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¿Por qué buscamos amor?

Amour/Love - Imagen pública
Amour/Love – Imagen pública

por José Luis Dávila

Me cuesta trabajo pensar que muchas personas de mi edad, o contemporáneas, todavía piensan en las relaciones de pareja como un factor de peso para el éxito en la vida. Me hace preguntarme si de verdad vale la pena todo el esfuerzo que requiere sostener emocionalmente a otra persona. No digo que no sea importante tener una pareja, alguien con quien compartir la vida de forma profunda, más profunda de lo que la amistad se limita, alguien en quien depositar confianza, seguridad, paz mental, todo eso que se suele depositar. Yo lo he hecho, con frecuencia. Y he dejado que lo hagan conmigo. No estoy en contra de que se busque tener una vida en pareja, aun cuando todas mis relaciones se puedan clasificar como patrones de conducta, según algunos de mis amigos, que llegarían siempre al mismo fin. Desastres anticipados, pues.

Si no estoy contra ello, entonces ¿por qué me resulta extraño que las personas busquen amor? El asunto es que hay algo que nos inculcan desde pequeños, algo en las personas que nos rodean: parte de la felicidad viene de la vida en pareja, lo vemos con nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros tíos, lo vemos en todas las personas mayores que nos rodean, y mientras vamos creciendo, tendemos a crear un ideal al respecto, uno propio en la mayoría de los casos, aunque haya quien culpe a los medios por dar falsas ideas del amor, diciendo que, por ejemplo, todas esas historias felices en las que los problemas de la pareja principal siempre se resuelven al final, afectan a los modelos que proyectamos para nuestra vida, pero creo que quienes afirman eso están tratando de evadir la responsabilidad que tienen ellos y sus circunstancias en sus fracasos amorosos.

500 days of Summer - Imagen pública
500 days of Summer – Imagen pública

Asimismo, evadimos que esas personas que vimos amarse mientras crecíamos, también tenían problemas en sus relaciones, muchos más problemas de los que alcanzamos a ver. De suerte que cuando empezamos a acercarnos a otros con la intención de tener una relación, estamos ya negando la posibilidad del fracaso. Bueno, a nadie le gusta fracasar, pero hay veces en las que fracasar es otra de las formas del triunfo; una forma retorcida, si se quiere. Es cliché decir que cada fracaso es un paso de experiencia. La practica hace al maestro, errar es de humanos, toda esa basura que nos creemos para sentirnos mejor. La verdad es que no, que el triunfo no está en aprender de la relación, porque aprender de una relación es ensimismar la experiencia, es decir, no se puede aprender nada de una situación en la que se es parte activa y contemplativa al mismo tiempo, porque inevitablemente, cuando una relación termina, tratamos de justificarnos, desbordar en el otro algunas de las fallas propias, o exagerar los defectos ajenos. El triunfo está en haber aprendido de la pareja (o ex pareja en este punto), en saber que aparte de todo lo que pudo representar sentimentalmente, también es un individuo que al estar tan en contacto con nosotros, nos dejó ser parte de cómo experiencia el mundo, y tener la capacidad de respetar esas perspectivas, y sumarlas a la polifonía que de por sí ya somos –porque lo quieran o no, somos el conjunto resultante de otras voces filtras en nuestra voz–, es verdaderamente valioso.

