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Float On

por E. J. Valdés

En mayo de 2012, Modest Mouse se presentó en Cholula, Puebla, como parte de la primera y última edición del Festival 72810. En punto de las ocho de la noche el grueso de los asistentes se aglomeró frente al escenario oeste para esperar a la banda, que salió puntual y abrió su repertorio con “Dashboard”. Hacia la mitad de su intervención tocaron “Float On”. Los primeros acordes de la guitarra arrancaron al público un grito jubiloso, y aquellos que no saltaron bailaron, y quienes no bailaron cuando menos cabecearon. Nadie pudo quedarse quieto, y alrededor de ochocientas voces hicieron eco al coro, extáticas. Entonces, al concluir la canción, ocurrió lo inesperado: la gente comenzó a retirarse. La banda no se detuvo —continuó casi de inmediato con “Bukowski”— pero el público se esfumó, veloz, en pos del escenario este, en donde, cuarenta minutos más tarde, se presentaría Public Enemy (¿quién en su sano juicio deja un concierto de Modest Mouse para esperar a Public Enemy?). A nadie pasó desapercibida la mirada que intercambiaron Isaac Brock y Tom Peloso, extrañados de que dos terceras partes de su audiencia dieran la media vuelta para alejarse. Peor aún: durante el resto de las canciones el público se redujo más y más, y hacia el final de su acto tocaban —no miento— para un máximo de cien personas. Brock lucía molesto, y en cuanto terminaron dejó su guitarra y salió del escenario sin decir una palabra, de modo que fue Peloso quien tuvo que despedirse y agradecer a los pocos que tuvieron el genuino interés de escucharlos.

Horas más tarde, cuando el staff ya había empacado sus cosas, la banda solicitó reunirse con los organizadores del festival, y aunque no fueron los únicos que se quejaron de la baja asistencia, sí fueron los que más se hicieron escuchar (a ello contribuyó la personalidad explosiva de Brock).

Modest Mouse
Modest Mouse

El Festival 72810 se extinguió aquella misma noche, pero para Modest Mouse apenas comenzaba la gira por Latinoamérica. Su siguiente parada fue en San José, Costa Rica, y aunque en esa ocasión no formaron parte de un cartel colectivo, Brock aún no superaba lo acontecido en México y estaba malhumorado e insoportable. Cuando salieron a tocar arrancaron de nuevo con “Dashboard”, como indicaba la lista de canciones, sin embargo, tras interpretar otro par de éxitos, Brock se acercó a Jeremiah Green y le pidió que diera la entrada para “Float On”. Esto extrañó al baterista, pues aún debían repasar otra decena de temas antes, pero el vocal, irritado, les gritó a él y al resto de la banda que cerraran la boca e hicieran como les mandaba. No muy convencido, Green contó con sus baquetas, dio unos golpes a los tambores y Brock se incorporó con los primeros acordes de la canción. El público aulló y los siguientes tres minutos y medio fueron una auténtica locura. Al concluir el último coro una ovación inundó el lugar. La banda prosiguió con “Ocean Breathes Salty”, pero hacia la mitad se percataron de que, tal como ocurriera en México, algunas personas ya se marchaban. De nuevo Brock intercambió una mirada con Peloso; poco a poco los asientos se vaciaban y les restaban, cuando menos, otros cincuenta minutos en el escenario. Los completaron, pero fue evidente que terminaron el concierto con mucha menos gente de la que iniciaron y que Brock no estaba para nada contento con ello. En el camerino, abrió una cerveza que arrojó contra la pared tras sólo un par de tragos. Nadie se atrevió a dirigirle la palabra el resto de la noche.

Volaron a Bogotá. Allí, Brock instigó al desorden cuando ordenó tocar “Float On” entre las primeras canciones de la noche una vez más. Dados los últimos acontecimientos, la banda no estuvo muy de acuerdo pero la voluntad del vocal terminó por imponerse; menos de quince minutos después de comenzar el concierto enfrentaron el mismo escenario de las dos presentaciones previas. Al menos la mitad de los asistentes se marchó, y por supuesto que Brock no se guardó la rabieta. Viajaron después a Lima y Peloso hizo cuanto pudo para convencerlo de que reservaran “Float On” para el final de la velada, moción que el resto de los músicos apoyó. Sus palabras, sin embargo, cayeron en oídos sordos y, para horror de todos, aquella noche Brock quiso tocar “Float On” tan pronto pusieron pie en el escenario. El público se regocijó, por supuesto, pero eso no previno el silencioso éxodo hacia afuera del auditorio minutos después.

