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Irredenta, teatro del anhelo

Iredenta, tierra de nadie
Iredenta, tierra de nadie

por José Luis Dávila

Estamos siempre a la caza de aquello que anhelamos; ya en nuestros sueños o nuestras acciones, buscamos que el mundo se configure de tal modo que logremos estar cada vez más cerca de las metas que nos planteamos y con ese fin solemos confiar en ilusiones que nosotros mismos provocamos, ilusiones que se rompen tan fácil que no da tiempo para entender dónde quedó el error, por eso volvemos a caer en ellas. Estamos a la caza, pues, de lo mismo a lo que le servimos como presa. Un círculo vicioso en toda forma.

Poco a poco esa situación nos lleva a límites incomprensibles, a situaciones de riesgo que ni siquiera notamos, y entonces se presentan las dos opciones básicas que todos tienen: seguir avanzando o vivir aferrados. Simple, ¿no?

Hace unas semanas vi Irredenta, una obra que se presenta en Rekámara, teatro íntimo, y que me dejó cuestionarme las aspiraciones que tengo respecto al exterior, a mi entorno y las personas que están en él. Creo que todos hemos pasado por etapas en las cuales existe desesperación y nos anulamos para no sentirla, momentos que preferimos dejar bajo la alfombra con tal de que no nos lastimen, o peor, de que no vean los demás que algo nos lástima porque la debilidad es algo que no nos permitimos.

Iredenta, tierra de nadie
Iredenta, tierra de nadie

Irredenta trata, me parece, de esto mismo, el proceso por el cual alguien evade aquello que tiene y busca eso que no podrá alcanzar, lo hace a través de cuatro miradas distintas, cuatro prostitutas que al avanzar la trama se vuelven entrañables y cercanas, no sólo por la manufactura del guión sino por el ambiente establecido y bien logrado por la dirección, guiada hacia la empatía del público.

Esta obra es una recomendación absoluta, necesaria, que provoca reflexión partiendo de temas que quizá ya se han tocado en otras piezas teatrales, e incluso otros formatos, pero que tiene un toque especial gracias al trabajo actoral, sabiendo retratar los conflictos internos de los personajes y estableciendo los problemas para ser pensados al salir de la función, cuando las emociones se asienten de nuevo en el espectador.

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Lectura sobre Lecturas: Arte contemporáneo mexicano en el Museo Amparo

Lecturas de un territorio fracturado - Fotografía por Job Melamed
Lecturas de un territorio fracturado – Fotografía por Job Melamed

por José Luis Dávila

De a poco, desde hace años, me fui inmiscuyendo en el arte contemporáneo a modo de espectador y, más tarde, cuando consideré haber adquirido el conocimiento mínimo necesario para pasar a la acción de expresar las razones de mi gusto, empecé a escribir sobre los museos que visitaba, los artistas, las experiencias con la pieza y las personalísimas reflexiones que, aunque redunde, me provocaban las reflexiones de los otros. Y mientras más veía, más quería pensarlo, comentarlo, apropiarlo. Porque, en gran medida, para eso es el arte: entender en uno algo que se genera desde la obra con el fin de cuestionar lo que nos rodea y establecernos desde un punto crítico.

Quizá esa sea la razón que más me atrajo. Mucho más cuando hay arte mexicano que se ocupa de desarrollar ese tipo de cuestionamientos sobre la identidad, la violencia, las convenciones sociales y morales, las creencias religiosas, o incluso del mismo acto creativo. El arte contemporáneo mexicano es una geografía híbrida que debe ser explorada a fondo, meticulosamente, con el interés que merece. Por ello, creo que es un gran logro la nueva muestra Lecturas de un territorio fracturado, la cual expone parte de la colección del Museo Amparo en un esfuerzo por dilucidar los cómos y qués que provienen desde la década de los 90’s y se topan con la actualidad.

Lecturas, curada por Amanda de la Garza y Cecilia Delgado, encuentra su hilo conductor en la concatenación de estilos y crea pasajes que se cuentan a sí mismos dentro de las salas, puentes que se establecen no para conectar tiempos ni lugares, sino ideas que se concretan en la experiencia de aquél que los recorre.

