresada de la Universidad de Cornell, Junot Díaz, también egresado de Cornell, y David Foster Wallace, egresado de la Universidad de Arizona, representan una nueva generación de escritores educados en el arte del lenguaje dentro de un salón de clases. La calidad de la literatura que producen estos escritores es controversial, así como lo que representará esta proliferación del credencialismo literario en los demás países, ¿será que es el inicio de la producción masiva de escritores a nivel mundial?

Karen Russel, que obtuvo su maestría en la Universidad de Columbia, y cuyo primer libro fue finalista del premio Pulitzer en 2012, aseguró al New York Times que no sabe qué estaría escribiendo si no hubiera cursado el programa. Algo similar opina Gary Shteyngart, escritor de origen ruso, que aconseja a todos los jóvenes escritores obtener una Maestría en Escritura Creativa, pues asegura que sin ella “nadie tomará tu trabajo en serio”. Pero no todos concuerdan, incluso entre los egresados exitosos. Francesca Abbate, poeta y profesora del departamento de inglés de Beloit College, asegura que los programas de escritura creativa pueden ser muy buenos en enseñar cómo usar el lenguaje, pero que muy difícilmente convertirán en escritor a alguien sin un genuino interés por las letras. Ahora que imparte clases de escritura creativa a jóvenes universitarios, intenta enseñarles que todos tenemos algo que decir, pero que eso no los convierte necesariamente en escritores.

MFA's - Imagen pública
MFA’s – Imagen pública

Si, como dice Gabriel Zaid en Dinero para la cultura, la universidad no es académica, y las grandes influencias del siglo XX no salieron de la universidad, sino que entraron a ella una vez que ya se habían gestado, habría que reconsiderar la literatura que busca lectores mostrando el título antes que el texto. Zaid dice que “algo tienen las burocracias […]que desanima la creatividad. Las estructuras jerárquicas se llevan mal con la libertad creadora. Tienden al centralismo y la hegemonía. Desconfían de las iniciativas que no se rigen bythebook”. Las universidades podrán enseñar muy bien el uso del lenguaje, pero enseñar ideas, historias y experiencias es casi imposible, justo de lo que están hechas las grandes obras. No importa qué tan bien alguien sepa manejar el lenguaje, el escritor tiene que salir a vivir, a experimentar, a nutrirse de su entorno para poder escribir. La prosa puede ser clara, precisa, sin errores, pero si carece de sustancia el texto no llegará lejos. Lo mismo con la poesía: si no hay contenido en la forma o en la idea, el autor no vivirá mucho. Además, es difícil creer que en las universidades no se enseña el canon en el mejor de los casos, o a escribir bestsellers en el peor. La renuencia a la innovación es frecuente en los departamentos de inglés, que enseñan fórmulas para escribir ensayos correctamente. Libros importantes como La revolución electrónica de Burroughs o Howl de Ginsberg, son producto de la innovación, de llevar el lenguaje al límite, y resulta complicado creer que propuestas de ese talante tendrán cabida en programas universitarios. Por otro lado, la universidad es un negocio, y como tal prioriza las exigencias de sus clientes: ganar lo suficiente para vivir decorosamente después de graduarse. Las historias dezombies no están mal, pero sí muy lejos de hacer historia.

Abbate, que recibió su MFA en la Universidad de Montana, ríe cuando le pregunto sobre la especialización que ya ofrecen programas como el del Instituto Pratt de Nueva York en escritura ambiental o el de la Universidad del Sur de Maine en Justicia Social. Como si uno pudiera aprender cómo convertirse en el próximo Allen Ginsberg.

Puede que el énfasis en las ciencias tenga que ver con la proliferación de estos programas. Los departamentos de literatura sufren la preferencia de los alumnos por programas con mejores índices de empleo, y traer de vuelta la atención requiere demostrar que también son capaces de formar profesionales listos para tener éxito en el mercado, algo similar a un MBA (Maestría en Administración de Negociospor sus siglas en inglés). Pero Abbate no está de acuerdo, dice que los programas de escritura creativa deben ser vistos como un tiempo para disfrutar de lo que haces, para leer mucho y conocer gente afín, “porque después nada está garantizado”. De acuerdo con el New York Times, cada año entre 3,000 y 4,000 escritores acreditados salen al mercado, y este año alrededor de 20,000 personas aplicaron para entrar a uno de los programas. La competencia aumenta: la revista Poetry recibe más de 100,000 propuestas al año y solo publica 300 poemas. Y con todo y la importancia que parecen cobrar las credenciales universitarias para ser publicado, muchos de los escritores más reconocidos siguen estando al margen de las instituciones de educación superior: Edward Albee y Ray Bradbury siguen siendo estudiados en las universidades sin tener una licenciatura, y J. K. Rowling y Emily St. John Mandel lideran las listas de los libros más vendidos sin necesidad de un MFA.