Para la banda aquello fue demasiado. Después del concierto encararon a Brock cual tripulación amotinada ante el capitán pero al final de la noche prevaleció su cabeza dura: así terminaran cada presentación ante un montón de asientos vacíos, “Float On” se quedaba al inicio del repertorio. La subsecuente discusión fue larga, acalorada y fútil.

Llegaron a Santiago con la moral hecha polvo. Nadie deseaba hablar con Brock y él, a su vez, no tenía interés en dirigirle la palabra a los demás. Pasaron el día cada quién por su cuenta y durante la prueba de sonido, un par de horas antes del concierto, el aire se respiraba tenso. Hacia la hora del evento, el teatro estaba lleno. Peloso asomó por entre las cortinas y no pudo sino lamentar el hecho de que en cuestión de minutos muchas de esas butacas se desocuparían. Brock no dijo una palabra. Poco después de las nueve salieron al escenario y un estruendoso aplauso los recibió, mismo que cobró intensidad cuando los acordes de “Float On” resonaron por los altavoces. Gritos, aullidos y silbidos los recompensaron, y aunque la lista de canciones indicaba que “Dashboard” era la siguiente, Brock los detuvo a todos antes de que comenzaran con ella.

—“Float On” —ordenó.

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Los músicos se miraron entre sí. ¿Habían escuchado todos lo mismo? ¿De verdad les estaba pidiendo que tocaran “Float On” otra vez?

Peloso se acercó a preguntarle si acaso bromeaba, mas no tardó en convencerse de que no era así: sin consultar a nadie, Brock tocó los acordes de “Float On” y a los demás no les quedó sino sumarse. La confusión también corrió entre el público pero pronto se disipó entre una marejada de éxtasis, pues aquella segunda interpretación fue mucho mejor recibida que la primera. Todos bailaron con mayor ímpetu, saltaron más alto y cantaron más fuerte. Sobre el escenario, nadie salvo Brock daba crédito a ello. El ánimo de la banda mejoró y creció de manera exponencial junto con la euforia del público conforme tocaron “Float On” una tercera, cuarta y quinta ocasión. Para todos fue una noche como ninguna otra: interpretaron el mismo tema durante una hora y media frente a un teatro cada vez más emocionado. Nadie se quejó, nadie se aburrió y nadie dejó su lugar. Incluso, cuando Brock y los demás salieron del escenario la gente pedía a gritos que tocaran “Float On” una vez más, y eso fue justo lo que hicieron.

El inusual concierto de Modest Mouse fue muy comentado en los medios: ninguna banda antes que ellos había enloquecido a dos mil personas con casi cien minutos de la misma canción. En opinión de algunos comentaristas, aquello había sentado un precedente importante para actos considerados one-hit wonders, aunque a decir de otros se trató de un acto deplorable y estrafalario, de una burla a la industria y a quienes pagaron un boleto por entrar a escucharlos. Como fuera, la expectativa por las siguientes fechas de la gira, todas ellas en Brasil y Argentina, fue tal que las entradas restantes se agotaron y el precio de reventa se disparó. Modest Mouse, sin embargo, no repitió la hazaña: “Float On” se interpretó una sola vez por noche para beneplácito de quienes deseaban escuchar todo su repertorio y horror de quienes no. Lo cierto fue que nadie en el público dejó su lugar, y los lamentables escenarios de México, Costa Rica, Lima y Perú no se repitieron. Para los chicos fue como si una maldición se hubiese roto.

Las cosas a veces resultan bien.

