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XV años

RELOJ DE ARENA-IMAGEN PÚBLICA
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por Deysi Sánchez

Para Anel

Cumplir XV años siempre será un acontecimiento esperado por toda mujer y no precisamente porque todas quieran tener una fiesta para celebrarlo, sino que cumplir XV años significa romper con la inocencia infantil para volverse una mujer. No importa que la regla haya llegado desde tres o cuatro años antes; cumplir los XV años representa dejar florecer la sensualidad. 

Muchas niñas tienen la ilusión de tener un vals y jugar al primer amor con el chambelán principal. Otras simplemente prefieren tener dinero o viajes, pero no perdonan que esa fecha pase desapercibida. Todas las niñas quieren que el día que cumplan quince años sea especial. He visto cumplir quince años a muchas niñas, la mayoría llenas de sueños, de ilusiones y de pasiones. Pero también he visto convertirse esos sueños en polvo. 

Anel tiene quince años, es realmente linda, heredó los rasgos de su padre, los ojos de su abuela, las caderas prominentes de sus tías y las ojeras de su madre. Cumplió sus quince años sin festejos, sin dinero y sin viajes, en cambio ella trabaja para conseguir lo que desea, estudia y trabaja al mismo tiempo, así ha sido desde algunos años atrás. 

RELOJ DE ARENA-IMAGEN PÚBLICA
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¿Por qué hablo de Anel? Porque ella es diferente a todas las quinceañeras que he conocido, porque su regalo fue adquirir fortaleza, esa fortaleza que brindan las perdidas, le ha tocado perder y quedar pendida de un hilo que ella misma habrá de trabajar para nunca romper porque es el único sostén que le ha quedado. 

Yo escuché cuando le anunciaron la perdida de uno de sus pilares más grandes que puede tener cualquier ser humano, escuché su voz quebrada por el llanto cuando la enteraron de la muerte de su padre, la vi doblada de dolor, y pude adivinar en sus ojos lo que estaba pensando, lo que estaba sintiendo. Yo fui espectadora de su dolor, quise reconfortarla pero con su perdida también perdí yo.  

A pesar de todo la vi soportar de manera elegante ese dolor, sin dramas, sin escenas, con prudencia y valentía siguió con su vida. La vi sonreír y me sentí feliz porque si ella está tranquila yo puedo estarlo también. 

Quinceañera como lo es, tenía una ilusión, ese amor de niños que todos tuvimos en la adolescencia. Tuvo un novio, tal vez su primer amor, tal vez sólo su primera ilusión, no lo sé. Y me tocó enterarme otra vez de una perdida. Aquella ilusión se consumió, se apagó como las velas que por el viento se apagan, velas que tienen mucha cera que arder pero que ya no hay lumbre que logre prenderlas otra vez. 

RELOJ DE ARENA-IMAGEN PÚBLICA
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Por rumores me enteré que aquél otro pilar se derrumbó, dejándola una vez más a la deriva. Dejándola otra vez con las ilusiones rotas. No sé si ella lea esto, quisiera que lo hiciera, porque de esa forma sabrá que aunque no soy un gran apoyo la ayudaré a sostenerse aunque yo tenga pocas o nada de fuerzas. 

Todas hemos pasado por esos quince años que de alguna forma nos han marcado. Y a Anel la marcarán también para toda la vida y llevará las marcas que ahora duelen, pero que la convertirán en lo que cualquier quinceañera quiere llegar a ser: una mujer fuerte, una gran mujer. 

Blue by you…

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Pertenencias

OBJETOS DE COLECCIÓN-IMAGEN PÚBLICA
OBJETOS DE COLECCIÓN-IMAGEN PÚBLICA

por Deysi Sánchez

Muchas personas tienen la manía de guardar todo lo que les recuerda un suceso importante, sea agradable o no.  He conocido gente que guarda servilletas o papelitos con mensajes o notas, recuerdos de toda clase de eventos como bautizos, primeras comuniones y bodas. Y también he conocido personas que se aferran a prendas de alguien que ha salido de su vida.

Alguna vez conocí a una amiga que se aferró a un reloj descompuesto que había pertenecido a su madre muerta. El reloj enorme desencajaba con su mano delgada y fina; cada vez que alguien le preguntaba la hora reía y contestaba con un “no sé”, y eso porque el reloj pasado de moda estaba descompuesto desde hacía algunos años.

Pero el caso más curioso que he conocido fue el de una mujer que se aferró a un suéter azul de rombos que perteneció a su padre. Él se lo había prestado un día en que llegó empapada a visitarlo, como lo hacía la mayoría de los miércoles en tres años de preparatoria. Ellos tenían una relación diferente a la que tienen la mayoría de los padres con sus hijas.