Es, pues, un ensayo hecho exposición, una argumentación sobre las preguntas que el arte arroja en México y posibilita conclusiones latentes, aunque no unívocas, que buscan ser desentrañadas. Una exposición para debatir y comentar, para acercarse al arte contemporáneo mexicano con la curiosidad justa que me recordó los motivos por los cuales me he quedado en esta línea de gusto estético y que, estoy seguro, despertará el gusto de todos los que se acerquen a ella.

Carcoma, poesía de aquello que vemos y nos mira

Carcoma - Portada
Carcoma – Portada

por José Luis Dávila

De a poco todos quedamos un día rendidos ante esa incertidumbre que provoca ver a nuestros pies polvo de lo que somos –¿o fuimos?–, remanentes de las acciones y pensamientos que los años han acumulado, y nos espanta, por supuesto, porque a veces son reflejo que nos obliga a conocer aquello que no queremos conocer y, otras, son fantasma que acosa el hogar en el cual nos creíamos a salvo del acecho de la memoria.

Sin embargo, siempre queda un breve lugar para recomponerse de hacer consciente estos resquicios; ese lugar es el lenguaje. Lenguaje que toma forma de texto, texto que toma forma de escotilla para el escape a discreción. Aunque dicho escape es sólo una ilusión porque esos restos las vamos dejando a cada paso, pese a que no los volteemos a ver.

Casquillos
Casquillos

Carcoma (La Chifurnia, 2017), de Josúe Andrés Moz, es una representación de todo lo anterior, funciona como una imagen de aquello que se transita en dualidad, como un adentro y un afuera, como el sentido completo frente a la seguridad de que sólo es gracias a las partes que lo construyen.

El libro es poesía que explora los resabios que se van dejando de lado en la vía que se elige, lo que le da un valor agregado de movimiento y búsqueda de sentido a través de preguntas simples que surgen en la experiencia misma.

Carcoma es un trabajo que muestra una voz salvadoreña nueva que, si bien, no aborda grandes cuestiones, hace que los pequeños temas íntimos se conviertan en puntos de reflexión para todo aquél que llega a leerlo.

Rulfo, la escritura fotográfica

El fotógráfo Juan Rulfo, exposición en Museo Amparo - Fotografía por Job Melamed
El fotógráfo Juan Rulfo, exposición en Museo Amparo – Fotografía por Job Melamed

por José Luis Dávila

Narrar es un acto creativo intrínseco al humano; no solamente todos somos capaces de ello, sino que lo hacemos gran parte de nuestra vida, a veces hasta sin saberlo. Estamos atados a la narración tanto que incluso tenemos una voz interior de la cual no nos podemos alejar, una voz que nos cuenta a nosotros mismos lo que sucede, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que somos. Sin embargo, narrar ha sido discriminado, se le ve como algo lejano, como un ejercicio artístico que vale solamente dentro de ese nicho, e incluso en tal, hay una delimitación de éste hacia la escritura y, recientemente, el cine.

La narración se ha retraído hacia dichos campos que, si bien han dado grandes frutos, en algunas ocasiones le restan la importancia experiencial que conlleva por antonomasia, dejando que se construya una cerca alrededor de la verdadera razón que tenemos para narrar: explicar el mundo que nos acontece desde todos los medios que tengamos a la mano. Afortunadamente, los mencionados razonamientos estereotípicos sobre la narración siempre pueden ser traspasados, como bien demuestra el trabajo fotográfico de Juan Rulfo, mejor conocido por ser autor de Pedro Páramo y El llano en llamas.

Las imágenes que capturó son una forma distinta para su misma escritura; contienen relatos en corto que se suceden como golpes de la máquina de escribir, que embonan como fragmentos de un plato que se ha quebrado al caer, vuelto instantes de un tiempo atrás. Relatos que funcionan por medio de lo que el lector es capaz de reconstruir.