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Jimi Hendrix estrechó mi mano

por Robert Fripp

traducción E. J. Valdés

Desde su debut en 1969, King Crimson se convirtió en un referente de genio musical, y con el paso de los años la banda ha adquirido un estatus que muy pocas agrupaciones igualan en la historia del rock. Este verano el legendario conjunto británico visitará México como parte de su más reciente gira, de modo que es un excelente momento para compartir la siguiente transcripción y traducción que hice de una anécdota que relató Robert Fripp en alguna de sus presentaciones (encontré el audio mas no información sobre dónde y cuándo se grabó). En un punto de este concierto un hombre en el público alzó la voz para decirle“¡Jimi Hendrix estrechó tu mano izquierda!”, tras lo cual Fripp se tomó un par de minutos para ahondar en este hecho:

Robert Fripp - Imagen pública
Robert Fripp – Imagen pública

Sí, así fue: Jimi Hendrix estrechó mi mano izquierda. El caballero acaba de mencionar la ocasión en que conocí a Jimi Hendrix y, si me lo permiten, les contaré la historia dado que, ocasionalmente, cuando se celebran los aniversarios de Hendrix, diversas revistas de guitarra o MTV me piden hablar sobre él. La única vez que lo vi fue en el Revolution Club, en Mayfair, cuando Crimson tocó allí en 1969. Fue la primera vez que me senté. Siempre he tocado la guitarra sentado, pero al trabajar en un conjunto de rock no puedes sentarte… ¡Nadie toca la guitarra sentado! Pero luego de unos doce conciertos con Crimson en el 69 ya me era imposible tocar de pie, así que dije: “Miren, tengo que sentarme”. Y Greg Lake dijo: “¡No puedes sentarte, parecerás un hongo!”. Mi respetuosa opinión era que, para muchas culturas, el hongo era un símbolo de despreocupación, e incluso si tocaba sentado aún podía sacudir la bandera. Así que nuestro representante —EG-Management— compró un banco: un banco que pintaron de negro y colocaron en el escenario del Revolution Club, en Mayfair. Luego, al concluir el primer set, nos encontrábamos en el camerino y se me acercó un hombre que vestía un traje blanco y llevaba el brazo derecho en un cabestrillo. Una de las personas más luminosas que he conocido. Se acercó a mí y dijo: “Estrecha mi mano izquierda, hombre: está más cerca de mi corazón”. Bien, en 1981, doce años después, King Crimson grababa Discipline en Basing Street Studios, que se ubica en el distrito Portobello de Londres, y nos alojábamos en el Hotel Portobello, famoso por sus habitaciones minúsculas y sus paredes delgadas como el papel; si el teléfono sonaba al lado, como le sucedió a Jerry Marotta, Tony Levin decía desde el cuarto contiguo: “¡No tenemos que contestar eso, Jerry!”. Caminaba hacia el estudio —Basing Street Studio— por Portobello Road y vi una librería, y como soy una especie de bibliófilo y estaba ansioso por retomar mi lectura, entré y allí me encontré a Loretta Land. Ahora, Loretta Land era la cuñada de Michael Giles, el primer baterista de King Crimson. Puesto que no nos habíamos visto en doce años dijimos: “Vayamos por un trago esta noche al Portobello”. Y allí ella me dijo: “¿Recuerdas aquella vez que Hendrix fue a ver a King Crimson?”. Y yo respondí: “¡Pero por supuesto! Es mi historia de Hendrix”. Ella preguntó: “¿Sabías que estaba sentada junto a la mesa de Jimi Hendrix?”. Y yo le dije que no, a lo que ella agregó: “Saltaba de arriba para abajo mientras decía ‘ésta es la mejor banda del mundo’”. Con toda modestia, ésa es una de las mejores tarjetas de presentación que un músico en activo podría mostrar.

Enlace al audio original: https://www.youtube.com/watch?v=woRhyl4k6sc

Mantener fresca la música: entrevista a Ulysses Owens Jr.

Como se está volviendo tradición, el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla trae la temporada de conciertos New York Jazz All Stars, la cual abrió con el concierto de Ulysses Owens Jr. en un Auditorio de la Reforma lleno y desbordante de energía. Tras el concierto pudimos conversar con él y aquí lo que nos dijo:

José Luis Dávila: Tengo muchas preguntas para ti, pero primero, ¿cómo te sientes hoy? Quiero decir, la casa llena sólo para ti…

Ulysses Owens Jr.: Fue probablemente una de las primeras veces en mi carrera que pude obtener algo así de especial, con tanta gente. Hemos tenido shows llenos en Nueva York, de ahí somos, pero tener  un show lleno en otro país y ni siquiera en una ciudad tan grande como la Ciudad de México, sino venir a Puebla. Fue simplemente increíble. Y tener militares acá, el general, todo fue muy salvaje.