MFA's - Imagen pública
MFA’s – Imagen pública

En el mundo hispano aún no hay un fenómeno comparable. En México solo existe un programa de licenciatura enfocado a la creación literaria, y en Sudamérica unas pocas instituciones ofrecen el Máster. España lidera la adopción de dichos programas, que ya ofrecen universidades prestigiosas como la Complutense de Madrid y laPompeuFabra en Barcelona. En Estados Unidos ya le han apostado al éxito que puede tener entre los jóvenes escritores hispanohablantes, y han puesto en marcha desde hace algunos años el programa de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York, que busca proyectar a nuevas figuras del castellano y promover el programa en nuestra lengua.

Termino con lo que dice Zaid: “La cultura libre prospera en la animación y dispersión del diálogo y la lectura libre[…]. Es el centro sin centro de la cultura moderna, más importante para la innovación que las grandes universidades. […]la institución del saber jerárquico, autorizado y certificado no es el medio ideal para la creatividad, menos aún si es gigantesca, burocratizada y sindicalizada”.

Links a algunas de las fuentes citadas:

http://www.nytimes.com/2015/04/12/education/edlife/12edl-12mfa.html?_r=0

http://flavorwire.com/476264/27-writers-on-whether-or-not-to-get-your-mfa4

http://www.thereviewreview.net/publishing-tips/mfa-or-not-mfa-question

Después del intermedio

por Alejandro Vázquez

Hice cuentas. Hace poco más de medio año que no escribo una columna, y podría decir que el resto de la producción escrita ha sido bastante pitera en todo este tiempo. Pero mæh: heme aquí otra vez –incluso si lo que debiese estar haciendo fuese el trabajo final sobre la estructura y la organización social. Pero quizás un poco de ello se verá aquí, quién sabe aún.

Las columnas que solía escribir por alguna razón llegaron a los navegadores de más de 10 personas, y de éstas obtuve algunas opiniones, de las cuales tomaré tres para basar la piltrafa que escribo ahora… y bueno, será parafraseando porque el tiempo pasa, las cosas cambian, el alcohol corre y la mierda se seca.

Escritura - Imagen pública
Escritura – Imagen pública

1.- “¿Quién te crees para escribir así?”
O sea: impláying que no tengo la autoridad para hacerlo. Uno se puede ver azotado momentáneamente por un pensamiento tipo “¡OH MIERDA, ES VERDAD! ¡NO SOY NADIE!”. Y si lo vemos desde el punto de vista hacia el que tienden las gentes, es verdad: no soy nadiens. Pero al final recuerdo que una de las razonas por las que escribo (así sea sin esperanza de ser leído) es precisamente porque estoy hasta la madre de que los discursos de los alguienses sea impuesto tanto por aquellos a quienes les conviene que las cosas sean así, como por una bola de nadiens –empero: igual que yo– que prefieren tragarse ese producto y defenderlo/reproducirlo por el simple hecho de que viene de un lugar que suponemos se encuentra por encima de nosotros.

2.- “Me gusta porque no te crees la panacea, por eso evitas las propuestas.”
Bueno… creo que gracias. Pero no puse este parafraseo para demostrar que hay alguien a quien puede llegar a agradarle, sino para contrastarlo con el siguiente.

Escritura - Imagen pública
Escritura – Imagen pública

3.- “Sí: haces una crítica. ¿Pero de qué sirve? No propones y no parece estar llegando a nadie.”
Este último fue el que, hasta cierto punto, me dio un poco en la madre. La verdad es que todo es cierto –y creo que es por eso que dejé de escribir columnas durante un buen rato. Sin embargo, después de considerarlo en sus partes llegué a la conclusión de que, si bien no estoy llegando a nadie, esa no parece ser una razón válida para dejar de escribir. O sea: si escribiendo no llego a muchos, dejando de hacerlo menos. Vaya pendejada mía.

El hecho de escribir lo que salga va precisamente con el espíritu de la columna: “Desde la Lubyanka”. No es porque no quiera proponer/no proponer, sino porque para empezar, la columna es un alarido de la chingada perdido en medio de toda la información que corre por internet: desde porno cristiano hasta reposteos de los complejos y nutritivos artículos de Bósfid o de Upsocl.

