Archivo de la etiqueta: Edgar Allan Poe

Monomanía matizada

Secretos y paranoia - Imagen pública
Secretos y paranoia – Imagen pública

por Andrea Rivas

Hay momentos maravillosos de la humanidad en que la paranoia colectiva parece ponerse de moda y andamos todos con cubrebocas huyendo de la influenza, algunos con medio litro de antibacterial en la bolsa, mirando con desconfianza a todo aquél que estornuda, evitando entrar en contacto con la superficie; otros momentos en que resulta que a la vecina de la amiga de tu mamá le dio tifoidea por comer una cemita buenísima en El Carmen y entonces, de alguna manera, tú, tus amigos y toda tu familia se ven autoexiliados -temporalmente, por fortuna- de dichos placeres gastronómicos.

Internet, Lacan y la vida me llevaron esta semana a recordar la sensación desmesurada de no saber absolutamente nada sobre el mundo en el que vivo -o sobre mí o sobre nada de nada-. Y es que entre links que amablemente me fueron cedidos y locuras que hallé en esos momentos en que debería haber estado repasando a José Agustín, me vi transportada a ese universo de la infancia en donde todo es desconocido y maravilla; la diferencia, quizá, es que una vez que he “crecido”, ese desconocimiento, a veces, horroriza.

El primer eslabón en la cadena de mis paranoias de la semana fue un artículo titulado Top 10 lugares a los que nunca tendrás acceso: nueve de los diez lugares en cuestión, están rodeados por un enorme halo de misterio. Pasando por laboratorios secretos, bases militares de supuesto contacto con vida extraterrestre, Montañas Malas, metros misteriosos…, llegamos a las teorías conspirativas.

A veces la paranoia crece y entonces imagino que incluso aquella paranoia fue planeada, que ellos esperaban que esta información que no es nada, estuviese en nuestro poder. La idea de que hay un grupo de personas en el poder controlando el destino de la humanidad, centros de espionaje, cámaras ocultas en cada lugar de las grandes ciudades y demás, no son nuevas, sin embargo, cuando se recuerdan… no sé ustedes, pero a mí me ponen a pensar. Es que, ¿qué rayos está tan oculto en la biblioteca del Vaticano? ¡Son 63 kilómetros de estanterías! Cuando, hace varios ayeres, me enteré de su existencia, estaba segura de que la Verdad de las Verdades estaba escrita en alguno de esos “archivos”.

Secretos y paranoia - Imagen pública
Secretos y paranoia – Imagen pública

Pensando en todas las teorías, me percato de dos cosas -y es que no soy ni exagerada, ni tiendo a polarizar las cosas-: primero, si en verdad estuviésemos siendo espiados por organizaciones secretas, hubiera una gran mesa de gente importante decidiendo nuestro futuro, controlando nuestra información y manipulando a todos los gobiernos, ¿qué queda por hacer? Estaríamos totalmente perdidos.

Por otro lado, si nada de esto fuese verdad, si cada uno de los centros de espionaje, laboratorios nucleares y oficinas escondidas tuviesen una explicación lógica y aislada del resto, ¡qué tristeza! Qué solos y fastidiados estaríamos entonces. ¿La humanidad, así solita, sin ayuda de algún mafioso malandrín y barbaján metapoderoso, se ha causado y ha causado al mundo todo el daño, muertes, injusticias, hambre, degradación y horror..?

Algo menos Maussan y más maravilloso, es un artículo titulado El enigma de la tumba de Allan Poe, donde se cuenta la historia de un extraño de sombrero, abrigo largo, bufanda blanca y bastón de empuñadura dorada que acudió cada 19 de enero durante 7 décadas a dejar tres rosas y una botella de coñac en la tumba de Edgar Allan Poe. Al parecer, no se sabe quién es el sujeto(s), sin embargo, el misterio que rodea al hecho, me parece fascinante.

