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Canciones para cantar en Bogotá

José Gorostiza - Imagen pública
José Gorostiza – Imagen pública

por Marcos Solache

Sobre José Gorostiza, a quien la historia de la literatura mexicana e hispana lo ha colocado como uno de los mayores y mejores referentes de la poesía de mitad de siglo XX; un pequeño aborde a sus obras:“Canciones para cantar en las barcas” y “Declaración de Bogotá”.

Canciones para cantar en las barcas

Aunque podría decirse que la primera es una obra prematura, ya que el poeta tabasqueño tenía apenas 24 años de edad; “Canciones para cantar en las barcas”, ya expone cualidades innatas de poeta: sensibilidad, muchas veces melancolía, y también seriedad enaltecida con finura en el lenguaje.

Esta colección de 25 poemas, nos acerca al calor tropical de Villahermosa, como también al septentrional de Aguascalientes; ambas ciudades importantes en su primera formación juvenil.

Después se trasladaría a la Ciudad de México, en donde hizo hogar, carrera, y después de su mesurada manera de publicar, una gran historia como uno de los mejores poetas de nuestro país.

Fragmentos interesantes

Una de las primeras preguntas que me hago, y valdría para introducirse a este poemario, es acerca de la tristeza:

¿La tristeza es sensibilidad, o más bien, a través de ella como sentir profundo, se expresa poesía?

Respuesta difícil, que seguramente no es absoluta, y que seguramente también, desafina muchas composiciones por el simple envuelto solemne que da este tono.

No es el caso total de esta obra; sin embargo creo que sí hay una mezcla importante de imaginación con experiencia, lo que sin duda conlleva, al buen manejador del lenguaje, a colocar tácitamente un mundo que nunca ha vivido, y quizá por eso, en medida de uso, falso y con poco alcance certero sensitivo.

Esto le pasa a los poemas de corte realista, como son estos, situación que claramente no le sucede a “Muerte sin fin”, que tiene un corte completamente espiritual, y algo aventurado en lo metafísico.

Como los poetas hechos al canon de época, en un principio, Gorostiza honró la forma y los temas que comúnmente se consideraban poéticos, que dicho sea de paso, no disminuye en ningún grado su calidad; pero si cabe la expresión, parece que deja embadurnadas las hojas de una sustancia espesa, a veces tristeza, a veces miedo, o a veces canto alegre.

“Canciones para cantar en las barcas”, no es una obra ni pesada ni ligerea, es más bien unaestela fangosa en la que el poeta se perdió por más de 10 años, hasta la culminación y entrega de “Muerte sin fin”.

Antes de pasar a los fragmentos, habrá que mencionar el buen motivo del título, que aunque parezca tentativo, años más tarde, en 1954, cuajará en ese importante texto llamado “Notas sobre poesía”.

José Gorostiza, fiel al principio órfico, creía que la poesía es música, un canto verbal; por eso quizá que dentro de la música culta mexicana, se encuentren precisamente algunos arreglos sonoros a pocos poemas de “Canciones para cantar en las barcas”, como ese famoso dedicado a Carlos Pellicer:“¿Quién me compra una naranja?”.

Sobre los cantos, y que estos se deban cantar en barcas, habrá que subrayar la posible influencia francesa.

No olvidemos al marino Baudelaire, o el mismo “Le cimetièremarin” de Valéry, o “Le Bateauivre” de Rimbaud.

Sí, definitivamente, el mar siempre ha acompañado a toda expresión poética; y me parece de lo más justo, ya que en ese inmenso espacio de agua, sin duda percibimos el inicio de lo que hoy es vida en nuestro planeta.

Pero “Canciones para cantar en las barcas”, no es solamente la serie de “Dibujos sobre un puerto”; es también meditación de temas profundamente filosóficos, como el tiempo:

            (…)

            y el reloj descompuesto parece una dolida

            conciencia de caoba en la pared.

            (…)

Una pregunta que surge de este par de versos, es si el tiempo es una dolida conciencia. Sorteo difícil de abordar, que más bien se debe meditar en esa buena imagen del reloj descompuesto en la pared.