JLD: En tu experiencia, ¿haber tocado en este lugar te gustó?

UO: Sí, me encanta, nos encantaría volver, si se acabaron los boletos para un día espero entonces que podamos hacerlo por un par de días, sería un placer regresar y tocar más música.

JLD: ¿Te sentiste como una estrella del rock?

UO: Sí, creo que en México ha sido genial, es casi como en Japón para nosotros que vamos y la gente de verdad nos ama, de verdad nos busca; en México ha sido sorprendentemente increíble. Yo sabía que iba a haber gente excelente, pero no tenía idea de que iban a amar la música en la forma en que lo hacen.

JLD: Eso es peculiar porque como sabes el jazz no es tan popular, pero ¿tú qué piensas del jazz en el mercado?

UO: Así es, en términos del mercado es muy difícil, algunas veces como músicos estadounidenses tenemos que ir a otros lugares para tener la apreciación que deseamos, así que esto prueba de nuevo que si queremos encontrar nuevos admiradores tenemos que venir a otros lugares.

Ulysses Owens Jr. y José Luis Dávila
Ulysses Owens Jr. y José Luis Dávila

JLD: Hay personas que piensan que el jazz está muerto o que es sólo para ciertos tipos de personas, ¿qué piensas de eso?

UO: Eso no es verdad, no creo que sea verdad para nada porque si dices que el jazz está muerto y que la música clásica está muerta, dices que el rock and roll, que en realidad empezó a finales de los 50’s, está muerto, dices que el hip-hop que empezó a finales de los 80’s está muerto, entonces para mí nada está muriendo, lo que pasa es que a veces la aproximación que le da la gente hace más difícil que las personas se enamoren de ello. Lo que tenemos que hacer, y es lo que hacen estos tipos increíbles, lo que tenemos que hacer es mantener fresca a la música para que haga que la gente la quiera escuchar y experimentar. El jazz es el tipo de música que tienes que experimentar, no puedes sólo ponerla en un disco, tienes que verla en vivo para sentirla, eso es lo que vas a recordar después.

JLD: ¿Tú piensas que el jazz sale del alma?

UO: ¡Claro! yo creo que cualquier música tiene la habilidad de tocar el alma, es simplemente parte de la vida. Así que si la música es lo suficientemente poderosa puede penetrar en el alma

JLD: Tú eres un gran baterista, a mi parecer, pero tú ¿qué piensas sobre el futuro de Owens?

UO: ¡Oh! Pues con lo que he visto hoy, espero que mi futuro me permita llevar a esta banda a muchos más lugares así, esperamos volver a México, ir a Brasil, a África, a Guatemala, por todo el mundo y yo creo que conciertos y experiencias como esta harán que los promotores lo consideren, porque eso es lo que tiene el jazz: un lado de negocios y necesitamos que los promotores sepan lo que hicimos hoy por todo el mundo para poder llevar nuestro espíritu y nuestra música por todo el mundo.

Ulysses Owens Jr. en concierto
Ulysses Owens Jr. en concierto

Seguir siendo un estudiante: entrevista a Kendrick Scott

El pasado 27 de noviembre, a través de De Quinta Producciones y el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (CECAP), se presentó en la ciudad la banda Kendrick Scott Oracle, una de las bandas que agrupan a varios de os grandes jazzistas de New York como Taylor Eigsti, Joe Sanders, John Ellis y Mike Moreno; al final de su presentación tuvimos la oportunidad de conversar con el líder de la banda, Kendrick Scott, y esto fue lo que nos dijo.

José Luis Dávila: ¿Cómo te sentiste respecto al show de esta noche?

Kendrick Scott: El show de hoy fue muy emocional, es bueno estar de vuelta en Puebla y vivir el gran sentimiento que da esta ciudad

JLD: ¿Cómo te sientes respecto a los músicos que tocan contigo?

KS: Para mi es afortunado que hayamos estado aquí juntos en Día de acción de gracias porque, como dije, en verdad agradezco estar con esos chicos, cada uno de ellos tiene un lugar muy especial en mi vida, hemos tocado juntos muchas veces y el hecho de que estén acá conmigo compartiendo este momento es muy precioso, muy afortunado.