Cuando se conocieron ella tenía tres años y un apellido diferente al de él, entonces con ayuda de su madre no dejaron de frecuentarse hasta que ella fue adolescente, para volverse a dejar de ver por tres años, las diferencias entre ellos sobrepasaban el amor que se tenían. Cuando ella cumplió los dieciséis años alguien arregló una cita entre los dos y sin reproches y preguntas volvieron a tener esa extraña relación de padre-hija una vez por semana.

OBJETOS DE COLECCIÓN-IMAGEN PÚBLICA
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Él era un hombre mayor, siempre con el paso cansado y el cabello cano, ella no puede recordarlo joven, porque si bien fue su padre por la edad pudo haber sido su abuelo, era desobligado, ebrio, jugador y parrandero, en su vida nunca hizo nada de provecho, nunca asumió una responsabilidad. Sin embargo siempre tenía la palabra correcta y el mejor sazón para hacerla sentir mejor, su mayor cualidad era la que tenía en la cocina, fue un magnífico cocinero.

Ella creció y a pesar de que nunca le dio una satisfacción lo suficiente gratificante, algo que tal vez heredó de él, la quería. Era la más chica de sus hijos, a la única que tenía cerca, al final una sola vez al mes.

Las cosas nunca salen como uno las espera. Una noche mientras ella se duchaba recibió una llamada para comunicarle que el padre que nunca la fue, ya no podría nunca volver a intentarlo ser, él se había muerto. A partir de ese entonces ella tomó sus recuerdos y los envolvió en el suéter azul de rombos.

La veo cada noche frente al espejo probándose ese suéter imaginándose que él vive en ella, que le dejo más que el parecido físico, los ojos grandes, el cabello ondulado y el gusto por la bohemia y el alcohol. Algunas noches ella recuerda todo lo que pudieron ser y nunca fueron, seca sus lágrimas y promete verle en otro plano celestial, porque a pesar de su falso ateísmo cree que lo verá, no una vez más, sino una vida más, esa que le llaman vida eterna.

Me gusta verla con sus suéter de rombos, me gusta verla hacer los ademanes que lo caracterizaban, porque cada quién guarda una pertenencia que de alguna forma le sirve para reconfortarse, y así como conozco personas que coleccionan cartas, conocí a la chica que guarda un suéter azul.

Perspectivas

ESCRITURA-IMAGEN PÚBLICA
ESCRITURA-IMAGEN PÚBLICA

por Deysi Sánchez

¿Qué cosa escribir cuando todo se ha escrito? Cuando un tema se ha saturado representa un reto para quien se proponga abordarlo. Lo rebuscado siempre nos lleva al mismo camino, en algún punto el autor converge con los autores anteriores, perdiendo así la originalidad y confundiéndose con el plagio que el internet ha facilitado con el copy/page.

Hace poco a mí me acusaron de plagio, porque el tema ya no daba para más, pensé, pero no, la verdadera razón la atribuyo a mi pereza, a mi falta de voluntad por investigar más allá de lo aparente, de lo predecible; también por mi incapacidad para utilizar más palabras que le dieran un aire distinto al tema, palabras que aunque dijeron lo mismo sonaran diferente.

Tal vez caiga en el cinismo al aceptar que mi pereza me trajo consecuencias fatales, pero si ese cinismo me ha de servir para mejorarme a mí misma y por consiguiente comprender que las cosas hechas de prisa no siempre salen bien y que todo lleva su tiempo, (así como en la cocina hay que esperar a que la comida adquiera su sazón o su sabor no será muy agradable) entonces sí, soy una cínica.

Y soy cínica porque admito mis errores con descaro, sin avergonzarme, como una malcriada, eso mismo es lo que soy, alguien que comete muchas faltas y que se jacta de ellas, siempre con la cara en alto.

Sin embargo, sé que para otros este acto valentón no es otra cosa que una estupidez. Y es que no todos tenemos la capacidad de reconocer nuestros errores, muchos prefieren callar y no enterar a los demás que han fallado, pero yo creo que si uno acepta sus errores ante otros, al menos ante los más cercanos, abriremos su panorama y podrán reflexionar a base de nuestra experiencia, y tal vez en algún momento evite que ellos comentan nuestro mismo error.

ESCRITURA-IMAGEN PÚBLICA
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Pero si no erran ellos, entonces cómo adquirirán experiencia, entonces hay que dejar que se equivoquen y que aprendan de esas equivocaciones, pero, aunque parezca un juego de palabras, errar no significa aprender, para eso hay que tener actitud. Es cuestión de perspectivas. Todos vemos las cosas desde distinto ángulo, nosotros mismos somos nuestro punto de fuga, nunca nadie mirará lo mismo que nosotros vemos, al menos no desde nuestra mirada.

Si entendemos esto entonces ya no habrá puntos de vistas idénticos o muy parecidos, porque habremos adquirido la capacidad de ver desde nosotros mismos, desde nuestra perspectiva, esa que es única, la que no nos evitará andar el mismo camino, pero sí andarlo con diferentes zapatos, entonces tal vez, sólo tal vez, se acaben los plagios.