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Sueño sin retorno

Los durmientes - Sophie Calle
Los durmientes – Sophie Calle

por María de Jesús Cid Gutiérrez

(Chuchette Cidutier)

Se emborrachó como de costumbre, caminaba sin rumbo hasta que se encontró con la cerca del cerro de Loreto, la brincó y se acostó en el pasto a dormir.

Se soñó en una batalla; el ambiente estaba habitado de balas, hombres y bestias se partían el alma luchando, cayendo sin vida, ensangrentados. Desesperado, intentó despertar pero una bala de fusil le atravesó el vientre.

Al amanecer encontraron su cuerpo. Nunca regresó del coma.

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Formas y personajes: las figuras barrocas de Alejandro Komori

Cada trazo es una nueva forma de entender los cuerpos que se van formando en el blanco del lienzo, entenderlos en su naturaleza misma de cuerpos, arrojados al mundo para reconocerse unos en otros, sin limitaciones, fuera de las fronteras que establecen las razones sociales. Cuerpos en estado puro que se desentienden de las necesidades de grupo para ser ellos mismos y hacer contacto entre ellos bajo sus propias condiciones. Este es un primer planteamiento que viene a la mente cuando se piensa en la obra de Alejandro Komori presentada en La Galería Lazcarro con el título de Formas y Personajes.

Komori tiene una relación experiencial con su obra; como él dice, ser artista “no es una profesión que te quites y te pongas el uniforme, todo lo que haces, todo lo que percibes, lo que vives se refleja en tus cuadros”, y así se encarga de filtrar por su mirada cada uno de sus cuadros, convirtiéndolos en un discurso al que podríamos llamar posmoderno. Al respecto, asegura que la lectura principal de su obra “es la persona mundial, quitando nacionalidades; es la figura, emociones, sentimientos; es un tema universal y yo pienso que tratado bien cobra esa lectura que se puede apreciar aquí, en china, donde sea.”

Es de este modo que Formas y Personajes da cuenta de tal tema pero sin encerrarse en ello. Tanto así que para su autor va mucho más allá de tal y se le presenta barroco. Komori comenta sobre eso “yo soy un enamorado del barroco, donde encontramos el dramatismo del cuerpo, la fuerza del movimiento. Eso me rige un poco. Pero hoy en día, no sé, hay un manto de simplicidad: en vez de potenciar algún gesto, intentamos apagarlo. Un poco triste, ¿no? Entonces yo intento recobrar esa imagen por medio de figuras actuales.”

En sus obras, mezcla de dibujo y pintura, Komori contiene las formas de modo magistral dentro de los márgenes del lienzo, pero al final las formas mismas cobran vida para darse a conocer ante el espectador como personajes que podrían estar presentes justo a su lado.

Esperamos que esta sea la primera de muchas más exposiciones de Alejandro Komori, quien busca regresar a México con otros proyectos pese a estar asentado en Francia: “Voy a continuar este año con la figura humana pero ahora descomponerla un poco más. Mis últimos trabajos se caracterizan un poco por el collage, para descomponer, y quiero continuar esa línea. Y la misión principal ahora es encontrar proyectos en México que me permitan volver; tener mi base en Francia, trabajar allá pero venir lo suficiente a México.”

Formas y Personajes abre una nueva forma de pensar el dibujo del cuerpo, una forma que debe ser apreciada por todas las personas posibles, por eso los invitamos a ir y maravillarse con la muestra.

por José Luis Dávila 

Viajera

Autobuses - Imagen Pública
Autobuses – Imagen Pública

por Andrea Rivas

No representa una gran noticia la crisis que el fin de una serie televisiva provoca en los espectadores. Uno se encuentra preguntándose qué rayos hacer, cómo seguir con la vida. Ni se diga terminar un libro o alguna de aquellas enajenantes sagas que nos hacen ir persiguiendo tomo tras tomo deseando que la magia sea eterna.

