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Suite francesa

Irène Némirovsky - Imagen Pública
Irène Némirovsky – Imagen Pública

por Emanuel Bravo

Los rayos del sol atraviesan las altas ventanas de una casa en la comuna de Issy-l’Évêque al oeste de Francia. Una tarde calurosa del 12 de julio de 1942, una mujer de mirada lánguida y cabello corto mira de reojo su jardín plantado de groselleros. La placidez de aquel pequeño lugar la hace olvidarse por un momento de la guerra. Cierra  los ojos y por un instante logra dejar de lado que el ejército nazi marcha sobre media Francia, olvida el fragor de los cañones, los saludos marciales, las transmisiones de radio de la BBC, respira aliviada y su mente borra el recuerdo de la Orden de presencia obligatoria para los ciudadanos soviéticos expedida por el gobierno alemán, olvida, olvida su condición de apátrida, de judía. Por un breve lapso respira y siente en sus venas la vida que fluye ignorante de guerras, batallas e imperios.

El sol veraniego resplandece sobre las colinas, sobre la lejana torre de piedra y los pétalos del jardín. La mujer vuelve a su escritorio, toma su pluma estilográfica y continúa su labor, sobre legajos de papel de baja calidad imprime sus palabras azules, esas frases que han ido construyendo una novela monumental, digna de los tiempos tan convulsos que transcurren. Escribe de la misma manera, serena y con el mismo ritmo hasta el término de la tarde. Ella no lo sabe, pero lo presiente, aquellos son sus últimos momentos de libertad. La tarde del siguiente día la detendrán y será conducida como prisionera a Pithiviers, posteriormente será trasladada a un campo de concentración en Auschwitz. Pero en ese momento, en esa tarde de largos silencios, el principal pensamiento de la mujer es el de continuar su gran obra. Tiene pensada una novela tan grande como Guerra y Paz, tendrá cinco partes, de las cuales lleva dos y ligeros esbozos argumentales de la tercera, no se detiene, cualquier acontecimiento puede interrumpir esta labor. Ella daría todo para conocer el desenlace de la guerra, la incertidumbre la mata un poco más cada día. El sol lame sus últimos pasos, la oscuridad ha ganado terreno, es suficiente por hoy, se dice. La novelista se llama Irène Némirovsky, su manuscrito, que es guardado en una maleta, tendrá un destino lleno de peripecias, de hechos igualmente novelescos y verá la luz hasta el lejano año del 2004, su nombre será “Suite francesa” y provocará el día de su publicación un sismo en el mundo editorial. Pero por ahora, todo es calma ilusoria. La guerra no ha hecho más que empezar…

Irène Némirovsky - Imagen Pública
Irène Némirovsky – Imagen Pública

“Suite francesa” es una novela que relata los duros días de la ocupación alemana en Francia en los días de la Segunda Guerra Mundial. Irène Némirovsky entreteje decenas de historias para conformar un gran fresco, una obra monumental que no sólo expone las circunstancias de un hecho histórico, sino que describe al hombre en situaciones extremas, exento de cualquier protección, de cualquier coraza que deforme su imagen.     

Irène Némirovsky sabe sobreponerse a su tiempo, ser objetiva pese a los tiempos que transcurren, su trabajo es la escritura y por ello su escritura está exenta de cualquier postura política, su pluma es justa, su prosa no favorece a ninguno, los pinta con el mayor realismo posible. No crea a monstruos a partir de los soldados alemanes ni a los vencidos adorna con frases de mártir, Irène Némirovsky aprendió de Tolstoi que debajo de los ropajes, de los uniformes, de las joyas y los harapos, hay corazones que palpitan, aman, sienten, odian, recuerdan y guardan prejuicios y pasiones por igual.

Pese a ser una obra inconclusa, las dos partes de la novela son autosuficientes, se bastan a sí mismas. La versión en español que corre a cargo del sello editorial Salamandra trae consigo  notas de Iréne sobre la novela y la correspondencia relacionada a la autora durante sus últimos años de vida.  

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Liquidación: Imre Kertész

Imre Kertész-Imagen Pública
Imre Kertész-Imagen Pública

por Emanuel Bravo Gutiérrez

El descubrimiento de Auschwitz supuso para el mundo plantearse una de las grandes interrogantes sobre el progreso del hombre. No sólo violentó la forma en la cual concebía la idea del hombre, sino también de la misma idea de humanidad. Se hicieron grandes preguntas, preguntas solemnes y llenas de tragedia, “¿se puede seguir escribiendo poesía después de Auschwitz?”, quizá una de las más sonadas.

Michel Houellebecq afirma que sí se puede. Imre Kertézs en su novela “Liquidación” ayuda a comprender con más detenimiento esta afirmación y nos ayuda a dimensionar el precio que hay que pagar para seguir escribiendo después de Auschwitz.  La trama de su novela gira sobre varios ejes, el primero el de Keseru, un editor cuya editorial va en bancarrota. El suicidio de uno de sus escritores más importantes: B, le ha dado la oportunidad de buscar en medio de los despojos, manuscritos lo suficientemente interesantes para ser publicados.

La búsqueda  llevará a Keseru a indagar en el pasado de B, puesto que su nombre nos veda Imre constantemente. B es un niño de Auschwitz, un hijo de judíos húngaros que vivió uno de los episodios más oscuros de la historia de la Humanidad. Sin embargo, Auschwitz ronda el libro más como una sombra que como un escenario, es un pasado al que siempre se vuelve, al que se alude con palabras envueltas en enigmas.

Imre Kertész-Imagen Pública
Imre Kertész-Imagen Pública

No sólo la voz de Keseru y de B se encuentran explícitas en la novela, también la de otros personajes, oscuros al principio. La obra es un mosaico de  voces y también de estilos, pasa de la forma narrativa a la teatral y al verso libre:

“Es fácil morir

La vida es un gran campo de concentración

Instalado por Dios en la Tierra para los hombres

Y éstos lo desarrollaron para convertirlo

En un campo de exterminio para los hombres

Suicidarse es tanto como

Engañar a los vigilantes

Huir desertar dejar con un palmo de narices

A quienes se quedan” (pág. 77)

Es difícil resumir satisfactoriamente una obra tan profunda y pluridimensional, tan diversa en estilos, en géneros, en voces, en miradas, en tiempos. Pese a ello es fácil de leer, no resulta agotadora para el lector.

No se construye  una efigie a los desamparados, no hay sentimentalismo excesivo, no cae en el kitsch edulcorado que se nos presenta habitualmente cuando se habla del Holocausto judío. Las sombras se ciernen en el libro por medio de la tragedia de B, de sus días desolados, de sus amantes, de sus encuentros constantes con la locura sin llegar nunca al patetismo, aquí radica el talento de Kertész.

Imre Kertész-Imagen Pública
Imre Kertész-Imagen Pública

Imre Kertész, de nacionalidad húngara, ganó el premio Nobel de Literatura en el año de 2002 «por una redacción que confirma la experiencia frágil del individuo contra la arbitrariedad bárbara de la Historia». “Liquidación” es una obra que ejemplifica claramente este punto, así como en otras novelas, la más famosa y llevada al cine es: “Sin destino”. Su experiencia en Auschwitz a la edad de catorce años lo marcó para toda la vida, pero nos muestra que realmente es posible escribir después de los campos de concentración, aunque cada palabra, cada frase y cada párrafo no sean más que oscuros exorcismos para liberar el alma del hombre de los demonios de la Historia.