Este tono solemne, continúa en otros fragmentos interesantes; como en el inicio del poema “El enfermo”:

            Por el amplio silencio del instante

            pasa un vago temor.

            (…)

¿Poesía hecha excelsa narración?. No lo sé, pero sí algo cercana a ella.

La abrupta, pero silenciosa colocación del temor en la estancia del enfermo, me hace imaginar un salto de Poe a la página.

Canciones para cantar en las barcas - José Gorostiza
Canciones para cantar en las barcas – José Gorostiza

Para reforzar esta importante cualidad de narrador, que no sería completa si no tuviera la agudeza de un observador, y la delicadeza de un detallista, aparece “La luz sumisa”:

             (…)

            al trepar en los muros, por ligera,

            dibuja la imprecisa

            ilusión de una blanda enredadera.

            (…)

Un hombre atento, que de esa bella simpleza que proyecta la luz de la naturaleza, encuentra expresiones precisas que nos trasportan en imagen, calidez y tranquilidad solar.

Aunque la mayoría de este primer poemario, se enlaza con la voz más seria del poeta, no por eso elimina creencias y modos de su vida más íntima:

            (…)

            ¡Pez de luna bruñida no se pesca,

            pescador!

No he podido precisar el origen de esta creencia, pero sí queda claro que Gorostiza escuchó de ella, y la trasladó al poema “Pescador de luna”.

Distinto a este, el poema “Borrasca”, me recuerda las influencias poéticas humanas, a veces en vida, o veces a través de obra.

Alguien de esa influencia para el tabasqueño, sin duda fue el zacatecano López Velarde;a quien por cierto, en 1921, dedicó una elegía bien compuesta.

Sin embargo, ahora transcribo parte del poema citado:

             (…)

            Cuando llegue el minuto negro de mi borrasca,

            hazme sufrirlo aquí, junto a la orilla

            del agua amarga.

            (…)

Al contrario de Velarde, que sin duda hubiera pedido sufrirlo al lado de Fuensanta; Gorostiza contrasta por hacerlo a la orilla del agua, subrayada de amargura.

Los ejemplos anhelantes siguen, como en el titulado “Romance”:

            (…)

            tu voz anula mi ausencia;

            mástiles, jarcias y viento

            se confunden con tan lenta

            sencilla sonoridad,

            (…)

Profunda y romántica estrofa, metáfora hiperbólica, imantada al estado de zozobra de la barca, que ahora puede caerse en cuenta que no es más que el alma humana; sola e imaginada.

También un interesante uso de elementos técnicos en una embarcación, acompañados de la hermosa trasposición paralela de la voz, sencilla sonoridad, que fluye al lado del viento para anular la ausencia.

Otro poema que se emplaza muy bien, y muy parecido en tono y tema al anterior, es “Otoño”, del que rescato la siguiente estrofa:

            (…)

            Y al roce inmaterial de nuestras pausas,

            en los atardeceres del otoño,

            nunca sabremos si cantaba el mástil

            o el viento mismo atardeció sonoro.

            (…)

De nueva cuenta un escenario callado en voz, pero sonante por el viento marítimo que confunde con silbar libertario, o en choque de mástil.

“Canciones para cantar en las barcas”, que enmarca sus primeros años serios como poeta,nos deja un espacio de existencia plena en la inmensidad del mar, sostenida por una barca, sus aparejos, y una susurrante ausencia.

Declaración de Bogotá

José Gorostiza Alcalá, entendió y amoldó la poesía, de una manera muy personal.

Su deber y gusto como diplomático, fueron realmente los años de carrera tozuda que deseó labrar; pero nunca dejó a un lado la poesía, o lo que hubiera sido peor, dejar de pensar en ella.

Y aunque su legado poético es realmente poco, no por eso disminuye su alcance ni grandeza.

Fue un poeta que enmendó aquello de que publicando se hacen los poetas, e introdujo de manera subliminal un método que medita la poesía, mejor que escribirla.