Kendrick Scott y José Luis Dávila - Fotografía por Isaías Tovar
Kendrick Scott y José Luis Dávila – Fotografía por Isaías Tovar

JLD: Respecto a tu nuevo álbum, We are the drum, me puedes hablar del proceso de grabarlo.

KS: El proceso de grabado es el mismo que el de los instrumentos mismos: tiene muchos puntos de partida que vienen de cada miembro de la banda contribuyendo a la música y también escribimos toda la música en el estudio, juntos. Así que fue un gran festival de amor (ríe); todos los chicos contribuyendo con su música y no sólo con sus ideas en general, sino con sus ideas en la composición también.

JLD: Por último, tú eres parte del ciclo de conciertos New York All Stars, pero, ¿te sientes como una estrella?

KS: (Ríe) Bueno, yo diría que con el amor que recibo de Puebla sí me siento como una estrella, pero he sido un estudiante durante toda mi vida y mi meta es seguirlo siendo, así que me siento halagado de estar aquí con músicos tan grandes.

Colores en la obscuridad

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Por E. J. Valdés

No obstante todo el trabajo que tengo encima, desde que comenzó el año tuve claro que había un concierto que no podía perderme y sobre el cual, pasara lo que pasara, no dejaría de escribir: el de Tarja Turunen en el Teatro Metropólitan, promocionando su más reciente álbum, Colours in theDark.

Casi nadie lo sabe, pero la música de la soprano finlandesa, en especial su primer lanzamiento como solista, es muy importante en mi historia personal, y aunque casi nadie sabe el porqué y no pienso hablar de ello en este momento, este hecho me ha llevado a verle en vivo en sus tres últimas giras, una de ellas la fabulosa Beauty and the Beat, que realizó junto con Mike Terrana de Rage. Tarja es sin duda la voz femenina más influyente en el metal contemporáneo y lo deja claro cada que pisa el escenario y estremece al público canción tras canción; si me lo preguntan, fue Nightwish quien perdió más luego de la ruptura, pues ni siquiera Floor Jansen tiene la potencia vocal para ejecutar satisfactoriamente algunos de los éxitos de la banda. Eso sí: Tarja perdió el derecho a interpretar algunas magníficas piezas como “Ghost Love Score”, la cual me encantaría escuchar en directo con su voz algún día. El repertorio de Tarja en solitario, sin embargo, es tan bueno que ha logrado consolidarse como un acto viable totalmente independiente a Nightwish y, tanto en el estudio como sobre el escenario, cuenta con estupendos músicos, entre ellos Max Lilja, ex integrante de Apocalyptica, quien la ha acompañado en el violonchelo en las dos últimas giras (y también ha desarrollado una curiosa carrera como solita).

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Si comparamos este concierto, el primero en Latinoamérica de la gira Colours in the Road, con los otros a los que he tenido oportunidad de asistir, puedo decir que comenzó muy prendido pero decayó bastante tras la primera mitad. Esto lo atribuyo, en primer lugar, a que Tarja jugó sus mejores cartas demasiado pronto (uno de los primeros temas fue “I Walk Alone”, el cual quedaría mucho mejor como encore), y en segundo a que el público, cuando menos al frente del teatro, estaba inexplicablemente apagado. No quiero decir que no hayamos disfrutado el concierto, pues hubo un par de canciones que incluso nos pusieron a saltar, es sólo que aquello era tal mar de cámaras de bolsillo y teléfonos celulares que muchos de los asistentes se lo pasaron más ocupados grabando y tomando fotografías que prestando atención a la música. No obstante la intensidad que cobrara la música, estas personas apenas movían la cabeza, y en ocasiones no alzaban el puño o aplaudían incluso si Tarja nos instaba a hacerlo, cosa que encuentro tristísima. En lo particular, me tocó estar en medio de dos idiotas que se pasaron el concierto entero con el celular frente a la cara, quietecitos para que no “saliera movido” su video y calladitos para que sus propios gritos no ensuciaran la grabación. Si me lo preguntan, es ésa una de las maneras más estúpidas que se me ocurren de desperdiciar un boleto preferente, pero cada quien… Y algo que se agradece enormemente es que Dilemma prohibió la entrada de tablets y selfiesticks al teatro, y cuando menos en el área que me encontraba nadie quiso pasarse de listo. Eso sí: abundaron los ridículos que se toman selfies con el escenario.

