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Adiós a la Tierra Media

The Battle of the five armies - Imagen pública
The Battle of the five armies – Imagen pública

por E. J. Valdés

Con el estreno de The Battle of the Five Armies, la tercera entrega de la adaptación cinematográfica de The Hobbit, se termina una odisea que Peter Jackson comenzó hace trece años con The Fellowship of the Ring, y con ello puede vanagloriarse de ser el único cineasta en llevar con éxito (y mucha ambición) dos de las obras maestras de J.R.R. Tolkien, y de haber recortado y expandido dramáticamente su legendario mundo para horror de los fans más conservadores.

La tercera parte de The Hobbit cuenta con un reparto de estrellas encabezado por Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Orlando Bloom, Luke Evans y Evangeline Lilly, secundado en papeles menores por Benedict Cumberbatch (actor muy solicitado estos días), Ken Scott, Sylvester McCoy y Hugo Weaving, Ian Holm, Christopher Lee y Cate Blanchett en los roles que ya les conocíamos en The Lord of the Rings. Qué de nombres, ¿no? Muy tolkieniano.

The Battle of the five armies - Imagen pública
The Battle of the five armies – Imagen pública

Bueno, The Battle of the Five Armies arranca donde The Desolation of Smaug se quedó y aborda los último capítulos de la novela, es decir, la derrota del dragón, la reconquista de Erebor y el subsecuente enfrentamiento al correrse la voz de que los tesoros de la Montaña Solitaria están en manos de los enanos. En el caso de la serie fílmica, también se retoman y concluyen historias paralelas como la querella entre Thorin y Azog, el descubrimiento de una fuerza malévola en las ruinas de Dol Guldur, y el flirteo entre Tauriel y Kili (que, pienso, fue lo más memorable de la segunda película). Con más de dos horas de duración, no es la entrega más larga de la saga pero, considero, es la segunda mejor de esta trilogía y una de las mejores logradas desde The Two Towers, sobre todo si disfrutan las batallas a gran a escala, pues más de la mitad de la cinta es combate, y combate sobre el combate.

Sin embargo, pese al festín de acción debo señalar que este largometraje pierde de vista un aspecto muy importante: The Hobbit es la aventura de Bilbo Baggins y sienta el precedente a los eventos que conforman The Lord of the Rings. Pero The Battle of the Five Armies se siente más como la película de Thorin, Gandalf, Legolas, Tauriel y Bard, con Bilbo como un invitado al que tuvieron que involucrar porque ya estaba allí. Se le siente como un personaje débil, aunque tampoco tan relegado como la media docena de enanos que no tienen una sola línea de diálogo en toda la película. Y, vaya, tampoco es como que en la novela hicieran gran cosa, pero Peter Jackson pudo dedicarles un poquito más de desarrollo en lugar de inventarse personajes de relleno como Alfrid. También fue muy pobre la participación de Radagast, tomando en cuenta que las dos primeras películas enfatizaron mucho su aparición.

The Battle of the five armies - Imagen pública
The Battle of the five armies – Imagen pública

En fin, supongo que dentro de un tiempo lanzarán la trilogía extendida con todo lo que Jackson se quedó con ganas de mostrar (ojalá haya sido mucho). Por lo pronto, les digo que The Battle of the Five Armies es una cinta muy dinámica, llena de acción y aventura que cierra de manera satisfactoria la historia y la conecta con el mundo que ya vimos en The Lord of the Rings. Vayan a verla.

¿Que si me gustaría que Peter Jackson adaptara The Silmarillion? Francamente sí, aunque es el título menos popular de la saga y quizá Ian McKellen y Christopher Lee ya no regresarían como Gandalf y Saruman, sin mencionar que tengo entendido que Christopher Tolkien guarda con mucho recelo los derechos de ese libro en particular. No lo descarto, sin embargo, pues ocho años separaron las dos trilogías que ya vimos y podría suceder que en otros ocho escucháramos cantar a los Ainur. Mientras tanto, cuéntenme entre aquellos que echarán de menos la Tierra Media.