Siendo la Lubyanka una analogía para las realidades en las que estamos inmersos, no hablamos de un alarido que vaya a cambiar el mundo, ni mucho menos de uno que sea agradable. Seamos realistas: un alarido nunca va a ser agradable, puesto que su origen se encuentra en el encierro, la rabia, la impunidad, la injusticia o la impotencia, independientemente de su carácter personal, contextual o sociopolítico.

Escritura - Imagen pública
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Quizás la propuesta base es precisamente hacer las cosas tan visibles de una manera tan recalcitrante que no quede otro remedio más que mirarlas y enfrentarlas. Cada columna es un microcosmos, y en él puede haber o no propuestas para el problema/coso planteado. Pero al final de todo son los lectores quienes decidirán de manera personal si el problema es tal (ctm Arjona) y qué es lo que les gustaría hacer al respecto.

Sin embargo el punto de hablar sobre columnas de las cuales el presente lector de seguro no tenía idea, parece más bien tangencial:
A la gente puede gustarle o no lo que hagas, lo que digas o lo que

Escritura - Imagen pública
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escribas. Habrá a quienes no les parezca, y eso está bien. Habrá quienes quizás lleguen a tomarle hasta afecto, y eso también está chido. Pero nada de lo anterior justifica el hecho de que dejes de hacer lo que te gusta porque a alguien se le ocurrió decir que “no está tan bien”. Más vale un alarido perdido afuera que uno contenido en una jaula de carne. Quiero recalcar en algo: no digo que el que la crítica de los demás sea buena o mala -puesto que en realidad las intenciones que subyacen a ésta son en realidad muy variables: desde mejorarte hasta quebrarte– sino que lo jodido es que las maquinaciones y debrayes negativos propios hechos a raíz de un comentario sean suficientes para hacernos dejar de hacer.

Y volver a hacer, es lo que espero se hará.

Dicho esto, casi después de siete meses de inactividad total, volvemos a gritar.

HerzlichWillkommen, hijos de la chingada.

La hoja de papel

HOJA EN BLANCO - IMAGEN PÚBLICA
HOJA EN BLANCO – IMAGEN PÚBLICA

por María Mañogil

“El tiempo, eso que pasa y no lo vemos hasta que un día nos damos cuenta de que no nos queda mucho, al menos no el suficiente para hacer todas aquellas cosas que siempre quisimos hacer, pero que pospusimos por falta de ganas”. Es curioso ver cómo cambia el valor de las cosas, de los momentos, dependiendo del tiempo que se vayan a quedar a nuestro lado. El tiempo lo cambia todo, pero no sólo porque lo deteriora y lo envejece, sino por la perspectiva desde la cual miramos. Si no fuésemos capaces de medir el tiempo siempre veríamos las cosas tal y como nos parecieron que eran cuando las vimos por primera vez; también a las personas.

Por suerte, el tiempo nos cambia.

HOJA EN BLANCO - IMAGEN PÚBLICA
HOJA EN BLANCO – IMAGEN PÚBLICA

LA APARIENCIA

No me gusta esa frase que dice: “Las apariencias engañan”. No me gusta porque es una gran mentira. Los que nos engañamos somos nosotros al empeñarnos en mirar sólo lo que tenemos delante. Todo está a la vista, pero no lo vemos porque si de entrada no nos gusta la superficie ya no nos molestamos en mirar hacia el fondo. Nos perdemos lo más bonito del océano porque lo que flota lo catalogamos como basura. No son, por lo tanto, las apariencias las que engañan, es nuestra manía de ponerle nombre a lo que no sabemos ni lo que es.

Yo dejo una hoja de papel en mi escritorio todos los días. Es la misma hoja en la que garabateo mientras pulso sobre la tecla de descolgar el teléfono cada vez que éste suena. La misma sobre la que se tatúa un círculo cuando, sin darme cuenta, dejo mi vaso apoyado sobre ella. La que soporta el roce del viento y las diminutas gotas de lluvia que entran por la ventana. Por la noche me acompaña y vela mi sueño desde la mesita y mi mano la acaricia a la mañana siguiente cuando apago el despertador. Antes de salir de casa la doblo por la mitad y la guardo en mi bolso, donde espera pacientemente la hora de comer, momento en que la libero para que vuelva a ocupar su lugar en el escritorio.