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Tras cerrar el setlist, la banda regresó al poco tiempo para dos encores que se sintieron bastante más intensos que toda la media hora anterior, de modo que la velada cerró exitosamente con todo y que no tocaron “My Little Phoenix”, que es de mis favoritas y siempre me afloja las de cocodrilo. Por más que el público pidió otra canción cuando se encendieron las luces del teatro, abarrotado, la banda no salió una tercera ocasión.

Si bien el concierto no estuvo mal, debo confesar que disfruté más el de la gira What Lies Beneath, el cual hizo enloquecer al teatro Esperanza Iris, que es mucho más pequeño que el Metropólitan (ojalá la gira siguiente se presentara allí otra vez). Cabe señalar que al final del evento, entre gritos y aplausos, Tarja anunció que ya trabaja en un nuevo material discográfico para el cual “falta poco”. Estaremos al pendiente.

Aprender lo que pueda aprender: Entrevista a Taylor Eigsti

Taylor Eigsti en el Auditorio de la Reforma
Taylor Eigsti en el Auditorio de la Reforma

El pianista Taylor Eigsti fue parte del ciclo New York Jazz All Stars, del CECAP y DeQuinta Producciones, y justo antes de su presentación pudimos hablar con él. Taylor Eigsti es un prodigio de la música, habiendo aprendido a tocar desde los cuatro años y con dos nominaciones a los Grammy. Aquí lo que nos dijo.

José Luis Dávila: Voy a comenzar por preguntarte ¿qué sientes respecto al lugar donde vas a tocar?

Taylor Eigsti: Es un auditorio  hermoso, amo tocar en auditorios como este. Ya me puedo dar cuenta de que tiene una gran acústica, una atmósfera estética muy bella; es hermoso, así que sí, tengo altas expectativas.

JLD: En tu experiencia, ¿cuál es la interacción con la audiencia?

TE: Bueno, he descubierto que la audiencia en México es muy entusiasta y simplemente cálida, son grandes personas. Es un honor traer nuestra música para ellos ya que nos demuestran mucho amor cuando nos presentamos; yo siempre tengo ganas de tocar para ellos porque sentimos mucho su apoyo cuando tocamos.

JLD:  Hablando de apoyo, siendo  tan joven, ¿cómo te apoya tu familia? ¿Hay músicos en tu familia?

TE: Pues yo crecí con algunos músicos en la familia, mi hermana tocaba música y mi papá tocaba el tambor como un hobby pero fue mi hermana la razón principal por la que comencé a tocar música. Mi madre ama la música mas no toca ningún instrumento.

JLD: En tu carrera, ¿qué es lo que más te satisface?

TE: Me siento afortunado de estar haciendo lo que hago. Comencé muy joven así que he tocado durante 26 años. Para muchas personas puede ser una profesión en la cual es muy difícil ganarse la vida, ser un músico, así que he sido muy afortunado por haber tenido todas estas grandes oportunidades y afortunado por mantener la motivación para seguir con ello y continuar presentándome, haciendo giras, trabajando duro cada día para tratar de ser mejor músico y aprender lo que pueda aprender. Yo no cambiaría ser un músico por nada salvo, tal vez, por ser un futbolista profesional. Pero además de eso estoy bien con la música.

Taylor Eigsti en el Auditorio de la Reforma
Taylor Eigsti en el Auditorio de la Reforma

JLD: Perteneces a una generación de músicos bastante famosos, pero, y es una pregunta doble: ¿qué piensas sobre la música jazz en el mundo ahora?, y ¿te sientes como una estrella del jazz?