Eso último es algo que no solemos atender. Por una u otra razón, termínanos haciendo lo primero, evitando la responsabilidad, alejándonos todo lo posible de la experiencia, esperando que llegue una nueva oportunidad con alguien más, en quien confiaremos que haga las cosas bien porque, obvio, nosotros siempre nos esforzamos en ser lo mejor que se pudo encontrar en la vida. Entonces es una buena pregunta, ¿por qué buscamos amor? Si no lo sabemos manejar, no queremos asumir las consecuencias que provienen de él, no nos gustan las obligaciones que se contraen cuando se tiene. “Lo buscamos por lo que nos hace sentir”, podría decirse, pero una respuesta en ese tono quizá no sea muy sincera, tomando en cuenta que las más de las veces no se sabe lo que se siente. A todo esto, antes de ponernos a buscarlo, ¿acaso sabemos lo que es el amor?, ¿en verdad buscamos amor? Veo que lo que en verdad estamos cazando es la pasión, los instantes en los que las emociones se disparan. Si eso es lo que entendemos por amor, tal vez estemos equivocados, porque entonces no queremos compartir ni ser para alguien más, ni que se otro comparte o sea para nosotros, sino que sea de nosotros, y ser de esa persona, que significa algo completamente distinto, pero sin duda es más fácil de controlar. Puede ser que el amor es tan aterrador que elegimos ponerle ese nombre a esta otra experiencia, para engañarnos un poco, para no darnos cuenta que a veces por más que se busque algo, simplemente no seremos capaces de encontrarlo. Al menos no como lo queremos que sea.

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Comedias románticas al 2×1: Don Jon y Her

Her/Don Jon
Her/Don Jon

por Jessica Tirado

→Don Jon

La película cuenta la vida de Jon, un don Juan moderno, con una vida definida por sus noches de fiesta y conquista, su familia, sus pertenecías y, sobre todo, su gusto por la pornografía. Una de tantas noches conoce a Barbara, la mujer ideal, aunque para él, ella es una conquista más.

Tras un noviazgo tradicional de un mes en el que ella le hace cumplir con varios caprichos, por fin logra tener sexo con ella, pero no puede dejar de ver pornografía. Barbara, caprichosa y egoísta, no está dispuesta a perdonarle que él no pueda dejar su insano gusto y lo deja; entonces Jon conoce a Esther, una compañera de su clase nocturna de la universidad. Al principio su relación es pasivo-agresiva, pero esa mujer madura le enseñará a Jon muchas cosas sobre la vida, el amor y el sexo.

Don Jon - Fotograma
Don Jon – Fotograma

Escrita, dirigida y protagonizada por Joseph Gordon-Levitt (Looper, 2009), casos como este es muy difícil saber si es un buen o mal debut como director, pues es claro que no se puede estar frente y detrás de cámara sin descuidar uno de los dos; ya el tiempo nos dirá si vale la pena como director, mientras tanto su atrevido Don Jon deja satisfechos a todos los fans de Scarlett Johansson.

Her - Fotograma
Her – Fotograma

→Her

En Los Angeles del futuro, donde las personas interactúan sólo por medio de dispositivos móviles, Theodore, un escritor de cartas de amor por encargo, después de la separación con su esposa vive en absoluta soledad, por lo que compra un sistema operativo inteligente llamado Samantha, que le permite compartir su monótona vida con “alguien”. Theodore no tarda nada en enamorarse de Samantha, pero con ello conoceremos las razones de su soledad y lo triste de su causa.

Her es el debut de Spike Jonze como guionista independiente; en esta película nos regala una tragedia moderna, llena de encanto pero también de contradicciones, como toda buena historia romántica. Aunque aún no se estrena en carteleras poblanas, se puede encontrar el guión en la red, y leerlo puede ser buena idea.

Don Jon - Fotograma
Don Jon – Fotograma

Estas dos películas son muy diferentes entre sí, sin embargo, ambas tienen un personaje que es una entidad de paso para los que le rodean: Esther, de Don Jon, y Theodore, de Her, son personajes imposibles. La primera es apenas un esbozo, sabemos que vive en depresión porque su esposo y su hijo murieron en un accidente, ella no busca el amor pero entiende perfectamente cómo opera una relación sentimental constructiva, sabe que en cuanto Jon aprenda todo lo que pueda de ella, va a dejarla y hacer su vida con alguien más; por otro lado, el trabajo de Theodore le exige tener una hipersensibilidad a las formas del amor, de sus clientes sólo conoce fotos y uno que otro correo electrónico, él se encarga de construir el amor para otros.