Esa hoja de papel lleva mi nombre escrito en la parte superior. Lo escribí el día en que la arranqué del cuaderno y ni siquiera recuerdo porqué, aunque imagino que quizás iba a escribir otra cosa y se me olvidó.

Esa hoja es lo más parecido a mí que poseo y aunque esté arrugada, sucia o deteriorada, es el reflejo de lo que soy, ya que ningún otro objeto habla tanto de una persona como aquello que recoge las sobras, lo que no se expresa, lo que no se ve.

Una persona no es lo que dice, ni lo que hace, ni siquiera lo que piensa. Es el conjunto de todo eso sin que interfiera nada del exterior. Una persona es quien es cuando está sola y nadie  la observa y en cualquier otra situación es sólo una imagen de si misma, la imagen que quiere dar o la que quieren ver los demás.

HOJA EN BLANCO - IMAGEN PÚBLICA
HOJA EN BLANCO – IMAGEN PÚBLICA

LA INTERPRETACIONES

Me encanta cuando voy a una entrevista de trabajo y me hacen la pregunta final, esa que parece ser la clave para conseguir el puesto sea lo que sea que hayas dicho antes y sean cuales sean tus aptitudes: “¿cómo te defines?” Creo que es una pregunta con trampa, ideada por alguno de esos psicólogos que contratan las empresas para trabajar en el departamento de recursos humanos. Nadie es tan estúpido como para definirse y cada vez que escucho esa pregunta me dan ganas de contestar: “Contráteme y mientras me observa defíname usted si puede”.

Intentar definirnos es la mayor pérdida de tiempo que existe y me da mucha pena que haya gente que se empeña en querer definir a los demás, en juzgarlos y en ponerles etiquetas. Luego se quejan de que no tienen tiempo y el poco que tienen lo dedican a hacer un reportaje sobre alguien a quien creen conocer por lo que ha dicho, por lo que ha escrito o por lo que ha hecho y presumen de ver el interior de las personas cuando ni siquiera se han asomado.

Interpretar es muy fácil y hasta un idiota puede hacerlo, pero los idiotas lo hacen creyendo que no se equivocarán nunca e incluso divulgarán la información errónea, que llegará hasta otros, mucho más idiotas, que la creerán.

No digo que no sea posible interpretar las palabras o las acciones de alguien, pero para ello habría que hacerlo desde un lugar privilegiado, lejos de influencias externas que modifican y ensucian lo que de verdad somos y lo confunden con lo que aparentamos ser.

Nadie ha visto la hoja de papel que lleva mi nombre, por lo tanto nadie sabe lo que escribo en esa hoja cuando sé que es sólo mía y que nadie va a tener acceso a leerla, ni siquiera a tocarla. Lo que escribo ahí es lo que soy desnuda, limpia y sola; lo que estoy escribiendo ahora siempre estará deformado, primero por lo que pretenda expresar y segundo por lo que quiera entender quien lo lea.

Las personas interpretamos porque creemos que nos sobra el tiempo. Si supiéramos lo poco que nos va a quedar mañana nos dedicaríamos sólo a vivir y a estar con quienes queremos estar, independientemente de lo que pensemos o de lo que piensen los demás, pero es mucho más cómodo dejar que las opiniones de otros nos influyan porque así, el día que se nos acabe el tiempo, no seremos del todo responsables de haberlo perdido. La responsabilidad será de los otros.

Hoja en blanco - Imagen Pública
Hoja en blanco – Imagen Pública

PREJUICIOS

Los prejuicios son eso que inventamos para justificar el juzgar a alguien antes de ponernos en su piel y cada prejuicio que inventamos está basado en el miedo. La persona que tenga la osadía de juzgar a otra debería hacerlo al menos eliminando todo lo que no pertenece a esa persona, por ejemplo los problemas que tenga, porque un problema no es parte de una persona, es algo que lleva colgando y que se puede soltar en cualquier momento.

Yo he visto a gente apartarme de su lado porque tengo problemas y me han apartado como si yo misma fuese el problema. No creo que nadie sea un problema, pero sí lo es la falta de voluntad y coraje para querer acercarse a los demás por lo que son y no por lo que tienen, ya que al final, nadie tiene nada cuando lo pierde, ni bueno ni malo. Cuando se nos acaba el tiempo, lo único que queda es la hoja de cuaderno con nuestro nombre escrito, que, invisible o no, todos llevamos encima y es la que en verdad nos define porque nadie la ha tocado, excepto nosotros mismos.