TE: Me es muy satisfactorio venir a otros países y que la gente ya tenga mis albums o que ya conozca algo de mi música. Así que se siente muy bien cuando las personas han escuchado tu música porque significa que tu música ya está allá afuera, ¿sabes? Así que siempre es muy halagador y una experiencia genial cuando voy, por ejemplo, a Nueva Zelanda o Japón y encuentro personas que tienen todos los discos y cosas así. Soy muy muy afortunado de tener estas oportunidades. He aprendido mucho de todos los músicos con los que he tocado, lo mejor de tocar para ellos y ser capaz de estar en un lugar donde las personas conocen mi música, creo que lo mejor de ello es que tengo acceso a la oportunidad de tocar con algunos de los mejores músicos del mundo. Yo amo el reto y la dicha que obtengo de tocar con músicos que están en los niveles más altos; aprendo muchísimo de ello. Siempre considero que es como si me patearan el trasero cada vez que toco con músicos como ellos porque son tan buenos que me motivan para tratar de aprender lo más posible de ellos para que nos podamos comunicar musicalmente y todo eso. Yo diría que lo mejor de esto es que tengo la oportunidad de siempre seguir aprendiendo y creciendo, es muy divertido. De vez en cuando tengo la oportunidad de hacer algo muy divertido; tuve el gran placer de toar con Sting el mes pasado, él siempre ha sido uno de mis músicos favoritos y pude tocar Every breath you take, Message in a bottle y algunas de sus canciones más famosas con él, hicimos algunos duetos también, así que lo que sea que me haya llevado al punto de poder tocar con él es genial. Me he divertido mucho con todas las oportunidades que han llegado, siempre trato de tomar todas las buenas oportunidades que se presentan porque hay personas que se sientan y dejan pasar todo, puede que se pierdan muchas oportunidades. Eso es lo que me hizo dejar la universidad después de un año, año y medio, el que hubiera una gran oportunidad de firmar con un excelente manager. Yo no quería que eso se me escapara, no quería terminar la escuela y esperar a que tal vez se me volviera a presentar algo así, lo tomé en cuanto se presentó. Así que para muchos músicos jóvenes siempre los aliento a que cada vez que tengan la oportunidad de conocer a alguien cuya música disfruten o verlo tocar en vivo, hagan todo el esfuerzo posible para aprovechar esa oportunidad, que salgan al mundo y no se queden en sus casas.

Un nacionalismo rockero: El Tri

Reseñar un concierto de El Tri es reseñar una parte fundamental de la historia nacional, esa historia nacional que se escribe en minúsculas porque la Historia Nacional le repugna tanto como a cualquiera que tenga un ápice de criticidad dentro de un territorio afectado tanto que no le queda más salida que gritarlo en el tumulto.

El Tri, liderado por Alex Lora, es ese generador de tumultos, de desmadres que se arman para provocar la catarsis necesaria en quien se encuentra con su música, catarsis que lleva a aceptar la realidad social pero que al tiempo inspira para cambiar aunque sea un poco la misma.

La noche del 22 de mayo, en el marco del Festival Internacional 5 de mayo, El Tri, acompañado por la Filarmónica 5 de Mayo, hizo precisamente eso: despertó a gritos a gritos, llamó a las voces para corear un “Chingueeen a suu maadree” para todos los que producen ese malestar, entre las letras de sus canciones, los aplausos y chiflidos.

El Tri, con su casi medio siglo de vida, logró que el zócalo de Puebla retumbara con hórrido estruendo con las voces de quienes disfrutaron de su presentación  y que son movidas por ese ideal de cambio que viene implícito en las canciones de la banda, canciones que son casi himnos.

Álex Lora: Nada ha cambiado desde el 68

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Por Staff Cinco Centros

Esta mañana, Álex Lora ofreció una rueda de prensa con motivo del concierto que ofrecerá esta noche en el zócalo de la ciudad de Puebla.

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Acompañado de Chela Lora, el músico afirmó que es un honor tocar en la plaza principal del lugar donde nació, ésta le recuerda gratos momentos de su infancia, cuando acompañaba a su padre, quien trabajaba cerca de ahí. Asimismo, explicó que durante cuarenta y seis años de carrera, ha tenido muchas satisfacciones como músico. El concierto de esta noche es una de ellas.

El líder del Tri explicó que el público poblano escuchará canciones que no habían sido versionadas con música académica, como “Nunca es tarde”, “Tierra en llamas”; sin olvidar los grandes clásicos como “Triste canción” o “Cuando tú no estás”. También, dijo que tendrían mucho respeto hacia la Orquesta Sinfónica 5 de mayo, pues respetan mucho el trabajo de los músicos y quieren que la experiencia sonora sea un éxito para todos.

