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Es espera de la muerte roja

MÁSCARA ROJA-IMAGEN PÚBLICA
MÁSCARA ROJA-IMAGEN PÚBLICA

Por Andrea Garza Carbajal

La peste hace varios años dejó de ser amenaza para las personas. Las epidemias continúan, aunque son lejanas las épocas en que consumían la mitad de Europa o exterminaban a nuestras poblaciones nativas, incapaces de generar defensas contra los virus de sus colonizadores. Los estragos han disminuido, al menos, en el mundo globalizado. Pero a veces, cuando los gobiernos dan voz de alerta porque algunos pollos están contaminados con una gripe mortal, o comer ciertas vacas puede ser letal, o un aparente resfriado es capaz de provocar rápidamente la muerte, esa vieja memoria inherente a nosotros pero que no es nuestra, como si una vieja cicatriz fuera heredada, nos susurra una advertencia desagradable; que eso que amenaza ya pasó muchos años atrás, y podría repetirse. Entonces quizá pensemos en muros sinuosos y extraños salones de colorido extravagante, en bizarras fiestas. Una fortaleza de diversiones extrañas. Una fortaleza de salud y dicha donde no tendríamos lugar, pues sería reducto de poderosos y ricos. La contemplaríamos desde afuera, sufriendo con el resto, los estragos de la muerte roja.

La muerte roja presenta los siguientes síntomas:

–          Dolores intensos

–          Mareos

–          Sangre emanando de los poros

–          Manchas púrpuras en rostro y cuerpo

–          La disolución del Ser

Para cualquiera que presente estos síntomas no habrá salvación, en media hora estará muerto, pero sabrá, entre los estertores, cuál fue la causa. Si esta idea no es capaz de sobrecoger a quien la lea, tal vez la imagen de una siniestra figura, en la fiesta de disfraces más bizarra, atravesando cada salón ante los ojos de atemorizados asistentes, lo sea. O probablemente no. En realidad, para que algo así pueda llegar a generar terror se necesitaría transitar por los salones de anormal iluminación, escuchar el delirante tañido del reloj de ébano, asistir a una fiesta de disfraces demenciales, para que la última aparición adquiriese el cariz más perturbador. Eso es algo que Edgar Allan Poe entendía bien y dominaba

Durante algún tiempo, la visión de sufrimiento y miseria, acompañó el gusto por la obra de Poe. Delirante por el alcohol, con ataques nerviosos, añorando a su fallecida esposa y muriendo en circunstancias poco claras, parece un personaje romántico, cuya vida y obra marchan en perfecta concordancia. Sin embargo, el conocer su vida no parece necesario para apreciar su obra. Después de todo, lo hechos más conocidos de cualquier personaje, a veces son complementados por suposiciones o difuminados por la idealización. En ocasiones, tergiversados deliberadamente. Poco después de su muerte, Poe fue bastante desacreditado por Griswold, el editor encargado de difundir su obra, en la especie de biografía que prologaba la misma. Se dice que en ella presentó una versión exagerada en partes y totalmente falsa en otras de disipación y mezquindad en la vida de Poe, por la animadversión que sentía hacia el escritor, originada muchos años atrás por una crítica hecha a su trabajo de editor y compilador. Se ignora por qué alguien que sentía tal enemistad hacia Poe sería elegido como su albacea literario.

MÁSCARA ROJA-IMAGEN PÚBLICA
MÁSCARA ROJA-IMAGEN PÚBLICA

Baudelaire lo defenderá de forma exaltada, tratando de mostrar su calidad humana y disipar la versión de Griswold por la que sus compatriotas norteamericanos parecían juzgarlo más que por la calidad de su obra

Tal vez podamos entenderlo, en esta época, en ciertos estratos donde la frivolidad rezuma por los poros (como una peste), se trata de tener trascendencia más por el estilo de vida que por las obras generadas. Tal vez conozcamos muchos ejemplos al respecto. Todos ellos, a la larga, olvidables. Se quiso desacreditar la obra de Poe a través de su vida. El efecto fue contrario, y la atención llegó con la morbosidad. Después, cuando esas ediciones fueron sustituidas por otras, y la vida de Poe fue contada sin la intención de desprestigio, una visión romántica y misteriosa incrementó el atractivo de su obra. Hay vicios que no se quitan, no importa los años que pasen. Desde luego, la vida de los escritores puede ser apasionante, sus traspiés y debilidades, algo capaz de conmovernos, sus aciertos y talento, un ejemplo. Encontrar en sus obras huellas de esa vida, no cambiaría su valor, aunque tal vez modificaría nuestra apreciación. La admiración o el gusto, por no decir enamoramiento, es lo que a veces genera la mitificada figura de Poe. Entonces, nos parecemos a lo que tanto criticó Baudelaire, a los contemporáneos que juzgaban su obra a través de su vida. Ello se repetirá, de manera contagiosa, con otros escritores y artistas. 

EDGAR ALLAN POE-IMAGEN PÚBLICA
EDGAR ALLAN POE-IMAGEN PÚBLICA

Es innecesario hablar de la vida de Poe, para apreciar su manejo del relato corto. En “La máscara de la muerte roja”, a través de breves descripciones va creando la atmósfera (clave del relato) que culminará con la aparición final. Las descripciones son imágenes poderosas, que además de crear atmósfera y generar tensión en el lector, cumplen una función más. Es por ellas que conocemos la personalidad del príncipe Próspero. La decoración elegida por él, refleja una mente poblada por los mismos pasillos torcidos e iluminación siniestra. La atmósfera se vuelve una extensión de la mente del príncipe. Sin necesidad de descripciones profusas o detalladas. No son necesarias para incidir en el miedo de las personas. A la mención inicial del príncipe como “feliz, intrépido y sagaz”  sigue su decisión de abandonar a un pueblo agonizante para encerrarse en una fortaleza donde la peste no lo alcance a él ni a sus amigos y puedan entregarse a licenciosas diversiones. El tono irónico, que hace hincapié en la  naturaleza del príncipe, se vuelve fundamental para el resto de los sucesos.

Entonces regresamos a ser meros espectadores de la fortaleza del príncipe Próspero, esperando la llegada de la muerte roja. Y la ficción, pareciera un presagio de inverosímiles futuros. Pero no hay de qué preocuparse, nosotros no conocemos la muerte roja. Podemos olvidarnos de cuestiones tan desagradables como la sangre y el fin inesperado, substraernos del sufrimiento, del miedo que significa la continua amenaza, las reacciones violentas, el peligro inminente. La desesperación y  el exterminio. Así es, ese tipo de terror no es el que nos corresponde, permanece muy lejano, como una pintoresca pesadilla y un buen relato.