Hoja en blanco - Imagen Pública
Hoja en blanco – Imagen Pública

EL VALOR

Quien se atreve a acercarse a alguien que no conoce, a hablarle, a escucharle y a intentar saber más sobre sus sentimientos, olvidando la primera impresión que le causó esa persona y sin importarle la opinión de quienes piensan que no vale la pena ni acercarse a ella, demuestra gran valentía. Lo contrario es ser cobarde.

Si todos rechazáramos o aceptáramos a los demás basándonos en la primera impresión, la mitad del mundo estaría solo y la otra mitad estaría mal acompañado.

La mayor cobardía que existe es dejarse guiar por los prejuicios y seguir usándolos para buscar adjetivos y colgárselos a las personas para definirlas, para juzgarlas y para apartarlas de nuestro lado aunque las queramos, porque no son lo suficientemente buenas para conservarlas junto a nosotros y que nos acompañen en el camino mientras gastamos el tiempo.

12 motivos para escribir

Máquina de escribir - Imagen pública
Máquina de escribir – Imagen pública

por José Luis Dávila

1. Hay que escribir para acortar distancias; rellenar los espacios entre el tú y el yo con palabras. Borrar los acantilados de a poco, arrojando un verbo y un adjetivo de vez en cuando. Crear puentes para llegar de la aldea que tenemos en la cabeza a las aldeas de los demás, y ser participantes en un potlatch que nos retroalimente el espíritu a medida que damos lo que más de íntimo poseemos: nuestro lenguaje en forma de texto.

2. Se puede escribir de todo. Desde una carta simplona hasta una novela de éxito mundial. Se pude escribir inventando lenguas nuevas, robando ideas y transfigurándolas para hacerlas propias. Se puede escribir sobre lo que ya está escrito. En fin, si se te ocurre, se puede. Y como se puede, ¿por qué no hacerlo?

3. La lista del súper deberíamos considerarla también como una literatura de la vida cotidiana. Y no solamente las listas del súper, sino cualquier otra lista que nazca de un acto individual de la necesidad por poner las cosas de nuestro mundo en orden. Porque al final eso es la literatura más consagrada y que con justa razón ha sobrevivido a los años, a los siglos: una forma de enlistarnos y ordenarnos en el mundo a través del papel para tener una guía de lo que podemos ser.

4. Escribir es como jugar Tetris: las piezas se van acomodando una sobre otra, una junto a otra. Mientras más jugamos, mejor sabemos cómo embonar cada pieza de forma que ninguna sobre o falte. Las palabras igual bajan primero lento de nuestra mente a nuestra mano, para alojarse en el papel. Mientras más escribimos, mejor sabemos hacer que las palabras se encadenen.

Escritura - Imagen pública
Escritura – Imagen pública

5. Escribimos porque las noches de insomnio o ansiedad (o ambos) tienen que ser ocupadas en algo más que mirar el techo por horas. Además, ese es el mejor estado de ánimo para escribir. Tesis enteras de doctorado se han puesto en palabras cuando sus autores necesitan desahogarse de alguna pena. Incluso grandes novelistas y poetas pasaron sus veladas frente al papel y durmiendo durante el día. Yo creo que Stoker se refería a eso cuando publicó Dracúla: el escritor que se nutre de la belleza de las mujeres, ya sea amándolas y siendo amado, o despreciándolas luego de hacerlas amarlo. Sin embargo, el que más concuerda con la idea del vampiro es aquél que ama y es despreciado. Por eso, en venganza, busca otros cuellos durante la madrugada y se acuesta al despuntar el primer rayo de sol, para descansar la resaca después de dejar su reflejo en las palabras sobre el papel. Poco a poco, si sabe ser un buen ejemplar de la estirpe, alcanzará la inmortalidad.

6. Porque si uno bebe demasiado tiene muchas oportunidades de ser un buen escritor. Con esto no digo que cualquier alcohólico es capaz de escribir algo que valga la pena, pero hay de dos: o encuentras la manera de contar tus anécdotas de ebrio de forma coherente y con tu propio estilo, o escuchas atentamente las historias de los otros ebrios mientras bebes con ellos (también puedes usar una grabadora, pero sin que se den cuenta) y así, al llegar a casa, darle forma, quitar la paja que pueda haber y pulir el oro de esas conversaciones que fácilmente te podrían valer uno o dos premios literarios si sabes cómo transformar las incoherencias de tus compañeros de barra en oraciones bien estructuradas. Aunque también las puedes transcribir como tal y alegar que te apegas a la lengua popular.