Secretos y paranoia - Imagen pública
Secretos y paranoia – Imagen pública

En este punto quiero recuperar ambas notas, la de las teorías conspirativas, y la de Allan Poe. Si bien es cierto que la repercusión de la veracidad o falsedad de lo planteado en los casos es abismal, también es cierto que en los dos, nos encontramos frente a lo desconocido, de cara a una incertidumbre que desata en nuestra imaginación la más loca de las ideas y podemos creer que quien visita cada año a Poe es Poe mismo en modo fantasma intentando recordarnos que está ahí, que incluso luego de muerto, está lo enigmático alrededor de su imagen; quizá es alguna secta amante del escritor… quién sabe.

Sin embargo, si alguien lo supiera, le ruego que no me lo diga, si alguien tuviese el conocimiento de que en el Vaticano no se encuentra en realidad ningún escrito revelador, si en la base militar de Nevada no hubiese contacto alguno con señales -por minúsculas que fuesen- de vida fuera de la Tierra, si en los Montes Urales no se esconde ningún gran secreto, no quiero saberlo, y si existen, si alguna de estas cosas se esconde en nuestro mundo, que los súper-héroes y dioses todos nos protejan.

Les dejo los links paranóicos:

10 lugares a los que nunca tendrás acceso: http://pijamasurf.com/2011/02/top-10-lugares-a-los-que-nunca-tendras-acceso/

El enigma de la tumba de Allan Poe: http://www.elmundo.es/cultura/2014/03/16/532511d8e2704e622f8b4578.html

Las 7 teorías conspirativas más perturbadoras del mundo: https://www.youtube.com/watch?v=SQ2S9zC75Ec&list=PLqivnvaruBVHZYuQqPfIEoc4xMz_p4rZk

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Es espera de la muerte roja

MÁSCARA ROJA-IMAGEN PÚBLICA
MÁSCARA ROJA-IMAGEN PÚBLICA

Por Andrea Garza Carbajal

La peste hace varios años dejó de ser amenaza para las personas. Las epidemias continúan, aunque son lejanas las épocas en que consumían la mitad de Europa o exterminaban a nuestras poblaciones nativas, incapaces de generar defensas contra los virus de sus colonizadores. Los estragos han disminuido, al menos, en el mundo globalizado. Pero a veces, cuando los gobiernos dan voz de alerta porque algunos pollos están contaminados con una gripe mortal, o comer ciertas vacas puede ser letal, o un aparente resfriado es capaz de provocar rápidamente la muerte, esa vieja memoria inherente a nosotros pero que no es nuestra, como si una vieja cicatriz fuera heredada, nos susurra una advertencia desagradable; que eso que amenaza ya pasó muchos años atrás, y podría repetirse. Entonces quizá pensemos en muros sinuosos y extraños salones de colorido extravagante, en bizarras fiestas. Una fortaleza de diversiones extrañas. Una fortaleza de salud y dicha donde no tendríamos lugar, pues sería reducto de poderosos y ricos. La contemplaríamos desde afuera, sufriendo con el resto, los estragos de la muerte roja.

La muerte roja presenta los siguientes síntomas:

–          Dolores intensos

–          Mareos

–          Sangre emanando de los poros

–          Manchas púrpuras en rostro y cuerpo

–          La disolución del Ser

Para cualquiera que presente estos síntomas no habrá salvación, en media hora estará muerto, pero sabrá, entre los estertores, cuál fue la causa. Si esta idea no es capaz de sobrecoger a quien la lea, tal vez la imagen de una siniestra figura, en la fiesta de disfraces más bizarra, atravesando cada salón ante los ojos de atemorizados asistentes, lo sea. O probablemente no. En realidad, para que algo así pueda llegar a generar terror se necesitaría transitar por los salones de anormal iluminación, escuchar el delirante tañido del reloj de ébano, asistir a una fiesta de disfraces demenciales, para que la última aparición adquiriese el cariz más perturbador. Eso es algo que Edgar Allan Poe entendía bien y dominaba