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El “Santo” de Michel Chion y una nueva música para los muertos

Michel Chion - Imagen pública
Michel Chion – Imagen pública

por David Beristain Casco

Hablar de Michel Chion es hablar de uno de los compositores que han seguido la tradición de la escuela francesa en la música electrónica iniciada principalmente por Pierre Schaeffer y Pierre Henry. Michel Chion llega a ser un parteaguas dentro de la música electrónica de la Francia de los años 70, al continuar con los principios básicos de música concreta, y al mismo tiempo es pionero en relacionar la imagen como un soporte y no como un protagónico de la música; además, desarrolla nuevos estilos en los que podemos observar una fuerte tendencia a representar por medio de sonidos, ciertos símbolos, mismos que representan siempre acontecimientos o ideas que fluyen a través del medio social y la época en la que vive este compositor. Entre otros trabajos, escribe diversos libros en los que expone sus nuevas teorías, aparte de los ensayos que realiza sobre los trabajos de Pierre Henry, François Bayle, Charlie Chaplin, Jacques Tati y David Lynch, entre muchos otros personajes del cine y la música actual, los cuales han sido traducidos a diferentes idiomas incluyendo el español.

El Requiem de Chion, compuesto en 1973, representa uno de los momentos mas definitorios para la música concreta; este trabajo puede ser considerado como una de las pocas obras maestras dentro del género. La obra comienza con un sonido de tesitura alta acompañado por una sucesión de objetos electro-acústicos como viento modificado por medio de un efecto de eco, después de 40 segundos aparece un silencio que da pauta a un orador que recita un texto en francés y un murmullo, un canto que parece más un zumbido, gotas de agua cayendo, efectos de ecos, reverberaciones y mas voces en francés que repiten una y otra vez Requiem aeternan. Y todo esto son apenas dos minutos de una construcción laberíntica, la cual se acerca más hacia la aniquilación de la estructura estándar de un réquiem tradicional. Sólo algunos trazos de la tradicional misa funeraria permanecen (principalmente en los títulos de varios de los movimientos), sin embargo, han sido deconstruidos de una manera casi brutal que resulta difícil identificar a que momento de la misa corresponde cada título. De hecho, es casi como si el mismo Chion quisiera presentarnos todos los acontecimientos musicales en un solo instante, deteniendo el tiempo a tal modo que cualquier cosa podría suceder en cualquier momento, de cualquier manera, confundiendo y desorientando a propósito al oyente.

El mismo Chion señala que su trabajo es una prueba para la memoria del oyente, un reto a su habilidad para poder conectar todos los fragmentos expuestos en la obra y de esta manera retenerlos en su cabeza. En un momento, aquel que escucha se verá asaltado por una artillería de estática, se verá desbordado y confundido, y sin embargo, poco rato después se verá liberado, encantado por un sólo sonido, entonces un libreto fracturado (el cual pareciera surgir de otros lados de percepción espacio-tiempo), es arrojado a un pulso radiofónico oscilatorio, una poderosa onda de sonido compuesta por susurros de vocales, los cuales parecieran evocar un pasaje a través del tiempo, un llamado desde otro mundo, la transición de una vida hacia otra. Inicialmente aparecen sonidos familiares que se van repitiendo a sí mismos en un tercer coro al inicio del Dies Irae, pero lentamente conforme el tiempo pasa y el viaje nos lleva a profundidades extremas, esos sonidos familiares comienzan a disolverse, volviéndose cada vez más imposible sujetarse a ellos. Casi al final de la pieza, después de haber viajado por una masa de sonido, desorientados ahora, los últimos minutos de esta aventura parecieran surgir por sí solos, los patrones familiares del principio han desaparecido por completo en este momento y a través del golpeteo de tambores, el comienzo de una nueva textura sonora surge. Voces similares a la de infantes emergen desde campos lejanos, como las últimas olas llevan una embarcación hacia la playa de manera lenta y cuidadosa, cerrando con un broche de oro hacia un final opaco, la risa y luego el silencio.

Uno de los primeros problemas al que cualquier músico (principalmente) se enfrenta y de los cuales, mucha gente desconoce en su totalidad, obviando problemas de estética, es que ante música de esta naturaleza (electrónica-concreta) se presentan inquietantes anomalías: la música concreta no se puede escribir. Bien por defecto o por exceso se hace algo más que contradecir la notación musical tradicional: la excede. Por último, esta música tiene que renunciar ante un material sonoro cuya variedad y complejidad escapan a todo esfuerzo de transcripción.

Requiem de Michel Chion - Imagen pública
Requiem de Michel Chion – Imagen pública

Sin embargo, gracias a la tecnología de hoy, es posible representar esta música por medio de una gráfica de sonido realizada con la ayuda de un osciloscopio digital, aparte de un espectrógrafo que ayuda para conseguir parámetros más detallados sobre el espectro sonoro y de esta manera tener una referencia visual de la música que se estudia. A decir de Pierre Schaeffer (1910 – 1995):

“¿Quién de entre nosotros, aunque fuera en otros términos, se atrevería a cuestionar así la música? Sin embargo, esta temeridad nos sigue inspirando: aunque ya no invoquemos a la naturaleza por su nombre teatral, puesto que se trata de Ciencia, y aunque los mecanismos del espíritu, evocado ya sin mayúsculas, sean espiados por el fenómeno del conocimiento, apenas podemos decir que hayamos avanzado nada.”

Es clara la postura de este gran teórico y co-fundador, que junto con el compositor Pierre Henry (1927), cimentó lo que sería la música concreta, con respecto a la concepción que ha sido casi irrevocable en ya varios siglos acerca de la música, Schaeffer continúa diciendo:

“Los conocimientos aumentan, las experiencias se multiplican, el dominio de la investigación se extiende y se fracciona. La técnica y la tecnología, la construcción de instrumentos y la acústica, el solfeo y la composición, la psicología y la musicología, la historia de las civilizaciones musicales y la que nosotros vivimos, no son sino jalones entre distintos sectores cuya relación es sólo aparente. Quizá las rupturas de un terreno tan vasto ya, sean mas profundas en cuanto que son poco aparentes y están muy bien camufladas.”