7. Se escribe para vender, lo cual está bien porque en esta vida todo tiene un costo monetario. La cosa es saber qué se está vendiendo, la imagen de uno o el trabajo que hace, calidad o cantidad, placer textual del lector o gozo creativo del autor. Quizá no haya una respuesta, quizá la respuesta esté en la perspectiva de cada uno.

8. Decir “soy escritor” lo puede hacer cualquiera, pero no muchos lo sostienen. Por eso hay que dejar pruebas de tu labor. Si no te publican, busca la forma de aparecer en algún programa de ponencias, abre un blog, reseña libros de interés general. Poco a poco aparecerás en algún buscador de internet, mínimo. Así, cuando te pregunten “¿A qué te dedicas?”, podrás decir con toda seguridad “Soy escritor”. Porque aunque trabajes en algo más para sostenerte, como todos hacemos, escribir es un orgullo; muchos se rinden a medio camino, o antes de iniciar la competencia, pero quien puede seguir esforzándose es un valiente y se merece el título.

r colores - Imagen pública
r colores – Imagen pública

9. Nunca será suficiente lo que está escrito. Por millones de años las sociedades han buscado una forma de plasmar sus ideas. Los dibujos en las cuevas eran una forma de escritura. Ahora escribimos en archivos virtuales. El tiempo ha cambiado la forma en que se guarda el texto; pero sin importar esto, siempre se busca escribir, se piensa en escribir. Escribir es la mejor forma que tenemos para dar cuenta al futuro de lo que pensábamos, de lo que sentíamos, de lo que vivíamos. Y siempre querremos saber más sobre el pasado. Por eso quien esté capacitado para ello, debe escribir. Porque las palabras se pueden combinar de formas infinitas y por más que se trate, no se pueden agotar.

10. ¿Han leído lo que se escribe últimamente? ¿Los libros que más se han vendido en estos años les convencen? ¿Los ven como literatura que valga la pena? ¿Creen que con los años se vaya a estudiar, no sé, la morfosintaxis de 50 Sombras de Gray, o el amor cortés en Crepúsculo? ¿Los Juegos del Hambre los hacen buscar en sí mismos las respuestas y las preguntas sobre si el futuro será un buen lugar para vivir? Si respondieron “no” a dos o más de estas preguntas, entonces ahí tienen otra razón más para escribir.

11. Escriban para ser leídos. El que asegura que no es necesario, que escribe sólo porque le gusta hacerlo, o teme demasiado a las críticas o no sabe para qué funciona la escritura. Porque más allá de que por medio de las palabras los demonios se vayan lejos y las mentiras sean verdades de papel que uno se acaba creyendo luego de repasarlas tanto, si uno no llega a los ojos de otro y recibe un comentario, cualquier tipo de comentario, nunca será escritor. El escritor sabe aprender de las críticas acertadas, defenderse con elegancia de los ataques infundados y, sobre todo, no tomar tan en serio los halagos. Eso sólo se logra al ser leído, porque los ojos ajenos son el primer filtro de quien tiene el temple para este oficio.

12. Escribimos porque dibujar y colorear con palabras es de niños grandes. Porque toda nuestra vida vamos a llevar el lenguaje a cuestas, y a algunos nos pesa mucho, así que necesitamos ir dejando poco a poco, regado por el camino, parte del equipaje. Porque todo lo que vemos está hecho de letras, y las letras crean palabras, y entonces nace el mundo ante nosotros como una proyección de las historias que somos. Porque nuestros cuerpos están tatuados pero la tinta que usaron no se ve más que a la luz blanca de la página. Porque tenemos tinta en vez de sangre y nuestras heridas crean historias que nadie más que nosotros pude contar. Escribimos porque elegimos escribir, y si hubiéramos tomado cualquier otra opción, tal vez sería un error.

Bloqueo - Imagen pública
Bloqueo – Imagen pública

por Andrea Rivas

Déjeme empezar, querido lector, ofreciéndole mis más sinceras disculpas por el abismo que hallará en el sitio donde debería encontrar mi columna esta semana. Y no crea que no pensé en usted, que jueves tras jueves me lee y con su pupila hace vida de mis letras, no crea que no me abruma sobremanera dejarle únicamente la somera explicación, justificación del porqué de la ausencia que acongoja a este espacio.