En el año del centenario de su nacimiento, las fotografías que tomó no debieran acercan a la conmemoración, sino a encontrar nuevas lecturas provenientes de su pluma, unas lecturas que muchas veces se pasan por alto pero en las que, gracias al Museo Amparo –donde actualmente se encuentran en exposición–, podemos leer nuevamente a Rulfo.

Al final, estas fotografías son narraciones de un autor que siempre se mantuvo escribiendo, quizá no con tinta pero sí con luz.

Breviario de lo Incierto: Poesía de los nuevos límites

por José Luis Granados Téllez

El paquete llegó a mi departamento una tarde de lluvia. No tuve ocasión de abrirlo sino hasta la mañana del día siguiente, cuando me senté a la mesa, bebiendo una taza de café, trayéndolo hacia mí, rasgué con los dedos el envoltorio de bonito papel con el que mi hermana había forrado el libro días antes. Yo se lo había encargado con alegría, pues siento un extraño anhelo embargarme cada vez que llega algo de fuera, especialmente un libro, acompañado por la letra diminuta y graciosa de Eva, manteniéndose viva a través de cada misiva que acompaña estos regalos que con regularidad me hace.

El papel quedó pronto en el suelo y pude apreciar el bonito diseño de la tapa: unos manuscritos antiguos sobre unas maderas húmedas y viejas y, por sobre todo esto, un título atractivo, místico y elegante para un libro de poesía. Breviario de lo Incierto. Tomé un sorbo de café y comencé a leer en desorden algunos poemas. Los había sobre el amor, sobre la vida y la alegría pero, esencialmente, era poesía profunda que embellecía la idea de la muerte y que lograba hacerme imaginar el monólogo de un viejo erudito que se explica a sí mismo, lo que entendemos por existencia, tiempo, pasado y por silencio.

Tuve que detenerme por un instante, completamente seguro de que el café de la mañana no había sido suficiente para alertarme de la larga lucha que seguiría a continuación. Este libro es poesía, filosofía, pero también y más precisamente, es un breviario de pensamientos profundos y sensiblemente humanos que se agitan sobre el gran enigma de lo incierto.

Al autor lo conocí hace algunos años cuando vivía en Colombia. Yo asistía a sus conferencias con agrado pues siempre he tenido la impresión de que todo en él revela una sabiduría silenciosa y, durante aquel tiempo, aprendí con él a escuchar la voz independiente que cada autor desarrolla después de ensayar su escritura durante años. Al leer estos poemas, reconozco la genialidad del trabajo inmenso que supone escribir con tanta pasión y dolor, siendo capaz de permanecer ajeno a la frivolidad y a los fáciles accesos de verbalismo y descuido prosaico que son comunes a la poesía de este siglo.

Arturo Hernández es, sin lugar a dudas, el poeta más impresionante entre sus contemporáneos. Su poesía es lucidez pura que rompe los límites de lo común y lo clásico para convocar un lirismo vanguardista que difícilmente encontrará un igual. Este poeta colombiano es el primero, desde Mutis y Charry Lara, que está destinado a convertirse en un clásico absoluto en la historia de las letras de su país. Pocos autores se arriesgan a la total desnudez que Hernández practica en sus poemas y menos aun se atreven a dejarlo todo en cada letra como este genio bogotano.

Desde esa mañana, desde esa taza de café, he vuelto a leer sin descanso cada poema, constatando que las palabras merecen todavía el amor infinito de quien las hace luz y esperanza. No quiero hablar aquí de influencias, pues el estilo de Hernández es tan sólido que se explica solo y permanece en pie junto a nosotros con espiritual solidaridad mientras nos desmoronamos en los raptos de su sabiduría y de su emoción desbordada.

Breviario de lo incierto - Imagen pública
Breviario de lo incierto – Imagen pública

No es posible desentrañar, aunque se quiera, todo el libro en una breve crítica porque ese es el trabajo que comparten el tiempo y los lectores, como ha señalado Hernández en sus ensayos. Pero sí puedo sugerir que poemas como Lengua Franca, Buenas Noches, El Escritorista o Breviario, establecen nuevos horizontes de la poesía en nuestro idioma. En ellos, el diálogo; el monologo que Hernández sostiene con el mundo y con sí mismo, se mezclan magistralmente con formas líricas que él ha cultivado y hecho profundas antes que nadie y a pesar de la ingente reproducción de modelos poéticos que devienen de influencias que a menudo son nocivas para los jóvenes escritores.