Her - Póster
Her – Póster

Tal vez buscamos amar porque es el único sentimiento que no podemos explicar; mucho hay de estudios a nivel cerebral, psicológico y químico, pero al final amar es como lo plantean en Her, una locura socialmente aceptada; en realidad no es algo que el ser humano quiera entender, sólo queremos sentirlo, por eso Esther y Theodore son “anómalos”, seres imposibles que saben qué hacer, cómo hacerlo, qué decir, son tan perfectos y su amor tan puro que cualquiera que este con ellos, será capaz de sanar heridas pasadas y crecer como persona, pero una vez que el otro madure y haya aprendido todo lo que se puede aprender de una persona así, los dejarán.

Her - Fotograma
Her – Fotograma

¿Existen estas “personas de paso”? Puede ser una exageración del cine, un deseo de quien escribe, tal vez son una negación personal, porque en el fondo nadie quiere que en la búsqueda del amor se termine siendo una Esther o un Theodore. Al final, la vida se trata de altas y bajas, pero estos personajes son constantes, tienen defectos pero su vida es perfecta, no cambia. Lo normal para una persona es sufrir por amor, toda clase de amor: la muerte de un ser querido, la despedida de un amigo, que te corran de un trabajo que amas, pelear con alguien importante de la vida, es parte de ser humano. Habrá personas que nos vean como uno de estos seres imposibles, que aprendan de nuestra forma de ver la vida, pero al final nosotros también seguiremos con nuestra vida buscando amar y ser amados.

LMMD

Bazar de libros - Imagen pública
Bazar de libros – Imagen pública

por Carolina Vargas

A mi madre, que me sigue animando a que escriba
Al Poeta Cósmico, a quien le debo la mitad de este relato

“Sé buena” sentencia que me marcaría de por vida. Cuando era niña mi madre siempre me pedía que me portara bien para poder irse a trabajar tranquila y yo dentro de mis responsabilidades infantiles, lo asumía como mi mayor deber moral. Sin embargo a mis 28 años, ser buena se ha convertido en una carga muy pesada de la que me resulta imposible zafarme.

“…es un libro muy difícil de conseguir, hazme ese favor, sé buena” con eso me chingaron,sé buena,cada vez que se conjura, no puedo decir que no, el “SÍ” se catapulta de manera automática a mi boca. Así que sin chistar acepté la búsqueda de ese escurridizo ejemplar, desaparecido y olvidado hace años por el mundo editorial.

“…sé buena, sé buena…”

Emprender mi tarea sería difícil y estaba consciente de ello, sin embargo no podría decirle que no a mi amigo –la amistad el único valor en el que todavía creo- pero más allá de eso era la excusa perfecta para salir de mi encierro voluntario, caminar un poco, ir de bazar en bazar, buscar algunas joyas perdidas, o simplemente entretenerme en algo que me resulta tan placentero…

Celular, llaves, gafas de sol, paraguas, bufanda ¿olvidé algo? Creo que no…encendí un cigarrillo y caminé –sé buena- rumbo a la calle de los bazares de libros, no había pierde, en esta ciudad todo lo que busques siempre lo encuentras en la misma calle, no falla. Entre al sitio, oscuro y desordenado atendido por un moco de unos 20 años, osea, un bazar de libros como cualquier otro.

Confieso que al llegar a ese lugar una cálida sensación de dejavú me invadió, y es que la razón por la que comencé a frecuentar estos bazares se debe a una búsqueda estéril del primer libro que marcó mi vida y es curioso que siempre que voy en busca de algo a estos lugares jamás lo encuentro.

Reviso con sumo cuidado pila por pila, Ullman, Duras, Steel, Rulfo, Ullman, Oz, WTF Meyer, Irving, Paz, de nuevo Ullman, Anónimo, Anónimo, ese anónimo era un genio, pero del encargo de mi amigo nada, novelas históricas, románticas, negras, rosas, sucias, realistas, modernistas, pero nada, ensayo, ensayo, ensayo, recetario ¿cómo llegó hasta aquí? Cuentos muy pocos, prácticamente ninguno.