Disponía yo, como cada martes, el espacio preciso: noche, silencio, vainilla, taza caliente, ventana abierta; sin embargo no es fácil, permítame afirmar, iniciar la escritura cuando no se poseen ideas claras. Fue, posiblemente, el calor enajenante que me obligó a acercarme demasiado a la ventana, el que provocó la fuga de mis ideas porque para cuando dispuse mis manos a la primera letra, éstas se negaron rotundamente a cumplir su tarea. Y así empezó la odisea.

Buscando encontrarme con la calma, tomé un poco de agua y dejé que mi mente viajara en la oscuridad. Lo único que encontró fue una somnolencia terrible que me dejó en el más cruel letargo. Desesperada, acudí a la conversación cotidiana, al hola como estás que en tantas ocasiones ha traído el descontrol y la vida. Así fue como me encontré con J, quien, amabilísimo como siempre ha sido, no dudó un instante en ofrecerme su ayuda. Sin embargo cómo, me dije, cómo podría un externo dotarme de las ideas, las palabras que hace un momento habitaban mi mente y eran parte de mi configuración y capacidad letrística y de pronto, ¡puff! idas. Enojada, le expresé mi indignación y de inmediato me ofreció calmar la furia con el más oportuno aliciente que se le puede dar a uno cuando se encuentra fastidiado. Sonriente acepté su propuesta y le envié la lista.

Bloqueo - Imagen pública
Bloqueo – Imagen pública

Cómo es que J entendió de manera tan literal la somnolienta guasa, es un misterio para mí. Lo único que tengo seguro es que minutos después de nuestra conversación, ya se encontraba frente a la casa del primero en la lista, preparado para arder. Afortunadamente, tuve el tino para llamarlo justo en el momento en que cruzaba la acera y confundido, me aseguró que para él no representaba el menor problema. Necesitas tener la mente limpia para escribir, me dijo, puedo eliminar a los inoportunos. Luego de agradecerle infinitamente, le prometí comunicarle cuando fuese necesario llevar a cabo la tarea y le pedí que, mientras tanto, no hubiese heridos.

La noche estaba ya muy avanzada y mi página seguía en blanco. Yo pasaba de pensar en la fortuna que había tenido al detener a J y lo cansado que sería bajar a preparar otro té, además de todos los riesgos que implican las cocinas oscuras durante la madrugada. Pocas cosas son tan terroríficas como la idea de una solitaria estufa con todos sus utensilios en los mueblecillos contiguos y una luna plateada filtrándose por la ventana del patio trasero.

Para nadie será una sorpresa leer del mal humor que me causó el hambre mezclada con el calor y el reciente casi homicidio. Luego de registrar cada uno de mis cajones en busca de ideas que barrieran lejos mi ogresco genio, porque debe saber, lector siempre apreciado, que en ningún momento dejé de pensar en lo que habría de escribirle, me encontré con un vacío absoluto. Los objetos estaban dispuestos con tal absurdo que sería imposible hallar algo que no fuesen las ganas de tirarse a un acantilado a esperar que el próximo ciclón le diese coherencia a aquello.

Vacié cada uno de los cajones y repisas, tomé una gran bolsa de basura y deposité todos los utensilios del escritorio en el suelo: esperar al ciclón tomaría muchísimo más tiempo del que disponía para recobrar el orden necesario. Justo en el momento en que abría la primera carpeta a clasificar, sonó el teléfono con una estrépito muy poco indicado para aquellas lamentables horas. La voz sonó lejana y animada. Sólo a A se le ocurriría querer charlar a las tantas de la madrugada sin más motivo que charlar. Con una terrible imitación de mi más alegre voz, conversé un par de minutos para finalmente, terminar fastidiando a mi interlocutor con la más triste historia de mi vida pasada. Colgamos con el amargo sabor de las palabras fallidas.

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Bloqueo – Imagen pública

La tristeza le fue sumada al desorden, los cajones regados, el estómago vacío, las manos polvosas, el casihomocidio, y mis ideas revoloteando fuera de la ventana, burlonas. Miré el reloj: amanecía. Con toda la exasperación colgándome de los dedos, me di cuenta del penoso estado de mi esmalte de uñas. Suspirando me prometí conseguir un algodón bañado de químicos de olores endemoniados para mejorar la condición de mis manos en cuanto terminase la columna. Si tan solo hubiese escrito algo ya…