Breviario de lo Incierto, publicado por Editorial Nueva Luz 21, inicia con un Prólogo (que no es otra cosa que un poema lleno de erudición y humildad) y luego nos regala cantos lúgubres como Hoy duele reír y Descenso; himnos al amor como Pregunta al Viento, Poema de Amor y Fiebre que Somos, además de poemas filosóficos entre los que sobresalen Daños, Huésped, Morfina y Iktsuarpok.

No sorprende además que un poeta tan profundo como Hernández se planteé retos de forma y contenido que por la sutilidad de su visión estética pasen desapercibidos a una primera lectura. Tal es el caso de Justicia, poema crudo y desgarbado que se aleja de la línea general de imágenes para promover una crítica social y política respecto al contexto de guerra que en Colombia se extendió por más de cincuenta años. Asimismo, Hernández ha declarado a la prensa mexicana que está escribiendo un nuevo libro de poesía, en el que se recopilan poemas que atan cabos existenciales para dar lugar a un ser más dueño de sí mismo y de su lenguaje.

Los méritos del libro son innumerables y quizá el más significativo de todos sea el hecho de que el maestro Hernández es tan lucido como para llenar de belleza una disertación introspectiva en la que colisionan conceptos y figuras humanas. Sólo este poeta logra ensayar sobre Itten y Baudelaire en unos cuantos versos, y dibujar del mismo modo sus ideas con música abundante o hacer que Rimbaud camine por territorios imposibles mientras cuenta dos historias paralelas, la del propio poeta francés que ve venir la muerte en el África esclavista y la del desastre natural de Armero.

Hoy he leído por la última vez de mis primeras veces el libro completo de Hernández con un renovado sentimiento de felicidad. A pesar de que su poesía sea descarnada y lúgubre, lo que demuestra es que siempre es posible, con mucho esfuerzo y entrega, escribir una obra que perdure a la lectura y al tiempo. Breviario de lo Incierto, será sin lugar a dudas, la aurora de nuevos amaneceres para la poesía del mundo.

El museo como su espacio propio. Sobre Toujours en el Museo Amparo

por José Luis Dávila 

A veces uno se pregunta de qué están hechos los museos, esos edificios donde se muestra aquello que llamamos arte. La mayoría los ve como una especie de archivo, un lugar en el cual se resguarda la memoria del pensamiento de otros, el lugar en el que se exhiben las experiencias convertidas en objetos con el fin de evocar las experiencias de los visitantes, proceso que, a su vez, es en sí una experiencia provocada por éstos. Un poco redundante, circular, pero inevitable si se parte de esa concepción primaria que, por supuesto, no es errada pero tampoco es la única.

Creo que los museos son espacios de creación de espacio, una suerte de meta-sitios en constante transformación, la cual está en relación al uso que se le da para cada exposición y que también depende de la mirada con la que se entra a él. Así, cualquier museo no es sólo ese museo, sino que es uno distinto cada vez. Desde la fachada hasta las salas, el espacio se construye en el momento en que se le enfrenta con la subjetividad de las obras y espectadores.

En ese sentido, la muestra denominada Toujours, el museo como testigo, presentada en el Museo Amparo, es un repaso de los espacios artísticos que han sido parte del CAPC, musée d’art contemporain de Bordeaux desde su fundación en 1973, destacando las etapas y artistas que los han llevado a consolidarse como un referente mundial para el arte contemporáneo.

Lo relevante de esta exposición es la idea de emplazar al museo dentro de una memoria creada para ello desde la selección y curaduría de las piezas que se han trasladado, siendo tales un modo de destellos esenciales que dan cuenta de lo que ha sido la evolución del lugar francés, el cual tenía como fin propio de su diseño y construcción ser un almacén de inicios del siglo XIX, lo que es una muestra más de la adaptabilidad que el arte hace de los espacios.