El polvo removido de las pastas y las hojas muertas se me ha metido en los poros, me invade y va recorriendo mis dedos, llega hasta la palma y se cuela a mis brazos, la comezón es terrible, supongo que aquí nunca limpian, es triste ver la podredumbre en la que se encuentra este lugar, una triste fosa común, que se pasa por los huevos el orden y las clasificaciones por las que tantos y tantos críticos se han matado y mentado entre ellos, ves agonizando a lo infelices cadáveres clásicos en santa y perfecta armonía con los best-sellers, las historias del corazón, y los libros de texto borroneados hasta el cansancio por una tropa de estudiantes confundidos y torpes, la realidad es que si no tenemos ningún respeto por la humanidad, mucho menos por lo que crean los hombres y ni hablar de la naturaleza, qué gran mierda, lloro mientras me rasco la insufrible comezón.

“Sé buena”Escucho a una mujer más o menos de mi edad discutir con el mocoso encargado, al parecer la chica considera una burla el precio al que le quieren comprar, pero seamos justos, también son absurdos los precios a los que quieren vender, parece que el criterio para hacerlo radica en el grueso de la obra y el año de publicación, esta gente nunca aprenderá la diferencia entre calidad y cantidad, pobres diablos.

Bazar de libros - Imagen pública
Bazar de libros – Imagen pública

LMMD el culpable de mi desdicha, la razón por la que visité el primer bazar hace tantos años, escucho una mentada de madre desde la calle, un taxista se le cerró a otro conductor, LMMD, me atreveré a preguntar…buenas tardes busco…¿no lo tiene?…gracias, muy amable, buscaré otro título, al parecer mi compa ya se la peló, ni modo, -“sé buena”- LMMD ni siquiera es el nombre de la obra, si no del protagonista que curiosamente, es un libro, pero vine aquí por el encargo de mi amigo aunque ya me dijeron que eso lleva años sin editarse…me atreveré a preguntar…joven ¿Tiene El libro olvidado de Antonio García Velasco?…no, ni idea de lo que estoy hablando, gracias…por supuesto que no lo tiene, de entrada en medio de este chiquero es difícil encontrar la nariz de uno, mucho menos saber que hay debajo de tanta mugre, por algo es una fosa común, nadie se toma la molestia de reclamar los cadáveres.

“Sé buena” Me rasco, otro incidente cruzando la calle, pasa el señor de los camotes, un niño llorando y la ciudad continúa palpitando, ese escándalo es el ritmo de su corazón.

Ya no tengo nada que hacer aquí, es quizá la falsa esperanza por encontrar la piedra angular de mi infancia, el cuento con el que aprendí a valorar la literatura por encima del canon, un libro que marcó mi vida y que su nombre fue profético “El libro olvidado” un cuento que nadie recuerda, el relato que cimentó mi amor por ese género, y ya no está, era la historia de un autor desconocido, que nombró ambiguamente a su obra, LMMD, no había más ejemplares, era el último de ellos, nadie sabía de qué trataba el libro, nadie se había tomado nunca la molestia de leerlo y fueron unos niños con poco presupuesto quienes lo rescataron de la librería, lo regalaron a su maestra quien lo leyó y quedó fascinada de la sabiduría que había en él…una historia boba y romántica, quizá, pero muy conmovedora, 62 páginas que narran la lucha de un libro para evitar que se lo coma la polilla y al fin salir del mueble de las rebajas…esto está lleno de LMMD’s

Al fin entiendo, que quizá, mi labor sea rescatar a un LMMD de este sitio, por lo que ahora mi búsqueda cobra otro sentido, ya no me interesa encontrar alguna edición extraña, quiero hacerle justicia a lo que ha estado allí todo mundo pasó por alto…y lo encontré, ahí estaba, pequeñito y muy delgado, con permiso, claxons, pubertos besuqueándose, la ciudad sigue palpitando, y de pronto su ritmo se detiene, encontré a LMMD, su título es macabro…su autor, el Poeta Cósmico, y como una revelación su libro publicado hace un par de años, olvidado en un polvoriento bazar llegó a mis manos, sonrío. Lo hojeo y sin ir más allá de la 5 página compruebo una vez más que es él. “Sé buena” toma un nuevo significado.