Pasamos de despedida en despedida. Del kínder a la primaria a la secundaria a la preparatoria, a la universidad, al posgrado, a los trabajos y de trabajo en trabajo, de vida en vida. Estas transiciones tienen mariachi y despedida, aplausos lágrimas y bienvenidas. Hay, sin embargo, circunstancias no esperadas, ciclos no escritos por la Secretaría de Educación Pública y que terminan, un día, sin más.

El fin de cada historia representa una espeluznante visión: el fin de la historia, de nuestra historia como seres vivientes, el fin del ciclo que conocemos y que llamamos vida.

Autobuses - Imagen Pública
Autobuses – Imagen Pública

El problema de andar caminos nuevos es que nuestros pies están grabados con los recorridos anteriores, casi tatuados de calles y rutas y respiros. Leer un nuevo libro cuando la historia del anterior está aún fresca en nuestra memoria a veces sabe a insulto, a traición. Y cuando finalmente abrimos el siguiente, resulta imposible no desear que sea maravilloso, que nos llene como el anterior lo ha hecho, que el asombro penetre cada poro de nuestro de cuerpo y lo haga empaparse de ¡ah..!

Así cuando dejamos un sitio, cuando nos vamos de casa… ¿Habrá un rincón tan acogedor como aquel que nos resguardaba del mundo? ¿Los fantasmas serán amigables, las sombras protectoras y el polvo terso y volátil? ¿Qué será del viento que entra por la ventana, y de la visión nocturna y de los grillos y los sonidos que dejamos abandonados? ¿Qué será de nuestro hogar y sus manías cuando, porque la vida, cambiamos nuestra dirección? Vamos y venimos. Somos sedentarios bajo tierra: el alma viaja siempre y sin embargo…

Viajeros - Imagen Pública
Viajeros – Imagen Pública

Me exaspera sobremanera todo aquél que afirma que “todo cambio es para bien”. Palabras sin sentido para mantener en paz la angustia a lo nuevo, a lo inesperado. No importa si es para bien; a veces es simplemente necesario, o en dado caso, inevitable mudarse de casa, de país, de costumbres, de ropa o de dolor. A veces es inevitable dejarse arrastrar por la vida y fluir con ella de modos inesperados. A veces hay que empacar las manías y las costumbres y subirse al camión de mudanzas esperando que la magia iguale, supere a la historia anterior; cambiar de libro dejando que los escenarios lluevan con la magnificencia que amamos, poner atención a los nuevos sonidos y procurar llevar un diario, una libretita donde escribir cada detalle para no olvidarlo cuando, de nuevo, el fin del capítulo sea inevitable; guardar con cuidado una placa aprendida de Holly Gollightly que diga “viajera” y cargando en hombros nuestra vida, viajar…

¿Gorda? ¿Rolliza? o solo pasada de buena

Gordita-Imagen Pública
Gordita-Imagen Pública

por Carolina Vargas

Soy una mujer gorda, no lo digo con vergüenza ni con el afán de tirarme al piso para que me levanten, lo digo como un hecho palpable.

No es que sufra de un caso de obesidad mórbida, pero me sobran como 15 kilos de peso aproximadamente. Tener tanta carne de sobra en el caso de las mujeres suele ser un problema, porque –ver Periquita Style– al menos yo, libro batallas encarnizadas para encontrar ropa que me quede bien. Y es que si yo fuera obesa podría ir al departamento de tallas extras y comprarme un amplio guardarropa, pero la realidad es que esa ropa –pese a todo- no me luce, me queda grande y parece de señora que ya perdió cualquier ilusión por la vida, ese no es mi caso soy una gorda con ilusiones.

No me lamento de mi cuerpo, obvio que como nos pasa a muchas mujeres todas deseamos vernos mejor pero desde hace años dejé de atormentarme por cumplir ideales estéticos prácticamente imposibles, prefabricados y plásticos. Admito que me gustaría ser más delgada para lucir ciertas cosas, pero he aquí otro problema, sin importar si estás gorda o flaca, necesitas tener herramientas y pues mi cuerpo no es precisamente el mejor proporcionado, me sobra carrocería y me falta mucha delantera. No quiero que esto suene como muro de las lamentaciones, es más bien un ejercicio de autocrítica a mis cada vez peores hábitos alimenticios.