Toujours es, de este modo, una forma de explorar el museo desde la historia que afianza su identidad como museo, una exposición sobre el espacio que fue, es y será, y que, a la vez, crea un espacio al interior de otro museo.

Ghostbusters y la absurda obligación de ser incluyente

por E. J. Valdés

Ya es por todos sabido que la nueva cinta de Ghostbusters, a estrenarse en julio, ha atraído un odio como no se había visto en los años recientes del cine. Hoy por hoy, el primer avance que mostrara Columbia Pictures es el más denostado de cuantos se pueden encontrar en YouTube, y la conversación en torno al mismo está tan caliente como las llamas del infierno: los detractores, por un lado, dan por hecho que la película será un fiasco, e incluso youtubers como James Rofle han llamado a boicotearla, mientras que otros tantos usuarios afirman que no se puede juzgar la calidad del producto por un avance y que hay que esperar a verla para emitir un veredicto.

Ghostbusters - Imagen pública
Ghostbusters – Imagen pública

También se ha dicho bastante sobre la decisión de los productores de relanzar la franquicia con un equipo conformado por mujeres, y es justo este punto el que me trae a escribir estas líneas: muchos defensores de la cinta sostienen que la reacción al avance ha sido machista, que todo aquel al que le desagrada es un misógino que no tolera ver a un cuarteto de féminas hacerse de los uniformes y los proton packs. Absurdo; a todos ellos les diría que antes ya hubo una chica en las filas de los Cazafantasmas: Kylie Griffin, en la serie animada Extreme Ghostbusters (la cual, por cierto, sí servía como secuela a las dos cintas originales).

No, el coraje de los fans hacia esta nueva producción no tiene que ver con un conflicto de género, sino con lo que el estudio y el director han hecho con una de la franquicias más queridas del cine y la animación; Ghostbusters y su secuela de 1989 fueron comedias brillantes, mientras que la nueva… Vaya, parece cualquier otra película de Melissa McCarthy, con un humor tan burdo y simplón que hasta da pena.

Ghostbusters - Imagen pública
Ghostbusters – Imagen pública

Sin embargo, ha poco me topé con un comentario que sí denosta al elenco femenino, y éste fue escrito por una mujer. Pero no se emocionen, pues la que pudiera escucharse una opinión interesante es en realidad una de las más estúpidas que me he topado al respecto: Janessa Robinson, de The Guardian, afirma que la cinta no es incluyente porque no hay mujeres latinas, asiáticas y nativas americanas en el equipo. También señala racismo implícito en el personaje de Leslie Jones, pues no sólo es la única Cazafantasmas afroamericana, sino que es la única que no tiene un grado académico. Me queda claro que Robinson no ha visto las películas anteriores, pues, si no me falla la memoria, en el equipo original también había un solo integrante afroamericano (Ernie Hudson) y éste, a diferencia de sus compañeros, no era un científico. Y tengo la certeza de que nadie llamó racistas a Dan Aykroyd ni a Harlod Ramis, ni les reclamó la ausencia de Cazafantasmas filipinos, iraquíes o salvadoreños. Y eso fue porque ellos escribieron así a los personajes. Punto. Tal parece que hoy toda película debe tener una cuota de minorías para ser socialmente aceptable.

Según lo razona Robinson, era obligación de los escritores inventar a una Cazafantasmas latina, a una Cazafantasmas asiática, a una Cazafantasmas india, a una Cazafantasmas lesbiana, a una Cazafantasmas musulmana, a una Cazafantasmas madre soltera, a una Cazafantasmas adolescente embarazada, a una Cazafantasmas vegana y a una Cazafantasmas transgénero para que todos se vieran representados. ¡Qué estupidez!