 

Michel Chion - Imagen pública
Michel Chion – Imagen pública

→Sanctus

Después de haber aclarado algunas cosas de la música electrónica, nos centramos en un movimiento especial de la obra, un movimiento que contiene un clímax y un momento que destaca de toda la obra, es decir, el séptimo movimiento, el Sanctus, que es uno de los pocos movimientos en los que el compositor hace hincapié a una frase bien definida y articula, y su yuxtaposición con todos los objetos sonoros que son transformados a partir de un proceso de edición con ayuda de aparatos utilizados para la grabación sonora.

Una de las más improbables colecciones de la disonancia sincrética en el Réquiem de Chion, es este movimiento, en donde el contexto (lo sagrado) y su método de liberación, es decir, el material sonoro resultante, desafían al escucha a pensar más allá de la superficie del sonido. Este pasaje empieza con un sonido similar a un par de gremlins o criaturas o monstruos malvados (dependiendo del nombre que cada uno le guste poner a lo que escucha) profiriendo una palabra que eventualmente se va reconociendo como sanctus o santo en español.

La naturaleza “diabólica” de sus personalidades es una sugerencia de la manera estridente en la que pronuncian la palabra. Esta inhumana cualidad es el resultado de un componente de gran presencia que es el ruido en sus voces: desde la acentuación de las silabas, a la palabra “sanctus” y de ahí al sonido final de sus cuerdas vocales. A ellos se les une una tercera criatura que también pronuncia la palabra de una manera violenta y distorsionada mientras un sonido humano nos denota a una persona que aparentemente está siendo torturada. Mientras seguimos escuchando, nos topamos en el minuto 1:44 con una sección que podemos tratarla como la más ambigua (debido a los antecedentes históricos en los que se basa esta misa funeraria) de la obra. Por primera vez Chion presenta un material fuera de contexto, un niño cantor que dice lo siguiente:

Saint, saint, saint, le Seigneur,
Dieu de l’univers.
Le ciel est rempli de sa gloire.
Béni soit celui qui vient au nom du Seigneur.
Hosanna au plus haut des cieux.

La traducción al español:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están, el cielo y la tierra,
De tu gloria.
¡Hosanna! en el cielo,
Bendito el que viene en nombre del Señor,
¡Hosanna! en el cielo.

Decimos que esta parte es ambigua, nueva y contrastante, debido a que por primera vez presenta un sonido claro, puro y sin distorsión, que plenamente tiene un significado para la gente. La oración la emplea para contrastar y ampliar el paisaje sonoro, ahora un sonido sacado de los pensamientos más torcidos de un compositor, se suaviza o se tensa aún más con el canto de los infantes, pero eso no lo es todo; cuando Chion elabora esta parte, se vuelve a hacer un contrapunto con las demás secciones presentadas con anterioridad, este canto de infantes ahora está acompañado de los lamentos que escuchamos con anterioridad y con algún material sonoro de los primeros segundos del Sanctus. Y al final, regresamos a la idea inicial, al punto detonante de esta parte en específico y cuando nos damos cuenta todo esto escuchamos en apenas dos minutos y medio.

Este tal vez, es el punto de gran disonancia dentro del Réquiem. No sólo los sonidos son nerviosos, evocativos, ásperos y de procedencia maléfica (debido a su espectro sonoro del que se componen), si no que hay una disonancia entre el significado del texto y la manera en la que el sonido resultante desafía las nociones tradicionales de la palabra “santo”. El Sanctus de Chion nos sugiere que la iglesia más que ser un agente de reconciliación con Dios, necesita para sí misma una completa redención.

Yo, Frankestein: otra forma de ver al monstruo

Yo, Frankenstein - Póster
Yo, Frankenstein – Póster

por Jessica Tirado

La criatura empieza contándonos su conocida historia en voz off, hasta la muerte de su creador Víctor Frankenstein. Lo realmente interesante comienza cuando un grupo de monstruos atacan al monstruo cuando éste intenta sepultar al científico; con un golpe de suerte se deshace de uno y los otros son destruidos por gárgolas que casualmente andaban por ahí. Las gárgolas llevan al monstruo con la reina Eleonor, su líder, porque al parecer esos demonios lo quieren para su Príncipe de las tinieblas. La reina de las gárgolas se da cuenta del potencial de Adam (como ella lo nombra) y lo deja libre, explicándole que ellos son seres de luz que defienden a los humanos y esos que lo atacaron son demonios que quieren la destrucción de la humanidad.

Doscientos años después, los demonios encuentran a Adam en medio de las montañas y no le queda más remedio que regresar al mundo humano para aclarar su situación en la guerra del bien y del mal. Mientras tanto sabemos la razón de los demonios para querer a la criatura; por años el Príncipe ha financiado una investigación científica para reanimar cuerpos, pues los demonios no pueden regresar de las tinieblas si no es en un cuerpo humano que no tenga alma.

Las cosas no salen como Adam las planeó y termina prisionero de las enojadas gárgolas y en la mira del Príncipe Naberius. La pelea entre unos y otros es épica; el escenario es una catedral y techos de casas, muertos de un bando y otro, efectos especiales y muchas gárgolas. Los demonios encuentran la forma de ganar la batalla y las gárgolas tienen que entregar el diario de Víctor Frankenstein. El único punto débil del ejercito de demonios es el factor humano, ellos en tantos años de existencia nunca se han preocupado por estudiar biología, física o química y le dejan la tarea a los humanos. La doctora en electro-fisiología, Terra, es la encargada de traducir el diario de Frankenstein y encontrar todas las respuestas que Adam ha estado buscando por años.

Yo, Frankenstein - Póster
Yo, Frankenstein – Póster

El director es Stuart Beattie, el mismo de las películas de Piratas del Caribe (2003-2007), por lo que repite bastante de su estética oscura pero no tanto como para no dejar ver nada y tiene buena dosis de acción que equilibra a la perfección entre tanta explicación. El reparto está encabezado por Aaron Eckhart, no sé si a alguien se le haga un hombre guapo, pero para este papel queda perfecto: su rostro es tosco y la mayor parte del tiempo, al ser tan poco expresivo, parece que realmente solo es un rostro-mascara. Completan el reparto Bill Nighy y Miranda Otto, dos extranjeros que, seamos sinceros, no necesitan dinero, así que les ha dado por aceptar cualquier papel en el que puedan divertirse sin esforzarse tanto.