En 1948, casi diez años después de publicar “Muerte sin fin”, y ostentandoalgún cargo diplomático, visita Colombia, y de ese encuentro nace este muy inusual y postrero poema.

“Declaración de Bogotá” es una sentida expresión de su paso por esa ciudad; panorama encantado y corazón hecho grumos de azúcar.

Pero la pregunta sigue siendo, ¿por qué sorprende este poema?:

Lo primero es que sucede a “Muerte sin fin”, que como tal, parece no puede librarse de la estructura insoslayable e imponente del poema más ambicioso del tabasqueño.

La segunda se deriva de esto, y de la poesía que no logró transgredir a su gran obra; ya que de nueva cuenta se enfrenta a un proceso de cambio poético, que no logró superar.

Me parece bueno que “Declaración de Bogotá”  sea un intento y un freno a la vez.

Buscó cambiar su poesía, pero no encontró camino; fue mejor así que seguir escribiendo lo mismo repetidas veces.

Este es un poema postrero que pierde el interés de ser un poema largo y estructurado, esos que tanto reclamó el poeta, y que en esta ocasión cae en vicio.

Aunque no se manchan sus ideales, porque esta composición es una aproximación hacia algo nuevo que quiere explorar, y de lo que finalmente nunca vio senda para continuar.

¿Un poema en prosa, o prosa poética?

Sí, el poeta ha roto el canon, y no sabe si esto es poesía, o una declaración sagaz.

Sea lo uno o lo otro, primero hay que dejar muy en claro que es una composición muy agradable, aunque como portal de dudas, también intermitente.

Sin duda hay una pared que no se atrevió a derribar, aun estando en frente de ella.

José Gorostiza - Imagen pública
José Gorostiza – Imagen pública

El poema comienza con un verso, que parece bíblico.

Me recuerda Juan I,23: “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto”.

Mientras que Gorostiza escribe: “Ha silbado una ráfaga de música.”

Aunque el parecido no es literal, percibo que hay esbozos claros de una voz lejana.

Se sabe, por los epigramas de “Muerte sin fin”, que Gorostiza fue un lector conciente de la Biblia; por lo que esta trasposición, un tanto subconsciente, se afianza.

Sin pasar a detalle algunas secciones del poema, me gustaría generalizarlo de la siguiente manera:

Esta es una composición de despedida hacia la poesía; José Gorostiza mira en ese atardecer y noche de lluvia en Bogotá, las últimas palabras que le dieron los númenes.

La encuentra ahí, omnipresente, y la ve llegar desde la negra montaña tempestuosa.

            (…)

            Tropieza en la esbeltez de tu blancura

            como topa la luz, allá en la plaza,

            (…)

La hace sonar el aire, porque es flauta, música, pero también es hombre, por eso el brazo que corta la marcha.

             (…)

            Y en nobles giros de cristal te ajustas

            a frenos de pedales y sordinas.

            (…)

Pero vuelve a transformarse, delicadamente, como los giros del cristal, en pausa musical.

Y cambia otra vez al cuerpo humano, ahora a los labios, instrumento de voz, en un té que se azucara.

            (…)

            y te erige, por fin, sonora estatua,

            en el rigor de un martinete insomne

            (…)

Aquel doloroso amor habrá de batirse en delirio de alas prisioneras; ampliando el sufrimiento del cual todos los poetas son heridos.

Finalmente el poema empieza a caer cuando se devela Bogotá detrás de la figura del arte musical:

            (…)

            en un tenue plumaje de llovizna.

            (…)

De súbito, cambia de sentir y se convierte en gallardos hechos, que finalizan, vaya el título, con una declaración.

            (…)

            he aquí mi voz

            en medio de la ruina y los discursos,

            (…)

Anticipa duda, precaución, y un cruce de humo a lo claro.

 Sin más palabras, buscando la compasión, searrodilla ante la poesía:

             (…)

            Me has herido en la flor de mi silencio.

            (…)

Se rinde, sabiendo que esta herida no tiene voz: es blanca, es silencio; lo que encontró Mallarmé y Paz alabó.