“Sé buena” Por primera vez en mi vida, esta sentencia me llena de dicha, haré algo realmente grande por la voz de alguien que muchos quisieron silenciar y estuvieron a punto de lograrlo, checo el precio de venta escrito en la portadilla, un precio absurdo, ridículo, intento despistar al encargado, saco mi celular, mensajes de texto “wey vine al bazar y el libro que quieres, acá tampoco se consigue, bye” enviar, me voy a hacer pendeja del otro lado, seguramente mi cuate estará decepcionado, en un principio yo también, yo no conseguí lo que originalmente quería, pero al fin podré ser buena sin que esto me rompa la madre.

“Sé buena” Tengo a MÍ LMMD y debo liberarlo de este gueto, no pagaré su rescate, eso sería muy vulgar, me lo llevaré, de todas maneras el crimen que cometieron con él no se puede pagar con nada, joven tiene diccionarios contables, joven busco la agenda fiscal del 2011, joven tiene cambio de 200, perfecto, está distraído, sin hacer mucho ruido me deslizo por entre las pilas y salgo a la calle, mi nuevo amigo va entre mis brazos. Caminamos un par de calles en contra del tráfico y mi corazón se convulsionaba igual que el ritmo de la ciudad en esa hora de la tarde, era la hora pico y para mí simplemente era la hora.

Llegué a casa con la boca seca y el corazón en la garganta, extasiada por terminar de descubrir lo que EZ tenía por contarme, EZ su nuevo nombre, el Poeta Cósmico es su autor, leo vorazmente la totalidad de la obra y mi vida cobra otro sentido, pero más allá de lo que me fue revelado lo verdaderamente valioso fue haberle dado voz a EZ que estuvo amordazado desde hacía quien sabe cuánto tiempo. Aunque no puedo dejar su contenido como algo meramente anecdótico, mi relación con él es muy especial.

Unas semanas después por el libro de rostros me llega una invitación “El Poeta Cósmico estará en la ciudad”, me sentía con el deber moral de llevar a EZ a reunirse con su padre, aunque fuera solo un momento “sé buena”. Agendé la fecha y la hora. El día se cumplió y después de escuchar las ideas un poco más maduras del autor, me dirigí a la mesa, con una sonrisa en mi rostro, Ez entre mis manos y un cheque posfechado entre sus páginas que fue rechazado por el autor.

Bazar de libros - Imagen pública
Bazar de libros – Imagen pública

¡Qué tal! ¿Te ha gustado el libro? Ya veo… tiene varios años…un robo…me alegro…por supuesto que te lo dedico ¿Tienes una pluma, cuál es tu nombre?…encantado…me llamo…pero todos me conocen como el Poeta Cósmico, un placer…no, de ninguna manera…

El poeta no quiso aceptar el cheque, decepcionado de la forma en la que su hijo literario fue tratado le pareció conveniente que yo me quedara con ambos, como recuerdo de mi hazaña.

Fue un acto de justicia, lo salvé de esa suma tan ridícula en la que querían venderlo, del olvido en el que estaba, del moho y las polillas. EZ resucitó de la fosa común y ahora hay quienes preguntan por él en las tiendas, aunque es triste decirlo, parece ser que el mío era el último de su especie.

Mi cuate me volvió a escribir…pidiéndome que sea buena y que le busque una antología poética…le he dicho que no.
Ahora EZ duerme tranquilo en una estantería de mi librero junto al resto de sus hermanos. También conservo el cheque que intentaba pagar lo que EZ significa para mí pero su autor se negó, y eso me alegra por varios motivos, el primero, es que después de todo aquello ser buena ya no es una obligación, el segundo hice dos nuevos amigos EZ y su padre, y el tercero y quizá el más importante, es que mi cuenta lleva años sobregirada y ese cheque no podría cobrarse nunca, soy buena pero estoy jodida.