Yo, Frankenstein - Fotograma
Yo, Frankenstein – Fotograma

El universo de Yo, Frankenstein maneja la historia del científico como una realidad que con el tiempo se volvió mito, pero que jamás fue una obra literaria, lo que les permite introducir muchos elementos fantásticos que no salen de la coherencia del relato. Lo único malo es que la premisa de criaturas ocultas que viven en una catedral, que evitan que los demonios salgan de las profundidades y dominen la tierra, es la premisa más refrita de los últimos meses; tal vez si esta película se hubiera estrenado antes de Cazadores de Sombras (2013) no se sentiría tan calca una de otra, sin embargo Yo, Frankenstein es superior en casi todo; no hay que descartarla por su pobre planteamiento. Aunque tiene muchas situaciones absurdas y peca de inocente, la película entrega 90 minutos de entretenimiento sin descanso, lo cual se agradece, pues el trailer no nos vendió otra cosa.

Hecho en -ojalá no, pero sí- México

Hecho en México - Póster
Hecho en México – Póster

por Andrea A. Rivas

Dos años tardé en ver la cinta, largometraje, pseudo-documental o mega-videoclip del director Duncan Bridgeman, Hecho en México, y no. No. No…

Pero a ver, es que hay que analizar un poquito qué es lo que está pasando porque esto no puede ser. Vamos allá.

Esta curiosa dicotomía que Bridgeman presenta en la que lo folklórico es lo bueno y el resto lo malo, lo pervertido, lo gris, lo tachable… me parece tan absurda como hipócrita, siendo este un “documental” con producción de Emilio Azcárraga.

Pero no podemos decirlo a la ligera. Es un gran problema, planteado ya desde hace muchísimos años, el de la identidad del mexicano, y es que seguimos neceando, por un lado, sintiéndonos bien nativos, hijos de Quetzalcóatl, españoles-hijos-de-la-chingada-que-vinieron-a-jodernos y por otro lado, viva el rock, viva mi iphone 20, viva mi té ultra nice importado de tierras exóticas y el chocolate suizo es más chingón.

Hay una escena particular en la no pude evitar reír: tomas de Amandititita y unos hipsters cuya agrupación o procedencia desconozco y los cuales, además de los lentes claramente no-made in Tepito, poseen y hacen uso de una brillante y blanca Mac. Esta escena precede a la canción que canta “tan lejos de Dios, tan cerca de United States…” …¿Neta? ¿Sí hubo un encargado de edición? O simplemente saben que el público mexicano suele ser un público mediocre que no analiza lo visto y se siente contentísimo creyendo que es súper intelectual cuando le ponen un filme masticado que hace sentir que se piensa, que se es crítico y entonces se conforma con aplastarse con palomitas a engullir y aplaudir la información absurda que les entra por la córnea?

Hecho en México - Fotograma
Hecho en México – Fotograma

El mexicano del filme no tiene idea de quién es. Intenta defender la identidad de indígena y se aleja de la identidad del ciudadano; nos dividimos en vez de hacernos parte de la unidad de una cultura polifacética, híbrida y completa. Porque además de mentar madres el consumismo patrocinado por nuestros vecinos de gringolandia, nos encanta tener Converse y ver a Woody Allen, ¿o qué no..? Las culturas ajenas no son tan ajenas, nos componen también, se vuelven parte del imaginario colectivo que nos hace ser los mexicanos que somos, nos guste o no nos guste. Que Hecho en México no venga a decirnos que sólo el mexicano es chingón cuando necesita pedir la actuación de Adanowsky en el metro para completar su filme, cuando filma con tecnología, estoy segura, no hecha en México y cuando presenta realidades tan ambiguas como falsas de un México donde Diego Luna y Chavela Vargas son las autoridades máximas que firman nuestro destino como paisanos.

Entre los tantos absurdos presentados en el filme se encuentra el del dinero. Hay una victimización del mexicano, afirmando primero que no necesita el dinero para ser feliz, quejándose luego de su pobreza a causa de los que tienen el poder… De nuevo la identidad. Mexicanos víctimas. El dinero termina pintándose como un inalcanzable y al mismo tiempo, símbolo del mal…

Hay ocho millones de escenas, temas y asuntos de este documental en torno a los que podemos hacer polémicas, pero no. El punto no es que venga yo a decirles cada razón por la cual creo que Hecho en México es un trabajo nefasto, el chiste es que, si lo miran, lo hagan con ojos críticos y no contentos con todo el intelectualismo falso con que se anuncia.

Y qué les digo. La cosa es que nos han metido en la médula esta cuestión de no saber quiénes somos ni a dónde vamos y en vez de mirar todos estos conflictos como algo que está, los miramos como algo intocable, terrible. La globalización está, así como está la maravilla de nuestras tradiciones, lo nefasto de este “documental”, trágicamente, también está y la única pregunta que verdaderamente debería ocuparnos es, ¿qué vamos a hacer con esto? ¿Cómo vamos a usarlo..?

Hecho En Mexico - Todos  los pósters
Hecho En Mexico – Todos los pósters

Ficha técnica

Hecho en México
(México, 2012)
Dirección: Duncan Bridgeman
Con: Daniel Giménez Cacho, Diego Luna, Juan Villoro, Julieta Venegas, Kinky, Lupe Esparza, Rubén Albarrán, Adanowsky, Lila Downs, Laura Esquivel, Los Tucanes de Tijuana, Tito Fuentes, Elena Poniatowska
Guión: Duncan Bridgeman
Fotografía: Gregory W. Allen, Lorenzo Hagerman, Alexis Zabé

NOTA: Por amor del santo al que le recen, que se entienda que no pretendo hacer un juicio sobre la existencia de ningún artista presentado por el filme. La crítica es a la dirección, producción, etc, y no a los juicios individuales de los sujetos que aparecen en él.

Austerlitz o El arte de la memoria

Austerlitz (Portada) - Ed. Anagrama
Austerlitz (Portada) – Ed. Anagrama

por Emanuel Bravo Gutiérrez

El arte de recordar se ha ligado inevitablemente al de invocar, no hay mejor manera de resucitar a los muertos si no es a través de la mente; es una forma sutil y cotidiana de navegar en el pasado y darle voz a las voces del Tártaro que esperan su turno de beber la sangre de nuestro ser. Escribir nuestros recuerdos nos proporciona una manera de darles forma, de delinear los vestigios de épocas pasadas, de volver a poner en orden un universo ya inexistente. Sebald nos proporciona en su novela Austerlitz una muestra de maestría en el arte de la invocación del pasado.