The Battle of the five armies - Imagen pública
The Battle of the five armies – Imagen pública
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The Grand Budapest Hotel

El gran hotel Budapest -Fotograma
El gran hotel Budapest -Fotograma

por E. J. Valdés

Voy a comenzar con una advertencia: pueden no ver Godzilla, pueden no ver X-Men y pueden olvidarse de la tercera parte de El Hobbit y los estrenos de fin de año, pero no pueden dejar pasar The Grand Budapest Hotel. La más reciente cinta de Wes Anderson se ha convertido en una de las más aclamadas en lo que va del año y hay una serie de puntos fuertes que justifican de sobra el clamor: el que salta a primera vista es la producción. De principio a fin The Grand Budapest Hotel es colorida y cálida, atributos maximizados por una fotografía y un trabajo de cámaras no menos que admirable. Todo en la película es muy coqueto, muy pastel, muy kitsch, desde el lobby del hotel hasta los corredores de la prisión.

El otro punto muy rescatable (y quizá el que más llama la atención) es el reparto estelar que Wes Anderson no solamente se las arregló para reunir, sino que supo manejar muy bien. En la película “nomás” aparecen Adrien Brody, Willem Dafoe, Jeff Goldblum, Edward Norton, F. Murray Abraham, Mathieu Amalric, Jude Law, Harvey Keitel, Bill Murray (poquito), Tilda Swinton, Owen Wilson y Ralph Fiennes en el papel principal. Y de la actuación de éste digo lo mismo que Chris Stuckmann: el hombre no deja de sorprender; ya son dos décadas de La Lista de Schindler y él sigue dando una buena interpretación tras otra. También muy loable es la labor de su segundo a bordo, Tony Revolori en el papel de Zero Moustafa, su primer protagónico en un largometraje. Es muy aventado decirlo, pero se antoja ver a estos dos entre los nominados a los siguientes Academy Awards.

El gran hotel Budapest -Fotograma
El gran hotel Budapest -Fotograma

The Grand Budapest Hotel es una historia dentro de una historia que a su vez está dentro de una historia. Una chica visita la tumba de El Autor en un lugar llamado Zubrowka (otrora la capital de un gran imperio, nos dicen). Sentada a un costado del monumento, comienza a leer el recuento que éste escribió sobre su visita al hotel Grand Budapest a finales de los 60, cuando éste era ya un lugar en decadencia. Allí conoció al señor Moustafa, propietario del hotel, quien a su vez le relata cómo fue que se hizo del lugar sin haber pagado un céntimo por él. Su relato nos lleva a conocer a Monsieur Gustave, el concierge del hotel cuando éste atravesaba su época de esplendor y era el destino de los ricos y los famosos. Moustafa llega al servicio de Gustave como un bell boy conocido únicamente como Zero, y bajo su tutela le descubre como un hombre exquisitamente pulcro, adepto a la poesía romántica, devoto a los asuntos del hotel y propenso a brindar un “servicio excepcional” (de índole sexual) a las acaudaladas huéspedes mayores del Grand Budapest. Una de ellas, Madame Céline, matriarca de la adinerada familia Desgoffe und Taxis, muere al poco tiempo de su última visita y, para sorpresa y sobresalto de la familia, hereda a Gustave una muy codiciada pintura. Esto desata una serie de intrigas que pondrán en peligro a Gustave y a prueba el ingenio y valor de Zero, lo cual deriva en una cinta dinámica, divertida, sumamente atrapante y deliciosamente deliciosa (sí, así). Chris Stuckmann dice que nadie hace películas como Wes Anderson y estoy seguro que tras ver ésta estarán de acuerdo. Por eso, cual si esto fuera un documento laboral, tengo a bien recomendar The Grand Budapest Hotel como el largometraje del verano que no se pueden perder.

El gran hotel Budapest -Fotograma
El gran hotel Budapest -Fotograma

Y voy a terminar con otra advertencia: cuando salga a la venta, seré de los primeros en comprar el Blu-Ray, y si quieren quitármelo tendrán que pelear a muerte por él.