(Nota: Durante esta semana, en Cinco Centros pedimos que se sumen a apoyar un caso de injusticia que se ha dado contra una de nuestras más recientes colaboradoras. Pueden enterarse de más haciendo click aquí)

Este coto sagrado de la ficción: Entrevista a Cristina Rivera Garza

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

por José Luis Dávila y Andrea Garza

El pasado viernes 8 de noviembre, en el marco del IV Coloquio de Literatura Hispanoamericana Contemporánea, el cual fue dedicado a la obra de Cristina Rivera Garza, tuvimos la oportunidad de platicar brevemente con la homenajeada; aquí les presentamos la entrevista completa.

Andrea Garza: Dentro de tus novelas se ven insertados diferentes géneros, como el ensayo literario o el histórico; en este sentido, ¿qué dificultad te representa esto en cuanto a mantener la línea de la ficción en la obra?

Cristina Rivera Garza: Yo no sé si quiero mantener la línea de la ficción en la novela, creo que muchas de las conversaciones más importantes de las escrituras contemporáneas tienen que ver precisamente con el cuestionamiento acerca de qué es el género y para qué sirven los géneros. A mí me parece que usualmente las búsquedas, que son lo suficientemente complejas y profundas como para generar libros, son búsquedas que no pueden limitarse, y que no se limitan por naturaleza, a ciertos géneros; si se es realmente fiel al proceso de la exploración personal, ese tipo de búsqueda, por necesidad, toca distintas estrategias de construcción y no todas esas estrategias están atadas a géneros específicos. Entonces, digamos que por una parte es una cuestión de la pregunta inicial, de la búsqueda inicial, que es asunto de todo creador y, por otra parte, sí creo que el momento que vivimos, en términos de desarrollo tecnológico, entre muchas otras cosas, ha dinamitado los fundamentos mismos sobre los cuales se erigían estos grandes monumentos de apariencia natural que son los géneros. Finalmente no son naturales, hay un proceso de jerarquización y de prestigio literario, que es a lo que sirven, no necesariamente a un proceso de creación y de búsqueda personal. Entonces sí, tienes razón, yo no solo de libro en libro, sino que he estado haciendo cosas dentro de cada libro: en el centro de La muerte me da hay un ensayo que puede ser denominado como académico, tiene sus pies de página, tiene todo, y antes del final hay un libro de poemas también incluido ahí.

Pero estas no son cuestiones que a mí se me hayan ocurrido como gestos interesantes, era parte de la búsqueda del proceso de la novela, en la novela hay un diálogo con Alejandra Pizarnik, en cuyos diarios la relación entre la prosa y la poesía es central, es fundamental. Hay un proceso de encarnación en la novela misma, de lo que es la búsqueda y la pregunta que me estoy haciendo; si eso es ficción o no, al final a mí me tiene sin cuidado.

Es más, hace poco escribí un ensayo sobre este autor noruego, Knausgård, que decía que le parecía que en un mundo en donde todo es ficción, la ficción juega un papel absolutamente irrelevante, y que en los únicos géneros en los que creía era en la autobiografía y el ensayo. Yo de repente estoy tentada a decir lo mismo, tal vez no con las mismas palabras. Pero creo que este coto sagrado de la ficción es algo que estamos cuestionando cada vez más, por eso vemos más novelas del yo, por eso cada vez vemos más trabajos testimoniales de los que se decía antes “basado en un hecho real”, cosas por el estilo.

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

José Luis Dávila: En esta delimitación del género/no género, si realmente puede llegar o no a tener una ficción, por ejemplo, se me ocurre aparte de tus novelas, Canción de tumba de Julián Herbert o tratar de ver en el personaje del “Zurdo” Mendieta, de Élmer Mendoza, algo así.

CRG: O en la novela de Lina Meruane que ganó el Sor Juana el año pasado, también, Sangre en el ojo.