Mi alma, desesperada y fatal, anocheció de golpe. Faltaban solo 10 minutos para la hora de entrega. Y aquí estamos, queridísimo lector, sin palabras para esta semana y con la inmensa pena de haber dejado este espacio que es de sus ojos, vacío. Quiero decirle, sin embargo, que en cuanto esta disculpa sea enviada, tomaré cada uno de los objetos torpes y lo refundiré para siempre en el interior de la bolsa negra, llamaré a J y le pediré que cumpla con la lista, pintaré mis uñas de un color más apropiado, reiniciaré el ritual del incienso y la taza caliente y no habrá entonces, estoy segura, factor alguno que entorpezca el proceso de las palabras. Sin embargo, sería, quizá, más apropiado, empezar por salir a buscar la idea que perdí al inicio de esta misma tarde cuando me disponía yo, como cada martes, en el espacio preciso…

Inventario

INVENTARIO-IMAGEN PÚBLICA
INVENTARIO-IMAGEN PÚBLICA

por Carolina Vargas

Me gusta mucho el divague, creo que tengo una imaginación activa por lo que se me da inventarme cosas, historias y de vez en cuando algunas mentiras. Reconozco que estoy muy verde en esto de la escritura, me hace falta oficio y disciplina, pero por alguna razón, siempre que algo me toca o conmueve un impulso desbordado me lleva a teclear hasta no detenerme. En esta ocasión el motivo que me lleva a ese extremo es muy simple…

Para cuando esto salga publicado, habré cumplido 29 años. No es que me aterre la edad o la idea de envejecer; creo yo que pese a todo he sabido sobrellevar mis años de una manera decorosa. Quizá lo que en verdad me asusta es no saber a cabalidad lo que me espera, verán de unos años para acá mi vida ha dado muchísimos vuelcos y no todos han sido favorables.

Como ya dije me falta oficio para escribir, de hecho soy muy osada al abusar de este espacio que semana tras semana me siguen concediendo tan generosamente, pero haciendo un breve recorrido por mis archivos me he dado cuenta que así dure meses sin escribir nada, mi cumpleaños siempre es motivo de reflexión y desde hace mucho tiempo, escribo alguna reflexión al respecto.

INVENTARIO-IMAGEN PÚBLICA
INVENTARIO-IMAGEN PÚBLICA

Casi siempre antes de mi cumple, me deprimo, sin importar lo entusiasmada que esté respecto al festejo o al desmadre inherente a ello, la depresión es algo que llega con una puntualidad pasmosa, una gran amiga mía me dice que eso es normal ya que un ciclo se cierra y otro inicia, recordemos que cada año es una vuelta alrededor del sol  y yo ya voy a dar 29…

Si me pongo estricta, para nada me imaginé ni en mis sueños más guajiros, llegar a esta edad de la manera en la que lo estoy haciendo. Quizá como a muchos a mí de niña me programaron para seguir un patrón de comportamiento y a cierta edad haber logrado varias cosas, y creo que hasta ahora no he logrado ninguna de las metas establecidas, será porque yo nunca seguí patrones y he sido muy testaruda, he rodado mucho y he vivido cosas que jamás me imaginé, elegí el camino más difícil quizá para hacer el viaje más interesante y en el trayecto conocer a muchísimas personas maravillosas.

Tengo 29 años y más preguntas que certezas, no tengo un camino trazado porque en las veredas siempre habrá bifurcaciones y no se puede conocer un terreno a cabalidad sino se le ha explorado por completo, tengo una vida distinta y privilegiada porque ante todo soy libre, algo que agradeceré infinitamente.

Pese a que este año ha sido el más duro y doloroso de mí vida, sé que esta difícil prueba me dejará una valiosa lección, con la consecuente dosis de sabiduría correspondiente a un largo y sinuoso camino. Me gusta pensar que después de todo esto, seré una mejor persona, ha sido una lección de vida muy dura y a pesar de todo me he mantenido siempre en pie, lo que ya habla bien de moi.

SOLEDAD-IMAGEN PÚBLICA
SOLEDAD-IMAGEN PÚBLICA

En cuanto a la celebración aun no sé cómo será, sin duda algo entrañable, porque aunque lejos de mi familia de sangre, estaré rodeada de muchísimo afecto por parte de mis amigos la familia del corazón que uno tiene la bendición de elegir. Y ya si se pudieran las complacencias, pues un pastelito estaría de huevos.

No me queda más que esperar con ansia mi vigésima novena vuelta al sol, la recibiré contenta y tranquila, ansiosa de nuevos retos y muchísimas experiencias…porque ya lo decía la señora Gump… “Life was like a box of chocolates. You never know what you’re gonna get.”