Ghostbusters - Imagen pública
Ghostbusters – Imagen pública

Lo peor del asunto es que tal parece que opiniones como la suya son las que ahora regulan a Hollywood, pues no sólo una queja de Will Smith puso en jaque la última ceremonia de los Academy Awards, sino que ahora hay movimientos que pujan porque el siguiente James Bond sea interpretado por una mujer o porque en la próxima entrega de Star Wars se revele que Poe Dameron es homosexual. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cuál es el problema con aceptar a los personajes como los escribieron sus creadores? Considero que ellos no tienen la obligación de dar gusto a todo mundo, porque si así fuera, yo quiero que revivan Beverly Hills Cop con un actor blanco en lugar de Eddie Murphy, o que hagan de nuevo The Fresh Prince of Bel-Air con una chica rubia en lugar de Will Smith. ¿Cuánto apostamos a que eso no sería llamado inclusión?

Quiera Júpiter que esta Era del absurdo en el cine en pos de la inclusión termine antes de que nos llegue el remake de El Padrino con una afroamericana lesbiana en el papel de Vito Corleone, o la nueva biografía de Rosa Parks con Woody Harrelson en el papel estelar.

Las ciudades invisibles, de Italo Calvino

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

Hace unos meses me di la tarea de comenzar a aprender italiano, en parte por la relativa facilidad que presenta el aprendizaje de este idioma y en parte para poder leer a uno de mis autores favoritos en su idioma original: Italo Calvino.

Me di así a la tarea de volver una de sus obras más célebres Le città invisibili o Las ciudades invisibles. Calvino toma como base para su argumento la vida del célebre viajero Marco Polo. En la obra, el mercader veneciano se encuentra en las cortes de Kublai Khan para realizar una crónica de las ciudades que ha visto, pero que el soberano sólo cree intuir puesto que nunca ha abandonado los límites de su palacio.

Las ciudades relatadas por Marco Polo son compendios de otras ciudades, ciudades hechas de otras ciudades, pasadas y futuras, ciudades posibles, soñadas o sólo imaginarias. El libro las agrupa en distintas clases de acuerdo a los principios bajo las cuales fueron concebidas: la memoria, los signos, el deseo, la muerte, el cielo, los nombres o el intercambio.

Calvino se preocupa por cada una de las palabras que usa en su prosa, ello confiere una gran capacidad de síntesis en un texto que a pesar de su brevedad logra encerrar universos enteros. Las descripciones del autor no muestran, evocan y trazan significados como calles que pueden recorrerse una y otra vez hasta multiplicarse en nuestra memoria.

El lector se pone en el papel del Khan para escuchar el relato de Marco Polo sin lograr adivinar el mecanismo de sus palabras:

El Gran Khan descifraba los signos, pero el nexo entre éstos y los lugares visitados seguía siendo incierto: no sabía nunca si Marco quería representar una aventura que le había sucedido durante el viaje, una hazaña del fundador de la ciudad, la profecía de un astrólogo, un acertijo o una charada para indicar un nombre. Pero por manifiesto u oscuro que fuese, todo lo que Marco mostraba tenía el poder de los emblemas, que una vez vistos no se pueden olvidar ni confundir. (p.37)

El Khan de la misma manera que el lector se da cuenta que es imposible conocer del todo las ciudades, incluso toda una vida no basta para conocer una, sólo a través de los emblemas, de signos ambiguos, de libros como este nos hacen acercarnos a un misterio que existió antes que nosotros y continuará su existencia ya sea más allá de la muerte o de nuestros sueños.

Anatomía de un cabello

por Gerson Tovar Carreón

No me sorprende que mi frente le gane terreno a mi cabello. Las consecuencias las miro día a día frente al espejo. En mi almohada hay resto de pequeñas fibras que se soltaron de sus aposentos. Nadie los extrañará, sólo las fotos de épocas pasadas se preguntarán por su paradero, por su suicidio genético. Y sí, es genético este asunto, alimenticio posiblemente, pero en su mayoría es genético. Mi padre era calvo, su padre fue calvo y el padre de su padre también lo fue. No me quedan muchas esperanzas de que desaparezca su herencia. Es extraño sentir esa ausencia, aun puedo ver mi cabello y no es que me guste, pero el hecho de pensar en su ausencia me desconcierta. Esa sensación de perderlo lentamente, de acariciar la nada con un peine, y de aceptar lo inevitable de la tradición me hace pensar si puedo soportar la triste realidad: soy calvo.