JLD: Sí, entonces, qué opinas de este ejercicio en el que de alguna manera es la literatura del norte la que se está abriendo esta conciencia histórica o hermenéutica en las novelas, y que se esté entonces tomando a la literatura del norte como un género y una parte de la ficción de México.

CRG: Bueno, primero contesto la primera parte, que me parece que en términos del regreso del yo, y de las literaturas del yo, en un inicio estuvieron –ustedes no se acuerdan están demasiado jóvenes para acordarse de esto– la poesía confesional y la novela testimonial eran sobre todo territorio de mujeres, en los sesentas, y por eso, porque era territorio de mujeres, se le consideraba que no era literaria y que luego entonces no era relevante, pero de aquellas épocas eran los testimonios de Rigoberta Menchú, los de Domitila Barrios de Chungara, un poco antes los de Anne Sexton, todas estas poetas confesionales y demás, a quienes el establishment de la época criticaba por su falta de calidad literaria porque tenían otra relación con la experiencia personal. A mí me parece muy interesante que cuando los escritores varones finalmente descubren que hay un cuerpo, que hay un yo, entonces ahora eso sí tiene un valor literario, es así como que come on!

Y ciertamente, lo que se está haciendo con el yo sí es distinto, ya no es un yo identatario, es un yo que está mucho más fluido y en yuxtaposición con contextos más amplios, etcétera, se entiende todo eso. En términos de las conversaciones literarias contemporáneas hay dos vertientes: por una parte, este trabajo autobiográfico con la literatura del yo, y por otra parte, los trabajos que son de no ficción como la crónica, que usualmente el territorio latinoamericano tiene que ver con ella, que están tomando una relevancia que no me sorprende, y que creo que corresponde a nuestro momento actual.

Sobre la literatura del norte, no creo que sea un género, cuando hablamos de género hablamos de cosas mucho más complejas, los autores que mencionaste, que son autores a quienes quiero y he leído mucho también, son amigos personales y demás, corresponden a un periodo de producción literaria mexicana en que finalmente se distribuyeron los focos de producción cultural, hubo condiciones económicas y de inversión que permitieron que lugares como Tijuana o Monterrey se transformaran en áreas de producción independiente e interesante. Hay una crítica a la centralización económica y sobre todo a la centralización cultural, y esa es una de las resultantes. Que finalmente se convirtieron en libros exportables como parte de una identidad más amplia, a mí me parece que es parte de una incorporación de otros sectores y otras experiencias a un corpus literario que había sido centralista, muy elitista, muy snob, muy clasista. Lo que vienen a hacer estos escritores del norte es criticar este canon clasista, elitista, muy misógino, aunque la del norte tampoco se distingue por su paridad de género.

JLD: Al respecto, en una conferencia me tocó escuchar a Élmer decir que la “literatura del norte” la hicieron los del centro al decir que eran del norte los demás, pero que él solamente era un escritor.

CRG: Sí, claro, y me parece fundamental ir ampliando un diálogo como este, que había estado con participaciones muy acotadas.

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

AG: ¿Tú crees que los escritores deben adoptar una postura crítica ante la realidad que vive el país?

CRG: Pues a mí me parece que escribir es una postura crítica, yo no concibo de ninguna otra manera el ejercicio de la escritura si no es para compartir un pensamiento crítico y para invitar a prácticas críticas, o esto sería aburridísimo. Si escribir es para confirmar el estado de las cosas, entonces es una postura no crítica pero que se está tomando partido, es lo que quiero decir. Pero si lo que me estás preguntando es si un escritor se debe pronunciar por tal o cual partido, y demás…

AG: Sí, me refiero a cómo evitar que las obras se vean opacadas por tomar cierta postura.