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Además de presentar el disco que celebra los cuarenta y cinco años de la agrupación, Lora habló del libro que registra varios momentos de su larga trayectoria. El músico detalló que fue su esposa quien armó y diseñó este libro, el cual considera un regalo para el grupo.

Por último, hubo un espacio para hablar de las dificultades que se viven en México. Álex Lora considera sano que los niños conozcan la música y aprendan a tocar un instrumento, de esta manera, las posibilidades de desahogo negativo disminuyen. El rockero pidió paz para México, sobre todo para las generaciones jóvenes. Al ser cuestionado sobre la masacre de Ayotzinapa y su relación con la del sesenta y ocho, Lora dijo que el comenzó a tocar diez días después de ésta y que, desde entonces, la represión nunca ha cesado.

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“La diferencia entre el sesenta y ocho y Ayotzinapa es que en esos momentos no existían redes sociales y mucha gente no se enteraba de lo que pasaba. La tragedia de Ayotzinapa fue algo de lo que todo el mundo se enteró”, finalizó.

La Carlota en el Festival 5 de Mayo

Poblanos orgullosamente, La Carlota tiene casi una década de existencia, una década en que se han convertido en representantes sin par del rock latino en nuestra ciudad, una década en que sus seguidores han ido en aumento siempre, apoyando cada nuevo material que producen, como su más reciente álbum, Superfan, y del cual escuchamos el sencillo que le da nombre al mismo este sábado por la tarde cuando la banda se presentó en el escenario del zócalo, dentro de las actividades del Festival 5 de mayo.

Ante un público lleno de vitalidad, no importando la lluvia, la banda salió a tocar éxitos que se les pedían a gritos, mientras sobre el escenario cayeron un par de rosas que les arrojaron y se encontraron de frente a un inesperado verdadero superfan que desde la primera fila no dejó de dar ánimo, contagiando a todos para pararse a bailar y disfrutar de la música.

La Carlota demostró a los asistentes por qué tienen el prestigio que los precede y que todos los años de trabajo han desembocado en una banda madura en el escenario que logra mover a audiencias que incluso pueden no conocerlos y aún así transmitirles la energía que despiden, creándoles el gusto por lo que escuchan, haciéndose siempre de nuevo público que no deja de querer más de ellos, algo que esperamos suceda con quienes lean esto, ya que es una de las mejores bandas de nuestra ciudad.

Troker, mestizaje de los sonidos

Históricamente somos un pueblo de mestizajes que se dan en todos los aspectos de nuestra cultura; casi seguramente sea a causa del proceso colonialista que vivimos hace unos quinientos años, que desde entonces acostumbramos buscar el lugar adecuado donde elementos dispares armonizan para crear algo distinto a aquello que nos rodea. Puebla es una ciudad ejemplar para esto: la comida que combina sabores, el diseño urbano que hace convivir tantos estilos arquitectónicos, las costumbres que conjugan tradición y modernidad, todo el estilo de vida que tenemos como sociedad parte y se dirige a la misma idea de mestizaje.

Así pues, cuando Troker se hizo presente hace unos días en el zócalo de la ciudad, como parte del Festival 5 de Mayo, no era para menos que los asistentes disfrutaran tanto de ellos. Provenientes de Guadalajara, Troker es una banda en cuya trayectoria está presente la creación a través del establecimiento de puentes entre distintos estilos musicales, transitando del blues al rock, provcando al hard-groove jazz, y de ahí a la cumbia incluso, todo aderezado con un toque de psicodelia visual en sus conciertos.

Desde Chapala Blues a Príncipe Charro, Troker tiene un repertorio atestado de ritmos que se impregnan en quien los escucha; son evocaciones sobre la cultura mexicana desarrolladas en sonidos que pocas veces se piensan alrededor de ella, generando una experiencia distinta de la común pero al mismo tiempo apegada a los paisajes y tradiciones que todos conocemos.

Troker ha sido una de las bandas más grandes del festival de este año, una que vale la pena seguir desde ahora y no perderle la pista, pues tienen todo para lograr representar a la modernidad nacional desde un mestizaje musical que debemos apreciar.

por José Luis Dávila