No me alimento sano, bebo constantemente, tengo sobrepeso y el único ejercicio que hago es correr detrás del trasporte público. Ser gordo y calvo no es sencillo. Pero, la verdad, estoy aprendiendo a vivir con ello. Recuerdo a un tipo de la universidad. Daba señales de calvicie y ahora se rapa para disimular su ausencia cabello. Nunca me agradó del todo ese individuo, era un ridículo, pero sólo pensar en tomar la decisión de rasurarme me pone los nervios de punta. No sé si es posible hablar filosóficamente sobre la caída del cabello; mi hermano decía que la discusión radica en el concepto pelón y su diferencia con la categoría calvo. ¿Quién los define? ¿A qué le podemos llamar pelón y a qué le llamamos calvo?

Italo Calvino - Imagen pública
Italo Calvino – Imagen pública

Pienso que el primero en diferenciar entre estos dos conceptos fue Italo Calvino, hombre de su tiempo y de la bella signora. Fue novelista, poeta y entusiasta del análisis crítico de las fibras capilares mejor conocido como cabello. Una de las frases que mejor define su estudio critico es “a veces uno se cree incompleto y es solamente la pérdida del cabello”. Y aunque no defina claramente su postura entre lo pelón y lo calvo, los lectores de Calvino aseguran que el escritor diferenciaba estas dos categorías al confrontar su contenido capilar sobreviviente. A más sobrevivencia de la fibra capilar, se definirá como calvo, y la nula existencia de la ya mencionada fibra se le considerará como pelón.

T. W. Adorno - Imagen pública

Otro gran teórico de la fibra fue el filósofo y sociólogo T. W. Adorno, su análisis político sobre el holocausto es deudor de sus reflexiones en sus primeros años de pelón. A diferencia de Italo, Adorno consideraba que pelón y calvo eran conceptos peligrosos y que se debían abrir conceptualmente al implante de cabello. Estas concepciones son lo que el mismo concepto no es. Esto significa que no se definen como pérdida de cabello sino como ausencia de este. Lo que a mi juicio lleva la discusión a un plano teórico más elevado debido a la ausencia de peluquerías en su estudio. Una vez más se demuestra que Adorno, literalmente, “no tenía un pelo de tonto”. Un colega suyo defendió esta idea durante mucho tiempo. Me refiero a Walter Benjamin, quien presentó su tesis doctoral con el título “El origen de la tragedia de la calvicie alemana”. Lamentablemente fue rechazada por Max Horkheimer, quien terminó aborreciendo al berlinés por sus teorías sobre la reproducción técnica de la calvicie, además de que éste se atrevió a defender un tema del cual no tenía ni la menor experiencia. Hasta el día de su muerte, Benjamin fue conocido por su amplia cabellera y por el uso de enjuague aurático.

Walter Benjamin - Imagen pública
Walter Benjamin – Imagen pública

Podría seguir aumentando gente a la lista, desde Lenin hasta Vin Disel. Todos tienen algo que decir sobre el tema. Menos Stalin, el bigotón nunca sufrió más que un par de atentados a su peinado por los activistas sin cabello, pero triunfó al mandarlos al gulag como peluqueros. Los especialistas han dejado las cuestiones político-sociales sobre la pérdida de cabello y se han concentrado en sus implicaciones culturales. En todas las artes, como en el espectáculo, los calvos y pelones se diferencian de la gente con cabello. Reivindican su pérdida con grandes actuaciones, cuerpos fornidos y barbas tupidas. En el peor de los casos, podríamos remitirnos a Homero Simpson, y hasta él sale bien librado.

Adorno y Horkheimer - Imagen pública
Adorno y Horkheimer – Imagen pública

En este punto se va mostrando un leve desdoblamiento de los conceptos calvo y pelón, sin embargo, debemos profundizar en un análisis cultural y político de lo que implica la pérdida de cabello, incluso psicológico. La pérdida de cabello no es una broma, no es simplemente la destrucción de las células capilares lo que impide la renovación celular de la fibra conocida como pelo, cabello o melena, sino que las consecuencias en los sujetos varían y es prudente intervenir en este mal moderno que aqueja a los individuos y los obliga a usar gorros y sombreros ridículos.