CRG: Las obras se ven opacadas o tomadas por miles de otras cosas, uno publica un libro y los libros son apropiados de maneras, con suerte, que uno ni ha imaginado, para empezar. Y por otra parte, los que no se ven “opacados”, es decir, cuyas posturas políticas no afectan su trabajo literario, son los que están a favor del establishment, porque pareciera ser que no tienen una postura política cuando sí tienen una postura política. Pero se debe a esta ideología de “el arte por el arte”, como si el arte o la escritura fuera, alguna vez, neutra. No sé, en mi manera de ver el arte y practicarlo, me parece inconcebible pensar en una obra cuya génesis no sea en sí misma una toma de partido, es decir, cuando uno está pensando en decidir entre un personaje masculino o femenino, decidir entre personajes poderosos o personajes cuyas voces no hemos escuchado comúnmente en nuestra sociedad, todas esas son decisiones políticas, son estéticas por supuesto, pero son decisiones fundamentalmente políticas.

JLD: En relación a esto, hace unas semanas hicimos una entrevista a Edgardo Aragón, quien está exponiendo en el Museo Amparo, y él nos decía que sentía envidia de los escritores porque siempre están considerados como quienes hacen una crítica social a través de su obra, por lo que consideraba que el arte plástico estaba siendo relegado y que necesita tomar partido en ello. Entonces, ¿qué opinas de las otras artes en relación a la escritura? ¿Cómo se podría crear un proyecto más grande?

CRG: No sé, será que uno vive la experiencia desde este lado, y me parece que hubo un momento en la producción literaria, por allá de mediados del siglo XX, donde la persona pública de los escritores latinoamericanos estaba ligada a la opinión pública, y me parece que los años de liberalismo que hemos vivido han ido despegando esa conjunción, a veces para bien, es decir, tampoco creo que uno tenga como profesión opinar de todo, uno no es un opinólogo profesional, ni nada; el tipo de crítica a la que me refiero es más de raíz, tiene que ver con la imaginación.

En relación a la literatura con las otras áreas, creo que es un poco lo que pasa con lo de los géneros, finalmente el tipo de proyectos y de preguntas que nos estamos haciendo, o sobre las cuales estamos conversando, invitan y convocan por lo regular a otro tipo de disciplinas. A mí me interesan ese tipo de trabajos, esas convergencias, son productos de nuestro tiempo, aunque claro que se ha producido esto desde mucho antes, tampoco es algo novedoso.

Cristina Rivera Garza - Fotografía por Carlos Morales Galicia
Cristina Rivera Garza – Fotografía por Carlos Morales Galicia

AG: Hablando de las nuevas tecnologías, ¿cómo se han insertado éstas en tu obra? ¿Han tenido alguna influencia?

CRG: Como lo decía durante la charla de ayer, me interesa mucho; cuando empezó el blog, tuve un blog, tengo Twitter, no me gusta el Facebook, etcétera, etcétera. Pero nunca, ni me he propuesto ni he querido hacer una novela con tuits. Yo creo que hay una influencia menos visible, pero que va más al corazón, de lo que implica trabajar con cinco o seis ventanas abiertas en la computadora, con una conciencia muy aguda de que esto es un proceso dinámico e interactivo, con lectores que son también escritores en el momento mismo. Creo que va más bien por ahí el asunto, más que a la utilización directa de ciertos elementos de estas plataformas. Pero creo que sí, han cambiado muchísimo no solo en lo que hago, sino en cómo pienso acerca de mi oficio y qué es lo que pienso de la escritura hoy. Y todo eso lo pueden ver en Los muertos indóciles, ensayos sobre necroescritura y desapropiación.

JLD: Habría que hacer una última pregunta. Nosotros venimos de una revista electrónica, nos gustaría saber ¿qué opinas de esta explosión de los medios virtuales para llegar a más personas, y cómo se está generando ahora la escritura? Por ejemplo, ahora hay más e-books de autores jóvenes, en vez de que las editoriales se preocupen por que se publiquen en papel.

CRG: Yo creo que estamos viviendo momentos interesantes; hay un proceso de democratización que me interesa mucho y que veo con mucho ánimo; creo que hay ahí una energía que ojalá no termine siendo cortada, porque finalmente alguien es dueño de todos estos medios, hay capital de por medio; y el trabajo intelectual y material está continuamente siendo reciclado y reutilizado, entonces es algo que requerimos pensar con mucho cuidado.