La última novela publicada por el alemán Winfried Georg Maximilian Sebald, en el 2001, puede definirse como un arduo ejercicio de coleccionista. Austerlitz es una novela sobre el pasado y su repercusión en el presente, pero no sólo del pasado inmediato, del pasado de la última generación, sino un pasado aún más lejano y que en ocasiones sobrepasa los límites de los siglos. El protagonista de la novela se ha encontrado con un personaje bastante peculiar en una estación de Amberes: Jacques Austerlitz, un hombre que vivió en la Inglaterra de la posguerra, pero cuyo origen se encuentra nublado por constantes interrogantes que le dan un propósito a su existencia y un argumento a nuestra novela. Conforme avancemos la lectura, daremos cuenta de tal pasado, el de un niño judío que vive sus primeros años en la República Checa que está a punto de ser invadida por Hitler y que posteriormente huye a Gales. El relato ahonda sobre la vida de este niño cuya primera identidad ha sido robada, pero que trata de buscar incansablemente. En ocasiones la comprensión de nuestro pasado nos proporciona un valor más grande que cualquier revelación sobre nuestro futuro. Tal empresa lo lleva a un viaje por una Europa lacerada, pero tan fascinante como cualquier país exótico, llena de murmullos y voces atrapadas.

W. G. Sebald - Imagen pública
W. G. Sebald – Imagen pública

La novela de Sebald está construida por oraciones largas, llenas de adjetivos, adverbios, de una monumentalidad cercana al barroco y que exhala ese misterio propio del gótico de las catedrales; se nos proporciona una idea de laberinto, de eterna reminiscencia, los párrafos abarcan decenas y casi centenas de hojas, cada recuerdo se engarza con otro, cada pista nos lleva a una nueva en un viaje delirante y fantasmagórico. The Times ha calificado a Sebald como el Joyce del siglo XXI; no es para menos, su literatura alcanza la complejidad y vastedad del irlandés. No sólo cada recuerdo nos lleva a otro, sino también cada voz, en un mecanismo propio de Las mil y una noches. Un elemento que también debo comentar es el uso de fotografías y que Sebald ha utilizado en otras obras, fotografías en blanco y negro que ha realizado Jacques Austerlitz durante sus andanzas, estas imágenes irrumpen en el texto y que no sólo ilustran la narración, sino que también exhalan una poderosa fuerza expresiva, en ocasiones dolorosa y en otras fascinante, fotografías que nos pueden recordar a los paisajes románticos de Caspar David Friedrich, a las enigmáticas pinturas de Moreau, la sordidez de Munch y la soledad de las ciudades de Chirico. Estas fotografías tienen una importancia fundamental dentro de la trama, en ocasiones llegan a ocupar ambas páginas. Podemos hablar de un texto ecléctico, lleno de elementos que a primera vista nos podrían resultar distantes y cuyos mecanismos se asemejan más a un caleidoscopio.

Detalle del libro - Imagen pública
Detalle del libro – Imagen pública

El tiempo y su determinación es fundamental en la obra, Austerlitz parece ser un personaje fuera del tiempo y de la sociedad, lo cual nos puede recordar a Monsieur Meursault, protagonista de El extranjero de Albert Camus. Jacques no pertenece a su tiempo, se ha consagrado al culto del pasado, se ha convertido en un sacerdote de la diosa Mnemósine, el tiempo no puede afectarle:

“Un reloj me ha parecido siempre algo ridículo, algo esencialmente falaz, quizá porque, por un impulso interior que nunca he comprendido, me he opuesto siempre al poder del tiempo, excluyéndome de la llamada actualidad, con la esperanza, como hoy pienso, dijo Austerlitz, de que el tiempo no pasara, no haya pasado, de forma que podría correr tras él, de que todo fuera como antes o, mejor dicho, de que todos los momentos de tiempo coexistieran simultáneamente, o más bien de que nada de lo que la historia cuenta fuera cierto, lo sucedido no hubiera sucedido aún, sino que sucederá sólo en el momento en que pensemos en ello, lo que, naturalmente, abre por otra parte la desoladora perspectiva de una miseria continua y un dolor que nunca cese…” (Sebald, 2002: 104)

Sebald ha dado la voz a los muertos de Europa, ha modelado de una forma genial el destino de un hombre y de un continente en busca de su origen por medio del arte de la memoria, alejándolo de las siempre amenazantes sombras del olvido. 

Detalle de portada - Ed. Anagrama
Detalle de portada – Ed. Anagrama

*W.G. Sebald. (2002). Austerlitz. Barcelona. Anagrama

Fernández Noroña, o Las trampas de la fe

Gerardo Fernández Noroña - Imagen pública
Gerardo Fernández Noroña – Imagen pública

por José Luis Dávila

El jueves cinco de septiembre del año pasado, en el portal blogdeizquierda.com, se publicó un artículo llamado El Plan de Septiembre firmado por Mario Quijano Pavón, en el que se exponen veinticinco puntos mediante los que se llama a una pretendida revolución y se asientan bases para las acciones que deberían tomarse en tal caso. Esto, por supuesto, no prosperó. Incluso, entre los mismos seguidores de la izquierda en México se lo tomó como una broma involuntaria, debido a la cantidad de inconsistencias e ilusiones que se declaraban como el camino hacia el mejoramiento del país. Sin embargo, el autor aseguraba que era una propuesta seria.

Uno de los puntos más preocupantes que Quijano Pavón lanzó en su Plan de Septiembre fue este:

(6) Asume el poder como presidente interino el C. Gerardo Fernández Noroña el cual entregara el poder ejecutivo al gobierno que forme el constituyente.

Y en comentarios posteriores que cuestionaban por qué precisamente Fernández Noroña sería la opción para asumir un cargo de esta magnitud, Quijano Pavón se limitó a responder “Se necesita una persona de huevos”. Esa es la característica que resaltan muchos de los seguidores de Fernández Noroña y que lo ha hecho una figura en el ámbito nacional; pero habría que considerar si es dicha característica esencial para lo que vemos que es él o si solamente estamos ante una carrera de deslumbrante personalidad pero falta de coherencia y calidad política.