Durante algún tiempo, la visión de sufrimiento y miseria, acompañó el gusto por la obra de Poe. Delirante por el alcohol, con ataques nerviosos, añorando a su fallecida esposa y muriendo en circunstancias poco claras, parece un personaje romántico, cuya vida y obra marchan en perfecta concordancia. Sin embargo, el conocer su vida no parece necesario para apreciar su obra. Después de todo, lo hechos más conocidos de cualquier personaje, a veces son complementados por suposiciones o difuminados por la idealización. En ocasiones, tergiversados deliberadamente. Poco después de su muerte, Poe fue bastante desacreditado por Griswold, el editor encargado de difundir su obra, en la especie de biografía que prologaba la misma. Se dice que en ella presentó una versión exagerada en partes y totalmente falsa en otras de disipación y mezquindad en la vida de Poe, por la animadversión que sentía hacia el escritor, originada muchos años atrás por una crítica hecha a su trabajo de editor y compilador. Se ignora por qué alguien que sentía tal enemistad hacia Poe sería elegido como su albacea literario.

MÁSCARA ROJA-IMAGEN PÚBLICA
MÁSCARA ROJA-IMAGEN PÚBLICA

Baudelaire lo defenderá de forma exaltada, tratando de mostrar su calidad humana y disipar la versión de Griswold por la que sus compatriotas norteamericanos parecían juzgarlo más que por la calidad de su obra

Tal vez podamos entenderlo, en esta época, en ciertos estratos donde la frivolidad rezuma por los poros (como una peste), se trata de tener trascendencia más por el estilo de vida que por las obras generadas. Tal vez conozcamos muchos ejemplos al respecto. Todos ellos, a la larga, olvidables. Se quiso desacreditar la obra de Poe a través de su vida. El efecto fue contrario, y la atención llegó con la morbosidad. Después, cuando esas ediciones fueron sustituidas por otras, y la vida de Poe fue contada sin la intención de desprestigio, una visión romántica y misteriosa incrementó el atractivo de su obra. Hay vicios que no se quitan, no importa los años que pasen. Desde luego, la vida de los escritores puede ser apasionante, sus traspiés y debilidades, algo capaz de conmovernos, sus aciertos y talento, un ejemplo. Encontrar en sus obras huellas de esa vida, no cambiaría su valor, aunque tal vez modificaría nuestra apreciación. La admiración o el gusto, por no decir enamoramiento, es lo que a veces genera la mitificada figura de Poe. Entonces, nos parecemos a lo que tanto criticó Baudelaire, a los contemporáneos que juzgaban su obra a través de su vida. Ello se repetirá, de manera contagiosa, con otros escritores y artistas. 

EDGAR ALLAN POE-IMAGEN PÚBLICA
EDGAR ALLAN POE-IMAGEN PÚBLICA

Es innecesario hablar de la vida de Poe, para apreciar su manejo del relato corto. En “La máscara de la muerte roja”, a través de breves descripciones va creando la atmósfera (clave del relato) que culminará con la aparición final. Las descripciones son imágenes poderosas, que además de crear atmósfera y generar tensión en el lector, cumplen una función más. Es por ellas que conocemos la personalidad del príncipe Próspero. La decoración elegida por él, refleja una mente poblada por los mismos pasillos torcidos e iluminación siniestra. La atmósfera se vuelve una extensión de la mente del príncipe. Sin necesidad de descripciones profusas o detalladas. No son necesarias para incidir en el miedo de las personas. A la mención inicial del príncipe como “feliz, intrépido y sagaz”  sigue su decisión de abandonar a un pueblo agonizante para encerrarse en una fortaleza donde la peste no lo alcance a él ni a sus amigos y puedan entregarse a licenciosas diversiones. El tono irónico, que hace hincapié en la  naturaleza del príncipe, se vuelve fundamental para el resto de los sucesos.

Entonces regresamos a ser meros espectadores de la fortaleza del príncipe Próspero, esperando la llegada de la muerte roja. Y la ficción, pareciera un presagio de inverosímiles futuros. Pero no hay de qué preocuparse, nosotros no conocemos la muerte roja. Podemos olvidarnos de cuestiones tan desagradables como la sangre y el fin inesperado, substraernos del sufrimiento, del miedo que significa la continua amenaza, las reacciones violentas, el peligro inminente. La desesperación y  el exterminio. Así es, ese tipo de terror no es el que nos corresponde, permanece muy lejano, como una pintoresca pesadilla y un buen relato.