He ahí el brote de sangre, inspiración pura.

Sin embargo gotea en un suelo metafísico que él no puede asir, pero la ciudad sí; Bogotála toma en su caña dulce y dúctil, como un sonido.

            (…) un grumo, no más, de poesía

            para cantar el salmo de tus bodas.

Finaliza así, esta hermosa declaración; remitiéndome de nueva cuenta a la Biblia, esta vez al “Cantar de Cantares”.

Este encuentro nupcial, donde esposo y esposa se cantan por medio de salmos, simplifica el encuentro que después se determinará como de Cristo con la Iglesia, su esposa, unión infalible e inquebrantable.

Por lo tanto, la poesía que deja José Gorostiza, concluye en amor; que el poema sea el eslabón entre amados, la unión más fuerte de existencia;que ahí, en medio de ellos, solamente la fusión se haga concreta, a través y únicamente, de la poesía.

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Mis diez canciones favoritas

por José Luis Dávila

The Crystal Ship, de The Doors

El desapego a la realidad, la ansiedad por la pérdida, el dolor de las partidas, todo en una lluvia de palabras y notas que entierran a las sensaciones. La voz de Morrison, el teclado de Manzarek. Eran los 60’s trascendiendo en una canción. Krieger y Densmore en el fondo, sosteniendo la pieza. Como un vals por la finitud, sobre la marea de las emociones.

Sorted for E’s and whiz, de Pulp

¿Quién no ha cometido excesos? Las personas suelen ser descuidadas, impulsivas e inconscientes al menos una vez en la vida. Y luego avanzan, luego se cuestionan por qué actuaban así. Esta canción es sobre perderse en la inestabilidad, en el frenesí de una salida por la noche, con amigos, a consumir cualquier cosa que se tenga a la mano, porque cuando llegue la mañana habrá desaparecido la juventud. Habrá desaparecido la música que alentaba, las conversaciones sinceras, el brillo incierto del futuro se convertirá en la realidad pesada del presente. Pero mientras eso pasa, queda seguir girando entre todo lo demás.

N.I.B., de Black Sabbath

Un clásico, eso. ¿Habrá algo más para decir? Es pasión hecha música. Es muerte y vida dibujadas sobre el pentagrama. Imposible no emocionarse desde el inicio. Imposible no gritar “Oh,yeah”. Imposible no sentir.

Sway, de Dean Martin

Una canción de otra época, de un tiempo en que la idea del amor no estaba encarcelada por la aspiración a la vida marital feliz, sino que obedecía a sí misma, al amor por el amor, como el arte por el arte. Para resumir, un tiempo en que el tiempo del amor era la duración de una pieza musical bailada por dos, esos dos que estaban siendo realmente uno en el otro mientras a su alrededor la pista seguía girando a causa de los pasos que daban todos los demás. La profunda voz de Dean Martin narrando el amor como un encuentro fortuito, elegante, significativo, y no como una búsqueda patética, desesperada, frustrante.

Ocean breathes salty, de Modest Mouse

That is that and this is this, eso dice el coro de esta canción, aprender a aplicarlo es complicado pero no imposible, es como decir “acá lo que se queda, y acá lo que se va”, echar al cesto de la basura lo que deba ser echado y guardar lo que vale la pena; pero saber hacerlo, saber elegir es siempre un reto.

When the levee breaks, por Led Zeppelin

La original, esa con Joe McCoy y Memphis Minnie, fue escrita en 1929, dos años después de que se hubiera desbordado el Misisipi y cientos de familias quedaran bajo el agua. Esta de la que quiero hablar, grabada en 1971 por Zeppelin, es otra y es la misma. Así pasa con los covers, al menos con los buenos covers. Existe en sus notas el eco de la primera pero va más allá, se explora a sí misma, se interpreta distinto no sólo por el cambio de época o la instrumentación. Hay algo que la cambia, la hace dejar de ser un homenaje a las víctimas de una tragedia para convertirla en un viaje por dentro de sí mismo, como si lo que se desbordara en esa cadencia hipnótica que logran fuera el río emocional que todos llevamos dentro, inundando quienes somos de quienes verdaderamente somos.