Conversaciones en Twitter de Fernández Noroña - Imagen pública
Conversaciones en Twitter de Fernández Noroña – Imagen pública

Gerardo Fernández Noroña es bien conocido por los actos en los que participa, alentando a que se haga conciencia social, de sonrisa franca y barba desaliñada, discursivamente cercano a su audiencia. Yo tuve la oportunidad de escucharlo hablar (o más bien, casi gritar) hace tiempo, en el patio del Colegio de Historia de la BUAP, y lo único que pude pensar fue: “este es un tipo peligroso, pero no para los gobernantes ni para los corruptos, ni para todos aquellos a los que se da el gusto de criticar; es peligroso para quienes lo siguen”. Sea o no su intención, él está cargado con una estructura demagógica que no puede negar y, me atrevo a decir basado en los vídeos que de él se tienen en los debates de su época como diputado federal, que no sabe otra forma de argumentar más que a gritos en tono de condescendencia. Además, se reafirma que esa cercanía a la gente que tanto se da en profesar llega a ser un tanto plástica, esto con ver la forma en que interactúa en sus redes sociales, contestando nada más a quienes le apoyan, mandando a investigar palabras en vez de sostener sus argumentos ante los que le ponen de manifiesto desacuerdos. Hasta llega a cuestionar la izquierda de otros que no concuerdan con el ideal que él tiene de izquierda. Estas cosas se pueden comprobar con entrar a su cuenta de Twitter y recorrer un poco sus publicaciones; también es de mencionar que para alguien que trata de estar en trabajo constante con los ciudadanos, tiene 180, 216 seguidores (cifra que sube cada día), pero sigue a un mínimo de 1, 214, siendo la mayoría políticos, medios, académicos o artistas, personas que le puedan dar una base intelectual dejando de lado lo que la gente de a pie tiene por decir.

Este 2014, Fernández Noroña ha empezado llamando a lo que él considera como desobediencia civil, pidiendo que las personas se nieguen a pagar el aumento al IVA en alimentos cuando compren en supermercados. Para esto, de forma que califican muchos como valiente (pues, con huevos), el ex diputado acompañado de cámaras y micrófonos se presentó en la línea de caja de un Wal-Mart y pagó el importe de un jugo Boing menos los 50 centavos que son el excedente del IVA. El resultado fue obvio: con esa concurrencia la tienda se decidió por omitir más que respetar y reconocer dicho acto, algo que seguramente Fernández Noroña no podrá aceptar de otra manera que no sea declarando que la ciudadanía tiene el poder, o alguna frase parecida que es de uso común entre la izquierda mexicana. Afortunadamente, sabe que esto que promueve es un delito; desafortunadamente, que él tenga el acompañamiento de cámaras de medios que lo blindan contra agresiones por parte de los empleados de seguridad de las tiendas, no significa que todos estén en la misma ventaja, como ya se ha demostrado en vídeos de personas que  lo emularon.

 

http://www.youtube.com/watch?v=MyycuHgdbSw

 

La primera cuestión que uno debe reflexionar no es si este tipo de acciones llevarán a un cambio (el cambio que sostiene Fernández Noroña) o si serán otro fuego artificial que haga ruido y se desintegre ante las miradas esperanzadas de todos aquellos que las impulsaron, sino qué consecuencias trae hacer caso de una figura como este hombre que, cuando se piensa un poco, es tan susceptible de ser juzgado como lo es cualquier otro político. En lo personal, no creo que sea alguien en quien confiar un movimiento político o social, ya no digamos revolucionario (palabra que les encanta usar), pero tampoco esto es un gran pecado porque igual no creo que haya aún nacido en México el hombre o mujer que sea capaz de ello. Y justifico mi desconfianza con total apertura: después de investigar sobre él, de ver sus vídeos, de leer sus opiniones, de ser espectador de sus twitcam, no encuentro un rasgo de sinceridad en él, aunque sí mucho de honestidad. Entendiendo que éstas no son categorías sinonímicas: la sinceridad es ética e íntima, y la honestidad es una forma moral, por lo tanto pública; es decir, la honestidad es el respeto a la verdad, pero la sinceridad es el actuar sin fingimiento; esto último no siento que corresponda a la actitud de Fernández Noroña.

Quizá yo esté mal y él tenga la respuesta a la pregunta por el camino a tomar ante los nuevos acontecimientos nacionales. Pero, si estoy en lo correcto, se han preguntado ¿qué pasa entonces? ¿Están dispuestos a correr el riesgo?

Inmovilizados

Necedad - Imagen pública
Necedad – Imagen pública

por Pere Font

Son muchas las gentes que no piensan a partir de la lógica argumental. Toman posiciones en su modo de pensar a partir de razones emotivas o afectivas, pero nunca lo hacen basándose en el realismo que imponen los razonamientos lógicos, sensatos o correctos. O incluso de simple sentido común.

Estas gentes son las que en un momento dado de su vida optaron por unos posicionamientos de especial visión del mundo y su política y que, una vez instalados en ellos, no los descabalga de su demarcación nada ni nadie, pase lo que pase u ocurra lo que ocurra. Son estáticamente pétreos, inamovibles y rígidamente simples. Normalmente son los que llegaron a sus posiciones partiendo de “creencias”, de “conversiones” o de la acción de eficaces apostolados que se ejercieron sobre ellos.

Ya puede intentar alguien aportar argumentos válidos en contra de sus modos desfasados, perjudiciales o simplistas de enfocar la realidad. Será inútil. No le harán caso. Incluso más: se sentirán ofendidos y percibirán como un mal golpe hiriente lo que se les diga en oposición a sus visiones ideológicas no modificables.

Necedad - Imagen pública
Necedad – Imagen pública

Hay razones de carácter psicológico que explican tales actitudes inmovilistas. La principal de ellas sería la del miedo a la reconstrucción de la propia personalidad individual una vez que uno se cree sentirse seguro dentro de lo que hasta el momento han sido lo que lo ha definido. Y está también la pereza. Me refiero a la pereza que supone el volver a empezar para reedificarse un nuevo modo de enfocar los hechos.

Pero también actúan a favor del estaticismo del entramado social en el que está ubicada la persona que no desea perder los vínculos afectivos con respecto a los que, participando de los mismos principios ideológicos, le dan calor y cobijo humano.

Sin duda alguna, tener agilidad para pensar, repensar o reconstruirse sobre los escombros de lo que uno fue no es nada fácil ni cómodo. Sin embargo, es necesario para estar activamente vivo. Y para poseer la flexibilidad imprescindible para ser una persona abierta y sin prejuicios oscuros. Y para estar alejado de estructuras dogmáticas que son siempre un peligro para cualquiera.

Este coto sagrado de la ficción: Entrevista a Cristina Rivera Garza

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

por José Luis Dávila y Andrea Garza

El pasado viernes 8 de noviembre, en el marco del IV Coloquio de Literatura Hispanoamericana Contemporánea, el cual fue dedicado a la obra de Cristina Rivera Garza, tuvimos la oportunidad de platicar brevemente con la homenajeada; aquí les presentamos la entrevista completa.