Un triste cuento de navidad

Navidad - Imagen pública
Navidad – Imagen pública

por Gerson Tovar Carreón

Actualmente la “navidad” es una de las fiestas más celebradas en todo el mundo. Gracias a Coca-Cola y el capitalismo, esta festividad se ha incluido en los imaginarios de la gente con mal gusto. Además, es la época del año que acumula más capital: la gente se vuelve loca por comprar regalos de último hora, hay más trabajo para los desempleados frecuentes -como los filósofos-, y, lo más importante, se vende mucho alcohol. Esta época te incita a mirar a tus semejantes y no querer matarlos; también, representa el inicio del fin del año fiscal, lo que quiere decir que el próximo año habrá recortes a los presupuestos y aumento de impuestos.

Entonces, ¿cuál es el significado de la navidá? A mi juicio, e imagino que es un juicio genérico, el significado es que el hiperconsumismo le ha ganado terreno al comportamiento humano de reunirse en familia y celebrar un año más de vida y miseria. Esto último me recuerda que hace mucho tiempo no festejo estas fechas con mi familia; eso se debe a la muerte de mi abuela, la cual nunca me agradó. Después de este acontecimiento, toda mi familia se dio cuenta de su propia hipocresía y su falta de compatibilidad, o por lo menos eso pienso que sucedió. Agradezco no volver a ver personajes patéticos como el tío que se hace el chistoso y tiene la gracia de una papa o la tía impertinente y su clásica pregunta: “¿Cuándo te casas?”. Sucede hasta en las mejores familias.

Sin embargo, y dejando de lado los absurdos lazos de sangre, recuerdo dos experiencias decembrinas que me conmovieron y recuerdo con nostalgia. Primero les hablaré brevemente de la navidad con G, una mujer increíble, carismática y llena de vida. En una ocasión me invitó a pasar la fiesta con ella y su familia. Recuerdo la comida y el alcohol, pero, sobre todo, bailar con sus sobrinas. G tenía la fiesta en las venas, bailó con todos, hasta con mi hermano, un apático del baile. Pasé dos navidades con ella y han pasado dos desde que G no está, y la extraño.

Por otro lado, tengo el recuerdo de L, uno de los recuerdos que más me gustan por el hecho de sentirme incluido en una familia o algo parecido a una. Recuerdo el frío en mi cara, las risas de los niños, el aroma de la carne, el sabor del tequila en mis labios y la sonrisa de L. Sin embargo, no recuerdo más, sólo ese sentimiento de calidez, lo que podríamos llamar hogar. Mi memoria nunca ha sido buena, divago y mezclo recuerdos. Pero esa noche con L y su familia es de eso recuerdos que aprecias, pero sabes que son únicos y no volverán jamás.

Navidad - Imagen pública
Navidad – Imagen pública

Me desvié un poco sobre el significado de la navidad. Pienso que el mexicano ha sido acondicionado y guiado para que acepte esta festividad, pero la niega y le da otro significado sin que él mismo se dé cuenta. No es una contradicción, tampoco es que confunda el significado de esta “mágica” fecha, sino que encuentran en el engaño un valor. El deseo de reunir a la familia feliz, que imagino es el verdadero significado, es un engaño: no conozco familias felices, incluso no pienso que no existen. Sólo es un pastiche, una burla de lo que los medios a construido. Y eso me da esperanzas de entender porque la gente se forma para comprar regalos a gente que no quiere, con dinero que no quiere gastar, dinero que ganó en un lugar en el que no le gusta trabajar.

Y mientras eso pasa, les comento que escribí este texto mientras escuchaba via spotify a los Beatles; sé que es de mal gusto, pero finalmente podrán escuchar al cuarteto de Liverpool vía streamain’. Una señal más de que con dinero hasta baila el perro. Feliz navidad, beban, coman y olviden.