Tengo un metabolismo raro y caprichoso, pero no lo culpo, tampoco puedo culpar a mi condición de madre el estar gorda, pues después de haber tenido a mi hijo quedé sumamente delgada. La razón de mi gordura es muy sencilla, como como cerdo y duermo como lirón. Soy sumamente antojadiza, me encanta comer, es de los pocos placeres que puedo darme sin tanta culpa. Disfruto enormemente hacerlo, desde niña me inculcaron que la comida no es otra cosa que una manifestación de amor por parte de nuestras madres, por eso cuando alguien me invita a comer lo tomo como una muestra de incomparable afecto, del mismo modo en el que yo cuando cocino para alguien más, es una de tantas formas de decirle “te quiero”. Sonará absurdo pero es algo real, hasta la fecha mi madre a diario me pregunta “¿Qué comiste?” sin importar el día, la hora, o mi estado de ánimo, a mi madre una de las cosas que más le preocupan es que no ande sin comer.

Gordita-Imagen Pública
Gordita-Imagen Pública

Pero más allá de si me gusta comer o no, de unos meses para acá, como mal, terriblemente mal, no me fijo horas para hacerlo, como una vez al día o dos, como muchísimo, no puedo quejarme de aumento de peso, en ese sentido mi peso se ha mantenido mucho tiempo igual, pero siento que me falta energía, por tanta mugre que como he castigado mucho a mi estómago y cada día se queja más. Me gustaría llevar una vida más saludable y eso incluye mi alimentación, pero es un maldito espiral hacia el infierno  porque sin energía no tengo ánimo de nada, por lo que duermo muchísimo, como cualquier cosa y sigo como tapón.

Mientras tanto trato de hacer las cosas lo mejor posible al respecto, comenzare a comer más fibra, tomar más agua y no usar NUNCA bajo ninguna circunstancia LEGGINS. Aunque no me gusta mi exceso de carnes, trato de no acomplejarme por ello, nunca seré una flaca huesuda mi constitución no es así, he estado delgada pero no paso de ahí, mis bordes corporales son demasiados redondeados por lo que no tengo pómulos ni costillas salientes no podría con un cuerpo lleno de ángulos por más “lindo” o cercano esté al canon actual.

Quiero cuidarme más, verme un poco mejor y sentirme con más ánimos porque con mi cuerpo me siento enorme, soy una obesa mental porque mi torpeza no corresponde tanto a las dimensiones de mi cuerpo, vaya que sí soy gorda, pero no tanto por más que los fabricantes de ropa de Zara se empeñen en hacerme creer lo contrario. Tengo que romper ese complejo de obesa mental y el yugo de la ropa enorme y fea, como si ser obeso fuera únicamente por comer demasiado y automáticamente fuera sinónimo de haber perdido el interés por la salud. Creo que desde ahí empieza el verdadero problema, que a las personas con sobrepeso u obesidad se nos asocia con esos estigmas tan negativos y no siempre es así, mientras no se cambie esa percepción tan cerrada, el mundo seguirá azotándonos con modelos a seguir cada vez más inalcanzables en busca de perfección y felicidad plásticas basadas en la envoltura, lo más efímero y desechable que tenemos que es el cuerpo, lo que ya de por sí está cobrando millones de autoestimas en el mundo luchando contra un vacío emocional que se refleja en la inconformidad por como luces.

Gordita-Imagen Pública
Gordita-Imagen Pública

Por mi parte comenzare por eliminar mis malos hábitos o por lo menos irlos disminuyendo, Roma no se hizo en un día, seguiré fiel a mi Periquita style del verano y de mi cuerpo….aceptaré el hecho de no tener quizá el mejor, tengo un trasero enorme y las bubis pequeñas pero ya me lo dijo mi madre desde mi más tierna adolescencia respecto a ello: “si algo te debo, con esto te pago”.