Start a war, de The National

Como una canción de cuna, un arrullo luego de la pesadez del día, la voz de Matt Berninger declarando la guerra a las ilusiones perdidas, bombardeándolas hasta convertirlas en ruinas sobre las cuales poder reconstruirse uno mismo. Las expectativas, ciegas y sordas por el estruendo de las detonaciones, se quedan inertes ante la inmensidad de los pequeños versos y las aún más pequeñas notas. Una canción hecha para entender que a veces la guerra con el otro es también la guerra contra sí.

Ready to start, de Arcade Fire

Desde el inicio de su carrera, Arcade Fire ha sido una banda humana. Su cúspide es esta: Ready to start sube y baja de ritmo, lleva de la mano al escucha, lo deja plantearse un juego de sombras que es imposible ganar. Si el mundo te aplasta, qué más da, empiezas de nuevo, pase lo que pase, perder no es el fin sino el inicio de otra cosa, porque uno tampoco es un santo para creer que se merece siempre llegar a buen fin en cada intento que haga. Todo está abierto porque las posibilidades son infinitas, por eso la canción termina como termina, abierta en una exclamación: now, I’m ready, aunque no se sepa todavía para qué y, de cualquier modo, qué importa saberlo.

Under the bridge, de Red Hot Chili Peppers

Esta es una forma de cuestionarse la soledad, su falta o su exceso. Todos hemos sentido eso, el aire golpearnos mientras caminamos por las calles de nuestra ciudad, la ciudad que sea pero que podamos llamarla “nuestra”, como si toda la vida hubiéramos estado conectados a ella por intravenosa, como si nos llenara con un suero para combatir la necesidad de decirnos ante otros, de decirnos con otros. Todos tenemos un lugar preferido para estar en esa ciudad que es nuestra, donde no hay soledad aunque estemos solos.

Nothing from nothing, de Billy Preston

Billy Preston, maldito y genial, y espectacular, y todos-los-adjetivos-que-sean-necesarios, Billy Preston. Son menos de tres minutos en los que él inunda de funk las bocinas. Quizá sea exagerar, pero Nothing from nothing debería ser considerada como el himno de los 70’s. Es potente, es divertida, es profunda y superficial, se disfruta por igual en una pista de baile o sentado en un sillón. Devela, para mí, una de las grandes verdades de la vida: algo es algo.

Cinco Canciones Que No Pueden Faltar en Halloween

Este es nuestro top cinco para cualquier fiesta que se tengan en estos días con motivos de los días de muertos y el acogido Halloween.

5. Heads Will Roll -Yeah Yeah Yeahs

Del It’s Blitz (2009), Karen O y compañía nos dieron una pieza que desde las primeras notas denota ese ambiente de oscuridad y ritmo que se necesita en cualquier fiesta de disfraces. 

4. Somebody’s Watching Me – Rockwell

El one hit wonder conocido como Kennedy William Gordy, desaparecido de los escenarios desde hace años, dio en 1984 una canción sobre la paranoia de un hombre que se siente observado por algo o alguien a cada paso; pese al efímero éxito de su creador, esta es una joya con coros de Michael Jackson y  back-up de Jermaine Jackson.

3. Halloween – Helloween

Provenientes de Hamburgo, considerados por muchos como los padres del power metal, Helloween publica en 1987 una canción que narra lo que acontece en noches como esta.

2. Halloween Parade – Lou Reed

Del recientemente fallecido Lou Reed, una crítica a New York y la forma en que la cultura acontece mientras todos están fuera, disfrutando de las fiestas. 

1. Michael Myers Resplendent – The Mountain Goats

La canción que no puede faltar esta noche es de la banda formada por John Darnielle y  Peter Hughes, Trata sobre lo que siente el protagonista de la saga de películas Halloween: Michael Myers, que en el coro dice: 

But when the house goes up in flames
No one emerges triumphantly from it
When the scum begins to circle the drain
Everybody loves a winner