Andrea Garza: Dentro de tus novelas se ven insertados diferentes géneros, como el ensayo literario o el histórico; en este sentido, ¿qué dificultad te representa esto en cuanto a mantener la línea de la ficción en la obra?

Cristina Rivera Garza: Yo no sé si quiero mantener la línea de la ficción en la novela, creo que muchas de las conversaciones más importantes de las escrituras contemporáneas tienen que ver precisamente con el cuestionamiento acerca de qué es el género y para qué sirven los géneros. A mí me parece que usualmente las búsquedas, que son lo suficientemente complejas y profundas como para generar libros, son búsquedas que no pueden limitarse, y que no se limitan por naturaleza, a ciertos géneros; si se es realmente fiel al proceso de la exploración personal, ese tipo de búsqueda, por necesidad, toca distintas estrategias de construcción y no todas esas estrategias están atadas a géneros específicos. Entonces, digamos que por una parte es una cuestión de la pregunta inicial, de la búsqueda inicial, que es asunto de todo creador y, por otra parte, sí creo que el momento que vivimos, en términos de desarrollo tecnológico, entre muchas otras cosas, ha dinamitado los fundamentos mismos sobre los cuales se erigían estos grandes monumentos de apariencia natural que son los géneros. Finalmente no son naturales, hay un proceso de jerarquización y de prestigio literario, que es a lo que sirven, no necesariamente a un proceso de creación y de búsqueda personal. Entonces sí, tienes razón, yo no solo de libro en libro, sino que he estado haciendo cosas dentro de cada libro: en el centro de La muerte me da hay un ensayo que puede ser denominado como académico, tiene sus pies de página, tiene todo, y antes del final hay un libro de poemas también incluido ahí.

Pero estas no son cuestiones que a mí se me hayan ocurrido como gestos interesantes, era parte de la búsqueda del proceso de la novela, en la novela hay un diálogo con Alejandra Pizarnik, en cuyos diarios la relación entre la prosa y la poesía es central, es fundamental. Hay un proceso de encarnación en la novela misma, de lo que es la búsqueda y la pregunta que me estoy haciendo; si eso es ficción o no, al final a mí me tiene sin cuidado.

Es más, hace poco escribí un ensayo sobre este autor noruego, Knausgård, que decía que le parecía que en un mundo en donde todo es ficción, la ficción juega un papel absolutamente irrelevante, y que en los únicos géneros en los que creía era en la autobiografía y el ensayo. Yo de repente estoy tentada a decir lo mismo, tal vez no con las mismas palabras. Pero creo que este coto sagrado de la ficción es algo que estamos cuestionando cada vez más, por eso vemos más novelas del yo, por eso cada vez vemos más trabajos testimoniales de los que se decía antes “basado en un hecho real”, cosas por el estilo.

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

José Luis Dávila: En esta delimitación del género/no género, si realmente puede llegar o no a tener una ficción, por ejemplo, se me ocurre aparte de tus novelas, Canción de tumba de Julián Herbert o tratar de ver en el personaje del “Zurdo” Mendieta, de Élmer Mendoza, algo así.

CRG: O en la novela de Lina Meruane que ganó el Sor Juana el año pasado, también, Sangre en el ojo.

JLD: Sí, entonces, qué opinas de este ejercicio en el que de alguna manera es la literatura del norte la que se está abriendo esta conciencia histórica o hermenéutica en las novelas, y que se esté entonces tomando a la literatura del norte como un género y una parte de la ficción de México.

CRG: Bueno, primero contesto la primera parte, que me parece que en términos del regreso del yo, y de las literaturas del yo, en un inicio estuvieron –ustedes no se acuerdan están demasiado jóvenes para acordarse de esto– la poesía confesional y la novela testimonial eran sobre todo territorio de mujeres, en los sesentas, y por eso, porque era territorio de mujeres, se le consideraba que no era literaria y que luego entonces no era relevante, pero de aquellas épocas eran los testimonios de Rigoberta Menchú, los de Domitila Barrios de Chungara, un poco antes los de Anne Sexton, todas estas poetas confesionales y demás, a quienes el establishment de la época criticaba por su falta de calidad literaria porque tenían otra relación con la experiencia personal. A mí me parece muy interesante que cuando los escritores varones finalmente descubren que hay un cuerpo, que hay un yo, entonces ahora eso sí tiene un valor literario, es así como que come on!

Y ciertamente, lo que se está haciendo con el yo sí es distinto, ya no es un yo identatario, es un yo que está mucho más fluido y en yuxtaposición con contextos más amplios, etcétera, se entiende todo eso. En términos de las conversaciones literarias contemporáneas hay dos vertientes: por una parte, este trabajo autobiográfico con la literatura del yo, y por otra parte, los trabajos que son de no ficción como la crónica, que usualmente el territorio latinoamericano tiene que ver con ella, que están tomando una relevancia que no me sorprende, y que creo que corresponde a nuestro momento actual.

Sobre la literatura del norte, no creo que sea un género, cuando hablamos de género hablamos de cosas mucho más complejas, los autores que mencionaste, que son autores a quienes quiero y he leído mucho también, son amigos personales y demás, corresponden a un periodo de producción literaria mexicana en que finalmente se distribuyeron los focos de producción cultural, hubo condiciones económicas y de inversión que permitieron que lugares como Tijuana o Monterrey se transformaran en áreas de producción independiente e interesante. Hay una crítica a la centralización económica y sobre todo a la centralización cultural, y esa es una de las resultantes. Que finalmente se convirtieron en libros exportables como parte de una identidad más amplia, a mí me parece que es parte de una incorporación de otros sectores y otras experiencias a un corpus literario que había sido centralista, muy elitista, muy snob, muy clasista. Lo que vienen a hacer estos escritores del norte es criticar este canon clasista, elitista, muy misógino, aunque la del norte tampoco se distingue por su paridad de género.

JLD: Al respecto, en una conferencia me tocó escuchar a Élmer decir que la “literatura del norte” la hicieron los del centro al decir que eran del norte los demás, pero que él solamente era un escritor.

CRG: Sí, claro, y me parece fundamental ir ampliando un diálogo como este, que había estado con participaciones muy acotadas.

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

AG: ¿Tú crees que los escritores deben adoptar una postura crítica ante la realidad que vive el país?

CRG: Pues a mí me parece que escribir es una postura crítica, yo no concibo de ninguna otra manera el ejercicio de la escritura si no es para compartir un pensamiento crítico y para invitar a prácticas críticas, o esto sería aburridísimo. Si escribir es para confirmar el estado de las cosas, entonces es una postura no crítica pero que se está tomando partido, es lo que quiero decir. Pero si lo que me estás preguntando es si un escritor se debe pronunciar por tal o cual partido, y demás…

AG: Sí, me refiero a cómo evitar que las obras se vean opacadas por tomar cierta postura.

CRG: Las obras se ven opacadas o tomadas por miles de otras cosas, uno publica un libro y los libros son apropiados de maneras, con suerte, que uno ni ha imaginado, para empezar. Y por otra parte, los que no se ven “opacados”, es decir, cuyas posturas políticas no afectan su trabajo literario, son los que están a favor del establishment, porque pareciera ser que no tienen una postura política cuando sí tienen una postura política. Pero se debe a esta ideología de “el arte por el arte”, como si el arte o la escritura fuera, alguna vez, neutra. No sé, en mi manera de ver el arte y practicarlo, me parece inconcebible pensar en una obra cuya génesis no sea en sí misma una toma de partido, es decir, cuando uno está pensando en decidir entre un personaje masculino o femenino, decidir entre personajes poderosos o personajes cuyas voces no hemos escuchado comúnmente en nuestra sociedad, todas esas son decisiones políticas, son estéticas por supuesto, pero son decisiones fundamentalmente políticas.

JLD: En relación a esto, hace unas semanas hicimos una entrevista a Edgardo Aragón, quien está exponiendo en el Museo Amparo, y él nos decía que sentía envidia de los escritores porque siempre están considerados como quienes hacen una crítica social a través de su obra, por lo que consideraba que el arte plástico estaba siendo relegado y que necesita tomar partido en ello. Entonces, ¿qué opinas de las otras artes en relación a la escritura? ¿Cómo se podría crear un proyecto más grande?

CRG: No sé, será que uno vive la experiencia desde este lado, y me parece que hubo un momento en la producción literaria, por allá de mediados del siglo XX, donde la persona pública de los escritores latinoamericanos estaba ligada a la opinión pública, y me parece que los años de liberalismo que hemos vivido han ido despegando esa conjunción, a veces para bien, es decir, tampoco creo que uno tenga como profesión opinar de todo, uno no es un opinólogo profesional, ni nada; el tipo de crítica a la que me refiero es más de raíz, tiene que ver con la imaginación.

En relación a la literatura con las otras áreas, creo que es un poco lo que pasa con lo de los géneros, finalmente el tipo de proyectos y de preguntas que nos estamos haciendo, o sobre las cuales estamos conversando, invitan y convocan por lo regular a otro tipo de disciplinas. A mí me interesan ese tipo de trabajos, esas convergencias, son productos de nuestro tiempo, aunque claro que se ha producido esto desde mucho antes, tampoco es algo novedoso.

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Carlos Morales Galicia
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Carlos Morales Galicia

AG: Hablando de las nuevas tecnologías, ¿cómo se han insertado éstas en tu obra? ¿Han tenido alguna influencia?

CRG: Como lo decía durante la charla de ayer, me interesa mucho; cuando empezó el blog, tuve un blog, tengo Twitter, no me gusta el Facebook, etcétera, etcétera. Pero nunca, ni me he propuesto ni he querido hacer una novela con tuits. Yo creo que hay una influencia menos visible, pero que va más al corazón, de lo que implica trabajar con cinco o seis ventanas abiertas en la computadora, con una conciencia muy aguda de que esto es un proceso dinámico e interactivo, con lectores que son también escritores en el momento mismo. Creo que va más bien por ahí el asunto, más que a la utilización directa de ciertos elementos de estas plataformas. Pero creo que sí, han cambiado muchísimo no solo en lo que hago, sino en cómo pienso acerca de mi oficio y qué es lo que pienso de la escritura hoy. Y todo eso lo pueden ver en Los muertos indóciles, ensayos sobre necroescritura y desapropiación.

JLD: Habría que hacer una última pregunta. Nosotros venimos de una revista electrónica, nos gustaría saber ¿qué opinas de esta explosión de los medios virtuales para llegar a más personas, y cómo se está generando ahora la escritura? Por ejemplo, ahora hay más e-books de autores jóvenes, en vez de que las editoriales se preocupen por que se publiquen en papel.

CRG: Yo creo que estamos viviendo momentos interesantes; hay un proceso de democratización que me interesa mucho y que veo con mucho ánimo; creo que hay ahí una energía que ojalá no termine siendo cortada, porque finalmente alguien es dueño de todos estos medios, hay capital de por medio; y el trabajo intelectual y material está continuamente siendo reciclado y reutilizado, entonces es algo que requerimos pensar con mucho cuidado.

El Primer Día de Clases en la Primaria

Niños de primaria - Imagen pública
Niños de primaria – Imagen pública

por Lizbeth Cervantes Neri

Cada ciclo escolar los profesores de primer grado de primaria se enfrentan diversas dificultades con sus  alumnos. Uno de las principales es que los niños  tienen que adaptarse a un nuevo ritmo de trabajo exigente, amplio y que necesita de mayor atención de su parte; deben acostumbrarse a un horario más extenso del  que tenían  en el preescolar.

La socialización  del alumno en este  grado será  un factor determinante para el  avance y el logro de sus aprendizajes. Desde el primer día la impresión que se tenga del profesor, los compañeros y del mismo inmueble harán sentirse en confianza, de lo contrario el niño presentará desconfianza, temor e  inseguridad, manifestándolo con llanto, resistencia para asistir a clases o apatía para desarrollar  las actividades.

Las dificultades que los profesores tienen que atender están liadas con el ritmo de aprendizaje de cada niño y su conducta, quienes deben interactuar dentro y fuera del aula de clase, ser creativos en las actividades que  manifiesten interés o retos a vencer, dejar a un  lado el individualismo para formar equipos de trabajo, así como provocar la manifestación de ideas y argumentos de modo individual y en equipo.

Niños en clase - Imagen pública
Niños en clase – Imagen pública

El profesor no debe  ser un solapador y consentidor  ante las caritas y ojitos de sus alumnos  que lo buscan como protector  durante las  horas de clase, pues suplementan la figura materna y paterna; de lo anterior  dependerá  el éxito de aprendizaje y habilidades que su  grupo desarrolle y logre alcanzar.

Los aprendizajes de la escuela primaria manifiestan sus frutos a largo plazo cuando el alumno es independiente, autodidacta, crítico, analítico y mantiene un juicio ante todos los enfrentamientos  de la vida diaria. Mucho de esto dependerá de su primer día de clases en la escuela primaria.